Hola lectores amorosos, gracias por sus reviews! Esperamos que les guste lo que sigue. Cada vez se va a poner mejor. Tenemos muchos capítulos escritos y estamos en instancias finales junto a Nay, trabajando para terminarlo cuanto antes y después seguir publicando tranquilamente. Hasta el momento tenemos mucho para dar así que por eso publicamos seguido esta vez. Un saludo a todos. (Viktor no tiene acento aquí, pero ya verán que no tenemos problemas con ponerle acento a un personaje si hiciera falta). Hecha la aclaración, disfruten!

Disclaimer: Los personajes que les resulten conocidos son propiedad de JK Rowling, con nuestros cambios y locuras. La trama es una idea original de Nay R-HR y yo soy el sol que ilumina su camino :B


Capítulo 2

Ron vivía en un departamento modesto pero realmente muy cómodo y moderno, que no le sería fácil mantener al día si no contara con la ayuda de Viktor. Vivían juntos actualmente. Por dos razones le quedaba cómodo; la primera y más importante para él, se ubicaba cerca de la universidad, y por otro lado, que esto también le interesaba a Viktor, estaban bien cerca de su trabajo y podían ir y venir a su antojo. La realidad era que compartir departamento les generaba el gran beneficio de pagarlo a medias y Ron podía estar tranquilo mientras el trabajo le cubriera los gastos de la universidad también. Para su suerte ya estaba finalizando el último curso. Se acercaba el verano y no veía la hora de tirar la toalla y bajarse del ring… Es decir, no podía esperar a que llegara el momento de dedicarse a lo que le gustaba y así abandonar su actual trabajo.

Pensaba en aquello y a diario se motivaba para seguir en pie. De todas formas no todo era tan malo. Él se empecinaba en dramatizar en vano, y aunque fuera un cascarrabias, Viktor seguía bromeando con él, asegurándole que finalmente le tomaría el gustito al trabajo y que cuando lo tuviera que dejar, lo extrañaría.

—Sí, claro… —masculló para sí mismo mientras chequeaba su correo con cara de aburrido y recargando su cabeza en su mano.

—¡Deja de quejarte, ¿quieres? ¿Llegó la factura del gas o la luz acaso? —preguntó Viktor chasqueando la lengua y volviendo a entrar en la cocina para revisar la cocción del pollo. Mientras tanto, Ron ni respondía—. Soy un crack para esto, debería dedicarme a la gastronomía…

—Dices eso todos los días… —musitó Ron, mientras seguía haciendo cálculos mentales sobre sus posibles notas de exámenes, preocupado por aprobar y dejar el trabajo cuanto antes. Sonó el timbre y ni siquiera le dio la mínima importancia ya que se encontraba verdaderamente abstraído.

—Claro, atiendo yo porque igual no estoy para nada ocupado —aceptó Viktor con sarcasmo total en la frase mientras aparecía por la puerta con un delantal naranja atado a su cintura, cual abuela cocinera.

El moreno abrió la puerta de golpe y no se esperó para nada recibir un efusivo abrazo de lo que reconoció como un destello rubio y pálido. La joven que tenía entre sus brazos sollozaba sin parar y luego de unos segundos se separó azorada y tímida, notando que ese hombre no era particularmente al que había ido a buscar para recibir consuelo. La chica tragó saliva y miró hacia el suelo llena de vergüenza, pero no dejó de llorar en silencio.

—¿Fleur? —preguntó Ron acercándose, sacándole tensión a la situación mientras Viktor se rascaba la nuca y miraba con sus enormes cejas fruncidas hacia la muchacha que nunca le había caído bien y que ahora parecía indefensa—. ¿Qué sucede?

—Yo mejor me voy… —convino Viktor, sacándose el delantal y buscando un abrigo mientras hablaba―. Ya saqué el pollo del horno, si no te importa, Ron, trata de no quemar nada. Hasta luego.

Se fue sin pretender una respuesta dejando solamente que el tintineo de sus llaves en su bolsillo se escuchara mientras él bajaba las escaleras. Fleur dejó que Ron la abrazara mientras seguía llorando un poco más. Y luego de varios golpecitos en la espalda, se separaron y él la guió hasta el sillón.

―¿Qué sucedió, bonita? ―preguntó con ternura, corriéndole un mechón de pelo de la cara.

―Pues, un idiota quiso pgopasagse conmigo… Estaba haciendo mi tgabajo, ya sabes ―explicó ella y se encogió de hombros. Ron la entendió perfectamente. Trabajaban en el mismo lugar y Viktor igual, aunque ella sólo se llevara bien con el pelirrojo.

―Ya te dije que no es un lugar para ti. Los hombres no seríamos fáciles de engañar, pero las mujeres… No es que sea un machista ni nada, pero debes admitir que es peligroso ―inquirió Ron hablando como si le molestara demasiado aquella profesión.

―No sé qué haceg, pego no quiego volveg ―aseguró Fleur. Ron le alcanzó un pañuelo para que se limpiara las lágrimas entretanto―. Merci, Gon.

―De nada. No sé lo que tendrás pensado para mañana pero por lo pronto te quedarás aquí hoy. Y es mejor que cenemos eso que cocinó Viktor porque odia cocinar en vano… ―comentó Ron sonriéndole cariñosamente. La ayudó a levantarse y se dirigieron al comedor. Fleur ni tuvo tiempo de ayudar a Ron porque él enseguida preparó la mesa y sirvió la comida.

―Pego, ¿pog qué el búlgago no vendgá? ¿Se supone que te cocina y él no come su pgopia comida?

―Él es así, ya lo sabes… Además, tú tampoco conseguirías tragar ni un bocado de ese pollo si él estuviera aquí… Lo más seguro sería que se insultaran durante toda la velada ―inquirió casi riendo pero se puso serio de inmediato y la miró fijamente―. Pienso que podría pedirle a mamá que te considere para algún trabajo en la Madriguera.

―No, Gon, segía demasiado… Muchas gacias, en segio, pero yo no quiego que tengas pgoblemas pog mí y…

―Olvídalo… No se hable más del asunto. Hablaré con mi madre, tú no te preocupes… Y come ya que te ves bastante delgada ―le dijo silenciándola por completo, porque si algo se le metía a Ron en la cabeza, nadie se lo sacaba.

Por su parte, Viktor caminaba con las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros negros, apresurando el paso para llegar al metro. Podría usar su coche, claro, pero prefería sacarlo de noche sólo en ocasiones especiales. Le gustaba ir y venir entre estaciones cercanas cuando tenía que pasar el tiempo de algún modo para que Ron estuviera cómodo y solo en casa, ya fuera con alguna chica con la que salía una noche, o en ese caso emergente, con Fleur. No debería irse cuando la francesa pisaba su departamento, pero realmente la situación se tornaba incómoda y él no era el tipo de hombre al que le gustara fisgonear. Aprovechó el viaje para cambiar de aire y no acudir a ningún restaurante cercano en donde lo pudiera reconocer alguna persona vecina, y se instaló en un bar en donde sólo servían típicas comidas rápidas, grasientas, fritas y con desquiciante y apetitoso aroma que le hacía agua la boca.

No pasó demasiado tiempo allí, de todos modos, se llenó el estómago rápidamente y caminó con tranquilidad para tomar el metro que lo llevaría de regreso. Se sentó en el final de un vagón y observó fijamente cómo una muchacha, voluptuosa y ciertamente estirada, sostenía descuidadamente su cartera, mientras sus rizos rubios caían a un lado de su cuello y con una mano mantenía un espejito en alto mientras se repasaba los labios con labial humectante color rosa chillón… Viktor alzó una gruesa ceja y pensó en lo ridícula que se veía esa chica, pero se detuvo al ver cómo un muchacho pillo y mal vestido se paraba detrás de ella, casi rozándola. «Oh, oh, eso no se ve bien», pensó el moreno de inmediato. Llegaron a la estación y la chica se bajó aún con la cabeza en cualquiera lado mientras el extraño la seguía. Viktor debía bajar porque era su estación, y también, porque tenía una corazonada, así que bufando por lo bajo al saber que tal vez estaría metiéndose en un lío, dejó el transporte y los siguió.

La estación estaba desolada a esa hora de la noche. La joven rubia se dio cuenta que la seguían y comenzó a caminar más a prisa. El muchacho descuidado corrió hacia ella y le quitó fácilmente la cartera de un tirón, suficiente hecho para que Viktor llegara corriendo y le estampara un puñetazo en la cara al chico que, asustado, soltó la cartera y se alejó corriendo de allí. No era más que un joven ladrón, y parecía ser la primera vez que lo interceptaban en su intento.

―¡Oh, Dios mío! ―exclamó la chica. No sólo su aspecto era demasiado llamativo, su voz era chillona e insoportable también―. ¡Casi le arrancas la nariz!

―Oye, acabo de salvarte por si no te diste cuenta… ―le dijo Viktor y le tendió la cartera que tomó del suelo―, sería bueno que fueras más atenta, ¿no?

―Fue un descuido… ―admitió sonriéndole coqueta y le tendió una mano―, me llamo Lavender. Muchas gracias por "salvarme".

―De nada… Ya estabas tardando demasiado en agradecer ―dijo entre dientes. Se volteó y comenzó a caminar hacia la calle.

―¡Hey! ¡Qué maleducado! ―gruñó siguiéndolo y haciendo resonar sus tacones por los escalones hacia arriba.

Salieron hacia la calle y Viktor se preguntó qué le pasaba a esa loca que ahora lo seguía.

―¿Te debo algo? ―le preguntó cruzándose de brazos mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en rojo.

―Tu nombre ―dijo. Viktor la miró sin comprender―. Yo te dije el mío.

―Me llamo Viktor, ¿contenta? ―inquirió― deberías irte a casa rápido, no querrás que alguien más te siga y te haga algo peor que robarte…

―Me estás metiendo miedo ―aseguró la rubia mirando hacia todos lados. Viktor comenzó a cruzar y ella lo siguió como en acto reflejo.

―¡Ya, en serio! ¿Qué quieres? ―preguntó Viktor enfrente.

―¡Que me acompañes! ¡Por favor, por favor, por favor! ―rogó histérica mientras él ponía una mueca de incredulidad.

―Me están dando ganas de matarte. ¡Ni siquiera me conoces! ―exclamó con seriedad―. ¿Tienes miedo de ir sola, en serio?

―¡Sí!

―Pues debiste saber que vestida así te sucedería algo como lo de recién o peor…

―Nunca viajo en metro, hoy tuve que hacer una excepción.

―Bueno… Te acompañaré pero sólo para que me dejes en paz ―accedió al ver la cara de pobrecita que ponía.

―Gracias, Viktor ―dijo enfatizando su nombre mientras el otro bufaba y ponía los ojos en blanco.

Más tarde, Viktor llegó al departamento que compartía con Ron y trató de no hacer demasiado ruido al notar que todo estaba en silencio. De todas formas las luces estaban encendidas. Entró y observó que Fleur estaba dormida, siendo abrazada por Ron, que roncaba como siempre y se mantenía a un lado de ella como si estuviera protegiendo a una hermana pequeña e indefensa. Sonrió para sus adentros y apagó las luces, encerrándose en su habitación para poder dormir.

Hermione no había querido meditar demasiado acerca de la idea de Astoria sobre llevar un novio de alquiler. A la mañana siguiente, simplemente ni se había dado por enterada de sus actos hasta que se encontró postrada en su auto, frente a la dichosa agencia, pensando en si salir o no de él y entrar de una buena vez a lo que parecía un lugar serio y recatado desde afuera, y que no sabía qué encontraría realmente dentro. Suspiró. Era cuestión de averiguarlo.

―¿Vas a salir o esperas poder visualizar a tu hombre elegido a través de las paredes? ―preguntó Astoria sobresaltándola. Había olvidado que allí estaba ella, en el asiento de copiloto, acompañándola.

―Creo que... ¡esto es una locura! ―aseguró la castaña tapándose la cara con ambas manos y golpeándose la cabeza contra el volante.

―Pues, no es tan loco como decirle a tu madre y a Lavender que tienes novio sólo porque tu primita te irrita demasiado ―concedió Astoria sin dejar a su amiga relajarse demasiado en el asunto. Hermione la fulminó con la mirada y dijo algo entre dientes―. ¿Qué has dicho?, no te he entendido.

―Que allá voy… ―inquirió volteando los ojos y bajándose del auto de mala gana. Se volteó asomándose por la ventanilla del auto y la miró fijamente―. Ponte al volante y mantén el coche en marcha. Quiero hacer esto rápido y si algo sale mal debemos estar listas y salir cuanto antes a toda velocidad.

―¡Hermione! ―Astoria la miró preocupada pero con diversión evidente―. No entrarás a un grupo de la mafia o algo así, ¡tranquilízate, por favor!

―Nunca se sabe, Astoria, nunca se sabe… ―murmuró, ya dirigiéndose hacia la puerta de la agencia, con su característica elegancia al caminar, ahora eclipsada por su nerviosismo evidente. Astoria vio cómo su amiga se perdía dentro y se preguntó si habría hecho mal en quedarse fuera del establecimiento.

El lugar era normal, dentro de lo que los parámetros que la palabra normal hacen referencia, era arquitectónicamente normal. Aunque la decoración era extraña. Más bien daba la impresión de estar en una galería de arte, de esas escondidas que sólo personas con intención de realizar ventas y compras de obras conocerían. Apenas puso un pie dentro, visualizó los tonos morados, combinados con blanco de las paredes del hall de entrada, allí había un mostrador con un ordenador encima de éste y se suponía que alguien debía ocupar el puesto en recepción, pero estaba vacío. Luego, el reducido espacio de aquel rectángulo en el que estaba metida la castaña, se conectaba con un largo pasillo estrecho e iluminado por tenues luces que guiaban a uno vaya a saber dónde… Hermione se preguntó si debía voltearse e irse de allí ahora que tenía tiempo y nadie parecía percatarse de su presencia, cuando unos pasos acercándose le volvieron a acelerar el corazón. Un hombre apareció al final del pasillo, y como por arte de magia, a medida que se acercaba, los pequeños focos tenues se encendían con más candencia e iluminaban perfectamente a la persona en movimiento. Era rubio y alto, con el cabello bastante repeinado y un rebelde rulo en la frente, sus ojos azules observaron con interés a quien acudía a su establecimiento, curiosos, como preguntándose si esa mujer realmente sabía de qué se trataba aquella pequeña empresa. Hermione supo enseguida que el hombre bien podía estar entre los cincuenta y tantos o sesenta años, pero que fácilmente podía aparentar menos edad con su elegancia y un propicio maquillaje que llevaba perfectamente en el rostro.

―¡Buenos días! ―saludó con una voz penetrante y clara. Sonrió demostrando su perfecta dentadura y tendió una mano a Hermione, que estaba ciertamente en un trance―, mi nombre es Gilderoy Lockhart, soy el director de esta preciosa agencia de acompañantes. ¿En qué puedo servirle, señorita?

―Mi nombre es Hermione Granger y busco un acompañante ―dijo aun pensando que no había sido la mejor manera de comenzar.

El hombre le sonrió todavía más. Por encima de su hombro, Hermione pudo notar que las luces de nuevo se iban encendiendo más a medida que otra persona pasaba por el pasillo y se acercaba haciendo resonar sus tacones en el suelo de madera. La mujer que entró en escena ni siquiera levantó la vista y emitió un bufido leve tras sentarse detrás del mostrador y ajustarse sus anteojos mientras observaba la pantalla de la computadora.

―Seguramente necesita uno, sino no estaría aquí… ―comentó Lockhart―. Aunque a decir verdad, señorita Granger, creí que usted se había equivocado al entrar en mi santuario ―dijo observando todo a su alrededor como si estuviese viendo una mansión alucinante de la cual pudiera estar orgulloso.

―Bueno, en realidad no sé muy bien cómo funciona esto…

―Madame Pince, aquí presente ―señaló a la anciana mujer tras el mostrador―, le tomará sus datos y le hará preguntas sobre su encargo en particular… Yo enseguida estaré con usted, si me permite… ―Hizo un ademán de irse y Hermione asintió, volviendo a ver encandilada cómo las luces se iban tras él.

―¿Nombre? ―preguntó una voz fría en tono aburrido. Hermione levantó la vista hacia la mujer y vio que ésta estaba lista para teclear lo que le dictara, sin siquiera disponerse a mirarla de reojo.

―Hermione Granger ―respondió.

―¿Tienes segundo nombre? ―preguntó deteniéndose en su escritura.

―Oh, sí, no creí que esto funcionara tan seriamente… Es Jean. Hermione Jean Granger ―comentó y siguió contestando algunas preguntas personales como su dirección y teléfono para tener algún contacto. Así estuvo varios minutos hasta que aquella mujer comenzó a preguntarle cosas más puntuales respecto a sus requerimientos.

―¿Tipo de cita?

―No entiendo bien la pregunta… Se refiere a que…

―Si necesita un amigo, un novio, alguien que se haga pasar por su chofer, su primo, su abogado...

―¿Pueden hacer todo eso? ¿Son estafadores o qué? ―interrogó arrugando la nariz. Aquello situación era rarísima, pero parecían verdaderamente profesionales.

―Conteste la pregunta, rápido ―inquirió de mala gana.

―Novio.

―¿Tiempo de duración?

―Una semana… ―La mujer estaba por teclear pero Hermione la hizo detenerse― Aunque… probablemente lo necesite un poco antes… Bueno, ¿puede ser contratado desde ahora? De lo único que estoy segura es de la fecha en que ya no lo necesitaré…

―Debe tener en cuenta que si lo requiere ahora tendrá que pagar por más tiempo ―explicó alzando una ceja detrás de sus gastadas gafas.

―Pues sí, lo sé. Anote desde el próximo lunes, con duración de dos semanas ―convino Hermione sabiendo que sería mejor para poder hablar con el hombre al cual contratase para dejarle todo en claro.

―¿Quiere algo independiente o dependiente? ―Hermione iba a abrir la boca pero la mujer alzó una mano y la miró por primera vez―. Con esto me refiero a que si usted elige dependencia tendremos que estar al tanto de todo, eligiendo vestuario para su acompañante hacia los distintos lugares donde piense llevarlo, usando nuestro propio ingenio para brindarle a usted lo que requiere con precisión, aunque todo lo pagará usted, en cambio sin dependencia, deberá organizarse usted con nuestro empleado, su contratado será llevado por usted a estar presentable de la manera que usted quiera, y hará…

―¡Ya, pare! ―exclamó sintiendo cómo le vibraba el móvil en el bolso. Astoria le preguntaba con un mensaje que qué tal le estaba yendo y por qué tardaba tanto―. Prefiero un independiente, así soy consciente de los gastos ―contestó al guardar el móvil sin responder el mensaje.

―No esperaba menos. Hay que ser idiota para elegir dependencia, o ser un delirado millonario. ―Tecleó unas últimas cosas y pareció hacer una mueca de sonrisa, mientras alzaba nuevamente la vista―. Su ficha está hecha, no tardarán en presentarle a su futuro novio… Debe pasar por el pasillo y seguir hacia la izquierda, donde el señor Lockhart la estará esperando con su ficha impresa. Deben firmar el contrato, usted, el director, y su contratado. Gracias.

Hermione puso los ojos en blanco al pensar que era más fácil que pusieran un robot que repitiera siempre las mismas cosas y así tendría más expresión, seguramente, que aquella mujer poco agraciada. Le devolvió las gracias y se perdió por el fantasmagórico pero moderno pasillo. Tras pasarlo y doblar a la izquierda, había una puerta entreabierta y Gilderoy se encontraba en su escritorio, al parecer ya firmando el contrato. El despacho era más extravagante que el resto del lugar, con algunos autorretratos suyos pintados con diferentes pinceladas y dedicatorias debajo de cada uno de ellos, como si cada autor tuviera algo que alabar a aquel hombre extraño y sonriente. Llamó a la puerta, aunque estuviera abierta, y pasó al interior en cuanto el director del "santuario" asintió mirándola para que entrara.

―Pase, señorita Granger ―dijo dedicándole una cálida mirada―, temo decirle que para la fecha solicitada sólo tenemos un empleado disponible ―aseguró―. ¿Weasley? ―llamó después observando hacia el frente en donde había otra puerta que daba hacia alguna otra parte del establecimiento. A través de ella, haciendo chirriar la puerta levemente, asomó un pelirrojo que terminó de acercarse al escritorio sin mirar directamente a la clienta que a unos metros lo miraba pensando que se le hacía vagamente familiar―. Tienes trabajo a partir del domingo…

El recién llegado giró la cabeza y entonces se encontró con los ojos de aquella joven, y recordó exactamente en dónde la había visto, o mejor dicho, como él y Viktor habían chocado con ella el día anterior, comprobando el mal genio de algunas mujeres. Hermione lo miró con cierta incredulidad y trató de eclipsar su vergüenza a través de otros actos. Se acercó y le tendió la mano y él se la estrechó sin titubear.

―Un gusto, soy Ronald Weasley ―dijo Ron, sin hacer referencia al incidente anterior. Hermione lo agradeció porque no quería que Lockhart supiera que ya se conocían, aunque en realidad sólo de vista y de pasada.

―Hermione Granger, igualmente ―le informó.

―Señorita, le recomiendo que lea los puntos clave del contrato sobre su pedido, y el arancel a pagar, y si está de acuerdo puede ir firmando aquí… ―comentó Lockhart señalándole sobre una línea al final de la hoja. Hermione tomó asiento en una de las dos sillas que estaban frente al escritorio, y comenzó a chequear que todo estuviera bien. Aunque realmente no pensaba tanto en eso, sino en que no sabía si realmente era buena idea llevar a ese chico de acompañante. Pensó en Lavender y tomó el bolígrafo dispuesta a firmar. No era lo más brillante que podía hacer al respecto, pero no quedaría como una ridícula delante de su insoportable prima. Entonces firmó.

―Ya está hecho ―dijo suspirando. Sin notarlo, el director se había marchado de la habitación. Era algo silencioso y escurridizo cuando se lo proponía.

Hermione observó con cierta incomodidad, cómo el chico contratado se sentaba a su lado y leí por arriba el contrato. Vio su expresión frustrada mientras fruncía las cejas y pensó que algo iba mal.

―¿Dos semanas? ―inquirió Ron seguro de haberse equivocado. Alzó sus ojos azules y ella se ruborizó al verlo.

―¿Tiene algo de malo? ―repreguntó ella.

―Sólo es raro, generalmente aquí te solicitan por un día… ―Volvió sus ojos hacia el papel mencionando palabras sueltas que leía de repente―. Novio… Independiente… Reunión familiar ―Se detuvo a firmar mientras silbaba con exageración―. ¿Tengo que fingir desde el lunes? ¿Eres una persona muy sociable que tiende a pasar todo el día con alguien? Lo pregunto para saber si tengo que estar fingiendo todos los santos días a partir de ese…

―Soy sociable pero no como para que tengas que fingir todo el día. Lo único que me interesa es la última semana de mi reunión familiar, pero te contraté desde el lunes para ir… conociéndote un poco… y que tú te asegures de aprender cosas sobre mí, así no meterás demasiado la pata durante aquella reunión ―explicó Hermione con expresión sabionda que a Ron no le gustó nada.

―Ya noté que eres sociable, sobre todo con los tipos con los que te chocas por la calle ―dejó caer Ron, encogiéndose de hombros con inocencia, y aunque ella le enviara una mirada asesina, no pudo replicar porque Lockhart volvió a entrar en el despacho.

Teniendo firmado el contrato, le dio una copia a la joven quedándose él con el original, mientras que le hizo firmar un recibo de pago al abonar la primera mitad del dinero que se completaría cuando finalizara el contrato de Ron.


Este capítulo lo escribí yo.

Gracias por leer!