Hola! Sí, esta soy yo, emocionada por el gran, GRAN MANGA de anoche, ay Dios mío lo leyeron? LEANLO YA SI NO LO HICIERON. YA.

Me gustaría hacer un super comentario al respecto, pero me lo guardo para la página que administro en facebook, ya saben (SasuSaku **Eternal Love**), son bienvenidos a ir ahí y así fangirleamos como nunca, nunca en la vida. DIOS MIO MUERO MUERO. Ok, mejor me calmo. Ya, a lo que voy:

Prometí el fic en la noche para la espera del manga, pero como el manga salió antes decidí publicarlo ahora (total ya lo tenía listo). Sólo quiero pedirles INMENSAS disculpas por no responder reviews, me quedaron muchos y soy consciente de ello. Es que estoy teniendo muchos problemas con internet, no me conecta a mi notebook, así que lo que hago ahora es escabullirme en el cuarto de mi hermanito y robarle la pc mientras está en la escuela. No me da el tiempo para responder como corresponde, pero les juro por mi vida que todos sus reviews están en mi casilla esperando a ser respondidos en CUANTO PUEDA.

También estoy lamentando subir esto ahora, me caga que sea tan deprimente xDDDD Quien me mandó a escribir sobre esta temática? Bueno, en fin. Acá está, para cagarles el ambiente del manga jaja. En serio, disfrútenlo.

Besos y que Dios los bendiga.


Capítulo 2: El sedante natural.

Tú eres realmente preciosa… realmente preciosa, pequeña…

Los ojos de Sakura se abrieron de golpe, como un despertador a término del efecto del sedante. Exhaló una gran bocanada de aire, asustada, con el eco de esa asquerosa voz en su cabeza… esa cara. Expresiones faciales que jamás olvidaría, olores que permanecerían impregnados en sus fosas nasales por siempre. Texturas, sonidos…

Esta vez sí se tomó el tiempo de tratar de reconocer dónde estaba, algo nerviosa. Las máquinas, los ruidos, el olor… un hospital, estaba en un hospital. Pero no podía pensar con claridad. La cabeza le daba miles de vueltas, parecía una montaña rusa que no paraba de subir.

—Estás a salvo… —escuchó de repente, y levantó la mirada. Era un tipo, un viejo de unos cincuenta y cinco años, mirándola sentado sobre la cama. Usaba anteojos y tenía puesta una bata blanca hospitalaria, pero tenerlo tan cerca la sacó de quicio casi al instante.

Trató de mover sus brazos, pero no pudo. Los miró, su brazo derecho estaba totalmente vendado y el izquierdo estaba atado a los barrotes de la cama.

—No queremos sedarte de nuevo, debes tranquilizarte. Sabemos que tu nombre es Sakura, ahora tenemos que hablar…

Todo estaba ocurriendo demasiado rápido para Sakura, ella no quería estar ahí, ni tampoco hablar con nadie. No llegaba a procesar todo lo que él decía, parte de su cabeza estaba en blanco, a la defensiva. Se sentía en una pesadilla igual a la anterior, pero con gente que le hablaba bonito.

—Déjenme —pidió.

—No podemos, podrías ponerte violenta. Tranquilízate… —la voz del tipo era insoportablemente tranquila al gusto de Sakura. La desesperaba su indiferente y complaciente tonalidad.

—Que me sueltes —le pidió de nuevo, o más bien ordenó con la voz casi quebrada e histérica.

—No podemos… —le repitió él. Ella ya no lo soportaba.

—¡Mátenme, pero sáquenme esta mierda! ¡No quiero estar atada, déjenme irme! ¡Quiero irme, tírenme de la ventana! —las cosas que decía Sakura eran desde lo profundo de su garganta, un chillido, un ruego desesperado. Ella era capaz de mover el brazo vendado con tal de que la sacaran de ahí.

Empezó a mover tanto, y con tanta desesperación el izquierdo, que las cuerdas se empezaron a aflojar.

El psiquiatra se puso de pie, a la defensiva. Sakura movía la pierna que no estaba vendada también, de una forma increíble. Él jamás había visto una paciente tan herida y grave hacer esos movimientos, como si no sintiera dolor alguno por las intervenciones quirúrgicas que recibió unas horas antes apenas. Él dudó unos segundos, pero luego sacó la jeringa con el sedante de nuevo.

Trató de inyectársela, pero ella se movió tanto que él erró y acabó pinchándose a sí mismo en el otro brazo…

"No sabemos quién es la chica, apenas podemos trabajar con lo que podemos. Ella se encuentra en un estado lamentable, gracias a los chicos que la encontraron pudimos salvarle la vida, pero está tan grave que no creemos que despierte hasta dentro de mucho tiempo… quizás no lo haga".

Sasuke escuchaba la radio en el auto, mientras viajaba a una velocidad poco razonable por las calles de Tokio. Esa era la entrevista que acababan de hacerle a Danzou, y el viejo sabía mentir muy bien. Le había hecho caso a su consejo, sin revelar su identidad, diciendo lo grave que estaba que quizás ni siquiera podría despertar. No estaba mintiendo… solamente modificaba un poco la verdad, dándoles a los medios lo que querían: Un poco de intriga, incertidumbre, para que ellos jugaran a los Sherlock Holmes en sus programas por horas manteniendo arriba el rating; llevando peritos, criminalistas, abogados penales, testigos falsos o los reales que hacían un show dramático y exagerado de los hechos, contando hasta sus más ínfimos sentimientos cuando encontraron a la pobre, angelical, hermosa, y genial víctima. Aunque claro, ni siquiera la conocían, solamente hacían de cuenta que sí. A veces hasta lloraban en vivo los mismos periodistas; indignados, tristes; vendiendo el morbo de hasta la forma en que la hallaron, la ropa que llevaba… o no.

Sasuke estaba tan acostumbrado a ese juego mediático siniestro que no le dio importancia, todo era parte de un turbio y desalmado negocio. Lucraban con el dolor ajeno.

Pero si llegaban a tener un dato más de los que les daban, si llegaba algún mínimo detalle que debía permanecer confidencial… estaban arruinados. Los medios podían arruinar una investigación de meses o años en cuestión de minutos, a veces segundos. Siempre había sido sumamente cauteloso, los evitaba a toda costa, dando el mínimo de detalles, guardándose lo más importante. No era nada extraño que un criminal huyera antes de ser atrapado por culpa de los medios, o que un sobreviviente terminara de ser asesinado porque no se suponía que debía estar vivo… por culpa de los medios, de nuevo.

Sasuke bajó el volumen a la radio, estacionando frente al hospital nuevamente. Lo miró unos segundos antes de decidir bajar, y finalmente lo hizo. Tuvo que ir, no había otra opción para él. Tenía que hablarle y saber qué le había pasado para continuar la investigación.

Miró el reloj, ya habían pasado diez minutos de la hora fijada.

Subió lentamente las escaleras, ni siquiera usó el ascensor. Sakura estaba en el tercer piso, y mientras caminaba por el pasillo oía algunos ruidos extraños, cada vez más fuertes. Caminaba un poco más rápido, apresurando el paso… pero los gritos eran cada vez más notorios. Eran de ella, era Sakura.

Sasuke comenzó a casi correr, observando que la puerta de su cuarto estaba abierta y que las enfermeras corrían de un lado a otro desesperadas. Llegó a la puerta finalmente, y vio allí a un par de valientes enfermeros hombres sujetándola de los brazos y piernas como podían.

—¡¿Dónde están las drogas?! ¡Apúrense y tráiganlas! —gritaba exaltado uno de ellos, con una vena en la frente marcada y el sudor cayéndole a chorros del cuello.

—¡No quiero que nadie me toque, aléjense! —gritaba eufórica ella— ¡Quiero salir de aquí, no quiero estar aquí!

Entonces Sasuke observó que una enfermera ya tenía la jeringa lista, y se dirigía a ella. No lo pensó más, caminó apresuradamente al lado de la cama y apartó el brazo de la mujer, quien lo miró confundida. Los enfermeros hicieron lo mismo.

—¡¿Qué haces, no ves que no podemos controlarla?! —le exclamó uno de ellos furioso. Sasuke ni siquiera lo miró.

Sakura no lo estaba mirando, ella tenía los ojos cerrados y seguía gritando con locura. Estaba fuera de sí. ¿Qué Sakura era esta, con el rostro transformado en el de un monstruo rogando clemencia? La Sakura que él conoció, la que sonreía dulcemente… ¿dónde estaba?

—¡Cálmate! —le gritó Sasuke finalmente.

—¡No, váyanse! —respondió ella.

Él, sin pensárselo mucho más, le tomó ambos lados de la cara con las manos. Ella sacudió un poco la cabeza, pero entreabrió los ojos lo suficiente… para verlo borrosamente.

—¡Sakura! —clamó él nuevamente, y ella abrió sus ojos completamente ante su voz.

Su voz.

Se paralizó. Fue más efectivo que cualquier sedante que le hubieran podido inyectar. Sakura, increíblemente, dejó de forcejearles a los enfermeros y éstos, mirándose entre sí confundidos y asustados, la soltaron. La miraron unos minutos, pero ella no a ellos. Sakura solamente veía a la persona que tenía frente suyo, el que le tomaba la cara mirándola a unos cuantos centímetros de distancia, sentado en la cama delante de ella. Esos ojos oscuros que no parpadeaban, esa expresión firme y congelada.

Por primera vez en todo ese tiempo Sakura sintió algo distinto al vacío de su alma.

—¿Sasuke…kun…?

Él finalmente la soltó, respirando profundamente. Les hizo seña a todos a su alrededor con la mano para que despejaran el cuarto, y aunque lo dudaron un poco, le hicieron caso. Él parecía ser lo único natural que la podría mantener así. Cerraron la puerta, y Sakura dejó caer su cabeza sobre la almohada.

Ninguno paraba de mirarse, como si acabaran de descubrir un continente nuevo. Pero ella no decía nada, así que él tuvo que empezar.

—Sí, soy yo, Sasuke Uchiha.

Ella solamente lo miraba, con el ceño fruncido pero sin decir nada, ni tampoco llorar. Él la recordaba como una cría bastante sentimental, de esas que lloraban por todo… pero no sabía que dentro suyo ya no habían lágrimas, que estaba seca. Ella ya no sentía ganas de llorar, solamente de morir en parte, y de desaparecer del mundo en otra pequeña porción. Hacer como si nunca hubiera existido.

Sus ojos estaban secos, lo miraban fijamente, con un dolor indescriptible y a la vez callado y ahogado en un mar de emociones muertas.

—Fui asignado a tu caso y te reconocí al entrar, mientras dormías —le dijo, sin que ella preguntara—. Necesito que me respondas muchas preguntas.

Sasuke siguió hablando, pero la mente de Sakura se quedó en blanco cuando dijo eso último. La forma en que lo dijo, su falta de tacto… ¿ella era solo un trabajo para él? Sí… lo era. Se respondió esa pregunta con demasiada facilidad. Ahora le era más fácil ser sincera consigo misma. Para ellos también había sido sólo un trabajo más… para todos era una cosa. Un contenedor.

—Basta —lo interrumpió en el medio de sus palabras, las que ni siquiera escuchaba. Solamente oía un eco lejano, pero no a Sasuke. Él se detuvo, mirándola un poco sorprendido.

—¿Quién te hizo eso en Argentina? ¿Quién te pudo ingresar a este país sin tu nombre real? —Sasuke la avasallaba con sus preguntas, con ese tono. Sakura no podía responder, se sentía en blanco, su voz era demasiado dura para ella. Sus tímpanos no los soportaban.

—Basta —volvió a pedir ella, corriendo la cara, arrugando el entrecejo aún más.

—¿Quién te violó?

Sakura lo miró… no, lo fusiló con la mirada. Fue entonces cuando Sasuke sintió una punzada directa en el pecho, cuando cayó en la cuenta de lo que acababa de decir sin darse cuenta de una manera tan frívola y egoísta. Él siempre había sido igual, sin medir sus palabras… tan directas, tan carentes de tacto y calidez. Lo que Sasuke no supo fue que Sakura se sentía destruida por dentro al oír tales palabras de él, que una pregunta como esa le hacía caer en la cuenta de que no estaba muerta, que tampoco lo había soñado. Que todo era real.

—Vete —le ordenó, pero la palabra se fraccionó a la mitad. Su garganta no lo soportó, el pecho le iba a estallar en cualquier momento.

Era demasiado para un cuerpo humano soportar tanta tortura. Sasuke se puso abruptamente de pie, cerrando los ojos y suspirando. Se dio la vuelta para ir a la puerta, ella definitivamente no iba a hablar en ese momento y él, honestamente, no sabía cómo lidiar con ello. Era mucho para él, no estaba listo. Por primera vez en su vida Sasuke no se sintió apto para algo. Ella no era simplemente otra víctima.

—Tienes que calmarte o ellos te encerrarán en una habitación de psiquiatría y te sedarán todo el día —le advirtió él mientras se iba.

—¿Por qué de todos tenías que ser tú…? —le preguntó Sakura, apoyando la cabeza en la almohada y corriendo la mirada hacia el suelo, en el lado opuesto a la puerta.

Sasuke se detuvo antes de girar el picaporte, y aún de espaldas, le pronunció:

—Me pregunto lo mismo de ti.

Salió de la habitación en ese momento. No se atrevió a mirar atrás. Y Sakura, por primera vez desde que había estado internada, generó las lágrimas que creía secas. Lloró, ahogó su llanto en la almohada y se tapó la cara con las sabanas, como si ellas fueran a protegerla de todo lo que estaba pasando. Jamás se había odiado tanto como hasta ese momento. Absolutamente nada de lo que le había pasado en su vida había ocurrido como ella quería que ocurriera… era frustrante y cruel al mismo tiempo.

Cuando Sasuke estaba en el pasillo, se le acercaron las enfermeras preocupadas.

—No se preocupen por ella, creo que a partir de ahora va a calmarse —las tranquilizó, y ellas suspiraron del alivio.

—Es realmente sorprendente el efecto que usted tuvo en ella. No tiene idea de cómo estaba antes de que llegara, parecía una bestia. ¿Qué debemos hacer con psiquiatría?

—Manténganla aquí, ella no está loca, no necesita que la aten a una cama y la seden las veinticuatro horas del día. La necesito despierta y lúcida —les ordenó.

Aquellas enfermeras estaban acostumbradas a recibir órdenes de Sasuke cuando llegaban víctimas de algún tipo de delito. Él era muy respetado, y ellas le hacían caso porque nunca fallaba en nada.

—Haremos lo que usted pide, mandarla a psiquiatría está fuera de nuestras manos, después de todo —informó la mujer, mirándolo seriamente—. Pero no puedo hablar por el psiquiatra. Nosotras, por más que le pidamos lo que sea, no tenemos ningún tipo de influencia sobre él. Si él la diagnostica con algún tipo de disturbio mental y potencial peligro para esta zona, la mandará a la zona psiquiátrica y estará fuera de nuestras manos.

Sasuke suspiró. Parecía que todo se complicaba más y más…

—¿Dónde está ese psiquiatra? —les preguntó, tratando de mantener la serenidad.

—Inconsciente —Sasuke se sorprendió al oírla—. La chica provocó que se inyectara el calmante a sí mismo, así que está en una habitación hasta que despierte.

Sasuke se tomó la cara con la palma de la mano y se rascó un momento la cabeza, volviendo a serenarse un segundo después. Eso iba a estar más complicado de lo que él creía. Era evidente que ese tipo iba a tomar una decisión obvia al despertar.

—Bien, bien —repitió, mirando a las enfermeras serio—. Avísenme cuando despierte, hablaré con él.

Ellas asintieron velozmente.

—Y dejen sola a Sakura por un par de horas… entren sólo mujeres, a lo necesario, y háblenle lo menos posible —les recomendó, haciendo un análisis mental del comportamiento que había visto en ella.

Su intuición le decía que ella necesitaba un momento para aceptar lo que le ocurría, dónde estaba, y lo que seguía a eso, que era que el delito debía ser revelado.

Sasuke miró confundido a una de las enfermeras, que estaba sonriendo sutilmente. Ella se puso seria cuando se percató que él la miraba.

—Lo siento, señor Uchiha —se disculpó, volviendo a sonreír amablemente—. Es sólo que… bueno, es la primera vez que lo oigo referirse a una víctima por su primer nombre.

Sasuke abrió los ojos sorprendido en ese momento, y las demás enfermeras fingieron no escuchar nada, tragando saliva.

—¡Disculpe, tengo que ir a revisar unos pacientes! —exclamó nerviosa la joven, dándose la media vuelta para huir de ahí cuanto antes.

Sasuke se quedó en silencio, frunciendo el ceño mientras la veía irse. No se había dado cuenta de ello.

Las otras enfermeras tosieron y se acomodaron las gargantas nerviosas también.

—Bueno, señor Uchiha —lo llamó una—, nosotras le avisaremos. Hasta luego —lo saludaron, y todas se dispersaron tan rápido que ni siquiera llegó a ver por dónde se fueron.

Se quedó allí, de pie, solo. Y de pronto el celular comenzó a sonar. Contestó después de un par de pitidos.

—Sasuke Uchiha —saludó, como siempre.

—Señor Uchiha, tenemos los videos de las cámaras de seguridad que pidió —anunció un oficial del otro lado.

Sasuke colgó inmediatamente para dirigirse a la estación, donde quizás sus dudas se dilucidarían al ver quiénes la arrastraron hasta allí, y cómo lo habían hecho.

¿Pero sería capaz de ver el vídeo con el mismo profesionalismo que siempre había tenido…?