CREÍA QUE ÉRAMOS AMIGOS

Antonio no estaba molesto por haber quedado el decimoquinto en la clasificación. Nah, eso no importaba. España estaba orgulloso de su cantante de este año, aunque al principio tuviera ganas de matar al descerebrado que había interrumpido su actuación. Pero aquello tampoco importaba. Lo que verdaderamente le cabreaba era que Francia no le hubiera dado a él ni un voto, y sin embargo, el español sí le hubiera dado puntos a Francia. Por eso decidió hacerle una pequeña visita al cabrón traidor, para recordarle lo que tenía que hacer la próxima vez.

—Francia, ¿podrías abrir la puerta? —pidió España, con su mejor sonrisa. A Francis le dio un escalofrío. Sabía a lo que venía el español.

—Esto...es que ahora...ahora estoy muy ocupado...je suis desolé, mais...

—Ocupado mis cojones —España le dio una patada a la puerta estampándola contra la pared y entrando, con una cara que auguraba los peores tormentos para el francés—. Tú y yo vamos a hablar ahora.

Francia empezó a retroceder, con el miedo haciéndole un nudo en la garganta imposible de tragar.

—P-pero...España, espera...te juro que puedo explicarlo, yo...

Antonio lo acorraló contra una puerta y le acarició el pelo mientras sonreía.

—No hace falta que expliques nada, Francis...simplemente te voy a decir una cosa...

A velocidad supersónica sacó su hacha y la clavó en la pared a dos milímetros de la oreja del francés, el cual casi se desmayó. Temblando sin parar y sudando, suplicó:

—Te votaré en el 2011, ¡lo haré! Pero vete, por favor, ¡vete!

—Cállate —la orden de Antonio hizo que Francis se quedara paralizado—. Te diré que...como no me votes el año que viene...te cortaré los huevos. ¿Entendido?

Tener el hacha al lado, tan cerca que podía verse reflejado en ella, bloqueó la capacidad de pensar del francés y se limitó a asentir, aterrorizado.

—Muy bien. Me alegro de que haya quedado claro. Adiós, Francia.

España, sin dejar de sonreír, arrancó el hacha de la pared y se marchó, haciendo sangrar las paredes del golpetazo que metió con la puerta. Francis corrió hacia el salón y cayó hecho un manojo de terror en el sofá. Iba a ser una larga mañana...