LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN MANGAKA RUMIKO TAKAHASHI. LA HISTORIA EN CAMBIO ES MÍA.
Hola... bueno, pues regreso con el segundo capítulo de este fic y con el siguiente terminamos, espero sacarlo para antes del 30 que según recuerdo es la fecha límite para el reto en el cual participo.
Cantidad de palabras según word 4997, apenas abajo del límite. Y sin más, pues que disfruten la lectura.
-2-
Su mano tembló todavía sujetando la manija de la puerta… su rostro mostró su sorpresa cuando la vio echar su cabeza hacia atrás y morder sus labios al tiempo que ahogaba un largo gemido entre los mismos. Kagome había alcanzado el culmen del placer… dejó escapar el aliento y sin poder creerlo, retrocedió. Cerró la puerta despacio, cuidando en todo momento que la vista de la pelinegra no fuese atraída por el movimiento, hecho que no ocurriría pues la joven todavía experimentaba los estragos de su atrevido acto.
Negó en silencio una vez que estuvo en su habitación ¿qué había sido eso? Kagome… ¿Kagome sentía algo por él?
Se recargó el puerta y tragó pesadamente… ¿qué debía hacer? Cerró sus dorados ojos y su mente comenzó a traicionarlo. Los gemidos de Kagome resonaron en su cabeza aun cuando la azabache estaba en silencio y aturdida por las sensaciones experimentadas.
—¡Dios!— mencionó impotente mientras se llevaba su mano a la cabeza y la movía sin comprenderse él mismo, revolviendo en el acto su lacio y plateado cabello.
O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O
Se levantó con poco ánimo de la cama, había tenido muy mala noche al no poder evitar pensar a Kagome. Volteó a ver su pequeño despertador y se apresuró a ducharse.
Una vez que se vio listo tocó a la puerta de la azabache sin obtener respuesta.
—Kagome, se hará tarde— informó. No hubo respuesta. Volvió a tocar —Kagome…— y aun debatiéndose se atrevió a abrir la puerta. Frunció el ceño al no encontrarla.
—Qué extraño— mencionó, Kagome nunca se levantaba temprano.
Sacudió su cabeza y comenzó a bajar las escaleras con su mochila al hombro.
—Hola Inuyasha— saludó la joven azabache desde la pequeña cocina cuando lo vio bajar, le sonrió al desconcertado joven —¿desayunas?— cuestionó al ofrecer un pequeño plata con huevos revueltos y un pan tostado.
Él negó en silencio. Tragó ligeramente y desvió su rostro al rascar su cabeza. Ver a Kagome tan tranquila lo hacía sentir incómodo… se sentía mal por haberla visto en ese momento tan íntimo y tan de ella, independientemente de lo que estuviera pensando en ese momento.
—Oh…— mencionó la chica y bajó la mirada junto con el pequeño plato de comida —Bueno, entonces vamos— se forzó en animarse, olvidaría todo lo de la tarde anterior, era un tonta, no, era una enferma.
—Bien— dijo el chico y se adelantó al auto sin esperarla.
—Ayer no te sentí llegar— habló la azabache estando ya de camino a la preparatoria.
Inuyasha solo negó incómodo, no pudo evitar recordar el momento. Volteó a ver su hermana que lo veía normalmente, sin ninguna malicia en su rostro… era tan contrastante la Kagome de ayer, a la que tenía ahora enfrente.
—Llegué muy noche y ya no quise despertarte— mintió y fijó su vista al frente —estos días estaré llegando tarde, necesito estudiar mucho y además, pasar tiempo con Kikyo.— informó. Ahora lo que más necesitaba era mantener una sana distancia con Kagome.
Ella abrió los labios intentando decir algo, pero no dijo nada, solo asintió comprensivamente.
—Bien, Kouga me llevará a casa — informó — así que por eso no te preocupes— finalizó y sonrió. Ella también creía que eso era lo más conveniente ¿qué pensaría Inuyasha si supiese lo que había hecho? Ella misma se sentía sucia… una traidora, a él, a ella misma y a sus padres. Negó en silencio al desviar su vista por la ventanilla del coche y suspiró hondamente. Eran sus tonterías, no era amor… no podía ser amor. Él era su hermano.
—Llega temprano a casa, Kagome— sugirió el peliplata al llegar al colegio.
Ella asintió con cierto gusto al bajar del auto, pues había alcanzado a ver en el patio de entrada a su novio rodeado de varios chicos. —Claro.— dijo y cerró la puerta.
Kagome había dado un par de pasos con su vista clavada en su novio y el chico no tardó en voltear a verla, el joven sonrió y dejó a sus compañeros, ignorando a una chica pelirroja que se apresuraba a hablarle.
—Hola, bonita— saludó y besó sus labios.
Kagome sonrió antes de besarlo y llevó sus brazos alrededor de su cuello. Estaba decidida a ignorar cualquier sentimiento que pudiese tener por Inuyasha, después de lo que hizo ayer se sentía fatal… y nadie la ayudaría mejor que su apuesto y atrevido novio.
—Te extrañé— confesó la chica, pues el día de ayer no se habían visto.
Inuyasha apretó el volante y vio molesto como Kagome y el imbécil de Kouga se besaban sin importarles estar en plena entrada al instituto. Desvió el rostro pretendiendo ignorarlos y partió de ahí, llevándose esa extraña sensación de disgusto consigo, y aun así, trató de ignorarla pues comprendía que no había nada mejor que Kagome se interesara en otra persona ajena a su familia.
—Tal vez se siente como yo— mencionó mientras avanzaba, tal vez Kagome también se sentía mal e ignoraba todo eso con la presencia de su novio en su vida. Era algo lógico.
—Hola Inu— saludó Kikyo que lo esperaba en el estacionamiento de la universidad, y apenas lo había visto entrar, se apresuró a él.
—Hola, Kikyo— saludó y le sonrió a la chica al bajar del auto, la misma joven no tardó en pegarse a su cuerpo en un abrazo. Inuyasha sonrió y la besó —a partir de hoy pasaremos más tiempo juntos— informó al recordar que Kagome volvería por su cuenta a casa, apenas dejó sus labios. Él haría lo mismo que ella.
O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O
—Kagome, ¡ya dime!— insistió la castaña y le picó el brazo con la goma de su lápiz.
—Ah… qué te importa, Sango— respondió con burla la joven azabache, prestando atención al frente, a la clase que estaba a la mitad.
La castaña frunció el ceño y la miró con reproche —tú me dijiste que ibas a decirme.— volvió a mencionar en voz baja y haciéndose un poco hacia un lado con su pupitre para acercarse más a ella.
Kagome sonrió y volteó a verla —no lo sé todavía.— aceptó al fin.
Sango la miró incrédula —pero tú dijiste que…
—Lo hemos hablado. Muy seriamente.
—Mmm… eso es aburrido— dijo y se recargó decepcionada en su lugar.
Kagome sonrió —¿tú ya?— preguntó y su sonrisa se extendió al verla enrojecer, Sango se quedó inmóvil —supongo que sí… Miroku es universitario y es un pervertido.
—¡¿Qué?!— cuestionó indignada la chica y cuidando de no ser notada por el profesor —puede que él sea… pero yo no…— quiso explicar.
—Tranquila, te entiendo.— la calmó la azabache. Sango también tenía miedo a tener su primera vez. Y tras sonreírle una última vez, prestó atención a su clase.
—Copien esto a su libreta y quiero los problemas resueltos antes de finalizar la hora— habló el profesor y los aburridos jóvenes hicieron lo que se les ordenó.
Kagome se concentró en los números que había plasmado en su libreta, y no sintió el transcurrir del tiempo. La campana sonó.
—Ay no… no terminé— se lamentó la castaña y volteó a ver la libreta de Kagome —¿y tú?
—Por supuesto que sí— soltó autosuficiente.
Sango ladeó el rostro en fingida indignación.
—Entreguen sus cuadernos y se los entregaré la siguiente clase.— los ojos de la castaña se abrieron con sorpresa.
—¡Diablos!
—Ya qué, ni modo. No pasa nada malo.— le restó importancia la azabache y se levantó con su mochila al hombro.
—Claro… a ti no te va a sermonear— respondió cansadamente la castaña y la imitó al levantarse. —ten, ponla debajo de la tuya.— le dijo al ofrecerle su libreta.
Kagome sonrió y así lo hizo. —Vámonos.— le dijo a la castaña y salieron apresuradas del salón.
—Kag, vayamos al centro comercial a tontear un rato.— sugirió la castaña mientras doblaban el pasillo de su salón.
—No puedo… Kouga va a llevarme a casa ¿por qué no vienes?
La castaña rodó los ojos —prefiero no interrumpir. Además, me desvío mucho.
—Saldremos mañana ¿vale?... le aviso a Kouga y tomo el camión, por mí no hay problema.— ofreció la azabache.
—Bien— sonrió divertida la castaña —entonces los dejo— le guiñó el ojo para retirarse una vez que vio al ojiazul acercarse.
—¿Nos vamos?— cuestionó el joven moreno apenas llegó al lado de la azabache.
Kagome le sonrió y le tomó de la mano —por supuesto.
Salieron del instituto entre la gran cantidad de alumnos que se apresuraban a marcharse, el patio frontal se vio lleno de charlas y risas. Kagome alcanzó a ver a Sango ser sorprendida por Miroku al pasar por ella. No pudo evitar pensar el Inuyasha y en que tal vez, él también ya hubiese salido de la universidad.
—Vayamos a comer— la invitó el joven apenas subieron al auto.
—No lo sé…— mencionó, se sentía incómoda al no traer mucho dinero.
—Vamos, después iremos al cine y te llevaré a casa.— insistió el chico y encendió el auto para emprender la marcha.
—Pero…
—Pero nada, Kagome. Todavía no quiero despedirme de ti.— interrumpió el chico.
—Yo tampoco.— dijo ella y sonrió al aceptarlo.
Una vez en el lugar, optaron por comer algo ligero para posteriormente entrar al cine. La película pasó entre charlas y algún bostezo por parte del chico que no gustaba mucho de las películas de romance, Kagome lo veía de reojo y ligeramente enternecida por el capricho que le había cumplido al aceptar ver dicha proyección. Para cuando terminaron de ver la película, la tarde ya había muerto y las primeras estrellas de la noche comenzaban a brillar.
—Creo que se nos hizo tarde— dijo preocupada la azabache.
—Descuida, llegaremos en seguida.
O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O
Se asomó por la ventana de la sala una vez más, bajó la cortina molesto al no haber señales de ella. Inuyasha le había advertido a Kagome que llegaría tarde, y lo último que esperaba era que su hermana se tomara la irresponsabilidad de hacer lo mismo.
—Maldita sea, Kagome— mencionó frustrado al sentarse a ver la vieja tele mientras seguía esperándola, movió su pie arriba y abajo insistentemente. Había estado toda la tarde con Kikyo y a pesar de que la chica lo complacía en todo lo que necesitaba, no había logrado sacarse de la cabeza el recuerdo de lo ocurrido la tarde anterior… pequeños flashazos lo sorprendían en medio de su clase o incluso en el tiempo que estuvo con su delgada novia.
Al transcurrir cerca de veinte minutos vio como la ventana se iluminó con las luces de un auto que se estacionó frente a su casa. Se levantó instintivamente y por la misma ventana observó a Kagome bajar del auto ayudada por el estúpido de su novio, la vio abrazarla y perderse en un largo beso. Avanzó molesto y abrió la puerta.
—¡Kagome!— la llamó, obligándola a separarse del chico.
Kouga lo miró molesto e Inuyasha le sostuvo la vista de igual modo, el ojiazul estuvo a punto de comenzar a discutir, pero la azabache justificó a su hermano. Ya era muy noche para que recién llegara a su casa. Se despidió de manera apresurada del chico y se dirigió al interior de su vivienda.
—¿Te has dado cuenta de la hora?— cuestionó fríamente apenas la chica cruzó la puerta.
—Lo siento, no creí que fuera tan tarde— dijo al cruzarlo.
Inuyasha cerró de un fuerte golpe la puerta. —No creas que porque Hitomiko no está, puedes hacer lo que te venga en gana.— la regañó y subió las escaleras sin decirle más.
Kagome frunció el ceño —tú también llegaste tarde— mencionó molesta ¿por qué se molestaba tanto? Era la primera vez que hacía tal cosa.
Inuyasha detuvo sus pasos a la mitad de la escalera y volteó a verla de medio lado molesto —eso es diferente, Kagome. Yo soy un hombre y mayor, en cambio tú, no eres más que una estúpida niña.— escupió molesto y retomó su paso.
Kagome abrió la boca indignada y ofendida —¡idiota!— le gritó al no saber qué más decirle.
El peliplata se encerró en su cuarto y no volvió a salir, no entendía del todo la molestia que sentía y por qué le había dicho tales cosas a su hermana, él nunca le había hablado así a Kagome, solo entendía que con lo ocurrido ayer, la cercanía que ella tenía con Kouga resultaba más molesta que nunca... ¿pero por qué? No había terminado de comprenderlo… no podían ser celos.
Por la mañana siguiente el trato de Kagome e Inuyasha se había vuelto seco, ninguno de los dos se hablaba y el camino a la preparatoria era sumamente incómodo. Inuyasha solo le había advertido que tenía que estar temprano en su casa y ella no le había contestado, pero así lo había hecho.
O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O
—¿Puedo quedarme un momento?— cuestionó el chico ojiazul una vez frente a su casa, ya habían pasado varios días y Kagome no salía con él después del colegio y era poco el tiempo que pasaban juntos después de clase.
—Hoy no, debo acompañar a Inuyasha a ver al abogado que se encarga del problema que de la familia…— explicó—… al parecer, las cosas podrían mejorar pronto.
—Ya veo…— dijo y bajó del auto no tan convencido, le abrió la puerta —¿qué tal mañana?
Kagome sonrió —mañana me parece perfecto— aceptó la chica y sonrió para besarlo.
—Bien— aceptó de mejor ánimo el joven y le sonrió satisfecho.
Kagome entró a la casa tras un último beso y apenas cerró la puerta vio a Inuyasha bajar de prisa por la escalera.
—La cita se ha adelantado, iré yo solo.— informó secamente el chico una vez que estuvo seguro que Kouga se había marchado.
—¿Qué?
—No es mi culpa— dijo y volteó a verla —como sea, te informaré si hay algo que debas saber.
—Déjame ir contigo— pidió antes de que abriese la puerta.
Inuyasha volteó a verla y suspiró cansadamente —lo siento, no estás presentable. Además, preferiría que no lo hicieras. Un juzgado no es lugar para ti.— dijo y se giró para salir.
Kagome tragó pesadamente y no dijo más. Su relación con Inuyasha se estaba fracturando… sentía que si las cosas se arreglaban en el juicio cercano, podría perderlo, y no le preocupaba ya el absurdo amor que creía tenerle, ahora, le preocupaba perder a su única familia.
Suspiró derrotada y subió las escaleras directo a su habitación. Amenazaba con caer en una depresión como una de las que fue víctima tras la muerte de sus padres. Intentó ignorar eso y sacó sus libros para hacer sus tareas, debía mantenerse ocupada en esa prioridad de su vida, el colegio y sus calificaciones siempre habían sido importantes para ella. En eso debía concentrarse antes de dejarse caer en un abismo de dudas y tristezas.
Después de terminar con su tarea, se dio una ducha en un intento por relajarse; una vez que salió comprobó que seguía sola en la casa…
—Debí decirle a Kouga que se quedara…— se dijo, después de que Inuyasha se fue, debió llamarlo, tontamente no lo había hecho y ahora estaba sola y aburrida.
Sacudió la cabeza para despejarse —mejor haré algo para cenar.— se animó y tras colocarse su delgado short y la fresca y holgada blusa de su piyama, bajó a la cocina.
Observó desganada el refrigerador y la comida que ahí había. Nada le apetecía. Sacó por fin el paquete de jamón y optó por prepararse un emparedado y preparar también uno para Inuyasha. Apenas terminó con ello observó las luces del auto que ingresaba a la cochera de la casa. No pudo evitar sonreír.
—Hola ¿cómo te fue?— saludó la azabache apenas el ojidorado entró.
Él volteó a verla —bien, el abogado dice que todo se solucionará en un par de meses.
—¿Meses?
—Sí. Son asuntos complicados, Kagome— informó y se talló el puente de la nariz.
Ella mordió su labio, Inuyasha se veía cansado —¿quieres? — le ofreció un plato con la comida.
Estuvo tentado a decirle que no, pues recién había comido, pero Kagome se miraba extraña… tal vez triste. Terminó por asentir y aun así, comieron frente al televisor para evitar una charla más seria que se le antojaría incómoda.
—Hitomiko habló hoy…— informó el peliplata.
—¿Dijo cuando vuelve?— preguntó Kagome apenas volteándolo a ver.
—En dos semanas más— mencionó volteando a verla —…piensa quedarse y yo volveré a la universidad— informó, vio el rostro de Kagome sorprenderse mínimamente y luego asentirle para desviar la mirada.
—Bien— respondió sin mostrar ninguna afección. Volvió a morder su emparedado y prestar atención al televisor.
—Gracias por la comida, me voy a bañar y a dormir.— se despidió el peliplata.
—Buenas noches— mencionó en voz baja mientras se retiraba. Tragó pesadamente y dejó su comida de lado, se le revolvió el estómago y no supo por qué… tal vez porque el presentimiento que le advertía que el buen lazo de hermandad que llevaban, se quebraría; cobraba fuerza. Suspiró profundamente e intentó ignorar el hecho.
Después de media hora Kagome apagó el televisor y se dirigió a la cocina, esta vez no tuvo ánimo de lavar los trastes que se ensuciaron. Apagó las luces de la planta baja para subir a su habitación, ella también dormiría.
La noche era ligeramente calurosa así que optó por abrir la ventana y dejar colarse el fresco aire nocturno, un par de minutos disfrutó de ver el ondear ligero de su blanca cortina, cerró los ojos despacio y se fue dejando vencer por el sueño, afuera solo escuchaba el silencio de la noche ser quebrado por el relajante ruido de un grillo, y a lo lejos el ladrido de un perro, las luces de los autos que pasaban iluminaban parcial y momentáneamente su habitación. Inuyasha posiblemente ya estaba dormido, el silencio de la casa era casi total. Se relajó y durmió. No le preocupó pensar en que papel jugaría su sueño, si sería su aliado y la dejaría tranquila, o sería su enemigo, llenándola de esos vívidos sueños que eran como su placentero martirio… su pecaminoso placer, pues en ellos, la acompañaba su hermano. Ojalá hoy no fuese así.
El reloj en la pared de la habitación de la azabache marcaba la una y media de la mañana cuando un estruendoso sonido la hizo despertar abruptamente. Se sentó en la cama y aun con miedo se asomó por la puerta.
La luz del pasillo la cegó momentáneamente.
—Quédate aquí. No salgas, Kagome.— escuchó la voz preocupada de su hermano y enseguida lo vio bajar de prisa las escaleras con un bat de béisbol en la mano... ¿acaso…?
—Inuyasha… ¿qué fue eso?— cuestionó en voz baja al seguirlo por las escaleras.
Él volteó a verla molesto —que te quedes arriba, Kagome.— la reprendió en voz baja pero seria.
Ella negó con miedo.
El peliplata resopló frustrado —no te separes de mi.— ordenó para después de verla severamente y avanzar en cauteloso paso al primer piso.
El corazón de la chica latía nervioso y una vez que se vieron en la planta baja, Inuyasha encendió la luz de la sala que alumbraría el recibidor y la cocina. La vista de ambos jóvenes fue atraída por una sombra que se alejó de prisa en el exterior.
—Inuyasha— Kagome lo llamó en voz alta al verlo salir corriendo tras él, al atravesar la puerta.
—¡Ey tú!— el ojidorado gritó al robusto y ágil sujeto que logró saltar la pequeña puerta de la cochera de la casa —¡maldición!— mencionó molesto al tropezar y lastimar su pie desnudo, alzó la vista y vio al sujeto perderse en la larga y obscura calle —¡mierda!— maldijo frustrado al obligarse a regresar, tampoco podía seguirlo pues iba solo en el pantalón de su pijama y además, Kagome estaba sola en casa.
—¿Estás bien?— preguntó preocupada la azabache al ir a su encuentro y verlo caminar ligeramente mal.
—Si… ese maldito sujeto seguro pensaba robar— mencionó y volteó a ver por encima de la barra de la cocina el pequeño traste de los cubiertos en el suelo, que fue el ruido que los alertó. Si eso no hubiese ocurrido el tipo estaría en la casa, con suerte solo robaría algo… y en el peor de los casos, el tipo pudo haberle hecho algo a Kagome. Volteó a ver a la azabache que veía preocupada la ventana que había sido forzada por el sujeto.
—Sube— volvió a mencionar el peliplata— yo cerraré bien.
Kagome asintió nerviosa, subió a su cuarto y se encerró en el mismo, se sentó todavía nerviosa en su cama ¡Dios! esa zona sí que era peligrosa, nunca lo había pensado.
—Ya todo está bien, Kag. Duerme.— aseguró el chico al asomarse a su cuarto. Ella asintió y él cerró la puerta, Kagome volvió a acostarse sobre su blando colchón… observó el reloj, eran las dos.
… . … .. … . …
El peliplata se dejó caer sobre su cama y negó frustrado, ese lugar era muy peligroso para dejar a Kagome y a Hitomiko viviendo solas… iba a reconsiderar la opción de volver a vivir en los departamentos universitarios, seguro Kikyo se molestaría, pero su familia era prioridad. Cerró los ojos y se llevó su brazo a la frente… un par de tímidos golpes lo hicieron fruncir el ceño.
—Inuyasha— escuchó la débil voz de su hermana del otro lado.
—¿Qué ocurre, Kagome?— cuestionó y la vio abrir la puerta, él se incorporó ligeramente sobre la cama, la luz del pasillo no dejaba ver mucho del rostro de la chica, pero sí de todo el perfil de su cuerpo.
—Bu-bueno yo…— comenzó con pena —me preguntaba sí…
—Si ¿qué?— preguntó el chico sin entender, intentó fijar su vista a su rostro e ignorar la delgada ropa que ella vestía.
—¿Pu-puedo dormir aquí? ¿co-contigo?— mencionó débilmente y se aferró al marco de la puerta donde esperaba.
Él abrió los ojos con sorpresa y desvió el rostro de inmediato al no evitar un ligero y patético sonrojo —no creo que…
—Tengo miedo— confesó la chica… Kagome estaba asustada por lo ocurrido, y también, por la idea de estarlo perdiendo. Inuyasha tenía toda la semana evitándola y ya hasta le había gritado cuando llegó tarde ese primer día con Kouga.
—Kagome— mencionó seriamente y se sentó sobre la cama, solo una delgada sabana lo cubría. ¿Por qué le hacía eso? después de haberla visto no se consideraba una persona confiable, pues ella revolvía muchas sensaciones en su interior… ¿acaso buscaría…?
—Por favor… como cuando éramos niños ¿recuerdas?— interrumpió la negativa del chico.
Inuyasha bajó su mirada y sonrió tiernamente, Kagome tenía razón, ella muchas veces se metió a escondidas a su cuarto cuando niños, y más después de ver películas de terror o cosas espeluznantes en la tele. Era absurdo pensar que estaba provocándolo, pues Kagome, aunque le molestara tenía novio; y después de que lo besó, nunca más le había hecho ni dicho nada que le hiciera pensar que lo amaba o que sentía algo por él… lo de esa tarde en su cuarto cuando la vio haciendo aquello, no fue planeado, estaba seguro que ella no sabía que la había visto… ¿cómo negarse, entonces?
—Bien…— cedió sin estar muy seguro.
La vio sonreír agradecida cuando se giró a cerrar la puerta —no molestaré, lo prometo. Ya muero de sueño.— aseguró la chica al meterse bajo la sábana con él.
Inuyasha le hizo espacio —bien… yo también.— mencionó y la vio acomodarse en la única almohada y girar su cuerpo de cara a la pared. Suspiró derrotado y se acostó también dándole la espalda. Eso sería lo mejor.
Al paso de los lentos minutos Kagome parecía haber sido vencida por el sueño, ella giró su cuerpo quedando de espaldas sobre el blando colchón y empujando ligeramente al joven peliplata sobre esa pequeña cama individual. Inuyasha se movió incómodo pues estaba casi en la orilla, el sueño causaba estragos en él y se obligó a girarse, tomó a Kagome del hombro y la volteó nuevamente hacia la pared, se acomodó a su espalda y envolvió su cintura en un abrazo… la delgada azabache se revolvió buscando acomodarse y nunca despertó.
Inuyasha apretó los ojos cuando un ligero placer despertó en él, producto de los movimientos inconscientes de Kagome. Negó en silencio para despejarse y aun así, volvió a acomodarse a su lado. Intentó seguir la respiración de Kagome lenta y acompasada para dormir a su lado, pero el aroma de su pelo y la propia piel de la joven, lo distrajeron del acto… Kagome se removió cómoda entre su calor y tras alzar un poco el rostro, observó la blanca piel de su cuello y su fino perfil, la luz de la luna iluminaba ligeramente el lugar, haciendo más atractiva a la vista la delicada piel de la chica.
—Kagome— la nombró con pesar y acarició suavemente la piel de su abdomen bajo la blusa. Su cuerpo reaccionó a la electrizante corriente que recorrió su cuerpo. "Demonios" pensó al dejar escapar su aliento en el cuello de la joven que reaccionó pegando más su cuerpo a él.
Inuyasha tragó pesadamente… el sueño lo había abandonado y como muchas noches, una perversa atracción lo invadió… esta vez era peor, esta vez Kagome estaba ahí… para él.
—No— se dijo despacio. Era aberrante siquiera considerarlo, fijó su vista en el marfilado rostro de su joven hermana, su fino perfil y sus pestañas largas nunca le llamaron tanto la atención. Su respiración seguía tranquila y natural… Kagome seguía dormida, ajena a él.
De forma inconsciente besó la piel desnuda de su hombro, ella no se movió. Sin despegar sus labios de esa zona, lamió y descubrió el dulce sabor de su piel… esta vez Kagome se movió ligeramente. Por un momento sintió miedo de despertarla, pues no sabía cómo explicarle lo que estaba haciendo.
Kagome gimió en medio de su sueño cuando él subió su mano despacio hasta tocar el nacimiento de sus senos.
—Kagome— la nombró con pesar nuevamente y esta vez volvió a llevar sus labios a su piel, el suave gemido que le arrancó logró excitarlo. Sí, era un maldito… pero no había logrado sacarla de su cabeza. El día después que la vio tocándose, estuvo con Kikyo, le hizo el amor a su novia… pero no la vio a ella. Vio a Kagome. Su frustración llegó al punto de sentir odiarla por haberle hecho mirarla de otra forma… la había evitado, rechazado y mantenido al margen lo más que pudo… pero ahora no podía, no… no quería. ¿Por qué tuvieron que nacer hermanos?
La volteó despacio y besó su cuello. Kagome volvió a gemir, pero no despertó… ella apretó los ojos y culpó a sus recurrentes sueños de esas sensaciones. Inuyasha se subió sobre ella, cuidando de no dejar caer su peso del todo… si Kagome despertaba, confesaría que la vio masturbarse y todo lo que le estaba causando. Besó su cuello y notó como entre el sueño la respiración de su hermana se agitaba, eso solo lo excitó más. Su erección cobró fuerza y no pudo evitar gemir cuando la rozó sin intención entre las piernas de la delgada joven.
Alzó su mano despacio y subió su delgada blusa… perdió el aliento al ver lo perfectamente redondos de sus dos senos. Ni siquiera volteó a verla y bajó despacio a ellos. Después de verla tocándolos mientras pensaba en él, la parte más obscura de su interior le decía que deseaba que fuese él quien la tocara, y ahora, esa misma parte, lo empujó a deslizar la delgada tela del sostén y exhibir esa piel prohibida de su ser… su cuerpo vibró solo de verla.
—Kag…— la nombró al perder el aliento, su erección dolió y se obligó a tocarse para calmar un poco el dolor. Sin creer lo que estaba haciendo, lamió y probó de sus senos, endureciendo uno de los pezones de la chica para poseerlo con sus labios. Kagome gimió aun dormida y apretó sus piernas por las extrañas y placenteras sensaciones que colmaban su cuerpo. Él se pegó a ella y soltó su hinchado miembro para frotarlo despacio contra sus piernas desnudas al acomodarse a un costado de ella.
Apoyó su peso sobre un brazo y con la mano libre acarició y masajeó uno de sus senos, con la boca siguió disfrutando el contrario. Kagome volvió a gemir y él contuvo el deseo de morder su alterado pezón… apretó despacio el otro que tenía entre sus dedos.
—¡Dios!— se lamentó al obligarse a retirarse y deshacer todo contacto con ella.
No podía… No podía hacerle eso a Kagome.
Se apoyó de espaldas a la cama y aun, tras reconocer lo enfermo de esa situación, llevó su mano bajo su pijama y expuso su endurecido miembro. Se acarició despacio, de arriba abajo toda su longitud, su miembro comenzaba a lubricarse en la ardiente necesidad que su cuerpo sentía de introducirse en ella.
Gimió roncamente al apretar su erección entre su mano… Kagome giró su cuerpo, lo abrazó y entrecruzó una de sus piernas con las de él… siguió dormida. En ese momento poco le importaba al peliplata que lo descubriera, su ser estaba impregnado de pasión, de un ardiente deseo que se negaba a complacer en ella. Su firme decisión amenazaba en quebrarse en cualquier momento, en subirse sobre ella y arrancarle la ropa, para enterrarse en su interior, sin importarle nada mas.
Pero no.
Una pizca de raciocinio aun brillaba en él. Siguió tocándose y complaciéndose él mismo… sus movimientos cobraron fuerza y velocidad cuando Kagome lo nombró todavía dormida… seguro soñaba con él. La perversión que lo habitaba lo obligó a imaginar que se lo hacía. Su velocidad aumentó y su cuerpo ardió.
Explotó momentos después. Apretó sus dientes y aun así, su ronco gemido fue audible… Kagome solo mencionó algo entre sueños y se giró dándole la espalda. Él echó su cabeza hacia atrás, mientras continuaba derramándose bajo la sábana. Y conforme el placer desaparecía, algo en él cambió… no se repudiaba como pensó que haría.
Aun con su respiración agitada volteó a ver el curvilíneo cuerpo de Kagome… ¿por qué nacieron hermanos?
CONTINUARÁ…
Bueno pues con esto cierro el segundo capítulo, el tercero es el último y contendrá el lemon obligatorio del reto :)
Espero les vaya gustando y no lo encuentren tan grotesco como podría parecer xD
Agradezco sus comentarios y el favorito que le dieron xD no creí tener.
Bueno ahora respondo un review muy peculiar que me dejaron... mi pareja favorita es la Bankotsu x Kagome, crack. ¿Quién la inventó?... quién sabe. ¿Por qué nos gusta?... te recomendaría leer un fic para que nos entiendas, la pareja es genial, fresca y entretenida, la personalidad de Bankotsu es genial... lee y descúbrelo, no por nada, cada vez somos más las enamoradas de esa pareja.
Kag también me gusta con Inu, en fics como estos xD ... y también con Sessh, pues ese hombre es sexy :) no tengo problema en emparejarla con cualquiera de los tres, pero mis long fics son únicamente dedicados al bankkag. Y aun así, me esfuerzo por crear buenos shots con los otros dos :D
Saludos y hasta la siguiente actu.
