Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Akira Amano.

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia ramdon con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: Su hermana iba a concederle algo que nadie de su calaña se merecía: tendría un año de libertad antes de asumir el liderazgo de su Famiglia. ¿El problema? Precisamente al único lugar que se quiso largar para alejarse de la Mafia, está plagado hasta la médula por la estirpe más alta de ellos. [OC's x Personajes]

Un Viaje de Locos

Hoy, 3 de Abril, Carmine Cacciatore hacía gala de su título no oficial de Mejor Hermana del Mundo.

Sabrá Dios cómo se las habrá ingeniado para sacarle un pasaporte, identificación y registros falsos en menos de veinticuatro horas a su hermana menor ―actual heredera mafiosa―, además de estar a minutos de enviarla fuera del país en un simple vuelo doméstico sin que el resto de la Famiglia Cacciatore siquiera lo sospechara.

Para Michelle, ésta era una prueba más de lo asombrosa que era su hermana. Así como parte de su aterrador encanto. Después de todo, ella siempre fue consciente que cuando Carmine quería algo, lo conseguía.

La pelirroja se encontraba de lo más tranquila esperando a que anunciaran el vuelo de la menor, mocaccino en la zurda, como si lo que realizó en tiempo casi record no fuera ningún tipo de hazaña. Carmine jugaba Fruits Ninja distraídamente con su Smartphone en la diestra. Sentada a piernas cruzadas sobre un banco del Aeroporto di Catania-Fontanarossa, disfrutaba de la sensación de invencibilidad que le confería la destreza de sus dedos.

Su mirada ambarina era cubierta por unos estilizados lentes de sol, y aún enfundada sólo en una playera blanca sin mangas, debajo de un blazer negro y portando jeans, se veía como diosa. Por lo menos eso era lo que murmuraba la gente que posaba la vista en ella y la confundía con una súper modelo.

Por su parte, Michelle también veía a su filial con admiración, pero por distintas razones a las de los civiles. Le importaba un demonio que actualmente su hermano mayor estuviera asfixiándola entre sus bien formados brazos.

—¡Préstame algo de atención, Mich! —le gritaron a la oreja.

La de cabellera achocolatada se sobresaltó con la peculiar y berrinchuda manera en la que Azhael Cacciatore demandó su atención.

Azhael era su hermano mayor y también el de Carmine, por lo tanto el primogénito. Técnicamente él debió heredar el 'negocio', no Michelle, pero por razones desconocidas y desvaríos del viejo senil y odiado de Federico, eso no pasó.

Él se caracterizaba por ser inquieto, ocurrente y extrovertido. Ella estaba acostumbrada a sus arrebatos, mas no pudo evitar sorprenderse porque tenía oídos sensibles.

—Vale, te escucho. Cálmate —dijo mientras le enviaba una mirada irritada.

Azhael era alto, demasiado alto a los ojos de la menor. No es que Michelle fuera pequeña, ella era de un saludable metro sesenta y tres. Su hermano, en cambio, era un veinteañero que medía el metro noventa y dos. Su cabello era de una tonalidad similar al suyo, castaño achocolatado, pero las hebras del mayor estaban ligeramente más cercanas al color negro. Su piel era blanquecina, pero con indicios de bronceo por las tardes que el chico se la pasaba entrenando en los jardines de la mansión, gracias a esto el cuerpo de su hermano era musculoso, pero no en exceso.

Los ojos azul profundo de la miraban con alegría, mientras su propio ceño se encontraba fruncido en un puchero.

—Te decía, bambina —canturreó él. Que te cuides, estudies, hagas tus tareas…

Bene, mamma —musitó ella con diversión.

Él se rió como idiota. Y aún así, su risa era endemoniadamente perfecta. A Michelle le costó no bufar en voz alta cuando un grupo de mujeres se sonrojaron hasta las orejas al prestarle atención.

Y eso que el Imbécil (apodo alternativo, cariñosamente otorgado por Carmine) ni siquiera estaba arreglado, Azhael lucía una simple playera azul marino y unos pantalones negros. Si estuviera en traje a las idiotas se las lleva Satán de la mano.

—Bueno, ¿por cuánto seguirás haciendo de boa constrictora? —inquirió, optando por ignorar a todos con excepción del otro par de Cacciatore—. Se me están durmiendo los brazos.

El castaño pareció pensarlo seriamente.

—Hasta que toque tu vuelo —musitó con diversión.

—No puedo aguantar tanto —devolvió con el mismo tono.

Ay, no quería admitirlo, pero... ¡Cómo extrañaría al idiota de su hermano! Él era tan bueno en el arte de las travesuras, su compañero número uno y al que nadie jamás sustituiría.

—No quiero interrumpir tan emotiva despedida —dijo Carmine mientras se acercaba, claramente estaba cansada de ver a sus dos hermanos tonteando mientras ella se aburría en la banca—, pero pronto anunciarán el vuelo. Así que —prosiguió—, Imbécil, suelta a Mich. Tú, sorella, dame un maldito abrazo.

Los dos obedecieron sin rechistar. Contrario a lo que cualquiera pensaría a primera vista, Carmine era líder innata; si existía alguien capaz de mandar como militar al rebelde Azhael y la traviesa Michelle, esa era ella. La menor se tomó su tiempo con los brazos rodeando la cintura de su hermana mayor, aspirando el aroma natural y encantador que la pelirroja portaba sin necesidad de caros perfumes o cremas. Olía a rosas y cítricos.

Terminado el abrazo, Michelle se palpó el bolsillo de su blazer índigo. Ya que Carmine tenía la mala maña de esconder, pegar o robar cosas en sus bolsillos durante los intercambios afectivos, no fue ninguna sorpresa encontrarse el pasaporte, la identificación y hasta un par de tarjetas de débito.

Michelle Cobain —leyó el nombre de la identificación.

La pelirroja miró con diversión su expresión. Era una mezcla entre fascinación y un «¿De cuál fumas?»

—¿Qué? ¿No te gusta? —preguntó la mayor con falso tono inocente.

—Estás loca.

Sonrió y la abrazó de nuevo.

—¡No me dejen fuera! —chilló Azhael, uniéndose bruscamente al 'abrazo grupal'.

—¡Aléjate, Imbécil! —protestó Carmine.

—¡Me aplastan! ―le tocó quejarse a la menor, quien estaba en medio del conflicto―. ¡Azha, no me empujes contra los melones de Carmen!

—¡Michelle Arianne de apellido innombrable! ―explotó la nombrada, odiaba ese apodo con toda su inexistente alma―. ¡No me llames Carmen!

Y mientras estaban metidos en su faena, por el altavoz del aeropuerto llamaron a los pasajeros cuyo destino era Roma.

—¡Suelten! ¡Es mi vuelo!

La de ojos grises se retorció entre ambos cuerpos hasta lograr zafarse del agarre. Carmine bufó al notar que quedó completamente desarreglada mientras el idiota de Azhael reía despreocupadamente aunque estuviera hecho un desastre.

Michelle no le dio importancia a su respectiva apariencia impresentable, tenía prisa por abordar el avión. La única razón por la que no se había ido corriendo ya, era porque presentía que sus hermanos todavía tenían que decirle algo.

—Cuídate, sorella —la pelirroja finalmente se despidió, mirándola con afecto a través del par de lentes de sol.

—No te diviertas mucho sin mí —musitó el primogénito—. Iremos a joder tu existencia cuando podamos escabullirnos —prometió mientras le guiñaba el ojo.

¿Eso era todo? Al parecer, sí. Recibió un último abrazo de cada uno, esta vez más suave que los anteriores. Se le encogió el corazón de repente. Finalmente caía en cuenta de que ya no los vería más durante un tiempo incierto, estaba sola y por su cuenta.

Parpadeó para disipar cualquier cúmulo indeseado de gotas salinas en sus ojos. No iba a llorar, no señor.

—¡Nos vemos!

Michelle les sonrió a sus hermanos antes de girarse y echar a correr en dirección a su vuelo. Sus hermanos compusieron muecas preocupadas sin que ella lo supiera, rezando en silencio para que su rayo de sol tuviera la suerte de su parte por una vez.

Pero justo cuando la cabellera cacao empezaba a perderse entre la gente, Carmine recordó algo muy importante. Abrió los ojos, horrorizada. ¡Tremenda idiota estaba hecha! Se le había olvidado decirle algo sumamente importante a su hermanita.

—¡Ay, mierda! —maldijo en voz baja aquel atontamiento indigno de su persona. Rápidamente se compuso y exclamó, esperando que su voz llegara a los oídos sensibles de la adolescente—: ¡Mich!

La aludida volteó, creyendo haber escuchado su nombre. Apenas alcanzó a divisar a la pelirroja.

―¡Recuerda que Alessia va a estar allá en…!

En ese momento, el altavoz volvió hacer un anuncio, sobreponiéndose al grito de Carmine. Los transeúntes empujaron a Michelle en dirección a la terminal, por lo que ésta tuvo que seguir caminando a regañadientes.

Azhael silbó a su izquierda.

―Houston, tenemos un problema.

Naturalmente, el idiota ganó un puñetazo en el hígado.

No fue hasta una hora después, cuando ya el avión había despegado y les aseguraron que podían quitarse el cinturón, que Michelle reaccionó. Estaba un poco nerviosa porque era la primera vez que viajaba, de paso sola, al extranjero y en avión. No sabía si celebrar el no haberse puesto a gritar cuando el transporte despegó, o avergonzarse al recordar que estuvo a punto de hacerlo.

Como fuere, era una nueva experiencia y probablemente al llegar a Japón se moriría de la risa cuando recordara su cara en ese momento.

Se pasó el vuelo divagando en todo lo acontecido en menos de veinticuatro horas, el hecho de que ahora era heredera de una Famiglia no le caía en gracia todavía y dudaba poder digerirlo hasta durante un par de días más. Por otra parte, agradecía desde el fondo de su corazón la oportunidad que sus hermanos le habían otorgado (aunque no comentaran nada al respecto, sospechaba que el varón también metió mano en todo esto).

—¡Hola!

Michelle se arrimó rápidamente hacia la ventana cuando la chica que al parecer compartía asiento con ella se giró a saludarla repentinamente.

—¡Ah!

La fémina, que claramente no era su compañero del vuelo anterior, se sentó efusivamente en el asiento del pasillo. Michelle recordó vagamente que se encontraba en el Aeroporto di Roma-Fiumicino. Quería llegar directamente al Aeropuerto Internacional de Narita, así que tuvo que bajar en Roma y montarse a otro avión de la Aerolínea Alitalia.

—¿Todo bien? Te vez alterada —comentó su vecina con curiosidad.

No respondió. En su lugar, le dedicó una mirada recelosa, que bien podía interpretarse como un: «¡Qué va, chica! ¡Si yo amo tener arritmias!»

―Oh, ¿te asusté? —lo pilló entonces, la sonrisa intensa nunca abandonándola—. ¡Perdón!

Era imposible comprobar sus especulaciones ya que se encontraban sentadas, pero parecían casi de la misma altura. Quizá tenía metro sesenta y cinco. Su cabello era negro y muy largo, debía llegarle hasta más debajo de la cintura. Era de complexión delgada y su cuerpo humilde, daba la apariencia de ser frágil y con su piel blanca cualquiera podría decir que era enfermiza, pero Michelle sabía que era lo contrario por el saludo de antes. Además, sus ojos rojos estaban llenos de energía.

Estando menos sorprendida, pero no por ello menos incómoda, la Cacciatore se relajó como pudo en el asiento.

—No pasa nada.

—¡Oye! —exclamó repentinamente la chica, con hiperactivo entusiasmo. De fondo se escucharon varios pasajeros quejándose por el ruido—. ¿Cómo te llamas?

Se tiende a presentarse primero antes de pedir el nombre a terceros —murmuró con reluctancia.

Ella, para su desgracia o fortuna, le escuchó.

—Me llamo Alegra —sonrió radiante. Michelle no pudo evitar pensar que el nombre le sentaba como un gante—. ¿Ahora me dirás cómo te llamas?

—Michelle.

—¿Vas a Japón?

Antes de que pudiera contestarle con un sarcasmo, Alegra volvió hablar:

—¡Yo nunca he ido a Japón, pero al parecer tengo una casa allá! ¡Iré a la escuela y me meteré en todos los clubes que encuentre! ¡Practicaré Aikido, Box, Naginata Jutsu, Kendo…!

Menos mal Michelle ya tenía experiencia siguiendo las peleas verbales a velocidad luz de Carmine vs Azhael, porque no le habría entendido un comino a la azabache si fuera de otra forma.

«Es como si mis hermanos no se hubiesen quedado en el Aeropuerto», pensó mientras veía a la muchacha liberar una verborrea del tamaño del Nuevo Testamento.

¿Tendría que soportar eso todo el maldito vuelo?

—¡Arquería, Tenis, Soccer…!

Al parecer, sí.

—Mis padres sólo dijeron «Que te vaya bien» y esta misma mañana me dieron el pasaje. ¿Lo puedes creer? Yo no, ¡es un sueño! Siempre quise ir a Japón, ¡los japoneses tienen tanta cultura interesante…!

Un tic se apoderó de la ceja izquierda de la heredera mientras observaba con asombro a su compañera de asiento. ¿Cómo rayos Alegra no se cansaba de hablar? Tenía horas escuchando una cátedra sobre Japón, la historia de Japón, los barrios famosos de Japón, ¿acaso era una especie de guía turística andante?

Suspiró.

—¡Y eso es lo que quiero hacer! —terminó la pelinegra con una brillante sonrisa.

«¡Al fin!» Celebraron mentalmente en conjunto todos los pasajeros, quienes tuvieron que escucharla hablando durante la mayoría del vuelo. Michelle incluso tenía ojeras porque la cháchara no la dejó dormir.

Cuando la voz del piloto resonó por el altavoz, entendible lo que dijo sólo para sí mismo, los pasajeros intuyeron que pronto llegarían a su destino.

—¡Oh, bueno! —dijo Alegra de pronto, levantándose y colocándose el bolso que puso debajo del asiento cuando llegó—. Fue un gusto platicar contigo, ¡eres muy buena escuchando! Pero ya me tengo que ir.

—Pero faltan unas dos horas para… —la Siciliana le miró con recelo—. No me dirás que piensas saltar, ¿verdad?

—¡Claro que sí!

Importándole nada que las azafatas le pidieron sentarse o los gritos de la gente, cansados de su comportamiento, Alegra abrió la puerta del avión, asustando a más de uno, y dijo:

—Es cuestión de agacharse, rezar, saltar y grit– ¡Ah!

La chica saltó al vacío luego de gesticular lo dicho.

¡Sono finalmente fuori dall'aeroporto, cazzo!

Michelle maldijo en voz alta sabiendo que casi nadie le entendería.

Luego de aterrizar tuvieron que retener a los pasajeros unas tres horas debido al episodio que la pelinegra hiperactiva, y aparentemente desquiciada, ocasionó. Fue una experiencia nada agradable.

Les dieron atenciones médicas para asegurarse de que todos estuvieran bien, pero al parecer sólo fue una excusa para revisarlos indiscriminadamente. Atraparon a varios 'indocumentados' ―gente cuyo falso pasaporte no logró engañar a los nipones― en el proceso, por lo que nadie pudo irse hasta que cada uno de los pasajeros fuese registrado.

La Siciliana tuvo que felicitarse por actuar tan bien cuando las autoridades revisaron sus documentos, además de agradecerle a Carmen por tener contactos eficientes.

Y eso apenas era la mitad de su viaje.

Bufó, pero luego sonrió al pensar en la experiencia tan extraña que acababa de vivir. Cosas como estas no pasaban a jefes mafiosos de Famiglias adineradas quienes contaban con sus propios jets privados.

Salió del Aeropuerto Internacional de Narita, dispuesta a encontrar el metro. Tenía un mapa. No podía perderse.

—¡¿Cómo me perdí?! —gritó al cielo, horas después de su infortunado arribo.

Se encontraba sola en un callejón, ubicado en quién sabe dónde. Destrozada por fatiga, con visibles ojeras, hambre y la estúpida maleta de rueditas y el bolso de mano que ahora le pesaban como mil toneladas gracias al agotamiento.

La voz de su conciencia le susurro divertida: «Te pasa por quedarte dormida en el tren».

Ya que no durmió en el vuelo, cortesía de la romana habladora, la Cacciatore quedó rendida en el metro y por ende se pasó la estación en la que se supone tenía que bajarse.

Eso en sí no fue tan malo. Tuvo que trasbordar en otra estación, pero esta afortunadamente pertenecía a la línea que debía tomar. Empero, llegando a su destino, el viento se llevó su mapa nada más salir.

¿Era una suerte que supiera de memoria la dirección? Sí.

El problema era ubicarse en Namimori.

—Falta que empiece a llover ―masculló.

Un trueno resonó en el cielo en ese preciso momento.

¡Fukou da!

—D-disculpe… —escuchó que le llamaron.

Olvidando mágicamente su rabia, curiosa por encontrar la fuente de aquella voz, Michelle entrecerró los ojos y analizó cuidadosamente los alrededores. Entonces encontró a la dueña.

Se trataba de una chica bajita, a lo mucho medía el metro cincuenta y dos. No poseía busto y su cuerpo era delgado. Sus ojos eran grandes y tan negros como la misma oscuridad, mientras que el color de su cabello era un reflejo de una noche sin estrellas, cortado en mechones disparejos; los más largos llegaban por debajo de su cuello, y tenía un fleco igualmente disparejo que no le ocultaba la mirada pero que sí cubría sus orejas. En ambos costados mantenía sujetos unos mechones casi por los extremos con una banda dorada, dándole la apariencia de unas orejas caídas. También tenía un ahoge.

Ella se escondía tímidamente tras una esquina, que indiscutiblemente conectaba con otro callejón. Estaban en una especie de laberinto donde los caminos eran tan pequeños la maleta de Michelle apenas pasaba.

—¿Está perdida? —le preguntó la chica de negro, sin dejar de usar la pared como alguna especie de escudo.

Michelle asintió.

—Déjame adivinar, ¿igual tú?

—No estoy perdida —dijo aún cohibida, pero con una pequeña sonrisa—. Sólo tomo la ruta escénica.

—Pues somos dos.

—Me llamo Aya, Koganedzuki Aya —se presentó la nipona.

—Michelle Cobain.

Aya sonrió un poco más, pero sin salir de su escondrijo.

—¡Lo sabía, eres extranjera!

—No me digas.

La Cacciatore volvió a intentar guiarse en el lío de callejones, sabiendo que Aya la seguía gracias a su oído agudo.

—Sí —ella ignoró completamente su sarcasmo—. Tienes belleza de extranjera —comentó.

—No soy bella.

—También tienes una linda voz, podrías trabajar de seiyu —Koganedzuki siguió divagando para sí misma, haciendo caso omiso de sus comentarios.

—Lo tendré en cuenta.

Y lo haría, sólo tenía el dinero suficiente para vivir una semana y media en Japón. Tendría que conseguir trabajo para entonces.

Siguieron caminando por un tiempo aproximado de quince minutos. Aya le pareció una chica muy simpática, aunque algo rara, pero tal vez era impresión suya al ser forastera. Se separaron cuando Michelle divisó lo que parecía ser la residencia en la que se hospedaría de ahora en adelante… más o menos.

Koganedzuki Aya ya se había ido antes de poder despedirse.

Encogiéndose de hombros, siguió su camino hacia la que sería su casa temporal. Se hallaba demasiado exhausta para darle vueltas a esas cosas randoms.

Con sólo mirar el apartamento que Carmine le había conseguido, Michelle no dudaba que tenía el lugar gracias a uno de los amantes de su hermana. El apartamento probablemente no tenía nada que envidiarle a una Suite de lujo en el Penthouse de un carísimo hotel de Las Vegas, pero no pudo apreciarlo a detalle, estaba demasiado cansada para eso.

Cerró la puerta, se tumbó en la mullida alfombra y allí se durmió.

Ese viaje de locos por fin había terminado.

Continuará

Nota de la Autora:

| 05/06/2016 – Editado |

Mich tuvo un viaje lunático, ¿no creen?

Aclaraciones:

Aeropuerto Fontanarossa:

Es el Aeropuerto internacional de Catania. Vía Fontanarossa, Catania. Código del aeropuerto: CTA. El aeropuerto de Catania se encuentra a 3,1 kilómetros al suroeste de Catania, en la costa del Este de Sicilia. El aeropuerto se encuentra justo al lado de la autopista A19, que se ubica en dirección oeste hacia Palermo y por el centro de Sicilia.

El Aeropuerto de Roma-Fiumicino:

Con nombre oficial Aeropuerto Intercontinental Leonardo da Vinci (código IATA: FCO, código OACI: LIRF), también conocido como Aeropuerto Internacional de Fiumicino, es el aeropuerto más importante de Italia. Fue inaugurado en etapas entre 1956 y 1961, y desde entonces ha sufrido numerosas obras de expansión. Se encuentra en Fiumicino y sirve a Roma. El nombre original del aeropuerto fue Aeropuerto de Fiumicino, renombrado después en homenaje a Leonardo da Vinci.

Fukou da: (¿Fanáticos de To Aru Majutsu no Index por aquí?) Fukou da generalmente se interpreta como: "¡Que desgracia!"

Sobre el comentario de Aya: como dijo Carmine en el primer cap, Mich canta leendo, y como habrá un par de momentos feel like a musical en algún futuro incierto del fic, le elegí seiyu (actor de voz). Es Hayami Saori (¿Fans de Ayase Aragaki, Musubi de Sekirei, Sachi (SAO), Takagaki Kaede, Yotsugi Ononoki, Yukino Yukinoshita, Miyuki Shiba, Shirayuki, etc?)

Aquí pueden escucharla en caso de no saber quién es: www . youtube (punto com y slash)watch?v = zKuKuaNsElg

Junten los espacios.

En fin, ¿les gustó? ¿Lo odiaron? ¿Me lincharán? Comenten :D