Capítulo 2: Un nuevo juego
Llevo todo el día pensando en Cosima. No entiendo por qué siento esto por una mujer, nunca me había pasado antes. Es un sentimiento de necesidad, de estar siempre a su lado, de no separarme nunca de ella, de pasar los días junto a ella hablando de cualquier cosa, de reírme de cualquier tontería,… ¿a esto le llaman amor? No lo sé. Ahora me replanteo si alguna vez he estado realmente enamorada, porque este sentimiento no lo había sentido antes.
También es un sentimiento de miedo. Miedo a que no sienta lo mismo, miedo a perderla, miedo a no verla nunca más, miedo… Jamás había estado tan aterrada.
Como estuve todo el día pensando en ella, no me enteré de las clases. Tampoco me importó. Estuve recordando su pelo, recogido en una coleta alta, sus ojos, que, escondidos tras las gafas, miraban con curiosidad, sus labios… qué ganas tenía de besarlos…
Llegué al hotel y me tumbé en la cama. Me quedaban 7 horas para volver a ver a Cosima. ¿Qué voy a hacer?
Estuve tumbada mirando al techo como una hora, hasta que mi estómago crujió de hambre. Miré la hora, eran las 4, debería comer. Llamé al servicio de habitaciones y pedí una ensalada César y una pieza de fruta. Me estaba replanteando hacerme vegetariana, pero sé que no duraría mucho sin comer carne. Llamaron a la puerta. El camarero era muy atractivo, rondaría los 30, me dedicó una sonrisa embriagadora cuando le abrí, me imaginé a Cosima trayéndome la comida y sonriéndome de esa manera y el corazón me dio un vuelco. Necesito verla.
El resto del tiempo lo pasé de compras pues me di cuenta de que no tenía un vestido sexy. Me compré uno negro, corto, suficiente para insinuar pero no enseñar. Además, tenía la espalda abierta, así se podían ver mis lunares. Me compré unos tacones a juego con el vestido, pero no muy altos. Quería que la noche fuese perfecta y unos tacones no me la iban a arruinar.
Llegó la hora. Estaba preparada incluso media hora antes, pero me quedé mirando al reloj esperando que las agujas marcaran las nueve. Bajé por la escalera principal del hotel y la vi. Desde mi posición no me podía ver, pero yo a ella sí, así que me quedé disfrutando de las vistas. Llevaba unos pantalones ajustados y una camisa corta por lo que se le veía un poco la tripa. Su tripa lisa y tersa. Bajé los últimos escalones que me quedaban y me vio. Me sonrió en seguida.
-¡Vámonos de copas! –dije cuando me acerqué.
Íbamos paseando y ella me agarraba del brazo. Entramos a un pub británico que hay cerca del hotel. Nos sentamos en una mesa, pedimos unas cervezas y unos snacks.
-He estado investigando todos los bares de tu zona y he hecho una ruta.
-Mmm… ¿a cuántos bares vamos a ir?
-Eso depende de lo borrachas que vayamos –nos reímos.
A medida que el nivel de la cerveza descendía del vaso, nos sentíamos cada vez más relajadas y, obviamente, más contentas.
-Dime… Delphine –me dijo de pronto- ¿te gusta el jazz?
-Sí, claro –di un sorbo a mi cerveza.
-Bien, porque nuestro siguiente destino es un bar de jazz –me cogió de la mano y me sacó del bar a trompicones. No me acuerdo de si habíamos pagado la cuenta. No me importó, yo solo quería estar con ella.
Entramos en el bar de jazz y nos sentamos en una mesa cerca del escenario donde estaban tocando.
-¡Música en directo! –le dije- nunca había estado en uno de estos.
-¿En serio? Pero si lo tienes casi al lado del hotel –me miró sorprendida.
-Ya, es que no salgo mucho…
-Conmigo saldrás más a menudo, ya lo verás.
No me dio tiempo a contestarle porque vino el camarero y pedimos algo para comer.
-Cuando terminemos de comer, nos vamos a un sitio y jugamos a un juego…
-Eso ha sonado muy a Saw, ¿no? –la interrumpí. Mi comentario le hizo gracia. Me encanta su risa, es muy contagiosa, además se le ven unos colmillos puntiagudos que a mí me parecen muy sexys.
-Simplemente quiero jugar a un juego contigo –me miró pícaramente, se me encogió el estómago y me puse nerviosa- ¿Te he puesto nerviosa? –me ruboricé- ¡Te he puesto nerviosa! –se empezó a reír.
-¡Vale, sí! Quizá un poco… -mi corazón estaba desbocado. Quería jugar a ese juego.
Terminamos de cenar y, esta vez sí que pagamos. Me llevó a otro bar, era como una discoteca, pero la música menos alta y sin DJ. Elegimos una de las del fondo que estaban más a oscuras y tenían sofás dobles, así estaríamos más juntas, sin una mesa en medio.
-Te traigo las bebidas, quédate aquí –me dijo y desapareció entre la multitud. Me senté en el sofá y observé a la gente bailar. De pronto, una chica se me acercó. Era muy guapa, pelo largo, rubia, y con curvas muy sensuales.
-¿Bailas?
-Em, no, no, gracias –respondí cortésmente. Pero en vez de darse por vencida, me cogió la mano y tiró de mí a la pista. La solté la mano y ella me puso las manos en mis caderas y me acercó a ella. La puse las manos en los hombros y le di un empujón para que se apartara. Por fin, lo pilló y se fue. Me di la vuelta y vi a Cosima con un montón de copas en la mesa, mirándome divertida.
-¿Por qué no has bailado con ella?
-No era mi tipo –dije. Ni siquiera sabía si tenía un tipo.
-Eso es muy alentador –dejó la frase en el aire y sentí el impulso de besarla. No me podía contener. Quería hacerlo. Necesitaba hacerlo. Me mojé los labios, ella bajó su mirada y me observó hacerlo. Separó los labios. Eso era lo que necesitaba. Le acaricié la mejilla, me miró y en sus ojos pude leer el deseo. Acaricié con mis dedos sus labios. No me podía aguantar más y ella tampoco. Nos besamos apasionadamente.
Dicen que el mejor beso es aquel que se da tras miles de miradas. Nuestro beso fue uno de esos. Noté cómo abría la boca, dejando entrar a mi lengua. Exploré, poco a poco, su boca. Cada rincón era especial. Me tocó la tripa. Me estremecí al tacto, pero ella no la alejó, en vez de eso, me acarició. Yo coloqué una mano en su cuello, ella subió su mano a mi pecho. Estaba muy caliente y este no era el sitio adecuado, así que me separé un poco, mi nariz rozaba la suya.
-Wow, Delphine –sonrió.
-Wow, Cosima –sonreí.
Habíamos descubierto un nuevo juego.
