Esto está basado en un mundo donde los países fuesen parte de los equipos de fútbol o árbitros. Espero que os guste.

Espero que les guste esta continuación sobre el mundial de fútbol, y ahora una pequeña cuestión: Mañana subiré un capítulo con lemon gerita sobre lo que pasó la noche de la final, por lo que el ratio cambiará a M. Quizás haya gente que no quiera leerlo por lo que simplemente les aviso.

Contestación a los review:

-Yuli: Espero que disfrutes este también ;)

-Amazona de Leo: Siendo argentina quizás no quieras leer el capítulo. Como algo que te animará sale bastante de la relación que tiene Argentina y sus hermanos con papá España y mamá Romano. ¿En la canción en vez de siente no debería ser siete? (?)

Disclaimer: Nada me pertenece, ni Hetalia ni el mundial ni siquiera el árbitro que parece ser odiado por muchos... En fin.

Final del mundial

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Feliciano

Me vestí con la camiseta de árbitro, al igual que mi fratello, quien se quejaba continuamente sobre lo injusta que era la vida al hacerle arbitrar un partido donde jugaba Alemania.

Hice oídos sordos (Como siempre que hablaba mal de Lud) ante sus insultos. Estaba bastante más preocupado por si seríamos imparciales y más aún por si le pasaba algo a Lud ¿Y si alguien le hacía una falta? ¿Y si le rompían una pierna? ¿O si acababa en el hospital por un golpe en la cabeza? ¿O en la espalda, como el jugador brasileño?

No, había que ser positivo. No sucedería nada. Alemania ganaría la copa y yo la apuesta hecha con mi hermano, ve~

Antonio

En las gradas ya comenzado el partido, todos los países del mundo, la infinidad de micro naciones, ciudades o personas prominentes del mundo observábamos el bipolar comportamiento de dos árbitros italianos, mientras el árbitro coordinador hacia malabares para controlar el partido y calmar a los dos históricos, antes de que el de cabello más oscuro matase al otro.

-Antonio, ¿no crees que ese es Lovino?- Me preguntó Francis a mi lado, con una camiseta donde ponía "Prusia awesome", me hubiese gustado animar a Gil, pero no podía hacerle eso a mi hijo.

-Se parece un poco; pero Lovi se portaría así en la final del mundial.- Respondí, dubitativo.

En ese momento se oyó un audible "¡Bastardo! ¡Cómo te atreves a apoyar a los come patatas! ¡Deshonras esta familia!"

-Quizás si es Lovi...- Contesté. Al menos no había comenzado a insultar a los jugadores... Lovi tendría que refrenar un poquito su lengua o le expulsarían del estadio.

-Pero fratello! Ludwig va a...- Ahora que me fijaba esa era la voz de Feli.

-¡Ese estúpido come patatas no va a ganar! ¡Mi hijo se lo impedirá! ¡Argentina! ¡Gana o te desheredo!- ¿Qué había dicho Lovi? ¿Había escuchado bien? ¡Por fin había admitido que teníamos hijos! Menuda sorpresa se llevarían Chile, Ecuador, Perú, Colombia, Uruguay, México,... Espera ¡Los había aceptado por fin!

- Lovi! ¡Has admitido que tenemos hijos!- Grité hacia los dos árbitros que por suerte, se habían acercado a nuestra zona, pero que no me prestaron ninguna atención.

-Pero si no has hecho testamento fratello, solo una carta que ponen "¡Que os jodan! ¡No pienso daros nada!"

-¡Tú a callar! ¡Gana o no te reconozco como hijo!- No debería gritarle esas cosas a nuestro hijo, le desalentaría. Aunque siendo árbitro no puede animar... Pero tampoco insultar a jugadores...

-¡Mama, por vos ganaré!- Gritó desde el césped Argentina, saludando. ¡Qué hijo más bueno tengo! Si se preocupa más por su mamá~

-¡Tu mira a la pelota, imbécil! ¡Qué te marcan! ¡Y no soy tu madre! ¡Soy tu padre!

-Fratello, entonces ¿quién es la madre?- Preguntó Feli, más interesado por nuestra vida que por el partido, y era raro, estaba jugando Alemania.

-España.- Me quejé en voz alta mientras más de una nación soltaba una risotada. Yo era el padre, eso es lo que siempre decían nuestros hijos. Aunque a veces me llamaban madre patria...

-¡Qué familia más grande tienes fratellone! ¡Yo también quiero tener una!- Estaría bien, así mis hijitos tendrían primitos.

-Tú no vas a hacer nada para tener una ¡Te lo prohíbo!

-¿Ve? ¡Pero ya aposté con Alemania!- Algunas naciones escupieron la comida o bebida que tomaban en ese instante al entender las connotaciones de la frase. Yo no entendí el revuelo, yo apostaba muchas veces con mis amigos dinero o cerveza o vino... Quizás apostaron pasta o wurst. Sí, seguramente. A veces Feli apostaba un bol de pasta cuando había un mundial u olimpiada.

-¿Volviste a apostar lo mismo que la última vez?- Feliciano asintió, mientras Lovi maldecía a unas "Patatas violadoras"... Eso no tiene sentido. ¿Había dicho "come" antes de "patatas"? Eso tampoco era muy lógico, aquí todo el mundo come patatas. No creo que quiera llamar violador a todo el mundo.- ¡Imbécil! ¿Cómo se te ocurre volver a apostar eso? ¡Pensé cuando me lo dijiste que era un puta broma!- Pareció tranquilizarse un poco. Menos mal, creía que le daría un ataque y desde las gradas no me dejarían pasar... ¡Qué digo! ¡Por Lovi pasaría a los de seguridad! ¡No fui un imperio por nada!- Da igual esa apuesta, Argentina va a ganar y ese violador de italianos inocentes perderá. No pasará nada.

-¿Y si gana Alemania?

-¡Tampoco! ¡Tú no tendrás sexo con el cabeza cuadrada!- Ahora sí que todas las naciones que oyeron escupieron lo que tenían en la boca. Ni siquiera los jugadores se libraron ante la impresión. Antes las palabras de Lovino, Ludwig tropezó, perdiendo el balón que fue obtenido fácilmente por Argentina. Gilbert a su vez, no pudo parar de reír al ver a su hermano gritar a los dos italianos. Resultado: Alemania jugaba con dos jugadores menos. O sin todo el equipo ante las miradas que echaban alternativamente a las gradas y a su país los jugadores alemanes. Quizás mi hijo gane por varios goles~

Italia

-¡Ese gol no es válido!- Grité ante el gol marcado por el jugador argentino. Claramente, habían estado por delante de la línea.

-¡Claro que lo es! ¡Cállate!- Gritó mi hermano dándome un golpe en la cabeza. Me toqué la zona golpeada, quejándome de la fuerza con la que me había dado. Si no había dicho nada malo...

El pitido y los gritos de protesta por parte de los hinchas argentinos demostraron que yo tenía razón. El fútbol era una de mis pasiones como los gatos o la pasta o Ludwig o la pintura, era difícil que me equivocase.

-¡Árbitro comprado! ¡Seguro que eres del norte igual que el marica de mi hermano! ¡Amante de macho patatas!- Después soltó varias palabrotas que estaba seguro que no podían salir por televisión. Al menos ahora no era a mí a quien quería golpear.

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-¡Eso era penal! ¡Árbitro comprado! ¡Alemanizado! ¡Traditore!- Protestó mi hermano junto a todo los argentinos del estadio por el choque del portero contra uno de los jugadores argentinos.

-Pero el portero no le vio y se lo llevó por delante. Fue sin querer, ¿No ves lo asustado que se ve? Seguro que se siente muy mal por ello.

-¡Ese cabrón lo ha hecho a posta! ¡Si ese llega a ser mi hijo te parto las piernas! ¡Y me da igual lo que digan, hijo de puta! ¡Esto no es el campeonato de kárate!- Siguió insultando al portero sin importarle las miradas que estaba suscitando entre el público más cercano.

-Fratello, señalarle con el dedo de en medio no está muy bien visto para un mundial. Te están viendo en todo el mundo.- Le recordé señalando las numerosas cámaras dirigidas al campo de fútbol.

-¡Qué les den por culo a los que están viendo el partido! ¡Cómo golpees a mi hijo te mato!

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Vi horrorizado como Ludwig caía al suelo tras el impacto de uno de los jugados argentinos.

-¡Ludwig! ¡Ludwig!- Intenté llegar a él, pero mi hermano se lanzó sobre mí, tirándome al suelo bajo él. Forcejeé contra él, intenté evadirme de su agarre, pero su peso y constitución más grande me aplastaban contra el suelo.- ¡Déjame ir! ¡Podría estar herido!

-¡Tú, idiota! ¿Quieres que crean que estás comprado? ¿O que prefieres a los putos alemanes aunque todos sepamos que los prefieres? ¡Quédate quieto! ¡Librarse de ese fliggio di puttana es más complicado que eso! ¡Si fuese tan sencillo habría acabado con él hace mucho!

Al final resultó que tenía razón, a pesar de que el impacto me había dolido con solo verlo, Lud estaba perfectamente, reintegrándose en el partido. Eso no quería decir que no iba a ponerle tarjeta roja.

-¡No le vas a poner tarjeta roja por hacerle una entrada al come patatas! ¡Dame esa tarjeta ahora mismo!- Me alejé de mi hermano quien trataba de apoderarse de las tarjetas que guardaba en mi bolsillo.

-¡No quiero! ¡Tú querías darle una tarjeta en blanco con tu número para después invitarle a algo!

-¡Eso es distinto! ¡Ese tipo merece un premio por hacerle un placaje a esa mole con patas!

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-¡Alemania ha marcado! ¡Vamos a ganar!- Salté de un lado otro. Solo teníamos que aguantar estos últimos minutos y la copa sería nuestra.

-¡Al menos aparenta ser neutral!- Me reprendió Lovino para seguidamente olvidarse de su propia regla- ¡Martín! ¡O marcas o te juro que no te reconozco como hijo!

-¡No digas esas cosas a nuestro hijo, Lovi! ¡Qué le desmoralizas! ¡Tú no hagas caso a tu madre, Martín! ¡Pase lo que pase eres el mejor para nosotros!- Las palabras de Tonio hubiesen quedado muy bien si no hubiese tenido a su lado a más de diez hijos que ahora miraban con odio a su tan aclamado hermano.

-¡La madre lo serás tú, maldito bastardo!

-¡Pero todos piensan que tú eres la mamá!- Ante las palabras de Antonio todos los latinos, por muy cabreado que estuvieran con su padre, asintieron a la vez. Eso no iba a hacerle ninguna gracia a fratello.

-¡Volved a decir eso y os expulso del estadio!- Gritó, menos mal que estaban situados en la primera línea o mi hermano ya se habría quedado sin voz para contestarles. Y todavía más suerte que los otros árbitros estuviesen lo suficientemente lejos como para no oírle insultar a los espectadores.

-Fratello, creo que no podemos hacer eso.- Comenté, intentando calmarle antes de que el árbitro que nos mandaba cumpliese su amenaza y nos expulsase del partido.

-¡Tú cállate y sigue animando a ese fliggios di puttana que tanto te gustan!

Mientras los dos hermanos continuaron armando el jaleo que duraría 120 minutos, el menor de los tres italianos hizo el trabajo que correspondía: Ser árbitro.

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Los pitidos del árbitro de mayor rango dio la señal para señal que indicaba el final del encuentro. Eso significaba... ¡Qué Lug había ganado la copa! ¡El mundial! ¡Ahora era el mejor del mundo!

Entusiasmado ante la victoria alemana, crucé el campo hacia la zona donde estaba Ludwig celebrándolo con sus jugadores y las familias de estos. No esperé que terminase de felicitarles, tampoco me importó que nos estuviesen mirando 78000 espectadores en ese estadio y más de 900 millones alrededor del mundo o la cara que pondrían muchos, incluido su jefa, ante esta demostración de afecto. Simplemente le agarré de la camisa con una mano y la otra la subí hasta la parte posterior del cuello, bajando su cabeza los centímetros necesarios para poder besarle.

Quizás fue la impresión de ganar el mundial o la alegría por la victoria, pero me devolvió un beso que en circunstancias normales nunca lo hubiese hecho. Y con mucho más entusiasmo que normalmente, rodeándome con sus brazos y alzándome unos pocos centímetros del suelo sin separar nuestros labios.

No nos detuvimos, a pesar de los silbidos de más de uno ante nuestro beso. Tampoco faltaron los abucheos, ya sea por ser ambos hombres o yo uno de los árbitros. Me daba igual, quería estar con mi novio.

-Felicidades, Lud.- Le felicité tras separarnos por la falta de aire.- Lo hiciste muy bien.

-Danke.- Dijo estrechándome entre sus brazos. Era posible que todavía no se hubiese dado cuenta de multitud que nos observaban; pero me estaba abrazando en público. Solo había hecho falta ganar un mundial para ello. Aunque ahora tendría que esperar cuatro años más para repetirlo.

-Feli, ¿Sigue en pie la apuesta?- Subí la cabeza, sin creerme lo que acababa de oír, Ludwig diciendo algo así en un lugar donde cualquiera (Incluido mi hermano) podían oírlo. O se está haciendo más atrevido o ganar el mundial le afecta la personalidad.

-Por supuesto.- Esta era una apuesta que no me importaba perder. De todos modos, ambos sabíamos dónde íbamos a acabar al final de todas maneras.- Una apuesta es una apuesta.

Romano

Los putos machos patatas habían ganado y el retrasado de mi hermano no había tenido otra idea mejor que ir a restregarse contra el cabeza cuadrada delante de todas las cámaras que parecían muy concentradas en grabarles morreándose. Muy bonito para ellos, pero mañana será a mí quien le va a tocar aguantar todos los rumores sobre si el árbitro estaba comprado. Podrían pensar antes de actuar; pero como no son ellos lo que se joden no importa.

Ya insultaría después a esos fliggios di puttana, ahora otra persona me necesitaba. Zigzagueando entre los derrotados jugadores argentinos, llegué hasta uno de mis hijos (No biológicos, joder, no piensen cosas raras, malditas pervertidas. ADOPTADOS.), Martín, quien miraba la copa que ya no sería suya.

-Argentina...

-Lo siento, má. No pude vencerles, pero para la próxima les ganaré. ¿Sigo siendo tu hijo?- Preguntó, aterrado por la respuesta de la última. ¿Tan asustado estaba por lo que diría? Quizás me pasé un poco con lo de no reconocerlo, pero, cazzo, estábamos en medio de la final. Uno dice esas cosas sin pensarlas.- Che, que les ganaré.

-No me importa que no le hayas ganado. Dentro de cuatro años, la vendetta será nuestra. ¡Levántate!- Tiré de él hacia arriba, perdonándole incluso que me hubiese llamado "mamá". ¿Cuándo se hizo más alto que yo?- ¡Ningún hijo se va a comportar de esa forma tan poco grosa! ¡Y Argentina no puede dejar de ser groso!

-Tenés razón, Soy Argentina, soy re groso. Da igual que el boludo ese me haya ganado, en las próximas seremos como Holanda ¡Le repatearemos a Alemania!

-Hablando de un inútil...- Murmuré, notando como todos mis hijos ADOPTADOS y el bastardo se acercaban para animar a Martín. Les dejé rodeándole mientras arrastraba a Antonio lejos de ellos, tenía que comentarle algo y nadie podía oírme. Bastante horrible era que tuviese que retractarme de mis palabras, maldito Feliciano y sus apuestas ¡Esta era la última!

Mientras el bastardo tomate repetía una y otra vez lo bien que había manejado a Argentina y que quería ir a hablar con el sudamericano, tiré de él hasta una de las esquinas del estadio, casi vacía por los numerosos argentinos que habían salido del estadio ante la derrota.

-Retiro el castigo, ya te puedes largar.- Dije con un ademán seco, sin mirarle. Los cinco meses, más uno por hacerme esperar el otro día, de castigo ya no tenían ninguna validez. Los noventa minutos que me hizo estar con esa maldita camisa y animándole habían quedado sin venganza. Puta apuesta, putos alemanes y puto hermano pequeño. Pero la cumpliría, era un italiano de palabra. Capisci?

-¿Eh? ¿Los seis meses? ¿Todos?- Ahora no era tan despistado como siempre. Maldito interesado. Para lo que quería era muy despierto.

-Sí. Ahora largo.- En ese momento, se me ocurrió una idea, una idea fantástica, a pesar de ser medio... ni siquiera puedo decir la palabra, solo pensarla sin un insulto delante de la palabra en cuestión me daba arcadas. Pero sería un plan perfecto.- Espera. Te perdonaré los seis meses, pero a cambio esta noche vamos a hacer...- Mi tono no daba lugar a quejas, era eso o serían 12 meses y a la mierda la apuesta.- Una recreación... Del Holanda- España. En la cama.- Se congeló al entender lo que implicaban mis palabras, su cara haciendo una mueca al entender quien sufriría cinco veces. Solo por esa cara valían los seis meses.- Adivina quién estará abajo.- Finalicé alejándome y volviendo con mi hijos mientras Antonio se quedaba quieto en el mismo sitio donde según él le había dado una de las noticias más fatídicas de su vida.

La venganza podía llegar a ser muy dulce.

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¿Les gustó? Espero que sí. Un pequeño oneshot por la victoria.

Como siempre, las opiniones me levantan la moral, así que ya saben :3 Al igual que favoritos o seguir :)

Tschüss ^^

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