Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, lo único mío es la trama.
Muchísimas gracias a:
TkmMichu, yasmin-cullen, FemaleDark, Naye15, Guest, Grace, KeyAl, Nina Somerhalder, anónimo y satorichiva
Por ser las primeras en darle una oportunidad a esta historia.
Capitulo Beteado por Bren Alvarez
Betas Fanfiction Revolution Twilight
Un Zombie Vegetariano
-1-
Ella aún me teme, pero sé que confía en mí... en el fondo pero aun así lo hace.
Aún de la mano corremos por el bosque, ellos nos persiguen; sé lo que quieren… a ella.
No lo permitiré, luché mucho para llegar aquí y para encontrarla, ahora nada ni nadie nos separará. Su respiración es errática puesto que hemos corrido demasiado para escapar. Ella aún seguía impactada por la noticia de tenerme a su lado creyendo que jamás volvería, pero se lo había prometido: No importaba ni el tiempo ni la distancia, yo regresaría por ella.
Nos escondimos debajo del puente, creo que los hemos perdido; eso la tranquiliza un poco mas no deja de estar alerta. No por los que nos persiguen sino por tenerme a su lado, siente que la atacaré pero no lo haré. Es una locura, yo jamás la lastimaría, ni siquiera en este estado lo haría. Ella clavó sus ojos chocolate en mí, me miraba demasiado, no me incomodaba para nada; me gustaba que me mirara, eso me hacía creer que me extrañaba.
Su mirada tenía miles de preguntas que yo quería contestar. Cuando abrió la boca, las sirenas sonaron alertándonos, volví a tomar su mano y echamos a correr de nuevo. Esto me decía que no tendríamos oportunidad para hablar, al menos por ahora.
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En alguna parte del bosque de Illinois.
Mis ojos se abren, sé que he dormido bastante (aunque no sé si dormir sería la palabra adecuada, pero se puede usar en esta ocasión) porque mi ropa está húmeda -o eso creo- porque no siento la humedad en sí, sólo sé que mi cerebro dice que es la palabra más apropiada para el momento.
No sé cómo llegué aquí, sólo sé que estoy solo.
Miro a ambos lados esperando recordar siquiera dónde estoy, pero por más que intento adentrarme en mis pensamientos, éstos se quedan en blanco. Sólo imágenes borrosas llegan a mí, no me dicen nada, dejándome más confundido que antes; uso mis brazos para levantarme, mis piernas están torpes, quiero creer que es porque he estado acostado en el suelo con la tierra húmeda. Mis pensamientos dicen que mis piernas están acalambradas puesto que siento hormigueo en ellas. Me siento tan torpe, mis extremidades se sienten duras, caigo en el primer intento de levantarme, gruño por el coraje de caerme. Lo vuelvo a intentar, esta vez poco a poco me levanto, tambaleo un poco cuando al fin estoy de pie. Me cuesta trabajo estar parado, así que me encorvo un poco para mantener el equilibrio, sigo sintiéndome más torpe. Ahora vuelvo a mirar a mi alrededor, está tan oscuro que me cuesta un poco de esfuerzo saber dónde estoy. De repente, siento una molestia en mi organismo, es como si necesitara algo importante pero no sabía con exactitud qué era... Pareciera como que si me faltara algo, sin mencionar mis recuerdos, pero esta sensación la he sentido antes.
Hambre
Ahora lo recordaba, el hambre te hacía sentir así de débil, ignoré un poco esa sensación y seguí observando mis alrededores, pero el malestar seguía ahí y no se iba, esto me distraía y necesitaba estar enfocado para poder pensar con claridad.
Solo sé que necesito alimentarme, pero no quiero comer, hay algo que no me lo permite. Tal vez el hecho de que no tengo idea de qué es lo que debo comer o de qué estoy seguro acerca de qué debo comer, pero me aterra la idea.
Pero hay algo más importante, necesito recordar quién soy, me desespera no saberlo. Pero el hambre me está volviendo más loco todavía, así que por ahora lo dejaré así.
Camino por el oscuro bosque buscando comida, tengo mucha hambre, camino y camino sin encontrar nada que pueda satisfacerme. Entonces, me llega una ráfaga de aire justo en la cara, el olor es delicioso, como si estuviera el más exquisito de los manjares esperándome. De alguna manera consigo que mis torpes piernas corran hacia donde esta mi alimento, corro y corro hasta que el olor se hace más intenso, siento como mi boca se hace agua, sea lo que sea que este ahí en frente debe ser exquisito.
Me detengo cuando encuentro el origen de ese delicioso aroma, aspiro profundamente para confirmarlo y mis papilas gustativas agradecen.
Me acerco más y más, mis pasos son torpes así que piso una rama delatando mi presencia.
— ¿Quién esta ahí? —pregunta, a lo que ahora comprendo que es un humano.
Un humano, eso es lo que mi cuerpo necesita, sonrío.
— ¡¿Quién esta ahí?! —vuelve a preguntar, salgo de mi escondite. El hombre, vestido de verde me mira asustado apuntándome con algo brillante.
Un soldado, me dice mi subconsciente. No recuerdo qué es eso, pero debe ser peligroso ya que al ver el objeto doy un paso atrás.
— ¡Aléjate, monstruo!
¿Monstruo? Yo no soy un monstruo, al menos eso creo, sólo tengo hambre. Doy más pasos hacia él. El hombre pulsa algo del arma pero esta no hace nada. El soldado, desesperado, golpea el arma sin ningún funcionamiento.
Ahora es tiempo, corro hacia el sujeto y me lanzo sobre él, luchamos por unos momentos, pero me doy cuenta de que mi fuerza es superior a la de él. Fijo mi mirada hacia su cuello, este palpita, llamando mi atención. Sin siquiera pensarlo mi boca se dirigió en esa parte, el hombre gritó, pero no me importó. Arranqué un pedazo de su cuello, el sabor era único, como si todo lo demás dejara de existir. Un frenesí se apoderó de mí, tomé la cabeza del soldado y como si mi instinto me lo dijera -que hay algo mejor debajo del cráneo- comencé a golpearla contra el suelo muchas veces, hasta que el hombre dejó de gritar. Eso no me importó, sólo quería lo que había dentro de él. Seguí con mi tarea hasta que el cráneo se abrió y una masa viscosa salió de él, un aroma mejor me llenó y mis dientes se encajaron sobre el cerebro, era algo sumamente delicioso…
¡Nooooooo!
Esa voz me detuvo, yo conocía esa voz, era de una chica, pero no cualquier chica…
Su cabellera era castaña al igual que sus ojos, éstos me veían con ternura. Ambos estábamos juntos, sentados en… en un lugar que mi cabeza no puede recordar, su mano tomaba la mía. Yo siento algo, algo muy adentro de mí, en cuanto nuestras pieles se tocaban.
—Edward…—me dice ella—No quiero que nada te pase.
Lo único que sé es que le digo que no, que nada pasará. Ella me sonríe sin creerme, me pide de venir conmigo pero vuelvo a darle otra negativa…
Mi cabeza se pone en blanco de nuevo, lo que me hace reaccionar, vuelvo mi atención al soldado pero al instante que me acerco a su cuerpo otro golpe en mi cabeza me distrae.
Yo le había dicho que no viniera, que era peligroso, de alguna manera se la arregló para venir, su padre… él, le dio permiso… él es jefe de algo. Caminamos juntos, íbamos por… algo importante, cuando unos ruidos nos alarmaron.
— ¿Qué fue eso? — ella se asusta, la tomo de la mano y le sonrió.
—Todo estará bien, no dejaré que nada te pase…
Regreso a la realidad. Sé quién es esa persona,ella era especial.
—Be…lla…—dije con voz ronca.
Abrí los ojos, sorprendido de ver el cuerpo del soldado. Me levanté, alejándome de la masa sanguinolenta que ahora era su cabeza. Corrí empujando las ramas de los árboles. ¿Qué había hecho? Tropecé con una rama y salí disparado hacia abajo, caí directamente a un barranco, mi cuerpo rodó y rodó por la tierra; sentía los golpes en mi espalda y piernas. Traté de sujetarme de las rocas, pero mis dedos no podían moverse libremente, estaban engarrotados.
Sentí mi cuerpo chocar contra una piedra, dentro de mí algo se quebró pero no sentí dolor, solo la sensación de presión. Estuve ahí sentado una gran cantidad de tiempo, la luz de la luna me iluminaba un poco. Con algo de dificultad logré levantarme, caminé a trompicones. Mis pasos seguían siendo lentos y torpes, de nuevo mi pie se atoró contra una rama y caí hacia un riachuelo que corría por ahí. Con lentitud, me levanté mirando mi reflejo, sé que era un hombre, mi rostro estaba cubierto de sangre y trozos de cerebro humano en el cabello, mi piel era pálida, muy pálida, casi blanca.
Zombie. Dijo mi cerebro.
¡No! yo no quería ser esto, sabía lo que hacían los zombies… ellos mataban gente, personas como el soldado que yo…
— ¡No! —golpeé mi reflejo en el agua.
¿Cómo había llegado a esto? Me golpeé mi cabeza, esperando a que mi mente recordara algo, pero nada.
Aún tenía hambre, era lo único que sabía, pero no iba a volver por ese soldado, eso nunca. Preferiría mil veces morir de hambre antes de regresar y terminar lo que empecé, miré a todos lados, había una rata tomando agua, pero no me apetecía tomar nada que contuviera sangre, moriría de hambre, de eso estaba seguro. Por ningún motivo tomaría otra vida, fuera humana o animal.
Me arrastré hacia el hueco de un árbol, me quedé ahí no sé cuanto tiempo, bajé mi brazo para recargarme, la posición se veía que era incómoda, pero por ningún motivo me sentía de esa manera. Era como si todo mi sistema nervioso dejara de funcionar, ahora comprendía por qué el golpe con la roca me había afectado en lo más mínimo. Arrastré mi mano, cuando toqué una especie de rama algo suave, bajé mi mirada y arranqué aquello que sostenía. Miré el objeto, era un tipo arbolito con una cosa alta, ovalada y aplastada… hongo, me dije después de reconocerlo.
Lo olisqueé y lo alejé porque era asqueroso. Lo volví a observar, era asqueroso, de repente un flash llego a mí.
— ¿Qué es eso? —pregunté con cara de asco.
—No seas así… —dijo un nombre, pero no lo recordaba, no sabía si me hablaba a mí o a otra persona. —Son hongos rellenos, están deliciosos.
¿Deliciosos? Esa cosa era todo menos delicioso. Lo volví a oler y sin proponérmelo le di una enorme mordida, mis dientes mascaban el singular y asqueroso sabor del hongo, con mucho esfuerzo tragué el contenido, mi estómago se sintió extraño cuando el contenido llegó al fondo.
— ¡Argh! —escupí un poco en el suelo.
¡Era asqueroso! Mi boca sabía extraño, pero por un extraño motivo, mi hambre se calmó un poco. Extraño. Miré el hongo de nuevo y cerrando los ojos, me llevé a la boca el resto de la planta, el sabor seguía igual de horrible. Era como si comiera arena o al menos, sentía que era ese sabor. Tragué el hongo completamente, mi estómago se sintió extraño. Pero de alguna manera me sentía satisfecho.
No entendía a qué se debía esa reacción, cerré mis ojos tratando de encontrar una respuesta a lo que acababa de suceder, pero por más que lo intentaba nada venía a mí… nada, sólo sé que estos seres tienen que alimentarse constantemente para que sus cuerpos no mueran. Era lógico, todos tenemos esa misma naturaleza.
Lo que ahora importaba era que ya no había hambre. Me sonreí a mi mismo (o eso creía), podía vivir sin comer gente, era como si una nueva oportunidad viniera a mi.
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Springfield, Illinois
Base de sobrevivientes
La gente se movía de aquí para allá, no había tiempo para descansar, el alimento se agotaba, los refugiados estaban muriendo de hambre. El jefe Swan, jefe de toda la unidad de rescate de la región norte del país, se encontraba mirando los monitores de seguridad, vigilando que todo se hiciera correctamente. Las raciones diarias estaban siendo entregadas, pero por los rostros de la gente no era lo suficiente para satisfacerle.
— ¡McCarty! —gritó.
Un hombre de casi 30 años se levantó de una de las mesas de vigilancia. Su complexión era fuerte, puesto que la vida que había llevado lo había fortalecido, su rostro estaba crispado por la amargura que conllevaba perder a las personas que amas. Se acercó al jefe.
—Señor —contestó con voz gruesa.
—La gente se muere de hambre —comenzó — ¿Cómo van los cultivos?
—Lentos señor, los granos apenas están saliendo y los vegetales no están creciendo apropiadamente, la falta de luz solar afecta el crecimiento de éstas.
— ¡Maldición! —dijo frustrado — El alimento no es suficiente, nuestra gente está muriendo de hambre necesitamos comida muchacho, lo último que se obtuvo de la última recolección se está acabando, necesitamos salir.
—Es peligroso, no sabemos qué pueblos no han sido afectados por la plaga…
— ¡Pero debemos hacerlo! Sabes que si pudiera salir lo haría, pero desafortunadamente mi última misión no salió nada bien y ahora no soy más que un inútil. —miró su pierna, o lo que había sido su pierna, puesto que ahora sólo tenía una prótesis donde aquel ser la había mordido, sólo fue una pequeña mordida en su pantorrilla. Charlie Swan, al sentir dolor no lo pensó dos veces antes de tomar el enorme machete que cargaba, para cortarse todo el miembro de la rodilla para abajo. Esperó sentir algún cambio, algo, pero nada pasaba. Cuando lo rescataron estaba casi sin vida, sin decir nada a nadie, pidió ser recluido con un arma por cualquier cosa, pero pasaron los diez días y nada paso, se había salvado.
—No diga eso, señor. Sin usted todo esto sería un caos —dijo Emmett —Sé lo que debo hacer.
—Sé que tú eres lo mejor que tenemos, bueno tú y…
—Pero ahora no está, señor —Emmett sabía que su ausencia sería permanente.
—Lo sé —dijo recordando la enorme pérdida que habían sufrido hace poco — Llévate contigo a Whitlock y a Brandon, tomen el camión mejor reforzado que tengamos, recorran los pueblos cercanos. No quiero perder a nadie más.
—Sí señor —Emmett se dio la vuelta para salir y buscar a sus compañeros — Señor…
— ¿Si?
— ¿Quiere que le avise a…?
— ¡No! —le interrumpió antes de tan siquiera mencionar su nombre — Creo que aún no es tiempo.
—Lo sé, sé que sólo ha pasado una semana, aún el dolor debe ser reciente —sabía exactamente cómo se sentía, él había pasado por lo mismo.
—No es sólo eso, no quiero perder a mi hija —dijo con tristeza en su voz — No creo que tenga la suficiente entereza para volver a salir y enfrentarse a esas cosas…
—Más si uno de ellos pudiese ser…
No logró terminar de decir su oración por que una voz femenina, pero ruda, lo interrumpió.
—Si dejasen de hablar de mí a mis espaldas ya estaríamos en camino para conseguir comida.
Charlie volteó para ver el rostro serio de Isabella Swan, su hija, o lo que quedaba de ella.
Hola gente, ¿como están? Espero que les haya gustado este capi, como verán hay muchas cosas que faltan por revelarse y puede que esperaban algo más de Edward, como dije esto apenas comienza poco a poco tendremos más acción.
Besos
Paulina R.
