Capitulo 1: Escapando hacia la libertad

En el palacio de Buckingham: Inglaterra-Londres.

En una amplia habitación un muchacho de cabello color negro azabache, propietario de unos hermosos ojos color verde esmeralda, cubiertos por unos lentes de montura redonda, se encontraba sentado en su inmensa cama, contemplando los primeros rayos del sol que se filtraban por su ventana.

Una pequeña lágrima escapo de sus ojos, siendo limpiada con furia inmediatamente, a la vez que en un susurro decía:

"Recuerda que cuando los primeros rayos del sol se filtren por tú ventana…".

Pero el muchacho no pudo terminar su frase porque intempestivamente la gran puerta de roble de su habitación se abrió y al instante dos cálidos y delicados brazos lo estrujaban cariñosamente y alguien en la puerta decía:

- Feliz cumpleaños alteza.

El muchacho correspondió el abrazo que le brindaban y sonrió divertido al escuchar las palabras de la otra persona que estaba en la puerta.

- Muchas gracias joven Weasley.

En eso los brazos que lo estrujaban deshicieron su agarre y una muchacha de melena pelirroja y unos bonitos ojos color celeste, muy hermosa, dijo:

- ¿Por qué tanta formalidad entre ustedes dos?, ya déjense de tanta tontería y salúdense como es debido.

Dicho esto el muchacho que se encontraba en la puerta rápidamente se acerco a la cama y le dio un abrazo fraternal que fue bien recibido por el otro muchacho.

- Feliz cumpleaños Harry.

- Muchas gracias Ron.

La muchacha pelirroja sonrió ampliamente.

- Y usted mi lady, ¿no le piensa desear feliz cumpleaños? - preguntó Ron, que era un muchacho también pelirrojo con unos bonitos ojos color azul y su rostro tenía muchas pecas.

- Feliz cumpleaños Harry.- la muchacha volvió abrazarlo y le dio un sonoro beso en la mejilla.

En eso iban cuando alguien más ingreso a la habitación y dijo con voz severa:

- ¡Señor y señorita Weasley que significa esto!

Los mencionados abrieron los ojos desmesuradamente y de inmediato se pusieron de pie de la cama.

- Señorita McGonagall, buenos días.- saludo el muchacho de cabellera negra.

- Muy buenos días su alteza.- mirando escandalizada a ambos pelirrojos.- ¡Pero como se han atrevido ustedes a presentarse así en la habitación del príncipe Harry!

Ambos pelirrojos se miraron y vieron que aún llevaban puestos sus piyamas.

- Usted especialmente Lady Ginevra, como puede presentarse en camisón en la habitación donde hay 2 muchachos mayores que usted.- reprendió enojada.

- Pues no es la primera vez que estos dos muchachos mayores que yo por un año, me ven así.- respondió la pelirroja.

Harry y Ron tuvieron que aguantarse la risa al ver el rostro palidecer de McGonagall.

- Pero como puede ser tan descarada señorita, me parece que tendré que informarles a sus padres por su descabellado comportamiento y…

- Hágalo si desea señorita McGonagall, porque ellos bien saben que no estoy haciendo nada malo, ya que Ron es mi hermano y Harry es como si lo fuera – interrumpió el regaño de McGonagall.

- ¡Príncipe Harry!, Lady Ginevra.- le respondió muy enojada.

- A mi no me molesta que Lady Ginevra me llame por mi nombre.- dijo Harry.

- Pues no interesa si usted alteza le molesta o no, esas son las normas.

Todos miraron hacia la puerta de la habitación de donde provenía aquella voz llena de sarcasmo y malicia.

- Lord Snape, buenos días.- saludó con voz grave McGonagall, que reflejaba que no le gustó nada la manera como se dirigió al príncipe.

- Muy buenos días Minerva.- el hombre de pelo negro grasiento y nariz ganchuda ingreso a la habitación.- veo que el príncipe ya despertó, por ende supongo que debe recordar que hoy tiene un programa muy ajustado y no puede estar perdiendo el tiempo con este par.- él sonrió con desprecio.

- Yo no estoy perdiendo mi tiempo, ellos son como mis hermanos y le ordeno que se refiera a ellos con mas respeto.- intervino Harry.

- Como usted quiera alteza, solo era una sugerencia.- sonrió con desgano Lord Snape.- tiene media hora para bajar y comenzar con sus actividades, usted vera como se las arregla para hacer todo los que le falta en ese corto tiempo; permiso.

Dicho esto Lord Snape salió de la habitación ondeando tras el su larga capa negra.

- No se como puede ese seguir aquí Harry, es tan desagradable.- dijo Ron y los tres se asombraron al comprobar que McGonagall no les reprendió por expresarse así, es más, creyeron ver por un segundo que hizo un gesto afirmativo.

- Bien niños, es hora de comenzar con el itinerario.- habló con mucho mejor humor la mujer.

- Señorita McGonagall, creo que el príncipe Harry ya no es un niño, hoy cumple 16 y solo le falta un año para tener la mayoría de edad.- informo divertido Ron.

- Es cierto, su alteza perdone mi olvido.- McGonagall se acercó a Harry e hizo una reverencia.- que tenga un feliz cumpleaños, príncipe Harry.

- Muchas gracias señorita McGonagall.- sonrió Harry.

- Pues bien.- sonriéndole a los tres.- Lady Ginevra sígame que es hora de arreglarla, alteza, enviaré a las doncellas para que lo ayuden en todo, joven Ronald arréglese de una vez para que acompañe al príncipe en sus actividades, los veo en el comedor en un rato.

McGonagall y Lady Ginevra salieron de la habitación dejando solos al par de muchachos.

- Bien Harry, vuelvo luego, tus doncellas vendrán a arreglarte.- sonriendo pícaramente.- ellos ya deberían de darse cuenta que ya estas grandecito para tener doncellas.

- Por si no te has dado cuenta ellos siguen creyendo que aún soy un niño.- levantándose de su cama.- y las doncellas son las únicas que se han dado cuenta de que yo ya no lo soy, por eso ahora me dejan hacer mas cosas por mi propia cuenta.- dirigiéndose al baño.- así que deja de alucinar Ronald.

Dicho esto Harry se encerró en el baño y su amigo pelirrojo salió de la habitación dejando a las doncellas que en ese mismo momento llegaban para ayudar en lo que podían al príncipe Harry.

Miles de Kilómetros de ahí, específicamente en otro continente, y más preciso en la Isla de Manhattan en la ciudad de Nueva York (USA).

- ¡Hermione!

Una muchacha de largos cabellos rubios algo desordenados, unos hermosos ojos azules, vestida con unos pants azules algo desgastados y una blusa roja, sentada en su impresionante auto convertible rojo y con la música a todo volumen, gritaba el nombre de su mejor amiga.

- ¡Hermione!

Una muchacha con unos impresionantes ojos color miel, rizos castaños, vestida con una falda color rosa pálido que le llegaba hasta las rodillas y una blusa blanca, asomaba su cabeza por una de las ventanas del edificio en el que vivía.

- Luna deja de gritar.- le reprendió la muchacha.

- Pero Hermione se nos hace tarde, ¡apúrate! - volvió a gritar la rubia.

Una mujer desde otra ventana del mismo edificio asomo su cabeza y miró disgustada a Hermione.

- Niña puedes decirle a tú amiga que se callé, hay gente aquí que aún queremos dormir - le reprendió la mujer.

- Señora Spencer, lo siento - se disculpo avergonzada.

La mujer la fulmino con la mirada y desapareció por la ventana.

- ¡Te lo dije Luna! - gritó la castaña.

- Lo siento.- se disculpo la muchacha de cabellos rubios.

Hermione desapareció de la ventana y cinco minutos después apareció en la puerta de del edificio.

- Ya era hora - le reprocho Luna.

- Lo siento Luna, pero hoy me tocaba hacer el almuerzo, mamá y papá me matarían si no lo hacia.

- Bueno si es por eso, te perdono, menos mal me avisaste que tú cocinas hoy porque si es así te iba a decir para quedarme a comer mañana en tú casa, pero mejor no, la última vez que cocino tú papá.- la rubia hizo una mueca graciosa causándole risa a su amiga.

- No seas mala Luna, mi pobre papá hace lo mejor que puede.

- Seria preferible que se dedicara a ser dentista solamente, porque si se le ocurre ser cocinero, pues pobre de sus cliente.

- ¡Luna!- gritó Hermione riéndose.

Ambas muchachas se rieron tan fuerte que la mujer volvió aparecer en su ventana y les dijo:

- ¡Hey, par de niñas bulliciosas!, ¡si no se van en este instante les echare agua! - mostrándoles un balde - ¡y les aviso que esta helada!

- Será mejor que nos vallamos.- dijo Luna arrancando de una buena vez desapareciendo con su auto al final del callejón que era por donde Hermione vivía.

En la autopista…

- Nuestro primer año en la universidad mi querida Hermione - habló emocionada Luna.

- Si, estoy muy feliz - respondió la castaña.

- Si yo también, te imaginas todo lo nuevo que vamos a ver ahí - los ojos de la rubia brillaron ilusionados.

- Por supuesto, estoy emocionada por saber que es lo que me van a enseñar, que libros nos mandaran a leer - los ojos de la castaña brillaron.

- Hay Hermione tú nunca vas a cambiar, menos mal que en este primer año todavía nuestras carreras estarán unidas, y a lo que yo me refería era a los nuevos chicos que vamos a conocer, te imaginas.- los ojos de Luna volvieron a brillar emocionados.

- A mi no me interesa eso, yo me voy a concentrar en estudiar Luna, y tú deberías hacer lo mismo.

- Claro que lo voy hacer Hermione, pero eso no quiere decir que deje de ver a nuestros queridos y adorables compañeros - la rubia le guiño un ojo.

- Bueno con tal que estudies yo no te diré nada, pero conmigo no cuentes en tus planes de ver a nuestros "adorables compañeros", yo estoy muy feliz y tranquila así.

- Si claro Hermione.

- ¿No me crees?- cuestiono su amiga.

- Si te creo, pero no me explico porque no te distraes un poquito, distraer la vista en algunos momentos no le hace daño a nadie.

- Pues a mi si, es un gran punto de distracción y si quiero ser la mejor no tengo que distraerme con nada.

- No seas aburrida Hermione, vas a ver que cuando conozcamos más gente quizás alguien por ahí te interese.

- Si eso llega a suceder será porque realmente vale la pena.

- ¿Y que tal si yo te busco alguien que si valga la pena?

- Si encuentras a un muchacho muy inteligente, que no hable tonterías, que sea educado, que sepa respetar a las mujeres, que sea muy guapo, que sepa bailar muy bien.

- ¿Bailar muy bien? - pregunto extrañada Luna.

- Si, que se exprese con elegancia y que sea todo un caballero me avisas.

- Hermione, tú lo que quieres es un príncipe – añadió Luna riéndose.

- Posiblemente - contestó la muchacha de cabellos marrones - si alguna vez lo consigues, y dudo que exista esa persona, me avisas.

- Pues me la pones difícil Hermione.- sonriendo.- pero no hay ningún reto que yo no este dispuesta a cumplir, vas a ver que lo conseguiré y cuando lo haga, tú tendrás que hacerle caso.

- Pues si es así, trato hecho.

- Pero mi gran pregunta es, ¿dónde voy a conseguir a alguien así? - preguntó la rubia y la castaña se encogió de hombros, muy segura de que su amiga nunca encontraría a un chico como el que ella había descrito y por ende la dejaría estudiar en paz.

Londres…

- El príncipe Harry les da la bienvenida a esta cena y está muy feliz por verlos aquí, celebrando con alegría su décimo sexto cumpleaños - habló uno de los ministros.

El príncipe miró a toda la corte y alegría era lo menos que sus rostros reflejaban.

- Señores y señoras la cena esta servida - anunció uno de los comensales del palacio.

Dicho esto todos tomaron asiento, el príncipe estaba en el lugar de honor de la mesa, a su lado derecho se encontraban Ron y Ginny, a su lado izquierdo la señorita McGonagall y uno de los mejores amigos de su padre, el duque Remus Lupin, que había llegado a penas unas horas antes, nunca se perdía el cumpleaños del príncipe.

- Dieciséis años alteza, ¿cómo se siente por ello? - preguntó con una sonrisa el duque Lupin.

- Muy feliz por su presencia duque Lupin, mi padre hubiese estado muy feliz también al ver que uno de sus mejores amigos estuviera aquí.

Los ojos del príncipe al mencionar a su padre brillaron con tristeza por unos segundos, recuperando su estabilidad inmediatamente.

- Por supuesto que estaría feliz príncipe Harry.- le sonrió fraternalmente el duque.- pero no solamente porque yo estuviera aquí sino porque se daría cuenta de que su hijo ya es todo un hombre.

Harry miró sonriente por un largo rato al duque y luego centro su mirada en sus demás invitados que conversaban entre ellos, con las únicas personas que se sentía como en familia era con Ron, Ginny el duque Lupin y también la señorita McGonagall, que aunque era muy estricta sabia que todo lo hacia por su bien.

Él sabía que las demás personas que estaban ahí solo lo hacían por cumplir el protocolo no porque le tuvieran algún tipo de afecto.

Sabía que su obligación era estar ahí, pero siempre se había preguntado como seria celebrar su cumpleaños como todos los demás, a él le hubiese gustado estudiar en una gran escuela como los demás chicos de su edad, pero no, él siendo el príncipe no podía hacer esas cosas, él tenia profesores particulares, que lo instruían, ni siquiera compartía clases con su mejor amigo Ron, ya que según decían la educación que a él le correspondía era única.

Muchas veces se preguntaba hasta cuando iba a soportar ser tratado como un objeto, sin importar lo que él pensaba, todos se empeñaban en hacerle cumplir el protocolo, se preguntaba si es que sus padres aún seguirían con vida, eso seria así, y él solo se respondía firmemente que la respuesta era : NO.

Sus padres dejarían que él opinara y le preguntarían que es lo que él deseaba, pero lastimosamente sus padres ya no estaban a su lado y él tenia que acatar las ordenes de aquellos que eran los encargados de dirigir el reino hasta que él fuera capaz de hacerlo, mientras tanto seria la marioneta de ellos.

La respuesta a su pregunta de "Cuanto más soportaría siendo el objeto de los demás", seria contestada aquella noche.

Uno de los comensales se puso de pie y dijo:

- Señores y señoras, Lord Snape por mandato del príncipe va hacer un anuncio.

Harry miro a Ron y a Ginny, los cuáles tenían su misma cara de asombro, ya que él no recordaba haberle encargado a Snape hacer algún anuncio.

- Muy buenas noches - mirando hacia el príncipe haciendo una reverencia algo burlesca.- Esta noche nos hemos reunido por una celebración muy especial, como todos saben el heredero a la corona el príncipe Harry, hijo de nuestro "querido" - esto lo dijo con sorna muy bien disimulada.- Rey James Potter y nuestra adorable reina Lilian Potter, cumple dieciséis años, todos debemos estar muy felices por este acontecimiento, ya que a pesar de que nuestros soberanos fallecieran muchos años atrás, su único hijo esta aquí presente muy bien cuidado y educado, para que dentro de unos años sea nuestro nuevo rey.

Él hizo una pausa para tomar agua y Harry aun seguía preguntándose que era lo que iba anunciar, ya que él no le había pedido nada, pero ya estaba acostumbrado que dijeran algo en su nombre sin que él no lo supiera, no seria la primera vez.

- Bien damas y caballeros, este décimo sexto cumpleaños de nuestro príncipe, marca la línea entre la niñez y la adultez, muchos aquí saben a lo que me refiero.

En ese momento Harry escudriño con la mirada a Snape, algo le daba mala espina, dirigió su mirada detrás del Lord y vio que varias doncellas estaban ahí resguardando algo o a alguien.

- Por ello, este año con consentimiento del príncipe, la corte ha decidido que es hora de que presentemos ante la sociedad a la prometida en matrimonio del príncipe Harry, aquella que ocupara junto a él el trono de la realeza inglesa.

Todos los presentes se emocionaron al escuchar eso, todos menos cinco personas; Harry abrió los ojos desmesuradamente, Ron y Ginny se miraban confundidos ya que nunca su amigo les menciono nada, la señorita McGonagall entrecerró los ojos pensativa y el duque Lupin miraba a Harry quien estaba atónito.

- Sin más preámbulos, señores y señoras les presento a la condesa de Liverpool, Lady Cho Chang.

Las doncellas abrieron paso y una muchacha muy bonita, de largo cabello negro, muy elegante, hizo acto de presencia en el salón.

- La condesa ha sido educada especialmente para ser la esposa y la nueva reina, que junto al príncipe Harry llevaran el mando de nuestro reino y…

Snape no pudo continuar hablando porque un ruido hizo que todos los presentes miraran contrariados a su príncipe que se había puesto de pie y no llevaba una gran sonrisa.

- ¿Príncipe que sucede? - preguntó en un susurro McGonagall.

- Pues parece que Harry recién se entera de que tiene prometida, y eso es un grave error de parte de la corte - le respondió Ron.

- Lord Snape, puedo hacerle una pregunta - hablo por fin el príncipe.

- Por supuesto príncipe Harry - respondió Snape con una sonrisa de triunfo.

- Por casualidad mi padre y mi madre eligieron a la joven aquí presente - preguntó en tono serio.

- OH - Snape enarco las cejas y miró a la corte que estaba en una mesa apartada - pues vera príncipe, sus padres no eligieron a la joven, la corte se encargo de hacerlo, después de que sus padres murieran.

Todos miraron sorprendidos como el príncipe sonreía.

- Pues bien, gracias por aclarar mi duda Lord Snape.

- No tiene porque.

El príncipe estaba por sentarse cuando en eso.

- Pero quiero decirles a usted y a la corte, que yo no me voy a casar con alguien que no conozco.

Todos en la corte ahogaron gritos y alaridos de sorpresa, la corte miró alarmado a Snape quien ya no sonreía y miraba con desagrado al príncipe.

- Usted no puede hacer eso - habló segundos después.

- ¿Y porque no puedo hacerlo? - contestó Harry con una tranquilidad aterradora.

- Porque la corte y yo hemos decidido que usted se debe casar con la condesa, quien ha sido educada desde niña para ser su esposa, y dentro de un año cuando usted cumpla la mayoría de edad, la boda real se llevara acabo, y así podremos tener a la nueva sucesora de la reina.

Ron y Ginny miraron preocupados a Harry quien aún no borraba su sonrisa.

- Ese gesto no me gusta - le susurro Ginny a su hermano.

- A mi tampoco, mira sus manos, cuando tiemblan es porque esta enojado, Snape no sabe en lo que se a metido.

- Y ahora como el príncipe ya ha aclarado sus dudas, la condesa Cho, futura reina de…

Pero nuevamente Snape no pudo continuar ya que…

- Lord Snape he dicho que no lo haré, es tan difícil entender mis palabras, por ello deje de decir cosas que no se llevarán acabo.

- Príncipe creo que ya una vez le dije, que lo que usted piense, será tomado en cuenta después de las decisiones de la corte que sabe que es lo mejor para usted.

- Pues quiere que le diga algo.- Harry se puso de pie ante la atónita mirada de los presentes.- ¡La corte, usted y sus decisiones se pueden ir al demonio!

- ¡Pero como se atreve! – contestó indignado Lord Snape.

- ¡Me atrevo porque es mi vida de la cuál estamos hablando! - gritó Harry.

- Alteza cálmese - trato de tranquilizarlo McGonagall.

- ¡Su vida es lo menos que importa!, ¡aquí decidimos para el bienestar de la vida de nuestros ciudadanos!

- ¡Lo se!, y por eso, escúcheme bien, ¡no me casare!

Todos miraban atónitos la escena, Snape estaba por hablar, pero alguien más lo interrumpió.

- Alteza, acaso soy tan desagradable para usted que rehúsa tan siquiera conocerme para luego juzgarme si puedo ser su esposa o no.

- Señorita condesa.- Harry trataba de controlarse - no me resulta desagradable, es mas es muy hermosa - la condesa sonrió - no quiero resultar ofensivo, pero no me gustaría casarme con alguien que ha sido educada para comportarse como un maniquí en mi vida, permiso.

Dicho esto el príncipe Harry salio hecho una fiera del salón, seguido por Ron y Ginny.

- Señores - hablo Snape - aquí no paso nada, señorita condesa usted no se preocupe, su boda se realizara tal y como he dicho esta noche, el príncipe solo ha tenido una rabieta de niño, pero durante todo el año que falta va a madurar y comportarse tal y como debe.

Mientras tanto en la habitación del príncipe.

- ¡Maldición! - gritó el príncipe.

- Harry cálmate - le dijo preocupada Ginny.

- ¡Que me calme Ginny! – Volvió a gritar Harry - ¡como lo voy hacer si ese, ya planeo hasta cuantos hijos debo tener!

- Harry ya basta, en ese estado no vas a pensar bien - le sugirió Ron.

Harry miro a ambos y sin más se sentó frustrado en su cama.

- Como se atrevieron.

- Pero Harry, sabíamos que tarde o temprano esto iba a pasar, es necesario que tú te cases para poder tomar el mando del reino.

- Lo se, pero yo quiero escoger a mi propia esposa, a esa muchacha ni siquiera la conozco.

- Pero tendrías todo un año para conocerla - sugirió Ginny.

- Si además no es fea - dijo Ron.

- Claro que no lo es, ella es perfecta - dijo Harry ganándose una mirada de extrañes de parte de sus amigos - me refiero a que ella esta educada solo para ser perfecta, nunca tendrá un defecto, nunca se quejara por algo, porque dentro del protocolo no esta establecido, y eso es lo que yo no quiero.

Ambos hermanos lo miraron comprendiendo su dilema.

- Saben algo - sus ojos brillaron de manera extraña.

- Esa mirada no me gusta - dijo Ginny.

- ¿Que tramas Harry? - pregunto Ron.

- ¿Que tramo?, nada Ron - sonriendo.- ahora ya no se trata solo de tramar algo, sino de ejecutar el plan que tengo desde hace tiempo.

- ¿Plan? - preguntó extrañada Ginny.

- Si plan, ¿lo recuerdas Ron?

- OH, ese plan - contestó preocupado Ron.

- Si Ron, ese plan - caminando hacia su amplio closet - y esta noche lo ejecutare.

- ¡Pero Harry, no puedes hacerlo!

- Claro que puedo.

- ¡Que plan!- gritó Ginny.

- Harry se quiere ir de palacio, mas preciso irse muy lejos para buscar su propia vida.

- ¡Qué! – Exclamó sorprendida Ginny.- ¡no puedes hacer eso Harry!

- ¿Ah no?- mirándolos desafiante - ¿y quien me va a detener?

- Los guardias, la corte, Snape, te da una idea de quien Harry.- lo reprendió la muchacha de cabellos rojos.

- No lo harán - habló misteriosamente Harry - bueno amigos no tengo mucho tiempo así que me voy alistar - viendo como ellos lo miraban con tristeza - no se preocupen voy a volver, pero necesitó salir de aquí, irme lejos, hasta quizás encuentre a la esposa que busco, y podría regresar con ella para casarme.

Varios minutos pasaron y ninguno de los tres dijo nada.

- Bien chicos, me iré en la madrugada cuando todos estén durmiendo, llevare algunas cosas, ellos sabrán que me he ido en la mañana, no sabrán a donde porque no les diré mi paradero, llevare algo de dinero.

- Harry es muy peligroso - le dijo preocupada Ginny.

- No lo creo, pero no se preocupen estaré bien.

- Claro que estarás bien Harry - le dijo Ron.

- Ves Ginny, Ron sabe que estaré bien.

- Si que lo estarás porque yo iré contigo.

- ¡Qué! - gritaron al unísono Ginny y Harry.

- Si y no te negaras porque sino ahora mismo, iré avisar a Snape que te vas.

- No lo harás - desafió Harry.

- No me retes - respondió con una sonrisa Ron

- Está bien, vendrás conmigo.- finalmente acepto el príncipe Harry.

- Bien tenemos que ver que vamos a llevar y…

- Yo también iré - dijo intempestivamente la pelirroja.

- ¡Claro que no! – exclamó Ron.

- Si, claro que si iré - sonrió maliciosamente Ginny.

- No y es mi última palabra.- le ordenó su hermano.

- Bueno, ustedes se lo buscaron, ¡El príncipe se quiere esca…!

La pelirroja no termino de gritar porque Harry y Ronald le taparon la boca.

- ¡Estás loca! – Regañó Harry - ¡nos descubrirán!

- Entonces llévenme - sonrió angelicalmente.

- Muy bien, irás - respondió resignado.

- ¡Harry, estas loco!

- Si no la llevamos no dejara que me vaya - sonriéndole tiernamente a la pelirroja - conozco bien a esta niña para saber que es capaz de hacerlo.

- Si en eso tienes razón - confirmó - Ginny

- Pues bien los espero a las 3 de la mañana aquí, a esa hora los guardias están medios dormidos y podremos salir, traigan consigo mucha ropa, y vístanse no tan llamativos, si tienen dinero tráiganlo también.

- Está bien - respondieron los dos hermanos saliendo de la habitación.

- Madre – Harry se acercó al balcón y observó las estrellas - no se si estaré haciendo lo correcto, espero que si, pero por favor protégenos a mis amigos y a mi desde donde estés, se que tú estarías de acuerdo al igual que papá que yo vaya a buscar mi destino, y quizás como les dije antes a mis amigos, encuentre aquella chica ideal, es una promesa ¿recuerdas?

Una estrella pareció brillar mucho mas en el cielo, y el príncipe Harry supo que desde esa noche su verdadera vida comenzaría.

Fin del Capitulo

Hola, aquí de nuevo la loca de Usagi, trayéndoles una nueva historia, espero que les haya gustado, y si es así dejen reviews por fis, que como dice una autora que me gusta mucho como escribe, los reviews son el oxigeno para vivir, así que si no quieren que muera, por fis, denle click en Go, y déjenme un review.

Me despido hasta el próximo capitulo.

Atte.

Usagi Potter