El frío del invierno desaparecía lentamente, los árboles volvían a su color verde y los brotes de la primavera empezaban a hacerse notar.
Konoha era un pequeño paraíso, una suerte de refugio para lo agobiante que resultó la estadía en la "Gran Ciudad".
Miré a través de los cristales oscuros de los anteojos de sol, la luz del semáforo parpadeaba en rojo. Pasé la mano por mi cabello, alborotándolo un poco. Era una manía que había adquirido cada vez que me ponía nervioso.
¿Pasa algo? -preguntó desde donde estaba sentado, mirándolo falsamente sorprendido. Lo conocía, y sabía que no buscaba una respuesta, sino una reacción.
No me gusta que hagas eso. – reprendió firmemente.
¿Qué cosa? – volvió a preguntar, desafiante. Sus ojos eran hipnóticos, y cambiaban de color según como diera la luz. Su cabello azabache estaba revuelto y su piel aún más pálida bajo la luna.
Eso. – tomó el cigarrillo que tenía entre los dedos y se lo quitó.- Odio ver cómo te diriges voluntariamente hacia la muerte, no puedo quedarme de brazos cruzados mientras…
Eternamente el héroe, ¿no? Tus discursos no funcionan conmigo, Uzumaki. No intentes apelar a la psicología, el papel de terapeuta no va contigo. – comentó con una sonrisa socarrona, levantándose del suelo.
No es la solución, lo sabes, no… -una mano cubrió su boca y se encontró frente a frente, y el olor a nicotina invadió la minúscula distancia que existía entre los dos.
¿Nunca te han dicho que hablas demasiado?
Juré que dejaría de fumar cuando tuviera hijos y como hombre de palabra, cumplí al pie de la letra lo dicho. Pero los malos hábitos son bastardos difíciles de abandonar.
Los últimos dos años de matrimonio habían sido un completo desastre, hasta podría decirse que el divorcio fue una de las pocas cosas que pude consensuar con Sakura en doce años como pareja.
Un bocinazo avisó que la luz había cambiado y asentí a modo de disculpas. Había cargado la dirección en el GPS, por mero gusto. Conocía el camino de memoria, a pesar del tiempo había cosas que no cambiaban.
Detuve la marcha frente al inmaculado chalet blanco.
¿Qué es lo que realmente buscaba volviendo a ese lugar?
¿Redención? ¿Compasión y tranquilidad?
Bajé del auto en el momento que la puerta de la casa se abría de par en par.
El vestido lila que vestía se ajustaba perfectamente a las curvas que conservaba a pesar de haber sido madre, su largo pelo negro cayendo como un manto sobre sus hombros. Se acercó lentamente, una mezcla entre ansiedad y emoción se apoderó de mi cuerpo.
- ¿Hinata?
La muchacha sonrió levemente y sus ojos se iluminaron al mismo tiempo.
- Siempre es bueno volver a verte, Naruto-kun.
Sin perder en ningún momento su sonrisa, Hinata dio media vuelta y se dirigió hacia la casa, dejandome una invitación. La muchacha seguía siendo tímida e introvertida.
Por favor, siéntete como en tu casa.- dijo mirándolo por encima de su hombro- Así que dime… ¿lo de siempre?
Por dios, mujer, ¿puedes al menos dejarme pensar lo que voy decir? - bromeé.
Hinata volteó luego de unos minutos con dos tazas de café en mano.
- Me consientes demasiado, Hina. – reí.
Hinata esbozó una pequeña sonrisa y bajó la vista. Dirigí la mirada a la ventana que daba hacia el patio
Sostuvo mi cara entre sus manos, me obligó a mirarlo a los ojos. La situación nos superó, íbamos contrarreloj. Contra todo, solos. Su mente estaba tan nublada como la mía, y su voz lo delataba. Aún así, lo repetía como un mantra.
No soporto verte triste.
- Sakura me comentó ayer que llamaste la semana pasada y vine lo más rápido que pude, lo siento.
- Pensaba encontrarte, no sabía que ustedes…- titubeó mi compañía.
- ¿El divorcio?
- Perdón, no lo sabía, yo…- exclamó apresuradamente.
- No hay problema, Hina, en serio. – la apacigué y respiró algo más tranquila.
- ¿Por qué? – cuestioné sin mirarla.
- Necesitaba hablar contigo, sólo eso. – Un silencio se extendió entre nosotros, el ruido de la cuchara contra la porcelana haciendo eco en el ambiente.
Finalmente, Hinata retomó la conversación.
- Es Sasuke. – Nuestras miradas se encontraron. Aquellos ojos níveos penetraban lo más profundo del alma y eso me incomodaba. No pude esconder la mezcla de ansiedad y nerviosismo cuando escuché su nombre.
- ¿Qué hay con él? – fingí indiferencia.
No puedes esconder nada, tus ojos son un espejo de lo que hay en tu mente, ¿A quién pretendes engañar?
Hinata desapareció en el comedor, y apareció con un sobre gigante con una etiqueta en una de las esquinas: Uchiha, Sasuke.
Sumido en la ansiedad, desparramé el contenido sobre la mesa. Estudios médicos, análisis de sangre, informes de distintos especialistas, historia clínica; todas pertenecientes a la misma persona.
Comencé a leerlos, tratando de seguir la cronología.
Doce. Diez. Ocho. Dos. Uno.
Abrí los ojos de par en par, la garganta hecha un nudo. No podía ser cierto.
- Poco después que te fuiste, Mikoto observó los cambios. Fue ingresado por primera vez al año, el psiquiatra dijo que los antecedentes familiares eran de suma importancia para entender el desencadenante.
Itachi.
- La medicación recetada junto a la terapia fueron en principio exitosas. La mejoría fue notable, y era el mismo muchacho de siempre. Entablamos una buena amistad enseguida, fuimos a la universidad juntos. Nos graduamos y decidimos casarnos. – comentó, tragando saliva. – Cumplimos con lo que nuestras familias querían.
- No es lo mismo que ustedes deseaban.
- Yo lo quise, Naruto, y con eso basta. No eres quien para juzgar mis acciones. – eran palabras cargadas de frialdad.
La miré asombrado. El tiempo se había encargado de endurecer su corazón.
- Los años pasaron, todo parecía mejorar, ¿sabes? Por un momento creí que me amaba.- sus ojos se llenaron de lágrimas.
- Fui tan ingenua, Naruto, tan estúpida como para creer que todo iba a estar bien.
Hizo una pausa.
- Los estudios de rutina se repiten cada seis meses. Hace dos años detectaron una anomalía en uno de los resultados, dijeron que no era algo significativo. Un error enorme, dos meses después, estaba postrado, sentía cansancio, jaquecas constantes. El día que sugirieron admitirlo de nuevo…pensé que iba a morir. Me besó, prometió todo lo posible en el Universo, mi hijo vio en su padre un héroe, Naruto. – rió amargamente. Me había dado la espalda, estaba totalmente destrozada.
- ¿Sabes que es lo más triste a todo esto? Aprendí a aceptar todas y cada una de sus mentiras, al punto de no molestarme. Nunca pensé que caería tan bajo…
Me levanté de la silla y la tomé por los hombros. Mis nervios habían llegado a su límite, necesitaba una respuesta urgente.
- Hinata, ¿a dónde quieres llegar con esto? – pregunté molesto.
- Sasuke no saldrá de ese lugar, Naruto.
- No hables patrañas, Hinata, entiendo el resentimiento pero no es momento…
- Evidentemente no entiendes nada.
- Si no entiendo nada, dímelo más claro. – levanté la voz, hastiado.
- Sasuke está enfermo, Naruto, ¿lo quieres más simple?- La tristeza y el rencor lo carcomieron desde el interior, no hay vuelta atrás. Los médicos dijeron que no llegará al año.
- Hinata, yo no…
- Está muriendo, Naruto, ¿qué más hay por decir? – sus ojos estaban llenos de dolor.
Sentí una opresión en el pecho, me faltaba el aire. Las lágrimas cayeron dejando surcos calientes a su paso, la mente en blanco.
No existen palabras que describieran el torbellino de sentimientos que recorrían mi ser. Opté por el silencio, amargo y melancólico.
¿Por qué la cara? – preguntó con sorna. Me reí y empiné la botella casi vacía.
Si te lo digo, no te importaría – contesté.
Pues ya abriste la boca, es imposible pararte.- respondió con una mueca ladina.
Si pudieras tener sólo una cosa en el Universo, lo que fuera, ¿que pedirías? - cuestioné sin mirarlo.
Tiempo.
