CAPITULO II

-Después de un rato-

Ahora, al estar escribiendo, estoy llorando, pero no son lágrimas de tristeza, al contrario, son de una emoción infinita que embarga todo mi ser. Quienes tocaron la puerta eran mis padres. En cuanto entraron, mi mamá me dijo:

-Serena, no has podido dormir, ¿verdad?

-No, casi no, creo que es por lo nerviosa que me siento.

Mamá Ikuko me abrazó fuertemente mientras me decía:

-Esta es la última noche que pasarás en la casa, no sabes cuánto te voy a extrañar, hija mía.

Mi papá sólo miraba la escena, o al menos eso creí, pero cuando volteé a verlo, sus ojos estaban llenos de lágrimas y separándome momentáneamente de mi madre fui a abrazarlo mientras él me decía dulcemente:

-Mi niña. ¡Cuánto has crecido! Recuerdo cuando llegaste a la casa en los brazos de tu mamá. Eras tan pequeña, tan frágil, tan delicada... Y ahora te vas de aquí para formar tu propia familia junto a la persona que amas. Serena, ¿estás segura de que lo amas?

Mamá dirigió a mi papá una mirada de reproche, por lo cual él agregó:

-Solo quiero que seas la mujer más feliz de este mundo, pues no quiero verte sufrir, hija.

-Lo sé papá y te lo agradezco, pero estoy demasiado segura del amor que Darien y yo sentimos. Es como si desde hace mucho tiempo hubiésemos estado destinados a estar juntos...

Creo que mi respuesta complació a ambos, ya que los dos se miraron y enseguida me abrazaron al mismo tiempo. Sin embargo, en la puerta había alguien más quien tenía miedo de entrar.

-Sammy, entra hijo. Ven con nosotros -le dijo mi mamá.

-Ah... Yo, so... sólo, no quiero interrumpirlos.

Me enterneció el titubeo de Sammy; sé que él y yo no fuimos los hermanos más educados que pueden existir, pero a pesar de las constantes peleas que hemos tenido, lo quiero mucho. Ahora él ya es todo un adolescente, y pienso que ha madurado más rápido de lo que yo lo hice a su edad. Decidí ir hacía él y le dije:

-¿Acaso no quieres despedirte de mí, no te importa que esta sea el último día que pasaré con ustedes, Sammy?

Creo que mis palabras le llegaron al corazón, pues inmediatamente me abrazó y lloró como hacia muchos años no lo hacía.

-¡No quiero que te vayas Serena, no te vayas, quédate por favor, ya nada va a ser igual si tú no estas aquí!

-Sammy, ya basta, no le digas eso a tu hermana.

Mi papá iba a separarlo de mí, pero le pedí con la cabeza que no lo hiciera.

-No te preocupes, yo siempre seré tu hermana mayor y pase lo que pase voy a estar contigo cuando me necesites, sin importar que ya no viva aquí. Además, dentro de pronto tú también comenzarás a vivir tu propia vida, solo mírate, ya no eres el pequeño niño con el que me la pasaba discutiendo. Sammy, si algún día necesitas hablar de algo importante y no quieres decírmelo a mí, Darien podrá escucharte, te aseguro que él será como el hermano que siempre deseaste tener.

Sammy me abrazó fuertemente y aun lo escuché llorar por un rato más. Nunca imaginé que mi pequeño hermano fuera a sufrir con mi partida. Creo que ya no debo decir que es pequeño, pues en realidad él está un poco más alto que yo. Curiosamente siento, justo ahora que tendré mi propia familia, que todos estamos más unidos de lo que jamás habíamos estado.

Mis papás y Sammy salieron de mi habitación para que durmiera un poco pero sigo sin poder hacerlo. Luna y yo estuvimos conversando un rato. Tenía pensado que ella y Artemis vinieran a vivir con Darien y conmigo y se lo dije, pero, para mi sorpresa, ella me respondió:

-Serena, no creo poder aceptar tu ofrecimiento, pues lo mejor será que tú y Darien vivan solos, o al menos por algún tiempo, mientras se acostumbran a su nueva vida. Además, toma en cuenta que Artemis difícilmente querrá dejar la casa de Mina.

En ese instante no pude responderle nada, creo que en parte ella tiene razón, pero en verdad voy a extrañarla; hemos pasado tantas cosas juntas, ella ha sido mi confidente desde que tenía 14 años y ahora que la dejaré me voy a sentir muy sola cuando Darien no esté en casa. Luna ha vuelto a dormirse y poco a poco yo también estoy sintiéndome exhausta...

Oh no, ya me esperaba que esto iba a ocurrir: son las diez de la mañana, apenas he podido dormir un rato y ya me siento completamente despierta. ¡Que emoción, las chicas acaban de llegar!