Lecciones de Waltz.
Yakov y Yuri
El clima y los empleados parecían encismados en crear el ambiente perfecto para la celebración en el Kremlin. Resulto ser que no era un castillo, sino un Kremlin, el famosos Kremlin de Moscú. Pero a Yuri eso no le causo ni un ápice de alivio. Vivir en el Kremlin no significaba más libertad ni soltura, sino más bien que tendrá más "reos" de buena casta para poder socializar. El Kremlin de Moscú, había sido utilizado como un santuario para salvaguardar vidas importantes para la humanidad. Ahora con las guerras terminadas y un montón de cosas por volver a construir, sus nuevos y finos habitantes podían ocupar su lugar, incluido él.
Había visto a Víctor desde lejos un par de veces, Chris estaba con él, no le sorprendió mucho, pero sabía que cualquiera que fuesen sus intenciones juntos, eso iba a terminar muy mal.
─Joven Plisetsky ─ alguien llamo a la puerta de su nueva habitación ─su instructor de baile ha llegado, lo espera en el segundo salón de recepciones.
─En seguida bajo ─ contesto, esperando a oír el sonido de los pasos alejándose.
Miro rápidamente su reflejo en una de las lunas de su tocador. El cabello le había crecido aún más de lo que esperaba y lo detestaba; le habían dicho lo bonito que se veía con el cabello de esa manera, el sólo hecho de que los demás descarados y lame botas aprobaran su apariencia, lo enojaba, lo hubiera cortado, de no ser porque se lo prohibieron. Suspiro resignado, el mismo se había metido en ese embrollo de faldas largas y bandas de seda con bordados de oro.
Bajo tratando de no toparse con nadie, tarea que más bien parecía una odisea, pues todos parecían embrutecidos por llevar a acabo de la mejor manera aquel evento donde sin duda alguna los restregarían con el mejor postor para procrear, para cuando llego al salón indicado, ni siquiera se molestó en anunciar su llegada, simplemente entro al salón cerrando la puerta estruendosamente para luego dejarse caer de manera cansada y hastiada contra ella.
─ ¿Yuri?
El mencionado se sobre salto al ori su nombre en una voz conocida, no había ningún estúpido título de por medio. Se incorporó y avanzo adentrándose al salón.
─Yakov… ─ Ambos se acercaron de apoco, acortando la distancia, el rubio estaba tan feliz de ver a alguien conocido, que casi se abalanzaba sobre él para darle un fuerte abrazo, pero no quería parecer un cursi mediocre, en lugar de eso, apoyo sus manos en los hombros del hombre mayor y presionar con vigor cálido ─ A pasado mucho tiempo.
─Casi cuatro años Yuri ─ contesto el hombre mayor, observando a la par al blondo.
Cuatro años de ausencia se erguían frente a él, con la estatura rebasándole, el cabello rubio sujetado en una coleta y la elegancia de venus pintada en todas partes. Yuri, ese era su pequeño Yuri, aquel que dejo las pistas a los 15 años cuando las bombas y misiles explotaban a lo lejos. Decir que Yakov había extrañado a sus discípulos era poco, en especial tratándose de Yuri, su niño de ojos verdeazulados.
El ex entrenado desde hace mucho tiempo había pensado que un hombre de su edad estaba limitado a muchas cosas, incluyendo el tener un amor platónico con uno de sus ex alumnos. Cualquiera que no lo conociera, lo tacharía de inmediato de un viejo pervertido, ¿Pero qué se le iba hacer? Desde que había aparecido en su pista de hielo ese pequeño rubio refunfuñador, una extraña ternura se apodero de su ser, aunque claro, esa ternura no fue impedimento para respetarlo, cuidarlo, regañarlo y exigirle como el deportista que era en los tiempos de antaño. El pequeño había crecido convirtiéndose en un hombre joven, altivo y atractivo, y aun así, esa ternura extraña, casi romántica seguía enterrada en alguna parte de su ser.
─Serás mi instructor de baile ¿No es así?
─Así es, al parecer tus nuevos parientes querían que te sintieras cómodo con alguien que ya conocieras.
¿Sus parientes, preocuparse? Si ni siquiera les había podido ver la cara en el tiempo que llevaba en el Kremlin
─Está bien, empecemos.
Yakov encendió la pequeña grabadora donde las pistas seleccionadas para el gran evento estaban listas para correr ─ Sé que tú sabes bailar, mi única instrucción en realidad, es enseñarte como bailar con otro hombre ─ el rubio le dio una mirada, sabía a lo que se refería, les daba lo mismo si lo terminaban juntando con un hombre o una mujer, siempre y cuando cumplieran los requisitos para poder procrear.
La música sonó por el salón, el Waltz bien conocido por los rusos, "The first Watlz" , y no es que Yuri tuviera algo contra Shostakovich, pero en su opinión era el que menos le gustaba. Yakov tomo la mano del joven ruso posicionándose como si fuera el hombre en la pareja de baile. El rubio intento seguirlo de buenas a primeras. No estaba para nada contento con la idea de tener que bailar para deleite de otra personas, pero ahí estaba, intentando bailar como lo haría la contra parte femenina.
─No me gusta esto Yakov.
─Eso ya lo sé, pero debes esforzarte ─ debía esforzarse tanto o más que Yakov, quien luchaba para mantenerse firme, en no decirle a su ya no tan pequeño Yuri, que no quería que lo casaran a la fuerza, que no quería que sus bailes fueran exclusivos del mundo y ¡peor aún! que los bailara fuera del hielo, que no quería que su lindo cuerpo fuera tocado por otro que fuese ajeno a su mundo y personalidad. Pensó que tal vez, si él fuera mucho más joven, se lo hubiera llevando, a su lindo chico de mirada fiera y pucheros graciosos, pero sólo le quedaba el consuelo y el sabor amargo de unas últimas piezas con Yuri, su Yuri.
─Ralamente esto no me gusta─ -sentencio Yuri antes de separarse del mayor e ir a cambiar el waltz que amenazaba por volverlo loco. Apretó el botón de la grabadora con el ceño fruncido, mientras saltaba una a una las piezas en la cinta, hasta que por fin logro oír algo de su agrado ¿A quién quería engañar? Ambos rusos sabían quera su Waltz favorito, "El segundo", era irónico…
Se acercó a Yakov intercambiando los roles. El mayor no quiso protestarle y solo lo siguió en sus finos pasos, recordando el hielo bajo sus pies, la inefable sensación de flotar raudos sobre el hielo. Era como hace años, cuando Yuri apenas tomaba confianza con los músculos tensos y ansiosa alegría. Ahora esos mismos músculos se movían gráciles, duros por la edad y el ejercicio, con la mirada llena de determinación y el corazón un poco destrozado.
La pieza continúo y el tiempo pareció detenerse entre latidos calmados y recuerdos lejanos. Por ese breve tiempo, los castillos, los muros del kremlin y los absurdos títulos desaparecieron.
Yuri estaba sobre el hielo, fingiendo ser libre, guiado por Yakov.
Un leve beso casto fue a parar a su frente. Yuri parpadeo saliendo bruscamente de sus cavilaciones, los ojos de su mentor tenían un brillo aguado que le destrozo un poco más el corazón.
─Creo que estás listo…mi niño.
