1.2 Ojos claros, mirada felina
Pasaron dos excelentes semanas en las que pude ir conociendo a Yuu y esas semanas rápidamente se transformaron en los dos meses más interesantes que había pasado en la escuela, era fascinante la manera tan rápida en la que puede irse el tiempo cuando disfrutas de algo y ahora mismo no tenía nada que negara lo mucho que comenzaba a gozar de aquella chica atolondrada que me había encontrado empapada en la azotea. Inclusive mi suspensión pasó más deprisa con sus constantes visitas, usualmente la esperaba hasta que terminaran las clases y después pasábamos el tiempo juntos haciendo cualquier cosa, eso a excepción de los jueves porque Yuu debía de participar en actividades de club y hacer sus deberes como delegada de la clase A, así como volver mucho más tarde y cansada a casa, por lo que prefería dejarla sola ese día en específico. A pesar de todo las cosas habían ido cambiando entre ambos, cosas simples como dejar el honorífico de lado y comenzar a ser más confianzudos dando paso a una amistad mucho más sólida de lo que me había imaginado, aunque debía de aceptar que a veces cierra timidez no me dejaba ni mirarla a gusto y cuando esa asquerosa sensación me invadía no sabía ni que hacer. Hoy sería algo distinto, pues sería mi grandioso comienzo en la clase E, donde al parecer tendría el gusto de enfocarme en algo más que libros y lecciones aburridas; al parecer había un extraño proyecto que involucraba a todos los alumnos de la clase, el principal objetivo era el asesinato eficaz del fenómeno que se cargó la mitad de la Luna y quien lo consiguiera se llevaría una recompensa que flipas, la única condición era que el monstruo no podía dañarnos así como nosotros no podríamos hablarle de esto a absolutamente nadie ni a nuestros padres, continuaríamos con una vida académica normal mientras nuestra presa fuera nuestro profesor y tendríamos que lograr asesinarlo antes de la graduación.
Hoy había quedado con Yuu en la estación cercana al instituto, me pareció buena idea invitarle después de mi suspensión como una manera divertida de celebrarlo y ella con su gran sentido del humor había captado a la primera mis intenciones. Comenzar mi tercer año en la clase repudiada ya no parecía tan malo de repente, aunque mi amiga se notaba algo preocupada por mi ingreso, tanto que casi no hablamos durante nuestro trayecto y estaba tensa. Por el camino nos detuvimos para comprar una bebida antes de entrar, más que nada era para romper la tensión y hacer que se relajara lo suficiente para desembuchar lo que la tenía en las nubes, esperaba que no estuviera agobiada por alguna otra declaración porque me volvería loco si escuchaba una anécdota más de ese tipo. Ella tenía cierta popularidad con los chicos que había comenzado a ser un fastidio, al principio podías tomártelo con gracia y hasta hacer un par de bromas al respecto, pero pronto deja de serlo cuando a mitad de la plática alguien llegaba para pedirle a Yuu hablar en privado y retenerla ahí un buen rato, haciendo que la broma y la comodidad quedaran en el olvido para reemplazar todo por un ambiente algo pesado. Pero desde el primer momento no había deseado nada más que conocerla mejor, pues Yuu no era sólo una chica atractiva, era amable y graciosa, sabía cómo hacerme sentir cómodo y me gustaban mucho sus ojos ámbar.
-Eh, tierra llamando a Yuu, aquí Karma — bromeé al poner una mano en su hombro.
Ella sacudió la cabeza un par de veces y me miró.
-Perdón, estoy algo nerviosa — contestó.
-¿Vas a decirme por qué o quieres jugar al detective? — pregunté. Yuu se encogió de hombros y dio un sorbo más a su leche de chocolate — Venga, suéltalo ya.
-Es solo que estoy preocupada... por ti — me contuve al intentar sostener su mano, metiendo la mía en el bolsillo de mi pantalón para evitar lo inevitable — No es porque estés en la clase E, al fin y al cabo, no es nada más que una clase como cualquiera.
-¿Entonces? Sabes que puedo cuidarme perfectamente, claro, si es lo que te preocupa — dije.
-¡No, eso no! Me preocupa el hecho de que no voy a toparme contigo tan seguido como antes.
Me reí.
-Sabía que no podías estar ni un segundo sin mí.
-Claro que puedo, pero pierde la gracia si no estás para molestar cada dos segundos — mustio con el rostro rojo.
-Las chicas se preocupan por nada... ¡Me pasaré a verte cada que pueda! Yo tampoco puedo pasar demasiado sin molestarte al menos una vez al día.
-Encantador — sonrió con gracia.
Entramos al instituto y me sorprendí un poco al ver como miraban a Yuu, algunos chicos le saludaban y otras la llamaban "sempai" con más afecto el que me gustaría admitir, no esperaba menos, estábamos en el edificio principal y por la manera tan particular que tenían de poner la vista en ella aunque no le dirigieran la palabra, ella era parte de algo mucho más profundo y grande de lo que yo creía. Yuu estaba contándome acerca de su última pelea con uno de los cinco grandes, aquella vez en la que había intentado pasarse de listo con ella y como había terminado enviándolo a la enfermería por darle una buena patada. Seguimos hablando unos minutos más hasta que ella tuvo que entrar, nos despedimos entre risas y finalmente vagué hasta el edificio de la clase E con cara de tonto.
Llegué justo a la mitad de la clase de Gimnasia, todos estaban entrenando con los cuchillos mientras el objetivo jugaba en un arenero. Me parecía curiosa la manera tan infantil que tenía para actuar, considerando que el mundo entero había puesto un precio por su cabeza, y es que de cierta forma causaba gracia. Hice un recorrido rápido entre los estudiantes de la clase E, no parecían ser unos asesinos serios pero tampoco habría que tomarlos tan a la ligera, a simple vista eran un grupo de soldados entrenando para una nueva campaña y ahora yo llegaba como el recluta nuevo que se unía al pelotón.
Le di un sorbo a mi leche de fresa y sonreí al escuchar cierta vocecita llamándome.
-¡Karma-kun! Volviste... — exclamó Nagisa con una clara sorpresa en la voz.
Sonreí a mi antiguo amigo y compañero de clase.
-Ha pasado mucho tiempo, Nagisa-kun — dije.
Bajé por las escaleras con una mano metida en el interior de mi bolsillo, ocultando la pequeña trampa en la que había pensado esta mañana. He de admitir que debí de armarme de una paciencia bastante grande para cortar los pedazos y colocarlos de la forma adecuada, pero si esto realmente resultaba todo habría valido la pena.
-¡Woah! ¿Este es el Koro-sensei del que tanto he escuchado? — comencé a acercarme con rapidez, siguiendo mi papel de chico curioso y alegre — ¡Realmente pareces un pulpo!
El monstruo se me acercó con la misma expresión sonriente de siempre, esto sería fácil.
-Tú debes de ser Akabane Karma-kun, ¿no es así? — saludó — Escuche que tu suspensión terminaba hoy — su cara cambió de color y se cruzó de brazos — No deberías llegar tarde en tu primer día.
Me rasqué la nuca aparentando inocencia y le sonreí apenado.
-Aún tengo que recobrar el ritmo — me acerqué un poco más y estiré la mano en su dirección — Y preferiría que me llamara por mi primer nombre. De cualquier modo, es un gusto conocerle "sensei".
-Tengamos un año divertido.
Cuando nuestras manos se unieron en un apretón amistoso hubo una explosión repentina que dejó en desconcierto a más de uno, un cuchillo se deslizó hasta mi otra mano y di la primera puñalada en el aire para comprobar mi segunda teoría, el pulpo retrocedió y yo sonreí complacido al notarlo.
-Huh? Sí que eres rápido — miré mi mano recubierta con los pequeños trozos del cuchillo y le mostré la evidencia de mi pequeño truco — Y es verdad que estos cuchillos hacen efecto en ti... Hm, quise probar poniendo unos cuantos pedazos en mi mano, pero... ¿Sabes algo, sensei? Estoy algo decepcionado, mira que caer en un truco tan simple como este y saltar de esa forma, parece como si te hubiera asustado.
Me acerqué con pasos lentos, él estaba demasiado cabreado y sorprendido, tanto que su cara se había vuelto roja.
-Escuché que te pusieron Koro-sensei porque eres imposible de matar, pero... — solté una risa irónica — ¿Será que en realidad eres un blanco fácil?
Comencé a jugar con el cuchillo en mi mano, haciéndolo girará y dando tajos imaginarios al aire, siendo plenamente consciente de que ahora tenía por completo su atención. Me moría de ganas por hablarle a Yuu acerca de mi nuevo día en la clase E, seguro que se partiría de risa.
Dejaría bien en claro quién sería el mejor estudiante en esta clase de asesinato.
