Aquí está el segundo capítulo. Gracias a Ankapoar por su extenso y hermoso rebiu UwU también te amo mamu, qué bueno que te está gustando.

SECRETOS

Capítulo 2

Orihime se encontraba mordiéndose las uñas y caminando con nerviosismo por su habitación. Cada cierto tiempo veía la pantalla de su computadora y de nuevo le daban ganas de echarse a llorar. Quería que todo fuera un sueño, una pesadilla de la cual despertaría y todo volvería a la normalidad.

A como veía la situación, podía hacer dos cosas: acatar las órdenes que le habían sido dadas y tratar de salvar su pellejo, o no quedarse de brazos cruzados y perderlo todo.

Con un suspiro activó la localización de su teléfono en tiempo real y casi de inmediato recibió un mensaje:

"VE A ESTA DIRECCIÓN Y RECOGE EL PAQUETE EN LA HABITACIÓN 26. NO LO ABRAS. TIENES 20 MINUTOS"

Orihime vio el reloj, faltaba aproximadamente una hora y media para que su hermano Sora llegara de trabajar, así que con algo de suerte se libraría de todo aquello y regresaría a tiempo.

Se trataba de recoger un paquete en un motel llamado Loto Rojo, no sabía qué ni de quién, y esperar nuevas instrucciones. Era una tarea relativamente sencilla, aunque no sabía si dicho paquete contenía un arma, partes humanas cercenadas, información clasificada o incluso una bomba. Su parte lógica racional le decía que no podía correr el riesgo, pero la emocional le recordaba que en todo caso era mejor que dejar que su secreto saliera a la luz. Se dio cuenta de que ya había perdido casi cinco minutos y el límite eran veinte. Como si la persona del otro lado del teléfono pudiera verla o leerle la mente, le envió otro mensaje:

"16 MINUTOS"

-¡Mierda! –exclamó Orihime y salió corriendo de su habitación.

Corrió y corrió por la calle en la dirección indicada, deteniéndose únicamente en las esquinas muy transitadas para cuidarse de los carros y de paso tomar un poco de aire. Cuando logró vislumbrar el edificio en la lejanía apretó el paso y entró. Buscó como loca la habitación número 26, que estaba en el tercer piso, y tocó justo cuando se cumplieron los 20 minutos. Mientras escuchaba pasos del otro lado, recuperó la compostura. Abrieron la puerta. Era un hombre de mediana edad con cabello castaño y barba incipiente, de ojos color azul, muy alto y atractivo, pero con expresión cansada o aburrida, tal vez ambas. No llevaba camisa encima, iba vestido únicamente con un pantalón de pijama color blanco, sus pies descalzos.

Ni siquiera le dio tiempo de decir nada. La vio de pies a cabeza y rodó los ojos con fastidio.

-Llegas justo a tiempo, te recomiendo que no tientes demasiado a tu suerte.

Acto seguido le entregó una caja negra y se dispuso a cerrar la puerta, pero Orihime lo detuvo.

-¡Espera! ¿Qué tengo que hacer con esto?

-Tengo mis propios problemas, niña. Espera tus instrucciones –dijo el hombre y le cerró la puerta en la cara.

Orihime suspiró frustrada y salió del motel. Se quedó recargada en la pared con la caja en las manos. No era pesada, parecía de regalo, de un color negro con terminados elegantes. Su curiosidad le pedía que abriera la caja para ver el contenido, pero no lo hizo. De alguna forma se sentía observada. Las indicaciones decían que no abriera el paquete, y tenía que obedecer. Un nuevo mensaje llegó:

"LLEVA EL PAQUETE A ESTA DIRECCIÓN, ESPERA A LA PERSONA QUE VA A PASAR A RECOGERTE"


Grimmjow esperó tres minutos más y entonces otro auto llegó. Se estacionó al lado de él y el dichoso hombre con sombrero de rayas bajó. Era rubio y tenía un aspecto andrajoso, como si no hubiera dormido en días o como si estuviera acostumbrado a que la vida lo tratara mal. Cuando se acercó a él, Grimmjow no esperó ni un segundo para tomarlo de la chaqueta verde y estrellarlo contra la columna que estaba a su derecha.

-¡Dime quién está haciendo esto! –gritó Grimmjow.

El hombre lo miró asustado y se protegió la cara en acto reflejo.

-¡No lo sé! ¡Lo juro! Yo también estoy en problemas.

Grimmjow lo soltó y lo observó en silencio mientras se reacomodaba la ropa y se recuperaba del susto. Parecía estar diciendo la verdad.

-¿También está chantajeándote?

-Sí, y no somos los únicos, ya me he topado con al menos seis personas más.

-¿Qué tiene contra ti? –preguntó Grimmjow, interesado.

-Como si te lo fuera a decir. Si estoy haciendo esto es porque no quiero que nadie más se entere. Sería un esfuerzo en vano si te cuento todo.

Grimmjow admitió que tenía razón. Él tampoco pensaba decirle nada acerca del video.

-¿Cómo te llamas?

-Urahara.

-Grimmjow.

Se dieron la mano. Urahara consultó su reloj de mano.

-Lo siento mucho, me encantaría quedarme un rato a platicar, pero llevo algo de prisa. ¿Trajiste el paquete?

Grimmjow le entregó el paquete a Urahara pensando que lo abriría, pero únicamente se dio la media vuelta y regresó a su auto.

-¡Espera! –gritó Grimmjow cuando el auto pasó al lado de él-. ¿Eso es todo? ¿Qué se supone que tengo que hacer?

Urahara se echó en reversa y bajó el vidrio del copiloto.

-Espera tus instrucciones. Buena suerte.

Y dicho esto se esfumó. Grimmjow pateó la llanta de la camioneta, frustrado. No quería tener que esperar por más instrucciones, no quería participar en aquel retorcido juego. Su celular sonó nuevamente con otro mensaje:

"VE A ESTA DIRECCIÓN. TIENES 5 MINUTOS"

El mapa señalaba una parte de la ciudad no muy lejos de ahí. Subió a la camioneta y salió del estacionamiento. Cuando se detuvo en el semáforo, aprovechó para escribir rápidamente:

"¿Qué tengo que hacer ahí?"

La única respuesta que obtuvo fue:

"4 MINUTOS"

-Jódete –exclamó Grimmjow pisando el acelerador a fondo cuando la luz se puso en verde.

Avanzó rápidamente por las calles y llegó faltando un minuto al lugar indicado en el GPS. Se trataba de un motel llamado Loto Rojo. Grimmjow observó a ambos lados de la calle y no vio a nadie. Esperó otro mensaje, pero no llegó.

Una serie de golpes en su cristal lo sobresaltó.

-¡Mierda!

Grimmjow bajó el vidrio y vio que era una chica de no más de veintidós años de edad. Tenía cabello anaranjado, largo y lacio hasta media espalda. Sus ojos eran color gris. Estaba usando una blusa negra de manga larga, jeans desgarrados y tenis blancos. Grimmjow no pudo evitar pasar su mirada por aquel cuerpo escultural y sonreír mentalmente. Le gustaba lo que veía, pero la situación no estaba para ponerse a ligar.

-¿Tú eres quien va a llevarme a mi destino? –preguntó la chica con voz suave pero ligeramente apremiante.

Grimmjow la miró confundido. ¿Acaso tenía un maldito letrero de "taxi" en la frente? Antes de responder llegó otro mensaje:

"VAYAN A ESTA DIRECCIÓN. TIENEN 15 MINUTOS"

Decía "vayan" y no "ve", lo cual implicaba que sí, él tenía que llevar a la chica a su destino. Sólo por corroborar, le dijo la dirección y vieron que era la misma.

-Sube –le dijo Grimmjow.

La joven dio media vuelta y entró a la camioneta. Se abrochó el cinturón y cruzó los brazos en actitud protectora. Grimmjow había visto el mismo gesto en infinidad de chicas que llevaban para interrogar. Era un acto reflejo porque claramente ni lo conocía ni confiaba en él.

-¿Cómo te llamas?

-Orihime.

-Soy Grimmjow –encendió la camioneta y avanzaron por la calle rumbo a su siguiente destino.

Continuará…

Díganme qué piensan, chicos :)