Caricias compradas


Disclaimer: es más que claro que Twilight nunca fue, es o será mío. La canción se llama caricias compradas y es de banda cuisillos y si la historia es mía.

Summary; La traición, dolor y alcohol pueden ser una peligrosa mezcla en la sangre… pero a Edward Cullen le enseño que aun con carisias compradas se puede encontrar una nueva oportunidad para amar. Un UA.

Advertencia: universo alterno, ooc de los personajes.

N/A: Gracias a Deathxrevenge , lobalunallena & ALEXANDRACAST…


Fuimos un par de desconocido jugando a amarse,

Al llegar a la habitación Edward no tenia la menor idea de como actuar o que hacer, era la primera vez que se encontraba en una situación como esta. Quiso irse, pero en ese instante la chica de cálidos ojos fue la que tomo la iniciativa, así que se acercó al hombre y le beso. Fue lento, suave y apasionado. Edward respondió aquel beso segundos después ante el cálido rose de labios que le proporcionaba la castaña. Y así entre miles de besos y caricias fueros desasiéndose de las estorbosas prendas mientras se dirijan con pasos torpes a la cama.

Cullen la depósito en la cama como si de cristal se tratara, le miraba tan frágil, tan bella, que le deseo aun más, como nunca lo había hecho antes con ninguna mujer. No sabía que le provocaba esta joven, pero había despertado en el ternura y deseo. Algo que nunca había experimentado y así entre besos y caricias le entrego más que solo una noche de placer.

Para la castaña era la primera vez que se entregaba de esa manera. No por dinero, si no por el hecho de haberse sentido mujer tan solo un instante, y el haber tenido el suficiente valor ante los ojos de un hombre. así que sus caricias y besos fueron diferentes para aquel extraño, sus caricias fueron llenas de ternura y pasión y dentro de ella deseaba verle mas seguido, porque por primera vez le vieron como mujer y no como objeto. Y fue él, quien la vio de esa manera.

Para el chico de intensos ojos verdes, las suaves y delicadas caricias que le brindaba la joven fueron desconcertantes. La pasión que ella desprendía en cada caricia que le otorgaba le llamo la atención, miles de veces ha estado con su esposa. Pero Victoria era salvaje y sin ningún miramiento, solo buscaba su placer. Pero con esta fascinante jovencita era diferente. Porque con esta total desconocida por primera vez se sintió admirado, deseado y por alguna extraña razón sintió hacer el amor y no lo que practicaba con Victoria, que era solo sexo.

Entre miles de caricias furtivas ambos amantes se fueron conociendo, gravando, memorizando, amando. Las pequeñas manos de la castaña viajaban de arriba a bajo por el varonil pecho de su amante, mientras le besaba como si en eso se le fuera la vida, como queriendo grabarse la forma y el sabor de los labios de su amante y así enredo sus torneadas y cremosas piernas en la cintura de aquel hombre.

Para Edward el tocar la joven piel de la desconocida era como tocar la mas fina seda tan suave, tan tersa. Sus manos cobraron vida propia al tocarla, quería grabarla en su mente y así en cada envestida sentía oleadas de placer que nunca había sentido con la que se hacia llamar su esposa.

El momento estaba cerca, la castaña sentía desfallecer de placer. Era la primera vez que disfruto de un encuentro, para ser sincera con ella misma y aunque pareciera estúpido sentirlo con un extraño, era la primera vez que se sentía deseada, admirada, amada.

Este extraño hombre le trataba tan diferente, no le lastimaba. Al contrario le trataba con delicadeza, no le hacia hacer cosas extrañas ni denigrantes, al contrario le hacia sentir placer. Aquel que pensó nunca sentiría al estar con algún hombre, pero no, él era diferente a los demás, él la embestía lenta y sensualmente mientras dejaba un camino de besos por su cuello, sus manos dejaban un camino de caricias por sus senos hasta sus muslos.

Lastima que solo fueran un par de desconocidos jugando a amarse, la joven quiso tener una cosa de él, lo que sea, algo que solo le pertenecería a ella y nada más a ella. Entonces se le ocurrió que eso podría ser solo una cosa, y solo podría ser su nombre, quería gritarlo cuando el momento llegara.

— ¿Co-como te llamas? — preguntó entre suaves jadeos.

—Edward…— respondió voz ronca y pausada debido a la pasión del momento.

La ojimiel sonrió al menos tendría algo de él, algo que le perteneciera. Porque de seguro hombres como él, estaban casados y con familia… Algo que le había sido negado a ella.

El hombre aumentó el ritmo y la castaña llego a cielo gritando fuertemente mientras enterraba sus uñas en la espalda de su amante.

-¡EDWARD!- gimió.

Para Cullen el escuchar su nombre en un gemido le fue tan sensual que también llego al clímax y así rendido cayo sobre el pecho de la joven. Después de jadeos y respiraciones entrecortadas el hombre se quiso separar de la chica, pero ella lo impidió.

—Por favor aun no — rogó — quédate un instante mas así, te lo pido.

Edward al ver la silenciosa suplica en sus cálidos ojos miel accedió, además él tampoco quería separarse, al menos aun no. Y así pasaron los minutos y ambos amantes cayeron rendidos en los brazos de Morfeo con una sonrisa plasmada en sus rostros.

El hombre fue el primero en despertar y se encontró que la chica había pasado la noche debajo de él. Pensó que no debió de ser muy cómoda esa posición ya que ella se miraba tan frágil y pequeña ante su enorme cuerpo. Al levantarse sintió como la chica se removía de entre las sabanas pero siguió dormida, por alguna extraña razón no quería despedirse o lo que fuera que se hiciera en estos casos ya que era la primera vez que, por decirlo de una manera, utilizaba esos "servicios".

Se ducho y se vistió rápidamente, pero antes de irse decidió dejarle una generosa cantidad y así marcho de nuevo a lo que era su hogar.

Victoria le estaba esperando en la sala, estaba furiosa porque su marido no había llegado a dormir y eso le fastidio. ¿Dónde estaría a estas horas para no llegar? Y al verle entrar lo primero que se le ocurrió fue lanzarle una serie de preguntas de manera indignada. Edward al entrar a su casa le miró y lo primero que escucho fueron los fastidiosos gritos de su mujer en un interrogatorio masivo por saber en donde había pasado la noche. Las preguntas se arremolinaban alrededor de su cabeza, desde el típico ¿donde estabas? Hasta llegar al ¿Qué hiciste anoche?.

Cullen solo se limito a decir un simple y seco.

-Salí.

Victoria no era demasiado brillante en esos temas, pero sabia que no debía hacer fastidiar a su esposo si quería seguir con esa lujosa vida a la que estaba acostumbrada. Así que dejo el interrogatorio para después que estuviera mas calmado.

Pero al cerrar los ojos de pronto empecé a imaginarme,

Que eres tu la que estaba en mi lecho y no pude aguantarme,

Desde el descubrimiento de la traición habían pasado cuatro meses, para Edward Cullen no fue nada fácil ya que cada que salía de su casa imaginaba que James estaría allí, aunque por una extraña razón no le dolía tanto como imaginaba.

Ya ni siquiera tocaba a Victoria, la pelirroja reclamo un poco de atención de su marido. Para Cullen no fue fácil, al principio se sintió extraño y lleno de repulsión cuando empezó a besarle quería alejarla de él. Pero en el instante que cerró los ojos imagino a la castaña del bar y miles de sensaciones le embargaron, sus besos se tornaron tan dulces, tan tiernos y tan apasionados que Victoria no desaprovecho la nueva faceta de su marido.

Pero Edward no miraba a Victoria, si no a la joven de ojos acaramelados y le hizo el amor como tantas noches deseo hacerlo después del encuentro que sostuvieron aquella vez. Al llegar la mañana Edward se despertó con una enorme sonrisa plasmada en su varonil rostro y la sensación de un cálido cuerpo desnudo a su lado. Pero al mirar el cuerpo que estaba a su lado, sus ojos se endurecieron. No era la cabellera castaña que el deseaba ver, al contrario era una pelirroja que le produjo en sentimiento de desprecio.

Ya no soportaba soñarle y anhelarle. no le importaba su oficio porque aquella desconocida hizo más que agradecerle aquella noche, le quito el dolor de la traición y le robo el corazón y por primera vez se sentía que vivía.

Así que se levanto deprisa y se vistió, era demasiado temprano para ir al bar y buscarle. Así que primero iría al corporativo y después al bar. Las horas pasaron volando y pronto se hizo tarde y con ánimos renovados se dirigió al bar.

Al llegar el cantinero le reconoció no era tan fácil olvidar esa mirada que casi lo asesina así que siguió con el rol de su trabajo.

— ¿Desea un trago? — pregunto al hombre cuando se acercó.

—No— negó Cullen —necesito información.

— ¿Información? — Repitió el cantinero — ¿que clase de información busca?.

—No sé... Si me recuerde— empezó a explicar Edward—pero hace como cuatro meses que vine a este lugar y me ofreció… compañía— Edward Cullen siempre era directo, pero estas palabras le costaron trabajo pronunciarlas.

—Si le recuerdo amigo— respondió el hombre— como no olvidar esa mirada.

Edward frunció el ceño, el cantinero no era un hombre bastante suspicaz, pero si tenía instinto de supervivencia así que cambio de tema.

— Claro, ¿Quiere alguna chica en especial? o la que este desocupada en este momento— el cantinero pregunto como si se tratara de un cliente frecuente pero al ver la cara del extraño hombre que estaba en frente de él pensó que era la primera vez que solicitaba esos servicios— ya veo, es la primera vez que quiere "compañía".

—No— negó rápidamente— bueno, si busco a alguien una joven que estuvo aquí es castaña, delgada y de estatura media — explicaba Edward mientras le daba la descripción al cantinero.

—Mmm, no recuerdo haber visto a alguien así últimamente y ¿sabe su nombre o como le llaman?.

Edward Cullen en ese momento se dio cuenta que aquella joven castaña no tenia nombre, ni siquiera había se había tomado el tiempo de preguntarle, se maldijo mentalmente por olvidar ese simple detalle. El joven negó y el cantinero pensó que era un caso perdido buscar a alguien que no tiene nombre. ya que es muy frecuente que lleguen chicas y solo duren dos semanas en un solo lugar.

—No creo que la encuentre— le explico— las chicas que trabajan aquí solo se quedan por temporadas— ante la cara de decepción de Cullen ofreció la única ayuda que podía— pero hay una opción, puede ir con la chica del fondo— señalo a una rubia— se llama Tanya y ella quizá del pueda ayudar, ella es la que mas tiempo a estado aquí.

Edward le agradeció y deposito unos cuantos billetes sobre el mostrador. Y con paso rápido se dirigió hacia la rubia que al verle sonrió. Era muy apuesto el tipo que se acercaba a ella, así que no desaprovecharía la oportunidad, muy pocas veces tenia la suerte de toparse con sujetos guapos.

—Buenas tardes ¿podemos charlar? — pregunto caballerosamente Edward mientras tomaba asiento.

—Claro, ¿de que quieres charlar cariño? — respondió sensualmente la rubia mientras le guiñaba un ojo.

—Necesito información— contesto secamente el hombre— y me han dicho que tú puedes dármela.

La rubia frunció el seño, era la primera vez que pedían algo más que solo su compañía.

—No lo creo amor, así no funcionan las cosas.

Edward entendió a lo que se refería la sensual mujer.

—¿Cuanto quieres?.

Los ojos de la chica se abrieron enormemente y sonrió, al menos el tipo era inteligente.

—Lo de la jornada y diré lo que quieras.

Cullen sonrió de lado era mas fácil de lo que había pensado, y así después de media hora de descripción por parte del empresario y unas tantas negativas por parte de la chica. Edward Cullen partió del bar.

Así que si conocía a la chica y se hacia llamar "beau" y que no había vuelto a verla por esos lugares.


Gracias a aquellas que me han agregado a favoritos y a alertas…