CAPÍTULO II
Harry no se había movido del sofá desde que llegó a la casa con Ron, Hermione y la señora Weasley que se había metido en la cocina a preparar la cena. Snape estaba realmente preocupado y discutía con Albus en la biblioteca (seguramente celebrar la Noche Buena aquí con toda la Orden lo había disgustado tanto) por lo que Harry no llegaba a escuchar toda la conversación, sólo cuando levantaban la voz.
—No puedo decirle que no, Albus. Eso sería mi sentencia de muerte... Sabría que le oculto algo- sentenció Snape —Nadie le dice que no al Señor Oscuro.
—Ya, ya lo se. Pero tal vez podamos cenar todos y sin ningún problema- dijo Albus pensativo.
— ¡Ah!, Claro, claro... y dime ¿dónde prefieres que lo siente a tu lado o al lado de Potter? O mejor, se lo preguntaré a Él cuando llegue, menuda alegría le voy a dar, no sabrá por cual de los dos empezar.
— No es eso muchacho. El sótano es suficientemente amplio, podemos preparar otra mesa allí, y Molly puede hacer cena para todos. No nos verán, además pueden entrar por la puerta de atrás- expuso Albus muy satisfecho.
— Y no has pensado que les parecerá extraño, demasiado extraño, que los lleve a cenar ahí abajo, teniendo un comedor aquí arriba.
— Dile que no te ha dado tiempo a arreglar la casa y has preferido cenar en el sótano, que es más acogedor- resolvió Albus.
— En fin, por ridícula y absurda que sea, es la única salida que tenemos. Albus, ni una palabra a nadie- concluyó Severus saliendo de la Biblioteca —¡Potter y compañía!, al sótano, tenéis una hora para recogerlo todo y hacer que parezca un comedor decente.
La casa de Severus Snape estaba ya bastante concurrida. Los Weasley faltantes no tardaron en llegar con Fred y George a la cabeza cantando villancicos dirigidos por Ginny. El señor Weasley, al que la Alineación de esa noche le parecía una oportunidad única para comprender el comportamiento de los muggles, aprovechaba el silencio de Severus para contarle sus últimos descubrimientos en ese campo. Remus y Thonks también llegaron enseguida, ella corrió a ayudar a Molly que gritaba en la cocina por la cantidad de cosas que tenía que hacer, Remus trató de alegrar la cara de Snape obsequiándole una botellita de licor de uvas, por lo que el tema de conversación pasó de los astros a los viñedos. Moody, se autoprocolamó encargado de la seguridad del grupo e intentó montar en la puerta de atrás algún sistema antiintrusos para espanto de Severus, pero Albus logró disuadirlo y traerlo junto al fuego a tomar algo y de paso contarle sus éxitos juveniles en el ring. El último en llegar fue Sirius, que tras los saludos habituales y los insultos recíprocos entre él y el anfitrión, se unió a los chicos a voz en grito en los cánticos navideños.
—Mi Señor, es aquí- Lucius Malfoy se detuvo ante la casa.
— ¿Estás seguro? No me imagino a Snape cantando villancicos a pleno pulmón y tocando la pandereta – dijo Bellatrix apoyando la oreja en la puerta.
— ¡Basta! No tenemos tiempo que perder – les cortó Lord Voldemort impacientándose – Avisa a Snape de que hemos llegado.
Avery se adelantó a llamar, pero no recibió ninguna respuesta -tal vez Snape estaba demasiado concentrado con los cánticos navideños y no lo había oído- pensó y decidió mirar a través de la ventana. Justo en el momento en que lo hacía una cara barbada medio escondida entre las cortinas pegaba su nariz al cristal, haciendo retroceder a Avery de un salto.
— ¿Y bien?- preguntó Él.
— No se, he visto algo extraño, alguien con barba blanca- titubeó el hombre sin atrever a mirar a su Señor — No he podido ver quien era.
Albus atravesó el salón a todo correr para sorpresa de todos, que cesaron inmediatamente de cantar, y cogió a Severus del brazo, llevándolo de nuevo a la Biblioteca.
—Ya están aquí... Están fuera esperándote- Albus hablaba agitadamente.
— Bien, lo haremos según el plan. Encárgate de que todo funcione aquí arriba mientras yo me ocupo del Señor Oscuro- dijo Severus dispuesto a salir.
— Un momento muchacho, antes debo decirte algo.
Bellatrix estaba ya dispuesta a aporrear la puerta cuando esta se abrió y dejó ver a un hombre con barba blanca y un gorrito rojo, que cerró la puerta tras de sí.
— ¿Qué diablos significa esto, Severus? – inquirió Él.
— Mi Señor, es una costumbre muggle y me pareció oportuno vestirme así para no llamar la atención de los vecinos- respondió mientras maldecía mentalmente a Albus, lo había hecho vestir de mamarracho.
—Estás en todo, ¿verdad? Por un momento llegué a pensar que no estabas solo – le provocó Bellatrix ––Debe ser difícil para una sola persona cantar a dos voces ¿no?.
—Será mejor que entremos. Por favor, mi Señor, es por aquí.
Severus los guió hasta la parte trasera de la casa, ante la mirada divertida del grupo, abrió el portón que bajaba al sótano, se aseguró de que nadie mirara y los invitó a pasar.
—¡Señores!, Bienvenidos a mi casa.
El sótano se había transformado en un cálido comedor, tras la mesa principal, el fuego ardía en la chimenea y frente a ella se habían colocado varios sillones. En uno de los rincones se apilaban en perfecto orden decenas de botellas del mejor vino y todo tipo de licores. Al otro extremo estaba la escalera que comunicaba con el piso de arriba, que permanecía cerrada, y bien cerrada, o eso es lo que pensaba Severus.
—Es muy acogedora tu casa, Snape. Dime, ¿recibes aquí a todas tus visitas o el honor es sólo nuestro? – dijo Bellatrix acomodándose en uno de los sillones junto a su Señor.
—Aquí estamos lejos de miradas curiosas, ¿No es así?- intervino El Señor Oscuro acariciando la mano de Bellatrix — Has tenido una excelente idea, Severus, como siempre. ¡Colagusano sirve el vino!
Snape agradeció el gesto de su señor, y parte de sus preocupaciones desaparecieron, Él no había sospechado nada. Se unió a la conversación que mantenía Lucius con Goyle y Greyback sobre los licores de la bodega y no dudó en ofrecérselos.
— ¿Y la cena?-protestó Avery que ya había vaciado la segunda copita de vino — Yo ya tengo hambre.
—Es cierto, no pretenderás que nosotros mismos nos sirvamos, ¿verdad? – intervino Bellatrix dispuesta a poner a prueba la paciencia de Severus.
— Que Colagusano se encargue de eso- añadió Lucius vaciando su copa.
— ¡NO!- exclamó Snape —Yo mismo lo haré, la cena ya está preparada. Además, no me gusta que las ratas entren en la cocina.
El señor Oscuro rió con fuerza — Sea como tú quieras, al fin y al cabo somos tus invitados – y volvió a entretenerse con el cabello de la mujer.
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ESPERO QUE OS GUSTE
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