Los personajes no me pertenecen, son de la maravillosa escritora Stephanie Meyer, yo solo escribo las locas historias que se me ocurren en mi mente :P


2. EL ENCUENTRO

Bella POV:

Con los ojos cerrados sentí la presencia de alguien mirándome. Abrí lentamente los párpados, estaba ya algo mareada, no sé si eran las luces o si habrá sido el trago que ya me había acabado. Al abrirlos completamente me encontré con unos ojos verdes mirando directamente los míos. Los ojos más bellos que he visto en mi vida.

¿Ahora qué hago? Frente a mi está la perfección hecho hombre y me está mirando atentamente.

Debe ser porque estaba bailando.

Bailando con los ojos cerrados.

Bailando con los ojos cerrados y con una copa vacía en la mano.

¡Parezco borracha y el dios griego me estaba mirando mientras hacía el ridículo! Comencé a sentir como mis mejillas se coloraban de un tono rojo estridente.

Ahora, ¿qué le digo? El claramente no está diciendo nada, sigue mirándome con esas hermosas esmeraldas que tiene de ojos. Wow, que ojos más lindos, juraría que podría navegar en ellos y perderme completamente. Entre sus ojos bajaba una nariz recta y muy masculina, que se complementaba con la boca más apetecible que he visto en mi vida. Sus labios eran una invitación al pecado, su labio inferior era ligeramente más grueso que el superior, dándole un aire de escultura griega, de aquellas que trataban de inmortalizar al humano perfecto. Sus labios (que se veían deliciosos, dulces, carnosos, apetecibles) comenzaron a curvarse ligeramente, dando lugar a una sonrisa ladeada.

¡Genial! Para aumentar mi bochorno, el adonis me descubrió mirando fijamente sus labios, lo más probable es que crea que lo quiero besar.

Mmmmm, besarlo…

¡Concéntrate!

Comencé a mirar a todos lados en busca de la salvación a este mega bochorno que estaba viviendo, en una de esas encontraba el botón especial que hiciera que me tragara la Tierra para no saber nada más. Pero claro, como Dios me odia y el diablo se ríe de mi desgracia, vi a Mike Newton a solo unos pasos de mí.

"¡Nos vemos Bella! ¡Me debes un baile!" Me había dicho Mike, con solo pensarlo me daban escalofríos. Si no entendía de sutilezas, un baile con él sería invitarlo a tener sexo hoy mismo.

¡Jamás!

Sin pensarlo dos veces, agarré al adonis del cuello de la camisa y lo tiré muy fuerte, para que así yo quedara entre la pared y su cuerpo. De esa forma Mike no encontraría mi paradero, la enorme espalda de mi salvador camuflaría cualquier indicio de mi persona.

¡Ja ja já! ¡Toma eso ingenio borracho!

Muy contenta de mi misma se me ocurre mirar hacia arriba…

Y ahí estaba otra vez, esas dos orbes verdes que de seguro de ahora en adelante me quitarían el sueño. Creo que mi plan tuvo ciertas fallas. Cumplió el objetivo de evitar al idiota de Mike, pero en cuanto a alejarme del bochorno de mi vida no solo no lo solucioné, sino que lo acerqué mucho más. Estábamos muy, muy cerca.

Podía sentir todo su cuerpo contra el mío, sus piernas chocaban contra las mías, nuestros pechos estaban tocándose, haciendo una pequeña fricción debido a nuestras respiraciones. Podía sentir como mis pezones se endurecían por el deseo, y lo más seguro es que él lo notaría, no había mucha tela entre nosotros.

¡Leah y sus "intentos de ropa interior"!

Sus manos estaban sobre mis codos, creando un calor que iba desde mis brazos hasta la punta de mis pies. Las mías aún estaban en el cuelo de su camisa y nuestras miradas estaban conectadas por un hilo invisible imposible de cortar.

"Él" comenzó a descender su cabeza, sin dejar de mirar mis ojos. No sabía cómo se llamaba, así que es mejor decirle "él", aunque también sirve, dios griego, adonis, modelo europeo, ángel… y la lista continúa.

Si alguien pasase al lado nuestro pensaría que somos una pareja que está a punto de besarse.

Supongo que no me va a besar.

No nos conocemos.

¿Por qué se está acercando tanto?

Está bajando su cabeza.

¡No puedo mirar!

Cerré los ojos con fuerza, la cabeza ya me estaba dando vueltas con el trago que me había tomado. Yo nunca bebo y quizás debería haber seguido con esa regla. Sentí una cálida brisa en mi mejilla izquierda… su respiración.

―Bailemos.

No fue una pregunta.

Me habló directamente en mi oído, haciendo que su aliento golpeara mi cara y mi cuello. Olía ligeramente a alcohol, a bosque y a hombre. Tirité sin poder evitarlo. Cuando abrí nuevamente mis ojos, "él" me había tomado la mano y me llevaba a la pista de baile.

Algo hizo clic en mi cabeza.

―¡Espera!

Se giró para mirarme. Ese movimiento produjo que de su desordenada cabellera cayera un mechón de cabello sobre su frente. Me dieron unas ganas casi incontenibles de coger ese mechón y acomodar su peinado. Mejor aún, pasar todos mis dedos por su cabellera y comprobar si es tan suave como parece. ¡Uy, me distraje! "Él" me estaba mirando expectante para saber qué era lo que le quería decir.

¿Y qué era? ¡Oh sí!...

―Yo… no bailo.

No replicó, sólo se limitó a sonreírme de esa forma ladeada que hacía que mis hormonas se alborotaran al máximo.

Siguió caminando hasta detenernos en la pista de baile, pero en una zona donde no había mucha gente. En general las parejas se les veía bailando en el centro, nosotros estábamos cerca de una esquina, donde incluso no estaba tan iluminado.

Se acercó a mí nuevamente, y me habló otra vez en el oído, con esa voz aterciopelada, ligeramente ronca que ya me había empezado a gustar.

―¿No bailas porque no te gusta… o porque no sabes?

La música estaba muy fuerte para responderle como en una conversación normal, en donde las dos personas están a una distancia prudente. Con todo el autocontrol que tenía me acerqué a él y me puse de puntitas de pies para hablarle en el oído, tal como lo había hecho él antes.

―Ambas… no lo hago muy bien.

Una cosa era bailar sola y moverme lentamente, otra muy distinta era bailar con alguien y tratar de seguir el ritmo. Más encima con lo torpe que era habían grandes posibilidades en que todo esto terminara en un accidente, y no me refiero a mi.

Él caminó lentamente alrededor mío, como si me estuviese acechando. Me sentía como una oveja, a la merced de un león en cacería. Se paró atrás mío y me habló en el oído.

―Es porque no has bailado con el indicado.

¡Dios, mátame ahora mismo! Si me sigue hablando de esa manera tan sexy en el oído, respirando su dulce aliento en mi cuello creo que voy a arder en combustión espontánea.

Aún parado atrás mío se acercó hasta que nuestros cuerpos estuviesen adheridos completamente. Después tomó mis caderas y las comenzó a mover al ritmo de la música, pero de una forma cadenciosa que jamás podría haberla logrado sola. Me limité a sentir, la mezcla entre alcohol, música, luces y dios sexual me habían llevado al límite, en este momento ya no quería preocupaciones, solo alegrías. Cerré los ojos y me dejé llevar por la música.

El baile fue delicioso, creo que nunca me había sentido de esta manera mientras bailaba. En algún momento me tensé al sentir un bulto que tocaba mi trasero, pero debía comprender que estábamos restregándonos mientras bailábamos, era un efecto fisiológico natural, aunque saber que estaba caliente y cerca de mío me encendía a mí también.

A lo largo del baile y mientras pasaba canción tras canción las manos de mi "entrenador de baile personal" no se limitaron a mis caderas. Cuando supo que ya tenía el ritmo y podía moverme sola dejó que sus dedos viajaran a otras direcciones. A veces subía a mi cintura, otras veces bajaba y subía por mis muslos, y otras pocas veces cuando era más atrevido subía hasta el contorno inferior de mis pechos, pero siempre sin tocarlos.

No nos dijimos una sola palabra en todo nuestro baile, no era necesario, nuestros cuerpos se complementaban de forma perfecta creando una danza-lenguaje que solo nosotros podíamos traducir y comprender. Mi mente divagaba entre un remolino de emociones que ni siquiera yo podía descifrar; estaba entre la satisfacción, el temor a lo desconocido, la euforia y definitivamente la lujuria pura y cruda.

Y pensar que yo no quería venir… ¡Já!

Con todos los sobajeos y toqueteos de nuestra conversación física logré tomar valor suficiente para encarar otra vez esos orbes esmeralda oscuro que tanto me atormentaban. Me giré lentamente y me planté frente a él sin un plan en específico, simplemente con el fin de poder mirarlo una vez más. Pude notar ciertas diferencias a la última vez que lo había visto a la cara: se veía un poco agitado, sus mejillas estaban un tanto coloreadas y sus ojos se les veía más oscuros de lo normal, hasta podría definirlos como nublados.

Nublados de lujuria…

¿Podría ser que todo lo que estaba sintiendo yo lo estaba sintiendo él de la misma manera? Aún con la respiración entrecortada se las arregló para sonreír de su manera ya característica que estaba comenzando a amar. Me acercó una vez más a su cuerpo, apoyando su mano derecha en mi cintura, mientras la izquierda acomodaba detrás de mi oreja un mechón rebelde de mi cabello que estaba fuera de lugar. Aprovechando la libertad que tenía mi oído, se acercó y me susurró con su preciosa, pero notoriamente más ronca, voz.

―¿Quieres un trago?

Retrocedió hasta que quedáramos cara a cara y con nuestras miradas entrelazadas mientras esperaba mi respuesta. Yo, sin dejar de mirarlo, tragué saliva y sentí como dirigía sus ojos para ver todo el movimiento de mi garganta. Sin encontrar mi voz me limité a asentir con la cabeza lentamente.

Tomó mi mano y sentí como una descarga eléctrica nos traspasaba a ambos entre nuestros dedos. Él me miró y pude ver en su mirada que no fui la única en sentirlo. Caminamos entre medio de la gente, que a estas horas de la noche ya repletaba el club. Ni siquiera sabía cuánto tiempo habíamos estado juntos, pero por el nivel de sobriedad (o falta de ella en este caso) estimaría que había sido bastante.

Me llevó de la mano hasta el bar y empezó a hacer señas al barman que estaba sirviendo al otro extremo. Miré por encima de su cabeza y pude ver a mi hermana sentada un asiento más allá, en el mismo lugar que la había dejado en primer lugar. Ella me miró de vuelta y miró nuestras manos entrelazadas. En sus ojos vi sorpresa, seguido inmediatamente por ese brillo perverso que ya había aprendido a reconocer. Hizo como que tenía los músculos de los brazos agarrotados y los empezó a estirar exageradamente, como cuando se estira en las mañanas apenas despierta, inclinándose en su asiento hacia atrás y dirigiendo su mirada al trasero de mi acompañante. Como efecto dominó, hice lo mismo.

Mhmm, ahora entendía a Leah y su fetichismo por los culos. Pero este culo no era como el de los demás, éste estaba muy bien formado, el pantalón que estaba usando apretaba todos los lugares correctos, remarcando y delineando unos glúteos apretaditos. Tenía unas ganas de comprobar la teoría de la moneda, en donde se lanza un centavo a una nalga, y si esta es dura la moneda rebotaría.

De seguro que rebotaría.

Miré a Leah por detrás de la espalda (y el culo) de él y esperé su veredicto, no sin antes pedirles a todos los santos por una respuesta silenciosa o al menos disimulada. Esta vez cumplió, ya que me miró a los ojos y me sonrío ampliamente mientras levantaba ambos pulgares.

Me sonrojé y miré hacia otro lado, para no seguir con las excentricidades de Leah y para no tentar al destino y que quede en vergüenza.

En eso sentí como mi mano abandonaba el calor que me comenzaba a sentir cómoda. Giré mi cara para saber la razón y vi como él me entregaba un vaso con una pajilla. Lo tomé y acerqué la pajilla a mi boca, succionando el líquido que había en él. Con el poco conocimiento que tengo de tragos, pude suponer que era ron y coca-cola, que me venía bien con la sed que tenía.

Sin decirnos más y simplemente mirándonos a los ojos tomamos nuestros tragos sentados en la barra. Me sentía bien, estábamos en silencio, pero no era incómodo, simplemente las palabras eran innecesarias.

Miré la hora en mi reloj de pulsera y marcaban las 3 de la mañana. Era tarde, pero no tanto para aquellos que querían reventar en esta fiesta, pero yo tenía a clases a las 8 de este mismo día y no planeaba faltar. Así que con el dolor de mi alma me paré y dejé la copa en la barra.

―Tengo que irme.

―Te acompaño.

Él se paró y puso su mano en mi espalda para que camináramos hacia la salida.

Al abrir las puertas del bar el aire frío golpeó con fuerza mi cuerpo, liberando un poco el aturdimiento de mi cabeza. Estaba consciente que no todo era culpa del alcohol, más bien era de la persona que caminaba al lado mío.

Nos detuvimos en la zona donde aparcaban los taxis, y nos quedamos mirando nuevamente sin decirnos nada. Esperaba que no se hubiese tomado una mala impresión de mí y ahora quisiese que nos fuéramos a algún lugar a tener sexo, yo no era así y no planeaba comenzar ahora, aunque el hombre en cuestión fuera prácticamente irresistible. Ahora sin el ruido de la música y sin gente alrededor era posible tener una plática normal.

―Así que… me voy.

Debía aclarárselo de forma sutil, sólo confiaba que no fuera tan lento como Mike Newton.

―De acuerdo ―dijo.

Al menos me había entendido que me refería a "sola". No pude evitar sentir decepción por la poca insistencia de su parte, pero era lo que yo quería y además demostraba que además de extremadamente sexy era caballero.

Un grupo de personas iban pasando por donde estábamos y uno de ellos (al parecer borracho) chocó con él e hizo que se tambalease hacia mi dirección. Ni tonta ni perezosa lo tomé de los brazos para lograr equilibrarlo y de paso volver a sentirlo cerca de mí una vez más, no sabía si lo iba a ver otra vez algún día. Él chocó levemente nuestros cuerpos y soltó el aire por la sorpresa de la colisión, agarrando mi cintura mientas mis manos estaban en sus antebrazos. Miré sus ojos y estaban otra vez de un tono oscuro nublado, en donde las pupilas estaban extremadamente dilatadas. Él acercó lentamente su cara a la mía sin dejar de mirar mis ojos, a una distancia milimétrica que separaban nuestros labios. Nuestra respiración era entrecortada y podía saborear su aliento en mi boca. En la misma posición él dijo:

―Deseo besarte.


¡Chán!

¡Hola otra vez! (que bien se siente decir esto!)

Estoy muy contenta de tener un fic, creo que estoy llena de entusiasmo y no puedo evitar sentirme asi… wi! jajajajaja xD

Bueno, no me odien, lo dejé ahí para crear un poco de suspenso para el otro capitulo...

No voy a actualizar muy pronto, de hecho hoy es mi cumple y los días siguientes celebro el Bicentenario de mi querido país Chile, así que no creo que pueda escribir :/

¡Nos leeremos la próxima semana entonces!

Y saludo a las lectoras de México también, que ellas están con Bicentenario igual que Chile

¡Viva Chile y México! :D