Marie pareció aburrirse luego de estar sentada sobre esa rama luego de algún tiempo, pues de pronto vi como saltó desde la rama y aterrizó perfectamente de pie sobre el césped, se acercó al río que fluía un poco más allá y se sentó junto a él, sumergiendo sus piernas en el agua, yo aún permanecía sentado en la banca, sentía que en algunos minutos más continuaría con el viaje, pero al parecer estaba demasiado inmerso en ese recuerdo.

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El arbusto de bayas Pecha no lo encontré hasta ya entrada la tarde, la temperatura ya estaba empezando a bajar. Fue un alivio absoluto haberlo encontrado luego de tanto tiempo de búsqueda. Gardenia dijo que tardaría una hora en ir y volver, pero ya tenía que llevar al menos 4 horas sólo en la ida. Me acerqué al arbusto que tanto había buscado, saqué la hoja con la información y la imagen de la baya y tomé una baya del arbusto "¿4 centímetros?" Asentí "¿Muy blanda?" La estrujé un poco, y se deformó casi sin necesidad de usar fuerza. Asentí "¿Rosa?" Asentí. "¿Dulce?" Probé un poco de esa baya. La dulzura de ese bocado me hizo temblar. Gardenia no mentía, realmente hacía los pasteles con estas bayas; ambos sabores eran iguales. Asentí.

Terminé de comerme esa deliciosa baya antes de abrir la cesta y comenzar a llenarla con más de esas bayas. El arbusto estaba repleto de estas pequeñas bayas y me sentía mucho más tranquilo ahora que las había encontrado, tenía abierta la tapa de la cesta y calculaba que podría ser llenada, había suficientes bayas para eso, de hecho, parece que sobrarían. Gardenia estaría feliz al ver todas esas bayas en la cesta, y también lo estarían sus pokemons. Ya había pasado bastante rato desde el mediodía ¿Habría ganado la batalla contra aquel retador? Esperaba que si, aunque estaba seguro que si lo hizo. Ella era la mejor.

Tardé unos 10 o 15 minutos en llenar la cesta con esas bayas y estaba listo para volver, volví a cerrar la tapa y la levanté, pero en ese momento no había tomado en cuenta que, debido a todas las bayas recién agregadas, la cesta había aumentado considerablemente de peso, Gardenia tenía que tener mucha fuerza en sus brazos si es que hacía esto sin problemas, la había visto antes, cuando volvía del bosque con esta misma cesta llena, la veía cargar la cesta con un solo brazo, yo lo estaba haciendo con mis dos brazos, y apenas la estaba levantando unos pocos centímetros del suelo. Sentía a mis espaldas que los Starlys que estaban en los árboles alrededor mío comenzaron a emitir distintos ruidos, tenía el presentimiento de que podrían estar burlándose al ver ese espectáculo algo penoso. Lo malo era que a esa velocidad podría volver en al menos una hora más.

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Marie se levantó de pronto, sacó sus piernas del agua y se puso a caminar de nuevo por el césped, vi que se encaminaba de nuevo al mismo árbol que había subido, solo que esta vez se apoyó en el tronco y se dispuso a tomar una siesta, o al menos a descansar los ojos, aún con su flor en su boca. Me preguntaba en que estaba pensando o que haría luego, pero esas preguntas las olvidé casi al instante, sólo me mantuve evocando el recuerdo de ese día.

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Fue de pronto que algo ocurrió, llevaba al menos unos 45 minutos de caminata, pensaba que tardaría poco cuando me puse a caminar, al haber encontrado las bayas podría volver en línea recta a la ciudad, lo que me haría tardar menos tiempo que antes, pero aunque fuera un camino en línea recta me era difícil; iba cargando este cesto que parecía estar relleno con piedras con toda la fuerza que tenía. Oí a lo lejos una rama que crujía proveniente desde algún árbol que había dejado atrás, hasta ese momento no había pasado, pero pensé que simplemente era un Starly que rompió la rama en la que estaba apoyado, así que seguí caminando. Otra rama se rompió casi al segundo después, esta vez más fuerte, involuntariamente giré mi cabeza para ver que había sido, pero no vi que hubiera algo ahí, y me dispuse a continuar, pero no di ni un paso cuando una tercera rama se rompió, volví a ver hacia atrás, cuando miré se rompió una cuarta rama. Antes siquiera de mirar hacia arriba, me estremecí con lo que había frente a mí: Vi que una extraña y veloz figura aparecía a través de un frondoso árbol y se abalanzaba hacia mí con sus brazos extendidos. Por instinto solté la cesta e intenté moverme hacia un lado, pero no alcancé a esquivar el golpe, había soltado la cesta, pero igual logró golpear mi antebrazo izquierdo con parte de su cola, una enorme cola casi del tamaño del resto de su cuerpo. Me cubrí con mi mano derecha el sector que me había golpeado el cual me quedó algo adolorido, no fue tan fuerte de todos modos, pero quedé sorprendido por lo que acababa de pasar: nunca había sido atacado por un pokemon. Este pokemon nunca lo había visto antes, no parecía ser de esta zona, de hecho, ni siquiera parecía ser de Sinnoh. Era un poco más pequeño que yo, era color verde, excepto en la zona desde su mentón hasta la zona de su estómago, que era de color rojo, tenía unos enormes ojos amarillos y su ya mencionada enorme cola, vi como aterrizaba en el suelo y me miraba de manera amenazadora. Yo aún no sabía cómo reaccionar, no tenía con que defenderme, estaba completamente indefenso ante el ataque de este pokemon, vi que me miraba con enojo, mostraba sus dientes de manera amenazadora y sus enormes ojos causaban que me intimidara aún más, pero no me atacó de nuevo, sino que se acercó a la cesta, que había quedado a su alcance, y la abrió, y de un momento a otro sacó muchas bayas y las comenzó a devorar con rapidez. Vi como sacó unas 5 en primera instancia y se las comió rápidamente. Me armé de valor y me acerqué a ese extraño pokemon.

- "¿Ti… tienes hambre?" – fue lo que logré decir

Ese pokemon no me respondió, sino que levantó su vista de la cesta y me lanzó una amenazadora mirada de nuevo, causando que me detuviera donde estaba con gran temor. A continuación bajó su vista hacia el interior de la cesta y siguió intentando comer sin parar todas las bayas que podía. Ya notaba que tenía mucho apetito, quizás algo bueno para un pokemon que no se ha alimentado en mucho tiempo, pero noté algo que me pareció extraño; las piernas de este pokemon comenzaron a temblar mientras comía las bayas y comenzó a comer más lentamente. Pensé que era un pokemon que sólo se acercaba a asaltar a los humanos y a comerse la comida que llevaban, había oído casos así. Súbitamente se detuvo, vi como soltó la baya que estaba comiendo. La baya a medio comer quedó junto a sus pies, las cuales, junto a sus piernas, comenzaron a temblar descontroladamente, y a continuación vi como se llevó sus manos a su espalda. Finalmente vi como dejó de moverse y cayó al suelo, inconsciente.

Quedé impactado por lo que acababa de ver, no podía creer que un pokemon hubiera quedado de esa manera frente a mí. Le estaba pasando algo grave y tenía que llevarlo de inmediato al Centro Pokemon. Me había atacado, pero no por eso debía dejarlo ahí; desde pequeño aprendí que un pokemon es un ser vivo y que no puede ser tratado de mala manera. Primero intenté tener algo de precaución y me acerqué lentamente, pero ese temor que tenía desapareció rápidamente al ya estar seguro que no volvería a atacarme. Al momento de levantar a ese pokemon del suelo noté que no era muy pesado, a pesar de ser quizás unos 10 o 15 centímetros más pequeño que yo, en realidad pesaba mucho menos que yo, así que levantarlo fue fácil, pero no pensé demasiado en eso en el momento, cargué completamente a ese pokemon e intenté cargar la cesta, pero me di cuenta que me sería imposible cargar ambos, igual se aligeró un poco el peso de la cesta luego de todas las bayas que se comió, pero no podía llevar a ambos. No podía decepcionar a Gardenia, pero tampoco podía dejar solo a este pokemon. Estaba en un dilema.

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Marie ya no se movía desde donde estaba, al parecer si se quedó dormida, el resto de mis pokemons estaban junto al río, socializando al modo de cada uno. Noté que ya era momento de continuar, no me fijé cuanto tiempo estuvimos detenidos ahí, pero creo que fue mucho más de lo que pensé. La temperatura estaba más fresca que antes y el sol ya parecía querer ocultarse detrás de las montañas al oeste de la ruta. Debía ponerme a caminar desde ya si es que quería llegar al próximo Centro Pokemon a pasar la noche. Saqué de mi bolsillo las pokeballs de mis pokemons junto al río y los regresé a su interior. Marie aún dormía junto al árbol, lucía tan plácida y serena, así que decidí cargarla un rato hasta que se despertara. Me acerqué a ella y la cargué con mucho cuidado de que no despertara y me fui en dirección hacia el siguiente pueblo, o hasta el próximo Centro Pokemon, lo que llegara primero.

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Finalmente había tomado la mejor decisión para poder solucionar el dilema: vacié la mitad de la cesta, con eso el peso se me redujo considerablemente, y en el espacio que quedó libre coloqué al pokemon. La cesta aún la sentía pesada a pesar de ese cambio, pero mucho menos que antes, este pokemon pesaba mucho menos que las bayas que tuve que dejar atrás. Sabía que Gardenia no se molestaría si es que le decía la razón del por qué lo hice. Además, sabiendo que las bayas eran muy blandas, podría ser una forma cómoda para el pokemon de transportarse. Además decidí algo más: tomar la cesta desde abajo, así podría tener el peso de las bayas y del pokemon repartido en partes iguales en mis brazos, aquello era más sencillo que sujetar la cesta por su asa, lo cual sólo me hacía caminar de manera más torpe. Cubrí también al pokemon con la tapa de la cesta, solo su cabeza quedó afuera. Sabiendo que esto era algo crítico, me puse a correr por ese bosque, no me importaba que me viera extraño así, lo que me importaba era que este pokemon volviera a estar bien, no me importaba que me haya querido atacar ni que se haya querido comer todas las bayas.

Llegué completamente extenuado a la entrada de la ciudad, no se notaba si había mucha o poca gente, la verdad no podía saberlo bien; la cesta cubría la mitad de mi visión, durante todo ese tramo en el bosque solo veía las hojas de los árboles, tuve suerte de no chocar de frente con ningún árbol. Veía como el pokemon respiraba, pero muy débilmente. Enfilé de inmediato hacia la calle donde estaba el Centro Pokemon de la ciudad, sólo esperaba que no estuviera lleno, y que el retador de Gardenia, que sabía que tuvo que haber perdido contra ella, hubiera ya obtenido a sus pokemons recuperados desde el Centro Pokemon y ya no estuviera. Aún no estaba tan oscuro como para que se encendieran las luminarias de la calle, pero ya estaba a punto que pasara. El Centro Pokemon ya estaba con algunas luces encendidas, lo supe cuando por fin lo vi a una cuadra de distancia. En ese momento volví a recuperar mis energías, o parte de ella, y volví a correr a toda velocidad hacia la entrada "Por favor que no haya nadie, por favor que no haya nadie, por favor que no haya nadie" era lo que repetía una y otra vez a cada paso que me acercaba a la entrada.

La puerta automática del centro se abrió frente a mí y entré al vestíbulo del edificio hasta llegar a la recepción. Respiré tranquilo, estaba sólo y no había fila.

La enfermera Joy detrás del mesón miró sorprendida al ver la forma poco ceremoniosa en la que entré; Corriendo desesperadamente, cargando una cesta cuya tapa cubría todo, excepto la cabeza de un pokemon que estaba dentro.

- "Por… por favor" – dije jadeando, olvidando saludar, mientras dejaba la cesta en el suelo y tomaba al pokemon entre mis brazos – "… este pokemon… este pokemon necesita ayuda"

Miró con sorpresa al pequeño pokemon que había dejado sobre su mesón, respiraba débilmente, y apenas se movía, su espalda estaba un poco manchada con el jugo de algunas bayas aplastadas. La enfermera intentó mantenerse calmada, aunque se notaba que también reaccionó con algo de impacto, sacó un estetoscopio del bolsillo de su delantal, se lo puso en los oídos y colocó el extremo en el pecho rojo de este pokemon.

- "Su corazón está muy débil, necesita una intervención inmediata" – dijo mientras oía el sonido de su corazón, a continuación presionó un botón fuera de mi vista, y dijo – "Necesito una camilla en recepción. ¡Emergencia!"

No pasaron ni cinco segundos y la puerta al final de corredor junto a la recepción se abrió, venía una Chansey empujando una camilla a toda velocidad. Parte mía se calmó un poco, al ver que la atención fue rápida y que tanto la enfermera Joy como Chansey se mostraron preocupadas por lo que estaba pasando, pero la otra parte mía se encontraba aún en un estado de angustia y preocupación, y ese fue el lado que se expresó, pues noté que habían comenzado a salir lágrimas de mis ojos.

- "¡POR FAVOR, AYÚDENLO!" – exclamé mientras se alejaban en dirección al quirófano a toda velocidad. La luz roja sobre la puerta se encendió, dando ya a entender que comenzaba el procedimiento.

Fui a sentarme a una de las mesas junto a los ventanales del edificio, ahí era donde todos los que pasaban la noche en el Centro Pokemon se sentaban a comer, pero no había nadie, sólo me encontraba yo en el interior del lugar, mi mesa estaba justo frente a la puerta del quirófano, así que permanecí atento esperando a que hubiera alguna novedad. Intentaba calmarme, pero no podía, aún no podía explicar que es lo que había pasado. ¿Es que acaso las bayas que tomé eran venenosas? ¿O es que acaso este pokemon sufrió algo peor? Intenté calmarme, sabía que no podían ser venenosas, yo comí una para probarla, y eran dulces y no me hizo sentir mal… aunque… yo solo comí una, ese pokemon debió haber comido unas 15… ¿habrían sido bayas peligrosas? Me sentía culpable, sentía que yo era el responsable de eso. Me cubrí la cabeza con mis manos y me puse a llorar.

(... continuará)