Capítulo 2

Miroku y Kagome, dos miembros de los escarabajos del desierto, siguieron al extraño mientras se internaban en el desierto. El sol abrazador, la falta de agua y la arena interminable empezaba a hacer mella en ellos.

-¿De quién fue esta idea tan tonta?-preguntó Miroku mientras recobraba el aliento y trataba de quitarse el sudor de la frente.

-Fue idea tuya, así que sigue caminado Miroku. Recuérdame no hacerte caso la próxima vez que se te ocurra seguir a un extraño fuera de Shikon.-respondió la joven azabache mientras seguían su camino por la arena ardiente siguiendo las huellas del corcel que se dirigían a unas ruinas al otro lado del desierto.

-¿En dónde diablos estamos?

-Miroku, no tengo idea, vamos a investigar esas ruinas.

Y sin más se adentraron en las ruinas de una ciudad que parecía haber sido una de las ciudades más prósperas y ricas del Desierto Perdido pero ahora sus ruinas se erguían en la arena.

Los dos escarabajos del desierto siguieron la búsqueda entre las ruinas, tratando de conseguir pistas que los llevara hacia el misterioso príncipe y su corcel. . .pero no lograban encontrar nada.

"No pudieron haber desaparecido, deben estar en alguna parte de estas ruinas" pensaba Kagome mientras buscaba alguna pista adentro de las ruinas.

-Tienen que estar por aquí. . .¿Pero no entiendo qué es este lugar? En las historias del Desierto Perdido jamás oí hablar sobre una ciudad en ruinas.-decía Miroku estando al final de unas escaleras que al parecer conducían a la entrada de lo que solía ser un gran edificio.

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En Shikon también buscaban pistas para descubrir la verdadera identidad del misterioso príncipe. En el palacio Kikyo ordenó a sus consejeros buscar información de todo tipo sobre e príncipe y de la ciudad que él lideraba: Shengoku.

-Su majestad, encontramos información sobre Shengoku, pero es imposible que ese extraño sea su líder.-informaba uno de los consejeros a la princesa Kikyo.

-¿En serio? Continúa. ¿Por qué nunca había oído hablar sobre esa ciudad?-preguntó la princesa a su consejero.

-De acuerdo a los récords históricos, Shengoku FUE una ciudad próspera bajo el mando de una familia real muy respetable. Pero hace 200 años, la ciudad entera fue destruida por una terrible tormenta de arena. Debo darle algo de crédito a este impostor por haber hecho algo de investigación, pero él no aparece en nuestros récords.

-Gracias Jaken, como siempre hiciste un gran trabajo.-agradeció la princesa a su consejero para luego dirigirse al salón de trono.

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Miroku y Kagome seguían buscando pistas sobre el príncipe pero aún sin ninguna suerte y el sol empezaba a ocultarse. El ojiazul al estar buscando en las ruinas se tropieza con una enorme serpiente que rápidamente le enseña los colmillos y se oculta entre los escombros.

-Volvamos Kagome, este lugar me da escalofríos.

-Pero no tenemos ninguna pista. No podemos volver con las manos vacías.-mencionó Kagome luego de hacer un puchero.

Miroku alza los brazos y mira hacia el cielo-Aquí, Kagome, lo único que hay son piedras y polvo. Ni moneas, ni príncipe-continuó hablando mientras le enseñaba los escombros de la ciudad.-NADA. Volvamos antes de que baje el sol y no veamos el camino de vuelta.

Kagome algo decepcionada acepta emprender el regreso a Shikon, pero ninguno de los dos se dio cuenta de una presencia que los vigilaba en las sombras por uno de los pilares que solían sostener el techo del palacio de Shengoku.

-¿Ves Entei? Se fueron sin causar ningún problema.-comentó el príncipe a su fiel amigo mientras el sol se ocultaba en el horizonte y sus cabellos negros se transformaron en albinos, sus orejas se volvían caninas y sus ojos azules se transformaron en dos orbes ámbares inyectadas de rojo.-Cuando se cumpla la profecía. . .serán mis súbditos ¡y la princesa será MÍA!