Horrible. Asquerosamente horrible. Quién diría que yo, Kurosaki Ichigo, iba a tener la primera cita de su vida con su enemigo. ¿En serio solo lo hacía por mantener mi reputación? Esperaba que nadie me viera saliendo con él, eso me traería muchos problemas.
Me miré atentamente en el espejo antes de fruncir el ceño e inclinarme sobre el lavabo para echarme agua en la cara. Me dispuse a darme una ducha y me desnudé lentamente, no teniendo ningunas ganas de ducharme para salir. Suspiré y dejé la ropa en el suelo, ya la recogería luego. Antes de que entrara a la ducha escuché el tono de llamada de mi teléfono. Gruñí por lo bajo y me agaché a buscarlo en los bolsillo de mis pantalones. Cuando lo encontré y miré la pantalla no reconocía el número, igualmente acepté la llamada por si era algo importante.
—¿Diga? Habla Kurosaki.
—Oh vaya ya creía que no lo cogerías —sentí tener un tic en el ojo al escuchar esa voz prepotente. ¡Grimmjow…!—. Antes de que preguntes como conseguí uno de estos aparatos, Urahara me lo dio.
Estrangularé a Urahara-san un día de estos— ¿Qué quieres? —pregunté de mala gana.
—Te dije de salir, pero no te dije ni dónde ni cuándo, ¿cierto? —después de decir eso se echó a reir y yo me golpeé la frente. Estaba tan metido en mi bucle de ira contenida hacia él entre otras cosas que no recordaba que no me había dicho nada de aquello. Y yo pensando en salir… Muy listo Ichigo.
—No, no me dijiste —me froté el pecho con mi mano libre y suspiré. Que frío hace…—. Iba a entrar a la ducha y hace muchísimo frío, date prisa en lo que quiera que vayas a decir.
—Ojala estuviera por allí —dijo en un tono juguetón que me hizo estremecer un poco. ¡Pervertido…! Solté un gruñido de advertencia y se echó a reír. Si me dejaran agarraría mi placa de shinigami en este preciso instante e iría a patearle el trasero—. Vale lo siento —dijo en un tono sarcástico—. Te pasaré a buscar a las ocho, no te vayas a perder, gatito —¡¿Cómo me dijo…?!
—¡Vete a la mierda Grimmjow! —colgué el teléfono y lo tiré sobre mi ropa. Sentí mis mejillas calientes y me llevé las manos a la cara y me las froté. ¡A ese idiota le gusta joderme!
Entré finalmente en la ducha y abrí el agua caliente. Me apoyé contra la pared y me relajé bajo el chorro de agua, eso sí se sentía bien después de un estresante día. Aunque aún me faltaba ir a esa estúpida cita.
Cuando salí del baño escuché la puerta de casa abrirse. ¿Quién sería? Mi viejo me había dicho que estarían hasta tarde haciendo las compras.
—¡Hola Ichigo! —saludó Rukia quitándose los zapatos y pasando corriendo por delante de mí con una sonrisa feliz en su cara. Vaya, al menos alguien está alegre hoy.
Miré confuso hacia las escaleras por donde subió y me rasqué el cabello antes de subirlas y entrar a mi habitación. Ella estaba sentada en mi cama, moviendo las piernas de adelante hacia atrás y silbando. Arqueé una ceja y la miré intrigado— ¿Por qué tan contenta? Creí que ibas a tardar en regresar de la Sociedad de Almas.
—¡Ah eso! Es que Inoue me invitó a que saliéramos todos esta noche y pedí el día de mañana libre —oh así que era eso— ¿Vienes, no?
Oh… ¿Qué le contesto? Obviamente no le puedo decir lo que de verdad tengo que hacer—. Lo siento, tengo otros planes.
Rukia frunció el ceño y luego se relajó y me miró sonriendo—. Bueno supongo que no importa —eso fue sospechoso.
—Rukia… ¿Te importaría salir de la habitación? Tengo que cambiarme —ella me miró confusa y parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de que yo solo llevaba una toalla atada a la cintura. Se disculpó y salió corriendo de la habitación. Raro…
Bien… ¿Y cómo debería ir vestido? ¿Casual o formal? ¿Una mezcla de las dos? Mierda… Nunca he estado en una maldita cita, no tengo ni idea de estas cosas. Suspiré y me revolví el cabello de paso intentando secarlo un poco. Con el frío que hace tardará un poco más supongo…
Está bien, no tenía otra opción, tendría que preguntarle a Rukia. Aunque esa enana loca tal vez solo sabe de lo que ha leído en los libros aún así algo es mejor que nada.
Me iba a arrepentir de esa decisión.
Bajé las escaleras ya vistiendo una camiseta interior y los bóxers y busqué a Rukia, llamándola. Ella salió de la cocina mordiendo una rebanada de pan. En serio, necesita aprender modales. ¿Seguro que es de una casa noble?
—¿Qué pasa? —preguntó con el pan aún en la boca. Fruncí el ceño y rodé los ojos, no sé ni cómo entendí que dijo.
—Mira… ¿Qué ropa se supone que llevas a una cita? —creo que me estoy tomando esto demasiado serio. ¿Qué necesidad tengo de verme bien ante él? Error, absolutamente ninguna.
Rukia me miró cómo si hubiera preguntado algo totalmente imposible de contestar. Aquí vamos…
—¡¿Tienes una cita?! —exclamó, el pan cayéndose de su boca.
—Rukia…
—¡¿Con quién?!
—Ru-
—¡¿Dónde?! ¡¿Cuándo?! ¡Quién eres tú y qué hiciste con Ichigo! —me señaló al pecho acusadoramente con el pecho y estiré la mano para bajar la suya. A veces llega a ser un poco molesta, ¿eh?
—¿Quieres calmarte? No te diré nada de eso, solo responde mi pregunta —contesté un poco enojado—. No es como si tuviera ganas de ir a esa estúpida cita, así que solo quiero acabar con ello cuanto antes.
Rukia sonrió maliciosamente y la seguí escaleras arriba—. Si no me dices quién es no puedo decirte exactamente que ponerte, depende de la otra persona —no jodas… No de ningún modo, el nombre de ese hombre no saldrá de mis labios. Negué con la cabeza y ella suspiró—, está bien, veré que puedo hacer —abrió mi armario de ropa y yo me quedé detrás de Rukia mirando—. Deberías ponerte algo formal, pero con lo que estés cómodo.
Asentí y me acerqué a la ropa para rebuscar entre ella. Saqué unos tejanos negros y se los enseñé a Rukia, ella levantó el pulgar en signo de aceptación. Sonreí y los tiré sobre la cama. De repente Rukia se puso de puntillas y agarró una camisa que estaba en lo alto de una repisa.
—¡Ponte esa! —exclamó dando saltitos alegre. Ella parece más emocionada que yo con todo esto… ¡N-no quiero decir que yo lo esté! La tomé y la desdoblé para verla. Era camisa de botones azul oscuro con las mangas dobladas en el final.
Me vestí con los pantalones y la camisa y cuando estuve bien alistado miré hacia Rukia— ¡Estás perfecto! El negro te queda bien aunque claro… Será que acostumbro a verte como shinigami —se echó a reír y luego me miró con los ojos entrecerrados—, pero es muy oscuro.
—Oh ya sé —abrí un cajón y saqué un cinturón blanco. Eso haría contraste. Rukia sonrió mirándome atentamente de arriba abajo.
—Mm… —se acercó a mí y yo levanté los brazos cuando empezó a meter la camisa por dentro del pantalón. Parece una madre arreglando su hijo para un evento importante…Jaja— ¡Ahora sí!
Tomé el teléfono y mi cartera que estaban sobre el escritorio y los guardé en los bolsillos. Por cierto, ¿qué hora sería? Le pregunté a Rukia y ella me respondió que las ocho menos cinco. ¡Dioses faltaban cinco minutos!— ¡Joder!
Salí corriendo de la habitación hacia el baño y tomé el cepillo tratando de ordenar un poco mi cabello. Agh… ¡Era imposible! Estaba tan desbaratado como siempre. Escuché la puerta del baño abrirse y vi a Rukia mirarme con una sonrisa burlona. ¡No es tiempo de reírse de mí maldita sea! Iba a agarrar el bote de gomina pero ella lo tomó antes y echó un poco en sus dedos.
—Anda agáchate, a ver qué puedo hacer con ese cabello rebelde tuyo —me agaché a regañadientes y sentí sus dedos pasar por mi cabeza hacia detrás y la escuché refunfuñar algo sobre que no se quedaba bien. Me hubiera reído si no estuviera tan nervioso—. Bien, esto es todo lo que se puede hacer, mírate —asentí y levanté la cabeza.
Caminé hacia el espejo y me miré en él. Bueno, no estaba tan mal. Tenía al menos el flequillo peinado hacia atrás. Sonreí y le di la mano a Rukia rápidamente— ¡Gracias Rukia! ¡Ahora debo irme!
—¡Pásalo bien! —la escuché responder. ¿Pasarla bien?
Corrí a la entrada y tomé mi abrigo en el proceso. Abrí la puerta de la casa y suspiré. No sé por qué pero creía que iba a ser una noche muy larga.
Ya en la calle miré a ambos lados buscando a Grimmjow. Ya eran las ocho, ¿no?
—Hola Kurosaki —casi salté en el sitio al escucharle. ¡Qué manía de aparecer de la nada…! Oh…
Cuando salió de la oscuridad y se paró bajo la luz de una farola pude verle bien. Vestía una camisa blanca y un chaqueta negra encima, también llevaba una bufanda puesta, jaja. Pobre, por sus complejos felino lo pasa un poco mal, ¿eh? Se ve bien así y… Espera, ¡¿qué?!
—Te ves espléndido, yo creyendo que ni ibas a aparecer —se rió y se acercó a mí. ¿D-dijo que estaba espléndido? No sé por qué eso hizo que me ruborizar y que agachara levemente la cabeza sin dejar de mirarle—. Ja, vámonos antes de que te un ataque de nervios porque alguien nos vea así.
Me agarró de la mano y me llevó por el camino. Me agarró de la puta mano. Estaba de los nervios, no sabía si dejarlo así o alejarla. Seguro que el maldito lo estaba haciendo aposta. Fruncí el ceño y permanecí callado todo el camino hasta llegar a la parte de la ciudad donde se encuentran las tiendas y restaurantes.
—¿Y bien? ¿Qué quieres comer? —levanté la cabeza para mirarle y rodé los ojos. Me encogí de hombros. Realmente me daba igual, solo quería acabar rápido e irme a casa, esto es demasiado raro para mí. Se llevó la otra mano al cabello y se rascó mostrando una expresión indecisa—. Maldita sea Kurosaki, sé muy poco de lo que coméis aquí —me miró con el ceño fruncido y yo suspiré por no sé cuantas van en el día.
—Me da igual, Grimmjow —respondí desganado.
—Mira que eres difícil —suspiró también y frunció más el ceño—. Entonces comeremos algo que me gustó y que he probado. Pizza —Le miré incrédulo y luego sentí una extraña sensación en el pecho antes de echarme a reír. Me miró confundido y reí más— ¿Qué pasa?
—¿Pi-pizza? ¿En una cita? Por favor Grimmjow sabes menos que yo en esto —me llevé la mano a la cara y me limpié los ojos. Hacía mucho que no reía así… Jaja. A lo mejor esto no fue tan mala idea.
—¡Oye! ¡Al menos tuve la decencia de buscar información! No pensé que la comida también fuera importante… —eso me sorprendió. Él había hasta buscado cómo era todo esto. ¿Por qué? ¿Por qué conmigo?
—Ya, ya, Grimmjow, no pasa nada y vamos de una vez. Mi padre me hace cenar a las siete, a esta hora ya tengo hambre.
—Entonces vamos —volteó y me miró con esa sonrisa felina marca suya. Yo también sonreí y le seguí.
Puede que esa noche me gustara y todo.
Espero que les guste.
