N/A: Antes que nada quiero agradecer por los preciosos reviews ^^ quiero imprimirlos y colgarlos en mi pared ;A;
¡Sin más preámbulos aquí está el capítulo dos!
Capítulo 2
La gran ciudad
La constante luz en su rostro anunciaba un nuevo día y que era hora de levantarse. Abrió los ojos perezosamente encontrándose con la habitación-almacén del día anterior, no había rastros de nadie más. Los rayos del sol se filtraban por la única ventana que daba directamente a él, podía escuchar ruido venir de la calle indicándole que la mayoría de la gente ya se encontraba despierta.
Se irguió y se sentó en la cama, ya no le daba vueltas la cabeza y el dolor de la sien ya no era tan intenso y empezaba a desaparecer. Por primera vez en días se sentía con energía, la fatiga se había ido por completo haciendo que el recuerdo de casi haber perecido en el desierto pareciera ya muy lejano.
Empezó a explorar la habitación con la vista, no sabía si era posible pero la habitación parecía incluso más llena de cosas que antes. Se levantó con cuidado para comprobar que podía mantenerse en pie, no notaba nada extraño y sus músculos se movían con facilidad. Estiró cada brazo flexionándolo detrás de la cabeza, todo en orden. Examinó su ropa, aún vestía los pantalones negros que recordaba haberse puesto y su banda del mismo color, su turbante azul con amarillo yacía en la espalda de la silla, junto con la capa blanca de colocaba alrededor de sus hombros y con la que podía llegar a cubrir la cara desde la nariz.
Lo primero que hizo fue colocarse dicha prenda y su cinturón, un pequeño destello en una de las cajas más cercanas captó su atención por lo que asomó la cabeza encontrándose con preciosas telas bordadas con patrones dorados, cada prenda tenía un color y un diseño diferente. Algunas tenían los botones de oro mientras otras tenían alrededor cuentas colgantes. Sin duda la familia de Makoto eran comerciantes muy conocidos así como solicitados. Se acercó a otra caja donde había ropa oscura, tenían bordado un extraño patrón en la espalda, parecía alguna clase de animal de perfil, su forma le resultaba familiar pero no podía reconocerlo por completo.
Se volteó encontrándose con dos pares de orbes verdes observándolo con curiosidad, una niña y un niño con los mismos rasgos del castaño. Los susodichos se sobresaltaron al ser descubiertos y salieron atropelladamente de la habitación, el ojiazul se quedó en su sitio sin saber si seguirlos o esperar a Makoto cuando unas voces en el pasillo rompieron el silencio.
-¡Hermano! ¡Ya despertó!
-¿Se va a quedar con nosotros?
-¡Oye! ¡Yo pregunté primero!
-¡No es cierto!-se escuchaba discutir a los dos niños, sus voces cada vez se oían más cerca.
-Ya, ya. Haru se quedará el tiempo que necesite, solo háganlo sentir en casa ¿de acuerdo?- habló Makoto con su característico tono amable al momento en el que entraba a la habitación, cargando a su hermana con un brazo y el otro sirviendo de soporte al menor en su espalda, quien tenía los brazos alrededor de su cuello. El azabache ahora se daba cuenta de la fuerza del castaño, no hubiera sido mayor esfuerzo para él haber cargado también con su peso desde el desierto, empezaba a sentirse una carga.
Y no solo literalmente hablando.
-¿Cómo te encuentras Haru?-preguntó el más alto, aún sonaba algo preocupado por lo del día anterior.
-Estoy bien -respondió calmadamente, procurando tranquilizar al mayor, sentía que lo peor ya había pasado y ya estaba cerca de recuperarse por completo. Solo tendría que lidiar con los siguientes efectos pos deshidratación, y si al día siguiente se levantaba sin el más mínimo mareo, entonces ya no habría más.
-Me alegro de oír eso, después de desayunar algo iré a hacer algunas entregas y de paso puedo enseñarte la ciudad- y con el mismo tono amable se dirigió a sus hermanos- No tardaremos mucho.
-¡Pero hermano, también queremos ir!
-Podemos salir a pasear en un día libre, así no se aburren haciendo las entregas de papá- dijo mientras bajaba a los mellizos- Pórtense bien mientras no estoy.
-Está bien- dijeron al unísono- tráenos algo ¿Sí? ¡Por favor!
-Claro- respondió con una pequeña risa al final y se dirigió a una de las cajas a sacar algunas telas mientras los pequeños salían de la habitación corriendo por llegar primero a la cocina, dejando a los dos jóvenes solos.
El ojiverde estaba guardando en un morral grande las coloridas prendas que había sacado cuando sus hermanos volvieron a entrar trayendo unos cuencos que desprendían un olor delicioso. A Haru empezaba a hacérsele agua la boca, no había probado bocado en días y la comida tenía muy buena pinta.
-Aquí te dejamos el desayuno hermano- dijo la pequeña colocando el cuenco que llevaba en el espacio libre de la mesita.
‑ ¡Y también trajimos el de Haru!- agregó el menor- Mamá dijo que no olvides pasar por la fuente, te dejó el jarrón al lado de la puerta -dicho eso ambos salieron de la misma forma que hace solo unos instantes.
‑ ¡Haces trampa Ran!
‑ ¡Tú eres muy lento Ren!
‑ ¡No es cierto!
Mientras sus voces se perdían en el pasillo el pelinegro se quedó mirando los cuencos, inseguro si de acercarse primero y tomar uno o esperar. La recámara empezó a sumirse en el silencio de nuevo, lo único que se escuchaba eran las últimas prendas siendo guardadas en el morral, el cual parecía no llenarse nunca. Una vez terminó Makoto fue el primero en hablar.
-Bueno, vamos a comer y salimos ¿está bien Haru?- dijo con una cálida sonrisa- siéntete como en tu casa –añadió viendo la duda en los movimientos del más bajo, él solo asintió y ambos se dirigieron a la pequeña mesa. Tomaron cada uno un cuenco y una cuchara y se sentaron dispuestos a comer.
Estaba delicioso, ambos desayunaban en un silencio agradable. Al terminar el castaño apiló los cuencos vacíos y se dispuso a salir cuando la voz del pelinegro lo detuvo.
-Makoto –el aludido se giró hacia el ojiazul.
-¿Pasa algo Haru? –el otro se acercó sin decir nada e hizo una ligera venia.
-Gracias por haberme ayudado antes, te lo pagaré de algún modo- dijo decidido, el castaño reprimió una pequeña risa.
-Ya te dije que no es nada Haru, con que me ayudes con las entregas es suficiente, ven, por aquí- dijo indicándole el camino, ya que el forastero aún no conocía la casa, la cual era muy grande y con pasillos que se unían entre sí por todas partes.
Bajaron por una escalera hacia un pasillo estrecho cubierto por una cortina desteñida, detrás de la cual estaba una puerta de sólida madera, una vasija enorme con cuerdas alrededor obstruía el paso. El castaño la tomó y se la puso en la espalda, acomodándola con sus ropas y las cuerdas para fijarla bien y que no se cayera, tenía el torso envuelto en una tela verde oscuro con rayas blancas, la cual cubría su hombro izquierdo y era tan larga que llegaba sobre el pantalón blanco hasta más arriba de la rodilla. Debajo del manto rayado estaban dos prendas holgadas de un tono más claro con las mangas hasta los codos.
Antes de abrir la puerta se dirigió a Haru- Antes de irnos hay alguien que quiere verte- el pelinegro lo miró confundido y antes de poder preguntar, el castaño ya había abierto la puerta. Se encontraban en la parte trasera de la vivienda donde un camello estaba comiendo tranquilamente. Cuando vio a Haru empezó a hacer ruido, soltando gruñidos de felicidad y dirigiéndose a toda prisa hacia su dueño. Este llevó su mano hacia la parte de atrás de la cabeza del camélido para acariciarle y calmar al animal, el cual restregaba su hocico contra la cabeza del pelinegro, despeinándolo.
-Estoy bien, estoy bien –trató de tranquilizarle en vano, Makoto se rió ante la escena.
-Casi entra a la casa el primer día que estuviste aquí, te tiene mucho aprecio –Haru asintió en respuesta por fin alejándose del ahora ya más calmado animal y se dirigió al castaño- Entonces vamos- dijo mientras caminaban hacia la calle principal, siempre indicándole al pelinegro el camino y hablando de cualquier tema que pasara por su cabeza. Le explicó que hace solo un par de años el rey había mandado a construir fuentes de agua en diferentes puntos de la ciudad para que los pobladores pudieran consumirla. Y cómo antes, no había nada de eso.
La sequía actual no se parecía a la de años anteriores, esta vez había sido más fuerte y más cruenta, dejando a poblados enteros sin agua. El rey había mandado tropas a los distintos lugares para que trajeran a los damnificados y les proporcionaran agua. Entre tema y tema fue transcurriendo el día, el castaño paraba en la casa respectiva a entregar sus ventas y recibir el dinero, todo siempre con una sonrisa y la amabilidad tan característica de él. A veces Haru se preguntaba cómo lo hacía. Para cuando hubieron acabado con todas las entregas ya estaba bien entrada la tarde. El cielo empezaba a adquirir la tonalidad anaranjada del atardecer y las calles empezaban a vaciarse. El ojiazul no se explicaba cómo había pasado tan rápido el tiempo.
-Buen trabajo Haru –dijo Makoto- ahora solo nos falta llenar el jarrón- el más bajo asintió en respuesta.
Se encaminaron hacia la fuente más cercana, y se desató la vasija de la espalda y se inclinó hacia el centro, jaló la palanca y empezó a llenarla hasta el tope. Mientras tanto Haru decidió dar una vuelta por los alrededores de la plaza donde se encontraban.
-Ya vuelvo –le informó al castaño.
-No te alejes mucho- fue su respuesta.
El azabache había llegado a la esquina de una calle desierta en comparación a las demás, ahí no había tiendas abiertas a todo lo largo, ni mercaderes ambulantes, ni nadie. Sintió curiosidad y siguió caminando hasta que visualizó a lo lejos una construcción muy grande, apresuró un poco el paso hacia el otro extremo de la calle para poder ver mejor. Se quedó boquiabierto en la mitad del camino cuando descubrió qué era, la fuente donde estaba Makoto no era nada comparada con la que podía ver, tan grande que a pesar de estar detrás de un muro alto la distinguía desde esa distancia. Empezó a correr hasta llegar frente al muro de piedra que la rodeaba, una puerta de varios metros de altura se alzaba en medio, subiendo unos escalones. Como si sus pies tuvieran vida propia de pronto se encontró frente a la puerta, el guardia que estaba ahí se le acercó rápidamente, bloqueando el paso.
-No puede entrar –demandó con voz firme y semblante serio - Hoy el rey no atiende audiencias con el pueblo, puede venir mañana.
Haru se fijó por primera vez en el guardia, no había reparado antes en su presencia. Vestía una especie de chaleco abierto azul muy fino, pero tenía blancas mangas largas sin ningún bordado y de otro material, llevaba un cinturón con los bordes dorados, su pantalón hacía juego con las mangas y tenía un calzado alto que acababa un poco más debajo de las rodillas. Portaba un arma en la mano derecha y traía puesto un sombrerito granate con una pluma caída hacia un lado, tenía una especie de guantes negros que llegaban hasta los codos con un borde dorado al final, igual que en el cuello del chaleco y tenía un par de anteojos de metal. Su cabello era de un azulino claro y sus ojos de un tono violáceo.
Antes que este pudiera decir algo más la puerta hizo un ruido y empezó a abrirse desde adentro dejando al guardia perplejo y a un curioso Haru, solo se movió lo suficiente para que pasara una persona y así fue. Un pelirrojo un poco más alto que el azabache se asomó cauteloso, cuando vio al guardia se relajó y salió por completo, cerrando la puerta tras de sí. Tenía una vestimenta muy sencilla, como si quisiera pasar desapercibido, hasta la del guardia era más llamativa. Este pareció palidecer un poco ante las presencia del recién llegado.
-Oi Rei voy a salir a dar una vuelta volveré en un par de horas, te encargo la puerta- habló en un tono autoritario mientras pasaba por su lado despreocupadamente cuando se topó con Haru, mirándolo como si recién se hubiera dado cuenta de que estaba ahí.
-¡P-pero prin-!- se interrumpió a sí mismo el guardia, susurraba visiblemente alterado - ¡No debería salir tan seguido y….
Haru dejó de oír los balbuceos del guardia, tenía toda su atención en el pelirrojo que tenía delante, el cual rodó los ojos con molestia y con un gesto de la mano calló al guardia y fijó su mirada en el pelinegro, quien ahora podía fijarse en sus ojos. Eran de un rojo intenso, la luz del atardecer resaltaba más sus rasgos. Orbes carmesí fijadas en las azules, fuego contra agua, dos opuestos naturales en una lucha por ver quién quedaba de pie. El contacto visual era tan intenso que el azabache podía jurar haber sentido una corriente eléctrica bajar por su columna. El pelirrojo fue el primero en romper el silencio.
-Rei abre la puerta- ordenó sin apartar la mirada del pelinegro- Cambio de planes –añadió con una sonrisa maliciosa.
N/A: Ta-chán! Rin hace su aparición finalmente! Espero os esté gustando la historia, trataré de actualizar el miércoles. Ya acabó Free! y tengo que buscarme una vida, adivinen quien se puso a llorar con el capítulo 12 en plena cabina pública de internet ;A;
Demasiados feels, muy hermoso *o*
¿reviews?
