Italia del norte

2-Amante oculto –Tres tirones en el cabello–

Feliciano respiraba entrecortadamente apoyado contra la pared, sus mejillas tenían un ligero color rojizo, temblaba de pies a cabeza y sujetaba una silla con las manos a manera de arma. Tenía que mantener una distancia prudente de su acompañante y estaba decidido a conseguirlo a cualquier precio, iba a mantenerlo a raya costara lo que costara.

-Feliciano-dijo su compañero-baja eso por favor

-Aléjate-replico el italiano asustado alzando la silla con las manos temblorosas

-Ita-chan-lo llamo su acompañante-prometo que no te hare nada ¿me dejas darte un abrazo?-cuestiono

-No-tartamudeo el italiano menor

-Pero Feli…-dijo su compañero-tengo mucho frio y tú también estas temblando-murmuro suavemente-si te abrazo ambos mantendremos el calor hasta que vengan a sacarnos de aquí

-No dejare que hagas eso de nuevo ¿entiendes?-dijo el italiano

-Te prometo que no lo hare pero baja eso por favor-dijo su compañero con voz calmada

-Está bien-cedió por fin el italiano bajando la silla

-Gracias-sonrió su compañero, se acerco y lo abrazo-se esta mas abrigado así-dijo suavemente

"Por favor, Dios mío que alguien venga y nos saque de aquí pronto por favor" rogo el italiano

Feliciano correspondió el gesto de forma inconscientemente, no quería hacerlo pero no tenia opción, se estaba muriendo de frio y no tenia nada con que calentarse…excepto él.

España

Feliciano maldijo la situación en que se encontraba con todos los apelativos que podía recordar haber escuchado de su fratello y de Gilbert, odiaba esa situación, la odiaba de verdad, maldijo a la persona que los había encerrado –quienquiera que fuera– y maldijo que todas las ventanas estuvieran atascadas, no podía cerrar alguna para evitar que el aire frio se metiera en la habitación en donde se encontraban, se moría de frio, tenia mucha hambre y ni siquiera traía una fruta o algo para abrigarse. Su única fuente de calor más cercana era el cuerpo del español y no quería abrazarlo debido a lo que había pasado entre ellos minutos antes.

Le había tirado del cabello. Del rizo que sobresalía de su cabeza.

Feliciano había tenido que hacer un esfuerzo supremo para que no se le escapara un gemido, nadie le había tirado de aquel cabello antes excepto Lovino pero esa vez ambos estaban ebrios y apenas se acordaba de lo que había pasado después, solo recordaba el calor de las manos de Lovino, un beso sabor a tabaco y tomates…pero eso no venia al caso ahora.

-Feliciano-lo llamo Antonio

-¿Qué pasa, España?-cuestiono el italiano

-No te quiero asustar pero mira donde estamos parados-dijo el español en un susurro

Feliciano miro el punto en el techo que el español observaba detenidamente y su rostro se puso pálido del asombro y del susto.

Un muérdago. Estaban parados debajo de un muérdago.

"Lo que me faltaba" pensó el italiano "Ahora tendremos que…"

Sus pensamientos se vieron interrumpidos abruptamente cuando sintió los labios de Antonio sobre los suyos. Aquella boca era tan cálida, fuerte y masculina, sus labios eran tan suaves, dulces...aquel beso era hambriento, demandante y pasional.

Los ojos de Feliciano se abrieron de par en par ¡Antonio lo estaba besando! Intento apartarse pero los brazos que rodeaban su cintura se lo impidieron, Antonio profundizo el beso y olvidando la advertencia del italiano tiro del rizo que sobresalía del resto de sus cabellos.

Un tirón. Feliciano abrió la boca involuntariamente

Dos tirones. Intento empujarlo y apartarse en vano

Tres tirones. Su lado tsundere salió a flote

Con una fuerza sacada del interior de su ser, Feliciano mando a España contra la pared de un fuerte puñetazo, vaya que los movimientos de defensa que Kiku le había enseñado servían para algo.

-¿Qué demonios te pasa, España?-exclamo Feliciano nervioso y con las mejillas teñidas de carmín

-Lo siento, lo siento-se disculpo el ibérico

-¿Eres imbécil o que?-grito el menor-no vuelvas a hacerlo nunca

-Lo siento mucho Lovi…digo Feli-dijo el hispano

Feliciano lo miro entrecerrando los ojos, la rabia se expandía por cada parte de su cuerpo ¿Acaso Antonio acababa de llamarlo"Lovi"? ahí fue cuando una parte de su mente se desconecto dejándole paso total a su rabia e ira. Levanto a Antonio del suelo agarrándolo por la camisa, su cuerpo ardía de furia ¿Cómo se atrevía, primero a tocarlo como nadie lo había tocado antes y después a confundirlo con su fratello?

-Nunca vuelvas a llamarme así ¿entendiste?-los ojos verdes del italiano lo miraron furiosos

-Lo siento-repitió el hispano

Feliciano suspiro, lo soltó y se alejo lo más que pudo de Antonio, este por su parte estaba pasmado, nuca hubiera creído que el dulce Feliciano fuera capaz de golpearlo o de insultarlo, se parecía mucho a Romano cuando hacia eso, camino acercándose al italiano, tenia curiosidad y estaba quedándose helado por el frio, el cuerpo de Feliciano era su única protección.

Feliciano se aparto más del español a medida que este se acercaba a él, su espalda choco con la pared, no tenia adonde ir, el único camino viable para escaparse estaba entre Antonio y la puerta y aunque corriera como si tuviera fuego en los pies el español le atraparía fácilmente y aunque lograra escapársele al español no podría salir.

"Maldición" pensó

Antonio le abrazo, Feliciano se quedo quieto. Le beso y no correspondió el gesto. Le tiro del cabello mientras volvía a besarlo.

Un tirón. Opuso resistencia

Dos tirones. Se aparto y le insulto

-Aléjate de mi idiota- exclamo furioso

-Parece que tanto tiempo con Lovino te ha afectado Feli-dijo Antonio-tendré que enseñarte modales-dijo mientras lo tumbaba al suelo y se sentaba sobre sus caderas impidiéndole moverse.

"Dios mío no" pensó el italiano asustado "No, no"

Antonio volvió a besarlo mientras le tiraba de los cabellos.

Tres tirones. Todo su autocontrol, sentido común y conciencia se fueron de vacaciones.

"Perdóname por favor Lovino" fue lo único coherente que pudo pensar antes de que su lado mas apasionado y salvaje se apoderara de el

La relación que tenia con Lovino iba a quebrarse en pedazos y todo era culpa del frio y la manía de Antonio de tocar donde no debía.