DEJEN REVIEWS.
N/A: No sé si se los he dicho, pero trabajo de medio tiempo y estos son algunos de los momentos que tengo libre para escribir los fics, por eso la hora, mil perdones Espero que lo disfruten. Tiendo a escribir mucho lo sé, pero en serio espero que les guste, nos leemos luego. Gracias por su apoyo en Facebook.
La noticia lo había sorprendido de sobremanera, aún no podía creerlo. Un descendiente más, uno más de su estirpe saiyajin, alguien más que llevara su sangre y que lo llamaría papá.
Esa cuestión era lo que al saiyajin mayor de raza pura no le dejaba dormir aquella noche, llevaba horas despierto, simplemente viendo el techo de su habitación. Habitación que desde hace años compartía con la peli azul, su esposa. Miró el reloj y eran las dos de la mañana. Bufó resignado a que no pegaría el ojo en toda la noche.
No se lo esperaba, fue inesperado, al igual que con Trunks, suspira por ese recuerdo, sabe que fue un maldito en aquellos años y se avergüenza de su accionar, esperando desde el fondo de su alma que Trunks nunca se entere de lo canalla que había sido con su madre, cuando se enteró de que estaba embarazada de él. Tenía tantos demonios en ese entonces, aun los tiene pero ahora sabe cómo calmarlos y la medicina que necesita.
Aún las pesadillas lo atormentan, las almas de los difuntos muertos a sus manos se dice él mismo.
A veces parece que vienen del más allá para recordarle sus pecados, atormentándole en sus pesadillas, vienen para arrastrarlo al infierno y hacerle pagar por las almas que ha cobrado cuando era subordinado de Freezer. Otras son de sus años en el planeta Cold, de las cosas que veía, de las cosas que hacía, y de cuanto disfrutaba matar a sus víctimas, lenta y tortuosamente, detesta admitirlo aun sin que nadie lo oiga, pero lo disfrutaba, ahora solo es un recuerdo repugnante y asqueroso que espera algún día poder borrar de su mente, pero sabe que nunca podrá hacerlo, todas esas cosas le hacen ser quién es, todas esas cosas le han enseñado lo dura y cruel que puede ser la vida y todas aquellas cosas por más horribles que sean le han hecho sobrevivir y ganarle a la muerte varias han dado la experiencia para combatir, para ser un estratega, para vivir.
Siempre es lo mismo, sus pesadillas lo atormentan en sueños, pero allí siempre está ella, despertándolo de sus sueños que le quitan el aliento, haciéndole recuperar la calma y sacándolo de su infierno personal que tiene desde que era un niño. Se ha convertido en una rutina, menos mal no es siempre, con el pasar de los años han disminuido, ya no son tan constantes como antes, parece que la paz por fin está llegando a su atormentada alma. Y todo gracias a ella. A aquella peli azul, que siempre lo jalonea para que despierte de sus pesadillas, y cuando consigue hacerlo, simplemente le dice.
-¿La pesadilla otra vez? – no necesita que él le responda, su cuerpo tiende a hablar por sí mismo. Siempre se levanta sudoroso y desubicado, con la respiración agitada y su pecho subiendo y bajando desaforadamente y siempre Bulma le da la misma sonrisa comprensiva y llamándolo para que recargue su cabeza en su vientre, cosa que Vegeta siempre hace.
Solo el silencio y los dedos largos dedos de su esposa acariciando su cabello son suficiente para calmarlo y que pueda volver a dormir de nueva cuenta. Menos mal ya no es muy a menudo, pero extraña las caricias que ella solía darle sobre su cabellera a esas altas horas de la madrugada, y es que suele ser tan delicada, como si acariciara algo tan frágil que en cualquier momento se romperá. Aun no se lo ha dicho, pero eso tiene un significado especial para él, fue una de las cosas que su madre había compartido con él durante los breves momentos que la veía, y también es uno de los últimos recuerdos que tenía de ella justo antes de muriera en aquella purga.
Su esposa lo saca de sus pensamientos con su constante movimiento. Bulma nunca dejará esa costumbre, piensa. Mientras ve como su esposa duerme desparramada de brazos y piernas. Una de ellas lo ha golpeado.
¿Merezco esto?
Esa es la pregunta que siempre lo carcome por dentro, siempre llena de dudas su alma, al no sentirse merecedor de la vida que lleva ahora, siente que es lo suficientemente bueno para ser verdad, lo suficientemente bueno para alguien como él. Él cometió pecados que son difíciles de siquiera mencionarlos, pero aun así allí estaba él, acostado en esa cama, con su esposa al lado, sus suegros durmiendo en alguna habitación de la casa, y su hijo de seguro también durmiendo de la misma manera que su madre. Su familia, una familia de verdad. Y ahora, ahora una integrante más, una pequeña vida creciendo en el vientre de su esposa. Demasiado bueno para alguien como él. Siempre le preocupaba que alguien sediento de venganza por él, la tomara e hiciera daño a su familia. No quería que los suyos pagaran por sus pecados pasados.
Bulma murmura algo en sueños, y él solo puede sonreír por eso. De seguro está ordenando a sus empleados, se dice. Da un leve suspiro mientras la cubre con el restante de la sabana aún desafiante de sus patadas. Un nuevo hijo. Suspira. La pregunta de Trunks le inquieta. ¿Niño o niña? ¿Harían la diferencia? Por supuesto que no, si fuera un niño, de seguro sería alguien como Trunks, si fuera una niña, allí sí que no tendría ni la menor idea de cómo sería físicamente, de su carácter ya estaba seguro. Inteligente, terca, testaruda y sumamente orgullosa, la suma perfecta de ambos. Sonríe ante esa idea. No ha visto a una mujer saiyajin desde que era un niño, las recuerda que solían ser hermosas, poderosas y sumamente orgullosas.
Sería agradable tener una niña con sangre saiyajin, pensó.
Definitivamente no sería una mala idea. Por lo contrario tampoco estaría decepcionado de que fuese un niño.
Apoya su cabeza sobre su brazo doblado. Bulma ha vuelto a girar dormida, siempre le da gracia verla dormir, a quien le hubiese dicho en sus tiempos de mercenario que él estaría así, con una familia y a punto de tener otro bebé, lo habría matado por desquiciado y lunático.
Su primera conexión con su nueva vida había sido ella, con su interminable e irrefrenable coquetería, luego su vida en Capsule con los padres de ella, siempre eran amables y cordiales con él, lo que siempre le había gustado de ellos, es que no hacían preguntas indiscretas, no se metían en sus asuntos y él podía deambular por la casa como un fantasma, de todas manera solamente necesitaba la cámara de gravedad y la cocina.
Le habían dado una habitación, pero para alguien como él, tan acostumbrado a pasar por todo tipo de penurias y tristezas, el dormir al aire libre y sobre el frío suelo, o incluso sobre un suelo rocoso no representaba un problema. Solo utilizaba el cuarto para darse una ducha, podía pasar semanas sin bañarse, lo había hecho en sus tiempos de mercenario, pero ya que tenía esa oportunidad, no la iba a desaprovechar, después de todo él se lo merecía.
Así que era común verlo pasar desde la cámara a la habitación y de allí a la cocina, entrenaba desde el alba hasta el anochecer. Y tenía contacto mínimo con los Briefs, o esa familia de locos cómo él les había puesto y los namekianos, esos seres inferiores de color verde, como les decía, y por otra parte ellos estaban dispuestos a todo por no encontrarse al príncipe en su camino.
Así habían pasado los días, entre su entrenamiento, comida, baño y ahora se le sumaba una peli azul, vulgar y ruidosa. Según él. Sus pleitos eran los mismos. La cámara de gravedad. Él la arruinaba, ella la reparaba y de vuelta a empezar. Él le decía que esa era la obligación de la peli azul, ella refunfuñaba y decía que no era su esclava. Ambos peleaban, se daban malas caras, a veces se ignoraban pero en fin, siempre la peli azul la reparaba.
Ella había sido la responsable de construirle robots de entrenamiento que se averiaban cada cuanto ante tanto poder y maltrato de él. Él iba y los tiraba en su mesa de trabajo generalmente ella no solía estar allí, para cuando ella llegaba encontraba a sus robots hechos pedazos, algunos sin remedio y otros en un muy mal estado.
Maldito mono.
Era la frase que más usaba. Pero enseguida se ponía a trabajar en arreglarlos, pero claro siendo Bulma Briefs, sin dejar de maldecir al bastardo saiyajin. Como solía decirle. Ahora todas esas peleas le daban risa, no podía evitar sonreír recordando las acaloradas discusiones que solía tener con la peli azul, no había querido admitirlo en ese momento pero realmente disfrutaba esas peleas verbales. Aunque a veces sí que lo sacaba de quicio al máximo, que había pensado en matarla allí mismo, pero nunca pudo hacerlo. Y supo encontrarle lo divertido a que tenía que fastidiar a la peli azul para su diversión.
Esas peleas verbales eran una escapatoria de la rutina, siempre obligándolo a pensar en más de mil de maneras de callar a la insolente científica, que siempre le dejaba atónito con su inteligencia. Aunque este siempre encontraba la manera para molestarla con la única intención de volver a pelear, para sentir esa adrenalina circular por sus venas cómo solo solía sentir ante una buena batalla, para forzar a su cerebro a idear frases e ideas que hicieran volar la cabeza de la peli azul. Era una competencia de profesionales en retórica.
Así había pasado algún tiempo, y había sucedido, lo que nunca había creído posible, pero que había sido la única solución en ese momento, todo había empezado como siempre, con una discusión, la misma razón de siempre: la cámara de gravedad. Otra vez se había averiado. Corrección, él la había averiado. Ella se había cansado de eso y lo había manifestado lanzando las llaves de tuercas con toda la fuerza que poseía en sus brazos contra el suelo, causando que el estrepitoso ruido captara la atención de Vegeta. Quien había estado ajeno a la situación mientras la científica arreglaba el centro de mandos y control de la cámara.
Se ríe recordándolo, él la había llamado loca, nunca olvidaría cómo su blanquecina cara se tornaba roja de ira, esta vez sí que la había hecho enojar hasta sobrepasar sus límites de paciencia. De eso estaba seguro. Ella lo miró con todo el enojo que en su pecho se había acumulado, él solo la había mirado indiferente. Se había acercado a él y le había soltado una sarta de cosas que no le había reclamado anteriormente, le había dicho hasta de lo que se iba a morir, no dejaba de hablar y cómo solución para dejar de escuchar su irritante y gritona voz la había callado besándola. Al contrario de lo que él esperaba, ella había correspondido al beso, con una fuerza abismal y con pasión devastadora que no creía posible que alguien a parte de él tendría, pero no era nada que le sorprendiera, ella ya se lo había demostrado antes, cuando creaba y arreglaba los artefactos tecnológicos con suma habilidad y pasión por lo que hacía, se notaba que amaba su trabajo.
Aunque él ya se esperaba otra sarta de insultos y una bomba atómica en su pecho, pero no había sido así.
Sin esperarlo más había aplastado el botón de la entrada, la puerta se había cerrado y de nuevo había capturado los labios de la peli azul, la intensidad el beso aumentaba y lo inevitable había sucedido, la había tomado. Esa fue la primera vez de muchas que habían tenido intimidad, fue la primera vez de muchas que había sentido fascinación por su aroma, aunque en ese entonces no quería admitirlo y se negaba a creerlo.
Evitaba dormir en la misma cama con ella después de intimar, nunca en su vida de mercenario había yacido en la misma cama después de fornicar, y no lo haría. Siempre se iba a la cámara, dejando a Bulma sola. Pero luego no solo era ella, él también había sentido la necesidad de quedarse con ella y sentir su cuerpo tibio hasta el amanecer. Sin importarle si ella preguntaba alguna cosa de su vida, al fin y al cabo era Bulma y curiosidad era su segundo nombre.
Al verla dormir como ahora lo hacía, le recordaba la primera vez que se había quedado a dormir en la misma habitación, no lo recordaba con exactitud, pero esa había sido una de las noches en las cuales no había tenido pesadillas, de eso sí que estaba seguro, aunque en aquella ocasión lo había atribuido a que estaba muy cansado y que se había quedado profundamente dormido por lo que al día siguiente no recordaba si había soñado o no.
Luego ella le había soltado una bomba. Estaba embarazada, recordaba lo que le había dicho, le dijo que cómo podía haber sido tan estúpida para no cuidarse, que cómo se le pudo haber olvidado el maldito anticonceptivo, y qué dónde tenía la cabeza y la inteligencia que tanto presumía. Ella solo había llorado y le había confesado que no se arrepentía de nada, que estaba asustada por el embarazo pero así él no lo quisiese ella lo tendría. Se lo había dicho con toda la determinación escrita en sus ojos azules. Ella tendría al mocoso. Le gustara o no a él. Él había rabiado por eso y le había gritado que era una estúpida por olvidar algo tan simple como la maldita inyección.
Ella había guardado silencio aceptando la situación. Vegeta no quería al bebé. Haz lo que quieras, le había dicho y había salido dando un portazo. Estaba tan enojado con ella por arruinar su relación netamente sexual, que no le importó nada más y decidió dejarse de tantas tonterías y estupideces humanas, según él, que no lo pensó mucho, encendió la nave y salió rumbo al espacio, para volver a ser el mercenario que era, aumentar sus poderes, sin regresar a ver atrás, no era una opción, ellos no eran importantes, lo realmente importante era superar a Kakaroto, vencer a los androides y ser el nuevo emperador del universo, ya había perdido tiempo valioso en la tierra y no estaba dispuesto a perder más y menos por a esa humana, aquella terrícola escandalosa y ahora el crío que ella cargaba. Con un poco de suerte ellos morirían durante el ataque de los androides antes de que él llegara y no tendría que volverse a preocupar por lo que pasase con ellos.
Había sido un bastardo egoísta, un maldito imbécil, y eso era lo nunca en la vida podría perdonarse. Bulma realmente era un ser extraño, no era que no lo supiera, pero sí que lo era. Realmente debe amarme, se dijo a sí mismo mientras veía a su esposa dormir. No debió haber sido fácil, pensó. Él regresó cuando Trunks ya tenía dos meses, aquel mocoso mimado era su vivo retrato solo que, con cabello lila.
Y aun así me aceptó de nuevo, pensó mientras apartaba un mechón de cabello de la cara de su esposa. Pero ahora tenía la posibilidad de retractarse, este bebé tendría la suerte de conocerlo sin todos sus demonios, y ahora él tenía la experiencia que le habían dejado estos años, el vivir criando a Trunks. No cometería los mismos errores que con Trunks, de eso estaba seguro.
De lo que también estaba seguro, era que esta vez, el mismo iría al infierno con sus propios pies si por algún motivo no estaba en el nacimiento de su hijo. Había cometido ese error en el nacimiento de Trunks, pero no lo repetiría otra vez. Esta vez sería maldito si lo hacía. Y no estaba dispuesto a permitirlo, así el mundo se desplomara, él estaría allí, costará lo que costará.
¿Qué tal? ¿Amamos a nuestro príncipe saiyajin?
Espero Reviews.
Odette Zeng.
