Al cabo de una medía hora el amplio apartamento de Kane estaba completamente en silencio, solo se oía la lluvia caer y de vez en cuando algún trueno. Kane, se tumbó en su futón y mirando al techo se puso a recordar los momentos pasados con Naomi. Naomi era una mujer única en su tipo. Extraordinaria. Y su hijo no se quedaba atrás, solo con 16 años y ya estaba en la universidad. Y seguro que deslumbrando a sus compañeros. También le rondaba por la cabeza que Naomi no estuviera con su hijo. Naomi arrastraba al chiquillo a todas partes, algunas veces se le podía criticar el poner en situaciones muy poco deseables a un niño tan pequeño. Pero Blair era de la misma pasta que su madre, un espíritu libre, y crecía y enriquecía de cada vivencia. Un Sandburg quieto. Eso le hizo reírse. Sí que el chico era curioso, inquieto y con una inteligencia vivaz, pero cursar unos estudios implicaba una disciplina y una estabilidad que Kane dudaba que un Sandburg pudiera tener. Pero el chico, a pesar de la lluvia, se le veía bien. Incluso podría decir que se le veía mejor que nunca. Sería la adolescencia. Pero había algo que no dejaba a Kane conciliar el sueño. Si se suponía que el chico estaba en Washington estudiando Antropología, que narices hacía a las tantas de la madrugada paseando por la calle. ¿No debería estar durmiendo, descansando para poder afrontar con energía sus clases? Fue entonces que decidió que por la mañana haría uso de sus influencias familiares y haría un par de llamadas, una de ellas al decano de Rainier. ¿Era intolerable que permitiera a un niño estuviera callejeando por Washington de noche? Porque aunque fuera universitario, Blair tenía tan solo 16 años, y si le pasaba cualquier cosa era responsabilidad de la universidad. Y menuda residencia era aquella que permitía a un crío salir de noche. Seguro que Naomi le había buscado la residencia más sencilla y lastimera de todas. Llamaría y haría que lo cambiasen a una mejor, o al menos más seria. Un Sandburg sedentario. Kane no podía parar de reír cada vez que lo pensaba.

Blair estaba en aquella habitación, que había servido de campo base a su madre y a él tantas veces en el pasado. Seguía exactamente igual. Con los mismo cuadros, el mismo jarrón negro con 3 ramitas de cerezo. Las mismas sillas de teca trabajadas con muy buen gusto y la misma mesa de teca y mármol en la que Naomi le gustaba sentarse o ponerse de píe para contarles fantásticas historias a él y a Kane. No solía echar de menos a Naomi. No es que hubiera sido una madre gallina. Más bien era una compañera de aventuras. Blair estaba eternamente agradecido a Naomi, si ella no sería la persona que ahora era y sin ella no había podido conocer tantas culturas y lugares distintos como hizo en su infancia. Pero tras un año viviendo con Jim, le había hecho darse cuenta también de cuanto había perdido: Una familia, un hogar, una seguridad, una tranquilidad y la felicidad de sentirse siempre querido y protegido. Una lágrima se escapó por el rabillo del ojo. Pero ahora lo había perdido todo, Naomi ya hacía tiempo que no estaba y Jim…no podía volver con Jim, no después de lo que había hecho. Blair se quedó finalmente dormido entre lágrimas y pensamientos tristes.

Eran las ocho de la mañana cuando Kane, decidió empezar su día. Se levantó se dio una larga y reparadora ducha. Se vistió y fue a la cocina a preparar algo para desayunar. Como siempre en la puerta del apartamento estaba una cesta con panecillos calientes, mermeladas, alguna fruta de la temporada, la leche y la prensa del día. Recogió la cestita, y dispuso la barra de la cocina para un desayuno para dos. Miró en los armarios en búsqueda de cereales, y encontró pero solo encontró una caja de muesli y no estaba seguro de cuanto tiempo llevaba allí. Llamó al conserje y le pidió que le comprar una caja de Cap'n Crunch, si mal no recordaba, eran los favoritos del chico. Al cabo de 10 minutos el conserje picaba a la puerta de Kane un poco extrañado pero con la caja de cereales en la mano.

Kane, viendo que el chico no se levantaba, se fue a su despacho a hacer algunas llamadas y a mirar la agenda del día.

Eran pasadas las once cuando Blair se despertó, estaba cansadísimo, aquellos últimos días habían sido una pesadilla. Miró su reloj, era realmente tarde, había dormido casi toda la mañana. No quería levantarse, porque eso significaría encarar un nuevo día, una nueva vida. Y estaba aterrado. Ni siquiera sabía si podría regresar a la facultad. ¿Y que sería de él sin estudios ni un lugar donde ir? Quizás Kane…pero se quitó la idea de la cabeza. Kane era muy buen amigo. Pero eso sería abusar de su buen corazón. Y Naomi le había enseñado que jamás se debía poner a la gente que querías en situaciones incómodas, era por eso que jamás se quedaban mucho en un sitio. Finalmente el olor del café acabado de hacer le hizo levantarse. Salió de la habitación para saludar a Kane. Pero no estaba. La cafetera estaba vacía pero aun caliente. Y no había oído la puerta. Decidió llamar a Kane. Aunque Kane les había dicho innumerables veces que podían moverse libremente por la casa y cuando había estado con Naomi así lo habían hecho. Pero después de una temporada con Jim, había aprendido un par de reglas de cortesía.

- ¡Kane! ¡Kaaaaaaaane! (gritando)¿Kane por donde andas?

- En el despacho (Kane gritó para que el muchacho supiera donde estaba) Desayuna primero. Cuando hayas terminado deja los cacharros en el fregadero, dentro de un rato vendrán los de la limpieza.

Blair sonrió, y se sentó en la barra, cereales Cap'n Crunch, hacía un montón que no comía, desde que se fue a vivir con Jim, aquello lo puso triste, pero intentó apartar los malos pensamientos y desayunar. Blair hizo como Kane le había dicho y cunado hubo acabado de desayunar dejó los cacharros en el fregadero. Se desperezó del todo y fue hacía el despacho. Hubiera jurado que había escuchado a Kane hablar con alguien, pero al acercarse a la puerta y detenerse unos instantes intentando averiguar si estaba o no solo, no escuchó nada más.

- ¿Kane? (dijo intentando sonar mayor)

- pasa, pasa (dijo Kane desde el otro extremo de la puerta y Blair abrió la puerta sonriente para hablar con su viejo amigo)

- Hola hijo (Jim Ellison le dijo casualmente mientras ojeaba un álbum fotográfico sentado en una de las cómodas butacas de Kane) ¿Has dormido bien?.