Bien... Aquí me tienen otra vez... con el segundo capítulo de este fic... Disfruten!


Capítulo 2: Believe In Me.

BLAINE.

Mi celular sonó con la melodía de "Roar", de mi cantante favorita Katy Perry, sobre el asiento del copiloto. Lo tomé al ver que se trataba de mi amiga.

- Hola niñita llorona – habló con burla desde el otro lado de la línea.

- ¿Qué quieres? – bufé molesto.

- ¿No me digas que aun te duele el estómago y estás irritado luego de pasar con el trasero pegado al retrete?

- ¡Ash! – me quejé, girando en una curva.

- ¡Vamos, Blaine! Nadie se ha muerto por pasar una hora encerrado en el baño, te entiendo, de seguro te miraste al espejo y te diste cuenta de que estabas comenzando a engordar como mujer preñada y te tragaste todo un frasco de laxantes. Son cosas que pasan.

- ¡Oye, eso no es cierto! ¡Yo no estuve en el baño! ¡Era sólo una excusa! – Me defendí, más que furioso con sus especulaciones – Y no estoy gordito… – murmuré esto último con algo de vergüenza.

- Eso es cierto, aun no te aparecen tetas como a Hudson, e incluso, me liaría contigo si yo no fuera lesbiana y tú no fueras gay, pero espera y verás. Luego me estarás pidiendo prestados mis sujetadores.

- ¡Cállate! Yo estoy bien así y me amo a mí mismo – le reproché – Y, como no haces más que molestarme, voy a colgar porque estoy conduciendo.

- Te quiero – se despidió.

- Yo también, bruja.

Dejé el celular a un lado y me detuve en el semáforo.

Inevitablemente rebusqué si es que era real lo que Santana había mencionado acerca de que estaba subiendo de peso. Tanteé mi estómago y al no sentir nada raro, me tranquilicé. El ruido de un claxon me hizo dar un brinco. Me percaté de que ya había cambiado a verde, por lo que me puse en marcha.

No tenía muchas ganas de toparme con Kurt esta mañana, después de la conversación de ayer por Skype. No sé por qué no confía en mí, por qué es tan escéptico. Tal vez sea cuestión de tiempo, por lo que dejaré que sea él quien decida por sí mismo contármelo todo.

Aunque, por lo visto, no puedo dejar pasar demasiado, porque este chico está con los problemas hasta el cuello y temo que algún día atente contra su vida. Digo, si ya es capaz de auto dañarse, no imagino lo que podría hacer en un arranque de locura. Se demuestra bastante fuerte, pero es frágil como un cristal.

Si tan sólo pudiera decirle o más bien, demostrarle que todos somos perfectos de maneras inusuales, y que debe aprender a aceptarse tal y como es. Me encantaría verlo vestido y arreglado como lo vi en aquellas fotografías, eso sería asombroso.

KURT.

Cerré la puerta del cacharro de Finn de un solo portazo. Desde que los idiotas del equipo de futbol habían arruinado mi ropa, solía usar la de mi hermanastro, puesto que no tenía otra alternativa, y no deseaba darle más problemas a mi padre de los que ya le había dado cuando tuvo que cambiarme de instituto. Pero, esta mañana, había tenido el descaro de reclamarme cuando me acerqué a sacar una de sus sudaderas, diciendo que ya no le quedaba ninguna para él. Me defendí diciendo que yo al menos las lavaba y les ponía suavizante, y que si él al menos dejaras las suyas en el cesto de la ropa sucia, las tendría al día siguiente, en su closet, y no ocultas y pestilentes bajo la cama.

La discusión se extendió, haciendo que tuviera que saltarme el desayuno. Ayer no había comido bien y aparte hoy comenzaría el día con el estómago vacío, aunque considerando la pérdida de sangre de ayer, esto no era muy bueno.

- Nos vemos más tarde – se despidió Finn a mi espalda.

- ¡Piérdete! – bufé en respuesta.

Caminé con la cabeza gacha por el pasillo, intentando evitar las miradas curiosas de todos mis compañeros, que, al igual que Blaine, no sabían el por qué vestía de forma tan estrafalaria.

De la nada, me topé con dos cuerpos frente a mí, alcé la vista de su calzado y me encontré con dos chaquetas del equipo de futbol, y posteriormente con sus caras y dos Slushies en sus manos.

- Buenos días, cara de muñeca – se burló el moreno, arrojándome sin piedad el frío granizado en la cara y el cuerpo.

- Dicen que el hielo hace muy bien para la piel de las niñas – rió Karofsky fuertemente, plantándome el otro sobre la cabeza y dejándome el recipiente de sombrero.

- Recuerda que luego de almorzar, me gusta arrojar a perdedores al basurero – se despidió Azimio, pasando por mi lado y golpeando mi hombro.

- ¡No faltes! – exclamó el otro, empujándome contra las taquillas, haciendo un estrepitoso escándalo y botándome al suelo.

Me quedé ahí, sin saber si romper en llanto o ponerme en pie y echar a andar como si nada. Ninguna de las opciones me haría conservar mi dignidad. ¡Ah, cierto!… ya no tenía, gracias a ellos.

- ¡Dios mío, Kurt! – oí pasos acelerados acercarse. No podía ver debido a que el jugo de fresa se había metido a mis ojos, pero sabía de quien se trataba - ¿Quién te ha hecho esto? Ven, vamos a que te limpies.

Me alzó de los brazos, rozando mi herida al tomar mi mano.

- ¡Ouch! Ten… ten cuidado – él comprendió a lo que me refería, por lo que subió su mano a mi brazo y me guió hasta que estuvimos dentro de los servicios.

- Debes quitarte la sudadera, no te puedes quedar con eso mojado – ordenó, mientras que yo lavaba mi rostro, quitando el rastro de fresa que tenía.

Obedeciendo, me quité la chamarra de Finn y la utilicé para secarme la cara, con la parte que no se había mojado.

- Kurt… - la voz de Blaine se volvió un susurro. Volteé a mirarle con curiosidad, y me topé con sus ojos miel, completamente desconcertados, mirándome con atención. Entonces me percaté de que la camiseta blanca que llevaba debajo, era algo ajustada y en ella se marcaba un poco lo delgado que me estaba poniendo. Mi caja torácica saltaba a la vista y los omóplatos eran difíciles de disimular. No debí quitarme la sudadera, ahora Blaine me sermonearía.

- No lo hagas, por favor – rogué, sabiendo lo que saldría de su boca.

En vez de decir algo, se acercó lentamente a mí, y tomó la prenda que sostenía en mi mano, dejándola sobre el lavamanos. Fui rodeado por sus cálidos brazos al segundo siguiente, e inevitablemente, me aferré a él con todas mis fuerzas. Hacía mucho que nadie me abrazaba, una cosa tan simple como un abrazo, pero algo que en serio necesitaba.

- Toma mi cazadora – dijo cuándo nos hubimos separado – No puedes estar así nada más.

Intenté negarme, pero él prácticamente me la forzó a poner. Una vez que me encontré dentro de ella, no me arrepentí. La chaqueta tenía su olor masculino y suave, con un leve toque cítrico. Era enloquecedor. Si Blaine no hubiese traído puesto un chaleco bajo esta, no le hubiera permitido que me la prestara. Pero al menos así pude apreciarlo más en detalle. La gomina no era lo único mono en él. Llevaba una camisa a cuadros verde, un chaleco sin mangas beige con bordados en un verde oscuro y con los pantalones café claro le quedaba bastante bien.

- Gracias… por ayudarme, aunque te traté tan mal – murmuré al borde de las lágrimas – Eres grandioso.

- No hay de qué… - su expresión no había cambiado, seguía tan contrariado como cuando me quité la otra prenda – Kurt… - pude notar que no era capaz de guardarse lo que sentía – Por favor dime qué es lo que pasa… Te juro que esto está matándome, porque muero de ganas por ayudarte y sinceramente no sé cómo – sus ojos se habían cristalizado como los míos.

- Blaine, no quiero hablar de eso… yo…

- Lo sé – me interrumpió – Sé que para ti debe ser difícil, eso lo comprendo, pero dime si hay algo que puedo hacer para ayudarte… por favor.

Negué silenciosamente con la cabeza. Entonces él me tomó por los hombros, girándome para quedar frente al espejo, poniéndose de espaldas a mí, me miró en el reflejo con una sonrisa forzada.

- Dime qué es lo que ves ahí – ordenó, haciéndome alzar las cejas.

- No lo sé, am… tú… yo… ¿los retretes? – respondí recorriendo la imagen frente a mí.

- ¿Sabes lo que yo veo? – Dijo – Un chico realmente hermoso, con unos bellísimos ojos azules y un rostro de ángel. Te veo a ti y la tristeza que guardas en tu interior.

- Estás exagerando – susurré sonrojándome.

- Tienes un desorden alimenticio – declaró como si se tratara de un médico – Y una depresión enorme…

- ¿De qué estás hablando? No tengo ningún problema con la comida, ni tampoco estoy deprimido – negué girándome a verlo cara a cara – Mis problemas son mucho más grandes que eso.

Tomé la chamarra de Finn y salí del baño, dejando a Blaine atrás. No podía evitar comportarme como un completo idiota cuando sentía que se preocupaba de mí. No tenía la costumbre de recibir la ayuda de nadie, porque nunca le han importado mis problemas a alguien. Lamentablemente, y debido a esto mismo, suelo tener un humor de los mil demonios y agredo a la gente a mi alrededor con demasiada facilidad, lo que es un grano en el culo, porque suelo alejar a las pocas persona que intentan acercarse a mí. La diferencia de esas personas, con Blaine, es que él no se da por vencido, insiste constantemente… y no sé cómo reaccionar antes eso.

BLAINE.

- Santana, me das un minuto – tomé el brazo de mi amiga y lo jalé, alejándola de su novia.

- ¡Hey! No es justo, Britt iba a besarme – se quejó.

- Tienes todo el resto del día, sólo será un momento – le expliqué – Necesito tu ayuda, porque ya no se me ocurre que demonios hacer con esta situación, pero te advierto que es un tema delicado, ¿de acuerdo? No burlas, ni intervenciones relacionadas con sexo, por favor.

- ¡Oye, Hobbit! ¿Por quién me tomas? – dijo indignada.

Me senté frente a ella en las escaleras y comencé a narrarle todo lo ocurrido con Kurt, cómo lo había conocido, lo de su muñeca, lo de hoy en la mañana, todo. ¿Por qué lo había hecho? Porque el chico me estaba cerrando todas las puertas, dejándome aprisionado con una angustia que estaba destrozándome. Suelo ser altruista, y un muy buen amigo, por eso, ante este asunto, me he preocupado tanto. Santana se limitó a asentir y reservarse cualquier comentario hasta que acabé.

- ¡Con un demonio, Blaine! ¿Por qué es que no me habías contado nada de esto? – Exclamó elevando la voz varias octavas - ¡Ese chico está mal de la cabeza! Necesita ver a la Srta. Pillsbury ahora mismo, tal vez entre esos folletos sin sentido, ni utilidad aparente, tenga alguno que diga: "¿Así que eres adicto a los cuchillos?" o alguna basura como esa.

- Santana… - suspiré – No se trata de eso. Yo creo que tiene problemas con su cuerpo, y por eso dejó de comer… eso es algo muy común hoy en día.

- Sí, pero son las chicas las que hacemos esas idioteces para adelgazar desesperadamente, como meterte los dedos para inducir el vómito o tomar laxantes… - me miró y yo entrecerré mis ojos con ira – No te ofendas, pero esos son los más comunes, pero como ya te dije… eso es cosa de chicas… no de chicos.

- Es que no me explico que lo puede tener así de delgado, si está prácticamente en los huesos…

- Cuando le conté acerca de mi sexualidad a mi abuela… y ella me corrió de su casa yo… entré en una depresión tan grande que cada vez que veía un platillo a la hora de comer… simplemente no tenía hambre… - me miró pensativa, como recordando aquel episodio tan negro de su vida – Y tu recuerdas perfectamente en qué estado quedé finalmente.

- Tienes razón… el chico está más que deprimido, lo puedo ver en sus ojos – entonces me perdí en la imagen mental de la hermosura azul que decoraba su rostro liso y pálido como una muñeca de porcelana.

- Blaine… ¡Blaine! ¡BLAINE! – yo di un brinco y la miré asustado.

- Para qué me gritas, Dios, Santana ¡Estoy a tu lado! – gesticulé con mis manos.

- Umm… al parecer ese amiguito tuyo, no es sólo un amigo… - dedujo con voz cantarina - ¿Desde cuándo que lo tienes escondido? ¿Ya le dijiste que fueran novios? ¿Es lindo, no? ¿Ya tuvieron sex…?

- ¡Santana! Apenas lo conozco de ayer, sí – la callé – Sólo necesito que me ayudes a descubrir el porqué de todo.

- Bueno, dices que él estaba en otro instituto antes, ¿no? – la cabeza de la morena se puso en marcha, analizando la situación más a fondo.

- Así es – confirmé – Lo mencionó cuando me enseñó sus fotos.

- De acuerdo, como es todo lo que tenemos por el momento, creo que deberíamos comenzar por ahí – se acercó a mí, como si me fuese a decir el secreto más importante del universo – Debes averiguar a como dé lugar, en cuál instituto estaba antes.

- ¿Y cómo quieres que haga eso? Él jamás me lo dirá – respondí más que frustrado de que el chico no me confiara nada.

- Pues, roba su expediente, chantajea a alguien o busca en Google, ¿qué se yo? – Farfulló – Ese es tu trabajo. Una vez que lo tengas… lo demás será pan comido.

- ¿Tú crees? – dudé.

- Claro… Además, con ese cuerpo tuyo que tienes, puedes seducir a la anciana secretaria de Figgins para entrar en su despacho y coger su informe, o algo que nos sirva – ella rió ante mi mueca de desagrado por mencionar a la secretaria. Era una dulce señora de edad, pero ¿seducirla? Era algo inimaginable para mí.

- Tendrás que ayudarme – le exigí.

- Bien, lo haré porque me preocupa que tus kilos de más espanten a la secretaria de Figgins – rió – Brittany es una excelente distracción para cualquiera, creo que también podrá ayudar sin enterarse de nada.

- ¡Perfecto! – junté mis manos, tal como lo haría Mr. Burns.

Un poco más confiado en que la respuesta y la forma de ayudar a Kurt llegaría pronto, me recosté en mi cama ese día luego de clases.

Lo cierto era que, estaba algo dolorido y agobiado internamente, como si pudiera sentir, de cierta forma, el dolor de Kurt. Era extraño conectarme con una persona así, y mayormente siendo él, puesto que era bastante cerrado conmigo.

Distraídamente tomé mi laptop y tecleé el nombre de Kurt en el buscador de Google, recordando lo que había dicho Santana. El primer resultado fue su perfil de Facebook, por lo que cliqueé.

No tenía mucho de información, sólo lo básico, puesto que no éramos amigos, mi vista era limitada. Sus fotografías eran bastante similares a las que portaba en el móvil. No podía negar que el chico de las fotos se diferenciaba mucho del Kurt que deambulaba por los pasillos de McKinley.

Me encantaba ver su sonrisa en las imágenes, una tras otra. Algunas sólo capturaban la perfección de su rostro, otras eran frente a un espejo de cuerpo completo, luciendo distintos conjuntos de ropa. Lo que llamó mi atención era que no tenía comentarios en ninguna foto, ni de él, ni de nadie.

Una vez que las vi todas, pasé a revisar sus publicaciones. La última era de hacía seis meses atrás.

"Saliendo del infierno, entrando a otro"

La anterior a esa era de hacía nueve meses atrás.

"Rendirse puede ser bueno para dejar de sufrir por lo que luchas"

Cada uno de los estados era más depresivo que el otro, a medida que descendía.

"Vida; tan frágil y tan fácil acabar contigo"

"Tal vez algunos simplemente vinimos al mundo para la diversión de los demás"

"¿Estás sufriendo? Entérate de esto… ¡A nadie le importa!"

"Sinceramente no sé qué hago aquí, si soy completamente invisible para los demás"

Cada palabra, me golpeaba fuertemente en el pecho, debido a que los sentimientos contenidos en estas, eran bastante avasalladores.

Mi celular vibró sobre el edredón y lo tomé para ver el mensaje.

"¿Skype? Te debo una disculpa. K.-"

Sin reprimirla, dejé que una amplia sonrisa cubriera mi rostro.

- Hola, Kurt – le saludé una vez que se estableció la conexión - ¿Cómo estás?

- Algo avergonzado por mi actitud esta mañana – murmuró en un hilo de voz.

- Tranquilo Kurtie, eso está olvidado – le dije, enseñándole mi mejor sonrisa.

- ¿Kurtie? ¿En serio? – rodó los ojos, burlándose del apodo – No se te ocurrió nada mejor, ¿verdad?

- Hey, es de cariño – me defendí algo ruborizado.

- De acuerdo, al menos no es nada feo – esbozó una sonrisa sin mostrar sus dientes – Aunque de todos modos, gracias por lo de hoy… y lo de ayer… Has sido como un ángel de la guarda, siempre ahí cuando te necesito – me enterneció la forma dulce de hablar - ¡Oh! Por cierto, me quedé con tu cazadora, me olvidé de entregártela…

- No hay problema con eso – lo frené – Prefiero que la uses tú, en lugar de las sudaderas XL – me reí – Se ve mejor en ti.

- ¿Por qué eres así conmigo? – consultó, ladeando la cabeza.

- No lo sé – sonreí algo nervioso por su pregunta. Si le dijera la verdad, puede que lo espante… ya que, aunque suene precipitado, este chico ha despertado ciertos sentimientos en mi interior, y creo que es quien yo estaba buscando desde hace mucho – Creo que soy un buen chico – mentí, encogiéndome de hombros.

- Lo eres.

De pronto, una idea pasó por mi cabeza…

- Kurt, ¿te gustaría oírme cantar? – no sabía si eso sería suficiente para convencerlo, pero tenía que intentarlo.

- ¿Cantar? – Alzó una ceja, como solía hacerlo – Oh, había olvidado que estás en el glee.

- ¿Quieres? – insistí. El sólo asintió.

Tomé mi laptop y la ubiqué sobre mi buró, acomodando la cámara para que me enfocara con mi guitarra. Me senté frente a él y medité un poco sobre cuál sería la canción más apropiada.

- ¿Tocas guitarra? – se sorprendió.

- Sip, también el piano, el violín, el chelo, la armónica, la mandolina y algo de batería, entre otros – reí ante su cara de asombro.

- ¡Woah! – Sonrió – Yo con suerte puedo tocar la canción de "Estrellita ¿dónde estás?"

- Soy un buen profesor… - me miró intensamente a través de la pantalla – Bien, aquí voy.

http(:)(/)(/) watch?v=WYlzSKiGIF4 [Quiten los paréntesis antes de buscar]

Comencé a tocar intentando transmitir de alguna forma lo que sentía en ese momento, con aquella canción.

"Life's too short to even care at all oh,

I'm losing my mind losing my mind losing control.

These fishes in the sea they're staring at me oh, oh,

Oh, oh, oh, oh,

A wet world aches for a beat of a drum.

Oh."

Alcé mi vista hacia la pantalla, en donde Kurt me miraba con atención.

"If I could find a way to see this straight

I'd run away

To some fortune that I should have found by now

I'm waiting for this cough syrup to come down, come down."

Clavé mi vista en el azul de sus ojos, perdiéndome en ellos y en la melodía que salía de mi guitarra.

"Life's too short to even care at all oh

I'm coming up now coming up now out of the blue

These zombies in the park they're looking for my heart

Oh, oh, oh, oh,

A dark world aches for a splash of the sun oh, oh…

If I could find a way to see this straight

I'd run away

To some fortune that I should have found by now

And so I run now to the things they said could restore me

Restore life the way it should be

I'm waiting for this cough syrup to come down.

Life's too short to even care at all oh

I'm losing my mind losing my mind losing control."

Logré percatarme claramente del momento en que sus ojos se cristalizaron, y aunque intentó ocultarlo, no le fue posible, debido a que la imagen era demasiado nítida. Continué tocando, para llegar al final de la canción.

"If I could find a way to see this straight

I'd run away

To some fortune that I should have found by now

So I run now to the things they said could restore me

Restore life the way it should be

I'm waiting for this cough syrup to come down

One more spoon of cough syrup now,

One more spoon of cough syrup now."

Acabé con las últimas tonadas, dejando la melodía en el aire. Tenía la vista baja, mirando mi guitarra, hasta que oí aplausos provenientes de mi computadora. Miré a Kurt, quien daba pequeñas palmitas frente a la pantalla.

- ¿Te ha gustado? – consulté, aunque la respuesta fuera más que obvia.

- ¿Bromeas? ¡Claro que me gustó! Fue simplemente grandioso… Yo, no tengo palabras para expresarme en este momento. No imaginé que tuvieras un talento como ese – habló atropelladamente.

- No todo lo que ves, es lo que es – repetí aquella frase que le había dicho antes.

- Así veo.

- Tal vez puedas venir conmigo al glee club y verme cantar esta semana – sugerí sutilmente – Suelo cantar con mucha frecuencia.

- ¿Acaso estás reclutando gente? – se burló.

- No, pero no está de más preguntar. Además te sentirás muy a gusto allí, los chicos son como mi familia… y como la familia… no te juzgan, sólo te aceptan tal como eres.

- Wow, suena como el país de nunca jamás – rió – Creo que iré, no pierdo nada.

- ¡Genial! – celebré.

KURT.

El glee club. Jamás pensé que asistiría a algo tan soso como eso, pero al parecer Blaine no piensa igual. Lo único que ha hecho estos días es hablar como un papagayo acerca de lo increíble y lo divertido que es su famoso club de coro. Pero siempre he sido de los que tienen que ver, para creer.

Guardé mis libros en la taquilla, mientras que seguía dándole vueltas al asunto del glee. De pronto alguien me tomó la mano, por lo que me espanté, retrocediendo al instante.

Al ver la expresión en el rostro de Blaine, me tranquilicé.

- Tranquilo, no voy a matarte – de rió.

- Lo siento, es como un reflejo – expliqué – Simplemente no puedo contenerlo.

- No hay problema. Ahora, vamos – volvió a tomar mi mano, esta vez sin que yo reaccionara mal, sino al contrario.

Me jaló para que caminara junto a él y yo sólo disfruté de su tacto. Su mano tibia y grande, envolvió la mía, haciéndola ver algo pequeña y delicada. Por suerte había tomado la mano que no estaba lastimada, pues de no ser así, me hubiera causado un gran dolor con lo fuerte que estaba sosteniendo mi mano.

Llegamos a un salón a mitad del pasillo y entramos sin más. Sentí ganas de huir de allí al ver a tantas personas. Lo cierto es que usualmente soy algo antisocial; no confío en las personas, no me acerco a ellas, ni entablo conversación de un momento a otro, ni siquiera con los que comparto pupitre en clase. Deseaba hundirme dentro de la chaqueta negra de Blaine, desapareciendo de aquel salón y perdiéndome en su perfume.

- ¡Hey, chicos! – saludó Blaine, con la mano contraria a la que aun sostenía la mía.

- ¿Qué hay Blaine? – preguntó un chico en silla de ruedas, ajustando sus gafas con un dedo.

- ¿Quién es el chico nuevo? – consultó ahora una chica morena, vestida como una verdadera diva.

- Él es Kurt Hummel, es un… amigo que conocí hace algunos días – agradecí que me ahorrara el tener que hablar. No estaba de humor y no quería insultar a nadie.

- ¿Y ustedes son…? – la insinuación de una chica rubia, con uniforme de animadora me hizo sonrojar. Ella tenía la vista clavada en nuestras manos unidas. Blaine al percatarse de eso, me soltó con delicadeza, y yo la oculté en el bolsillo de la cazadora.

- No, sólo… sólo amigos – tartamudeó el moreno a mi lado, haciendo que una duda surgiera en mi cabeza, pero luego tendría tiempo de pensar en aquello – Ven Kurt – susurró Blaine, indicándome un par de sillas vacías – Sentémonos aquí.

Asentí, sin ánimos de emitir sonido.

Al rato apareció el maestro de español, entrando con una sonrisa y saludando a todos afectivamente, lo que me pareció raro. En clase también era bastante agradable, pero aquí estos chicos lo trataban como un amigo íntimo, muy cercano.

- Muy bien, hoy es el día – declaró mirándonos a todos - ¡Duetos! – Todos vitorearon felices - ¿Quiénes primero?

- ¡Nosotros! – dijo una chica que tenía una nariz bastante… particular, creo que compartimos dos o más clases, pero suele sentarse al frente, por lo que no estoy muy seguro. Aunque la forma de alzar la mano es igual. Se puso en pie, halando del brazo a Blaine y arrastrándolo hasta que estuvo frente a todos nosotros. Él me miró con una sonrisa bailando en sus labios y yo levanté mi pulgar para darle ánimo.

- ¡Sorpréndannos! – les dijo el Señor Schuester, sentándose en un taburete, junto a los demás.

- ¡Dale! – le indicó al pianista, que con una expresión tan hastiada como la mía, comenzó a tocar, al igual que la banda.

La chica miró a Blaine y este se acercó al micrófono, tomándolo con teatralidad.

http(:)(/)(/) watch?v=PvUNbbVtSvU [Quiten los paréntesis antes de buscar]

"You were working as a waitress in a cocktail bar

When I met you,

I picked you out, I shook you up, and turned you around.

Turned you into someone new,

Now five years later on you've got the world at your feet

Success has been so easy for you,

But don't forget it's me who put you where you are now

And I can put you back down too

Blaine caminó al rededor, quitando el micrófono del pedestal y mirándome con diversión.

Don't, don't you want me?

You know I can't believe it when I hear that you won't see me

Don't, don't you want me?

You know I don't believe it when you say that you don't need me…

La chica se acercó al micrófono y cantó con él.

"It's much too late to find

You think you've changed your mind

You'd better change it back or we will both be sorry

Don't you want me baby? Don't you want me ohhh...

Don't you want me baby? Don't you want me ohhh..."

Luego Blaine dejó de cantar, dándole el paso a ella.

"I was working as a waitress in a cocktail bar

That much is true,

But even then I knew I'd find a much better place

Either with or without you,

The five years we have had have been such good times

I still love you,

But now I think it's time I lived my life on my own

I guess it's just what I must do"

Nuevamente cantaban a dueto.

"Don't, (Don't)

Don't you want me? (Don't you want me?)

You know I can't believe it when I hear that you won't see me

Don't (Don't)

Don't you want me? (Don't you want me?)

You know I don't believe it when you say that you don't need me

It's much too late to find,

You think you've changed your mind,

You'd better change it back or we will both be sorry…

Don't you want me baby? Don't you want me ohhh...

Don't you want me baby? Don't you want me ohhh...

Don't you want me baby? Don't you want me ohhh...

Don't you want me baby? Don't you want me ohhh...

Don't you want me baby? Baby?

Don't you want me ohhh...

Don't you want me baby? Don't you want me ohh...

Don't you want me baby?"

Terminaron la canción, quedando frente a frente, mirándose a los ojos y respirando agitados por haber cantado. Todos comenzaron a aplaudir y ellos se voltearon para hacer una ridícula reverencia.

Blaine regresó a mi lado, con una de sus enormes sonrisas, mirándome a la espera de mi apreciación.

- ¿Y, qué tal? – murmuró cerca de mi oído.

- Esa chica está profundamente enamorada de ti – respondí, conteniendo una carcajada.

- ¿Qué? – rió ante mi respuesta.

- Te aseguro que si esto hubiera sido un ensayo en el cual estuviesen solos los dos, se lanzaría sobre ti y abusaría de tu inocencia – me burlé.

- ¿De qué hablas? Rachel sabe que soy gay – me contradijo en susurros – Ella jamás se fijaría en mí. Sólo es algo teatral e interpreta muy bien cuando canta – la excusó.

- Ya, claro – mantuve una expresión burlesca en mi rostro, mientras observaba a la siguiente pareja, conformada por dos animadoras, una rubia y la otra morena.

La música de "I wanna dance with somebody" resonó por el salón y la voz de la chica que, según me dijo Blaine, se llama Brittany, se extendió de forma armónica. Debía reconocer que su forma de bailar era increíble, aunque por ser una Cheerio era algo de esperar.

Ambas cantaron e hicieron bailar a todos. Luego de que la canción acabara, regresaron a sus lugares.

A continuación, pasaron al frente la chica morena con aire de diva, junto a un chico rubio que tenía un corte muy Bieber y los labios de Angelina Jolie.

- Parece que tuviera colágeno en la boca – murmuré hacia Blaine.

- Santana suele llamarlo "boca de trucha", pero yo creo que no es para tanto – respondió él sin apartar la vista del frente.

- ¿Bromeas? JLo lo envidiaría de verlo – me burlé.

- Cállate – rió él a mi lado.

La pareja cantó "Summer Nights", haciéndolo realmente bien. Incluso me sorprendí a mí mismo, haciendo los coros junto a los demás, y eso que yo jamás en mi vida he cantado.

- De acuerdo chicos – dijo el Sr. Schue, poniéndose al frente nuevamente – Quisiera escuchar al chico nuevo – su mirada se clavó en mí y mi cuerpo se heló. No se suponía que yo cantase, ni que me fuera a integrar al condenado club, yo sólo era un mero espectador.

No pude evitar, tomar a Blaine por el brazo, apretándolo para que dijera algo y me evitara el bochorno de arruinar una canción en público.

- No, no… Am, Kurt sólo ha venido a verme cantar… No… No tiene planes de integrarse – balbuceó Blaine, ante la estrangulación de su brazo – Por ahora – me miró detenidamente, haciéndome fruncir el ceño por lo dicho. Yo no cantaba, ¿cómo se suponía que participara de un coro?

- Oh, entiendo – se disculpó él – No hay problema. De todos modos, eres bienvenido cuando quieras, ya sea para formar parte o simplemente para oírnos cantar – musitó con amabilidad. Le di mi mejor sonrisa, sin enseñar los dientes y la calma regresó a mi cuerpo.


- ¡Vamos! No puedes ser tan malo – insistió Blaine por octava vez.

- Lo soy… es decir, no lo sé… porque nunca he intentado cantar, pero yo no canto… no hagas que me avergüence más – declaré mirando como Blaine rodaba los ojos.

- Tengo una idea – musitó mirando la pantalla fijamente – Mañana vendrás a mi casa y cantaremos en mi karaoke.

- ¿Vas a seguir con el asunto? ¡Dios! – bufé.

- Claro que sí. Si mis tímpanos no son lastimados al oírte cantar, es porque no eres tan malo como piensas – rió.

- De acuerdo, pero luego tendrás que traerme de regreso a mi casa, porque no pienso tomar un autobús – me quejé.

- Hecho – sonrió con autosuficiencia.

Nuestras conversaciones por Skype, cada tarde, se habían vuelto una costumbre desde el día que nos conocimos hace dos semanas atrás. Era algo habitual llegar de la escuela, darme un baño y encender mi laptop para hablar con él. En el instituto no hablamos mucho, porque me la paso en el interior de los contenedores, gracias a Azimio y Karofsky. Aunque he tomado la precaución de no usar la chaqueta de Blaine durante los recesos. No me perdonaría si algo la arruinara.

Algo que me parecía raro era que no me había sentido con ganas de cortarme, desde el día que le conocí, esa fue la última vez. No sé si es que gracias a él, mi dolor ha disminuido al punto de ser soportable. Si tan sólo el supiera lo mucho que me ha ayudado con tan sólo su presencia, aunque él cree que no hace nada por mí.

- ¿Kurt? – Dijo, sacándome de mis pensamientos - ¿Pasa algo? Te he preguntado dos veces cual estilo de música te gusta.

- Oh, lo siento… Am, disfruto mucho del pop, ya sabes… Katy, Gaga, Britney… - me encogí de hombros, como si con eso me diera a entender.

- Pues… somos dos – sonrió – Adoro a Katy Perry, tengo todos sus discos y mi karaoke está dedicado a ella casi en un 90%

- Anderson, pareces una "fan Girl" – me burlé – Tan sólo te falta una playera con su cara y que te pongas a brincar y gritar.

- Oye, no te burles – se quejó, haciendo un puchero muy divertido.

- De no ser porque ya he visto tu cuarto, creería que tienes cien mil posters de ella adornando tus paredes – continué – E incluso podría apostar que tienes una de sus canciones de ringtone.

- ¿Cómo lo sabes? – Me miró con el ceño fruncido - ¿Me has estado espiando?

Carcajeé al atinarle con mi especulación. Se veía tan frustrado que era adorable.

- Lo siento… eres muy predecible – volví a encogerme de hombros.

- Hmm… Tal vez – ladeó la cabeza, mirándome de forma demasiado extraña, casi como si intentara ver más allá de mis ojos.

- Es "Roar", ¿cierto? – consulté.

- ¡Maldición! – frunció los labios, haciendo un gesto muy divertido.

En ese momento, alguien golpeó a mi puerta, por lo que miré hacia ella y luego de vuelta a la computadora.

- Lo siento, tendré que dejarte – me despedí, cerrándola sin esperar una respuesta.

Me puse de pie y caminé hasta la puerta. Al abrirla, me encontré con el rostro de mi madrastra.

- Kurt, cariño – murmuró ella – No bajarás a cenar.

El recuerdo de Blaine reclamándome por mi peso me hizo pensar en que en serio necesitaba comer más.

- Claro, enseguida bajo – respondí con una sonrisa.

Ella se retiró y yo me quedé allí unos segundos más, para luego tomar algo de aire y bajar. Odiaba comer con todos en la mesa. No me desagradaban ellos, sino los temas de conversación. Por lo general se basaban en las grandiosas anotaciones de Finn en los partidos, o en lo mucho que disfruta siendo el quarterback y todo eso, y cuando por fin se voltean hacia mí… puedo oír el sonido de los grillos de fondo, porque yo le he ganado a nadie, ni he participado en nada, y ni siquiera tengo un promedio de notas destacable. Es casi denigrante cuando mi padre me pregunta…

- ¿Y qué tal va el instituto? – murmuró haciendo eco de mis pensamientos.

- Bien – dije con un hilo de voz, deseando que no hiciera más preguntas.

- ¿Nadie se mete contigo ahora? – quiso saber, mirándome demasiado fijo. Mis ojos viajaron al rostro de mi hermano, quien desvió la vista hacia su plato, avergonzado recordando seguramente lo ocurrido hace dos semanas.

- No, nadie lo hace – mentí para no preocuparlo. Él ya había hecho mucho por ayudarme, ahora me tocaba devolverle la mano.

- Bien, me da gusto oír eso… - Mi padre paseó la mirada por todos los ocupantes de la mesa, sin saber qué más decir – Am… Finn, ¿Cuándo es el juego?

- Este sábado – dijo él, volviendo a la conversación habitual, en la que sólo hablaba Finn con mi padre.

Miré cortésmente a Carole y le susurré que la cena estaba deliciosa.

- Es un marica… - se rió Finn, en medio de su animada conversación, pero logré captar aquella frase y alcé la vista inmediatamente. Él notó mi malestar por lo que había dicho, a pesar de que estaba refiriéndose a otra persona, él sabía lo mucho que me molestaba oír comentarios ofensivos - Vamos, no te lo tomes a lo personal – se ¿disculpó?

- Finn, creo que… has escogido la palabra equivocada – lo advirtió mi padre.

Llevábamos bastante tiempo tratando con el tema de mi sexualidad, cosa que sólo sabíamos Carole, Finn, mi padre y yo, y motivo por el cual había tenido que cambiarme de instituto. Y entonces él va y dice aquella estupidez de que no me lo tome como personal. ¡Estaba harto!

- ¿Cómo quieres que no me lo tome a lo personal, Finn? – bufé con coraje.

- Amigo, no me estaba refiriendo a eso… - se excusó – Sólo…

- ¿Sabes lo que siento yo cuando escucho esa palabra? – Pregunté retóricamente – Que hablas de mí.

- Kurt, estás exagerando – alzó las manos como si fuese inocente cuando vio que me ponía de pie.

- No exagero, es lo que te diría cualquier gay en mi situación.

Lancé la servilleta con violencia sobre la mesa y me retiré a mi cuarto.

Apenas había alcanzado a probar un par de vegetales de la cena, y como cada vez que intentaba cenar en familia, tenía que dejar todo. Me sentía tan frustrado… Blaine venía a mi mente, recordaba lo que me contaba acerca de su amiga que era valiente y se daba a respetar. Eso quería para mí.

Pero era un cobarde; tanto que ni siquiera era capaz de decirle a Blaine que yo también soy gay, y que ese es el principal motivo por el cual hago lo que hago y actúo de esta forma. Él al menos se lo contó a sus amigos del glee, yo ni eso. Mi padre lo supo de siempre, puesto que jamás jugué con autos o siquiera me revolqué en el lodo. Todo lo contrario, adoraba vestirme inmaculada y detalladamente, jugar a tomar el té y poseía toda una colección de "Mi Pequeño Pony", mi bici tenía cintas de distintos tonos de rosado en el volante, y brillantina en ella que yo mismo había puesto. Para Halloween solía sacar ideas para mis disfraces de las princesas de Disney, cada año una distinta. Mi madre nunca tuvo problema en hacerlos por mí, y luego mi padre no reparó en comprarlos cuando ella murió. Simplemente él no podía esperar un resultado diferente del que hay hoy. Ha tratado con todas sus fuerzas de entenderme y apoyarme, pero Finn es el típico chico con algo de popularidad, que se caracterizaba por su homofobia y por arrojar idiotas a los basureros. Aquel que le lanzaba Slushies a todo el mundo, hasta que me cambié de instituto y mi padre conoció a Carole. Él, a modo de precaución, decidió contarles acerca de mi sexualidad, pero Finn, aunque se ha esforzado en disimular su rechazo, no logra hacerlo en un cien por ciento.

Me lancé sobre el acolchado y tomé mi móvil que había dejado olvidado en la mesita de noche. Tenía un mensaje de Blaine, lo cual me hizo sonreír, apartando un poco de mi melancolía.

"Cree en ti. B.-"

¿Creer en mí? ¿A qué se refiere?


So... That's at all! Espero les haya gustado y espero sus reviews! Muchas gracias a los que comentaron el anterior.

Atte.

JC.