DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece.


Mis manos ensangrentadas taparon mi boca, la policía ya estaba llegando y yo sabia de principio a fin mi actuación. El cuerpo de mi esposo yacía en el suelo sin vida y desangrándose por la herida de bala que esos "ladrones" le habían hecho.

Soy Isabella, tengo 25 años y mi marido era el director de una empresa exitosa de automóviles. La empresa daba miles y miles de dólares diarios, cosa que iba guardado al banco para nuestros futuros hijos. Que fácil fue engañar a ese pobre idiota de Mike Newton, que me había pedido matrimonio sólo dos semanas luego de conocernos. ¿Qué puedo decir? Cada mujer tiene su secreto de seducción, ¿verdad?

A decir verdad, yo venia planeándolo todo desde hace años, conocía la empresa New Moon desde hace años, y mi madre era amiga del padre de mi, ahora, fallecido esposo. Suspiré, la verdad es que soy una persona verdaderamente ambiciosa y me gusta en demasía el dinero. Por lo que al saber que el amigo de mi madre había muerto, decidí buscar más información sobre a quien le quedaba el poder de la empresa. Y el pobre Mike cayó en mi trampa…

Eran las 11:30 y los hombres a los que había contratado habían llegado a las 11:25. Habían hecho un buen trabajo, sin hablar ni dar explicaciones le pegaron una bala mortal. Con guantes y máscaras se habían ocultado y yo, en ese momento "por casualidad" estaba dándome un baño de espuma.

Al escuchar el disparo sin silenciador, esa fue la señal para salir del baño, atarme una bata y correr hacia mi amado esposo yaciente en el suelo de madera. Mis lagrimas caían por mis mejillas y la bata que traía puesta se manchaba cada vez más de la sangre de mi esposo.

–¡Ayuda! ¡AUXILIO! –grité fingiendo desesperación, abofeteé a mi esposo por si abría los ojos, necesitaba hacerme la desesperada, porque era lo que una mujer enamorada haría.

El servicio policial había tirado abajo la puerta de la gran mansión, y se guiaron por mis gritos y gemidos hasta encontrarme, en mi deplorable situación. Una mujer policía vino hacia mi y me aparto del cuerpo inerte de Mike y me llevó hacia otro salón cerrando la puerta detrás de ella.

Me sentó en el sofá de la sala de estar en donde estábamos. Trato de no tocarme demasiado ya que estaba repleta de sangre de mi difunto esposo.

Ya era viuda… viuda, al fin…

–Señora Newton, por favor, quédese tranquila –dijo sacándose su gorra de oficial y rascándose el cabello de forma impaciente y nerviosa.

–¡Cómo quiere que me quede tranquila! ¡MI ESPOSO ESTA MUERTO! –grité y escondí mi rostro entre mis manos, manchándome las mejillas con algo de sangre. Empecé a gemir y llorar de una forma aturdible y desgarradora. No sentí cuando la oficial se acercó a mi, me agarró de los hombros y me abofeteó dos veces.

Callé de inmediato.

–Quédese así, se ve mas linda –suspiró y vi la indecisión en sus ojos, creía que ella no sabia si hablarme o quedarse callada–. Sé que es una situación difícil y… con el tiempo lo superará –dijo con palabras que no se podía negar que era una policía, y yo, al tener a un padre como uno, sabia que les costaba expresarse con palabras.

Asentí con la cabeza e hice que de mis ojos saltasen dos húmedas lágrimas. Me podrían dar un Oscar por mi actuación.

–Muchas gracias, oficial –le dije, para sostenerle la mirada, tratando de ser fuerte.

–Me llamo Ángela, Webber –dijo y me dio una palmadita en el hombro, le sonreí y ella se encaminó hacia la puerta que daba a donde mi marido falleció, se giró antes de irse–. No le conviene salir ahora, señora, será mejor que se quede aquí por hora, hora y media hasta que podamos sacar el cuerpo de su esposo –fingí un gemido de dolor al oír la palabra 'esposo'.

Se fue, dándome una mirada de lástima. Cuando cerró la puerta, yo sonreí mostrando mis dientes, que feliz que estaba. Pero eso no terminaba ahí, puse nuevamente mi cara de cachorro a punto de morir, y marqué el teléfono de mi abogado. Al primer timbre me atendieron, sabia que era tarde pero la agencia de él trabajaba las 24 horas.

–Buenas noches, se ha comunicado con la agencia de Carlisle Cullen, ¿qué necesita? –atendió una voz de mujer, esa voz era extrañamente horrible. Tenia un tono fino hasta aberrante que hizo que cuando habló, me aleje el celular de la oreja.

–Querría hablar con el Dr. Cullen, por favor –contesté y a propósito, entre cada palabra fingí un sollozo.

–Sí, ya le paso –contestó esa fea voz nuevamente.

Carlisle, había sido mi abogado desde que tenia la edad suficiente para poder contratar uno. Y la verdad es que desde los 19 que lo había conocido (aunque no es normal, siempre había tenido problemas), siempre él estaba allí para ayudarme. Era más un padre que un abogado, siempre me sacaba de mis más sucios juegos. Pero esto ya no era un juego, era un asesinato.

–Buenas noches –murmuró una voz endemoniadamente sexy, y supe que no era mi abogado al que estaba hablando.

–Buenas noches, me dijeron que me iban a pasar con el doctor Cullen, y al parecer no lo hicieron –dije con voz ronca, por la presión que mi garganta había hecho hace instantes por mis fingidos gritos de dolor.

–Y usted esta hablando con el Dr. Cullen –susurró esa voz sensual que me hizo erizar la piel. Me pegué en la frente cuando entendí, mi abogado tenia algunos hijos, seguramente era uno de ellos.

–Ok, pero quiero hablar con Carlisle Cullen –dije con voz impaciente y se lo hice notar.

–Eso va a ser imposible, ya que él está de viaje y no vuelve en varios meses –replicó esa voz suave que ni siquiera se había inmutado por el nervioso de la mía.

Bufé ante lo que había dicho, Carlisle era el único que podía ayudarme en eso, era con el que más tenia confianza.

–Ok, como quieras. Voy al grano, necesito un abogado que esté en mi casa a más tardar mañana por el mediodía, es urgente –casi grité, ese hombre me sacaba de quicio con su voz neutra e impasible.

–¿Se puede saber cual es el caso? –preguntó, y note que en su tono había expectación, curiosidad y algo así como esperanzas.

–Asesinaron a mi esposo –dije. Sabia que los abogados (o muchos de ellos) se sentían alegres al tener "buenos" casos, y que era un juego ganar o perder juicios, bufé ante eso.

–Muy bien señora, déme su dirección y mañana mismo estaré a primera hora en su casa –me respondió y yo le di mi lugar de residencia, en el que hace minutos había ocurrido la escena del crimen.

Los policías no iban a sacarme de la casa, ya que al tener seguridad dentro podían estar atentos por si alguien modificaba el lugar en donde había muerto mi esposo. Según lo que me explicaron luego de que yo cortara con el hombre de voz sexy (y mi imaginación también creyó que era un demonio del sexo), es que no podría utilizar la puerta de entrada, sólo la trasera ya que tenían que investigar huellas y todas esas porquerías que yo sabia que no le servirían de nada. Todo estaba muy bien planeado.

En lo único que me tendría que preocupar yo, era en como le iba a mentir a mi adorable nuevo abogado.


Hola!

Bueno, aqui voy con una nueva ideita, espero que les guste y la apoyen!

Besos!!