Capítulo 1 - La Audiencia

En principio no es difícil ser recibido en una audiencia con los autoproclamados guardianes de nuestro mundo, de hecho adoran el saberse autoridades que en sus tronos reciben a los suplicantes, lo que costaba más es que accedieran a tus solicitudes. En mi caso sólo necesitaba una carta de puño y letra del mismo Aro, una carta que él mismo pudiera identificar un siglo antes de que fuese escrita... si, como si leerme la mente no bastara, pero quería asegurarme, dentro de los talentos de nuestro mundo existen quienes pueden meter en tu mente las imágenes que les dé la gana, por lo que creí razonable una prueba física.

Una vez que mis silenciosos escoltas me llevaron hasta el salón en lo más profundo del castillo, me encontré con ellos, a ojos humanos podrían parecer aterradores, por su aspecto de momias vivientes, pero para un vampiro que no supiera quienes son, no representarían gran amenaza, así como los reyes humanos de fines de la edad media, su poder radicaba tanto en sus guardias como en que la multitud creyera que son poderosos.

El salón con los tres tronos estaba silencioso, y sus ocupantes como maniquíes, como si no hubieran cambiado de posición en semanas, había quienes decían que sus ojos lucían de esa extraña apariencia opaca blancuzca por el polvo acumulado tras no cerrarlos en mucho tiempo... comenzaba a creer que era verdad. Allí estaban, quietos, más no inexpresivos, sus caras eran fiel reflejo de su carácter, Aro presentaba una falsa sonrisa de benevolencia, Caius lucía hastiado, al igual que los reyes que por cosas de protocolo deben prestar audiencia a los plebeyos, Marcus se veía aburrido, muy probablemente la mayoría sólo viera esto, pero yo veía más, estaba cansado de la vida, había melancolía en su rostro, Marcus había perdido a alguien, igual que yo.

Como nadie me dio la bienvenida, supuse que debía empezar a hablar, después de todo, yo había solicitado esta audiencia, así que más valía que les diera algo que oír.

-Bien, este es el trato, ustedes son una familia muy antigua, y si bien siguen teniendo una influencia considerable, en el último siglo han tenido una baja en popularidad... o en capacidad de intimidación si somos más precisos.

-Eres un insolente,-protestó Caius- nosotros estamos para resguardar nuestro mundo, somos los protectores de...

-Sí, sí, como quieran, no tienen que mentir frente a mí, ustedes adoran el poder, es lo que quieren por sobre todas las cosas- noté un gesto casi imperceptible de dolor en la fachada de aburrimiento de Marcus- y está bien, no tengo problemas con eso ni con sus leyes, a mi no me interesa el poder, tal vez porque tengo demasiado y la verdad ya me he aburrido de él, hoy sólo me interesa una cosa, y eso es recuperar a la mujer que amo, lamentablemente, no puedo hacerlo solo.

-¿Si en verdad eres tan poderoso, porqué no vas y la recuperas?, -increpó Caius- ¿para qué solicitaste esta audiencia, para tratarnos de déspotas y tiranos?

-Me parece querido hermano que si el joven Daniel acude a nosotros es porque requiere de nuestra ayuda... la cosa es... ¿será esta una relación de mutuo beneficio?

-Aro, tan clarividente como siempre, has dado justo en el clavo, lo que os ofrezco el día de hoy está al nivel de una lámpara mágica, pero yo sólo concedo un deseo, cualquiera, pero sólo uno, a cambio, ustedes deberán eliminar cierto clan que me ha arrebatado lo que más quiero en este mundo.-de nuevo casi alcancé a ver un brillo de melancolía en los opacos ojos de Marcus.

-¿Por qué crees que necesitamos de tu ayuda?- preguntó Caius incrédulo- después de todo, nosotros estamos en nuestro castillo, al resguardo de nuestra guardia, y tu sólo eres un jovenzuelo que apenas alcanza las 7 décadas... y eso si añadimos tu vida como humano.

-Porque tengo el don más poderoso del mundo, y como dije, ustedes tienen una gran influencia en nuestro mundo, pero han venido perdiéndola en el último siglo, la mayoría de los nómadas no muestra el menor respeto por ustedes, y los clanes consolidados se han hecho de toda clase de escudos y armas para estar al margen de su poder, les ofrezco recuperar su grandeza... -no los vi muy convencidos, en especial Caius, pero sabía que no era él a quien tenía que convencer, Aro era conocido por su ambición de echar mano a cualquier inmortal que poseyera un don útil, y era el único que podría entender de lo que le estaba hablando, así que avancé hacia ellos un paso más, pero de inmediato me quedé congelado en mi posición al notar que toda la guardia presente se ponía en posición de ataque- Eh, tranquilos amigos- dije levantando las manos en señal de no violencia- sólo quería que el buen y sabio Aro viese la verdad por sí mismo, después de todo, eres conocido por tu buena disposición a conocer la verdad de aquellos que son cuestionados- dije dirigiéndome a él- tu don, el que te otorga acceso a todos los pensamientos habidos de una persona seguro comprobará mi historia, y si luego de ver con tu propia mente lo que te ofrezco no estas interesado en mi trato, gustoso me entregaré para que tu guardia me destroce y me reduzca a las cenizas. -vi una sonrisa maligna en la cara de Caius, pero sabía que se le borraría pronto.

-Eres un joven muy apasionado Daniel, pasión que sería muy útil para nuestra guardia, podemos brindarte un propósito, una nueva familia- dijo Aro...El buen Aro, nunca perdía la oportunidad de adquirir nuevos talentos.

-Con todo respeto Aro, pero sólo tendría que quererlo para que ustedes, su guardia y este castillo se desvanecieran de un momento a otro, sólo existe una cosa que me importa, pero ahora sólo existe en mis recuerdos, adelante.- dije levantando mi mano hacia Aro- ve por ti mismo, no hay otra forma de que entiendas el porqué este acuerdo es en verdad mutuamente beneficioso.

Aro inclinó ligeramente la cabeza y levantó la mano derecha, al instante tuve tres guardias junto a mí que me empujaban hacia su trono.

En mi mente sólo podía repetir lo que venía siendo mi mantra desde que tomé este camino: Todo o nada, todo o nada