Crepúsculo mío, la historia nop…bueno no ¬¬…si ya se que es alverrez u.u
Bueno como dije, ¡aquí está el primer capi!
¡Gracias por sus reviews, alertas y favoritos!
Espero que le guste ;)
"Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite."
Dr. Jeckyll.
Capitulo uno. /" Que Dios bendiga que existe el mismo."
Bella "odio a la bestia de Edward" Pov.
Viernes. Seh, por la noche.
"…Que si por ti fuera, me mandarías a vivir a la Antártida y tendría un novio pingüino, o ni eso. Y mis fiestas estarían llenas de esquimales, si me dejaras hacerlas. Y andaría sobre trineos como la reina de las nieves, claro, si me dejaras salir de tu jodido iglú. Todo por uno de tus estúpidos caprichos de viejo amargado."
No iba a decirle eso.
- ah, olvídalo.
- ¿puedes actuar como un adulto? por una vez en tu vida, Bella, se consiente de que creciste.
Me pasé una mano por el cabello, tirándolo.
No lo golpees, respira.
- soy tan consciente de que soy un adulto, como tú de que eres un amargado.
Tony suspiró, volvió a caminar de una esquina a otra como si estuviera enjaulado, y además, como si quisiera golpearme con un mazo.
Pero él no hace eso, no, el divino señor Cullen no es así.
- solo…-respiró profundo.- deja de meterte a ti y a los demás en tantos problemas.
Sonreí socarronamente, riéndome entre dientes.
- ¿de qué problemas hablas?
Chocó sus muelas, haciendo un ruidito extraño y, de pasada, se detuvo frente a mí.
Tiembla, Bella, tiembla.
- no te travesees conmigo, Isabella. Sabes muy bien que ese chico Black no es culpable de que su padre le reviente la moto cada vez que lo llaman del instituto.
Bufé sonoramente. Me tiré hacia atrás en el sillón y subí los pies al respaldo.
- tienes dieciocho años, Bella.- se sentó a mi frente.- no voy a estar todo el tiempo ahí para cuidarte, ni aunque quiera.
¿Ni aunque quieras dices?
Me levanté lo más rápido que pude, no sin disimular. Ganándome la sorpresa de él, sorpresa de ambos, al ver como mis ojos se ahogaban en lágrimas.
- lo lamento, Edward.- tragué pesado, aguantándome la rabia.- lamento que hallas tenido que desperdiciar estos años conmigo, lamento que tengas esta porquería de vida junto a mí.
- Bella, eso no...
- da igual, ya cumplo dieciocho el mes que entra.
La línea arrugada de su frente desapareció de momento, dando paso a su gesto característico, su sello personal. Edward Cullen levantó su ceja creando un arco de corrección, desafiante.
- ¿y eso exactamente qué significa?
Reí dos veces sin energía, enfatizando el sarcasmo.
- ya lo sabe, jefe.
Su ceja se curvó ligeramente más, tenía su boca tan fruncida que parecía que recién hubiese chupado unas cuantas mallas de limones.
- no empieces con tus estupideces, ¿de acuerdo?- se levantó y rodeó el sillón, lejos de mí.
Sostuve su mirada, llevaba tiempo sin hacerlo. Siempre enviaba lejos cualquier gesto de la cara de Edward, incapaz de aguantarlo. De cierto modo tenía miedo de toparme con algo con lo que no estuviera preparada, algo como una mirada de rechazo o una de cariño, era cobarde hacia ese tipo de entrega por parte de él.
No era lo suficientemente fuerte como para soportar su odio, y menos aún, algo de su amor.
- oh vamos, Edward.- sonreí, sin alegría alguna.- serás libre para hacer cosas que te corresponden hacer, cumplir todos tus sueños, como vivir en Londres, ese siempre ha sido tu deseo. Viajar, enamorarte…
Edward se congeló sobre su puesto y alejó su vista de mí, a sus manos presionadas en el dorso del sofá.
- yo tengo que cuidarte.- habló maquinalmente, más para el mismo que para decírmelo.- para eso me tienes, para protegerte.
Mala idea, mala idea.
Miré la puerta fijamente, tentada por correr escaleras arriba y ahorrarme toda esta conversación que venía aplazando por años. Pero, para mi sorpresa interna, mis piernas y mi cerebro llegaron al acuerdo que de una vez por todas me arriesgara a seguir.
- y te lo agradezco, Edward.- me acerqué unos pasos, lo suficientemente separados.- pero supongo que debemos prepararnos para dejarnos ir, es lo normal.
¿Se suponía que decir eso debía de doler tanto como dolió?
Levantó el rostro con sus ojos arrugados y una sonrisa.
- dejarnos ir.- repitió.
Hazlo fácil, idiota.
- no se supones que te rías, genio.- bufé, sus ojos verdes fijos nuevamente.- intento ser madura para ti.
Edward rió, mientras yo me sonrojaba al procesar mis estúpidas y poco brillantes palabras.
Digna de un premio a la estupidez, Bella.
¿Ser madura para ti?
Soy una real tarada.
- me sorprendes.- dejó su sonrisa burlona al fin, liberándose de la tensión.- me gustaría que fueras la mayoría del tiempo esta Bella, la Bella que escucha, la que entiende.
¿Y qué carajos se supone que soy lo que queda?, ¿un chango?
Ladeé el rostro con los ojos achinados, Edward asintió.
- lo siento.- agachó la cabeza.
- siguiendo con lo que decía…-los ojos de él volvieron con seriedad a mi rostro, preocupados.- ya soy grande y, al menos yo, creo que sería bueno dejarte tener una vida.
Agitó la cabeza lentamente de un lado al otro, frunciendo sus labios.
- yo tengo una vida.- suspiró.- es esta y soy feliz de disfrutarla.
Gruñí.
- Edward, por favor, no me mientas a mí ¿sí?- arrugué el rostro.- tu vida es indeseable. Has tenido que cargar conmigo por casi seis años, te has reprimido de un montón de cosas. No has sido ese chico que sale de juerga por las noches, has tenido que renunciar a grandes universidades, te he visto trabajar duro desde que te conozco. Has asumido culpas que no son tuyas, poner frente cuando te llamaban del instituto. Has tenido que ser alguien que no te corresponde ser, Edward.
Sus labios decayeron y su rostro, de por sí pálido, empalideció aun más. Me preocupé seriamente de estar hablando más de la cuenta, pero no, estaba yendo justo al grano.
- yo lo prometí.- susurró.
- lo sé.
Afirmé mientras cambiábamos de roles. Edward tomó la pose entre sumisa y contendida, y a cambio, yo adopté la furiosa y prudente.
- tú no sabes nada.
Enredé los dedos en mi cabello, moviéndome vacilante hasta él.
- Edward, yo sé lo que le prometiste a mi padre. Sé que Charlie te pidió que me cuidaras como si fuera lo más preciado del planeta entero, pero él era mi padre, los padres creen que sus hijos son por lo único que vale la pena luchar. Tú no eres mi padre.- jamás había estado tan cerca de Edward, era mucho más alto que yo, él rehuyó mi rostro.- debes entender eso, porque no lo eres.
Inclinó su rostro con violencia, su pecho subía y bajaba con irregularidad.
- tú crees que no lo sé. Yo no intento ser tu padre, ni reemplazarlo, ni tampoco he esperado que un día despiertes y me llames papá. No podría soportarlo, Bella. Tú eras una simple promesa, eso eras.- mis labios se entreabrieron de la pena.
¿Pena?
- eso es genial, entonces.- tirité.- es mucho más fácil, no significa nada, no soy nada para ti más que una simple promesa que le hiciste al hombre que te cuidó casi como su hijo.
Edward pasó sus manos por su nariz, por sus ojos, casi desesperado por arrancarse alguna parte de su cuerpo.
- ¿ves que no lo sabes? No te portes como si hubieras leído un libro de nuestras vidas y sepas que sigue. No vale que te pares en frente de mí ahora y me saques en cara todo lo que hice y dejé de hacer por ti. La vida no es como te la he hecho vivir, Bella. Las cosas no pintan a rosa y no hay nadie atrás de ti que vea y limpie el desorden que dejas tirado en el piso. Yo he estado contigo, yo he estado por ti, y no es algo de lo que pueda quejarme.
Escudriñé sus ojos verde mar, cristalinos, inflamados en una pasión y convicción que jamás había visto en él.
- ¿Qué me estás diciendo?
Escondió sus ojos bajo sus parpados, desencajando la mandíbula. Mis labios estaban abiertos y ya no estaba respirando por la nariz, mi respiración se había vuelto tan inverosímil que necesitaba inhalar aire por mi boca. Mi lengua estaba completamente seca.
- te lo digo todo, pero no entiendes nada.- murmuró, tan despacio que solo nosotros seriamos capaces de escuchar.
- ¿Qué es lo que no entiendo?
Resopló, riéndose escabrosamente. Me estremecí y alargué una mano, en un movimiento sorpresa, toqué su hombro.
Sentí en mi mano como, con mi toque, cada parte de su cuerpo se tensaba. Era una intrusa, estaba franqueando barreras que no me estaban permitidas cruzar. Yo nunca tocaba a Edward, nada de abrazos, ni roces, ni besos en la mejilla, una inclinación de cabeza era todo lo que podía conseguir de alguien como él. Y Edward sabía que ni eso sería posible arrancar en mí.
Quité mi mano como si la hubiera puesto sobre el fuego, la guardé en mi bolsillo y la apreté hasta que mis uñas lastimaron la piel de mis palmas.
- perdón, Edward.- sus ojos abiertos se posaron en mi rostro, me asusté.- yo no quise, mi mano, yo sólo…
Edward pestañeó suavemente, con sus largas pestañas chocando unas con otras y su aliento pegándome en la cara.
- no te vayas, Bella.- moduló, aturdiéndome.- yo no sé hacer nada más aparte de cuidarte.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, otra vez. Incapaz de reprimirlas, las dejé continuar.
- ya cumpliste tu promesa.- mascullé.
Pasé mis dedos con violencia sobre mis mejillas y mi nariz, limpiando la evidencia de que era tan vulnerable como una hormiga.
- ya no es una promesa para mí, no lo eres. Todo empezó así, pero ahora es muy diferente, jamás comprenderías la falta que me haces.
Me alejé de él, di dos pasos atrás.
- ¿Qué mierda…?
Pestañeó descontroladamente, como si se tratara de despertar de una pesadilla.
- o tal vez tienes razón y…
¿Y me quieres llevar a otro lugar volteando la chinga conversación?
- mira Edward, a otra idiota le das un tumbo y te vas por la tangente, pero no te olvides con quien tratas.- me acerqué a él un paso, encolerizada.- no vengas ahora a decirme que me necesitas y que no puedes vivir sin mí. Has estado todo el tiempo tratándome como si fuera tu mugre mascota o una puta carga para tus adoloridas pelotas.- resoplé.- he tenido que soportar que te contonees y traigas a amiguitas a trabajar contigo, de esas grandes amiguitas que no dejaban de tratarme como una patética mujercita que vivía a tus expensas…
- ¿Qué?
Puse mis manos en mi cabeza y reí.
- y ahora que sabes que me vas a perder, vienes y me dices "¡qué!"- hice la peor imitación de su voz.- como si no supieras de qué carajos hablo y en el fondo entendieras que es tarde. Y es por eso que lo haces, estás acostumbrado a vivir para alguien y a trabajar para alguien, de tenerme junto a ti. Y sabes que soy capaz de hacerlo, que puedo hacer mi vida y dejarte crear una, pero que estamos tan acostumbrados el uno del otro que nuestras vidas terminarían coincidiendo.
- y tú…
Golpeé el sofá, interrumpiéndolo.
- cállate y escúchame por un momento, deja que esta bella que escucha y entiende… también hable.
Se quedó inmóvil observándome impresionado, analizando mi postura defensiva y la fuerza que logré sacar de adentro de mi.
- jamás te habías visto así.- confirmó mis sospechas.
- así como, ¿acabada? ¿Cansada de todas tus actitudes?- rodé los ojos.- no tengo malas calificaciones, me he preocupado de no dejarte en vergüenza por eso. Jamás he llamado tu atención ni he sido felicitada por ti, y no me importó, nunca me importó. Pero quedé fastidiada de que todo lo que hacía, para ti era molesto. Que no debía salir, que no debía cocinar, que no debía de vestirme de cierta forma, me controlaste por tanto tiempo que ya no te hice más caso.
- Bella yo…
- lo hacías para protegerme.
Edward me detuvo. Levantó su mano al aire y me silenció con una mirada abrasadora.
- mi turno de hablar y el tuyo de escuchar. No hay manuales ni nada de eso para saber cuidarte, eres tan diferente a los demás, eres tan perceptiva y astuta, no hay nada que se pueda sospechar, siempre retuerces lo que espero de ti.- bajé mi cara al suelo, a mis zapatillas.- jamás fuiste una simple niña, tu forma de pensar, de creer, de hacer, no es ni siquiera de un adolecente.
Me mofé de él. Suspiré ampliamente, lanzándole una mirada furtiva.
- ¡Dios! ¿Entonces que soy? ¿Un adulto mayor o un bebé?
Tomó firmemente mi mentón y lo levantó entre sus dedos. Si su mirada era abrasadora, sus dedos eran una hoguera.
- eres una mujer, Bella.
¿Por qué me sentía de esta forma?
Dos segundos más tarde me di cuenta de que estaba de puntillas y en dos más, me di cuenta de que lo estaba besando.
¡Oh mi Dios! ¿Pero qué mierda estoy haciendo?
- ¡llegué!- oí de fondo.- ¿así que mi chiquita bebé no va a venir a darme la bienvenida?
Con mis labios congelados, saqué mi boca de la suya y miré como sus ojos turquesa fulguraban en una confusión pesada.
¿Se supone que debía decirle algo? ¿Algo como qué?
"lo siento Edward, perdí el control de mi cuerpo."
Eso no sonaba tan mal.
- ¿pequeña Kelly? ¿Castigador? ¿En donde mierda están?
Abrió sus labios, solo una pulgada, pero no dijo nada. Mordí mi labio y le di la espalda.
¡Pero qué beso más jodidamente bueno!
Aclaré mi garganta y lamí mis labios, me tragué un estúpido suspiro que pugnaba por salir.
- ¿tío Emm?- grité.- ¿está por ahí?
Su pierna peluda apareció por la puerta, la sacudió de una manera que para él, era sexy.
- adivina.- sacó su cabeza y saltó frente a nosotros.- ¡ta-da!
Sonreí sin fuerzas y abrí mis brazos. Emmett corrió a abra-aplastarme.
- agradecería caminar por las calles sin parecer una hamburguesa.- carraspeé.- me estas matando.
Me soltó y me miró de pies a cabeza.
- pero que bonita te has puesto, ¿Qué le estas dando de comer?- miró a Edward, yo ni loca lo pensaba hacer.- ¡pero qué cara, hombre!
Me miró de nuevo con una sonrisa, batiendo sus pestañas.
- ¿sigues portándote tan mal como hace dos años?- arrugué la nariz y asentí una vez.- aja, lo sabía. Y… ¿sigues haciendo esa lasaña tan eróticamente deliciosa?
- estas tan pervertido como hace dos años, en realidad, eres así desde que te conozco.- reí, Emmett me desordenó el cabello.
- algunas personas nunca cambiamos. Ya ves, tu papi…- mi estomago se revolvió.- jamás va a cambiar la cara de jetón que trae.
Me removí incomoda y miré entre la esquina de mi cabello a Edward. No alcancé a divisar si lo que tenía en la cara era una mueca o una sonrisa, aunque sobre seguro se trataba de una mueca.
- muy bien, entonces te iré a preparar una lasaña multiorgásmica para que te deleites.- incliné la cabeza y me encaminé a la puerta.
¿Cómo se hacía para caminar?
- así que Edward… ¿Qué enfermedad mental portas ahora?
Y como de curiosa me hacia millonaria, esta vez, me alejé de la puerta y me fui directo a la cocina.
- Una mierda de día ha sido este.- rezongué mientras abría la alacena y no encontraba las láminas de masa para hacer la lasaña.
Sonreí mientras la cerraba y me permitía rememorar siete segundos de pura y placenteramente incorrecta confusión.
- Tony, Memet…-chillé.-…levantaré media hora de mi castigo para ir al almacén.
Se supone que le sigo… ¿verdad?
Push en la nubecita abajo, eso alimenta mi felicidad y mi creatividad al cien.
Con solo seis….capitulo nuevo jejeje.
Besotesssss…Niss =D.
