-¿Y dónde habéis dejado a Remus? –le preguntó a Snape cuando vio que no entraba nadie detrás de él.

-Va a tener que quedarse allí por esta noche. –le contestó con esa fría voz, sin siquiera mirarla a los ojos.

Tonks se quedó un instante agarrada a la puerta, mirando hacia la calle, pero cuando reaccionó la cerro de golpe y corrió escaleras arriba en busca de Sirius.

-Ve con cuidado hija, vas a despertar a la Sra. Black –le dijo Molly al cruzársela por las escaleras y esquivarla de milagro.

Ella siguió subiendo hasta la última planta y pegó con fuerza en la puerta del dormitorio de su primo.

-Pasa. –oyó que le decía.

-Entonces, Lupin se ha quedado allí, en la aldea abandonada. ¿Por qué no te has quedado con él?.

-No puedo. –le dijo mientras colgaba su chaqueta dentro del armario.

-Podrías haberle hecho compañía un tiempo, transformado. –le reprochó. –Sabes que estas noches son muy duras para él.

-Lo sé mejor que tú. –cerró las puertas de madera de roble y la miró. –He pasado mi adolescencia y parte de la carrera, a su lado, al igual que James. Así que no me insinúes que no me preocupo por mi amigo.

-Yo no he dicho eso.. –le contestó algo avergonzada.

-No pasa nada. De todas formas Remus ya es mayorcito, ahora no le hacemos tanta falta, puede controlarlo. –Sirius cogió una carta de la mesilla de noche y se encaminó hasta la puerta. –Lo mismo da que pase la noche allí que en su casa, iba a estar igual de solo.

-Desde hace poco.. no ha estado tan solo en las noches de luna llena. –lo dijo mirando al suelo, pero pudo notar los ojos de su primo atravesarla. –Yo le he estado haciendo compañía y me mata que tenga que estar hoy allí, en esa aldea, sin nadie. Y que os hayáis venido, sabiendo también que ha sido punto de reunión de los mortífagos.

-¿Lupin y tú¿desde cuándo¿por qué no lo habíais contado? –preguntó Sirius con sorpresa.

-Sólo desde hace un par de meses, no queríamos decir nada porque no es nada serio, y por favor no se lo digas a nadie aún¿de acuerdo?.

-Está.. está bien. Cuando estéis preparados, contadlo, porque sé que hay gente que se alegrará de que estéis juntos. –dijo sonriendo. –Me voy abajo, Dumbledore quiere comentar un asunto.

Salieron juntos del cuarto y se encaminaron al salón.

-Y no te preocupes por él, estará bien. Y hay pruebas de que los mortífagos han abandonado ese lugar desde hace bastante tiempo.

Tonks asintió con la cabeza y le vio entrar al salón antes de tomar rumbo para la cocina. Pero cuando agarró el pomo, cambió de opinión. Dio media vuelta, cogió un abrigo negro del perchero y unos guantes, y salió a la calle.

Había hecho aparición en mitad de la aldea. Se ajustó el abrigo al sentir que el gélido aire se colaba por todas partes. Sabía la casa en la que estaba porque lo había comentado Dumbledore al llegar a Grimmauld Place. Así que echó a andar y a los pocos minutos se encontraba en el porche de la entrada. Se tomó unos segundos para respirar y entró.

Al pasar le dio un vuelco el corazón. Remus estaba sentado en el suelo, más bien tirado, tenía la espalda apoyada contra la pared y la cabeza echada en una silla que tenía a su derecha.

-¡Remus! –Tonks corrió y se puso de rodillas a su altura, sin quitarse el abrigo ni los guantes. – Tranquilo estoy aquí, a tu lado.

El aspecto de Lupin era peor que las otras veces que había estado con él. Sudaba muchísimo, temblaba y le costaba trabajo respirar. Los ojos estaban cerrados. No parecía escucharla.

Tonks se quitó los guantes y los tiró sin mirar dónde caían, agarró una mano de Remus y puso la otra en su frente. Al sentir el contacto frío de la mano de ella, él consiguió moverse y entreabrir los ojos.

-Eh! Estoy aquí¿me escuchas?, voy a estar a tu lado –se le rompía el corazón al ver que casi no la reconocía.

-Ve..te, es.. –un golpe de tos seguido de unas convulsiones impidieron que siguiera hablando. Tonks no se apartó de su lado, ayudándolo a mantenerse derecho, - es.. peligroso..

-Lo que es peligroso es que te quedes aquí sentado, no vas a poder moverte en varios días. Ven.

Tiró de las manos de él hasta que por fin consiguió levantarlo y pasándose un brazo por los hombros para servirle de apoyo, lo condujo hasta una de las habitaciones más cercanas. La casa llevaba tiempo abandonada y antes de acostarlo quitó de un tirón una sábana blanca que cubría la cama y lo tendió lo mejor que pudo.

Tomo aire y se sentó a su lado, ahora parecía estar sumido en un ligero sueño. Mejor. Parece que se tomó algo tarde la poción y estaba sufriendo las consecuencias. Se recostó a su lado, sin dejar de observarle.

Habían pasado un par de horas, cuando Tonks abrió los ojos. Vio que Remus seguía sudando y que tiritaba de vez en cuando. Se incorporó para poder mirarle a la cara.

-Estás despierto. –dijo sorprendida.

-Desde hace un buen rato.

Tonks notó como la miraba, podía sentir la gratitud que emanaba de sus ojos y mejor aún, podía notar el cariño que desprendían. Lupin pasó una mano por el pelo corto de ella y volvió a detenerse un instante en su mejilla.

Ella sintió un fuerte nudo en la garganta y se abrazó con fuerza a su pecho. No pudo retener las lágrimas por mucho tiempo más, y así, tendidos en la cama, abrazados, comprendieron que se necesitaban el uno al otro.

Lupin la retiró con delicadeza para mirarla a los ojos.

-¿Sabes que esto aún no ha terminado? Y no me refiero sólo a esta noche. Esto formará parte de mí toda mi vida, estoy atado. –hizo una mueca de dolor que le dejó un instante sin palabras. –No quiero que tengas que pasar tú por esto también

-Te quiero y quiero estar a tu lado. Lo demás no me importa. Sólo falta que tú también lo quieras.

-Más que nada en el mundo. –cerró los ojos y se volvió a tumbar en la cama, con las manos de ella entre las suyas. Tenía ganas de decirle cuánto la amaba y le agradecía que estuviera a su lado. Pero el cansancio era demasiado fuerte, y cada palabra le costaba demasiado pronunciarla, su lado irracional luchaba por salir y él tenía que hacerle frente.

Con una sonrisa Tonks se recostó y cerró los ojos también. Mañana hablarían más tranquilos, aunque estaba todo dicho entre ellos, quería explicarle que Sirius ya lo sabía y que aparte de estar encantado, la había animado a que por fin, lo hicieran público. Quizá el apoyo y la alegría de los demás terminaran de borrar cualquier pequeño miedo que pudiera quedarle a él.

Si, definitivamente, tuvo la sensación de que estaba comenzando una nueva etapa en su vida. Una de las mejores.