Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. La historia, sin embargo, es de mi propiedad. No creo que lo hagan, pero no la tomen sin mi consentimiento.
≈Zero kara hajimeru≈
Capítulo 1: Llegada
~Incluso los hombres más valientes dudan alguna vez sobre su estado mental~
Su mente aún no procesaba todo por completo, seguía rondando entre Sasuke y Naruto de manera constante, sus ojos se empezaban a empapar en lágrimas como si hubiese visto nuevamente a sus padres. Pero este sentimiento, por más sorprendente que pareciese, era mucho mejor. Sus dos compañeros estaban uno al lado del otro sin mirarse con odio mutuo, sin querer lastimarse.
Parecían incluso amigos de toda la vida, incapaces de hacerse daño.
Quiso hablar, pero el aturdimiento hacía que todas las órdenes dadas por su cerebro fuesen completamente inútiles. Sus dedos apenas si se movían y los labios le temblaban titubeantes entre decir algo o no.
Naruto tenía una mirada, más que todo, ansiosa y aunque Sasuke también reflejaba preocupación, lo disimulaba perfectamente. Se sintió extraña porque en toda su vida jamás había recibido una muestra de interés por parte del pelinegro, ahora que lo hacía era para ella un golpe demasiado duro.
Lo había visto morir frente a sus ojos y aun así estaba ahí, frente a ella, vivo y con su mirada ónix apuntando a sus ojos jade.
—Señorita, ¿cómo se encuentra? ¿Siente algún malestar?
Ignoró olímpicamente al doctor. No podía hacer otra cosa, su atención se evocaba completamente a Sasuke, sintiendo como él le devolvía la ojeada, intrigado, como si hubiese visto algo en ella que estaba mal, muy mal. Como si él ni siquiera la conociese y ella expresara sin hablar que ya los conocía a ellos.
—¿Señorita?
—Me siento… —su voz ronca la sorprendió. Llevó una mano a su garganta, sorprendida de poder moverla y carraspeó con debilidad—, rara.
—Le traeremos un vaso con agua. Enfermera, creo que puede ir pidiendo algo para alimentarla. Gelatina, cosas que pueda digerir sin esfuerzo.
—Sí, doctor.
Naruto observó todo en silencio, en realidad estaba sorprendido por el carácter que había adoptado Sasuke, tal vez por el sentimiento de culpa. El hecho es que la chica simplemente actuaba como la mayoría, incluso estaba resignado. La muchacha de cabellos rosa solo miraba anonadada a Sasuke y lo único que no encajaba era el sentimiento de tristeza y ansiedad que reflejaba.
Claro, lo atribuyó a que estaba resignada a las mismas palabras de otras jóvenes: «Demasiado para mí».
Suspiró, empezando a palidecer cuando notó algo parecido al resentimiento en la expresión de la chica. Aún no sabía su nombre así que se dedicaría a ir al grano.
—Nē, señorita. ¿Se encuentra bien? —Sakura volteó mecánicamente al oír esa voz chillona, lo hizo con tal brusquedad que Naruto se sobresaltó alzando las palmas de las manos en son de paz.
Asintió. Estaba en shock por el reciente «señorita» que había utilizado su amigo. ¿Dónde diablos quedó el «Sakura-chan» de antaño? Hubiese gritado como loca lanzándose encima de ellos, vociferando a viento suelto que se alegraba de tenerlos a su lado, pero incluso ellos parecían estar demasiado confundidos con el asunto. Prefirió guardarse su efusividad para después.
Entonces lo vio sonreír de esa forma tan patética, de oreja a oreja, sin enseñar los dientes, lo cual hacía verse avergonzado.
—Lo lamentamos, señorita. El teme iba a mucha velocidad y cuando estábamos en la carretera usted salió de la nada, como si hubiese un agujero de tele transporte. Sé que suena ridículo, pero salió de la nada… o puede que el teme no la viese, pero… —hablaba de forma corrida sin siquiera detenerse un poco para respirar o separar las oraciones y las frases—... Y, luego, cuando la chocamos, usted salió volando por el aire 'ttebayo y cayó en el suelo. Tenía mucha sangre en el cuerpo y cuando quisimos levantarla el teme dijo: «No la muevas tarado o la matarás» —indicó, imitando ridículamente la voz del Uchiha—. Entonces me asusté y la dejé, dattebayo. Llamamos a la ambulancia y la recogieron. Por favor, no nos denuncie —rogó sonrojado.
¿Denunciarlos? Sakura contuvo la necesidad de sonreír, estaba sorprendida, pero su felicidad empezaba a brotar con tal rapidez que no estaba segura de poder moverse sin saltar sobre ellos.
—Nos hemos pasado en vela toda la noche en el hospital, desde hace tres días está inconsciente. Nuestros padres creen aún que regresamos de nuestras vacaciones de verano, así que no tienen ni idea siquiera que hemos infringido la ley —gimoteó angustiado.
Sasuke le propinó un golpe, tal vez demasiado fuerte, en la nuca que obligó al rubio a apoyarse en el barandal de la camilla para no caer sobre ella.
—Yo… no lo haré —musitó, aún sin saber a lo que se referían. ¿Atropello? ¿Con qué y dónde? Ella solo recordaba estar en una guerra, cosa que hubiese sido mucho peor que un atropello. Consideraba «aplastamiento» una mejor descripción a lo que había sucedido.
Naruto suspiró y Sasuke cambio su postura descubriendo una que jamás había visto, despreocupada. Como cuando tenía doce años, pero algo más diferente. Estaba más tranquilo, más relajado. Así que esa apariencia que vio en el Sasuke de siempre, y la cual le pareció normal, era una atiesa.
Sintió tristeza al comprender que desde hacía mucho tiempo lo había visto tensarse mucho más que de costumbre y jamás lo había advertido. Sasuke siempre estaba alerta y jamás se relajaba.
—Muchas gracias, dattebayo —vio a Naruto rascarse la nuca.
—De todas formas, creo que debería informar sobre esto a las autoridades para que de su declaración… —Sakura observó el rostro de sus compañeros pasar del alivio al terror conforme el médico dio a notar.
Observó al hombre con serenidad y, con voz segura, habló.
—Creo que esto se incluye en el secreto profesional, ¿no es así? —inquirió, trató de sacar todo lo que su agotada mente podía imaginar para salvar la situación—. En todo caso, me gustaría hablar a solas con ellos un momento, para llegar a un acuerdo.
Su médico titubeó un poco, pero aceptó con un asentimiento de cabeza. Dio media vuelta y desapareció por la puerta.
La muchacha miró a su rubio amigo. Trató de darle la más tranquilizadora sonrisa, hasta que recordó nuevamente que todo a su alrededor estaba mal. Volteó débilmente hacia el gran ventanal, analizando con el ceño fruncido el exterior.
—Naruto… —el rubio casi se atora con su propia saliva. ¿Cómo es que esa chica sabía su nombre? Sasuke también frunció en entrecejo, frustrado por no tener la información suficiente; desde que vio los ojos de esa chica supo que algo andaba mal—, ¿qué pasó con la guerra?
Sasuke, confundido, le golpeó un hombro a Naruto. Este volteó a verlo y el moreno movió rápidamente los labios, preguntándole de qué mierda estaba hablando. El rubio negó con la cabeza mientras se encogía de hombros.
—¿Hablas de la segunda o la primera? Las guerras mundiales ya pasaron hace mucho tiempo —alargó las dos últimas palabras como si todo fuese un juego.
—Ya lo sé —asintió sin darse cuenta de lo que hablaba su amigo—, hablo de la Cuarta Guerra Ninja, Naruto.
—¿Eh? —alzó una ceja a la par de Sasuke. ¿Guerra ninja?—. ¿De qué me habla señorita?
Sakura entendió al fin la confusión de su amigo, repasó las líneas que había dicho hacía unos momentos. Él dijo «guerras mundiales», ¿qué quería decir con eso? Volteó hacia Sasuke, quien la miraba como si le hubiese salido otra cabeza. Algo andaba mal. Muy, muy mal.
—¿Qué está pasando? —preguntó débilmente, su voz salió cual jadeo aterrado.
—Lo mismo nos preguntamos nosotros, señorita. ¿Cómo conoce nuestros nombres?
—¡Naruto! —gimió desesperada. Quería que de una vez por todas terminara con esa farsa y la llamara, de una buena vez, «Sakura-chan»; pero el rubio solo la miró con un poco de miedo—, Sasuke-kun.
Esta vez fue el pelinegro quien frunció el entrecejo, confundido. En primer lugar, esa chica no conocía nada de él, ni siquiera su nombre. O bueno, tal vez si lo conociera y a Naruto también, pero no se habían encontrado frente a frente jamás en su vida. Y en segunda, odiaba con toda su alma el sufijo «kun», él no le había dado ninguna confianza para que lo hiciese o llamase así. Es más, ni siquiera tendría por qué estar mirándolos como si ellos fuesen los locos en vez de ella.
¿De qué guerra ninja hablaba esa demente?
—¡Ya basta! Si es una broma, ya fue suficiente —se exaltó. Estaba desesperada, ¿por qué Sasuke y Naruto no la conocían? ¿Qué mierda sucedía? ¿Dónde estaba su Shishō? ¿Qué cosa era lo que se movía de un lado al otro por esos caminos negros y qué demonios significaba esos edificios tan altos? Si alguien los invadía, esas construcciones supondrían mucho peligro para la gente.
¿Dónde estaba la vegetación? Aquellos bosques espesos que se extendían escondiendo la villa. ¿Y dónde demonios estaba el pueblo de Konoha? Porque nada de lo que había a su alrededor le era familiar.
—Chicos —suplicó con voz trémula.
Esto no podía estar pasando, no podía… ¡No!
Su vida, no hecha por supuesto, pero sí terminada, en su aldea había desaparecido por completo. No le desagradaba la idea de estar viva, al contrario, lo agradecía con cada partícula de su ser. No le desagradaba tampoco la idea de que Sasuke estuviese vivo, destilando vigor por cada poro de su cuerpo y mucho menos le molestaba el que estuviese con Naruto, como si fuesen los mejores amigos para la eternidad.
Lo único que le aterraba era que ni uno de ellos la recordaba, no la conocían y ella estaba en un lugar en donde no conocía absolutamente nada. Se alteró incluso más, porque ya no tenía a sus padres ahí —por más de saber que murieron en la guerra, al menos deseaba estar con ellos para afrontar este lío—. Tenía miedo. Pero esta vez, mucho mayor al de antes.
Estiró los pies, era una buena forma de empezar. Con la respiración anormal, trató de levantarse, consiguiéndolo ante la atenta mirada de ambos chicos quienes estaban a punto de correr a llamar a una enfermera. Esa chica sufría de delirios mentales, tal vez por eso estaba en medio de una carretera desierta.
Se aseguraba con mucha determinación que se había escapado del internado para locos, era la única manera de que esa mocosa pudiese pensar que los conocía. Frunció más el entrecejo, preparándose para saltar encima de ella si es que era necesario, entonces tan rápido que no supo cómo, la puerta ya estaba abierta y la habitación faltante de paciente. ¡Gran velocidad para ser una mujer herida!
Sasuke corrió, saliendo de la habitación a perseguirla.
—¡Atrápala teme, está confundida! —gritó Naruto.
¡Como si él no lo supiese! Claro que la atraparía.
—¿Y qué supones que hago, estúpido? —insultó para perderse en el otro pasillo.
Sakura corría, segura que en cualquier falla de su habilidad le costaría su oportunidad de escape. Cruzó varios pasillos y bajó innumerables escaleras. Vio a una señora regordeta que utilizaba una cabina con botones y luego, agotada y adolorida se la encontró en el primer piso atendiendo cosas como si hubiese llegado hacia minutos. Se extrañó tanto, pero eso no le impidió seguir avanzando. Vio la salida y muchos de esos carruajes de metal y, de pronto, tres pares de guardias la interceptaron en la puerta de salida.
—¡Shānnarō!—rugió. Golpeó el suelo con sus puños y contrario a que el suelo se partiera en dos, sus nudillos ardieron e hincaron como nunca en su vida. Su cuerpo por el peso no pudo incorporarse y cayó de cara—. ¡Ay! —se quejó como pudo.
Volteó hacia los que ocupaban el lugar que, lejos de querer atraparla, ahora le miraban como un bicho raro; humillada, al darse cuenta de que su chakra estaba anulado, corrió con su última opción. Los guardias nuevamente se pusieron alerta y como buena ninja que era —hasta donde había aprendido—, empezó a noquearlos uno a uno con Taijutsu.
Fue tan sencillo mover su cuerpo aún con el dolor, lo había hecho innumerables veces que podía ignorar las molestias. Sus pies siguieron moviéndose tan rápido que parecía que en un momento a otro todo su cuerpo terminaría cayendo al suelo, sonrió al comprobar que eso no pasaba.
Miró a su espalda y vio a unos metros lejos de ella como el azabache le empezaba a alcanzar.
Corrió con más rapidez rogando por qué no la alcanzara. Necesitaba ir a algún lugar lejos del ese hospital, encontrarse con su shishō lo más pronto posible, decirle que estaba en un lugar raro y que estaba muy asustada. Su mente vagó rápidamente por esos pensamientos hasta unos dedos se enroscaron con fiereza en su brazo, tirando de ella con brusquedad y no precisamente para hacerla volver, sino para tirarla con toda sus fuerzas fuera del tráfico de autos.
Pudo oír el sonido de una bocina escandalosa y miró con terror como una mole de metal que circulaban por toda la calle pasaba frente a ellos a gran velocidad. El corro de curiosas personas los observaban a ambos en el suelo, con los brazos del Uchiha aferrados a sus hombros. Si el chico no la hubiera detenido habría terminado en la misma situación que con el Kyūbi. Enfrentó al azabache de rostro fastidiado, notó su brazo manchado por un pequeño y fino hijo de sangre.
—¡Sasuke-kun! —gimió antes de tirarse a su costado para intentar sanarlo.
El Uchiha la miró, alzando una ceja cuando ella puso una mano encima de su herida y esperó.
—Oye —la llamó luego de un minuto en esa posición, la chica levantó sus orbes verdes para mirarlo con exaspero— ¿Estás bien?
Sentía la mirada de los demás quemar en su rostro.
—No puedo —murmuró irritada.
—¿No puedes qué? —gruñó.
—Sanarte.
Sus labios se separaron en una pequeña mueca de sorpresa.
—¿Y esperabas sanarme colocando tu mano encima de mi brazo? No seas ridícula.
—Pero qué dices, Sasuke-kun, yo…
—Deja de llamarme así —ordenó desganado. Estaba confundido y esa chica no paraba de llamarlo por su nombre, y el problema no era eso, sino que lo hacía con tanta naturalidad como si ya le conociese. Él no la había visto ni en pintura.
Sakura contorneó su rostro con una distraída mueca de aturdimiento. Se iba a levantar para darle un par de golpes por no recordarla. ¿Qué demonios sucedía?
Los guardias que la habían hecho sufrir en su intento de escape hicieron su aparición, la agarraron de los brazos, sustituyendo el agarre del azabache, y la halaron hacia ellos con tal fuerza que su piel ardió.
—¡La tengo! —celebró uno de ellos.
—Hay que llevarla al hospital.
Sasuke la observó sin dar indicios de querer ayudarla.
—¡Suéltenme! —gritó con furia mientras pataleaba. Nada. Ni siquiera un poco de la fuerza que tenía antes. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué era ese lugar? Estaba asustada. Sus amigos no la reconocían siquiera para calmarla como era debido. Absolutamente sola en ese lugar, quiso cerrar los ojos para que, al abrirlos, nuevamente se encontrara en Konoha, mas nada sucedió…
Ayúdenme… onegai.
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Continuará…
Lalá
~Y la luna va sin alas, va sin alas, va sin pies (8). ¿A que no se esperaban eso? ¿Sí? ;.; Que mal, pensaba sorprenderlo.
Pues, gracias, gracias-gracias… ¡Gracias! ¿Ya dije gracias? ;w; Gracias... A todos los que me comentaron; estoy tan feliz que les haya gustado. Este capítulo es corto pero va a ir avanzando de a poco y será mucho más corto que el anterior FF.
Gracias a Amaya-chan, mi beta. Porque sin ella algunas cositas que faltaban limar hubiesen quedado con callos —guácala—. Ahora espero que no haya habido juanetes de lo contrario me tiran las pinzas para sacarlo de inmediato. e.e ¿Ok? Sin más que decir.
¡Ja nē!
-Shina Uchiha-
