Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Stephenie Meyer y la historia es una adaptacion de Shayla Black.
Capítulo 2
La fiesta fue una verdadera tortura. Los festejos del Día del Trabajo, la cerveza fría y los buenos amigos aparte, ver a Bella en bikini rojo sangre por poco no había sido la ruina de Emmett. La pálida turgencia de sus pechos casi desparramándose del sostén de su bikini, esa cintura tan ridículamente pequeña por encima de las caderas escandalosamente exuberantes y los muslos… Maldita sea, se puso duro otra vez sólo de pensar en ella.
Vaya mierda que no fuera el único empalmado por Brlla. Emmett hizo una mueca. Los sentimientos de Edward por ella eran profundos, verdaderos y duraderos, y Jasper, un hombre conocido por no detenerse ante nada ni nadie una vez comprometido, tenía la intención de convertirla en su sumisa. Sin embargo, Emmett se negaba a salir a la fuerza de la vida de Bella por lealtad o autoridad. Él ardía por cada pedacito de ella tanto como los demás.
Pronto, él le haría ver eso. De algún modo.
Jasper podría haber proporcionado un plan para que pudieran enterarse de los sentimientos de Bella. Edward podría haber proporcionado la clave para que pudieran investigar lo que podría estar en su corazón. Pero Emmett tenía la intención de aprovechar al máximo la oportunidad de hacerla suya.
Se había escabullido durante la fiesta más temprano y había hecho algo ideado para asegurarse de que Bella llamaría a Emmett esta noche después del encargo falso de su jefe, entonces lo invitaría a pasar. Todo lo que tenía que hacer era esperar.
Caminando de arriba abajo por el dormitorio, clavó la mirada fuera de la ventana otra vez… directamente en la de Bella. A Dios gracias, su hermosa vecina nunca cerraba las persianas.
Finalmente, ella entró en la habitación y se despojó de su vestido de playa. La parte superior del bikini le siguió, a continuación la de abajo… y ella se quedó de pie dichosamente desnuda. Y bellísima.
Emmett anhelaba que las paredes, las ventanas y las verjas no los distanciaran. Mataría por ver esa piel hermosa de cerca. Por tocarla.
Para lograr su cometido personal, tenía que ayudar primero en el colectivo.
Rápidamente envió un texto a Jasper:
Finalmente todo el mundo se ha ido. Llámala ahora.
Menos de treinta segundos más tarde, Bella saltó, se pasó el vestido sobre la cabeza y bajó como una flecha al vestíbulo.
Un minuto más tarde, Emmett estaba tranquilo mientras abría la puerta principal con la llave de Edward y se deslizaba dentro, cerrando detrás de él. Probablemente debería esperar para ver si Jasper podía sacarla de la casa para este "mandado", pero la impaciencia lo exasperaba. Además, para salir, Bella tendría que cambiarse de ropa… Lo que significaba que tendría que desnudarse primero. No podía pasar por alto la oportunidad de verla de cerca y en persona.
Una vez dentro, Emmett oyó a Bella en el teléfono, yendo y viniendo por la cocina. Los tonos respetuosos que usaba con Jasper lo sacaban de sus casillas.
—He bebido demasiado para conducir hasta la oficina esta noche, señor, pero le prometo que estaré allí temprano y terminaré de corregir el texto de ese informe para usted.
Un momento más tarde agregó:
—Tomé dos margaritas más después que usted se fue —a continuación—, no me di cuenta que necesitaría mi ayuda esta noche. —Ella suspiró—. Me doy cuenta que eso no es bueno para mí. Lo siento, señor.
Bella se movía inquieta.
—No, no tengo planes para el almuerzo —otra pausa—, mi trabajo es ayudarle de cualquier manera que pueda, señor. Contaré con asistir a la reunión con usted. ¿Necesita que haga reservas para el almuerzo?
Emmett hizo una mueca ante el tono de Bella. Sonaba jadeante, casi excitada. A su jefe le gustaba atar a las mujeres y mangonearlas. Por un lado, le molestaba. ¿Suindependiente Bella metida en eso? ¿En serio? Por otra parte, la idea de ver a Bella amarrada y lista para aceptar lo que fuere que él quisiese darle lo calentaba. Le gustaba más la imagen sin Jasper en ella.
Suspirando, Emmett apartó la idea a un lado y atravesó lentamente el vestíbulo y la sala de estar, rodeando la parte de atrás del comedor, luego asomó la cabeza en la cocina y el estudio. Tuvo suerte; Bella estaba mirando por las puertas francesas hacia el patio trasero en sombras, respondiendo sumisamente todavía a otra de las órdenes de Jasper Whitlock.
Mierda.
Se preocuparía por el jefe de Bella más tarde. Después de todo, ella podría estar intrigada con Jasper, pero no le había permitido tocarla. Tal vez no tenía ningún sentimiento real por el tipo y simplemente reaccionaba instintivamente a la orden en la voz de un jefe. Emmett esperaba como el diablo que el respeto no significaranada.
Emmett entró en el vestíbulo oscuro, luego se arrastró a la habitación de huéspedes y oficina casera y cerró la puerta detrás de él.
Su ordenador zumbaba bajo. Una búsqueda rápida en las carpetas reveló nada más que unos pocos archivos impositivos, su lista de reproducción de música, fotos familiares y en su mayor parte correos electrónicos relacionados con el trabajo. Todavía estaba registrada en su muro de Facebook, pero la pantalla tenía saludos de unos pocos amigos de la secundaria deseándole feliz Día del Trabajo. Nada de un amante.
Después, Emmett recogió el móvil, el que estaba apoyado al lado de su portátil. Echó un vistazo a sus últimas llamadas entrantes y salientes. Su madre, su tía, su prima, Jasper. Edward, él mismo y punto. Si ella tenía un amante, no se estaba comunicando con él, y ese no era el estilo de Bella.
Mierda. ¿Y ahora qué? Tal vez guardaba un diario. Miró alrededor de la pequeña habitación, registró los cajones del escritorio. Aparte de facturas y documentos de identificación de la casa, estaban vacíos. Tal vez el diario estaba en su dormitorio…
Andando de puntillas por el pasillo, Emmett podía oír a Bella murmurando algo en más de esos tonos respetuosos que le hacían rechinar los dientes. Bastardo suertudo, Jasper.
Con una sacudida de cabeza, Emmett se deslizó en el dominio privado de Bella y fisgó su pequeño bikini rojo sobre la alfombra pálida. Su polla se endureció en una prisa dolorosa. Se había visto fabulosa en eso, riéndose, haciendo de anfitriona, tan natural e inconsciente de lo hermosa que se veía con esos ojos oscuros y danzantes y la profusión de rizos marrones rojizos. Él sabía que ella se veía incluso mejor sin el bikini.
—No, señor. Realmente estoy borracha. Y cansada. Prometo que estaré allí temprano.
Maldita sea, Jasper no había sido capaz de sacarla de la casa. Así que ahora su tiempo era realmentelimitado. Emmett se obligó a concentrarse.
Miró por su tocador, diseminado con las llaves del auto, alhajas y otras chucherías. Nada que destacar. Su cama arrugada estaba sin hacer, la diminuta mesita de noche cubierta por una lámpara pequeña, una vela y lo que parecía un libro romántico bastante picante. ¿Esa tapa tenía una mujer con más de un tío en el frente?
Mientras intentaba alcanzarlo, oyó a Bella decir:
—Sí, sé que usted me reprenderá, señor. Lo que fuere que sienta que es necesario, lo entiendo. —Hizo una pausa—. Buenas noches.
Luego ella golpeó ruidosamente el teléfono en su base, y comenzó a caminar con pasos largos por el pasillo, los pasos resonando por los suelos de madera dura.
¡Escóndete! Él se abrió paso entre los confines oscuros del vestidor, gateó detrás de los vestidos a lo largo de la pared posterior, rezando para que no lo encontrara antes de que pudiera salir. De lo contrario, tendría que tener una buena explicación para estar allí. La que no tenía. Y habría un castigo duro.
Bella entró en el dormitorio con un suspiro tembloroso y se lanzó directamente a su mesa de noche. A través de la rendija de la puerta, pudo verla abrir bruscamente un cajón. Sacó un par de bolsas de papel arrugado y las rompió. A medida que ella sacaba los objetos, Emmett apretaba los puños para contener su gemido.
Su conejo a pilas y un vibrador delgado y curvo.
Iba a masturbarse. ¡Joder!
Dejando caer los artículos sobre la cama, Bella desgarró las cubiertas, se puso los auriculares de su iPod en los oídos, encendió el reproductor de MP3 y luego se acostó. Su piel se veía tan perfecta y hermosa sobre las sábanas oscuras. Su respiración se entrecortó, levantando el pecho con cada suave inhalación, los pezones duros apuñalando el aire. Emmett se puso completamente duro de nuevo. Sí, le encantaba observarla por la ventana, ¿pero estar a meros centímetros de distancia de ella? Sin duda, entraría en combustión espontánea.
Antes de mudarse cerca de Bella, había preferido a las chicas altas y flacas, con cabello lacio y piel bronceada. Una mirada a Bella, y apenas había mirado a otra mujer. Cuando la encontró, cuando oyó su risa y experimentó su calidez, fue hombre muerto.
Ella cerró los ojos y respiró profundo. Hora de llamar a los demás por un plan alternativo. Iba en contra de sus principios contarle a los otros los momentos privados de Bella, muchos de los cuales él había observado desde la ventana de su propio dormitorio, polla en mano… pero no podría salir de la casa de Bella sin ser descubierto sin la ayuda de ellos. Maldita sea.
Aporreó la marcación rápida de Edward. Ni un segundo más tarde contestó.
—¿Qué encontraste?
—Espera un segundo —susurró, sin saber lo fuerte que podía estar su iPod.
Luego se dio vuelta y marcó a Jasper, quien contestó inmediatamente.
—¿Y bien?
Emmett habló en conferencia con los hombres.
—No he encontrado nada útil y ahora está masturbándose. Estoy escondido en el vestidor, tratando de imaginar cómo mierda voy a salir sin ser atrapado. ¿Ideas?
—¿Masturbándose? —se atragantó Edward.
—Sí. Está desnuda sobre la cama con sus juguetes sexuales. Y luce terriblemente caliente.
—Maldita sea —gruñó Jasper—. No la mires.
—¡Chúpamela! —le respondió Emmett bruscamente—. Está a tres metros delante de mí. Por supuesto que voy a mirar.
—¿Oiría el timbre del teléfono? —espetó el jefe de Bella—. Si puedo quitar tus ojos de ella llamando otra vez…
—No lo oiría. Está escuchando su iPod. Pero no puedo pasar caminando junto a ella; podría verme.
La luz de la luna y del poste de alumbrado cercano filtraban la luz a través de las tablillas de las persianas. Emmett observaba a Bella preparándose para ir al grano. Tuvo que reprimir un gemido ante la vista.
—¡Oh, diablos! Se está acunando los pechos. —Sus pechos voluptuosos, llenos y apetitosos—. Y está pellizcándose los pezones. Maldita sea…
Jasper gruñó una maldición.
—Si vas a observar esto, entonces vas a compartir los detalles. Cada uno de ellos.
El tono cabreó a Emmett.
—¡Vete a la mierda!
—Yo te ayudé para que entraras en su casa con una llamada telefónica y un plan —sostuvo Jasper—. Edward te prestó su llave. Si un espectáculo tan magnífico va a caerte como llovido del cielo, vas a compartirlo con nosotros. O no te ayudaremos con una estrategia de salida.
Cómo si no lo hubiera probado una y otra vez, Jasper demostraba una vez más por qué era uno de los abogados más solicitados en Texas. El hombre podía discutir de plano con cualquiera y ganar.
—Bien —dijo Emmett con los dientes apretados—. Se está raspando los pezones con las uñas.
Emmett podía percibir la excitación de ellos por el teléfono. Sentía la misma sensación de excitación… la que sólo se multiplicó cuando Bella deslizó su mano por el abdomen plano, bajando como una caricia hasta el interior de los muslos. Ella separó las piernas. Él tragó saliva.
—Tócame…—murmuró ella—. Sí.
Hundió los dedos dentro de su coño, y Emmett casi enloqueció.
Edward se sofocó.
—¿A… acaba de suplicar a alguien que la toque?
Joder mierda…
—Sí.
—¿Alguna idea de quién desea que la toque?
—¿Dónde está ella imaginando a alguien tocándola? —ladró Jasper.
Antes de que él pudiera contestar, Bella levantó los dedos de entre las piernas y Emmett obtuvo un buen vistazo.
—Mierda, está mojada.
—¿Ves su coño? —exigió Jasper.
—Es una palabra horrible —reprendió Edward.
Jasper se burló.
—¿Te gusta más vulva?
Emmett los ignoró.
—Son sus dedos. Están mojados.
Edward tragó.
—¿De verdad se tocó?
—Tío, lo hace todo el tiempo. —Emmett puso los ojos en blanco.
Ella dejó escapar un suspiro tembloroso.
—Creo que voy a explotar.
Fácil relacionar con esa sensación, especialmente cuando Bella comenzó una fricción lenta y rítmica de su clítoris.
—Por favor… —gemía ella—. Así. Oh, sí… —Levantó las caderas—. Lo deseo…
—Maldita sea —gruñó Jasper—. Se lo daré. Sin descanso. Hasta que me suplique que me detenga. Cuando lo haga, sólo le daré más.
No si Emmett tenía algo que decir sobre eso. Ese sería suprivilegio.
—Pero no puedo —susurró ella—. Demasiado…
Maldita sea, ¿a quién imaginaba compartiendo su placer? ¿Qué diablos le hacía su amante imaginario? ¿Qué le decía?
Un momento más tarde ella agarró el delgado vibrador, lo giró, lo encendió y se lo metió suavemente. Su espalda se despegó de la cama cuando desapareció dentro de su cuerpo.
—Oh, Dios mío… —sollozó ella.
—¿Qué? —espetaron Edward y Jasper.
—Está usando el vibrador.
Bella enfatizó el anuncio de Emmett con un grito de placer. Llenó la habitación, calentándole la sangre. En el teléfono, Edward gimió.
El silencio de Jasper tenía su propio sonido de contención cuidadosa. Esperaba que ninguno de ellos hubiera tomado su polla en la mano. Lo último que él quería escuchar era a algún otro tío correrse con los gritos de placer de Bella.
Aunque tuvo que admitir que estaba tentado de acariciarse al compás de sus gemidos.
Con una mano, metía y sacaba el vibrador delgado de su cuerpo hambriento, los sonidos de su carne jugosa empujando al límite su control. Finalmente, tener una banda sonora para esta escena lo estaba matando.
Con la otra mano, buscaba a tientas el conejo. Primero encontró la base, lo giró y lo encendió, luego agarró con firmeza el juguete púrpura zumbando y lo arrastró entre sus piernas, instalándolo directamente sobre el clítoris.
—¡Sí! ¡Oh Dios! ¡Lo necesito! Es tan bueno…
—No puedo escuchar esto y no hacer nada. Voy para allá —gruñó Jasper.
Todo dentro de Emmett protestó.
—Quédate dónde estás, maldita sea. Vas a ayudarme a salir de aquí cuando ella se corra, pero esto no es una fiesta.
Ella jadeaba.
—Por favor. Oh, Dios…
—No puedo soportarlo —masculló Edward—. ¿Qué está haciendo?
Ruborizándose. Arqueando la espalda. Mordisqueándose el labio. Aferrando sus juguetes. Gimiendo. Y…
—Corriéndose.
—Te amo… a ti… a ti… —jadeaba Bella.
Luego ella rasgó el aire con un grito rasposo y estridente que continuó, convirtiéndose en un gruñido bajo de satisfacción que casi tuvo a Emmett llegando al clímax en sus vaqueros.
—Voy a azotar el culo de esa mujer por esta tortura tan pronto como consiga poner mis manos sobre ella —prometió Jasper.
—No puedes golpear a una mujer—protestó Edward.
Antes de que Emmett pudiese decir que no le importaría ver a Bella con un trasero rosado, contestó el jefe de ella.
—¿Tan probable es que olvides el sonido de su orgasmo? ¿Nunca? ¿Cuántas veces rondará tu cabeza en los próximos días? ¿Semanas? ¿Meses? ¿Cuántas veces te masturbarás con ello y le rogarás a Dios haberlo oído en persona porque le habrías dado aquel gran placer? ¿Cuántas veces después de tu auto-inducido orgasmo quedarás amargamente desilusionado porque sólo estabas torturándote con el sonido porque no sabes con quién mierda está fantaseando cuando se lleva al orgasmo?
Nadie dijo nada durante un minuto largo. Emmett podía oír a Bella jadeando mientras poco a poco volvía a respirar con normalidad. En el teléfono sus otros dos admiradores, cada uno luchando por controlarse.
—Tienes razón —dijo Edward finalmente—. Nunca olvidaré este sonido. Y dado que Emmett no encontró nada en la búsqueda, aún no sabemos a quién desea.
—O a quien ama —agregó Jasper—. ¿Estáis seguros que ninguno de vosotros sabe de otro hombre en su vida?
—Nosotros somos los únicos hombres que alguna vez visitamos su casa —dijo Emmett—. Tengo a la fisgona señora Stanley enfrente observándola cuando estoy en la estación y ella siempre cloquea que incluso su nieta de catorce años tiene más novios que Bella.
—No ve a nadie en el trabajo. La mantengo demasiado ocupada a propósito para tener un romance de oficina.
—Hablo con su familia cada dos semanas poco más o menos —dijo Edward—. Ellos no mencionan un novio. Creedme, lo pregunto. Y hasta donde yo sé, a excepción de su cita con el dentista la semana pasada y las compras de comestibles, no ha estado en ninguna parte.
—Tal vez su amante es puramente imaginario. —Emmett se estremeció cuando lo dijo. Eso echaría a perder bastante su esperanza colectiva.
—O es uno de nosotros y ella simplemente no puede decirlo —sugirió Edward—. Me pregunto… Bells y yo hemos sido amigos durante tanto tiempo, tal vez piensa que sacar a colación el sexo sería embarazoso. ¿O cómo le dice una mujer a su jefe que está enamorada de él? ¿O a un vecino con el que nunca ha tenido una cita? Con todo lo que Bella es de independiente, no creo que sea valiente con sus sentimientos.
—Otra cosa por la que tenemos que dar gracias a ese gilipollas de Alec —masculló Jasper.
—Totalmente —coincidió Edward—. Así que tal vez… sólo tenemos que seguir tratando de llegar a ella individualmente.
Jasper dudó.
—Sigo pensando que la idea de Emmett de emborracharla sería más efectiva.
—No me aprovecharé de ella cuando esté borracha —la desaprobación de Edward atronó por el teléfono.
—Sólo quiero hacerle algunas preguntas, no atarla a la cama y follarla toda la noche… sin embargo ese plan tiene un gran atractivo.
—Bella y sumisión nodeben estar en la misma frase.
Jasper resopló.
—Esa es tu opinión. La cual, por cierto, es errónea.
—Mira, conozco los repugnantes juegos de dormitorios que practicas, pero Bella es demasiado dulce para excitarse con esa mierda.
La forma en que Jasper se echó a reír no era agradable.
—Entonces, ¿por qué está mojada en el trabajo durante todo el día? ¿Y por qué se humedece más cuando le mando?
Esta discusión no llevaba a ninguna parte.
—Alto, los dos —insistió Emmett.
—Vamos a darle una semana más o menos —sugirió Edward—. Todos podríamos preguntarle por separado para ver de lo que podemos enterarnos, luego nos pondremos en contacto de nuevo.
—Podemos reunirnos en mi oficina al atardecer cuando ambos estéis disponibles.
—¿Bella no estará allí? —señaló Emmett.
Jasper replicó.
—Voy a exigirle que haga algo en otra habitación.
—¿Exigir? —A Edward claramente no le gustó como sonaba eso.
—Soy bueno tanto siendo su jefe como siendo un Dominante. Ella obedecerá.
—Ella no es un maldito perro.
Emmett suspiró.
—¡Basta! Cada uno de nosotros trataremos de forzar su respuesta por separado. Nos encontraremos en la oficina de Jasper la próxima semana y seremos totalmentehonestos sobre el resultado. A pesar de todo, antes la vería felizmente establecida con uno de nosotros que con algún perdedor que no conocemos y que podría lastimarla.
—Bien —masculló Edward.
La voz de Jasper fue segura.
—De acuerdo.
Edward suspiró.
—¿Qué hacemos si, la próxima semana, aún no sabemos nada de los sentimientos de Bella?
Emmett se detuvo. Jasper suspiró. Juntos dijeron:
—La emborracharemos.
El gozo dulce del orgasmo se fue cuando Bella abrió los ojos. El hormigueo en sus brazos y piernas se redujo y los latidos del corazón volvieron a la normalidad. Esa sensación eléctrica, tan llena de vida, lentamente se disipó, dejando algo lacerante y vacío en su lugar.
Lentamente, abrió los ojos. Y estaba sola. Una vez más.
Empujando a un lado los juguetes, se arrancó los auriculares, acercó las rodillas hacia el pecho y bajó la cabeza. ¿Cuánto tiempo podría permanecer en este limbo, deseando desesperadamente a tres hombres y no teniendo a ninguno, porque no sabía lo que ellos realmente sentían y tenía demasiado miedo de alterar el estado de las cosas? ¿Por qué no podía arriesgarse a elegir uno y potencialmente tener a los otros dos desapareciendo de su vida?
Edward, sin el que ella nunca podría vivir. Él la conocía hasta la médula. Era la primera persona en quien pensaba cuando necesitaba un abrazo. A la única persona a quien había desvelado sus secretos había sido él. Al igual que le había escuchado a cambio. Su forma tranquila y sexy la dejaba sin aliento. Ardía por tocarlo, por descubrir cuánto más profunda podría ser su amistad. Prescindir de Edward dejaría un agujero en su corazón del que nunca se recuperaría.
Jasper… había estado trabajando para él durante casi cuatro años. No tenerlo en su vida la mataría. Sin él, temía transformarse otra vez de una mujer segura de sí misma e independiente al equivalente espiritual de un fondo de pantalla. Su autoestima remontaba el vuelo ante las miradas calientes de Jasper. Él le había enseñado cuándo aplastar a los adversarios y cuándo mostrar compasión. La hacía sentirse vital, vibrante, necesaria… y del tipo de mujer que podía inspirar lo prohibido. La excitaba como ningún hombre lo hacía, su veta dominante era la esencia de sus fantasías. Simplemente… congeniaban.
Emmett a menudo le recordaba no tomarse la vida, el trabajo, los problemas… o así misma… demasiado en serio. Él era su punto de vista positivo, su lado optimista. Le había enseñado que las cosas ocurren por una razón. Además de advertirla de ser tan sensiblera, compartía su pasión por las películas de humor adolescente y era su manitas a domicilio.
¿Cómo iba alguna vez a decidirse? Pero, ¿cómo podría seguir negando sus sentimientos… y temiendo los de ellos?
Bella suspiró. Había tenido esta discusión consigo misma mil veces. Y unas mil veces llegó a la misma conclusión. Tenía que guardarse su amor hacia ellos para sí misma.
Levantándose lentamente, caminó con suavidad hasta el cuarto de baño y cerró la puerta. Un fastuoso baño de espuma podría relajarla lo suficiente como para dormir. Por supuesto, podría darse otro orgasmo… pero el placer sin sus hombres de fantasía… Edward, Jasper y Emmett… estaba perdiendo su encanto.
Y la depresión después era más dura a causa del clímax. Giró el grifo de su temperamental bañera, rezando por agua caliente. Y esperó. Y esperó.
El agua fría se derramaba sobre la punta de sus dedos. ¡Maldita sea esta bañera!
Gimiendo, Bella cerró los ojos. ¿Por qué ahora? Tenía tres hombres increíbles que tratar de limpiar de su corazón.
¿Llamar a Emmett o rezar por un sueño que probablemente no llegaría? Bella se mordisqueó una uña despintada por un momento, luego suspiró. Sin respuesta.
Atravesó el vestíbulo con suavidad y agarró el móvil.
—Diga —respondió él.
¿Eso era todo? No ¿Cómo está mi vecina más sexy? O siempre pensé que llamarías, nena. ¿Sólo diga? Aún más extraño, la voz de Emmett en el otro extremo sonaba forzada. Temblorosa.
—¿Estás bien?
Él tragó saliva.
—Genial.
Sonaba más como si un alien se hubiera apoderado de su personalidad. Pero si no quería hablar de lo que le estaba molestando, ella no iba a presionarlo. Más de una vez, ella había estado deprimida por su situación desesperada con estos hombres estupendos, y Emmett la había animado a confiarle sus problemas. Pero ella se había quedado callada. No podía ejercer presión ahora y esperar que él se explayara si ella no estaba dispuesta a hacer lo mismo.
—¿Es un mal momento? Si estoy interrumpiendo algo…
—No, en absoluto. Estaba deseando verte de nuevo.
Dios, le encantaría verle también. Y eso era muy peligroso.
Ella hizo una mueca.
—¿Incluso si es para arreglar mi bañera?
—Por supuesto. Ya mismo voy.
Antes de que pudiera decir nada, él acabó la llamada y ella escuchó el golpe en la puerta principal. Maldita sea, debía estar caminando y hablando al mismo tiempo. Y ella seguía de pie aquí desnuda.
Poniéndose rápidamente su vestido, bajó corriendo al vestíbulo y abrió la puerta. Contuvo la respiración. Emmett estaba allí de pie, con unos vaqueros descoloridos y una camiseta gris ajustada que se pegaba a cada músculo duro y marcado. La brisa agitaba su cabello negro y corto. Esos ojos verdes eran como láseres, aferrados a su rostro, luego bajando suavemente en una mirada caliente hasta la cremallera cerrada justamente por encima de su escote. Como él la deseaba. Sus pezones se elevaron al máximo.
Ser consciente de que no llevaba puesto nada debajo de la pieza delgada de toalla blanca era filoso como una cuchilla… y muy desconcertante.
La mirada entornada de Emmett se aferraba a sus pechos. Él se agarró al marco de la puerta y levantó los ojos hacia su cara nuevamente. Nunca había visto este lado de él. Sin bromas ni risas. Ni coqueteos. El deseo se reveló a través de su expresión, tensa, dura, sin concesiones. Aunque no dijo una palabra, ni hizo un movimiento, su necesidad detonó como una bomba entre ellos. La explosión la sacudió.
Ella tragó con fuerza, se estremeció. ¿Debería dejarlo entrar? ¿Qué pasaría si lo hacía?
Nada. Era fuerte; tenía que serlo. Darle lo que ella deseaba… lo que ambos deseaban… alteraría la delicada relación que tenía con los tres hombres.
—Pasa —las piernas le temblaban mientras daba un paso atrás para dejarle entrar.
Él se rozó contra ella cuando entró al vestíbulo y ella reprimió un jadeo ante la avalancha de excitación. Un fogonazo de vertiginosa necesidad la invadió.
Dios, esto era mil veces más poderoso que cualquier orgasmo que se hubiera dado y él apenas la había tocado.
—Tus mejillas están ruborizadas, Bella.
Me he estado acariciando y pensando en ti.
Forzando una sonrisa temblorosa, cerró la puerta encerrándolos en la intimidad de la casa.
—Tuve una pelea con la bañera y perdí. Sabes cómo soy cuando pierdo los estribos.
Las comisuras de la boca de Emmett se levantaron, pero no fue exactamente una sonrisa.
—¿Cuál es el problema?
Mientras Bella se retiraba por el pasillo hacia su habitación, esperando que la pequeña prenda blanca le cubriese completamente el culo, repelía un pánico creciente. Nada era diferente esta noche. Podía dejar a Emmett entrar en su dormitorio… lo había hecho una docena de veces por lo menos. Él entraría, iría directamente al baño, arreglaría el problema, coquetearía y después se iría. Esta era la misma mierda de siempre, diferente día.
Pero esta noche, él le tocaba la parte baja de la espalda, su cuerpo grande revoloteaba detrás de ella, su pecho le rozaba la espalda. Su aroma a tierra y pino, la envolvía. Sus rodillas se debilitaron de nuevo.
—¿ Bella? ¿El problema?
Bien.
—La necesito caliente.
—Me encantaría dártela tan caliente como puedas soportar —le murmuró al oído.
Oh, Dios. Sus palabras bajaron temblorosas por su columna.
—Me refiero al agua.
Su expresión le dijo que él no la creyó. Ella no estaba segura de hacerlo tampoco.
Cuando doblaron la esquina del dormitorio, Bella respiraba nerviosa. Diez minutos. Si él le hacía insinuaciones amorosas, entonces ella podía ser fuerte y resistirlo ese tiempo.
—Abrí el agua hace unos minutos y… —se arriesgó a mirarlo por encima del hombro.
Él clavaba la mirada en su cama, en el conejo y el vibrador que había dejado accidentalmente allí.
La mortificación se precipitó sobre ella en una ola caliente y apestosa. Oh, por favor no le dejes sospechar que me he estado masturbando pensando en él…
—Acondiciona la temperatura del agua. Por favor —ella lo empujaba hacia el cuarto de baño.
Emmett no se movió un centímetro. En cambio, la atrajo hacia sí y apoyó las manos en sus caderas. Posiblemente ella no se podía perder su erección contra su vientre, caliente y apremiante. Bella se estremeció de nuevo.
—Bella, nena…
Ella cerró los ojos para evitar la mirada inquisitiva.
—No digas una sola palabra.
—Está bien. Tú tienes necesidades. Quiero satisfacerlas.
En este momento ella lo deseaba también, tan desesperadamente, que casi podía saborearlo. Sería salado, almizclado y tan malditamente masculino…
—Es complicado.
—No tiene que serlo. Yo nunca te lastimaría. Sólo quiero cuidar de ti de todas las maneras que me permitas.
Oh Dios, oh Dios, oh Dios. Tenía que parar esto ahora y conocía una única manera de ahuyentar a Emmett en un santiamén. Él odiabaa las mujeres pegajosas. Tres se habían encariñado con él en la barbacoa comunitaria del mes pasado. Las había rechazado fríamente.
—No sería justo para ninguno de nosotros. Tengo veintiocho años, Emmett. Quiero casarme, empezar a tener hijos. Eres un par de años más joven y…
—Hagámoslo.
La mandíbula de Bella se cayó.
—¿T… tú quieres casarte conmigo?
—¿Contigo? Por supuesto. Pienso en ti… Maldita sea. Constantemente. Así es mi deseo. —Le acarició la mejilla—. Y mi amor.
Ella parpadeaba, respiró estremecida, aferrándose a sus voluminosos bíceps para sostenerse. ¿Estaba tratando de decirle que no sólo la deseaba, sino… que la amaba?
—¿De veras?
Una sonrisa asomó a los labios de él mientras la mano se movía suavemente por el hombro de ella.
—Sé que nosotros normalmente compartimos las risas. Pero hablo en serio. Si creyera por un segundo que te casarías conmigo, estaría de rodillas con un anillo en la mano, suplicándote.
Su respiración temblorosa casi se convirtió en hiperventilación. Oh, Dios mío.
—Somos amigos, Emmett.
—Podríamos ser mucho más.
—No tenía idea de que sentías esto con tanta fuerza.
—Eso eres para mí, Bella.
—¿Cómo puedes saberlo? Quiero decir, nosotros nunca hemos… um… —Las revelaciones de Emmett eran tan sorprendentes que no podía construir una frase coherente.
—¿Besado? ¿Tenido sexo? —arqueó una ceja dorada—. Podemos resolver eso ahora mismo.
La cama estaba en la visión periférica de Bella. Podrían estar en ella… juntos… en los próximos minutos. Podía tener a Emmett como su amante, tener una de sus fantasías cumplidas.
La tentación chocó contra ella. Se le hizo un nudo apretado en el estómago. Incluso la idea la humedeció. En el pasado, él le había sugerido sutilmente que quería acostarse con ella, lo envolvió en una broma provocativa o un doble sentido. Ella lo había ignorado. Nada cubría sus palabras esta noche.
¿Si lo rechazaba ahora, estaría haciendo lo debido? ¿O lo lamentaría?
—Estás pensando demasiado. Te deseo, me deseas. Te amo.
Él la miraba expectante, esos ojos verdes brillando con honestidad. La amaba.
En serio, realmente la amaba. Kelsey no podía mentirle. El momento era demasiado honesto, demasiado crudo, para cualquier otra cosa.
—Te amo mucho.
—Ah, nena… —Él sonrió y la estrechó en sus brazos—. Comencemos allí. Del resto nos preocuparemos más tarde.
Ella no debería. Bella lo sabía. Esto cambiaría su relación con Emmett… y con Edward y Jasper.
Pero cuando él se inclinó y apoyó la boca sobre la de ella con urgencia hambrienta, ella se perdió.
Era como abrazar a una montaña, grande, tierno, poderoso, innegable… toda una fuerza en sí mismo. Ante el apremio insistente de sus labios, se abrió para dejarle entrar. El barrido de él contra su lengua fue una gran explosión de sabor y sensación.
Vivificante y limpio, la llenó con un destello de sensación que la arrasó de excitación y necesidad.
Bella le echó los brazos alrededor de los hombros y se perdió en su toque. Él le acunaba la parte de atrás de la cabeza, prodigándole un beso de infarto detrás de otro hasta que ella quedó jadeante y dolorida.
Los juguetes no tenían nada en comparación con este hombre y Bella temía que, después de esta noche, nunca se saciaría con ellos otra vez.
—Nena —respiró él contra los labios—. No sé cuánto tiempo he querido… deseado.
—Sí, lo sé. —Más de lo que él podría imaginar.
—¿Piensas en mí cuando te tocas?
Habló con voz áspera y baja en su oreja, luego presionó la boca en la garganta, en la clavícula, en el montículo de su pecho por encima del vestido. Una de sus manos se abrió camino hasta la parte posterior de sus muslos hasta acunar su culo desnudo. Bajo ese tipo de asalto, Bella no podía ser otra cosa que honesta.
—Lo hago.
—Jesús —masculló sin aliento—. No lo hagas para ti misma nunca más. Te corres para mí. ¿Entiendes?
No era tan simple y ella trataba de encontrar las palabras para explicar, pero él le bajó bruscamente la cremallera del vestido hasta el abdomen y lo apartó de sus pechos.
—Joder —murmuró—. Eres preciosa, nena.
Bella tuvo que reprimir un impulso instintivo de cubrirse los pechos.
—Son grandes.
—Sí —dijo, como si eso fuese el hecho más maravilloso en la vida.
Él le acunó uno, el pulgar rozando el pezón. Ya estaba duro, pero su toque le produjo un placer temerario a través de todo el cuerpo. Se quedó sin aliento por la sensación eléctrica y sintió que su sexo manaba a raudales otra vez.
La boca de Emmett cubrió la suya una vez más, ahora devorando, como un misil buscando el calor, anhelando. Ella se derritió como cera de una vela encendida cuando él le acunó el otro pecho, haciendo rodar el pezón, apretando. Su sexo se tensó de necesidad.
Un rato más tarde, él apartó bruscamente la boca.
—Cuando te beso, sabes asombrosa. Pero tengo que saborearte en todas partes.
La anticipación revoloteaba en su vientre, y antes de que pudiera parpadear, Emmett se inclinó hacia su pecho, sosteniendo el pezón contra su lengua, encerrándolo entre sus dientes. La mordió, luego la reconfortó con una succión que la hizo gritar y asirse a él con más fuerza aún.
Mientras Emmett movía la cabeza de un pecho a otro y repetía el proceso, metió su pie entre los de ella y le separó las piernas. Un instante después, sus dedos se movieron furtivamente a través de su clítoris y ella lloriqueó ante la dulce fricción de su toque.
—Eso es, nena. Estás tan húmeda para mí. Voy a hacerte sentir muy bien —le dijo con voz poco clara contra su pezón antes de chuparlo de nuevo.
Mientras ella permanecía de pie, temblando, necesitando, él se dejó caer sobre las rodillas y ajustó su boca sobre ella. ¡Eureka! Había pensado cien veces en Emmett, Edward y Jasper dándole placer oral. Las fantasías no tenían nada que ver con la realidad.
Ante su grito, él le chupó el clítoris dentro de la boca, jugó con él utilizando la lengua y hundió dos dedos en la entrada resbaladiza y apretada.
Era como si el orgasmo que se había dado veinte minutos antes jamás hubiera sucedido. Bella nunca podía recordar un dolor tan agudo e implacable. Y él todavía no cejaba. Se limitó a levantarle el muslo sobre el hombro mientras golpeteaba la lengua sobre ella otra vez en una caricia malvada. Bella apretó las manos en su grueso cabello. Cuando él agregó un tercer dedo dentro de ella y frotó un lugar sensible que sólo su vibrador pequeño alguna vez había tocado, toda la sangre abandonó su cabeza. Bella juraba que iba a caer al suelo y suplicar.
Había extrañado el toque de un hombre, esa dura pasión… pero la necesidad de Emmett la dejó estupefacta. El deseo colapsó sobre ella cuando le lamió la pequeña protuberancia de nuevo, atormentándola un segundo, comiéndola viva al siguiente.
—M… me voy a correr. —Por favor… Clavó sus uñas en los hombros de él, aferrándose al borde de cordura en el que no podía pensar, no podía respirar… y no le importaba.
—Lo esperaré con ilusión. —Sus dedos atinaron a su dulce lugar otra vez—. Muy pronto. ¿Cuánto tiempo ha sido para ti, nena? Estás apretada y no quiero lastimarte.
Kelsey no podía recordar que hacía mucho.
—Desde Jacob.
Emmett se quedó inmóvil.
—¿Cinco jodidos años?
Ella asintió con la cabeza. Sin su toque, cada terminación nerviosa en su cuerpo ansiaba aún más.
—¡Emmett!
—Nunca tendrás que volver a pedirlo, nena. Tendrás suerte si prescindes cinco horas de aquí en adelante.
Bella apenas había levantado las cejas ante esa afirmación antes de que Emmett se pusiera de pie y se desabrochara los vaqueros. Ella atrapó un mero vislumbre de su polla prominente, gruesa y de punta roma, antes que él la levantara en sus brazos y le separara las piernas. Un segundo después la empaló, estirándola imposiblemente. Su carne punzaba y ardía mientras él se enterraba más profundo, empujaba más duro. La satisfacción estaba casi a su alcance.
Siguió el asombro. Esto estaba sucediendo. Emmett estaba desnudo y profundamente dentro de ella. No era una fantasía o algo en su cabeza. Ellos estaban haciendo el amor y finalmente era real.
—Maldita sea, eres alucinante. Apretada. Caliente —masculló él contra su garganta—. Te amo.
En dos pasos llegó a la cama y la acostó, luego se hundió profundo dentro de ella.
La punta de la polla llameó contra su sitio repleto de nervios. Ella gemía mientras el orgasmo se aproximaba y se aferraba con fuerza de él.
Siempre había imaginado que el sexo con cualquiera de sus hombres sería increíble… eso había alimentado sus fantasías durante meses… pero esto estaba mucho más allá de todo lo que había imaginado. Mientras él se movía contra ella, la piel de ambos se humedecía más y más, adhiriéndolos. Las respiraciones estaban sincronizadas mientras empujaba aún más en su interior, con ferocidad, acunando su culo, coreando su nombre. Él saqueó su boca con abandono. A medida que pasaba cada segundo se ponía más duro, su respiración más áspera, el placer de ella más embriagador.
—¡Emmett! —Ella le arañaba la espalda y besaba su recorrido a través de sus musculosos hombros, esforzándose por encontrarle.
—Necesito ver que te corres para mí, nena.
La quemazón detrás de su clítoris se hinchó, se aceleró. Sus músculos se tensaron. Su mundo se detuvo.
Luego explotó.
Ella gritó cuando el placer se disparó a través de su cuerpo. Emmett se tensó, su polla hinchándose mientras gemía en la oreja de Bella. Profundo en el interior, ella lo sintió grueso, pesado y caliente cuando él se corrió.
Volaba, ingrávida, eterna. Atesorada. Y también enamorada. De ninguna manera podría vivir sin tener a Emmett así de nuevo.
Mientras sus movimientos se hacían más lentos, él le dejaba caer una lluvia de besos en la cara. Arrojándole los brazos al cuello, frotó su mejilla contra la de él, luego le acarició con la nariz el cuello.
Se sentía libre, renacida en los brazos de Emmett. Para su sorpresa, las lágrimas le mojaban sus mejillas.
Cuando la realidad lentamente la golpeó, se convirtieron en sollozos desgarradores.
Estar con Emmett había sido muy impactante, más allá de toda fantasía. ¿Qué ocurriría la próxima vez que vieran a Edward y Jasper? Emmett la tocaría, asumiendo que ahora era su derecho. Edward se sorprendería, posiblemente herido. Jasper estaría furioso.
Los había perdido a los dos.
Y si ella apartaba a Emmett en este momento, lo perdería, también.
¿Por qué había cedido a la tentación?
—Oye, nena, sin lágrimas. —Aún enterrado dentro de ella, Emmett le retiraba el cabello de la cara—. No te lastimé, ¿verdad?
—N… no.
Pero él le había complicado la vida. Olvídalo. Ella se la había complicado. Emmett meramente le había dado lo que ambos deseaban. Ahora ella tenía que hacer frente a las consecuencias.
Hola! Me alegro ver que les gusto. Agradezco los comentario!
Bueno, como les había dicho anteriormente voy a ver si adapto otros libros... la prox. quizás traiga dos sinopsis a ver que piensan y si veo otro mas, por que no xD
Iré publicando lo mas pronto que pueda, pero como no se si los veré (o mejor dicho escribiré) les deseo un FELIZ AÑO NUEVO!
Por otro lado, con los caps. de Es cosa de magia aun me falta editar algunas cosas pero ademas de eso, ya lo tengo terminado pronto andaré subiendo uno. Pero en los de Volviendo a confiar quede un poco arrinconada (por así decirlo) pero seguro pronto vengo con mas noticias
Besos,
Mara S.
