Encuentros
Por Lovely Flower
Hola a todas de nuevo!! Les traigo el segundo drabble!! Espero les guste este también.
Prometí avisarles y este está un poquito (que va, bastante) más fuerte que el anterior. Traté de seguir las sugerencias que me hicieron y hacerlo un poco mas explícito, pero creo que se me ha pasado la mano. He dejado a Roy como un idiota bastardo y pervertido (... siento voces tras de mi que me dicen "¿y acaso no es así?" XD) y casi en extremo de hacer de este capítulo completamente PWP. Quiero bastante a Roy, no me lo imagino tan malvado como en este fic... le tengo en alta estima. Aunque no se note.
Ahora si pueden seguir… recordar que FMA no es mío, si no de la genial Hiromu Arakawa. Por Dios! Me ha encantado el capítulo 87 del manga!!
Celos
Después de mucho meditar, el joven Roy Mustang decidió unirse a la milicia de Amestris, pese a la inicial y fuerte objeción de su maestro.
Dejó la casa de los Hawkeye para dirigirse a Central City a tramitar su ingreso a la academia. Había decidido hacer el examen para alquimista estatal, pero no se sentía preparado. Es que su maestro se había negado a seguirle enseñando alquimia desde que supo que entraría a los militares.
Pasó más de un año sin comunicarse con Hawkeye ni con su hija, pero fue mientras corría el 1906 que decidió ir a hacerle una visita a la familia que lo había acogido con los brazos abiertos. Aunque, la razón no solo era aquella. Debía reconocer que moría de ganas de ver de nuevo a la rubia chiquilla que había dejado olvidada tras su partida.
A estas alturas, ya debería haber enterado los 17 años. Y seguramente estaría más hermosa que antes.
Mientras iba en el tren rumbo a East City, recordó la última conversación que había tenido con ella.
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"Así que te vas" espetó ella desde la puerta de la habitación de Roy mientras lo observaba haciendo unas maletas
"Sí, Riza. Es lo que debo hacer" se volteó para mirarla y notó que tenía los ojos hinchados. ¿Había estado llorando por él?
"Buena suerte, por favor no mueras" agregó la rubia con una sonrisa fingida antes de salir corriendo y encerrarse en su habitación.
Roy intentó seguirla, pero no tuvo valor para tocar la puerta y hablar con ella. Sabía que su partida no tenía explicación alguna y que la jovencita tenía todo el derecho a odiarlo por haber sido un mal nacido.
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Seguramente, Riza nunca le perdonaría haberla dejado como si nada. Porque después de aquella tarde en que habían terminado intimando en su habitación, la relación entre ellos se había vuelto completamente distinta. Eran amigos, amantes, cómplices… todo en cuanto la oscuridad de la noche o las largas tardes de estudio del maestro Hawkeye les permitiera.
Por eso cuando se encontró nuevamente en el umbral de la puerta del hogar de los Hawkeye, le temblaban las manos. Ninguno de los habitantes del lugar lo recibiría con una sonrisa, eso era seguro.
Golpeó suave y tragó saliva cuando sintió pasos del otro lado y finalmente le abrieron la puerta. Su sorpresa fue máxima al no encontrar miradas reprobatorias, si no que la cálida mirada de una anciana.
"Buen día, jovencito… supongo que buscas a la niña Riza, ¿o me equivoco?" la dulce señora le preguntó con una sonrisa
Sonrió tranquilo. En un primer momento pensó que la familia ya no vivía allí, pero el nombre de Riza era demasiado familiar. "Un gusto, señora… mi nombre es Roy Mustang, soy oficial militar. En verdad estoy buscando al señor Hawkeye… el fue mi maestro por varios años"
"Ya veo…" la dama le hizo un gesto para que entrara "Creo que he oído hablar de ti, muchacho" la expresión de Roy se volvió intranquila "No te preocupes, nada malo en todo caso"
"No sabe cuanto me tranquiliza eso, señora. Sinceramente pensé que me odiarían"
"Bueno, ya conoces a Hawkeye… el es un tanto extremista a veces" la anciana se sentó en un sofá de la sala "Yo estoy ayudando a Riza hace unos meses, ella sola no puede lidiar con su padre terco y enfermo"
"¿Enfermo?" Mustang preguntó incrédulo "¿Qué ha sucedido?"
"Nadie sabe que es lo que tiene el pobre hombre, pero no creo que dure mucho mas"
El pelinegro se sintió mal consigo mismo. Había abandonado a aquella familia cuando mas lo necesitaban.
"Hawkeye está encerrado en su estudio… si lo conoces ya debes saber que puede pasar horas allí. Tendrás que tener paciencia, muchachito"
"Lo sé, y estoy dispuesto a esperarlo por días si es necesario" La anciana se levantó a recoger unos libros que estaban en la mesa de centro "Por cierto… ¿Riza….?"
La de blanco cabello se sonrió, al parecer estaba esperando la pregunta hace mucho "Ha salido con Christopher" Roy frunció el ceño preso de una repentina ira. ¿Sería aquel idiota el novio de Riza? ¿y como diablos Hawkeye permitía que su hija saliera a solas con cualquiera?.
La mujer continuó hablando "El chico vive aquí cerca, está muy interesado en Riza" Nuevamente, Roy bufó molesto "Pero tranquilo, muchacho, creo que tu eres mucho mejor para ella. Además eres mas guapo"
"Le agradezco el halago, señora… pero dudo que eso me sirva de algo ahora" confesó el militar con fingida sonrisa.
La mujer se acercó al pelinegro y le dio un golpecito en la espalda. "Ella no tardará en llegar, así que me retiro. Espero puedan arreglar sus diferencias, chiquillo. Adiós"
No dijo nada, pero en silencio agradeció el voto de confianza de aquella mujer a la que acababa de conocer.
-...-...
No pasaron más de 15 minutos cuando efectivamente, Riza hizo aparición en la gran casona. Lo malo de ello fue que no estaba sola, sino con un muchacho rubio, de ojos café, ligeramente mas alto que Roy.
"Hola Riza" el militar trató de sonar despreocupado, pero no lo logró del todo. La expresión de la joven pasó de un leve sonrojo a una palidez sepulcral.
"Riz… ¿lo conoces?" el rubio le preguntó en voz baja a ella.
La hija de Hawkeye asintió. "Sí. El es Roy Mustang, el aprendiz de mi padre" En seguida, miró fijamente al alquimista "Roy… el es Christopher Muller, un amigo"
El tono en que ella había pronunciado la última palabra había logrado cabrear a Mustang de sobremanera y también la confianza con que el aparecido había tratado a su chica... esperen, ¿había dicho suya?. Al parecer el reencuentro lo había hecho ponerse un tanto sentimental.
Christopher le tendió la mano al moreno y este la aceptó con sorna. Se miraron fijamente, como si se estuvieran retando por la atención de la mujer. Finalmente, ella rompió el hielo y comenzó a hablar.
"Chris…" pronunció suave haciendo que tanto el rubio como el pelinegro la observaran. "Muchas gracias por traerme a casa"
El de ojos claros entendió aquello como una indirecta para irse. Se acercó a Riza y le besó una mano. "Sabes que siempre es un placer verte. Lo repetiremos cuando tu quieras"
Riza y Roy se sonrojaron a rabiar. La primera por vergüenza, y el segundo de puro enfado contenido. Ya tenía los nudillos blancos de tanto apretar los puños. Vio como la pareja de rubios se alejaba y luego de unos instantes, la ojiambarina volvió sola.
"No pensé que te volvería a ver, Roy" afirmó mientras recargaba su espalda en la pared. Roy la miraba de soslayo sin decir palabra alguna. "¿Has venido a ver a mi padre? No creo que te reciba de muy buena forma, sigue molesto contigo"
El pelinegro no bajaba la mirada, mientras apretaba con fuerza descomunal los puños. Nunca había sentido algo similar, como un fuego que le quemaba las entrañas y le provocaba ganas de masacrar a golpes lo primero que se le cruzara en el camino.
Rabia.
No, no era solo eso, se habría dado cuenta… era algo mas potente que no podía ni quería descifrar.
"Eh, Roy ¿sucede algo?"
Aquella pregunta terminó por sacarlo completamente de los estribos. Se levantó y corrió hasta Riza, le tomó el rostro con fuerza excesiva y la aprisionó contra la pared antes de empezarla a besar. Desesperado, herido, enrabiado… la joven trataba de zafarse de aquel descontrolado hombre pero no lo logró. Se le llenaron los ojos de lágrimas en la impotencia.
"Mierda, Riza, ¿Por qué demonios me haces esto?" le susurró entre besos y mordiscos. Podía sentir el sabor de la sangre en su boca. Ni siquiera pasó por su mente que le estaba haciendo daño a la mujer. "No puedes salir con cualquier bastardo que muestre un poco de interés por ti… ¿Qué quieres? ¿Qué te diga que no puedo vivir si ti? ¿Qué no quiero verte con otro?... maldición, ¿acaso no vez que me estas desquiciando?"
Poco le importó que alguien pudiera escucharlo. Simplemente no pudo contener el grito desesperado en su garganta ante la escena que había visto. Ahora si lo sabía, estaba celoso. Riza era suya y no permitiría que nadie más osara ni siquiera pensar en ella como algo mas que una amiga.
No le dio espacio a decir nada más y aún entre besos logró meterla a la fuerza en la biblioteca. Ya allí, cerró la puerta con llave. No quería ninguna interrupción. Esto a penas estaba empezando
"Roy…" ella musitó en un hilo de voz. Lo miraba estupefacta, nunca había conocido ese lado el joven. Sabía que era un apasionado y un tanto impetuoso, pero nunca pensó encontrarse en esa situación. Le dolían las muñecas por la fuerza con que el hombre la aprisionaba y sentía los labios hinchados y sensibles.
"Cállate, cállate, Riza… no me hagas enfadar mas por amor de Dios". De un solo manotazo mandó al suelo todo lo que había en el escritorio y acostó a Riza en el. Sin delicadeza, rasgó la ropa de ella que no hacia más que molestar, se bajó los pantalones y de un solo empujón entró en ella.
La joven debió ahogar un grito de dolor cuando el azabache la penetró. Sintió tibias lágrimas resbalar por sus rojas mejillas. Podía contar con una mano las veces que había estado con un hombre (mas precisamente, con Roy) por lo que su cuerpo aun no se acostumbraba del todo, menos considerando que esta vez la estaban forzando. Nunca creyó posible que Roy, ese joven al que tanto amaba y añoraba desde que se había marchado hubiera regresado, y no precisamente a pedirle perdón o jurarle amor eterno, si no que a recordarle que era suya de una manera no muy grata.
Apoyado en las caderas femeninas, Mustang empujaba con fuerza bestial. Se le había hecho más difícil que otras veces, ya que la jovencita a su lado parecía no estar disfrutando y su cuerpo, inconscientemente, oponía resistencia al contacto.
"Roy, detente por favor… me estas haciendo daño…" le suplicó entre sollozos "Por favor, Roy, por favor, por favor"
Él no lo hizo. Porque cada palabra sólo lo encendía más. La embistió cada vez con más fuerza, mientras le susurraba una que otra cosa ininteligible. Riza se sentía miserable… en parte ella tenía la culpa de lo que el joven militar le estaba haciendo. Podía correr y decírselo a su padre, pero si hacía eso tendría que decirle también que no era primera vez que Roy la hacía suya y que las anteriores habían sido de muy buena gana.
"Te amo, Riza…" fue la única parte del mensaje que la rubia si logró entender. Quedó estupefacta. "No te quiero perder… júrame que no me vas a dejar nunca, júrame que no vas a dejar que nadie mas que yo te toque. Júralo"
Esas dos palabras bastaron para que aquello que había comenzado siendo una tortura terminara por ser la mejor tarde que tendría en años.
"Roy…" ella alzó una mano hasta el varonil rostro del joven y le acaricio la mejilla. Cuando él por fin la miró, pudo notar que tenía los ojos húmedos. "Yo también te amo…por favor, sólo cálmate"
No hubo necesidad de seguir hablando. Las palabras de la rubia habían logrado suavizar el temple del pelinegro y ahora, con más delicadeza, siguió entrando y saliendo de la joven para hacerla disfrutar del encuentro. Sentía como Riza temblaba bajo su cuerpo, ya mas tranquila que al comienzo.
Se estuvieron un buen rato así, sintiéndose, buscándose, acariciándose… no había ruido alguno en la habitación porque todos eran extinguidos por los fugaces besos que intercambiaba la joven pareja. Solo se separaban para tomar aire, o para dejar escapar uno que otro quejido de satisfacción.
Riza envolvió a Roy con sus piernas atrayéndolo más hacia si. Buscaba la forma de sentirlo aún mas cerca, más suyo. Ante el gesto, el militar soltó un gruñido que ella apresuró a acallar con sus labios. El joven arremetió un par de veces más antes de bajar el ritmo y finalizar el encuentro.
Se incorporaron rápidamente, no querían que el padre de la joven los encontrase en semejante situación. En silencio, se acomodaron la ropa que ahora estaba húmeda por el sudor. A Riza no le fue tan bien ya que la cremallera de su falda estaba arruinada y su ropa interior había quedado hecha jirones.
"Lo siento" espetó Mustang al percatarse del detalle mientras intentaba acomodarle la ropa a la rubia, sin éxito. "He sido grosero contigo, deberías odiarme. Por lo de antes y… lo de ahora"
Ella lo observó largamente, la expresión dormilona del joven no le permitía recriminarle nada. "Solo quiero que prometas que no volverás a irritarte como lo hiciste hoy. No me gusta verte así"
Él le sonrió. "De acuerdo… no volveré a portarme como un idiota"
"Eso espero. Se te está haciendo costumbre pedir disculpas despues de... tu sabes" suspiró ella "No tienes motivos para enfadarte. Sabes que no sería capaz de engañarte"
Aquello había sido más que solo una afirmación. Era una confesión, una promesa…
Roy se acercó al rostro de la joven y la besó suave en los labios. "No sabes como me alegra saberlo"
Riza lo observó perpleja, mientras el hombre recogía las cosas que había tirado en su exabrupto de rabia y las volvía a poner en el escritorio. Una vez que terminó, se acercó y abrazó a la joven por detrás. La empujó hasta la puerta y salieron de la biblioteca aun abrazados. Ninguno de los dos atinaba a romper la caricia. Fue ella la que finalmente se apartó de Roy, él no pudo evitar la expresión de decepción.
"Voy a mi cuarto" anunció ella. "Hasta un rato, Roy…"
El la siguió con la mirada mientras ella se alejaba y subía la escalera. No pudo evitar llamarla. "Ey, Riza…"
"Sí??"
Cruce de miradas, un mar de sentimientos fluía entre ellos. "Yo…"
En eso, el maestro Hawkeye salió de su estudio. Mustang volteó a mirarlo y Riza aprovechó para perderse por el pasillo.
El militar suspiró desganado. Otra vez quedaría sin poder descargar sus sentimientos. Trató de volver a su semblante normal antes de dirigirse a su maestro de alquimia. Aquella tarde sería mas larga de lo que pensaba.
Les gustó?. Espero que si, pero a mi no me convenció del todo. No va conmigo esto de ser tan ruda y brusca para escribir. Roycito!! Perdoname!! :(
Ya tengo la idea para un tercero… y se me acaba de ocurrir el cuarto capitulo . Jaja… creo que no podré hacer mas de 6, no pensé que fuera tan difícil hacer lemon.
Bueno, nos vemos en el siguiente.
Las quiere, Lovely Flower
Terminado el 13/09/2008. Subido en mi U, ya que me he quedado sin internet en mi apartamento TT
