Ya es bastante tarde, pero publico esto ahora para desestresarme un poco de los pendientes. Tendré una mañana pesada así que me voy a dormir.
Pero antes, los invito a leer.
Eyes Wide Shut
Capítulo 2: La propuesta
Por la mañana, algo más descansados, los Mugiwara se dispusieron a hacer una pequeña fiesta de bienvenida para Robin –y sorpresivamente también para Tashigi, aunque ésta última se negó rotundamente a salir de su fortaleza desde el primer momento.
A pesar de que no había demasiados víveres Sanji pensaba que podía hacer algo decente con lo que tenía a la mano, además, Ussop y Luffy pudieron pescar algunas cosas buenas en un rato de modo que tenían aquello como respaldo. Según los cálculos de Nami no faltaba mucho para que llegaran a la isla a la que estaban dirigiéndose, entonces podrían reabastecerse como era debido.
Desde temprano comenzó a salir la comida de la cocina junto con las bebidas preparadas por Sanji. Brook y Franky comenzaron con la música y Luffy, Chopper y Ussop empezaron a bailar y cantar. Nami estaba sentada tomando el sol como era usual pero observando la alegría de sus compañeros, y Zoro reposaba junto a la barandilla, también disfrutando del espectáculo (aunque nunca iba a admitir lo mucho que le gustaba ver a sus amigos divertirse).
Robin se había alejado de sus compañeros y había ido al nido de cuervo. Tocó la escotilla de la entrada y esperó por una respuesta, que no recibió. Volvió a golpear, pero esta vez habló.
-Tashigi san, Sanji se quedó bastante preocupado porque no quisiste tu desayuno. ¿Crees que puedas salir un rato a almorzar?
La escotilla se abrió, y entonces, el rostro de Tashigi se asomó por la pequeña abertura. Miró a Robin con una expresión serena, pero sin poder ocultar del todo su desagrado.
-Con todo respeto, Robin san. No quiero salir y convivir con…
-¿Piratas?-la palabra salió de los labios de Robin con una entonación que evidenciaba lo patética que le parecía la actitud de la joven bajo semejante situación.-No es por ser agresiva o algo, Tashigi san, pero no creo que estés del todo consciente que has sido ayudada por nosotros. Lo menos que podrías hacer para mostrar agradecimiento es ser amable.
-¿Y por qué debería?- preguntó de nuevo la joven, cada vez más a la defensiva. Robin frunció el ceño. Normalmente era muy calmada, pero esa chica estaba acabando con sus nervios. Decidió jugar con algo diferente ésta vez, con una carta que, si estaba en lo correcto, podría con ella.
-Por honor. Reconocer la virtud en personas que antes has juzgado mal…
-Perdone, ¿pero qué sabe usted sobre el honor? –Robin se sintió tan impresionada por ésta interrupción que no respondió-, ¡estuvo a punto de entregarse voluntariamente a esos brutos! Y quién sabe qué haya tenido que hacer con el capitán de ese barco para que la dejara ir tan fácil. ¿Cree que no recuerdo cómo la conocí? Usted trabajaba para Crocodile, era su mano derecha y apuesto a que mucho más que eso. Robin, no creo que usted pueda decirme algo sobre el honor.
Impresionada por la imbecilidad de aquella respuesta, Robin se quedó en silencio, sabiendo que su mirada taladraba al interior del corazón de la joven. Tashigi comenzó a temblar, se puso roja, sus ojos perdieron foco y cada vez se veía más nerviosa, consciente al parecer, de lo desafortunado de su elección de oponente. Robin podría haberla matado en ese instante si le hubiera dado la gana, pero no lo hizo por el simple hecho de que la chica le inspiraba más compasión por su estupidez que enojo. Esperó a que el peso de su propio discurso le cayera a Tashigi por sí mismo en la cabeza y sonrió con despiadada ternura.
-Zoro tenía razón. El que tú seas espadachín igual que él, es un hecho altamente cuestionable.
Se dio la vuelta y se fue de allí sin esperar una réplica.
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Cuando volvió a cubierta, Nami la observó. Parecía ausente, retraída. No era extraño ver ese tipo de expresión en ella; Robin tenía esa personalidad melancólica y silenciosa que suele distinguir a los artistas y a los genios de la gente común. Sin embargo, la pelirroja pudo notar fácilmente que había algo fuera de lugar en la actitud de su compañera. Por la dirección en que venía, fue más que obvio para ella que acababa de hablar con Tashigi.
-¿Conseguiste que nos acompañara?- preguntó de buena gana, sonriendo. Robin devolvió la sonrisa, pero negó con la cabeza, encogiéndose de hombros con resignación.
-No quiere mezclarse con piratas- explicó con cierta amargura en la voz que definitivamente consiguió sorprender a Nami. Zoro, unos metros más allá, no pudo mantenerse indiferente ante éstas palabras.
El día siguió como tenían planeado; siguió la música, la comida, el baile y los juegos. En algún momento del día, Nami logró aproximarse a Tashigi y convencerla de salir a darse un baño y de ir a la cocina a buscar a Sanji para comer algo. La joven marine lo hizo sin establecer contacto con ninguno de los otros miembros de la tripulación, y se encerró de vuelta en el nido de cuervo tan pronto como pudo hacerlo.
Robin no pudo evitar notar, una vez más, que su navegante se estaba portando de lo más suave con ella.
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Al cabo de dos días, Nami se asomó a cubierta y miró con ayuda de un telescopio la tierra que tenía al frente.
-Uh…muchachos, les tengo una buena noticia y una mala noticia- dijo, y todos se agruparon cerca de donde ella estaba parada.
-¿Qué ocurre, Nami?- preguntó Ussop, un poco preocupado. Nami suspiró pesadamente y negó con la cabeza.
-No es nada grave. Ya casi llegamos a la isla…el problema es que al parecer no hay ninguna ciudad ni puerto allí. Parece que me equivoqué.
-No es tan malo, Nami swan…- sonrió Sanji, tratando de levantar un poco los ánimos de su adorada dama-, igual podemos recolectar frutas y cazar algunos animales. Con eso aguantaremos perfectamente hasta llegar a una isla que sí esté habitada.
-Éste tipo de islas siempre tienen una laguna o alguna fuente de dónde sacar agua- agregó Franky- ese tampoco será problema.
-El problema es Tashigi- repuso Nami, inquieta-. Le dijimos que llegando a la siguiente isla podría buscar una manera de comunicarse con Smoker y no vamos a poder cumplir con eso.
-No te preocupes por esa niña, si tiene que esperar, que espere.
A nadie le sorprendió la reacción concisa y seca –y algo desconsiderada- de Zoro. En realidad, Robin pensaba en algo similar. A Nami y a Ussop les preocupaba por lo de Smoker, a Sanji le preocupaba incomodar a una dama y a los demás simplemente les daba lo mismo.
Como era de esperarse, la joven no tomó a bien la noticia, y de ser posible se volvió aún más huraña y a la defensiva de lo que ya se estaba portando.
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Un rato después llegaron a la isla, que tenía un tamaño considerable. Tal como Sanji había esperado, desde afuera se podían ver los hermosos árboles frutales que podía aprovechar, y haciendo cálculos, Nami pensó que tendrían que pasar la noche ahí. El clima era templado y agradable y parecía una buena idea (además, al no ser un lugar habitado se ahorraba pagar un hotel).
Animados por poder pisar tierra después de varios días, los Mugiwara se repartieron actividades para aquella jornada: Sanji, Ussop y Luffy irían a recolectar frutas, Nami, Brook y Franky irían a buscar agua y Chopper iría con Robin a explorar, por si encontraban algo interesante que pudiera servirles para sus respectivos intereses. Zoro se quedaría en el barco, pues deseaba meditar. Más tarde saldría a ver si había algún animal que valiera la pena cazar, cuando los demás volvieran y alguien lo relevara.
Conformes con la repartición de tareas, los Mugiwaras se dispersaron con sus compañeros y se pusieron manos a la obra.
Chopper y Robin conversaban tranquilamente mientras caminaban por los bellos terrenos que conformaban la espesa pero apacible selva. Para alegría de Chopper, no tardaron en encontrar algunas plantas con propiedades medicinales que pudo colectar y guardar cuidadosamente dentro de diferentes envases que llevaba en su mochila.
La plática pronto se centró en la medicina, y de ahí pasó a algo que tenía inquieta a Robin desde que habían regresado y había tenido esa plática con Nami. ¿En qué estado se encontraban sus compañeros después de Thriller Bark?
Le constaba que Zoro estaba muy herido una vez pasado el peligro pero ella había visto la mayor parte de la batalla y no conseguía entender en qué momento había recibido tanto daño, como para que después de tantos días no hubiera mejorado lo suficiente. Que tuvieran que estar preocupados por la posible llegada de Smoker ya era algo bastante grave. Y con la actitud que estaba teniendo Tashigi últimamente, en definitiva se estaba arrepintiendo de habérsela llevado de ese barco en primer lugar.
Chopper no tenía una respuesta clara a la condición de Zoro y Sanji. Luffy estaba fresco como una lechuga y andaba de un lado a otro como si nada; ahí no había ningún problema. Lo de Sanji parecía más emocional que otra cosa, andaba algo decaído y melancólico, a tal grado (y esta era probablemente la parte más notoria) que había disminuido considerablemente sus enfrentamientos con Zoro. Quizás se le pasaría en unos días, si todo seguía más o menos tranquilo.
En cuanto a Zoro, había recibido más heridas que todos sus compañeros juntos. Los primeros días había estado inestable pero ahora estaba relativamente bien, sin embargo Chopper se daba cuenta (y sabía muy bien que Zoro sabía) que no estaba al cien por ciento recuperado, y que incluso había cosas que hacían bajar sus estado físico, como la pelea que habían tenido con la tripulación que la tenía secuestrada, sólo dos días antes.
-Estuvo un rato conmigo en la enfermería esa noche- comentó Chopper distraídamente, mientras cortaba con cuidado los valiosos tallos de una planta especialmente benéfica- lo revisé y lo mandé a hidratarse y a descansar, pero creo que estuvo otro rato en la cubierta entrenando. En la mañana estaba igual o peor que antes.
En este punto, suspiró.
-No es algo que pueda impedirle ¿sabes?, a veces creo que sería peor si lo obligara a reposar- suspiró en actitud de derrota-, no sé qué hacer con él.
Robin recordó con algo de culpa lo que ella y Zoro habían estado haciendo esa noche, y aunque no se habían tomado demasiado tiempo ni habían hecho nada muy creativo estaba consciente del desgaste físico que su compañero podía haber sufrido a causa suya. Suspiró, preguntándose si debía aunque fuera insinuar si ese tipo de actividad podría hacer que Zoro empeorara, pero desistió. No le parecía adecuado importunar a Chopper con ese cuestionamiento. La intimidad de sus pacientes lo inquietaba bastante cuando se trataba de ese tipo de cosas. A ella, por ejemplo, le había ayudado con unas pastillas anticonceptivas, y había estado tan nervioso durante el proceso de fabricación que se ponía a la defensiva apenas escuchaba a alguien acercarse a la enfermería. Al cabo de un tiempo se calmó y trabajó con más seguridad. Nadie más sabía de la existencia de estas pastillas que ellos dos. En ese sentido, quizás preguntarle sobre qué pasaría si Zoro tenía actividad sexual mientras estaba débil sería demasiado revelador para el pobre reno.
Se separaron después de un rato de exploración. Chopper quería volver al barco y guardar y acomodar lo que había encontrado, Robin por otro lado, quería ir un poco más al interior del bosque antes de regresar. Faltaban aún un par de horas para la comida así que supuso que tenía bastante tiempo.
Siguió caminando por su cuenta durante un rato, hasta que unos ruidos llamaron su atención. Parecían los pasos sigilosos de alguien, y por alguna razón tuvo la corazonada de que quien estuviera del otro lado de los arbustos que cubrían su vista no era ninguno de sus nakamas.
De pronto, sintió como si una ráfaga de viento pasara a su lado, y sintió sus manos sujetas a sus espaldas y su boca cubierta por la mano de alguien.
-Shh, tranquila, guarda silencio.
Robin reconoció esa voz que en seguida le mandó una pequeña descarga de electricidad por la espina dorsal. Intentó lo más que pudo regularizar su respiración. Cuando se relajó lo suficiente, él le soltó las muñecas y adelantó la mano hacia los arbustos, retirándolos para que pudiera ver lo que había del otro lado.
Un felino de rarísima especie se deslizaba con sus movimientos angulosos y escurridizos por entre la maleza.
-No hagas ruido, o se escapará. Dame un minuto, sólo tengo que fotografiarlo.
Ella asintió.
Él se adelantó entonces y Robin pudo verlo, al menos de espaldas.
Blackhill vestía un pantalón de tela resistente, propia para andar en la selva, además de una camiseta suelta y fresca, al menos en apariencia. A pesar de la sencillez de su vestir, seguía manteniendo cierto porte de realeza, quizás por la perfección con que sus guantes encajaban en sus manos como una segunda piel o por la elegancia de sus movimientos. Traía con él una mochila, y de ella sacó una cámara mucho más compacta que lo que se veía en las ciudades. Tomó la fotografía con impresionante silencio y el felino se alejó entre los árboles hasta perderse por completo de vista. Él sacó entonces un cuaderno de su bolsa, anotó algo y pareció complacido mientras leía sus anotaciones. Robin se había quedado en silencio, pronto él se dio la vuelta hacia ella.
Lucía más relajado que la primera vez que lo había visto; parecía que estuviera en su medio.
-¿Cómo se encuentra, Robin?
-Bien ahora que estoy con mi tripulación. Justo iba a regresar, así que si me disculpa…
Se dio la vuelta para retirarse pero él la tomó del brazo y la detuvo.
-Tengo la sensación de que está huyendo de mí. ¿Tan molesto soy para usted?
Robin suspiró y se dio la vuelta para volver a encararlo.
-Para serle sincera, me parece mucha coincidencia que nos encontremos en esta isla de todos los lugares. Está desierta y bien podría tratarse de una emboscada de parte suya.
-Lamento que tenga esa idea. En este momento, me encantaría que nos hubiéramos conocido en una manera menos desafortunada.
Robin no hizo ningún comentario al respecto, pero curiosamente sintió la tensión desaparecer ligeramente. Blackhill le ofreció su brazo.
-¿Le parece si la acompaño a la playa? no se preocupe, regresaré por otro lado, sus amigos no tienen que verme.
Aún un poco desconfiada, Robin accedió. Si había leído suficientemente bien a ese hombre desde un principio sabía que no iba a desistir hasta que ella por lo menos le siguiera el juego por un rato. De modo que se sujetó de su brazo y comenzaron a caminar.
-Si sirve para tranquilizarte un poco, le informo que esta isla está dentro de las propiedades de los reyes para los que trabajo. Y sí, que nos encontráramos aquí no es tan extraño considerando que su Log Pose tenía que traerlos tarde o temprano si quieren salir de estas aguas. Vengo regularmente, por suerte, parte de los privilegios de mi trabajo es que puedo explorar estas islas en busca de cosas que me sean de interés. El estudio de especies extrañas, por ejemplo.
-Ya veo que tiene usted una coartada.
-Llámalo "explicación lógica de una feliz coincidencia", suena mejor.
Robin lo miró, sin mostrarse impresionada, aunque ciertamente lo estaba. Se manejaba con una soltura impresionante, parecía que todo el tiempo estaba calmado, relajado, y también parecía que conocía el lugar de palmo a palmo. La ayudó a pasar por encima de las raíces de los árboles o por terrenos difíciles como si supiera la colocación de cada uno de los agujeros que había en el suelo o de las ramificaciones de las plantas. Incluso su forma de hablar sonaba perfectamente armoniosa, como si supiera de antemano exactamente todo lo que ella podría decirle, y qué contestar en cuanto lo dijera.
Tenía que admitir que hacía tiempo que no conocía a alguien tan culto y tan seguro de sí mismo, y tan encantador. En su tripulación estaban Sanji y Nami por ejemplo, que aunque no habían recibido una preparación para ser tan refinados tenían lo suyo; Sanji con sus perfectos modales y su vasta cultura y Nami con su inteligencia sofisticada, le daban bastante clase a la vida que se llevaban en el barco. Los demás también tenían lo suyo, Brook con su música, Franky y Ussop con su ingenio, Chopper con su medicina, Zoro con las espadas y las artes marciales en general y Luffy…siendo Luffy. Pero Blackhill tenía algo que hacía pensar que cualquier cosa que hiciera, tenía la capacidad de hacerla bien.
Y esto era desconcertante. Pero no podía evitar que un pensamiento comenzara a reptar por su mente.
Este hombre era interesante.
Peligrosamente interesante.
Deliciosamente interesante.
Llegaron a un punto donde sólo había que estirar un poco el cuello para ver el Sunny detrás de unos arbustos. No habían hablado ya gran cosa así que Robin pensó en cómo darle a entender que desde ahí seguiría sola, pero él no soltó su brazo.
-Tengo que decirle que aún quiero hacer un trato con su tripulación. Pero me gustaría discutir los términos con usted antes de inmiscuir a sus compañeros.
-No sé si sea oportuno hablar de algo así aquí. Además, tengo que volver al barco.
-Lo sé, y por eso no hay problema. ¿Cuándo partirán?
Robin se quedó callada. No era algo que se sintiera segura de decirle, así que se limitó a mirarlo y a mantener sus labios sellados.
-Lo lamento, comprendo que me precipité. De todas formas, sé a qué isla llegarán después de ésta si usan el Log Pose. Se llama Noisy Dusks, y desde el momento en que partan de aquí tardarán unos tres días en llegar. Esa isla sí está habitada.
Acto seguido, sacó de su bolsillo un papel, pero al verlo bien, Robin se percató de que era más bien una fotografía de un elegante edificio.
-Seguiré vigilando las aguas y así sabré lo que necesite saber. La noche del día en que lleguen a la isla la esperaré para cenar, a las 8 en este restaurante, para hablar con tranquilidad. Hasta entonces, tendrá suficiente tiempo para convencerse de que puede confiar en mí.
Sin saber por qué, Robin tomó la fotografía.
En ese instante no fue dueña del momento ni de lo que ocurrió. Apenas se percató del par de labios que, delicados como una brisa marina, se posaron sobre los suyos por un momento. Luego él se separó a un par de centímetros de su rostro y le sonrió. Robin permaneció impasible.
-No diré que lo lamento porque sería una mentira cínica- sonrió Blackhill-, pero sí me disculpo por invadir su espacio.
-Tendrá que tener más cuidado en adelante- Robin lo obligó a retirar las manos con un movimiento bastante brusco.
-Está bien. Piénselo, estaré esperándola. Asumiré que si no llega a las 10 de la noche habrá rechazado terminantemente mi ofrecimiento, y a partir de ese instante, lo que pase entre nuestras tripulaciones ya no será algo que yo pueda controlar.
Dicho esto, desapareció, asumió Robin, con ayuda de su habilidad.
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Tashigi había esperado hasta escuchar que todos los Mugiwara habían bajado del barco. Entonces salió del nido de cuervo y se asomó a la cubierta, y sentado en el centro, encontró al tripulante que buscaba.
-Roronoa- lo llamó con voz firme, no queriendo dejar que la intimidara- Roronoa, necesito hablar contigo.
Zoro estaba sentado en posición de loto, con sus manos relajadas pero juntas, con los antebrazos apoyados en las rodillas. Sus ojos cerrados completaban la escena que era más que evidente; estaba meditando.
Tashigi no se había puesto a pensar en esto y ese fue quizás su primer error. El segundo fue insistir.
-Roronoa.
-¿Qué quieres?
Zoro prácticamente no movió nada más que sus labios, y tan ligeramente que resultaba sorprendente la firmeza de sus palabras. Tashigi retrocedió un poco, pero se había determinado a no dar muestra alguna de debilidad frente a uno de sus más odiados oponentes, así que se reafirmó en sus palabras.
-Necesito que me prestes una de tus espadas. Llevo días sin practicar como se debe.
Zoro siguió igual que antes, como si nada hubiera pasado; su respiración era lenta y acompasada, sus ojos estaban cerrados y su cuerpo mantenía un movimiento mínimo, casi tan rígido como si no hubiera sangre corriendo por sus venas.
-No puedo prestarte ninguna. No podrías manejarlas.
-¿¡Quién dice que…?!
-Yo lo digo. Conozco mis espadas, sé que no podrías dominar ninguna de ellas apropiadamente, eres demasiado débil.
Tashigi dio con un pie en el suelo, molesta.
-¡No soy débil! Sabía que no podía esperar nada de un maldito pirata como tú y tu tripulación...
-Niña.
Tashigi se quedó muda.
-Tengo que advertirte que no permitiré que sigas con ese comportamiento. Puedes seguir pensando de nosotros lo que te dé la gana- dijo, fuerte y claro y aún sin abrir los ojos-, eso me tiene sin cuidado. Pero mientras estés en este barco, comerás lo que te prepare el cocinero, permitirás que te revise el médico, acatarás las instrucciones de la navegante y respetarás al resto de mis nakama. Y si se te ocurre pasarte de lista o llegas a insultar al capitán, tendrás que vértelas conmigo. Si no estás dispuesta a cumplir con lo que te acabo de decir, puedes bajarte ahora mismo de éste barco.
La voz y la forma de hablar de Zoro no daban lugar a réplica alguna. Tashigi fue capaz de ver de pronto su realidad problemática y evaluar sus escasas y odiosas opciones. Retrocedió y finalmente se volvió a encerrar en el nido de cuervo, sin decir nada más.
Chopper llegó un par de minutos después y le dijo a Zoro que lo relevaría. Zoro tomó sus espadas y bajó del barco luego de agradecerle.
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Como solía suceder con Zoro, tardó más en encontrar el camino de regreso al barco que en cazar algunos animales de gran tamaño para el banquete de esa noche y para las reservas que necesitarían hasta la siguiente isla. Para cuando regresó ya todos sus compañeros habían terminado con sus tareas correspondientes y Sanji lo estaba esperando para cocinar lo que sea que hubiera llevado.
Seleccionó uno de los animales y le indicó serenamente que troceara los demás para guardarlos en la bodega.
Un poco sorprendido por la falta de gritos de su parte, Zoro obedeció sin decir gran cosa. A decir verdad, después de lo ocurrido en Thriller Bark le parecía bastante natural que su compañero no pudiera mirarlo a los ojos, siendo que él mismo llevaba varios días sin tener realmente ganas de pelea ni de discutir con él. Sabía de alguna forma que con el tiempo se les pasaría.
Después de la cena todo fue paz para los Mugiwara que se fueron a dormir esperando salir al día siguiente lo más pronto posible y encontrar una isla habitada.
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Robin no mencionó nada de su encuentro con Blackhill en el bosque, en cambio, se limitó a insinuarle a Nami que muy probablemente la siguiente isla a la que llegarían estaría habitada, con tal de que la joven no se fuera a preocupar más de lo que ya estaba. Ver a Nami así de nerviosa no era lo habitual y se preguntaba si Tashigi era realmente la única razón de su comportamiento. Tal vez estaba ocurriendo algo que no le había dicho, y esto, con más razón, preocupaba a Robin.
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Los siguientes días pasaron con toda tranquilidad en el mar. No hubo ningún cambio significativo en la actitud de Sanji o de Zoro, y como era de esperarse, tampoco por parte de Tashigi, salvo que ahora salía por su alimento cuando el cocinero llamaba, sin chistar. Ella no era la única, ciertamente, que quería que esta situación se acabara pronto. Finalmente divisaron a lo lejos la siguiente isla que en efecto estaba habitada, sin embargo, cuando se acercaron y tuvieron una vista del puerto, realmente no era lo que esperaban.
-Una isla de piratas- confirmó Nami con un gesto de cansancio, dejando caer la cabeza sobre la mesa durante el almuerzo- de todos los lugares a donde podíamos haber caído, llegamos a una isla de piratas.
-No veo cuál puede ser el problema- opinó Franky, dándole un gran trago a su botella de cola-, a juzgar por los barcos anclados en el puerto me parece que ninguno de esos pobres diablos buscaría problemas con nosotros. Podemos abastecernos igual, hay gente de pueblo y por lo tanto hay tiendas.
-Es que eso no es lo importante- repuso Nami entonces, levantando la cabeza y mesándose el cabello- la cosa es que Tashigi no podrá poner un pie en esta isla, no podremos dejarla aquí y tendremos que seguir llevándola con nosotros hasta encontrar aún otra isla o con los marines. No sé qué vaya a hacer cuando le digamos que…
Zoro levantó la mirada severamente hacia Nami. Normalmente no parecía tener ningún tipo de opinión cuando se trataba de éstos problemas, él seguía cualquiera que fuera la iniciativa de Luffy y ya, pero en este momento decidió poner mano firme, porque vaya que hacía falta.
-¿Qué no te he dicho ya que te olvides de ponerle las cosas cómodas a esa niña? No te preocupes más por ella. Está viviendo muy bien a costa de tu ridícula hospitalidad, su única opción respetable en este caso es quedarse callada y conformarse con lo que le toque hasta que podamos deshacernos de ella- guardó silencio un momento, luego continuó, sin despegar su mirada de su compañera-. Esto no es propio de ti, Nami. Muestra algo de carácter y toma la situación de frente.
El único ruido que se escuchó a continuación en la cocina fue el continuo masticar de Luffy, que había aprovechado el clima repentinamente taciturno para robar comida de todos los platos disponibles sobre la mesa.
-No le hables así a Nami chwan, bastardo marimo- fue lo único que pudo contestar Sanji, luego de unos momentos, solo que sorprendentemente sin exaltarse demasiado. Acto seguido se inclinó hacia Nami y le ofreció un postre, galantemente, aunque en este punto su trato expedía más cariño que coquetería de su parte. Sería quizás que él también sentía que la situación era grave o que todavía no estaba listo para enfrentar a Zoro. La cosa era poco menos que extraña, en general.
-No creo que sea un problema si se queda más tiempo- sonrió Luffy de repente, y para éste punto ya había acabado con todo lo que había en la mesa-, ¡quizás quiera ser nuestra nakama!
Luffy recibió por lo menos cinco golpes cargados de amor en la cabeza y tuvo que limpiar la cocina y lavar los platos, luego de que además Sanji le diera una paliza por no haber dejado ni las frutas de plástico que adornaban la mesa.
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En vista de la nueva situación que tenían en frente, los Mugiwaras se prepararon para el reabastecimiento. Nami asignó las cantidades de dinero necesarias para cada necesidad, dándole obviamente prioridad a lo que Sanji necesitara para la cocina. En soledad, Robin observó de nuevo la fotografía que le había dado Blackhill, que no había sacado de un cajón desde ese día. No estaba segura de que fuera a haber un lugar así de elegante y bello en la isla, quizás hubo algún error de cálculo de parte del dudoso sujeto y habían terminado en un lugar distinto. Sin embargo al acercarse más, pudieron ver el letrero de bienvenida del puerto, y ella confirmó que se trataba del mismo lugar.
Se llamaba Noisy Dusks y parecía un lugar lleno de vida, pero había algo muy claro; en el muelle había cientos de letreros en contra de la Marina y el Gobierno Mundial, hechos a la manera rústica de la gente que no cuenta con demasiados recursos, aderezados con dibujos ofensivos y un lenguaje soez.
Por lo demás, la presencia de piratas sólo podía ser percibida en esto y en los barcos anclados que había mencionado Franky. Probablemente tenían lugares más específicos para reunirse, quién sabe.
-Si Tashigi pone un pie aquí le cortarán la cabeza a la primera oportunidad, y lo único que tendremos que entregarle a Smoker será su cadáver en partes- comentó Robin con su acostumbrada tranquilidad morbosa y Ussop y Chopper, que estaban a lado de ella, se sujetaron el cuello imaginándose la escena.
-No digas cosas tan terroríficas, Robin- suplicó el renito con lágrimas en los ojos, pero Robin le sonrió para tranquilizarlo.
-Por eso es que lo impediremos a toda costa- dijo con su voz cambiada a un tono cantarino y dulce.
Se alejó de ellos en dirección al bunker que antes llamaban "nido de cuervo" y llamó a la puerta con firmeza. Después de lo del almuerzo, había tranquilizado a Nami ofreciéndose para ser quien le diera las nuevas a Tashigi. Hasta cierto punto, era todo un placer para ella.
Tashigi se asomó como ya era su costumbre, en una actitud completamente a la defensiva, y al ver a Robin frente a ella, ahogó un grito de sorpresa. No se había topado con ella ni con Zoro en los últimos días, y la verdad es que no deseaba ver a ninguno de los dos.
-¿Q-qué quiere?-preguntó tartamudeando, y Robin fue al grano.
-Hemos llegado a Noisy Dusks, pero es una isla de piratas. Puedes dejar el barco aquí, pero será bajo tu propio riesgo. También puedes quedarte, y en ese caso te garantizo que las cosas serán igual hasta que encontremos una isla bajo la protección de la marina.
Tashigi se quedó de pie ante la puerta, insegura de qué hacer. Bajarse sería una completa estupidez de su parte, pero aceptar abiertamente la caridad de los piratas una vez más sería rebajarse mucho. Cansada de su necedad, Robin le dio otra alternativa.
-No tienes que contestar abiertamente. Si quieres irte, puedes irte antes de que zarpemos de nuevo dentro de uno o dos días. Si quieres quedarte, sigue encerrada aquí como hasta ahora. En todo caso, si eliges dejar del barco, procura avisarle a alguien de tu partida.
Dicho esto, se alejó de la puerta, que escuchó cerrarse de golpe apenas hubo ella dado dos pasos en la dirección contraria.
Entonces, se topó con Zoro.
Se miraron un momento en silencio, luego Robin sonrió.
-Hola, Zoro, ¿ocurre algo?
-Eso mismo pensaba preguntarte. ¿Está todo bien?
Robin lo miró, sinceramente sorprendida.
-Sí, ¿por qué? No entiendo a qué se debe tu curiosidad. Todo está bien.
-Has estado inquieta desde la isla pasada. Y cada vez estás más nerviosa.
Robin se quedó en silencio un momento, pensando en cómo haría Zoro para darse cuenta de éstas cosas. Ningún otro de sus nakama podría haberse percatado de algo así, pero era como si él tuviera un sexto sentido que lo hacía consciente de esos cambios –no solo en ella, eso sería demasiado especial, Zoro parecía tener esa capacidad con todos.
-No lo estoy.
-Tiene que ver con ese sujeto, ¿no es así?- al quedarse callada Robin, Zoro no cambió su expresión-. Sólo ten en cuenta lo que te dije antes. Ten mucho cuidado con él.
Zoro se dio la vuelta y se fue. Robin también se retiró; Nami anunciaba que estaban a punto de llegar a la isla.
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La hora llegó y Robin decidió lo que haría. Tomó la fotografía y salió del barco con algunos minutos de anticipación.
Al llegar a la isla no habían tardado en percatarse de que se trataba de un lugar bastante tranquilo, a excepción de la parte que estaba comandada por los piratas. Un sector de la isla parecía especializarse en bares, reservas de cerveza, mapas, log pose, armas, herramientas y otros artículos de interés para la gente de altamar. Había todo tipo de disturbios a toda hora, y resultaba impensable para ella que un restaurante tan elegante se encontrara en un lugar así. Sin embargo, cuando le dieron las instrucciones para llegar, comprendió que había otra zona en esa isla que era todo lo contrario a la zona de piratas que había podido apreciar antes.
Eran unas pocas calles mucho más cuidadas que las demás. Se notaba que ahí vivía y comercializaba gente de mucha más categoría, pero al analizar más de cerca a los que circulaban por ahí, no pudo menos que pensar en gente que trabajaba con mafiosos y políticos corruptos. Eso tenía algo más de sentido.
Preguntando a un par de personas dio con el lugar en relativamente poco tiempo, y fuera del establecimiento, esperándola, estaba Blackhill.
Robin se acercó con una expresión neutral y con la misma, le saludó.
-Buenas noches, Robin. Luce usted…hermosa, como siempre.
La voz del hombre sonaba algo dudosa, pues aunque en efecto Robin lucía como siempre, hermosa, no se había puesto nada elegante que entonara con el lugar. Ella no tardó en darse cuenta de la decepción que mostraba, y se apresuró a aclarar su situación.
-No vine aquí a tener una cita o algo así con usted. Vine a hablar con la esperanza de terminar esto pronto porque tengo la sensación de que es un tipo bastante insistente- Blackhill no contestó-, realmente, me gustaría aclarar esta situación lo más pronto posible.
Finalmente, el hombre asintió sin salir aparentemente de su decepción. Le ofreció su brazo y comenzaron a caminar por las calles cuidadas y bellamente iluminadas del lugar.
-Lamento que pareciera que mis intenciones eran otras. Yo la respeto mucho, Robin, aunque usted no sea capaz de creer en mi sinceridad.
Robin se quedó callada un momento. Luego contestó.
-Yo le creo, Bill. Pero valoro mucho a mis amigos y sea cual sea la situación no los puedo arriesgar.
Sorprendido de que la mujer le hubiera llamado por su sobrenombre, Blackhill detuvo un momento su andar, para continuar casi en seguida como si nada hubiera pasado. Carraspeó, aclarándose la garganta.
-Nunca la haría hacer algo que la lastimara a usted o a sus amigos. Al contrario, lo que le voy a proponer es con el fin de ahorrarles pasar un mal momento.
-Está bien. Lo escucho.
-Bien, como le mencioné antes, soy un corsario. Trabajo para los reyes del país en cuyas aguas estamos. Ésta isla está fuera de los dominios pero no falta mucho para que deseen anexarla también, en cierto modo es terreno seguro.
Robin escuchaba atentamente.
-Como mencioné antes, tengo una deuda con ellos que tengo que pagar. Y para eso es que necesito la ayuda de tus compañeros.
Ella no contestó, pero sintió como se tensaba cuerpo. Aquello no sonaba para nada seguro, y a decir verdad, casi deseaba correr, huir de ese sujeto pronto. Pero por alguna extraña razón, no lo hizo.
-Una de mis misiones es evitar la entrada de piratas al país, y arrebatarles todos los tesoros que lleven consigo y entregárselos a mis superiores hasta pagar mi deuda. Y aquí es donde entran ustedes. Si me ayudan a librarme de los piratas que anclan en esta isla y los que se acerquen, podré entregar este lugar junto con los tesoros que podamos reunir, y así podré pagar mi deuda.
-¿Y nosotros qué ganaríamos con eso?
-Durante el tiempo que me ayuden recibirán trato de corsarios, no de piratas- explicó- podrán navegar las islas de los alrededores con total libertad, ni siquiera los marines podrán tocarlos. Pueden quedarse con el resto del tesoro una vez que la deuda esté saldada. Y además, les dejaremos la salida libre para que puedan continuar su viaje. No pueden arriesgarse a continuarlo por su cuenta; a partir de la siguiente isla, un enorme Calm Belt es la única ruta de salida de nuestro país. Está lleno de monstruos, y sin la ayuda de los técnicos que tengo bajo mi servicio, su barco se quedaría estancado y sin escapatoria.
Robin sonrió para sí misma, respirando tranquila.
-Tenemos un ingeniero que puede sacar el barco de cualquier Calm Belt. Y en cuanto a dejarnos el camino libre…me parece que no conoces a mis nakama. No nos derrotarán con facilidad.
Se soltó de su brazo con toda intención de seguir su camino sola y volver al barco, pero él la tomó de la mano firmemente, deteniéndola.
-Con dos de los tres pilares de batalla de tu tripulación fuera de combate no será tan fácil como crees.
Robin se detuvo. Blackhill se acercó a sus espaldas y siguió hablando en su oído, pero más que tratar de seducirla o atraerla, era fácil ver que lo que quería era amenazarla.
-No creo que quieras arriesgar a tu espadachín y a tu cocinero a algo así. Puede que mi tripulación no sea gran cosa para ustedes, pero si el ejército se llega a meter, si los reyes deciden llamar a los marines, si se juntan todas estas tripulaciones sanguinarias y si además cometen la estupidez de estancarse en el Calm Belt, entonces… bueno, no quiero ni imaginarme lo que puede pasar.
Robin se dio la vuelta y lo miró. Era increíble la manera en que sonreía con tranquilidad, como si no acabara de pronunciar tan odiosas palabras para ella. De pronto, la preocupación de Nami durante esos días pareció trasladarse a ella, de modo que imaginaba que sus amigos podían ser derrotados en cualquier circunstancia si no tenían cuidado.
-Toma en cuenta que te digo esto por tu bien- agregó él entonces, levantando la mano a su cabello. Robin no lo alejó, habiéndola sacado de sus pensamiento tan de pronto. Además, le pareció que algo en su expresión cambiaba por completo, como si no hubiera querido pronunciar esas palabras, como si de pronto fuera una persona completamente distinta-, no quiero que salgas lastimada. Hay…hay muchas cosas que me gustaría compartir contigo. Me gustaría de algún modo ser cercano a ti.
-Podrías comenzar por no amenazarme.
-Perdóname. No se me ocurrió otro modo, no deseaba que te fueras.
Tomó un mechón de su cabello y siguió jugueteando con él, mirándola fijamente a los ojos a través de los cristales de sus lentes. Robin hizo un movimiento lento para retirar su mano. Él la tomó de las muñecas con delicadeza y se acercó un poco más.
Robin no entendía cómo este sujeto, que un par de segundos antes le parecía tan despreciable, de pronto parecía tan sincero e inofensivo.
-El log pose tardará por lo menos una semana en cargar. ¿Querrías verme mañana? Tal vez puedas pensarlo mejor esta noche.
Robin no contestó.
-Si accedes, te veo en la cafetería que está frente al parque. Es la única que verás. Ve a las cuatro de la tarde.
Robin siguió sin contestar. Él la soltó y se alejó.
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Zoro estaba en un lugar alejado de la cubierta, haciendo ejercicio con sus pesas. Una en cada brazo, contaba las repeticiones ya con números infinitos y no parecía que se fuera a detener pronto. Se había quitado la camisa y la luz de la luna le daba cierto brillo a su piel, húmeda por el sudor. Robin lo miró a cierta distancia y se mordió los labios.
Hacía rato que había regresado de su expedición y había cenado con sus compañeros. No tuvo que dar explicaciones; la sonrisa enigmática era su mejor defensa y la usaría hasta el cansancio si era necesario. En cuanto a sus compañeros esa noche, la mayoría decidió dormir en la playa- incluso ella- mientras Zoro había decidido subir al barco para entrenar un rato más antes de dormir.
Ya era bastante tarde y no se había detenido. Robin supuso que era hora de frenarlo y hacerlo relajarse, por su propio bien.
Zoro sintió un estremecimiento involuntario bajar por su cuerpo cuando sintió que ella lo besaba en la nuca. Bajó ambos brazos sin soltar las pesas, y volteó hacia ella.
-Tengo mucho sudor. No creo que te agrade hacer eso.
-Lo importante es que a ti te agrade- repuso ella con una sonrisa- ¿por qué no te das un baño mientras preparo algo para ti? Necesitas relajarte un poco.
-Está bien- sonrió Zoro- más vale que sea algo muy bueno, mujer.
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Cuando Zoro terminó su baño se limitó a ponerse una camisa y unos pantalones de dormir, aunque sabía bastante bien que no los iba a traer puestos durante un buen rato. Apenas puso un pie fuera, unas manos cubrieron sus ojos, y otra más lo tomó de la muñeca y lo guio. Sonriendo, se dejó llevar. Finalmente, las manos lo empujaron por el pecho y cayó acostado sobre algo mullido y cómodo. Cuando pudo abrir sus ojos, Robin se dejó caer sobre él y lo besó.
Había puesto mantas y almohadas en la cubierta de césped del barco, convirtiéndolo al menos momentáneamente en un colchón bastante agradable. Sólo traía puesto un sensual conjunto de ropa interior. Acaballada sobre la cintura de Zoro, prácticamente le impidió moverse –con la ayuda de sus poderes, por supuesto- y las cosas poco a poco fueron subiendo de nivel.
-No te sobre esfuerces- sonrió Robin, al ver que trataba de liberarse y que seguro lo lograría-, hoy déjamelo todo a mí.
Le quitó la camisa y recorrió su pecho con caricias suaves y experimentadas, conocedoras de cada centímetro de esa piel suave y llena de cicatrices. Zoro lo permitió, deleitándose mientras tanto con la vista de su cuerpo acomodado sobre el suyo.
-Quítate el sostén- demandó, y Robin accedió con una sonrisa y un movimiento rápido. Zoro amasó sus senos con deseo, jadeando, resistiéndose a morderlos porque quería seguirle el juego a la mujer aunque fuera un rato más. Robin arqueó un poco la espalda. Las manos ásperas de Zoro sobre su piel siempre se sentían bien.
Ella se inclinó y le mordió el cuello, los hombros y los pezones endurecidos, y él se enderezó un poco para hacer lo mismo con ella, con urgencia. Duraron un buen rato prendados uno del otro así para luego unir sus labios en un beso necesitado y hambriento. Robin le tomó la nuca y lo obligó a acostarse de nuevo mientras se besaban. Cuando se separaron fue para mirarse un momento; ella sonreía, sabiéndose dueña de la situación, y Zoro la miraba con el ceño fruncido, cada vez más fuera de control.
-Tranquilo, ya sé que necesitas más. Sólo sé paciente.
Zoro gruñó en respuesta y Robin solo sonrió una vez más. Su risa cantarina resonó en la cabeza de Zoro mientras ella bajaba por su cuerpo para retirarle los pantalones y la ropa interior. Una vez desnudo acarició sus poderosas extremidades, se acercó a su entrepierna y comenzó a hacerle una felación. Zoro casi no podía soportarlo. Esa mujer era provocativa, hermosa y no tenía límite alguno. Y al menos en momentos como ese, era toda suya. Robin dejó lo que estaba haciendo para erguirse una vez más.
Le acarició el trabajado estómago mientras lo miraba con una sonrisa, y una vez más, el tierno gatito parecía estar completamente en la palma de sus manos.
-¿Qué más quieres, cariño?
Zoro sonrió; el deseo se leía en sus ojos, en sus labios, en toda su expresión. Robin supo entonces que ella nunca había tenido el control de la situación realmente.
-A ti.
Ella no pidió otra respuesta. Se quitó la única tela que quedaba sobre su cuerpo y llegó a la parte que los dos habían esperado desde un principio, volviéndose a sentar sobre él a horcajadas. La humedad de su cuerpo hizo que aquello fuera rápido y placentero desde un principio, deslizándose con facilidad el miembro de Zoro en su interior. La sensación de calor y de llenura dentro de ella la hizo echar la cabeza para atrás. Comenzó a subir y a bajar su cadera, apoyándose en el pecho poderoso que luchaba por respirar correctamente debajo de ella y de encontrarse con sus propias acometidas dentro de su cuerpo. Robin buscó entonces las manos de Zoro con las suyas y las jaló para apoyarlas en sus pechos, pero Zoro dejó una ahí y bajó la otra a su cadera, de donde la sujetó con fuerza, marcándole los dedos en la piel.
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Tashigi subió de regreso al nido de cuervo casi corriendo, pues nunca hubiera esperado presenciar semejante escena. Sólo había ido por un vaso de agua y se había llevado el espectáculo completo. Incluso presenció lo que parecía ser un cambio brusco en la trama, pues alcanzó a ver cómo él se daba la vuelta casi por la fuerza y comenzaba a embestir a la mujer salvajemente, o al menos, eso alcanzó a distinguir entre la penumbra. Quizás esa imagen fue la que la sacó del trance y la hizo correr.
Su cerebro trabajó rápido de todas formas. Nadie en esa tripulación hablaba de Roronoa y de Robin como si fueran pareja, por lo tanto tenía algo de sentido que estuvieran haciéndolo cuando todos sus compañeros estaban fuera del barco. Si tenía que ser un secreto entonces algún provecho podría sacarle mientras estuviera con esos sujetos. Ella no era ese tipo de persona- nunca lo había sido- pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
Lo único que realmente la inquietaba en ese momento era que por momentos, inexplicablemente, deseó estar en el lugar de Robin.
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Siguieron así por un buen rato una vez que Robin se resignó a que ella nunca había tenido control alguno sobre su compañero. Zoro se aferró a ella mientras seguía una y otra vez, y mientras tanto se besaron y se acariciaron largamente, disfrutando del calor, del aroma, del tacto de sus pieles. A estas alturas, si sus gritos se oían hasta la playa importaba un bledo.
Zoro se tensó por completo, escondiendo su rostro en el cuello de su compañera. Robin se abrazó de su nuca con fuerza, gimiendo su nombre en su oído.
Después de unos segundos, Zoro se levantó algunos centímetros y la miró. Se observaron un momento antes de besarse una vez más.
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-Te dije que no te sobre esforzaras.
Abrazada al pecho de su compañero, Robin sentía la culpa venírsele encima otra vez. Realmente su intención había sido tener un momento lento, relajante, satisfactorio. Satisfactorio lo fue, relajante tal vez, pero no lento. Y por supuesto, Zoro se había esforzado, y mucho.
-Es difícil cuando me pides eso y te sientas sobre mi estómago- contraatacó él sin que su voz mostrara molestia o incomodidad. Robin sonrió cuando le tomó la mano y la besó. Extrañamente, Zoro tenía sus momentos tiernos. Como ahora, que la abrazaba por la cadera y la mantenía sujeta a él. Y cuando volteó a verla y la besó, la existencia de cualquier otro ser vivo sobre la faz de la tierra pareció imposible para ella.- Volviste a ver a ese hombre, ¿no es cierto?
Robin se encontró sin fuerzas para mentir.
-¿Cómo lo supiste?
-Digamos que antes de la cena salí a buscar un bar y…las calles…cambiaron un poco de lugar.
-O sea que te perdiste.
-Yo no me pierdo- replicó él entre dientes, pero la risa de Robin borró su enojo-. En todo caso, me alegra que no lo niegues. Pero igual me inquieta que no lo contaras.
-No es nada importante…al menos no por el momento.
-Ya veo.
Se quedaron en silencio una vez más. Ésta vez, la incomodidad no apareció por ningún lado.
-Si pasa cualquier cosa con él, agradecería que me lo dijeras. No es que me ponga celoso- aclaró, sabiendo por su gesto que comenzaría de nuevo a provocarlo con eso-, sólo que me preocupa. Quiero estar prevenido. Eres mi nakama y no me gustaría que te pasara algo.
-Esto es extraño hasta para ti.
Zoro miró hacia el cielo. No lo tomó como burla.
-Lo sé. Yo también lo noto.
Robin se quedó en silencio un rato más, pensando que eventualmente se dormiría, pero no lo hizo. Finalmente, se enderezó.
-¿Y si te dijera-comenzó, cubriéndose el pecho con una sábana y mirando hacia otro lado- que planeo verlo mañana otra vez?
Zoro no cambió la dirección de sus ojos ni el tono de tu voz.
-Te diría que tengas cuidado, como siempre. Y te desearía muy buena suerte, esperes lo que esperes de él.
-Te hiciste una idea equivocada desde un principio. Es contigo con quien me acuesto, ¿eso no te dice nada?
Zoro suspiró. Se sintió algo sobre actuado pero realmente hablaba en serio al decir eso. No había vuelta atrás.
Se enderezó también. La tomó de la barbilla y la besó.
Ambos sabían qué clase de relación era la suya. Lo habían hablado ya. Ellos no eran almas gemelas, no eran una pareja, y si eran amantes era en un sentido muy sexual de la palabra. Eran amigos, eran nakama, se apreciaban e incluso se querían, pero sabían que no había futuro entre ellos. Aquello iba a durar hasta que algo mejor llegara, y para Robin, ese momento parecía estarse aproximando, aunque ella no lo notara, Zoro sí. Porque desde un principio él leyó a ese sujeto y lo leyó en compañía de Robin y había algo en ellos que parecía…encajar. Quizás eso fue lo que lo molestó de él desde un principio. Quizás ella los traicionaría de nuevo. Quizás no hubiera necesidad. Pero algo le decía a Zoro que la relación que tenían iba a terminar pronto.
Robin se abrazó a él de nuevo y continuaron besándose. Volvieron a hacer el amor y cuando terminaron, levantaron el desorden y cada quien fue a dormir a su habitación. Podría decirse que se habían reconciliado con facilidad, pero después de esa noche, ambos supieron que algo se había roto.
Continuará…
Siempre he visto a Zoro mucho más intuitivo de lo que todos creen. Yo creo que si él ve que su pareja puede ser feliz con alguien más, no se pondrá en medio a menos que vea un peligro de verdad. Y más o menos eso sucede aquí, o esa es la idea. Robin está confundida, Tashigi está siendo una invitada difícil y Blackhill sigue siendo algo ambiguo.
En cuanto a Tashigi, quizás está siendo algo más molesta que en la historia original, pero lo justifico diciendo que está a la defensiva por que los piratas siempre han sido malos para ella. No es un personaje de matices, para ella todo está en el extremo de la maldad o la bondad, además es bastante distraída y no es muy reflexiva que digamos (al menos en éste punto de la historia de OP). Espero no pasarme mucho con eso.
Finalmente los agradecimientos (lo haría por PM pero era eso o terminar el capítulo y estoy segura de que prefieren el capítulo, ¿no?)
Roronoalau: sé que ya me has dejado reviews antes. Muchas gracias por seguirme desde BBH, la verdad hasta acá siento el amor obsesivo estilo Bartolomeo con tus palabras XD espero que la actualización te guste.
KirmiaPL: Gracias por tu comentario :'D no te preocupes, para que Tashigi supere a Robin primero tendrá que pasar por mi cadáver y el de todos los fics ZoRo que existen :p creo. Saludos!
Susii ZoRo: Gracias por tu review :) me alegra que la historia te gustara.
Laugerid: Lamento no haberte contestado antes, muchas gracias por seguirme leyendo a pesar de mi falta de comunicación. Te mandaré un PM tan pronto como pueda, aún tenemos cosas de qué platicar. Como siempre, muchas gracias amiga :'D abrazos!
Loen: La temática entre Zoro y Robin ya no es tan misteriosa lamentablemente XD, de hecho en este cap se explica bastante bien. Definitivamente quiero hacer algo más maduro que BBH y en parte la idea es que los personajes sean más sinceros consigo mismos, pero de algún modo mantener la complejidad…no sé cómo diablos voy a hacer eso. Deséame suerte, supongo. Gracias por dejar review
DarkumaruStormack: me alegra mucho que te haya gustado mi fic y que te parezca que soy buena escritora. En adelante espero no defraudarte, prometo que haré lo mejor que pueda con este fic. Muchas gracias por tu review, un abrazo.
nereaydinarama: gracias por dejar tu review ;) como dije antes, haré lo mejor que pueda. No sé si lograré superar a BBH (a todo mundo pareció gustarle mucho) pero me esforzaré mucho.
nico robin piscis 16: espero que la actualización te haya gustado. Blackhill y Tashigi se irán mostrando más como avance la historia, haré lo mejor posible por desarrollarlos bien. No quiero hacer spoilers así que lo dejaré hasta aquí :3
Myri Weasley 28: como siempre tus reviews me hacen sonreír como tonta XD eres genial. No sabes cómo me alegra que te haya gustado esta idea, espero llenar tus expectativas, no sé cómo lo haré pero al menos lo voy a intentar *-* no te pido un strip tease porque tengo la sensación de que te atreverías (just kiddin'). Y no te preocupes, si lo notaste en este cap, Robin se va a joder a Tashigi bien y bonito varias veces (aunque tendrá su cuota de sufrimiento, como siempre. Lo lamento). En fin, tú eres gran parte de la razón por la que escribí esto así que espero que lo disfrutes.
Y en general, muchas gracias a quienes leen y dejan reviews y a quienes no dejan también.
Saludos!
Aoshika.
