LA CULPA LA TUVO EL AMOR

Por Mary Martín

Los personajes de Saint Seiya son propiedad de Masami Kurumada.

CAPITULO 2

ENEMIGO

Había peleado sangrientas batallas, derrotado a numerosos enemigos, inspiraba miedo y respeto a sus adversarios, había resurgido cientos de veces de sus cenizas venciendo a la misma muerte… y mírenlo ahora, haciendo cola durante horas por unos cuantos víveres que su mujer le había encargado. La amaba pero a veces podía llegar a ser irritante. Cuando quería podía ser muy mandona, malgeniuda, ruda, exasperante, tan insoportable, tan tosca, tan… tan… igual a él.

Se encontraba sentado en el paradero esperando el autobús que lo llevaría a casa. La calle estaba desolada, al parecer era el único al que se le había ocurrido ir a comprar a esas horas de la noche. De pronto una mujer increíblemente atractiva se sentó junto a él, tan cerca que casi podía tocarle. Se obligó a sí mismo a desviar la mirada del pronunciado escote de su vestido.

– Es una noche muy fría ¿No es verdad?

Ikki sólo le respondió con un movimiento de cabeza pero al parecer ella tenia ganas de conversar.

– Mi nombre es Nemain ¿Y el tuyo?

– Ikki – respondió simplemente

– ¿Sabes? Me he sentido sola últimamente – comenzó a decir mientras pasaba provocativamente una mano por la rodilla de Ikki – ¿Qué tal si me acompañas a mi departamento? Podemos pasarla muy bien

– Lo siento, pero creo que no se va a poder

Agitó los dedos de su mano derecha mostrándole en el acto su anillo de bodas. Ella sonrió con malicia, esto iba a ser mejor de lo que había pensado. Posteriormente Ikki detuvo con cierta brusquedad la mano de ella que ya estaba subiendo por su entrepierna.

– ¿Seguro que no puedes? – Insistió mojándose los labios – No me gustaría ir solita por las calles

– ¿Por qué? ¿Todavía le tienes miedo al coco?

Respondió malhumorado por la insistencia de la mujer mientras intentaba retirarse del lugar hasta que ella se levantó rápidamente de su asiento impidiéndole el paso

– No, a mi nada me asusta… pero por lo visto a ti sí

– Yo no le tengo miedo a nada – respondió, casi gritó, ya bastante irritado

– Eres muy valiente ¿No es verdad? Capaz de lo que sea ¿No?

La mujer lo tomó por sorpresa rodeando su cuello con los brazos mientras lo miraba fijamente, Ikki se sintió atrapado en aquellos ojos violetas. Lo primero que pasó por su mente fue empujar a aquella mujer que le perturbaba sobremanera, pero no lo hizo por dos razones: en primera porque era un caballero y en segunda… por que empezó a sentir que, muy en el fondo, deseaba que ella continuara incitándolo…

– Ya… te lo dije… no le tengo miedo a nada y mucho menos a ti – titubeó, su desconcierto contrastando con la firmeza de sus palabras

– ¿Ah si? Entonces bésame

Ikki estaba literalmente paralizado hasta que de pronto sintió que perdía el dominio total de su cuerpo, fue entonces cuando involuntariamente tomó a aquella mujer entre sus brazos y se fue acercando poco a poco a sus labios. No podía creer lo que estaba sucediendo, comenzó a sentir una terrible ansiedad en su pecho… necesitaba besarla ya mismo… era como si alguien más le dijera a su cuerpo qué hacer… rozó sus labios con los de ella, contacto que duró escasos segundos ya que de un momento a otro ella deapareció, se esfumó en el aire ante sus ojos dejando una sensación de muerte flotando en el ambiente ¿Qué acababa de pasar? Estaba muy confundido. Todo esto había sido muy extraño, trató de calmarse para volver a casa.

Se dirigió de nueva cuenta a la parada de autobús y se dio cuenta que le hacía falta algo ¡Rayos! June iba a matarlo, le habían robado la leche y las almendras. Se llevó una mano a la cabeza mientras se rascaba con insistencia. Este si que era un gran problema.

No tardó mucho en llegar a la cabaña. Decidió que era mejor venir corriendo a velocidad luz que quedarse esperando como niño bueno el bus a pesar de que ahora tenían prohibido usar sus poderes a menos que fuera estrictamente necesario. Pero esta era una situación de vida o muerte, nadie mejor que él sabía cómo se ponía June cuando se enfadaba. Llegar tarde y además con las manos vacías no era muy buena idea que digamos. Intentó ignorar lo ocurrido y entró saludando desde la entrada. June se acercó presurosa a recibirlo con un beso y un abrazo. Pero su actitud cambió un poquito al ver que no traía su encargo.

– ¿Tardaste mas de dos horas y no trajiste nada?

– Es una larga historia, luego te cuento – respondió con pesar mientras se quitaba los zapatos y se cambiaba la playera

– ¡Ikki!

Esa era una de las cosas que le molestaban de él, siempre tan reservado, tan hermético. Sentía que no le tenía confianzas porque nunca le platicaba de sus cosas, se sentía excluida de su mundo y no le gustaba en lo más mínimo. Ikki fue al refrigerador y sacó un par de cosas para prepararse un emparedado, luego fue por un poco de café mientras June lo seguía a todos lados esperando una buena explicación. Se tiró pesadamente a la cama y fue hasta entonces que decidió enfrentar a su mujer

– ¿Me estás escuchando, fénix? – inquirió molesta, cuando le llamaba así significaba que iba a tener muchos problemas

– Fuerte y claro – dijo llevándose un dedo al oído más afectado e incorporándose

En un movimiento audaz la tomó por la cintura y la recostó en la cama. June odiaba que hiciera eso, esa era su salida fácil para no tener que discutir con ella. La verdad no era para tanto, pensaba Ikki, tanto lío por un litro de leche y 300 grs de almendras. Pero no era eso lo que le preocupaba a June, sino la displicencia de Ikki y su falta de interés por platicarle sus problemas.

– ¿Sabías que puedes llegar a ser exasperante? – le dijo ella mientras lo miraba con enojo fingido

– Mira quien lo dice

Ella iba a reclamarle algo pero Ikki la calló con un beso. Amaba discutir con ella porque siempre terminaban solucionándolo así. En el momento en que se conocieron lo hicieron discutiendo y al parecer esto no iba a cambiar nunca. Continuaba besándola hasta que sintió que sus labios le quemaban, se apartó rápidamente, a su mente vino el recuerdo de su boca siendo envenenada por los labios de Nemain. Aunque había sido involuntario, se sentía mal por ello.

– ¿Qué pasa? – lo mira confundida

– Nada, será mejor que nos durmamos, ya es tarde

Una vez que las luces estuvieron apagadas. Ikki comenzó a sentirse inquieto de nuevo. Se llevó la mano a sus labios recordando aquel contacto, miró a June y se sintió mal por ella. Se levantó, definitivamente no podía dormir así.

Mientras eso pasaba, en la cabaña de enfrente, Shun tenia un problema semejante. Llevaba horas sin poder conciliar el sueño. No podía dejar de pesar en June. La amaba, sabía que estaba mal, pero la amaba. Estaba consciente de que ella no era para él y sin embargo su corazón la recordaba a cada instante torturándolo día y noche. Exhaló con fuerza ¿Qué podía hacer?

Una delgada franja de luz cayó sobre su rostro, el rechinar tenue de la puerta le había delatado, Ikki había penetrado en la oscuridad de su cuarto para posteriormente acercarse lentamente. Inconscientemente, Shun trató de contener la respiración. De seguro Ikki pensaba que estaba dormido y prefirió que fuera así.

Ikki resopló un poco fastidiado, necesitaba hablar con alguien a cerca de lo sucedido esta tarde y quién mejor que su hermanito para escucharlo. Ni hablar, ya sería mañana. Se arrodilló al pie de su cama y lo contempló unos instantes, la expresión tranquila de su hermano le provocaba una hermosa sensación de paz. Estuvo callado todo el rato y en más de una ocasión Shun pensó en dejar de hacerse el dormido para hablar con él. Pero para qué arruinar este momento si era perfecto. Su presencia bastaba para alegrar su corazón aunque las ganas de abrazarle iban creciendo en su interior.

Recordó aquellas noches maravillosas en que su hermano se quedaba a su lado hasta estar seguro de que se había quedado completamente dormido, también las noches de tormenta en que corría como cachorrito asustado a refugiarse bajo las sábanas de su hermano presa del miedo que le provocaban los relámpagos. ¡Qué tiempos aquellos!

– Enano… ¿Podrías por favor dejar de hacerte el dormido y darme un lado de tu cama? ¿Qué no ves que tengo frío, niño?

Al sentirse descubierto no tuvo más remedio que abrir los ojos y al hacerlo se topó con la expresión divertida de su nii-san que lo miraba como si lo hubiera pillado en alguna travesura.

– ¿Cómo supiste? – preguntó algo apenado

– ¡Ay enano! Te conozco desde que eras así de chiquito – dijo haciendo un aspaviento – por favor, ¿Crees que no me doy cuenta de cuando tratas de engañarme?

– Lo siento – murmuró bajando la cabeza

– Bueno ¿Vas a hacerte a un lado o qué? – le preguntó sonriendo mientras le revolvía un poco el pelo

Shun le obedeció de inmediato. Ikki se lanzó con tal fuerza al gran espacio libre que su hermanito le había dejado que este último estuvo a punto de terminar en el suelo si no fuera por sus excelentes reflejos felinos. Estiró brazos y piernas todo lo que pudo mientras bostezaba y en una de esas por poquito y le daba un puñetazo a Shun que empezó a entender por qué ya no dormía con él, en definitiva era algo peligroso. Pero lo siguiente que hizo fue algo verdaderamente extraordinario, se dio la vuelta drásticamente recostando la cabeza en el pecho de Shun el cual, todavía sorprendido por aquello, lo abrazó mientras escuchaba su respiración tranquila.

Se sentía tan bien así. Toda la vida había sido al revés y ahora era su turno de cobijar a su hermano entre sus brazos y velar su sueño. No quería arruinar el momento pero tenía que peguntar algo muy importante así que esperando que no reaccionara mal, se decidió a formular la pregunta…

– Hermano

– Mmm…– respondió fastidiosamente puesto que ya estaba por conciliar el sueño hasta que Shun le interrumpió, entreabrió un ojo que destellaba más que fuego vivo enviando un claro mensaje de "déjame dormir o te golpeo" por lo que Shun prosiguió más temeroso que antes

– ¿Te piensas quedar aquí hasta que me duerma?

– Claro, mientras no me pidas que te cuente la caperucita roja todo está bien

– ¿Seguro? – no es que no le encantara la idea pero había algo que le perturbaba

– ¿Por qué? ¿Acaso te molesto? Ya sé, June te dijo que ronco ¿No es verdad? Pues no le creas, sólo fue una vez y ya por eso me condena ¡No es posible! pero si tanto te molesta yo me largo

– No, no es eso – se apresuró a calmarlo pues Ikki amenazaba con levantarse – es solo que me preguntaba… ¿No deberías estar durmiendo con June?

Al ver la mirada inquisitiva que Ikki le dedicó supo que hubiera sido mejor quedarse calladito, calladito. Rápidamente trató de calmar la situación pues Ikki lo miraba como si fuera un bicho raro

– Digo, es que como están recién casados yo pensé que ustedes deberían estar… bueno… tú sabes…eso… – terminó de decir muy quedito mientras se ponía colorado

– ¡Oye! No me digas que debo hacer con mi esposa – respondió con falso enojo mientras le propinaba un almohadazo en la cara

– Ok, tranquilo sólo preguntaba

– Pues qué preguntas haces, enano – volvió a recostarse en su pecho a ver si ahora si le dejaba dormir

Por más extraño que pareciera Ikki también se había sonrojado. Cierto, se le había olvidado el pequeño detalle de que Shun ya no era más un niño y de que el dichoso cuentito de la cigüeña ya nadie se lo creía. Hablando de eso ¿De donde rayos habrá aprendido Shun como vienen los bebés al mundo? Peor aún, sería posible que Shun ya lo hubiera experimentado con alguna chica. Fue su turno para exaltarse. Levantó la cabeza para mirarlo bien, tenia los ojos cerrados y la luz de la luna le daba un toque angelical a su rostro no era posible, todavía tenía ese aire de inocencia. Dudaba mucho que su hermanito ya anduviera haciendo de las suyas

De pronto se dio cuenta de lo que estaba pensando, sonrió para sí mismo y volvió a cerrar los ojos arrejuntándose más a Shun el cual sentía que le faltaba el aire puesto que su hermano no era muy ligerito que digamos. Ambos quedaron en silencio. Shun contemplaba las estrellas a través de la ventana. No podía dormir, quería disfrutar a su hermano ahora que lo tenía a su lado, sin embargo una idea seguía rondando por su mente

– Pero no estarán peleados ¿O sí? – una vez más Ikki abrió los ojos con pesar, definitivamente hoy no iba a dormir

– Una de dos, o tienes complejo de reportero fastidioso o es que esta noche estás de preguntón

– Perdón, pero no me gustaría saber que pasa algo malo entre ustedes

– Ya duérmete Shun, no tienes de qué preocuparte

Bueno, si Ikki lo decía así debía ser. Pero la verdad es que estaba muy preocupado. Conocía perfectamente a cada uno. Su hermano no era la persona más expresiva del mundo, tenía una forma muy particular de mostrar su sentimientos y June por el contrario era una mujer que necesitaba sentirse amada en todo momento, él lo sabía mejor que nadie. Sin embargo había una parte de Ikki que sólo él conocía, ese lado noble y tierno que de algún modo sólo sacaba cuando estaba con él. Si había alguien que pudiera hacerla feliz ese era su hermano igual que lo había hecho feliz a él siendo hermano, padre y amigo al mismo tiempo. En pocas palabras, Ikki era su todo.

– Oye hermano…

– ¿Y ahora qué, Shun? – balbuceó contra el pecho de su otooto, esta vez casi dormido

– Te quiero… – al escuchar esto, Ikki hizo un esfuerzo por abrir los ojos y mirando con dulzura a su hermano se apresuró a responder

– Yo también, Shun, yo también…

Entre tanto, June se despertó exaltada al no encontrar a Ikki a su lado. Eran casi las tres de la mañana. Se incorporó con presteza para luego ponerse unas pantuflas. Lo llamó un par de veces pero al no recibir respuesta se dirigió al único lugar posible donde podría encontrarlo. Al poner un pie fuera de su cabaña se arrepintió de haber salido tan solo con un camisón delgado encima. Había un frío descomunal. Entró al lugar en cuestión y se dirigió a una de las habitaciones que sabía que era la de Shun.

Tal como lo había pensado, los encontró a ambos durmiendo abrazados como un par de niños pequeños. La escena le provocó tanta ternura que decidió no despertarlos. Ya estaba dispuesta a marcharse cuando recordó el frío que hacía por lo que pensó en quedarse en la habitación de al lado. Pero eso no fue necesario ya que Ikki se había despertado con el rechinar de la puerta. Ella al notarlo sólo atinó a sonreírle mientras él se frotaba los ojos

– Ven

Le indico extendiéndole la mano. Ella dudo de que cupieran los tres en esa pequeña cama pero al fin decidió acercarse. Con sumo cuidado se montó sobre Ikki que la recibió con un beso en los labios. Shun se despertó justo en ese momento. No supo que debía sentir, esto era de lo más normal y tenía que acostumbrarse a ello puesto que ahora eran esposos, instintivamente desvió la mirada.

No sabía que hacer con este sentimiento. Se dio cuenta demasiado tarde de que la amaba. Todo el tiempo estuvo frente a él y la ignoró. Aquella vez antes de partir al santuario, ella se había quitado la máscara frente a él voluntariamente mientras le suplicaba que no partiera a una muerte segura. Señal más clara no había podido darle, pero él no la vio ¿O es que acaso no quiso verla? Estuvo tanto tiempo junto a ella y no fue capaz de reconocer este hermoso sentimiento que le provocaba… hasta que estuvo completamente fuera de su alcance. Ahora ella era la mujer de su hermano... la había perdido. Tuvo que toser disimuladamente al ver que aquel ya no era un simple beso de las buenas noches.

– Perdón, olvidé que estabas aquí – trató de disculparse June bastante apenada

– Sí, ya me di cuenta – se quejó Shun

Ikki la acomodó de tal forma que June quedó en medio de él y de Shun. La abrazaba por detrás pasando una mano por su cintura. Shun estaba sumamente nervioso al tener a June tan cerca. Su rostro estaba a casi nada del suyo, su situación empeoró cuando ella lo abrazó atrayéndolo más

– Buenas noches, Shun

Eliminó por completo la escasa distancia entre ellos para darle un beso en la mejilla. Shun sintió como se aceleraba su corazón con ese simple contacto. Cerró los ojos arrullado por el suave aroma del cabello de June. De pronto Ikki sintió algo raro pero no supo definir que fue, se estremeció ligeramente llamando la atención de Shun, el cual, pensando que tenía frío, extendiendo su mano un poco más para frotar con suavidad el brazo derecho de su hermano logrando tranquilizarlo.

Miró a Ikki y a June durmiendo plácidamente. Los amaba tanto a ambos, daría la vida misma por ellos de ser necesario. Dio gracias a Dios por haberle regalado a un hermano tan maravilloso como Ikki y por haberle dado la gran dicha de haber conocido a alguien como June. Estaba decidido, tenia que matar cualquier rasgo de amor que tuviera por ella… aunque su corazón se partiera en mil pedazos… pero lo que él sintiera no importaba; lo importante era que fueran felices los dos.

– "Por favor Ikki, cuídala bien… ella es lo que más quiero en este mundo…"

Continuará…