Disclaimer: Glee no me pertenece y esta historia tampoco :(
Así que, ahora estoy aquí, sentado frente a un gran escritorio de madera vieja y desgastada, en una habitación que huele a gato mojado y cigarrillos. Las cortinas de color rojo chillante que cubren el gran ventanal junto al estante con libros tan viejos – de los cuales no reconozco ninguno de los títulos- son tan pesadas que no me sorprendería si de un momento a otro se nos vinieran encima. Los cristales están tan pulcros que casi me duelen los ojos por el resplandor, y el sillón en el que estoy sentado me pica en la piel.
Escucho a un gato maullar pero no sé de dónde viene el sonido. No me gustan los gatos. Quiero a mi perro Condori, lo quiero aquí, conmigo. Eso es lo más doloroso de dejar mi casa, no se admiten mascotas en el instituto.
Una puerta a mi derecha- entre un estante con fotografías viejas de París y la torre Eiffel- se abre con un rechinido, se me ponen los pelos de punta y trato de calmar mis nervios. He empezado a sudar de nuevo y el cuello me pica, no puedo rascarlo, tengo que demostrar compostura. Una señora regordeta y muy, pero muy corta de estatura entra a la estancia y los pelos se me quieren salir de los poros, el cabello gris arreglado perfectamente en una cola de caballo –que parece dolorosa-, un vestido negro que no le favorece a su muy, muy, muy voluptuoso cuerpo con un cinturón marrón con una enorme hebilla de metal en forma de circulo, botas de combate negras y una fusta en la mano. No sonríe y me doy cuenta de que estoy agradecido por ello, tiene ojos grandes, de color azul y pestañas largas, los labios pintados de color rojo fuerte y una cicatriz en el pómulo derecho, sus mejillas están pintadas de color rosa y su nariz en pequeña y aguileña. La mujer es una pieza valiosa de arte. Carece de belleza y es un poco abstracta… como el arte.
Se acerca al escritorio y juro que escucho sus pisadas razonando en el suelo de mármol. Mis padres la observan con detallada atención y sé que mi padre está tan aterrado como yo, lo leo en su ceño fruncido y su labio levantado, su expresión es épica.
Mamá está llorando en la silla, no deja de ver a la mujer pero las lágrimas salen de ella como si fuese una tubería rota y nadie pudiera arreglarla. Yo me limito a rodar los ojos, si tanto le duele que vaya a vivir en éste internado por los próximos seis meses… es simple como decir: Nos vamos y llevamos a nuestro hijo gay con nosotros.
Pero ella no llora por esa razón, ella llora porque su hijo es gay. Malditamente gay.
Se coloca detrás del gran escritorio frente a nosotros y deja caer su peso en la silla. Sus manos se unen y sus dedos se enredan, nos mira fijamente y siento que no puedo temblar más. Esa mujer es horrible.
-Buenos días, familia Hummel- Oh mi Dios santo, ese acento francés es hermoso, no negaré que su voz es linda, ojala pudiera hacer algo con su genética.- Así que esperan que aceptemos al pequeño Kurt Hummel cuando el semestre ha empezado hace dos meses.
Mi madre sorbe por la nariz y yo solo puedo hacer una mueca. ¡Contrólate mujer! Eso es repugnante. Mi padre se endereza en su silla, su cuerpo es el de un militar aunque nunca ha estado en la milicia, le encanta el ejercicio y ser un abogado de respeto no le da mucho tiempo para ejercitarse, pero por alguna manera siempre tiene ese aspecto, bien parecido y con muchos músculos.
-Básicamente es lo que esperamos. Tuvimos pocos días para buscar una institución apropiada para nuestro hijo, mi esposa, Anne y yo esperamos que pueda ayudarlo con su problema. Corregir su camino, ya sabe, para que se corrija. La homosexualidad es una enfermedad que no se acepta en mi familia.
¡Una enfermedad! Si papá, eso no me ha roto el corazón, no me ha dado ganas de desear con todas mis fuerzas una nueva familia.
-¡Mamá deja de llorar!- grito sin importarme que Madame Dur me dé una de sus miradas más frías y mi padre se avergüence más.
-No le grites a tu madre, jovencito.
Ruedo los ojos, porque no puedo hacer nada más. Cruzo los brazos frente a mi pecho y me hundo aún más en la silla.
-Bien, podemos hacer algo por ustedes. No me importa la identidad sexual de su hijo, aquí impartimos disciplina. No puedo hacer nada más que reformarlo.
Mi padre toma la mano de mamá –que no ha dejado de llorar- y asiente con la cabeza. - De acuerdo.
-Traeré los papeles de inscripción.- dice Madame Dur antes de levantarse y hacer chirriar el suelo con su peso.
Media hora después me encuentro en la puerta principal, viendo a mis padres salir de aquel campo minado y gris al que debo llamar hogar. El automóvil arranca y yo debería despedirme, pero ya nada me importa. ¿Quieren dejar a su único hijo en un maldito instituto por todo un año? ¡Pues que les aproveche! ¡Ahora son padre de una mariquita y no me importa! ¿Mamá no quería una niña antes? ¡Pues ahora la tiene!
Sí, todo lo que sale de mi cabeza son estupideces de ese tipo, no me siento una niña, siento que son un hombre al que le gustan los hombres y Dios, se siente tan bien.
-¿Estás listo, Kurt?- pregunta Madame Dur.
-¿Importa si no?
-No.
La sigo por los pasillos de aquel enorme y tétrico castillo de mediados de siglo. Subimos las escaleras de caracol que llevan a las plantas superiores y pasamos por puertas y más puertas de madera reforzadas, pestillos pesados y juro que he perdido la cuenta después de cincuenta. Madame Dur golpea la fusta contra cada una de las puertas que pasan y pequeños gritos se escuchan del otro lado de ellas. ¿Qué clase de padres deja a sus hijos en una institución cono ésta?
Subimos una escalera aún más grande que llevan al tercer piso y veo una cabellera castaña obscura, ojos pardos y grandes, unos labios carnosos y una nariz gruesa. Es un chico lindo, tiene puestos unos lentes rojos y cuando Madame Dur hace sonar la fusta en una de las paredes se le caen los libros que llevaba en las manos. Trata con todas sus fuerzas meter la llave en la cerradura pero los nervios lo están comiendo vivo.
-¡Javier Beltrán!- grita Madame Dur y el chico se pone pálido.
Javier gira sobre sus talones y nos da la cara, o eso podría decirse, porque no ha subido la mirada y pareciera que sus pies son más interesantes que nosotros. Ese chico en muy penoso, aún más que yo. Muerde su labio tan fuerte que temo se haga daño. Los libros siguen en el suelo y tengo que reprimir el impulso de ir a recogerlos y darle una sonrisa de consolación, siento que llorará en cualquier momento y es tan tierno que no permitirá eso.
-Javier, ya que eres el único fuera de tu habitación después del toque de queda de esta mañana tendrás que guiar al señor Hummel por el edificio, mostrarle los salones, zonas prohibidas y sobe todo, las reglas. ¿Entiendes, o tengo que repetirlo?
Si no temiera por mi vida ya le habría dado a esta mujer una buena palmada, pero soy una hombre respetuoso y… ella ganaría la lucha, al final de cuentas parece la hermana malvada de Hulk.
-Entiendo, Madame Dur.
-Bien, lo dejaré contigo, puedes instalarlo en una de las habitaciones disponibles en esta área, que él elija la que más le guste, será su único refugio por un año.
Mis ojos se achican y la veo alejarse, resonando la fusta por las paredes y creando un eco que no hace las cosas mejores.
-Madame Dur. Vino de Nantes cuando tenía veinte años, era algo así como una soñadora empedernida y… vio la realidad cuando su novio la dejó con una deuda de miles de dólares en el banco. Creo que ella antes tenía una bonita ilusión de la vida.
Al ver a Javier a los ojos, esos tímidos ojos cafés decidí que él me caía bien. Era dulce y su tono de voz no rebasaba la media.
-¿Quieres elegir una habitación ahora?
-¿Hay una que esté cerca a la tuya?
Sus mejillas se tiñeron de rojo y supe que, para ser un chico tímido yo había sonado un podo pretencioso.
-Sí, justo al lado de la de mi novio.
No podía evitarlo, ese chico era tan único. Dejo que la risa me gane y no quiero hacerlo sentir mal, pero me puede.
-Bueno, perdón por eso, no era en doble sentido Jav, solo que, eres a la única persona que conozco aquí y pues… solo quiero ser tu amigo.
-Bien…- pero sus mejillas dicen lo contrario.
- Vamos, dejaremos claro cuál es tu habitación y le avisaremos a la señorita Gala, ella es la persona adecuada para cualquier problema, no molestes a Madame Dur, nunca. Tu equipaje lo subirá George, él es el conserje, no hables con él, no le gusta que le molesten.
Avanzamos dos puertas y llegamos a una marcada con el número 265, la madera es cedro y se siente fría al tacto. La cerradura es medieval pero la han adaptado y es más fácil de abrir. No mentiré, no era lo que esperaba. Dos ventanas con cortinas blancas transparentes dejan que el sol entre con todo su resplandor y la cama matrimonial no se ve del todo incomoda. Las paredes están sin vida pero espero que se me sea permitido hacer algo con mi espacio, ya estoy suficientemente deprimido.
-Así pues… estamos en toque de queda, lo que significa que no podemos salir de nuestras habitaciones hasta que Madame Dur lo decida… escucharas una campana cuando esto acabe, según mis cálculos terminará en diez minutos, iremos a las aulas y te mostraré tu horario, después te llevaré con los demás chicos… ándate con cuidado con Dylan y no te acerques a Blaine ni Sebastian.
No tengo idea de quienes son pero ya lo anoté en mi lista, no acercarse a esos tres chicos. Listo.
Javier abre la boca pero antes de que alguna palabra salga de ella una campana chillante y estúpida resuena en el aire, enviando un zumbido a mis tímpanos.
-¡¿Qué mierda es eso?!
-La campana, sonará cada que tengamos toque de queda y cuando acabe.
-¿Para qué es eso del toque de queda?
-No lo sé… y nunca lo he preguntado. Y no lo haré. Ahora vamos, tenemos que salir de aquí, hay mucho que ver.
Bajamos las escaleras en silencio, ninguna voz interrumpe el sonido de nuestras pisadas.
-¿Dónde están todos?- le pregunto a Javier.
-La mayoría se quedan dormidos… otros solo tardan más en salir, Madame Dur tiende a rondar los pasillos y nadie quiere verla.
Asiento con la cabeza y sigo inspeccionando todo a mí alrededor, hasta el momento he visto un florero sin flores… un cuadro de Juana de Arco y otros lugares de Francia. Las paredes son grises, en su mayoría y las escaleras interminables. Hay dos pisos más después de donde está mi dormitorio y no tengo idea del número de chicos olvidados en la perta del infierno al que mis padres llaman "Instituto Booster".
Ya en la primera planta Javier toma mi mano y nos escurrimos entre los pasillos, llegamos a un aula con la marcación de "Biblioteca", otro con "Sala de estudio", "Salón #2 Matemáticas", Salón #6 Español"… todos son grandes y con ventanales hermosos pero fuera no se ve más allá de los bosques y cercas que cubren el terreno. Caminamos por más pasillos y llegamos a unas puertas dobles color carmín, demasiado llamativo para aquel lugar.
-Está bien, aquí conocerás a todo tipo de chicos, los típicos idiotas, los muchachos que solo hablan de las grandes sumas de dinero que sus padres tienen en el banco, los mataditos, el lame suelas de Madame Dore; Serafín, no hables con él. Y también están los tres cabrones de esta escuela, ya sabes los nombres, Sebastian, Blaine ni Dylan… No hables con ellos.
Quiero registrar toda la información… no hablar con los cabrones y existe un lame suelas al que no debo ni de mirar.
Las puertas se abren y miles de murmullos llenan el espacio, platicas aquí y allá, gritos, risas, empujones, ojos de miles de colores, diferentes tipos de estructuras físicas, colores de cabello y peinados raros. Cada uno portando el estúpido uniforme a su manera.
-Bienvenido a la jungla, Kurt.
Una risita se escapa de su garganta y camina, jalándome con él. Algunos ojos se posan en mí pero pierden el interés, Javier me lleva a una mesa junto a un chico alto de cabello negro y ojos verdes, le abraza y besa su mejilla. Supongo que es su novio y no es nada feo. Un rubio de ojos azules me sonríe y me hace una seña para acercarme.
Me siento en la mesa, entre Javier y el rubio y un chico de cabello castaño pero rapado me sonríe.
-Hola, mi nombre es Diego Alexander, soy de Irlanda y tengo diecinueve años… me gusta mucho cantar y odio a los gatos, ¿Has visto al gato de Dur? Es horrible pero todos debemos respetarlo, más de una vez me han dado ganas de tirarle un balde de agua fría por la cabeza pero la verdad es que…. –
¡Diego!- lo regaña el chico rapado- Cállate de una vez, siempre hablas de más.
La risa salé de mi boca sin permiso, bueno, son raros pero ¿Quién no lo es?
-Hola, yo soy José Miller, un gusto conocerte….
-Kurt, Kurt Hummel.
Todos están sonriendo y yo no puedo verme más incómodo. ¿Qué esperan? Mis padres me acaban de botar aquí alejándome de mi perro y mis amigos, alegando una "enfermedad" que no tengo y esperando que vaya por el camino recto. Pues una mierda, no voy a cambiar solo porque una francesa regordeta lo diga.
-Bueno, Kurt… ¿Qué hiciste para terminar aquí?
Sonrío, ¿Por qué no?
-Simplemente admití ser gay en voz alta en la cena hace dos noches…
Carcajadas…. Esa es su reacción.
-Bueno, bienvenido al club, Gay Kurt.- dice el novio de Javier- Mi nombre es Axel, un gusto.
-¿Ustedes como terminaron aquí?
Todos se miran sonrientes, al final Diego me mira a los ojos y me dice, con toda la tranquilidad del mundo:
-Si te decimos, tendríamos que matarte.
Mientras todos vuelven a reír mi mirada recorre la gran cafetería, todos están sumergidos en sus pláticas, haciendo movimientos bruscos con sus manos, riendo. Y en una mesa, muy al fondo de la cafetería están tres chicos, un moreno muy guapo, un chico de cabello rosa y gestos muy marcados, su sonrisa es linda pero hay algo en sus ojos que no me parece del todo amistoso. Y entonces… está él, un moreno de ojos miel y barba de varios días, una sonrisa socarrona y juro que mi corazón está saltando.
Su mano recorre la espalda del chico de cabello rosa y cuando llega a su nuca lo atrae hacia él, besa sus labios y sonríen en el beso. ¡Bueno, nada va mejorando!
Javier me da un golpe en la pierna, le miro y me mira:
-No, ni si quiera lo pienses. Sebastian, Dylan y Blaine…. ¿Recuerdas?
Y quiero recordarlo, sé que no debo pero… esos ojos azules, esos labios finos.
-Sí, recuerdo. Mantenerme alejando, lo tengo.
Javier asiente y regresa su mirada a Axel, José está dibujando tonterías sobre una servilleta y Diego me mira a los ojos, sonríe y me toma la mano con fuerza.
-Lo sé, Javier exagera un poco pero no son tan malos… a mí me gusta Sebastian pero no me acerco a él. Él y Blaine son como propiedad de Dylan… se podría decir que son novios entre los tres… es algo raro pero, bueno, algunos moriríamos por formar parte de esa relación.
¡JA! Mamá, papá… me enviaron al instituto más gay de Norteamérica.
Esta es el primer capitulo, subire el segundo si hay mas reviews c;
Recomiendenla porque se pondrá mejor, lo prometo xD'
