Capítulo 2: "Un engaño para almorzar"

La observé hasta que desapareció entre la multitud, mire el papel y lo guardé en mi billetera procurando que no se me fuera a perder. Me volví para regresar con los chicos, de seguro seguían jugando pero no era así, allí estaban los cuatro mirándome sonrientes y con expresiones pícaras en sus rostros.

Louis pasó su brazo sobre mis hombros sin dejarme escapatoria y el interrogatorio comenzó. Me llenaron de preguntas pero no respondí mucho ¿Qué les iba a decir? Sólo me acosté con ella y no sé casi nada más, sólo que es una chica muy molesta, su nombre, su número de celular y que acaba de comprar una consola.

Le llamé una, dos, tres y muchas más veces durante dos semanas, siempre que tenía un rato libre tomaba mi celular y le marcaba, me respondía la contestadora, tenía una voz dulce en aquella grabación. Seguí insistiendo otra semana más, cada vez menos, lo cual al escuchar su frialdad no pude evitar emocionarme como un niño pequeño.

-¿Qué quieres? –pregunto al otro lado del teléfono.

-Ya sabes qué –le contesto pero me avergonzaba de eso-: ¿Paso por ti?

-Está bien –me contesto, apunte su dirección y salí rápidamente en mi auto, creo que tarde una media hora en llegar, vi su casa, era enorme pero muy acogedora, allí estaba ella sentada en las escaleras y no, creo que ni siquiera intento arreglarse para mí. La vi acompañada de unas cuantas chicas, las mismas que estaban en el concierto junto a ella, admiradoras nuestras, estaba claro.

Pité dos veces y bajé la ventanilla, todas miraron y yo sonreí, amaba la atención de las chicas. Ella se levantó y entró en la casa, creí que ya no saldría pero en un par de minutos salió con una mochila al hombro, se abrió paso entre sus amigas que reían y murmuraban por lo bajo, iba a bajar para abrirle la puerta pero ella fue más rápida y ya estaba en el asiento del copiloto. La miré nuevamente y me seguía pareciendo preciosa, nos saludamos y puse en marcha el vehículo.

Estuvimos en silencio durante 10 minutos y al detenerme en una luz roja la miré, ella observaba por la ventana. Se veía tan linda y tranquila que me daban ganas de tomarla y besarla pero tenía que controlarme aunque no podía dejar de mirarla.

-¿Me llevas a un buen hotel? –me pregunto sin siquiera intentar mirarme.

-No –le respondí tranquilamente, en mis planes no estaba llevarla a un hotel, tampoco planeaba saciar mis necesidades sexuales, hoy no. En mi mente estaba la idea de querer tener una cita como cualquier chico normal.

-Detén el auto –me ordenó ella, como íbamos por una calle poco transitada me acerque a la orilla y me detuve confundido, ahí descubrí que planeaba.

Apenas me detuve, abrió la puerta e intento bajar del auto, suerte que yo fui más rápido y la alcancé a traer de vuelta al vehículo y coloque los seguros. Tenía el corazón en la garganta ¿Cómo se le ocurría hacer eso? La acorrale en la ventana sujetando sus brazos con fuerza, me miraba seria pero desafiante, estábamos cerca, muy cerca, sentía su respiración, el olor de su perfume… No iba a aguantar y la besé, pero esta vez fue con ternura y la pude llevar a mi ritmo por unos instantes, hasta que sentí un empujón y un golpe en mi mejilla.

Me separé aturdido y cuando me reincorporé la vi que ella estaba tranquilamente sentada mirando por la ventana en su lugar del vehículo, no, no estaba tan tranquila, pude ver sus mejillas sonrojadas. Me sentí feliz ¡Por fin había movido algo en ella! Tanto que me había costado tenerla así, tanto que lo anhelaba, sólo deseaba volver a verla. Seguí conduciendo y llegamos a un restaurante, ella no dijo nada en todo el camino y su rostro sin expresión volvió, como me desesperaba esto.

Bajamos del auto y un mozo nos llevó a la mesa que yo había reservado, al llegar, estaban justamente las flores y un paquete que le había comprado especialmente a ella, nos sentamos y lo miró de reojo y luego dirigió esos azules ojazos hacia mí.

-¿Te gustan? –le pregunte nervioso, que desesperante era todo esto, pero no me iba a ganar.

-¿Esta es una cita o sólo un cortejo? ¿Debo aclararte todo de nuevo? –me pregunto ella, sí, creo que esta vez estaba molesta.

-Sí, supongo que fuiste clara ¿Y qué? –le contesté utilizando el mismo tono de voz que ella usaba conmigo.

-Y que no quiero nada de esto, no necesito cortejos para un rato de placer –me respondió mirándome a los ojos, ella no cedía y yo tampoco me dejaría perder.

-¿Acaso en tu vida todo es así como quieres? –le pregunte usando un duro tono de voz.

-Claro que sí –contesto sarcástica y rodó los ojos-: Tal como tú, te acuestas cada noche con una chica que ves y que te guste –bien, esto lo decía totalmente en serio.

-Yo no hago eso.

-Es cierto, como nos conocemos hace tanto tiempo –volvió a usar su sarcasmo, esta vez yo rodé los ojos.

-Bueno, ese no es el punto ¿Podrías ser más agradable? –le pregunté queriendo llevar la fiesta en paz pero ella negó con la cabeza.

¿Qué se cree este tipo? Me tiene completamente aburrida con esa sonrisa y sus otras estupideces. No le basta con acosarme telefónicamente, sólo espero que luego de esto me deje tranquila. ¿Quiere que sea agradable? No pienso ceder ni siquiera un poco.

Creo que no quiero entender que lo nuestro fue sólo de una vez y ya, típico de los tipos como él, un niño mimado que no entiende razones, tendré que ser yo quién le enseñe que las cosas no son así.

-¿Qué pedirás? –me pregunto viendo la carta.

-Quiero…

-¿Ensaladas y jugo natural sin azúcar? –logrado, este tonto me saco una sonrisa.

-No, idiota, quiero un filete con puré de papas y una Coca-Cola, que sea grande –le dije mientras él sonreía como tonto-: Pide mejor la ensalada para ti.

-Bien –cerró la carta y el mozo registro nuestra orden, pidió lo mismo que yo. Mientras tanto nos trajeron unos aperitivos mientras esperábamos la comida, justo nuestra mesa estaba en una ventana con bonita vista, ahora sí podría entretenerme sin problemas.

-¿Cuál es tu problema conmigo? –pregunto luego de un rato, sentía su mirada fuertemente sobre mí.

-No tolero a las estrellas engreídas como tú –le espeté para luego mirarlo, tenía unos ojos hermosos, tal y como decían mis amigas, sentí un leve cosquilleo en el estómago y me reproche internamente por ello.

-¿En qué te basas para decir eso de mí? –me pregunto, su forma de hablar conmigo era más dura que al principio, pero no llegaba al extremo de gritarme. Claramente él quería dominar, pero no se lo permitiría.

-En tus acciones, te preguntarás cuáles. Veamos, mandarme a buscar con seguridad para "hablar" un rato, acosarme en la tienda de electrónicos, acosarme a nivel telefónico. Oh, lo siento, eso no es sólo de una estrella, es de un sicópata –le dije hablando rápidamente pero tampoco subía mi tono de voz, no pensaba hacer un escándalo y menos aquí, con él…

-No sería tan así si fueras más accesible –me contesto, yo bufé.

-Búscate una más accesible, si creíste que yo era así, te has equivocado completamente, y de paso, así dejas de fastidiarme –le contesté, en realidad esto sonaba mejor de lo que creía.

Continuamos con la comida, siempre él intentando ser amable conmigo y yo contestándole fríamente, sólo quería que la hora pasara rápido y llegar a mi casa. Después de un par de horas ya íbamos llegando a casa, yo estaba impaciente, sólo quería bajarme y terminar con todo esto de una vez.