Ooooohhhhh! Lamento tanto la tardanza! Eh estado muy ocupada con lo del instituto y no tuve tiempo para sentarme a subir el nuevo capi a pesar de que ya lo tenía casi terminado, solo tenía que releer algunas cosas (Waaaa! Necesito tiempo!)

Pero ahora si, ya está el segundo capítulo de este fic (el primero con más de un capítulo que posteo acá) espero que lo disfruten, alguna duda pueden decírmelo en un review (cosa que me hará muy feliz también)

Ahora si, disfruten el nuevo capi!

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, sino al gran Hidekaz himaruya-sensei que algún día incluirá yaoilandia en el manga/anime

Capítulo 2

Mei Mei corría por las calles de Shibuya convenciéndose a si misma de no parar en cada local de ropa que veía y caer en la tentación de entrar y comprar lo primero que encontrarse. Intentaba por todos los medios mantener la tostada, que componía su único desayuno, en su boca y que esta no terminara aterrizando en el suelo como preveía que iba a pasar.

No estaba apurada porque se le había echo tarde para levantarse o porque tuvo que alejar de su hermano menor de aquellos fuegos artificiales que estaba obstinado en explotarle en la puerta de la casa de la vecina, para nada, ya estaba acostumbrada a todo eso, principalmente lo último, solo que esa mañana había sido requerida por su jefe con urgencia. Aunque requerida no era la palabra necesaria justamente, no cuando tu superior llama llorando y suplicándote que llegues lo antes posible porque sino va a caer en un colapso nervioso mucho peor del que ya antes había caído una vez que casi no llegan con la fecha de entrega. Desesperada llamó a la húngara para preguntarle si tenía alguna idea de lo que le pasaba a Kiku pero la otra mujer estaba peor que ella pues parecía que iba a caer en el mismo colapso nervioso que su jefe cuando, por detrás de la voz de la castaña, escuchó a su marido llamarla para que preparara el desayuno y al pequeño hijo de ambos llorar por comida. Ya podía imaginarse la escena de la mujer con una vena hinchada en la frente dispuesta a volarles la cabeza a ambos hombres con una sartén como hacía con el hermano mayor del amigo de Kiku que, extrañamente, parecían conocerse de hace tiempo, aunque el otro hombre estaba en pareja con un tierno muchachito rubio de anteojos que parecía tener una obsesión con cargar un peluche de oso polar, y ella, como buen amante del yaoi que era, le resultaba completamente adorable verlos caminar juntos por la calle tomados de la mano y dedicarse tiernos comentarios de amor, aunque de eso hacía mucho que había pasado y no estaba segura si seguirían juntos, después de todo el prusiano era muy celoso del amigo norteamericano de su novio; tal vez ya se habían separado.

Volviendo al tema que le interesaba, aunque eso no quería decir que un poco de amor entre chicos no le alegraba el día, necesitaba llegar lo más pronto posible al complejo departamental en donde vivía el japonés si quería verlo cuerdo y no amenazando con tirarse de la terraza por la presión que sentía y que al menos que la dejara pasar, ya sabía las mañas del hombre con encerrarse y alejarse de todos temporadas enteras porque había caído en una crisis y no le agradaba el hecho de tener que aporrear la puerta hasta que le abriese o amenazarlo con llamar a sus hermanos mayores, Yao y YongSoo, ambos obsesionados con el, para que vinieran a pasar una temporada con su hermanito que tanto los extrañaba si no la dejaba pasar en ese instante. Por eso cuando divisó a lo lejos el lugar destinado, sacó su celular y marcó a toda velocidad el número de Elizabetha para preguntarle si ya había llegado. Tras que tocara dos veces la voz de la castaña le contestó agitadamente asegurándole que estaba a unos metros, cuando ambas cortaron la llamada pudieron vislumbrarse en la puerta de entrada al edificio.

-¿Qué…le habrá…pasado…a Kiku-san? –preguntó agitadamente la castaña tomándose el pecho y tratando de recuperar la respiración

-No…lo sé…tendremos…que subir…y averiguarlo –le contestó la otra con dificultad. Ambas giraron la cabeza hacia la escalera y suspiraron derrotadas, no les quedaba otra que subir por esa monstruosa escalera hasta el cuarto piso que era donde vivía el japonés

Emprendieron la tarea de subir escalón por escalón sujetándose de la baranda para no caer desfallecidas escaleras abajo llorando lágrimas de sangre por el esfuerzo y las piernas que se quejaban por el maltrato

Llegaron a la habitación perteneciente al pelinegro, el 4B, y tras recargarse en la puerta para recuperar el alma que se les escapaba a cada suspiro, llamaron a esta. No pasaron ni dos segundos para que el muchacho les abriera.

Kiku se veía terrible, con ojeras que prácticamente parecían bolsas de carga debajo de su delicada piel, tenía el cabello desordenado al igual que su ropa, que extrañamente era la misma que había usado el día anterior y eso que el chico siempre se cambiaba todos los días, los labios extrañamente hinchados y si miraban bien iban a notar pequeñas marquitas entre moradas y rojizas en la piel de su cuello.

-¡Gracias a Dios que llegaron! –gritó a la vez que se lanzaba a los brazos de la taiwanesa y comenzaba a llorar a lágrima viva, ambas mujeres se miraron entre si extrañadas por la actitud del japonés e instintivamente acariciaron su cabeza para reconfortarlo

-¿Pero que pasa, Kiku-san? –inquirió Mei Mei mirando preocupadamente a la castaña mayor

-Es que…es que –tartamudeó el otro sorbiéndose la nariz –Véanlo ustedes mismas –señaló dentro del departamento, ambas mujeres estiraron el cuello para solo ver el pasillo que comunicaba a la sala donde solían trabajar, no veían nada aunque tal vez solo les quedaba acercarse y comprobar con sus propios ojos aquello que mantenía tan exaltado al pelinegro

Entraron a hurtadillas prestando completa atención a cualquier movimiento extraño, volteando a los costados por si veían algo sospechoso pero parecía que todo andaba bien, se adentraron a la habitación del japonés pero no había nada fuera de lo normal. Tal vez, por el estrés, Kiku estaba teniendo alucinaciones y no sería fuera de lo normal cuando se pasa prácticamente las veinticuatro horas del día delante de una hoja dibujando a su amor platónico, pero nunca habían protagonizado un ataque de tal magnitud, era como si el japonés estuviera temeroso de "algo" que se encontraba en su habitación.

Al notar algo extraño, giraron la cabeza al oír como el ruido de la lluvia en el baño contiguo cesaba llegando a la conclusión de que alguien más estaba ahí. El pelinegro se escondió detrás de la húngara que había sacado su sartén dispuesta a volarle la cabeza a quien quiera que se escondía allí. La puerta del baño se abrió dejando pasar al vapor de la ducha caliente y solo se podía vislumbrar la figura alta de un hombre de espalda ancha. Cuando la niebla se disipó y la figura se materializó las dos mujeres quedaron con la boca que casi rozaba con el piso.

Frente a ellas se encontraba nada más ni nada menos que el mismísimo Heracles en persona de carne y hueso. Una toalla se anudaba a su cadera donde los huesos de la pelvis se asomaban seductoramente y el vello iniciaba para fundirse debajo de aquello que muchos y muchas deseaban ver (maldita toalla). Por los pectorales trabajosamente definidos bajaban las gotitas del anterior baño que parecían evaporarse con el calor humano que desprendía ese adonis encarnado. Las clavículas se marcaban en la piel tostada y los brazos forzudos daban la impresión de que podían cargarlos a los tres sin ningún esfuerzo. Ni hablar del rostro excitantemente varonil con aquellos ojos color oliva que dejaban sin aliento cuando les dirigió una mirada penetrante que les hizo sentir a las mujeres que las piernas les temblaba como gelatina.

Se estaba secando el cabello con una toalla de mano mientras se acercaba sigilosamente como un felino en busca de su presa y se plantaba de lleno delante del pelinegro. Kiku tuvo que alzar el rostro para poder verlo, era extremadamente alto comparado con su altura, y se quedó de piedra cuando este lo tomó posesivamente de la cintura y lo acercó pegando su cuerpo mojado al de contextura más delicada. Al pelinegro se le crisparon los cabellos de la nuca sin poder reaccionar cuando el castaño lo tomó de la barbilla y de un sopetón le plantó un beso agresivo (y con mucha lengua) en los labios.

Elizabetha y Mei Mei solo pudieron ver como el griego prácticamente le comía la boca con los dientes, los labios y usando la lengua hasta ahogarlo, literalmente. Cuando lo soltó el muchacho más bajo tenía las mejillas coloradas y los labios entreabiertos en un ruego silencioso de más besos húmedos como aquel, o eso era lo que suponía el castaño que volvió a inclinar la cabeza para besarlo nuevamente mientras le acariciaba la espalda con movimientos circulares y poco a poco se iban escabullendo debajo de la remera del pelinegro. Las chicas estaban a punto de presenciar una escena R18 con su jefe como protagonista y verdaderamente no les apetecía marcharse pero vieron como el más bajo parecía querer escapar de los brazos del musculoso espécimen de hombre que ya le estaba quitando la camiseta sin ningún pudor.

-¡No! –gritó echando a un lado al sex simbol a la vez que intentaba acomodarse la remera que la tenía a medio subir por el abdomen. Sus ojos estaban anegados en lágrimas rezagadas y el seño fruncido desconcertó al griego que lo miraba como un cachorro al que le negaran la comida

-Kiku… –lo llama el otro tratando de acariciarle la mejilla pero el menor se alejó tratando de protegerse de él ocultándose detrás de sus ayudantes. El hombre frunció el seño y con voz grave pidió pero sonó como si lo ordenara –Ven aquí Kiku –este negó con la cabeza sin importarle cuan arrolladora era esa la mirada esmeralda que destilaba fuego. Se acercó con pasos decididos pero las dos muchachas le interrumpieron el paso -¿Qué? –preguntó sin disimular su frustración

-No dejaremos que te acerques a Kiku-san cuando vemos que está tan alterado –a pesar de los nervios que sentían por hacerle cara a un hombre que tranquilamente podía desecharlas con un soplo no flaquearon y se mantuvieron firmes. Heracles bufó como un niño enfurruñado y se dio media vuelta con los brazos cruzados sobre el pecho

Quiero estar solo –les ordenó, las castañas no tardaron ni dos segundos en arrastrar con ellas al pelinegro fuera de la habitación

-Kiku-san ¿Qué está pasando aquí? –preguntó Elizabetha tomándolo de los hombros para encararlo, el muchacho temblaba bajo sus manos y un sentimiento de pena le encogió el corazón

-¿De dónde salió ese hombre tan parecido a Heracles? –preguntó Mei Mei. No se creía que el pelinegro haya salido de noche en busca de alguna diversión pasajera y se trajera a la casa a un hombre que era prácticamente la copia de su amor platónico, Kiku era demasiado tímido para hacer algo como eso y no era chico de una noche

-N-no lo sé… –confesó desconcertado –Si-simplemente apareció cuando me quedé dormido y me besó e intentó sobrepasarse conmigo pero me lo quité de encima antes de que pudiera hacerme algo encerrándolo en mi habitación y enseguida las llamé. Lamento haberlas involucrado en esto pero les juro que no tengo ni la menor idea de quien es, el afirma que es Heracles y que está aquí porque yo así lo deseaba pero yo no recuerdo haber pedido que me lo materialicen –Mei Mei y Elizabetha se miraron entre ellas y suspiraron resignadas ante la inconciencia del pelinegro cuando todo el tiempo suspiraba y murmuraba por lo bajo lo lindo que sería tener a un Heracles de carne y hueso

-No nos queda otra que hablar con ese tipo y si no nos confiesa que hace aquí llamaremos a la policía –les propuso Elizabetha firmemente, Mei Mei asintió pero el muchacho se encontraba reticente pues tenía el presentimiento que en cuanto abrieran la puerta el tipo ese se le tiraría encima sin importar quien estuviese delante

La castaña tocó la puerta y al instante la voz del griego permitiéndoles la entrada se escuchó, Kiku tragó grueso cuando atravesó la habitación. El hombre ya estaba vestido, si vestido se puede llamar a que solo tenía un pantalón vaquero ajustado excitantemente a la cadera dejando al descubierto sus sensuales pectorales para que quien quiera los admire, y si era el pelinegro quien babeaba por ellos mejor. Clavó su verde mirar en los profundos océanos negros y el japonés se sintió devorar por esa mirada, se levantó del mueble en el que estaba sentado y caminó hacia el más bajo con intenciones de tomar su mano pero cuando este reaccionó a lo que estuvo a punto de hacer se alejó temerosamente causándole tristeza al mayor.

-Queremos saber quien eres tu –declaró Mei Mei cansada de ese silencio poniéndose en frente de la comitiva

-¿No le has dicho quién soy, Kiku? –preguntó luciendo un semblante apesadumbrado, el otro no pudo levantar la mirada para contestarle así que resolvió en que tenía que hablar el –Soy Heracles Karpusi. Soy un personaje creado por Kiku Honda –volteó el rostro para observar a las mujeres de la habitación –y ustedes son las ayudantes de mi querido Kiku, Elizabetha y Mei Mei

Ellas no se dejaron convencer, eso cualquiera lo sabía. Esta vez fue la húngara quien preguntó -¿Y cómo fue que llegaste aquí? –no cambió su seño fruncido ni por un instante

-Anoche Kiku-chan estuvo dibujando hasta tarde. Kirkland lo llamó para anunciarle que las fechas se adelantaron y el trabajo era para el jueves a la mañana. El trabajó hasta tarde en mí y ya antes de quedarse dormido escuché su súplica silenciosa. No podía seguir viéndolo tan solitario y yo necesito de él –se acercó y le acarició la mejilla con el dorso de la mano –Yo no puedo vivir si tu estás sufriendo, Kiku. Tu eres lo único que necesito –besó sus labios levemente, el japonés no se alejó de ese contacto, al contrario, se dejó estrechar por los fuertes brazos de su fantasía hecha realidad. Las palabras del mayor habían embelesado los sentidos del japonés que se dejaba hacer a voluntad

Elizabetha y Mei Mei miraron con aprensión la escena. Sabían que su jefe estaba cometiendo una gran equivocación al dejarse embelesar por una ilusión, aunque tampoco comprendían como ese hombre podía saber algo que ni ellas sabían, y la actitud del nipón les confirmaba que era cierto todo lo que había dicho. Tenían miedo, no por ellas, sino por su jefe; ese era un desconocido, alguien con un parecido casi increíble con el amor platónico del japonés y que estaba usando su apariencia para engatusarlo. La castaña sacó su celular y marcó a un número conocido por los tres dispuesta a desbaratar cualquier plan que ese hombre, terriblemente sexy, tuviera a con su pobre empleador.

Sabía que él no tardaría en llegar.

Continuará…

Eli y Mei Mei como las protectoras de Kiku!

Bien, debo admitir que Elizabetha es mi personaje femenino favorito, o sea, esa mujer es awesome (si Gil, no eres el único). En verdad, si yo tuviera una conocida como Hungría se transformaría en mi mejor amiga y escribiríamos juntas miles de historias yaoi! Ella da las ideas y yo pongo las palabras.

Bueno, tal vez sonará un poco confuso el capi, y paso a explicar por si les queda alguna duda:

Es obvio que cuando uno se despierta y ve a un hombre que, "aparentemente", no conoce en su casa y que encima se lanza como animal en celo sobre uno; lo primero que hace es llamar a alguien para que lo ayude. Es esta decisión la que tomó Kiku en su desesperación al encontrarse con un hombre igual a su amor platónico queriendo llevarlo a la cama sin ni siquiera haberse presentado (y eso que importa cuando se trata de Heracles?)

Por otro lado vemos la desconfianza de las ayudantes de Kiku por mi adorado griego y se llenan todavía más de dudas cuando su jefecito cae enseguida con un par de palabras bonitas de parte de este; hay otra razón para ello, principalmente el hecho de que Kiku le crea enseguida. Por así decirlo, Kiku es débil de emociones, es un hombre solitario que se encerró en si mismo por mucho tiempo, si que es atractivo a los ojos de los demás pero esto también es malo cuando uno es demasiado tímido y no sabe como comportarse ante los avances de las fieras que "quieren un poco de él", tal vez su comportamiento tímido antes las relaciones sentimentales se deba a una mala experiencia o simplemente que vivió tanto tiempo en un mundo de fantasía que al encontrarse con la vida real no sepa como manejarla. Eli y Mei Mei son partidarias del amor que le profesa Arthur a Kiku, porque lo ven más puro o inocente, un amor verdadero; en cambio el de Heracles, incluido el de Kiku, puede ser solo atracción pasional, tal y como ellas lo ven.

Bien, ahora aclarado estos puntos, contestaré los hermosos (y muy queridos) reviews que me dejaron (y que realmente me hicieron muy feliz)

Damon 'Yess' Albarn: A lo largo de los capítulos verás que si, Heracles puede que no sea tan dulce y tierno como uno esperaría. Eso si, sexy de seguro que será (y es incluso).

Hakkusyo - San: Yo amo el Geripan pero adoro por sobre todas las cosas al Asakiku (acá viene mi hermano –amante de la iglesia- a tirarme agua bendita por hereje –o tal vez a quemarme?). Más adelante Arthur también mostrará la cara que no le muestra a su querido Kiku, o eso creo…

Junjou-Panic: Antes que nada, ¡Te adoro chica! Amo tus fics, son taaaaaan lindos y creo que en más de uno termine llorando (menos mal que mi mamá no me vio porque sino ya se estaría sentando al lado mío a ver que es lo que me hace llorar –no, no quiero traumar a mi mamá con el yaoi, que mejor ni sepa ni que es).

Puedo considerar el compartir a Heracles… ¡Pero solo por un tiempo! XD.

Esa película que mencionaste, Eva, tal vez la haya visto pero de muy chica y como no tengo mucha memoria temporal no la recuerde (los años no vienen solos). Tranqui, Arthur-san no estará triste mucho tiempo, o eso quiero creer

00yumihaizara: Yo termine queriendo a Heracles después de enamorarme de Arthur (que es el único inglés que me gusta) pero mi adoración incondicional es Kiku (es que amo a los ukes, son tan tiernos *o*), intentaré subir el próximo capi más rápido

DarkCat14: Nunca vi School Rumble así que no tengo ni idea de que trata la historia. Como ya dije, de tanto que la frase "El hombre perfecto no existe" dio vueltas por mi cabeza y que mi imaginación volara cuando esperaba que me atendieran en la fotocopiadora esta historia nació. Tal vez me ponga a leer y/o ver esa serie para ver de que se trata. Me dejaste con la duda

HimeAzu-chan: Kiku tiene algo de mí, ahora que lo pienso, pues yo también me quedo hasta tarde haciendo trabajos y por eso llego al instituto con una cara de zombie a morir muchas veces. Inconcientemente adehesé un poco de mi personalidad en él (o tal vez sea que a veces me parezco un poco a Kiku?)

Muchas gracias por sus reviews, sus opiniones hacen que progrese en mi escrito. Espero que les haya gustado el capi y voy a intentar no tardar tanto la próxima vez.

Nos estamos leyendo!

Surkey