Castle se despertó en mitad de la noche. Sentía un peso sobre su cuerpo y eso fue lo que le hizo despertarse. Sonrió, sobre su pecho descansaba la cabeza de Kate. La mano de la detective descansaba sobre el estómago del escritor. Cerró los ojos con fuerza, con la sonrisa aún dibujada en su rostro. No podía creer como había terminado el día. Agradecía la aparición de Selena en sus vidas. Si la agente del seguro no hubiese aparecido en sus vidas, seguramente Kate no habría dado el paso de darse una oportunidad. Abrazó con fuerza a Kate, como si quisiese evitar que ésta pudiera huir. Lentamente fue quedándose nuevamente dormido.

Por segunda vez aquella noche una persona se despertó. Esta vez fue Kate la que abrió los ojos. Suspiró, llenando sus fosas nasales con el olor del escritor, el mismo olor que la había vuelto loca desde el mismo día en el que lo conoció. Reprimió una risa sonora. Vale que ella fuese un desastre, pero ahora viéndose entre los fuertes brazos de su escritor, sabía que no había otro lugar en el que pudiese estar. Aquel era su sitio, su lugar en el mundo.

El sonido de su teléfono móvil hizo que abriese nuevamente los ojos, se sorprendió al verse sola en la cama. El verse sola hizo que se olvidase del teléfono, salió de la cama, seguramente él estaría en el aseo pero allí no lo encontró. Salió del dormitorio, bajó las escaleras esperando encontrarlo en la cocina o el salón.

Se dejó caer en el sofá, su cerebro le decía lo idiota que había sido. Tan solo habían dormido juntos y él se había escapado antes del amanecer. Aquello no iba a funcionar, él no había cambiado tanto como ella creía, seguía siendo un idiota mujeriego. Las lágrimas comenzaron a bañar su rostro.

Los repetidos e incesantes golpes en la puerta de entrada hicieron que Kate se limpiase las lágrimas y caminase para abrir. Tan pronto como abrió la puerta se tapó la boca con las manos para evitar así que se escuchase su grito.

Ante ella se encontraba Rick, en una de sus manos un gran ramo de rosas rojas, en la otra una gran bolsa de una tienda. Podía oler los cruasanes recién hechos.

Castle entrecerró los ojos al ver lo brillantes que estaban los ojos de la detective - ¿Qué sucede amor? – Castle dejó en el suelo la bolsa y Kate se aferró al cuerpo del escritor.

-Pensé que te habías ido sin avisar – Dijo ella casi en un susurro. Rick posó su mano libre en la barbilla de Kate levantando así su rostro.

-Quise prepararte el desayuno pero no tenías nada, así que salí de compras- Se explicaba él.

Kate se separó un poco de Rick, momento que el escritor aprovechó para entregarle el ramo de rosas – Son preciosas y su olor es increíble – Dijo sonriendo y caminando con ellas en busca de un jarrón.

Castle dejó la bolsa con las cosas que había comprado para preparar el desayuno, se acercó hasta el fregadero dónde Kate estaba llenando el jarrón de agua. Kate sonrió cuando sintió las manos de él rodeando su cuerpo, echó la cabeza hacia atrás y la apoyó sobre el pecho de Rick.

-¿En serio creíste que me iría sin despedirme? – Kate se giró para poder mirar de cara al escritor.

-Lo siento, mi corazón me decía que habría una explicación pero mi cerebro me gritaba que seguías siendo un mujeriego – Castle suspiró.

-Kate, he deseado formar parte de tu vida casi desde el mismo momento en el que te conocí, ahora que lo he logrado no voy a hacer nada que pueda estropearlo. Pero necesito que confíes en mí. Te quiero y sólo quiero hacerte feliz – Kate posó sus labios sobre los de Rick.

Desayunaron entre caricias, risas y bromas. Kate no podía dejar de sonreír, ahora tenía lo que deseaba desde hacía mucho tiempo, tenía a su escritor a su lado. Y era suyo.

-Kate, debería ir a casa – La detective le miró con tristeza- Debo ducharme y cambiarme de ropa. ¿Qué te apetece que hagas hoy? – Kate le miró con sorpresa – Claro, es sábado, podríamos salir a comer o de compras, o a pasear, no sé hacer alguna de esas cosas que hacen las parejas – Kate se lanzó a los brazos de Rick.

-Patinar – Rick la miró sorprendido- Me apetece que vayamos a patinar y luego podíamos ir a comer.

-Y al cine por la tarde – Concluyó él- Pero en serio ¿quieres ir a patinar? – Kate asintió- Vale, pero te advierto que hace al menos diez años que no patino.

-No te preocupes, yo te llevaré y evitaré que te caigas. Confía en mí – Rick acarició la cara de Kate con infinita ternura.

-Lo hago, contigo iría a fin del mundo con los ojos cerrados – Ambos sonrieron y se fundieron en un gran beso.

Cuando Castle se marchó a su casa la detective se metió en su ducha, estaba radiante, la felicidad que sentía salía por cada poro de su piel. Una vez duchada, decidió arreglar la habitación. Aspiró el olor de la almohada, sonrió, olía al escritor. Una vez arreglada la habitación se vistió, algo informal, iban a patinar. Unos vaqueros, camiseta de manga corta y unas converse negras.

Bajó a la planta baja, las cosas que habían usado durante el desayuno estaban ya recogidas, sonrió al recordar que Castle no le había dejado fregar a ella.

Unos golpes en la puerta la trajeron de vuelta. Corrió hacia la puerta y abrió con una gran sonrosa.

-Cariño llevo horas llamando – Kate apoyó la cabeza en el marco de la puerta - ¿Se puede saber por qué no me coges el teléfono? – Le preguntaba entrando en la casa.

-Lanie, lo siento no me di cuenta – Miró el reloj quedaban veinte minutos para que Castle regresase.

- ¿Me vas contar qué sucede? – Lanie estaba plantada en medio del salón señalando las rosas.

-Nada – Contestó Kate.

-Oh venga cariño. Rosas rojas, frescas – dijo oliendo el aroma que éstas desprendían- Sonríes como hacía mucho tiempo que no veía. Y tenías que haber visto la decepción que se dibujó en tu rostro cuando abriste la puerta y viste que era yo. ¿A quién estás esperando?

-Lanie ahora no. Si te vas ahora prometo contártelo pronto – Lanie alzó una ceja.

-Dios, me estás echando de tu casa. ¿Y tú te llamas amiga? – Kate rodó los ojos.

-Por favor Lanie – Lanie seguía sin moverse – Vale, estoy feliz. Hay alguien en mi vida. Estamos empezando algo, ambos queremos que sea duradero. Y está a punto de llegar para salir a patinar.

-¿Alguien? ¿Eso es todo lo que me vas a decir? – Golpes en la puerta hicieron que Lanie corriese hasta la puerta y abriera - ¿Castle? – Rick miró sorprendido a la forense y vio como Kate soltaba el aire y negaba con la cabeza.

-Lanie, buenos días. Venía a invitar a Beckett a desayunar, ¿te apuntas? – Vio como Kate alzaba una ceja.

-Castle, Kate tiene planes y no me quiere decir quién es el afortunado – Lanie esperaba la ayuda del escritor.

-Vaya, planes. Bueno pues será mejor que la dejemos, mejor no molestar – Lanie le miró sorprendido.

-Seréis cabrones – Dijo mirando a Kate y Rick alternativamente- Estáis juntos. ¿Desde cuándo? – Rick miró a Kate y ambos se encogieron de hombros.

-Mejor dejamos lo de patinar para otro día, ¿no? Mejor hablamos con Lanie – Kate bufó pero sabía que cuanto antes se lo contasen a la forense antes Lanie les dejaría tranquilos.