No tengo justificación. Sólo dire que lo siento y que espero actualizar más seguido. Lo intentaré.
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Armario
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— ¡K-Kaneki...!— Touka jadeó su nombre cuando ella apretó sus caderas contra él, con las manos apoyadas en su pecho mientras cerraba los ojos.
Él la sostuvo en sus caderas, dejando escapar un gemido mientras ella se movía contra él, empujando sus caderas hacia arriba, tirando de su cuerpo contra el suyo mientras se las arreglaba para sacarle otro gemido.
—Yo... yo...— ella apenas podía formar palabras mientras aceleraba su ritmo, su cabeza se arremolinaba de felicidad cuando sintió que se acercaba a su orgasmo. Mordió sus labios mientras se aplastaba contra él, encorvándose mientras apretaba sus puños, silenciosos quejidos escapándosele.
—E-Eso suena muy lindo, Touka...— logró decir Kaneki mientras pasaba su mano por su cabello. Sus intentos por calmar sus propios gemidos solo lo hicieron querer intentar sacar más de ella. Levantó sus caderas de nuevo, escuchando el jadeo que hizo, luego de un pequeño grito.
—C-Calla-te, idiota—. Hablar era cada vez más difícil para ella, ya que Kaneki empujó sus caderas contra las suyas.
—Yo...— Kaneki sintió que se sonrojaba mientras pronunciaba las palabras, algo fuera de sus gestos habituales—, quiero escucharte... Realmente me gusta mucho.
Touka empujó sus caderas profundamente contra las suyas, lo que le hizo soltar un gemido propio.
—Podría decir lo mismo de ti—, susurró. Tenía los ojos cerrados, la boca abierta y las mejillas encendidas mientras trataba de contenerse. Touka se inclinó y besó sus labios—, me gustan los sonidos que haces también.
—T-Touka...
— ¡Estoy en casa!— se oyó el sonido de una puerta que se abría desde la otra habitación cuando Yoriko dijo—: Touka, ¿estás aquí?
—Mierda— Touka cubrió rápidamente la boca de Kaneki para calmar sus ruidos. Escuchó mientras Yoriko caminaba por el apartamento.
—Voy a pasar y cambiarme. Tengo que ir al trabajo... ¿Oye, estás aquí?
— ¡Escóndete!— Susurró Touka.
— ¿Q-Qué?
— ¡Dije que te escondieras!— Touka se mordió el labio mientras se levantaba de Kaneki, tratando de contener sus propios gemidos de protesta mientras su cuerpo dejaba el suyo.
Kaneki se sentó.
— ¿En dónde?—
—Um...— Touka miró alrededor de su habitación—, ¡V-ven aquí!— susurró ella, tomando su mano mientras lo arrastraba hacia el armario con ella, cerrando la puerta.
— ¿Touka?— Yoriko tocó la puerta y la abrió—, ¿oye, estás aquí?
Touka presionó su cuerpo contra el de Kaneki mientras su mano cubría su boca. Cerró los ojos cuando lo sintió contra ella, frotando una pierna contra la otra mientras trataba de contenerse hasta que Yoriko se fuera.
—Hm— Yoriko puso sus manos en sus caderas—, creo que no está en casa.
Se dio vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella.
—Oh, gracias a Dios...— Touka dejó escapar un suspiro de alivio mientras se relajaba contra la puerta del armario. Kaneki retiró su mano de su boca,
—P-podemos...
— ¡No!— Touka susurró en respuesta—, yo... quiero esperar hasta que ella salga nuevamente. Ella no sabe... que estamos haciendo cosas como esta—. La cara de Touka se sonrojó por la vergüenza—, nunca escucharé el final de los sermones si es que se entera...
—P-Pero Touka...— Presionó sus caderas contra las de ella, deslizándose entre sus muslos mientras buscaba algo de alivio.
—B-Basta...— se cubrió la boca mientras trataba de contener sus propios ruidos—, no me provoques así, idiota...
—Touka...— se quejó, inclinándose ligeramente cuando sus labios presionaron contra su cuello.
Ella trató de empujarlo hacia atrás, pero no había espacio para moverse.
—K-Kaneki detente…
Él ignoró sus protestas mientras movía sus caderas contra ella, continuaba frotando contra sus muslos internos, burlándose de ella afuera.
Un grito tembloroso escapó de sus labios y rápidamente cubrió su boca otra vez, cerrando los ojos mientras trataba de contener sus propios gemidos.
— ¿Touka?— Gritó Yoriko, con una mirada confundida mientras miraba a su alrededor—, hmm... supongo que solo fue mi imaginación.
Kaneki retiró su mano de su boca.
—Yo... dije que quería oírte...
—Kaneki... detente...— respiró, mordiéndose el labio mientras sentía su otra mano deslizarse entre sus piernas, los dedos frotándose en pequeños círculos contra ella. Presionó su cuerpo contra la pared, tratando con todas sus fuerzas de permanecer callada, escuchando atentamente que Yoriko salía.
Oyó que una puerta hacía clic en la distancia, y de inmediato dejó escapar un gemido que ella mantuvo reprimida.
—Yo... te odio...— murmuró, retorciéndose contra él mientras movía sus caderas hacia él.
—Lo... lo siento...— respondió—, e-es que eres tan…
—Cállate— Touka lo interrumpió, mientras buscaba salir del armario—. Es mi turno de atormentarte ahora.
