Declaración: Rurouni Kenshin no me pertenece. Sus derechos corresponden a Nobuhiro Watsuki y otros cuantos, pero no a mi. Yo escribo esto por mera entretención, sin fines de lucro y sólo en fanfiction.

La Protegida

Acto dos

"Descanso"

por

Blankaoru

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Kenshin despertó avanzada la madrugada. Aún estaba oscuro, asi que tras salir unos momentos para hacer sus necesidades, regresó para mover las brasas y poner un leño sobre ellas. Se instaló en su sitio de descanso, miró por unos momentos el avance del fuego para asegurarse de que todo estaba bien y luego posó su mirada donde dormía la muchacha.

Ella entreabrió los ojos y miró el fuego, para volver a dormirse. Un hombro desnudo se asomó por entre los trapos que la cubrían y recordando el kimono mojado, Kenshin se levantó a tocarlo. Estaba casi seco pero le faltaba, asi que lo acercó al fuego junto con la manta y otras prendas de ella. Se sentó una vez más y notó que la joven entreabría los ojos y se hacía bolita. Se le ocurrió que tenía el sueño ligero y él no la ayudaba moviéndose tanto asi que se quedó quieto, cruzó sus brazos y se quedó dormido.

La próxima vez que despertó fue porque escuchó un ruido afuera y notó que amanecía. Se levantó de un salto y salió sigiloso a mirar. No habia nadie en los alrededores aunque prefirió no confiarse porque había sentido a alguien y es que él no era el único que sabía de la muchacha y de su posible ubicación.

La tarde anterior venía siguiendo su rastro y cuando se detuvo a comer algo por ahí, escuchó el rumor de que en el pueblo vecino buscaban a una muchacha de ojos azules y que cualquier información sería bien pagada. Otra persona habló sobre una figura que rondaba el bosque y para suerte de Kenshin, la fuerte lluvia hizo desistir a los lugareños de ir a buscarla, que había unos cuantos animados en ese pueblo pobre, donde la promesa del dinero ya tentaba a más de uno. Ahora que no llovía, existía la posibilidad de que alguien estuviera subiendo hacia ellos.

Miró la cabaña.

No salía humo de ella ni había afuera algo que delatara que la estaban ocupando, pero se le ocurrió que el refugio era conocido en los alrededores y sería el primer lugar donde buscarían. Si bien el cielo se encontraba cubierto de nubes y seguía haciendo frío, era urgente moverse, hacer rastros falsos y desaparecer de allí. Regresó al interior y miró a la joven.

El sueño le había arrebolado las mejillas. Era bonita y eso era algo que no se había esperado al tomar el trabajo, pero lo vió como un pequeño regalo a sus sentidos, pues era agradable mirarla. Con naturalidad apartó la vista y se concentró en lo que hacer: Salir de allí, recuperar los documentos de la chica y ponerla a resguardo los cinco meses restantes. Lo último no sería problema, pero lo segundo posiblemente sería más complejo que dejas huellas falsas. Ella tendría que desandar lo ganado y él cubrirla. Había un riesgo en todo eso de tener que enfrentarse a alguien, dado el despliegue de personas buscándola por la zona pero él tenía que confiar en que todo saldría bien. No quería luchar con nadie que la anduviera buscando para que nadie reparara en sus señas ni lo buscaran también. Sabía que su cabello rojo era llamativo y ni hablar de la cicatriz de su rostro.

Sacó el kimono y la ropa interior del colgador y de pronto una idea traviesa cruzó su mente. No entendía por qué de pronto quería hacer tal cosa, pero una risita apenas audible se le escapó. Hizo una bola con la ropa y se la lanzó a la cara.

-Despierta, mocosa.

Con un respingo, Kaoru levantó la cara y vio sus prendas. Kenshin le dio la espalda.

-Ahora vístete, que nos vamos. Tenemos que irnos de aquí. Ahora.

-Está bien.- repuso molesta.- pero no era necesario que me arrojara la ropa. Al menos podría salir de aquí, ¿no?, para que me vista...

-No, no lo haré. Por eso te estoy dando la espalda. Vamos, apúrate. Comeremos algo mientras caminamos, pero debemos irnos ahora.

Refunfuñando, Kaoru salió de entre los trapos un poco incómoda, no tanto por el hecho de que un hombre se encontrara en el mismo cuarto que ella, si no más bien porque le hubiera gustado asearse un poco, aún a sabiendas de que su ropa estaba sucia. No le quiso dar más vueltas al asunto en consideración al frío que hacía, además le ardían los ojos.

-Necesito... ir a... tengo que hacerlo sola, no lo quiero cerca.- dijo al pasar junto a él, camino a la salida.- Quédese aquí, vuelvo enseguida.

Kenshin la siguió en cuanto recogió una bolsa que traía, su esterilla y sombrero para el agua. La chica se volvió molesta hacia él.

-Señor... en serio, quiero privacidad en esto. Me avergüenza...

-Allí hay un arbusto. Suficientemente alto para taparte, suficientemente bajo para no perderte de vista. Allí puedes ir.

-Pero... no me pienso escapar si eso es lo que teme. Tenemos un trato. Usted me protegería, no se trata de celarme tanto.

-Para protegerte debes estar en mi campo visual o en su defecto, a mi alcance. -No quiso mencionar que se podía encontrar con algún jabalí si es que era animal lo que él había percibido.-¿Bien, irás allí o prefieres que te acompañe?

-Dado que le pagaré, creo que debería respetar mis... opiniones con respecto a este punto.- Dijo ella enfadada, con los ojos brillantes. Algo se removió en Kenshin al notar que ella no era tan dócil como le pareció la noche anterior.

-Dado que no me has pagado ni un quinto, se hace a mi manera. No es que me interese mirarte, mocosa, pero el bosque es muy espeso y puedes perderte si te adentras un poco. Me queda apenas comida para compartir contigo, estoy cansado y no quiero gastar la energía que quiero usar para salir de este lugar en perseguirte a tí asi que ahora te vas detrás de ese arbusto y punto.

Kaoru tenía ganas de replicarle a ese tipo, pero de pronto cayó en cuenta de que ella misma se sentía muy cansada y por otro lado, le dolía el bajo vientre por aguantarse las ganas. Mascullando maldiciones se fue a donde Kenshin indicó y levantándose la falda del kimono, se acuclilló. Por un momento fugaz miró a Kenshin, de pie a unos veinte metros de ella y apartando la mirada, apretó los dientes. Tenía muchas ganas de llorar, la verguenza la invadía de modo tal que durante el primer minuto nada de líquido pudo salir. Se sentía tensa.

Ante la idea de que él pudiera acercarse, obligó a su cuerpo a relajarse y vaciar. Sentía sus mejillas arder y tras algunos minutos pudo acomodarse la ropa y salir de allí. No se atrevía a mirarlo a la cara.

-Vámonos.- dijo Kenshin y emprendió en una dirección en tanto Kaoru decidía no hablarle ni dirigirle la palabra hasta la eternidad. Por un momento pensó en hacer un intento de escape sólo para molestarlo, ya que él había reconocido estar muy cansado como para perseguirla pero desechó la idea. Ella no estaba en mejor condición y además, tal vez por dormir en el suelo le dolía todo, en especial la planta de los pies.

Fue por esto que tras unos momentos, las llagas que se hiciera el día anterior empezaron a doler en sus pies desnudos, expuestos a la tierra fría y piedrecillas o incluso, algún pasto picoso. No quería exponerle a Kenshin esta debilidad pero a pesar de su intento por seguir avanzando, comenzó a rezagarse y él lo notó. Se detuvo.

-¿Qué te pasa, mocosa?

Kaoru volvió la cara. El hombre suspiró. Al parecer ella usaba la vieja táctica femenina de mostrar su enojo no hablándole.

Ja!, con las ganas que él tenía de conversar.

Apretando los labios, Kaoru dio un paso y un gesto de dolor la delató. Él la miró atento y entonces reparó en la falta de calzado.

-¿Por qué no me dijiste antes que... ? ¿Hace cuánto que no tienes sandalias?

Kenshin se acercó a ella. Él no traía sandalias de respuesto, apenas un par de galletas en su bolsa y un poco de dinero.

-Muy bien, muévete, falta poco para el río. Allá nos lavaremos y comeremos algo.

Kaoru asintió y se obligó a caminar. Cojeaba y él caminó a su ritmo hasta que su impaciencia le ganó.

-A este paso comeremos mañana.- dijo en un regaño.- Esfuérzate por llegar a la orilla del río, necesito tus huellas.-

La joven hizo caso y cada vez más lento, llegó hasta el lugar indicado. Entonces Kenshin la levantó como si no pesara nada y la sentó en una roca. Se lavó las manos y la cara y regresó junto a ella con un paño mojado que estrujó previamente. Ella se limpió la cara y las manos y al devolverle el trapo, él lo volvió a mojar, esta vez con la intención de lavar sus pies y examinarlos.

Habia pensado que la muchacha exageraba cuando cojeó pero la verdad es que además de enrojecidos, sus pies y tobillos estaban lastimados, con sangre, llenos de rasguños y un par de astillas clavadas. Ella seguía sin mirarlo y sin hablarle y Kenshin puso más cuidado al limpiarla, con cierto pesar al recordar que durante la noche había visto las llagas y no les había dado importancia, incluso las había olvidado esa mañana. Luego sacó una galleta del porte de la palma de su mano y la partió por la mitad, dándole el trozo más grande. También le pasó agua en una caña.

-Con esto nos mantendremos mientras llegamos al otro lado. Buscaremos donde pasar esta noche y puedas descansar porque no es mucho lo que podrás avanzar en ese estado.

Kaoru asintió y comió su galleta lentamente, imaginando que cada pequeño mordisco que daba era en realidad un bocado grande. Su hambre era desesperante, pero entendía que no podía obtener nada más en ese momento. El agua fría le molestó en la garganta.

Kenshin no le prestaba mucha atención. Tenía sus problemas. Que la chica tuviera los pies lastimados a un punto que él temía se gangrenaran era algo malo. No estaba muy seguro sobre en qué lugar exactamente se encontraban y sin sol no podía calcular los puntos cardinales para orientarse, aunque por simple lógica, siempre había asentamientos humanos cerca de los ríos y ese en particular era bastante grande. Lo mejor sería seguirlo y esperar a encontrar donde alojar. Le gustaba la idea de cruzarlo pero la desechó. No le pareció que Kaoru quisiera mojarse más y jamás se secarían con ese clima.

La joven miraba pensativa el agua cuando Kenshin llegó junto a ella. Le quitó la manta con que ella se arropaba el cuello y la rasgó en dos. Antes de que ella protestara, le envolvió cada pie como mejor pudo. Luego tomó la tela con que la había limpiado, que tenía manchas de sangre y tras ensuciarla en el lodo, la desgarró y esparció los trozos por ahí.

-Que crean lo que quieran. No tengo tiempo de planear algo mejor por ahora.- dijo. -Te cargaré sobre la espalda. Pero antes te cubrirás con mi esterilla y mi sombrero, porque podría nevar. También llevarás mi bolsa.

Cuando estuvieron listos, Kenshin siguió su plan de caminar siguiendo en lo posible el río. Sentía los brazos de Kaoru rodeándolo en torno a sus hombros y pensaba que así como estaba, al menos no se le escaparía. Quizá, cuando quisiera ir a aligerar el cuerpo nuevamente, la dejaría esconderse como ella quería, pensando con cierto remordimiento que se había pasado con eso. No es que le interesara simpatizarle pero tampoco quería que lo odiara ya que estarían juntos hasta Julio.

El clima cambió y copos de nieve comenzaron a caer en torno a ellos. Kenshin seguía sin alejarse de la ribera, respirando cansado y viendo su propio aliento salir de él como un vaporcillo blanco, pero a pesar de eso, el frío que podía llegar a sentir era amortiguado en buena parte por el cuerpo de la chica rodeándolo, que por alguna razón no le pareció que pesara demasiado. De pronto cayó en cuenta de que ella temblaba sobre él y se le ocurrió que el calor que irradiaban ambos no alcanzaba para ella.

Sintió ladrar un perro a lo lejos y animado, apuró dentro de lo que podía el paso. Si había un perro, sin duda había alguien cerca. Se concentró en llegar hasta él mientras planeaba qué decir sobre Kaoru a la persona que encontrara para que los ayudara. Podía decir que era su esposa, de modo que les darían una pieza juntos y así podría vigilarla. Era la mejor opción. Si decía que era su hermana podrían separarlos y con la noticia de su búsqueda regándose por la región, no podía perderla de vista.

La joven había dejado de temblar y la capa de nieve poco a poco se espesaba bajo sus pies. Ya sería la última del año pero no por eso sería escasa. El ladrido del perro se hizo más audible y de pronto, una leve tos captó su atención, importándole más que encontrar al animal. Se detuvo y sucedió de nuevo, Kaoru tosió un par de veces.

-Muchacha...-

No tuvo respuesta.

-Oye, muchacha...

Tras varios segundos de silencio, Kenshin volvió a marchar. Tras doblar un recodo y superar un follaje, se encontró en un sitio que le permitió mirar un pueblito en las cercanía. Suspiró de alivio cuando el perro que ladraba entró a su campo visual junto a un hombre enorme que al verlo, de inmediato se le acercó.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Una joven menuda y de rostro agradable mojó un paño y lo estrujó dentro del balde antes de ponerlo sobre la frente de Kaoru. La fiebre era feroz y a su lado, Kenshin observaba preocupado la escena.

-La lluvia nos encontró perdidos en la colina.- explicó escueto. Un niño de unos ocho años entró al cuarto.

-Anji dice que la comida está lista. Dice que los invitados entren a comer.

La joven se volvió al muchacho.

-Dile a Anji que la señora está enferma pero el señor Himura puede acompañarlo, cierto, ¿señor Himura?

Kenshin miró a Kaoru que tenía los ojos cerrados. Todos los síntomas estuvieron allí pero él no los notó o quizá, apremiado por e avance no quiso hacerlo. Al menos ella ya estaba recibiendo cuidados.

-Preferiría estar aquí.

-Comprendo.- dijo la joven.- De todos modos la señora ahora duerme. Por favor, coma usted con nosotros, después de eso le prepararé un baño.

-Muy agradecido.- dijo Kenshin ante tanta consideración y se levantó pesadamente para seguir a la chica, mirando de reojo a Kaoru.

Al salir al pasillo, Kota, el perro se acercó a sus pies a olisquearlo. Jadeó un poco y corrió en dirección a uno de los niños que jugaba con él en el patio.

-Ve a lavarte las manos y dile a los demás que es hora de comer.-ordenó la chica de unos dieciséis años, llamada Tsubaki. El niño hizo caso y pronto, junto a otros que andaban por ahí se metió al comedor donde la mesa con la comida estaba dispuesta. Había sopa de verduras además de otros vegetales hervidos y arroz.

A la cabeza de mesa, el hombre que los encontró, el tal Anji, de cerca de dos metros de estatura, se sentó con ellos. A pesar de su porte y su ancha espalda, irradiaba mucha paz, se movía con lentitud y hablaba calmado. Fueron estas características lo que llevaron a Kenshin a bajar la guardia y confiarle a Kaoru, que estaba enferma y necesitaba descansar.

-Niños, el señor Himura y su esposa necesitan ayuda y se la daremos. Ella está enferma y necesita cuidados asi que no hagan ruido cerca de su cuarto, ¿está bien?.

Kenshin pudo ver las caras de los pequeños, cuyas edades variaban entre los dos años hasta los quince. Le causó cierta gracia ver las caras sucias de los más pequeños. Todos asintieron.

- Tsubame.- dijo Anji a una pequeña de diez años.- Ayuda a Tsubaki y reacomoda a los chicos por esta noche. Ahora daremos gracias por la comida.

Tras una plegaria, todos comenzaron a comer. Kenshin disimuló su hambre aparentando calma mientras tomaba su sopa y comía los vegetales. Había bastante para todos y se sintió tan acogido en ese lugar que cuando Tsubame salió a buscar leña, Kenshin la acompañó al cobertizo donde la guardaban para cargarla por ella y colaborar en algo.

No era un hombre bondadoso, menos al extremo de Anji, pero intentaba ser justo.

-La señora está muy enferma, pero es muy linda. Usted debe quererla mucho, ¿cierto?

-Si, algo así.- mintió.- Lo importante es que se recuperará. Tú y los demás han sido muy considerados con ella.

-Anji nos ha enseñado a respetar a las personas y brindarles nuestra ayuda cuando podemos.- dijo la pequeña recogiendo los trozos previamente picados.

-Ya veo. Él los acoge en este lugar, los educa y todos ustedes crecen juntos.

-Así es. Tsubaki perdió a sus padres en la guerra, mi familia en una epidemia, el mismoo Anji no tiene papá ni mamá. Somos una familia de restos de otras familias, pero nos sentimos bien aquí, él dice que debemos tener esperanzas. Usted es muy afortunado de haber sido encontrado por Anji. No todas las personas del pueblo son buenas como él.

Kenshin pensó en la espada que cubierta como paquete, se encontraba guardada en el cuarto donde dormía Kaoru. Tampoco los forasteros eran buenos, pensó.

-¿Los molestan aquí?

-Algo...- dijo la niña pasándole una pila de leña y recogiendo más.- No entiendo por qué, pero a veces vienen a decirle que debe irse de aquí. Los he escuchado...

-Tsubame, no tienes que contarle nuestros problemas a los invitados.- dijo un chico apareciendo.- No creo que les interese, se irán pronto de aquí.

-Lo siento, Yahiko.- dijo la niña.

Kenshin miró a Yahiko, un muchacho moreno de unos once años y cabellos negros. Este lo miraba con evidente desconfianza.

-Tsubame, te llama Tsubaki. Ve con ella. Yo me hago cargo de esto.

La niña hizo caso a su amigo y al quedarse solos, el niño se dirigió a Kenshin.

-Yo no me trago el cuento como Anji de que te perdiste con tu esposa en el bosque. ¿Qué haces aquí y qué quieres?

La insolencia y valentía de ese muchacho descolocaron a Kenshin.

-Necesitamos ayuda porque ella está enferma, para proseguir nuestro viaje.- repuso tranquilo.- No queremos dañar a Anji ni a ninguno de ustedes. Este encuentro ha sido casual.

-Y si no nos quieres dañar, ¿por qué traes una espada?

-No deberias fisgonear en las cosas de los demás.- repuso Kenshin disimulado su emociones. Le molestaba que Yahiko se hubiera metido en sus cosas. Precisamente para no violentar al dueño de casa había escondido su arma.

-Debo proteger a mi gente.-

A Kenshin le llamó la atención la fuerza que encontró en la mirada de ese muchacho, aunque por mucha determinación que tuviera, no era rival para nadie. Era muy joven.

-Entiendo que Anji está a cargo de ustedes. Debes dejar que los adultos se ocupen de los problemas de adultos.

-Anji piensa que él puede convencer a los Hiruma para que nos dejen tranquilos, pero no es así. Esa gente nos hostiga y Anji les cree cuando ellos dicen que nos respetan. Es demasiado confiado con todos , pero yo los escuché cuando decían que nos sacarían de aquí. Si vienen, aunque Anji dice que no debemos usar la violencia, yo iré con toda mi fuerza a oponerme. A tí tampoco te tengo miedo.

Yahiko tomó más leña y la puso sobre los brazos de Kenshin y luego de coger todo lo que pudo, salió de allí, altivo.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Kaoru despertó por la tarde y Tsubaki le aseguró que estaba bien si descansaba asi que tras comer, hizo caso y permaneció acostada. Sus pies estaban vendados y la joven le había asegurado que le conseguirían sandalias cuando pasara el mal tiempo, porque su esposo había mandado a comprar.

Asumió que su esposo era Kenshin y que seguro andaría rondando por ahí. Prefirió no sacar a la niña del engaño.

-El señor Himura está tomando un baño, pronto vendrá para acá.- dijo Tsubaki. Cuando Kenshin llegó al cuarto la joven salió y Kaoru trató de sentarse, pero con un ademán el le indicó que podía seguir acostada. Se sentó en un lugar cerca de ella y Kaoru rió al reparar en su yukata evidentemente grande para él. Kenshin se miró a sí mismo.

-Me la prestó el dueño de casa.- aclaró con una media sonrisa.- ¿Te sientes mejor?

Kaoru negó con los ojos aún brillantes por el cuadro viral. Se tocó la garganta, le dolía y no podía hablar.

-Está bien, no te esfuerces. Permaneceremos hoy y mañana aquí para que descanses. Luego proseguiremos.

Los ojos de Kaoru eran azules, como el azul del océando, brillantes por la fiebre. No había perdido la conciencia cuando estuvo sobre él en la colina, pero si se había debilitado mucho al punto de quedarse profundamente dormida mientras la gripe avanzaba. Kenshin se sintió un poco incómodo al pensar en eso.

-Oye, no sabía que estabas enferma ni lo demás. Tú tampoco me lo dijiste. En fin, estamos en una especie de orfanato, los cuidadores parecen buenas personas y hay algunos niños. Estaremos bien aquí.

-G-gracias...- dijo Kaoru en un susurro.

-Eres una chica valiente. Esto saldrá bien.- repuso el pelirrojo.-Iré a hablar con Anji para pedirle discreción sobre nosotros y para saber exactamente dónde estamos. Estoy un poco desorientado.- reconoció.

Kenshin salió de la habitación, tras coger su espada y ponérsela al cinto. Había corrido con suerte de que el chiquillo no la hubiera cogido y escondido por ahi.

Cuando Kaoru se vió sola se sentó pesadamente. Se sentía fatal y sucia.

Sin duda lo vivido los días anteriores había mermado su salud. Apretó los puños, sintiéndose impotente porque no tenía fuerzas más que para ir penosamente al baño. Para peor, dependía de un hombre al que, obligada por las circunstancias, le había vendido su alma y su destino. Estaba pensando que si Misao, su prima, no hubiera estado enamorada de Shinomori, ella hubiera podido casarse con él pero por lealtad prefirió dar un paso al lado y elegir el camino más difícil junto al hombre de cabello rojo. Al cambiar sus pensamientos, se recostó en el futón.

Ahora que lo pensaba, esa característica de Kenshin no dejaba de llamarle la atención. Su pelo. Cuando estuvieron en la cabaña y lo miró a la luz de la fogata la primera vez, pensó que el fuego le daba ese tono rojizo, pero cuando él la cargó y ella pudo verlo de cerca, notó como cada hebra brillaba con ese tono tan particular. No podía perdonarle aún la verguenza que la había hecho pasar por la mañana, pero cuando la ayudó y la cargó más tarde decidió olvidarlo al notar que no era tan malo ni despreocupado como parecía. Se fue quedando dormida con el vaiven de su cuerpo y despertó en el albergue, para escucharlo decir que prefería quedarse con ella. Ignoraba por qué había dicho que eran un matrimonio, aunque claro, con ese vínculo entre ambos a nadie le parecería raro que la siguiera a todas partes dentro de la casa y ella no quería eso. No al menos en los lugares o momentos que debía tener a solas. No quería que se repitiera lo de la mañana. Al parecer dormirían juntos en ese ese espacio... prefirió no seguir pensando en eso.

Cuando escapó de la casa de su tío, pensó que tan solo con su determinación podría poner mucha distancia entre ambos y estaba dispuesta a trabajar duro para llegar a Tokio y tomar posesión de su casa, sin depender de nadie, pero la verdad es que los malos tratos recibidos por el asqueroso de Matsusoo Kamiya la tenían bastante delgada y con poco tono muscular, a diferencia de cuando vivía con su padre que podía ejercitarse y ser más resistente a las actividades físicas. El primer día de escape llegó exhausta a la ribera de un río y tras atravesarlo con mucho trabajo, se durmió por ahí en una cueva. Se sorprendió al despertar con el sol ya muy alto y con el estómago gruñendo de hambre pero se levantó al escuchar voces. Entendió que la buscaban y no pudo comer nada porque tenía una prioridad y pudo perderlos. Pero si ahora ella supiera que venía su tío por ella, no podría hacer nada porque su cuerpo le pesaba una barbaridad aunque al menos ya no sentía hambre.

No tenía fuerzas para encaminar sus propios pasos. Dependía de la protección de Kenshin y esperaba que esta fuera buena, al menos el tiempo que demorara recuperarse. La noche anterior él había respetado su sueño y esperaba que esta fuera así también.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Kenshin se sinceró con Anji, aunque a medias.

-Escapamos de un familiar de ella, que le da malos tratos. Precisamente por eso su salud ya estaba debilitada y colapsó esta mañana, ya que hemos sido perseguidos. Yo uso esta espada para protegernos, nuestra intención es avanzar hacia el Este.

-Aunque tu intención es protegerla, empuñar una espada implica la voluntad de matar a alguien.- observó Anji.- Y eso no es bueno. Es contrario al respeto a la vida de las personas.

-Lo sé. Sin embargo parte del respeto a la vida implica ser capaz de defender la propia y ese es mi motivo para blandir mi espada. De todas maneras no soy hombre que busque problemas.

-Cuando un hombre lleva un arma, los problemas suelen encontrarle.

-Cuando no tiene con qué defenderse, los problemas pueden aplastarte.

Anji sonrió serenamente.

-Veo que nunca estaremos de acuerdo.

-Tal vez. Pienso que nuestras ideas, si bien son opuestas, pueden complementarse.-

Kenshin bebió un poco de te y le comentó a Anji que deseaba partir al día siguiente con Kaoru, pero él le recomendó esperar más.

-Sus pies están muy lastimados. Lo mejor es que se quede aquí más días de los que pensamos.

-No quiero molestar. Yo puedo cargarla...

-No se trata de eso, señor Himura. Entiendo que su situación es complicada. Sin embargo usted debe considerar que ella no está en condiciones de enfrentar un viaje. Al menos deme esta semana para mejorarla lo que pueda.

-¿Por qué haces esto?- le preguntó Kenshin.- ¿Por qué tu amabilidad si no nos conoces?

-¿Preferiría que les hiciera daño para justificar el porte de su espada y la desconfianza que vi en sus ojos cuando nos encontramos?

-Claro que no.

-Entonces no haga preguntas y acepte tranquilamente mi hospitalidad estos días. Los niños estan encantados con ustedes, no recibimos visitas muy a menudo, no personas amables como ustedes. Le pediré a los niños que no comenten con nadie sobre su estancia aquí.

Durante el resto del día Kenshin vio la manera de hacerse útil y maravilló a los niños y a Anji con su forma de picar leña con su espada. Al anochecer se guardó junto a Kaoru en su cuarto. Le contó que se quedarían unos días más hasta que ella se pusiera bien y ella pensó que era muy afortunada de poder prolongar la calma que sentía en ese lugar. Kenshin la ayudó a beber una infusión que le había dejado Tsubaki, a llegar al baño en brazos y la cargó de regreso al cuarto manteniendo, dentro de la cercanía física, un estado de distancia con ella. Más tarde la arropó y a pesar de que el futón era grande para los dos, optó por sentarse por ahí, cubierto con una manta. En ningún momento se le pasó por la cabeza acostarse con ella.

Se quedó dormido y ni su sexto sentido lo pudo alertar de los ojos de Kaoru, que lo miraban.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

-¡No puedo creer que no hayan dado aún con ella!- gritó Matsusoo a su hombre de confianza, .- ¡Es sólo una muchacha, no puede haber llegado tan lejos!

-Al parecer llegó a un área boscosa bastante extensa por aquí.- dijo Akinori señalando un punto en un precario mapa de la zona.- Y hace cuatro días se perdió su rastro en ese lugar. Es imposible determinar por dónde siguió, sin entró al bosque o está dando un rodeo. Nuestros hombres no son capaces de buscarla en esa zona y ya hice llamar a los rastreadores. Uno de ellos salió hace dos días y el otro ayer. Espero que puedan dar con ella.

Matsusoo, un hombre de cuarenta y dos años, de buena estatura y algo excedido de peso, pareció complacido con el informe de Akinori, pero había más.

-Con todo respeto, señor Kamiya... no es seguro que luego de entrar al bosque, Kaoru siga con vida. Hay animales salvajes que pudieron haberla atacado. Por otro lado, las finanzas...

-No escatimes en gastos, de las finanzas de encarga otra persona muy eficiente en su trabajo. Tú sólo preocúpate de que ella aparezca.

Akinori se retiró del lugar y Matsusoo se quedó solo, pensando. No había dinero que pudiera pagar el tiempo que él llevaba esperando la maduración de la muchacha, su sobrina, a la que deseaba de un modo en que sólo se podía querer a una hembra. Soñaba con aspirar el aroma de su pelo, lamer su piel y hundirse entre sus piernas y para eso había esperado a que ella quisiera darse a él por cansancio si era necesario, insinuándose y acosándola. Sabía que ella le tenía asco, pues se lo había gritado cuando él tocó sus muslos mientras dormía y eso lo había decidido a llevar a cabo una posesión de ella en cuanto la recuperara, pues era la única forma de tenerla. Luego se la daría a Shinomori, total, las mujeres no solían hablar de esas cosas cuando les pasaban.

Su hija Misao apareció en el umbral de la puerta y caminó hacia él. Era la menor de su prole y única mujer, contaba con dieciséis años y era hermosa y fresca pero a diferencia de su prima Kaoru, que tenía las formas de una mujer en plenitud, Misao tenía una figura flacucha que él mismo dudaba, llegara a alentar a algún hombre alguna vez. A falta de curvas, el rostro de la chica era precioso, con unos ojos verdes heredados de su madre y una boca bonita.

-Padre, vengo a saber noticias de Kaoru. ¿Se sabe algo de ella?

-No, cariño. Tu prima no ha dejado rastro. No estoy seguro siquiera de que volvamos a verla.

-Ya veo, papá. ¿Crees que esté bien?

-No tengo cómo saberlo pero, espero que esté donde esté, se encuentre bien, hijita.

Misao salió del lugar, agitando a su espalda con un suave vaivén su larga trenza negra y a poco andar la sonrisa que esbozó para su progenitor se convirtió en una mueca amarga, porque ella lo sabía.

Ella sabía lo que pasaba entre su padre y su prima y ella misma había ayudado a escapar a Kaoru con la mejor de las intenciones para ella, pero se sentía preocupada al pensar que el mundo para ella pudiera ser más riesgoso que esa misma casa y le pasara algo malo.

Sobre su padre, tenía sentimientos ambivalentes y tormentosos sobre él. Siempre había sido cariñoso con ella, cumpliendo sus deseos como un padre mimoso, pero un día, cuando lo sorprendió forcejeando con Kaoru para darle un beso y más tarde, le exigió explicaciones a su prima, la visión de Matsusoo cambió para ella. Se debatía entre el cariño natural que le inspiraba y la historia en común y la repulsión que le causaban sus actos; por eso, para ayudar a Kaoru, había figido que se desmayaba cerca de la guardia para que en su auxilio, no notaran que Kaoru saltaba el muro que rodeaba la propiedad y aunque tuvo que seguir el juego hasta el final y permanecer el resto del día en cama fingiéndose enferma, sentía que había hecho lo correcto, ayudando a su prima sin ir directamente en contra de su padre.

Escuchó a uno de los sirvientes anunciar la llegada de Shinomori y su rostro se iluminó por completo. Se peinó el flequillo con los dedos y fingiendo naturalidad salió a su encuentro. El que le parecía el hombre más atractivo del mundo apareció ante ella. Con veinticinco años, el hombre de los ojos azules casi celestes le sonrió.

-Hola, Misao. ¿Cómo estás?

-Muy bien.

-¿Se ha sabido algo de tu prima?

-Oh, bueno... nada.- dijo ella juntando sus manos y mirándoselas.- En realidad se ha perdido el rastro, al parecer.

Se sentía un poco culpable al sentir que quizá, con su ayuda, había enviado a Kaoru a una muerte segura fuera de los muros. Pero por otra parte se alegraba, porque desde la desaparición de su prometida, Shinomori Aoshi venía a diario a preguntar por ella y al menos Misao podía interactuar con él algunos minutos, lo que bastaba para iluminar su día.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Kenshin despertó al escuchar un ruido. Se levantó con sigilo y salió fuera del cuarto. A poco andar se encontró a Yahiko sentado, con un palo en las manos.

-Hace mucho frío, muchacho.- le dijo.- No deberías montar guardia. No creo que nadie venga hoy a atacarnos.

-Vete a dormir.- dijo Yahiko.- Yo me quedaré. Este no es tu problema.

-Tampoco es tu problema. No estás en condiciones de defender a nadie. Regresa a tu cuarto y mañana ayuda a Anji y Tsubaki en lo que puedas. Eso es más importante.

Yahiko no hizo caso y Kenshin regresó a su dormitorio. Al día siguiente, luego de comer, Tsubaki apareció ante Kenshin con algunas toallas, ropa limpia y un pote de madera.

-Calenté la tina para ella, que se siente incómoda por su... falta de aseo. Los niños y yo iremos al pueblo a buscar viveres y sandalias para ella. Anji nos acompañará, asi que por favor, siéntanse como en casa. Anji dice que el agua caliente ayudará también a la señora a reponerse. Después debe untar este unguento en sus pies.

Desde luego la idea no cayó bien en Kaoru cuando Kenshin la tomó en brazos y la cargó.

-Te dejaré en el baño para que te laves. Después te ayudaré a meter a la tina porque tus pies no están sanos. No te preocupes, no me quedaré contigo para verte, no es necesario. Sólo no te demores mucho.

Tras meterla en la tina envuelta en una toalla evitando mirarla a la cara, Kenshin salió al pasillo y se sentó por ahí. Diez minutos después Kaoru le anunció que ya estaba lista y en efecto, se había esforzado por salir sola de la tina y se había cubierto prolijamente con la yukata.

-¿Te sientes mejor?- le preguntó al dejarla en el cuarto. Ella asintió.- Oye...- comenzó un poco incómodo, rascándose la cabeza.- Escucha... yo no soy muy diplomático, lo sé. Las cosas que hago no tienen como finalidad molestarte ni incomodarte, sólo quiero que te sientas mejor y te repongas.

-Lo sé. Y gracias.- repuso ella.- Sé que por mi causa estamos perdiendo el tiempo, yo no...

-Tranquila, muchacha. lo importante ahora es que te repongas, recobres fuerzas y ya después correremos sin parar de un lado a otro.

-Está bien.- dijo ella confortada por sus palabras y concentrándose en quitar la humedad de su pelo con una toalla. En eso llegaron Tsubaki y los niños. Los más pequeños le entregaron sus nuevas sandalias y un par de tabi, además de un sencillo adorno que Mako, la más pequeña, quiso poner en su cabello.

-Pero primero debemos peinarla.- dijo Rumiko, de unos seis años. Las niñas quedaron encantadas con el cabello de Kaoru y rodeándola, se turnaban para pasarle el peine. Se esmeraron en ser muy suaves y relajada, Kaoru sonrió tranquila con la agradable sensación.

Fue esa sonrisa la que captó Kenshin al salir y esa expresión lo siguió mas tarde. Se sintió bien de que ella mejorara. Él tenía una idea de cuantos días ella llevaba escapando y le parecía bueno ese tiempo de descanso.

Por la noche, cuando se preparaban para dormir, ella le preguntó si no prefería dormir en un futón, que había visto uno más en el armario. Él le dijo que no era necesario porque dormía cómodo sentado y se instaló en su rincón, tapándose con un cobertor.

La joven lo vio hacer y sin decir más, se acostó sintiéndose mejor respecto a su acompañante.

Se dieron las buenas noches y él apagó la lámpara. Pocos minutos después Kenshin despertó con un fuerte ruido, estaban apedreando la casa y decidió salir al pasillo mientras Kaoru se asomaba a la puerta. Ambos pudieron escuchar claramente que les gritaban que se fuera el orfanato de allí.

Anji salió de la casa y avanzó resuelto hacia afuera.

-No hagan esto, por favor. Hay niños. Los despertarán.

Una piedra llegó a su cabeza, haciéndolo tambalear y Tsubaki gritó de angustia al pensar que podían matarlo. Corrió hacia él y Kenshin decidió ayudar, poniéndose delante de Anji.

-Retírense. Les doy la opción.- dijo resuelto. Vio a un grupo de hombres avanzando hacia él.

-Retírate tú. No es asunto tuyo.

La imagen de Kaoru siendo peinada por las niñas en ese lugar tan pacífico llegó a su mente.

-Tal vez lo sea.

No se ocupó de dar explicaciones porque a su juicio, esos sujetos debían ser aniquilados. Corrió hacia ellos, esquivando con una increíble agilidad los proyectiles que le lanzaron y ya cerca, desenvainó su espada con fuerza y precisión, derribando a los cuatro que tenía delante. Contó rápidamente a diez que le quedaban y antes de que pudieran alcanzarlo, dio un salto espectacular, cayendo en medio del grupo y con un movimiento, golpeando a siete por lo menos en medio del pecho. Esos siete cayeron. Los tres restantes les siguieron.

-No sé qué problema tengan con este hombre, pero si es asi, lo tienen conmigo.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Al dia siguiente, Yahiko indicó a Kenshin a la casa de quien, según él, era el causante de los acosos. Anji le había rogado por la mañana, con un tremendo magullón en la mejilla, que dejara el asunto hasta ahí, pero Kenshin estaba furioso y no quería hacerlo.

-Tus hombres fueron a molestar a Anji anoche.- dijo Kenshin, con un parche en el rostro y su sombrero puesto, a un sujeto gordo y canoso, llamado Gohei Hiruma.

-Mis hombres no pudieron haber sido, porque ellos durmieron anoche en sus cabañas. Son hombres responsables que hoy tenían trabajo que hacer.

-Dudo que puedan hacer algo con las costillas o brazos rotos. De todos modos no fue una pregunta la que te hice. Tus hombres fueron anoche a molestar y les perdoné la vida, pero si regresan no van a llegar enteros. Explícame por qué quieres que Anji y los niños se vayan.

-Porque es un monje. Tiene ideas paganas y es una mala influencia para este pueblo.

-¿Ideas paganas? ¿Bromeas? Si es por eso deberías acabar con todos aquí.

Gohei lo miró con una fingida sonrisa que no llegaba a su mirada.

-Quien se acerque a esa casa lo pagará.- dijo Kenshin mirándolo a los ojos.- Si le haces algo a la gente que vive allí te faltará vida para arrepentirte, porque te perseguiré, allá donde te escondas daré contigo y te cortaré ambos brazos. ¿Entendiste?

-Amigo... no es necesario... -repuso el sujeto nervioso, pero Kenshin no estaba para tonterías. Desenvainó su espada y antes de que el gordo pudiera tomar aire, partió en dos su grueso escritorio de madera, saliendo muy tranquilo de allí.

Yahiko lo esperaba afuera de allí y caminaron en silencio unos momentos.

-Tú eres muy fuerte.-dijo el muchacho.

Kenshin no dijo nada.

-Ayer usaste tu espada pero no los mataste.

-No era mi intención. Además, a Anji no le hubiera gustado.

-Es cierto. ¿Crees que no nos molesten más?

-Por un tiempo, mientras le dure el espanto. Pero volverá, sin duda.

Regresaron a casa, donde los más pequeños jugaban en el jardín, usando unas ramitas como espadas. A diferencia de otros días en que todos querian ser el villano para ser perseguidos, ahora todos querían ser el espadachín pelirrojo. Incluso uno de los chicos se había pintado una cicatriz en cruz aunque en la mejilla derecha.

-Creo que los ha impresionado.- le dijo Kaoru cuando llegó hasta ella.- No han parado de hablar todo el dia de eso.

-Pero cómo, si anoche dormían.

-Sólo algunos. Los más grandes vieron todo y le contaron a los pequeños.

Después de la comida, Kenshin pudo hablar con Anji para determinar exactamente su ubicación. Se dio cuenta de que estaban en un punto intermedio entre el lugar donde Kaoru aseguraba haber escondido sus documentos y el sitio en el que pretendía esconderla.

-Tenemos que irnos por unos días, pero pasaremos de regreso por aquí, tal vez en una semana o dos. Nunca olvidaré lo que has hecho por nosotros.

-Los esperaremos, Kenshin. Muchas gracias por lo de anoche, aunque no era necesario.

-Anji.- repuso Kenshin.- No hay nada malo en ser fuerte y defenderse. Ignoro el por qué de tu postura pacifista, pero pienso que incluso los niños se dan cuenta de que hay una amenaza y se preocupan porque se sienten desprotegidos por ti y eso no es bueno. Por favor, piensa en mis palabras. Debe haber alguna manera de que puedan cuidarse.

-Buda es bondadoso y siempre envía lo que necesitamos si se lo pedimos con constancia. Lo trajo a usted hasta acá y lo volverá a traer. No necesitamos defendernos porque estamos protegidos.

Unos días después él y Kaoru partieron a paso firme. La joven se despidió de los niños y de Anji sumamente agradecida con todos ellos por procurar su bienestar sin conocerla y reestablecer su fe en la humanidad. Siguió al pelirojo sintiendo su cuerpo ligero, entretenida en sus pensamientos sobre diferentes cosas.

-El golpe que les dio fue muy fuerte, sin embargo no los mató y eso me parece extraño. Con esa potencia debió cortarlos.- dijo ella al cabo de un rato, cuando dejaron el pueblo atrás.

-No los podría cortar.- dijo Kenshin.- No era la intención.

-No hablo de intención. Hablo de que no los cortó cuando debió haber pasado porque es lo que sucede con las espadas. Cortan a la gente.

-No iba tan fuerte para eso.

-Mi padre fue Koshijiro Kamiya, un maestro de kendo y él me enseñó durante años el arte de la espada. Aún cuando hace tiempo no practico, puedo detectar los movimientos. No hablo por hablar. Yo sé que hay algo raro aquí, además del hecho de que al parecer, su habilidad está por sobre el promedio.

Kenshin se detuvo un momento y desenfundó su espada. Se la enseñó a la joven y ella notó que la espada que traía tenía el filo por el lado revés mientras que el otro presentaba un canto redondeado sin afilar.

-Creo que tú, muchacha, eres la maestra de espadas aquí. Y muy observadora si te diste cuenta de eso en la noche. No puedo matar a nadie con esta arma, al menos no si no quiero, pero si puedo dar un buen golpe. La mayoría de las veces con eso basta, pero no hablemos de esto y mejor preocupémonos de lo que importa. Según Anji, el próximo pueblo tiene más comercio. Pararemos allí y te compraré un kimono de mujer casada. Quienes te busquen, seguramente andan tras la pista de una mujer soltera y en ese sentido, si vas con el kimono de casada, a nadie le extrañará que lleves la vista baja, asi que tampoco notarán el color extraño de tus ojos.

-¿Usted me dice a mí que tengo los ojos de un color raro? ¿Qué acaso no se ha visto en un espejo? Sólo en el atardecer he visto ese violeta.

-Pues estamos a mano, chiquilla.- repuso Kenshin caminado sin mirarla.- Sólo en el cielo que sigue a un atardecer he visto el color de los tuyos.

Kaoru no supo qué responder a eso y cuando el sol estaba bajando, llegaron al siguiente poblado.

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Fin acto dos

Descanso

Febrero 20, 2016

Notas de autora.

Hola!

No hay mucho que decir al respecto, sólo que ya empezaron los cambios evidentes de la historia. Veremos qué tal queda porque quiero mantener la idea original. Espero que este capítulo no contenga demasiados errores, se me hizo difícil revisarlo.

Con esto, doy por iniciada la temporada 2016 de fanfics como escritora, pero también como lectora, pues tengo que ponerme al día con mis historias regalonas, ya que durante este tiempo me desconecté de mis hobbies primero por asuntos de familia y luego por vacaciones, ya que me fui a recorrer el sur y no me iba a poner a leer si tenía tanto bosque que mirar. En fin, vamos andando.

Abrazos a todas. Espero que les gusten los proyectos de este año.