Primeras Impresiones.

Año de 1857.

La hermosa jovencita pelicastaña se encontraba a retirada distancia de su casa, escondida en el bosque frente al hermoso lago de aguas azules entremezcladas con tonos esmeraldas que al combinarse le daban un aspecto color turquesa. Llevaba puesto un hermoso vestido en color vino tinto, adorando con finos encajes y listones en color negro que contrastaban con el color de la indumentaria. Su hermoso cabello castaño el cual era ondulado por gracias de la naturaleza, no necesitaba mucho arreglo, aquellos buques se le formaban de manera natural cubriéndose ese día, solamente con un amplio sombrero de ala ancha en color rojo con flores negras. De verdad que amaba los sombreros.

No sabía si estaba bien o mal lo que hacía, habían pasado tres días desde que al salir de la tienda de telas de Lady Dorothy, al haber corrido tras su pañuelo que había salido volando, había tropezado accidentalmente con aquel hombre. Recordaba que al caer ambos, a él se le cayó algo que después levanto, no recordaba que era, su mirada solo se había dedicado a contemplar a aquel hombre. El cual gentilmente se había disculpado y le había ayudado a levantarse. Recordaba que había olvidado su pañuelo por completo y la muy tonta lo había perdido, pero bien o mal había aceptado un encuentro con aquel hombre. No sabía porque, eso era indigno, impropio de una señorita decente que además estaba comprometida, y no con cualquier hombre, sino con el poderoso Sir Sapphir Carlyle, si eso llegara a oídos de su prometido seguro este podría desistir del matrimonio, lo cual causaría la furia de sus padres, Lita sabía que a sus 19 años ya estaba bastante grandecita, si seguía pasando más tiempo sin que se casara, podría quedarse solterona, para vestir santos, ya mucha gente le hacía comentarios como "Lita, pero si a tus 19 años yo ya estaba casada y hasta tenía tres hijos", comentarios que si bien a ella no le importaban, si a su familia.

Habían pasado ya varios minutos, pensó que seguramente aquel hombre solo la había timado, pero cuando estaba a punto de irse lo visualizo desde lejos, montando un hermoso corcel en color negro. Le parecía un hombre de ensueño, bien parecido, hermosos ojos, una mirada profunda, una manera de conocerlo poco común y hasta romántica, a eso le agregamos el hecho de que llegara al encuentro montado a caballo, tal como imaginaba al su hombre ideal. Siempre había soñado vivir un amor mágico donde su príncipe azul la raptara y huyeran juntos en su hermoso caballo. Lo miro acercarse y bajar del animal, no sabía que decir, estaba hecha un manojo de nervios, no quería mostrarse ansiosa o deslumbrada, pero ya estaba sonriendo como tonta, sintiendo como sus mejillas se ruborizaban.

-¡Buenos días tenga usted señorita!.- Saludo aquel hombre del que mucho había soñado con su físico pero ni siquiera le habia preguntado el nombre. Cuando había visualizado venir a su madre hacia ella aquel día, no pudieron presentarse, tan solo pactaron rápidamente verse en tres días en aquel lugar. ¡Un gusto verla de nuevo!.- Saludo el hombre mientras se inclinaba y le besaba la mano caballerosamente.

-¡Buenos días tenga usted!.- Dijo la chica titubeante, mientras le daba la espalda y caminaba hacia aquel lago aventando piedrecillas.- ¡No tengo mucho tiempo libre para estar fuera, papá podría mandar a buscarme si tardo mucho y…-

-¡Y podría encontrarla conmigo!.- Termino de decir el joven.

-Así es. No vaya usted a pensar que soy una…-

-¿Una mujer indecente?- Completo el muchacho rubio interrumpiéndola para después soltar una carcajada.- No lo creo señorita, pero quizá si un poco atrevida.

Lita giro la vista y lo miro espantada. ¿Acaso no era casi lo mismo ser indecente que atrevida?. No supo que responder ante aquel comentario y sin querer dejo caer el abanico que cargaba en una de sus manos, a la vez que se ruborizaba.

-Permítame.- Le dijo el joven agachándose para tomar aquel objeto y después entregárselo.

-Sabe, creo que ya tarde demasiado, quizá sería mejor si vuelvo a mi casa.- Respondió la joven sonrojada mientras se daba media vuelta para alejarse del lugar, pero entonces sintió como aquel hombre la tomaba con fuerza del brazo haciéndola girar para quedar frente a él.

-¿Usted me está tocando?.- Cuestiono entre asustada y excitada. Jamás un hombre la había tocado más de la cuenta, pero extrañamente eso le gustaba.

-¡No se valla señorita, por favor!.- Suplico el hombre.- Déjeme seguir contemplando su belleza.

-Pero yo, esto no está…-

-¿Va a decir que esto no está bien?...No pretendo aprovecharme de usted señorita…Por cierto…¿Cuál es su nombre?

La joven de cabello castaños se quedó en silencio un momento, como hipnotizada por la sonrisa de aquel hombre y aquella mirada que le dedicaba.

-Lita…Lita Kendrik.- Tartamudeo.- ¿Usted?

-Lita lindo nombre para una dama.- Respondió el hombre mientras le acariciaba una de sus mejillas.- Yo me llamo Anthony Rumsfeld.

-¡Anthony!.- Balbuceo ella con dulzura en su voz.

-Nunca me había gustado mi nombre, pero cuando usted lo dice suena maravilloso.- Respondió el hombre bajando sus manos por los brazos de ella cubiertos por las mangas del vestido, hasta que finalmente llego a sus manos y se las acaricio con las suyas.

Lita se dio cuenta de que aquello estaba cruzando la línea de la decencia, bueno no es que a ella le pareciera indecente, pero si alguien la viera seguro no le iría nada bien. Ella no era una mujer cualquiera, no era una cortesana, además estaba comprometida en matrimonio, y no con cualquier hombre, sino con Sir Sapphir Carlyle.

-¡Creo que esto es demasiado!- Dijo mientras apartaba bruscamente sus manos y se daba una media vuelta para irse de ahí.

-¡Espere!... ¿Acaso esto no es suyo?- Escucho la voz del hombre a sus espaldas.

Inmediatamente se giró de nuevo para mirarlo y vio como el joven sostenía su pañuelo, aquel hermoso pañuelo que traía su nombre bordado. ¿Cómo era entonces posible que aquel hombre le preguntara como se llamaba? Camino hasta él y lo tomo.

-¿Cuál era la necesidad de preguntar mi nombre si en el pañuelo lo dice?- Cuestiono ella sintiéndose tonta.- ¿Acaso no sabe leer?... ¿O es usted tan distraído para haber pasado por alto el nombre bordado?

-Disculpe usted Lita, por supuesto que se leer y no soy tan distraído para no haber leído el nombre bordado en su pañuelo, yo solo quería un pretexto para retenerla a mi lado, para seguirla viendo por un momento… ¿Acaso no se da cuenta que usted se ha robado mi corazón?

Lita se quedó pensativa, dentro de si se sentía halagada, las palabras de aquel hombre sonaban demasiado dulces y maravillosas para sus oídos, era así como siempre soñó el hombre de su vida, al hombre de sus sueños, guapo, romántico, que le dijera palabras que le endulzaran el oído. Tenía miedo de que Anthony fuera tan perfecto, de que la deslumbrara solo para aprovecharse de ella, que el supiera que fácilmente podría ceder por ser una romántica y soñadora que vivía pensando en el amor. Muchas veces su madre le había advertido "hija nunca te dejes endulzar demasiado el oído. Son tácticas de los hombres para obtener la doncellez de una dama y después botarla,… ¿Quién querría a una mujer desflorada?". Todos aquellos pensamientos acudieron a su mente, era una lucha contra la razón y el encantamiento, porque Anthony era demasiado encantador.

-¿Has besado antes?- Cuestiono él.

-No.- Respondió asustada ella.- ¡Pero que pregunta!... ¿Acaso me ve cara de ser una cualquiera?- Se sintió ella ofendida.

-Perdón Lita, es que me haces perder la cordura.- Dijo el.- ¡Tienes unos ojos tan bonitos, verdes como dos gemas preciosas, como dos esmeraldas!

Lita agacho la mirada apenada, no estaba dispuesta a seguir escuchando tantos elogios o caería ante las redes de aquel seductor hombre. Sintió entonces que él le tomo de la barbilla con una de sus manos, levantándole el rostro, haciendo que ella lo mirara. Ella sintió a su vez como el la miraba a los ojos, como si examinara sus facciones hasta detenerse en sus labios.

-¡Le juro que si intenta aprovecharse de mi voy a gritar!.- Dijo ella en un susurro.

El no respondió nada pero lentamente se fue acercando a su rostro, Lita pensó entonces en lo que debería hacer, sentía la respiración de aquel hombre en su rostro, pensó entonces en golpearlo en la entrepierna y salir corriendo, pero no, no lo hizo, las fuerzas le faltaban, la cara se le ponía caliente y se le ruborizaba, mientras sentía un cosquilleo en sus manos que no dejaban de sudar a la vez que sus piernas temblaban. Sintió como el la miraba, acercándose cada vez más al rostro de ella, pronto sintió como aquel hombre le rozaba los labios con los suyos, como una suave caricia, aquello era más que un beso, sintió como apretó entonces sus labios contra los de ella y la hizo entreabrirlos para penetrar el interior de su boca con su lengua. Al principio pensó que la saliva de él le daría un poco de asco, pero conforme pasaron los segundos descubrió que su sabor le pareció agradable. El la atrajo abrazándola de la cintura, mientras la tomaba de la nuca con la otra mano, y ella primeriza, que jamás antes había besado no supo qué hacer con sus manos e instintivamente las llevo hacia el rostro de él, acariciándolo.

-Lo siento.- Hablo el sintiéndose agitado después de aquel beso prologando que los había hecho separarse solo por la falta de aire.- Lamento si la he ofendido, pero besarla en verdad fue maravilloso.

Lita se quedó pensativa, acaso aquel tipo pensaba que con un "Lo siento" arreglaría todo, pero no podía negar que aquel beso había sido maravilloso, que le había gustado, nunca había besado a nadie, ni siquiera su prometido Sir Sapphir Carlyle, pero estaba segura que el beso de otro hombre no le agradaría tanto como el de aquel atrevido.

-Yo también lo siento.- Respondió ella.- Soy una mujer comprometida…¡Hasta nunca!.-

Lita dios media vuelta tomando con ambas manos la falda de su vestido para no pisarla y comenzó a caminar a toda prisa, intentando huir de aquel hombre antes de que fuera demasiado tarde, cuando escucho de nuevo la voz de el.

-¿Y acaso usted ama a su prometido?...¡Estoy seguro que ni siquiera lo amas!.

Lita giro la vista asustada, ¿Cómo podía saber aquel hombre lo que ella sentía o no por su prometido? Él no tenía el derecho de hablarle así ni de intimidarla.

-¿Y tú qué sabes lo que yo siento?- Respondió ella queriendo sonar altanera, pero solo logro titubear.- ¡Si piensa usted que te aprovecharas de mí, pues déjeme decirle que no lo hará!

Anthony se acercó a ella y la sujeto con delicadeza del brazo.

-Yo no me quiero aprovechar de usted, no quiero ir rápido ni aprovecharme de una señorita tan linda como usted Señorita Lita.- Hablo el con dulzura.- Quiero conocerla, verla a diario, platicar con usted, escuchar el sonido de su voz, besarla, que sea mi esposa, la madre de mis hijos…¿No has entendido que estoy enamorado?...¿Que no pretendo mancillarla y por usted reprimiría mis instintos hasta que sea mi esposa?.

La joven de ojos verdes se quedó pensativa antes aquellas palabras, en verdad Anthony sonaba sincero y ella quería creerlo.

-¡Bésame, hágalo otra vez!.- Suplico ella. Anthony por toda respuesta la tomo por la cintura y una vez más la atrajo hacia el apoderándose de los labios, hasta hace poco jamás besados, de aquella doncella.

-La amo Lita Kendrik.- Susurro el cuándo se separaron.- ¡Permítame ir a hablar con sus padres, quiero pedirles su mano!.

-¡No!.- Asustada ella.- No lo aceptaran Anthony, ellos adoran a mi prometido, deme tiempo, tiempo para convencerlos de que cancelen mi matrimonio, y ya después usted se presenta ante ellos.

-¡Como quieras "My beauty"!.- Le respondió el besándole las mejillas.

Iban a besarse de nuevo, cuando de pronto Lita escucho la voz de su hermana a lo lejos, al parecer ya la habían mandado buscar.

-Lita… ¿Dónde estás?- Se escuchó la conocida voz de Molly, la hermana menor de la joven.

-¡Vallase por favor, es mi hermana, seguro deben andarme buscando!.- Asustada ella mientras se separaba del joven rubio.

El la tomo de la mano y le dio un fugaz beso en los labios, solamente había sido un roce, como una caricia rápida, pero al menos así saciaría sus ganas por un breve instante.- ¡Mañana estaré aquí, a la misma hora!.

-¡Te amo Anthony, y ya mi amor es correspondido, deja de hablarme con tanta formalidad!.- Respondió la joven.

-¡Entonces así será "My beauty", te amo.- Le contesto el para después desaparecer montado en su caballo, entre la espesura de los árboles de aquel inmenso bosque.

Lita sonrió, y corrió en dirección hacia donde se escuchaba el sonido de la voz de su hermana menor a la cual pronto encontró.

-Lita…¿Dónde andabas?- Cuestiono una chica de cabello castaño rojizo un poco más corto, la cual llevaba puesto un vaporoso vestido en color azul cielo.

-Salí a caminar, tenía ganas de…respirar aire puro.- Respondió Lita nerviosa, mientras se acariciaba los labios con las yemas de sus dedos, recordando aquel primer beso.

-¡Andas muy rara Lita!- Hablo Molly.- Papá te mando a buscar solo porque Sir Sapphir Carlyle está en casa, vino a verte.

Solo escuchar el nombre de su prometido, Lita volvió a la realidad y maldijo no haber fastidiado a Sir Sapphir Carlyle como a sus demás prometidos anteriores. Nunca estuvo enamorada de su guapo prometido, nunca estuvo feliz con la idea de la boda, pero ahora más que nunca no quería casarse, no justo ahora que había encontrado al hombre de su vida.

Época actual, Aeropuerto Internacional de Vancouver.

Eran las 5:00 p.m de la tarde en la ciudad de Vancouver por la bocina se acaba de escuchar el ultimo llamado por el que se informaba que el vuelo con destino a la ciudad de Londres partiría en 5 minutos. Las maletas ya se encontraban arriba del avión, mientras se espera a que todos los pasajeros terminaran de abordar.

Catherine y Brandon Hansford se despidieron de sus hijos antes de verlos partir rumbo a aquel viaje del que no regresarían hasta dentro de dos meses, viaje que se había hecho más por alejar a la menor de los Hansford, Mina, de aquel tipo con el que estaba emberrinchada.

-¡No es justo, yo no quiero ir a Inglaterra, menos a un pueblo viejo ni a la mansión horrible!.- Lloriqueaba Mina.

-¡Hija, tranquila mi pequeña, este viaje es por tu bien!- Cariñosa la señora Catherine que era rubia, tan parecida a su hija, pero con hermosos ojos verdes.

-¡No y no, no estoy contenta!.- Se despidió la rubia que antes de abordar el avión da un beso a su madre.

La chica de ojos amatistas y largo cabello negro fue la próxima en despedirse, observo a su madre y padre adoptivos y les sonrío.

-¡Papás muchas gracias por el viaje, los echaré de menos!.- Ambos señores abrazaron a la joven pelinegra de origen asiático, a la que adoraban tanto como a sus dos hijos biológicos, dentro de su corazón no había diferencias.

-Yo también te extrañare mi pequeñita, tu siempre tan sensata.- Conmovida la señora Catherine.- ¡Sé que ya eres mayor de edad Rei, pero por favor no te metas en líos!.

-Papá, mamá, ténganlo por seguro. Me dedicare a cuidar de Minako.- Abrazo la chica de nuevo a sus padres entrando al avión.

El joven rubio fue el último que se acercó a sus padres, llevaba unas gafas en color negro cubriendo sus ojos, sabía que por ser el hombre y el hermano mayor le darían un sermón de que cuidara bien de las dos chicas entre tantas cosas más.

¡Andrew, eres mi hijo mayor, tu respondes por mis hijas!.- Serio el señor Hansford.- Sé que Rei es mayor de edad, pero a veces es demasiado impulsiva, aunque reconozco que es una mujer sensata, por favor cuídala. A Mina, a ella si tenla bajo vigilancia, recuerda que en tu maleta van los papeles en los que te haces responsable de Mina, así que si da problemas no dudes en poner mano dura.

-Tenlo por seguro padre, la tendré bien controlada, en cuanto a Rei, aunque sea mayor de edad, también estaré al tanto de ella.

-El auto de Mina, así como la moto de Rei y la tuya llegara en un par de días.- Dijo el señor Hansford.- Sabes que hay trámites que hacer antes de enviarlas, pero no te preocupes que yo me encargo de eso.

-De acuerdo padre.- Respondió el muchacho.

Andrew abrazo a su madre y dio un fuerte apretón de manos a su padre, estaba a punto de abordar el avión cuando escucho de nuevo la voz cariñosa de su madre.

-¡Hijo, cuídate y cuida de las niñas!.- Preocupada la señora Catherine.- ¿En que llegaran a Pluckley?... Sé que el avión los dejara en Londres, ¿Cómo harán para llegar hasta el pueblo?

Andrew esbozo una sonrisa, no cabía duda de que su madre siempre sería una mujer que se preocupara por él y sus hermanas en demasía.

-Madre, todo estará bien, tranquila.- Con suave voz el joven rubio.- Recuerda que Darien vive en Londres, el también está de vacaciones y estará esperándonos en el aeropuerto para llevarnos hasta el pueblo. Lo invite a pasar las vacaciones en la mansión.

-¡Oh Dios Mío, Darien tan buen muchacho, por favor cuida que Rei no le haga ningún desplante, ya sabes cómo es ella!.- Preocupada la señora Catherine, que de sobra sabía que a la mayor de sus hijas no le agradaba del todo aquel muchacho, el cual a todos en la Familia Hansford les agradaba, excepto a la chica pelinegra, quien siempre osaba de molestarlo y hacerle la vida imposible.

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Aeropuerto Internacional de Londres.

Eran las 10:00 a.m. en la ciudad de Londres, el avión en el que Andrew y sus hermanas habían viajado desde Vancouver había arribado a aquel país 10 horas después de viaje. En Vancouver deberían de ser apenas las 3:00 a.m. de la madrugada. El joven rubio se puso lentes obscuros para evitar la luz del día, mientras sus hermanas caminaban detrás de el hacia donde se encontraba el equipaje que corría a través de una banda.

Después de que Andrew baja cada una de las tres maletas, ambos se dirigen hacia la cafetería, mas por costumbre que por verdadera necesidad de comer.

-Bueno, ahora falta saber en qué nos iremos a Pluclkey…Supongo que podríamos tomar algún taxi que nos lleve a la Estación de Waterloo y ahí tomar un tren que nos lleve hasta Pluckley. Investigue que salen cada media hora.…¿Te parece bien Andrew?.- Cuestiono la chica pelinegra, que vestía pantalón de mezclilla, blusa roja de tirantes ceñida a su cuerpo y zapatos cómodos.

-No habrá necesidad de tomar camión Rei…¡Seria tan molesto!.- Exclamo Andrew.- Mejor le pedí a Darien que nos hiciera el favor de llevarnos a…-

-¡Qué demonios estas diciendo Andrew!... ¿Cómo se te ocurre involucrar al imbécil de Darien en esto?

-¡Excelente!.- Grito la rubia llena de felicidad.- Siempre es mejor viajar en auto particular que en un maldito tren lleno de gente e incómodo. Seguro al menos en el auto de Darien podre dormir como la princesa que soy.- Termino diciendo Mina con voz chillona mientras cargaba sus zapatillas rosa fucsia en mano. Al parecer estaba cansada de caminar por el aeropuerto con aquellos incomodos zapatos.

-¡Pues preferiría ir caminando hasta ese pueblo, incluso irme hincada antes que verle la cara a ese pedazo de idiota!.- Rabiosa Rei.

-¡Mina, Rei, guarden silencio no quiero un espectáculo!- Las reprendió Andrew.- ¡Sigan caminando que quiero comer algo antes de que llegue Darien!.

-¡Pero no tan rápido Andrew, me duelen los pies!- Exclamo Mina.

-¿Y a quien se le ocurre viajar con zapatillas y vestido Mina?- Molesto Andrew.

-¡Pues a mí ya se me quito el hambre!.- Gruño la pelinegra.

Andrew ignoro los comentarios de sus hermanas y seguía caminando escuchando los alegatos de las chicas pero sin prestarles mucha atención. Era extraño que Darien no hubiera llegado a tiempo, total su amigo ya estaba acostumbrado a los buenos tratos de Mina y a la altanería de Rei. Al entrar sintió una mirada conocida sobre el pero no le presto importancia, hasta que su hermana la rubia pego un grito.

-¡Darien!.- Grito Mina dentro de la cafetería haciendo que todo mundo se girara a verla, mientras corría a una de las mesas donde se encontraba sentado un hombre alto, apuesto de cabello negro y hermosos ojos azules, el cual nada más ver a la rubia dejo a un lado su desayuno, que al parecer era una gran papa asada rellena con tocino y un refresco coca cola, y se paró abriendo sus brazos a la rubia.

-¡Mina, la Barbie humana!.- Exclamo Darien con una sonrisa mientras abrazaba eufóricamente a la chica rubia.- ¡Pero que hermosa estas, mucho más que hace dos años que fue la última vez que te vi cuando fui a Vancouver!.

-¡Gracias Darien, yo sé que lo soy!...¡Tú también has cambiado, eres más guapo que antes, seguro debes de tener novia o más de una!.- Exclamo la rubia, mientras inmediatamente la chica pelinegra de aspecto oriental, nada más escuchar eso miro al hombre de reojo apretando sus puños.

Andrew entonces se acercó a su amigo, después de que Mina se separara y lo saludo de mano dándole un abrazo rápido.

-¡Cuánto gusto verte amigo, dos años sin saber de ti!.- Exclamo Andrew recordando los viejos tiempos, cuando el peligro fue a Vancouver la última vez y se iban de "cacería".

-Lo mismo digo Andrew, sabes que no he tenido tiempo de volver a viajar a Vancouver, así que me da gusto verte…Incluso Pluckley no queda tan lejos de aquí, así que los fines de semana podríamos venir de "cacería", a buscar chicas guapas.- Dijo el pelinegro que en vez de mirar a su amigo, ponía sus ojos en Rei para ver sus reacciones.- Claro dejaríamos a tus niñas encerradas.- Termino diciendo refiriéndose a Rei y Mina.

Rei, nada más de escuchar aquel comentario giro la vista molesta hacia el pelinegro al cual aún no había saludado y lo miro rabiosa.

-¡No somos niñas imbécil!.- Exclamo molesta la chica.- Y no oses de molestarme porque te puede pesar te puede pesar.

-¡Tranquila Rei!...¿Acabas de llegar y no me saludas?...¡Que poca cortesía de tu parte!.

-¡Simplemente no puedo ser hipócrita y fingir simpatía por quien no la siento!.-

-¡Ignorare tus altanerías lindura!.- Respondió Darien.

Los cuatro jóvenes tomaron asiento en la mesa donde se encontraban Darien y piden lo mismo que el joven pelinegro, mientras Mina y Andrew se encargaban de mantener una conversación para evitar que surgieran riñas entre Rei y Darien.

Después de terminar aquel desayuno, todos se levantaron de la mesa, mientras seguían conversando de trivialidades.

-¡Andrew hermanito, ayúdame con la maleta, no seas malo!.- Suplico la chica rubia.

Andrew sin decir nada toma la maleta de la chica y caminando enfrente jalando dos maletas, la suya y la de su hermana menor.

-¡Gracias Andrew, te quiero!.- Cariñosa Mina.

Rei por su parte, tomo su maleta y tiro de ella evitando su mirada, quien antes de que pudiera dar un paso más para salir de la cafetería la tomo del brazo con fuerza.

¡Déjame cargar tu maleta!.- Amable el joven pelinegro.

-¡Acaso no tengo dos manos!...¡No necesito tu ayuda!.- La pelinegra intento seguir su camino, pero Darien sin decirle nada la detuvo y aun en contra de su voluntad le quito la maleta de la mano.

-¡Yo cargare con ella!.

Rei lejos de agradecerle su caballerosidad, salió molesta de la cafetería hasta darle alcance a Andrew.

Pluckley, Condado de Kent, Reino Unido.

Había pasado una hora y media desde que los cuatro jóvenes salieron del aeropuerto, abordando el automóvil Audi T.T. en color azul metálico de Darien, el cual había estado conversando en todo el camino con Andrew, que iba sentado del lado del copiloto, mientras en el asiento trasero Mina iba profundamente dormida y Rei, que aunque también tenía los ojos cerrados, se encontraba despierta, dándose cuenta que de vez en cuando Darien la miraba por el espejo retrovisor.

-¡Idiota!.- Pensó Rei para sí misma escuchando la plática de su hermano y aquel pelinegro.

-¡Así que cortaste con Serena!.- Exclamo Darien.- Nunca la conocí, tenías un años con ella apenas…¿cierto?.

-Sí, la adoraba a la muy perra.- Dijo Andrew como si maldijera a su ex novia.- Pero bueno, dentro de lo malo yo siempre veo lo positivo.- Sonrió Andrew maliciosamente.- Al menos no tendré alguien a quien guardarle fidelidad.

-¡Claro, ya veo, Anthony volvió a las andadas!.

-¡Así es Darien!.- Exclamo el joven rubio.- ¡Anthony ha vuelto después de mucho tiempo que había estado perdido!.- Rio Andrew imaginando a cuantas chicas inglesas no podría ligar para un acoston en aquel viaje. No cabía duda, dentro de todo, a pesar de estar con Serena, nunca dejo de ser un mujeriego empedernido.

Después de haber dicho aquello, el auto de Darien se detuvo frente al lugar tan espero y los cuatro chicos miraron maravillados la hermosa mansión desde afuera.

-¡Es increíble, maravillosa, justo como la he visto en mis sueños!.- Dijo Andrew como hipnotizado por el estilo gótico de aquella casa, sintiéndose maravillado ante la que tenía frente a sus ojos.

La vista que ofrecía aquella mansión, la mansión Kendrik que días antes el había visto subastándose por internet a tan bajo precio y que su padre compro era más encantadora teniéndola en frente que en fotografía. El joven rubio parecía maravillado ante aquella obra arquitectónica que rodeada de árboles daba un aspecto de antigüedad, como si el verla le transportara a otra época, a otro lugar, para él era una obra de arte invaluable, elegante y digna de admiración. Su propietario, el dueño anterior que la había comprado en una subasta del gobierno, había decidido rematarla a un precio bajo, debido a que según él, sucesos paranormales habían sucedido en ella. Andrew no podía creer que una bola de supersticiosos se resistieran a comprar aquella joya, pero para él, un escéptico que no creía en cosas sobrenaturales era lo de menos.

Se bajó como hipnotizado del auto, caminando entre el amplio pasto verde y los añejos árboles que adornaba las afueras de la mansión, admirando aquella obra de arte construida de tres planta a base de ladrillo y mármol, con ventanas amplias cuyos marcos eran adornados por bellos ornamentos de madera por aquí y por allá que le dejaban claro que aquella mansión tendría tantos cuartos como el propietario le había dicho. Los techos, altos de aproximadamente 4 metros de altura, construidos de forma puntiaguda dándole un aspecto victoriano, gótico y macabro.

-¡Es espantoso, digno de un horrible cuento de horror!.- Chillo Mina mientras se ponía sus zapatillas para evitar aquel terreno que según ella podría acarrearle una maldición.

-¡No te preocupes pequeña, aquí estaremos yo y Andrew para cuidarte!.- Dijo Darien.

-¡Mina por favor deja de gritar!.- Refunfuño Rei.- Presiento una energía que rodea esta casa, quizá algún fantasma en pena.- Penso la chica pelinegra en silencio.

¡Esto es, hermoso, magnifico, una obra de arte!.- Emocionado Andrew.- ¡Mi cámara!...Bueno ya tendré tiempo para tomar fotos a mi antojo, estaré aquí dos maravillosos meses.

-¡Andrew aquí debe haber fantasmas horribles!.- Se quejó de nuevo la joven rubia.

-¡No los hay Mina!...Deja de creer en estupideces los fantasmas y las almas en penas no existen, todo eso son tonterías que inventa la gente ignorante.- Defendía Andrew su escéptico punto de vista.- Solo existe el aquí y el ahora, los fantasmas y todo eso solamente han sido un negocio muy jugoso que ha inspirado a escritores y cineastas, todo un negocio millonario.

Rei movió negativamente la cabeza al escuchar a su hermano, más de una vez se habían enfrascado en duras discusiones defendiendo sus puntos de vista. Mientras Andrew defendía el hecho de no creer y de la inexistencia de algo que la ciencia no pudiera comprobar, atribuyéndose todo a fenómenos de la naturaleza; la hermosa chica pelinegra defendía y creía la idea de la existencia de un mas allá después de la muerte, de la existencia de cosas que si bien estaban ahí, no se podían comprobar ni tocar por haber sido creadas por algún ser divino, llámese dios o como sea. Ella creía en las energías positivas y negativas, en el karma, en el color de las auras, Rei Hino era la contraparte de su hermano, una mujer llena de misterio y creyente de cosas que existen aunque los ojos no lo puedan ver. Pero esa vez no estaba dispuesta a discutir con Andrew, venia bastante cansada para enfrascarse en una discusión, así que al igual que Darien y Mina camino adelantando su paso para ir a la par de Andrew.

Finalmente, el joven rubio que iba caminando delante de los otros tres, se detuvo en seco al llegar a la entrada de la casa y observar aquella amplia y alta puerta en color caoba que daba un aspecto lúgubre a la mansión y encima de esta un gablete.

-Darien, dame la llave.- Pidió Andrew a su amigo, quien por vivir en aquel país había sido quien recibió la llave por parte del vendedor, teniendola el hasta entonces aquella llave pesada de hierro que inmediatamente entrego a Andrew.

-¡Esto es perfecto!.- Emocionado Andrew.- Ni siquiera la chapa ha sido cambiada, magnifico. ¡Cómo pudo ser tan idiota su propietario para vender esta obra de arte!.

-¡Estúpido no, Inteligente si por venderle a nuestra padre esta horrible casa embrujada que seguro traerá desgracia a nuestra familia!.- Se quejó la rubia.

Andrew ignorando por completo a su hermana, introdujo aquella pesada llave en la caja metálica que se encontraba a un lado, en la puerta, y tras girarla varias veces, finalmente esta se abrió. Mina asustada, se colgó del brazo de Darien, mientras Rei miraba ansiosa a Andrew.

-¡Abre ya!.- Dijo casi como ordenando.

Andrew empujo lentamente la pesada puerta que al irse abriendo rechino haciendo que la rubia pusiera cara de espanto ante aquel ruido.

-¡No pongas cara de boba Mina!.- La jalo Rei para separarla del brazo de Darien.- No pasara nada.

Finalmente, al quedar abierta la puerta, los cuatro miraron hacia el interior de la amplia mansión Kendrik, aquella cuyo último propietario habia vendido después de que el gobierno la subastara debido a estar abandonada y no haber familiares a quien correspondiera por derecho de sucesión.

-¡Esto es…increíble!.- Emocionado Andrew.

El hombre rubio fue el primero en entrar a la mansión, seguida de Rei que se sentía fascinada, para al último Mina entrar colgada del brazo de Darien, todos estaban fascinados, a excepción de la rubia que se encontraba temerosa y repagándosele al joven pelinegro que era el único que no la reñía o se burlaba de ella cada que decía tener miedo.

Los pisos de aquella mansión eran de cerámica rustica, adornados con alfombras de hermosos colores vino tinto, paredes color caoba, cortinas rojizas con hermoso bordados en color dorado que contrastaban con el color de estas. En el vestíbulo había muebles decorados con ornamentos que le daba un aspecto antiguo al lugar, una pequeña mesita redonda y un mueble donde se podían guardar muy posiblemente sombreros , bastones y otros artículos, en la pared un hermoso reloj tallado un caoba.

Andrew y Rei tocaban cada adorno, cada mueble del lugar, en aquella época si bien no eran muy comunes las fotografías, por lo que aparecieron hermosos cuadros pintados a mano, toda una obra de arte digna de estar en algún museo. Siguieron caminando hasta entrar en el área de comedor, que era un salón bastante amplio, la mesa que yacía en el centro, era larga, rectangular, con ángulos cuadrados y patas torneadas, las sillas, al igual que el comedor eran de caoba, con el respaldo abombado y patas lisas. Recorrieron algunos de las 14 habitaciones de la mansión, donde pudieron ver escritorios pequeños con cajones a los lados, gran cantidad de mesitas, cuadras y ovaladas en todas las habitaciones y en los dormitorios, cómodas altas con espejos. Había también infinidad de sofás tapizados donde seguramente los antiguos dueños de la casa se sentaban a descansar, entre otras cosas.

-¡Pero , que hermoso piano!.- Exclamo Rei que en uno de los más amplios salones, seguro utilizado para celebrar fiestas dignas de la época, había un piano de aspecto viejo tallado en caoba.

-¡Es increíble, no entiendo como ese viejo loco pudo vendernos esta mansión con toda la riqueza y la obra de arte que tiene a tan bajo precio!.- Sorprendido Andrew que golpeo sus dedos contra las teclas del piano haciéndolo resonar desafinadamente.

-Bueno Mina, al menos no te aburrirás tanto.- Sugirió Darien.- Ahora que recuerdo tu sabes tocar piano.

-¡Ni loca tocaría ese piano viejo!...¡No me valla a caer una maldición!.- Se quejó la rubia.

Andrew seguía analizando el plano, subiendo y bajando escaleras, seguido de los demás, entrando a los dormitorios donde lucían recamaras ornamentadas con motivos de tallas en forma de hojas, mesitas pequeñas, espejos enmarcados en caoba hermosamente tallada.

-Bien, escojan su habitación, la que les parezca más cómoda.- Hablo Andrew.- Yo escogeré entre las que sobren.

-Yo compartiré con Rei.- Sugirió la rubia con tono de nerviosismo en su voz.

-¡Ni loca!...¡Habiendo tantas habitaciones no compartiré contigo, puedes elegir la tuya!.- Enfadada la chica de cabello negro.

Darien rio al escuchar la discusión entre las dos hermanas, desde que las conoció, rápidamente encontró las diferencias entre ella, no solo a nivel físico. Mina era tierna, femenina, un poco escandalosa, inocente, por otra parte Rei era una mujer enigmática, rodeada de un halo de misterio, altanera, pero no menos hermosa que Mina, cada una era hermosa a su manera, pero para Darien Rei era una mujer difícil, llamándola secretamente y en sus pensamientos como "femme fatal".

-Por favor dejen de discutir.- Las hizo callar Andrew.- Mina, ven aquí, seguro te gustara esta habitación.- Dijo Andrew maravillado que había abierto una de las recamaras quedando deslumbrado, los muebles eran muy similares a los de las otras habitaciones, pero este tenía algo que lo hacía sentirse cómodo, como si en algún sueño ya hubiera visto aquella recamara.

El hombre rubio camino hacia la ventana y removió las cortinas rojo obscuro, habia un hermoso balcón, desde donde se podía apreciar y tener una mejor vista de las afueras de la mansión.

-¡Esta habitación!... ¿Me parece tan?...No lo sé, pero tiene algo que me encanta.- Dijo fascinado Andrew ignorando las pláticas de su amigo y sus hermanas.- Sé que fue la habitación de una chica que murió trágicamente, eso me lo señalo el antiguo propietario en el plano, pero bueno yo no creo en fantasmas y…-

-¡Estás loco Andrew, pretendes matarme!...¿Cómo se te ocurre pedirme que me quede en la habitación de la muerta?.- Lloriquea Mina.

Andrew solto una carcajada, haciendo que su hermana la rubia se sobresalte.

-Los primeros propietarios de esta mansión han muerto todos Mina, es vieja la casa, qué más da como hayan muerto. Los fantasmas no existen tonta.- Se burló Andrew.- Pero bueno, sino les molesta…¿podría quedarme yo en esta habitación?...Sé que perteneció a una chica, pero no sé, me gusta.

-Por mi quédatela, todas son iguales.- Respondo Rei, que analizaba cada rincón de aquel cuarto, también ella sentía algo especial en esa habitación, algo que iba más allá de los decorados, como si alguien los estuviera observando, pero se quedó callada, no quería que Andrew se burlara de ella, y menos delante del imbécil de Darien Shields.

Algunas horas después…

Eran las tres de la tarde en Puckley, Andrew, Rei y Mina se sentían cansados debido al cambio de horario, por lo que cada uno estaba en sus respectivas habitaciones descansando, mientras Darien, por su parte había decidido ir a dar un paseo por el pueblo para visitar a un amigo.

La chica de cabello negro se encontraba recostada en la cama de la habitación que había elegido, no dormía, se encontraba despierta observando aquella habitación de antiguo aspecto. Desde que había llegado había sentido una extraña energía, como si alguien los observara a cada uno de ellos, como si alguien los siguiera y vigilara cada paso que daban.

-¿Estás ahí verdad?.- Cuestiono como si hablara al aire. Sabía que si alguien la escuchara hablando aparentemente sola la tacharían de loca, demente, pero ella estaba segura de no hablar sola.- ¡Quizá no te puedo ver, pero puedo sentirte, no me tengas miedo, no te hare daño!.- Solo terminar de decir aquello, se sobresaltó al escuchar como uno de los cuadros que adornaban de la habitación cayó al piso haciéndolo resonar.

-Tomare esto como una respuesta.- Respondió observando a todos lados. Cualquiera en su situación se hubiera asustado, pero ella no, no cabía duda de que ella era extraña.

Mientras tanto, en otra de las habitaciones, la hermosa chica rubia, dormía plácidamente, mientras en su lap top se escuchaba a todo volumen la música de un grupo de rock de moda. La hermosa chica de cabellos dorados sentía miedo de aquella mansión, pero al mismo tiempo tenía la necesidad de dormir, por lo que había puesto música para concentrarse en eso y no estar pensando en tonterías que solo la asustaban. Ansiaba que pronto Andrew contratara servicio de internet para al menos no estar tan aburrida durante esos dos meses y así poder chatear con Yaten.

-¡Oh Yaten!.- Murmuro entre sueños mientras sonreía.

De pronto la música en la computadora dejo de sonar, y esta se apagó bruscamente a pesar de que no necesitaba batería, pues la rubia la había dejado conectada para que no se apagara. Se comenzó a escuchar la música proveniente de un piano y Mina se despertó, sentándose en cama asustada, sudando frio, aquella música sonaba bastante lúgubre y el solo escucharla le causaba pavor, intento gritar, pero sintió como su garganta se cerraba y no le respondía…

Al mismo tiempo, Andrew en la recamara que había elegido y que tantas emociones le había causado, dormía plácidamente en aquella cama acolchonada, no se preocupaba por energías ni presencias extrañas como Rei, ni se sobresaltaba con cualquier ruido como Mina, para el todo aquello eran estupideces, inventos de gente ignorante que no tiene nada que hacer.

Parecía que nunca se despegaba de su cámara fotográfica, pues esta yacía a un lado de él, mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa de satisfacción, parecía que estaba soñando algo que le gustaba, pues ni el ruido de la música del piano que a cualquiera llenaría de pánico le hacía despertar.

De pronto, una imagen traslucida atravesó la puerta que se encontraba cerrada con seguro, no era una persona común, no, era como un ser divino, la imagen traslucida de una mujer joven de cabello castaño ondulado, ojos verdes, finas y delicadas facciones, de hermosos rostro, talle delgado, ataviada con un vestido rosado, corset apretado ciñéndole la cintura, vaporoso de abajo y decorado con listones y finos encajes.

Lentamente aquel ser traslucido se acercó, no caminando, más bien como si flotara, hasta donde se encontraba el muchacho durmiendo, poso una de sus frágiles manos de mujer sobre la frente de él, mientras al parecer algo parecido a las lágrimas salían de lo que deberían ser sus ojos.

-¡Al fin te encontré Anthony!.- Murmuro aquel ser que tenía aspecto de una hermosa mujer salida de otra época.- ¿Por qué me has ignorado?...¿Quiénes son esas mujeres?...

Hola a todos, espero les haya gustado el capítulo, esto es algo diferente a lo que anteriormente he escrito, así que espero dar el ancho con esto. No pretendo hacer algo terrorífico, porque no me considero aun buena para el terror, pero al menos quiero hacerle honor al género suspense y obvio al romance.

En cuanto al nombre del pueblo fantasma Pluckley, en el capítulo anterior lo escribí como Puckley, yo no tenía la idea de que este pueblo existiera, pero lo busque para escribir el fic, no sé cuál sea la manera correcta, pero lo he encontrado tanto como Puckley como Pluckley, aunque me voy por el ultimo.

Una nota que no aclare en el siguiente capítulo.

Sapphire en ingles significa Zafiro, así que ya se imaginaran quien es Sir Sapphire Carlyle.

Gracias a quienes me han apoyado como lectoras en el siguiente capítulo, especialmente a Clarissa003, a Nicky (mi amiguita, abogada, doctora y editora favorita, no sé qué haría sin vos Nickypedia) y claro también a Hotaru no Hikari (sabes que espero te guste el fic, sé que eres una experta en terror y suspenso, así que espero que te agrade y que no te parezca tedioso y aburrido de leer).

Atte:

Mademoiselle Rousseau.

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