Hola! Agradezco mucho sus visitas. No han habido muchos reviews, pero el hecho de que marquen la historia como favorita o que le den follow me hace pensar que de alguna manera sí les agradó. Trataré de subir capitulo cada dos o tres días, cuando mucho una semana. Les agradecería de corazón que me dejaran un review, más que nada para saber sus opiniones o si tienen alguna duda sobre las situaciones que se irán presentando. Con gusto les responderé. ¡Que lo disfruten!
Roots - Texto normal en presente
- Roots - Voz interior
Roots - Capítulo anterior
- ¡Mamá! – Un chico le gritó a Mikoto sacando la cabeza de la enorme camioneta que se encontraba estacionada en la casa de al lado, quien al ver a su madre y seguramente a nosotras se quedó mudo al instante, con cara de confusión y seguramente analizando la situación.
- ¡No tenemos todo el día! – Justo como el primer chico, otro más asomó su cabeza fuera de la camioneta, hablándole entre risas a su madre. Miró extrañado al primer chico quien seguía mudo y no nos despegaba la mirada, así que decidió mirar en la misma dirección, y bueno, su reacción fue más obvia.
- Si, si, ya lo sé, ya voy. – Les respondió Mikoto a ambos chicos con una sonrisa y volvió a girarse con mi tía. – Entonces Tsuna, las espero a las… ¿nueve?
- Claro, ahí estaremos. – Respondió mi tía también con una sonrisa.
Mikoto no dijo nada más y se dio media vuelta para irse a su camioneta. ¡Y qué camioneta! Se veía lujosa, de esas que seguro eran carísimas. Mientras ella se acercaba, los dos mocosos, que ya no eran tan mocosos, no cambiaban su postura. Desde donde nos encontrábamos mi tía y yo no se podían apreciar bien sus rostros o ellos en general, solo los observaba a la distancia. No es como que me importaran demasiado tampoco, si iba era únicamente por acompañar a mi tía, nada más. Deliraba si pensaba que yo tenía mucho que "poner al corriente" con esos chicos.
- Esto va a ser divertido – La escuché decir con alegría cuando la camioneta comenzó a moverse.
- Por supuesto, me muero de ganas – Respondí en un tono exageradamente sarcástico, que por suerte ella no notó.
- Bien Sakura, entremos a ordenar un poco nuestras cosas y buscar algo con qué cambiarnos – Mi tía se movió rápido. Sin que me diera cuenta ella ya estaba subiendo los escalones de la entrada, justo del otro lado de la cerca.
- No voy a cambiarme de ropa tía, estoy bien así. – Le reproché mientras la alcanzaba en la entrada. Ella me miró de pies a cabeza y se me quedó mirando con cara de "tú estás zafada". - ¡Oye! – Me quejé. Detestaba que me inspeccionara de esa manera.
- Sakura… tus jeans están todos rotos – Señaló esa zona. – Tu camiseta te queda demasiado grande – Siguió mientras se adentraba en la casa. – Estás completamente despeinada por venir dormida en el viaje, eso sin mencionar que tus tenis tienen un agujero. – Yo miré mis converse. Ya estaban viejos y se les había abierto un agujero por un costado. A mí me encantaban, sentía que les daba mucho estilo.
- A mí me gustan. Así las usan los…
- Odio que andes tan desarreglada, tienes que dar una buena impresión. ¿Qué van a pensar los demás de ti si te ven así? Se supone que eres una señorita y… – Ya iba a empezar con todo eso.
- ¿Por qué tengo que dar una buena impresión? Ellos ya nos conocen – Dije ya un poco mosqueada. – Además no me importa impresionar, no soy de esas…
- Ya no me discutas. Vas a darte un buen baño y te cambiarás de ropa, que no por nada te he comprado cosas lindas. ¿Entendido? – Ya, ya. Sé exactamente en qué momento debo dejar de discutir, y como no tenía las ganas de continuar simplemente bufé en respuesta. Ya habíamos entrado.
La casa estaba igual a como la recordaba. Las paredes estaban tan blancas que me sorprendí. Después de todos estos años pensé que llegaríamos a encontrarnos con una casa en ruinas, pero al parecer se había conservado en muy buen estado. Muchos empleados se movían de un lado a otro acomodando los muebles y cajas en su lugar. Algunos comenzaron a acribillar a mi tía con preguntas sobre un millón de cosas así que decidí que era hora de emprender la huida, antes de que comenzaran a darme órdenes a mí. Corrí escaleras arriba. La escalera era infinita, de madera, y chirriaba a cada paso que daba, seguro por lo vieja. De verdad había olvidado lo larga que era esa escalera. En el antiguo departamento había dos pisos, pero era muy corta la distancia para llegar al segundo. Comencé a subir los escalones de dos en dos, ocasionando que casi me matara en los últimos. Por suerte alcancé a conservar el equilibrio.
Una vez en el segundo piso observé el largo pasillo lleno de puertas. Me sorprendí de lo rápido que trabajaban los de la mudanza, conforme caminaba observando las habitaciones me di cuenta de que todos, o al menos la mayoría de los muebles ya se encontraban ahí. No puse mucha atención a las habitaciones como para identificar cuál sería la mía. Algunas tenían las puertas cerradas y las pasé de largo. Fui directo hacia el tercer piso. La escalera era más corta y guiaba únicamente a una pequeña habitación. Cuando era pequeña, mi tía usaba ese cuarto para leer o como cuarto de descanso, tal vez ahora pondría una biblioteca ahí.
Bajé nuevamente al segundo piso, ahora si decidida a elegir mi habitación, sin embargo apenas bajar me topé de frente con mi tía.
- Sakura… cuando eras pequeña, – Me dijo pasando un brazo alrededor de mis hombros, haciéndome caminar con ella. – dormías en una de las habitaciones de este lado. – Me recordó señalando las puertas del lado derecho. – Ahora eres más mayor, tienes más cosas y por lo tanto pienso que necesitas más espacio también, así que a partir de hoy… – Abrió la tercera puerta a la izquierda. – esta será tu nueva habitación. – Terminó de decir finalmente invitándome a entrar. Era una habitación enorme. Tenía su propio armario y mi mandíbula casi se fue hasta el suelo al darme cuenta que precisamente esa habitación tenía una salida a una gran terraza que conectaba con la habitación de al lado. ¡Pero si era la antigua habitación de mi tía! ¡Inclusive tenía su propio baño! ¡Con tina y todo!
- ¿De verdad esta será mía? – Pregunté a mi tía tratando de contener la emoción. Ella simplemente asintió.
- Por supuesto. Ahora mismo hablaré con los trabajadores para que muevan tus cosas aquí y se puedan ir. – Se acercó y me dio un gran abrazo, el cual por supuesto correspondí feliz.
Apenas salió mi tía me puse a idear todo lo que le haría a la habitación para hacerla más… mía. ¡Por Kami, que bien sonaba eso! En primer lugar tendría que pintar las paredes. Al igual que el resto de la casa estaban pintadas de color blanco, lo cual era perfecto porque seguramente el color que eligiera se vería genial a la primera. Se me ocurría un rojo chillón, aunque tendría que analizar mis opciones después. También podría colgar algunos posters de mis bandas favoritas y alguno que otro cuadro. No pasó mucho tiempo en lo que los trabajadores comenzaron a meter mis cosas a la habitación. La cama, cajas, mis maletas y algunos otros muebles quedaron justo donde los quería gracias a las indicaciones que les estuve dando y una vez terminaron saqué de las maletas la ropa limpia que me pondría para la cena. No quise tomar algo demasiado rebuscado. Justo como le había dicho a mi tía, no me interesaba impresionar a nadie, pero busqué entre mis cosas un juego de jeans algo rectos, me aseguré de que no tuvieran ningún hoyo para que mi tía no me retara. También saqué una blusa verde limón de tiritas que me llegaba poco más debajo de mi, apenas notoria, cadera y un abrigo a la cintura color negro. Saqué los converse negros que no tenían ningún agujero y me dispuse a darme un baño. Debido a que aún no tenía cortinas debía también vestirme ahí así que tome todas mis cosas y me encerré. Una cosa que definitivamente rompía con todo lo bello de mi nueva habitación era que la terraza daba directamente a la de la casa de mis "queridos vecinos". Las casas eran iguales así que nos separaba una muy corta distancia. Solté un suspiro al pensar en ese detalle pero decidí no darle muchas vueltas. Aún ni siquiera sabía si esas eran las habitaciones de ellos así que no haría mayor escándalo.
Terminé de ducharme sin mayor problema. El agua caliente había salido inmediatamente lo cual me sorprendió. Una vez fuera de la ducha me vestí con la ropa que había elegido y comencé a secar mi cabello. Toda mi vida lo había llevado largo, y es que siempre me había gustado el efecto que daba el cabello largo a la hora de los giros en el patinaje. Muy pocas chicas se animaban a llevarlo suelto en las competencias, y es que era difícil manejar el cabello mientras patinas, pero eso era una de mis mayores ventajas. Yo ya lo tenía dominado y me encantaba. Gracias a que mi cabello es lacio no tuve que hacerle gran cosa. Acomodé mi flequillo, admirando los mechones negros que lo adornaban, y no pude evitar detenerme unos segundos a admirar mi hermoso piercing. ¡Se veía jodidamente genial! Lo malo es que tendría que quitármelo para las competencias pero ya me ocuparía de eso luego. Me hice un maquillaje algo agresivo, me hice una sombra negra a juego con el abrigo y me aseguré de que mis ojos quedaran perfectamente delineados. Algo de rubor y un poco de brillo en los labios. Mascara de pestañas y listo. Me veía algo ruda, pero mi tía no me podría decir que no me arreglé. Me alejé unos pasos del espejo para verme completa. No me veía mal. Al menos la tal Mikoto había dicho que era "linda", aunque los mayores siempre dicen eso. Salí de mi habitación y bajé los escalones de dos en dos, ahora sí sin tropezar. Una vez abajo vi que mi tía no estaba ahí.
- ¡YA ESTOY LISTA TÍA! – Grité a todo lo que mis pulmones dieron. Si algo no tenía yo era paciencia, y si mi tía tardaba demasiado me tiraría en el sofá de la sala y no habría fuerza en el mundo que me moviera de ahí si lograba encender el televisor. Gracias al cielo pasaron pocos segundos y mi tía bajó por las escaleras. No supe si ella iba demasiado arreglada o si era yo la que estaba mal. Se había puesto un vestido negro de manga corta que le llegaba a la rodilla y se le ajustaba al cuerpo. Pese a su edad, mi tía conservaba una buena figura y ese vestido le quedaba como guante. Se había puesto un collar y aretes de perlas y se había hecho un moño alto. Vamos que se veía guapísima.
- Vaya, esta sí es mi sobrina y no el vagabundo que venía en el asiento de copiloto. – Se burló un poco ya frente a mí. Bien, al menos no me retaría por mi atuendo.
- Y yo creo que he perdido a mi tía. ¿La ha visto usted acaso? Juraría que estaba por aquí. – Le respondí también en broma a lo que me abrazó tierna. Yo me reí.
- ¿Qué hora es? – Preguntó mirando la sala intentando encontrar el reloj que debía estar en alguna de las cajas. Todo era un desorden, definitivamente nos esperaba un fin de semana de locos.
- Son las nueve treinta – Le respondí verificando la hora en mi móvil para seguido devolverlo a la bolsa de mi pantalón.
- Ya vamos algo tarde, ¿ya habrá regresado Mikoto? – Se acercó a una de las ventanas que daban a la casa de los vecinos que, al igual que todas las demás, estaban sin cortinas. – Si, ya está ahí la camioneta y hay muchas luces encendidas. Vamos Sakura. – Me apresuró dándome pequeños empujoncitos en dirección a la puerta.
Apenas salimos y pude notar el frío viento colarse por debajo de mi abrigo. Mi tía había tomado un abrigo grande que estaba en el sofá antes de salir así que supongo que el frío no le afectó tanto pero igual nos apresuramos a cruzar el pequeño jardín. Al pasar por ahí me di cuenta de que aún no había ido al patio trasero. Me pregunto si mi cueva seguía ahí.
- Y en qué condiciones estará – Comentó la vocecilla en mi cabeza. Mañana tendría que ir a revisar. En menos de un minuto nos encontrábamos frente a la casa de nuestros vecinos. Su jardín era un contraste enorme con lo que quedaba del nuestro. Había flores de todos los colores y todo se encontraba perfectamente cuidado. Ya vería la competencia que le haríamos una vez nos pusiéramos manos a la obra mi tía y yo.
- Sakura… – Me llamó mi tía y yo la miré. – Compórtate ¿de acuerdo? – Me dijo con cara de circunstancia.
- Pero si yo siempre me porto bien – Le respondí en un tono de inocencia y poniendo ojos de cachorrito.
- Si claro… estás advertida eh – Me "advirtió" por última vez y llamó al timbre de la casa. Pero si era verdad… casi. Siempre que íbamos a casa de las amigas de mi tía yo me aburría y puede que dijera o hiciera una que otra cosilla de vez en cuando, pero ¡hey!, yo también necesitaba en qué entretenerme.
- ¡Llegaron! – Nos saludó la mujer con la misma sonrisa de esta tarde y nos invitó a pasar.
- Nos atrasamos un poco con todo eso de la mudanza, lo lamento – Se disculpó mi tía quitándose el abrigo una vez que estuvimos dentro. – Lamento también no haberte traído algo, todo fue tan rápido y encontrarte aquí fue toda una sorpresa y…
- Vamos Tsunade, no seas tonta. No tienes por qué dar explicaciones. – Le restó importancia mientras cerraba la puerta. Ella también se había vestido diferente a esta tarde, se le veía muy guapa. Llevaba un vestido similar al de mi tía pero con un enorme lazo en la cintura y el de ella era azul marino. Supongo que sintió mi mirada porque sus ojos se posaron en mí y me sonrió. Casi puedo jurar que me había sonrojado. – Pero qué linda estas Sakura. De verdad que estoy impresionada, no solo estás más grande, estás tan… diferente. – Dijo para después soltar una pequeña risita. Supongo que lo decía por mi cabello y algunos otros detalles. Aun así sonaba sincera, no hice más que sonreír y soltar un débil "gracias".
Su casa era prácticamente igual a la nuestra, pero sus paredes estaban pintadas de color menta. El piso era de madera y todos los muebles se veían finos. Era todo muy elegante y femenino, era obvio que ella había decorado el lugar.
-Tomen asiento por favor – Nos invitó y ambas obedecimos. – No le falta mucho a la cena.
- Tu casa está hermosa – Comentó mi tía. Al parecer le había impresionado igual que a mí.
- ¿Esto? No es mucho. Con esfuerzo puedo mantener en pie esta antigüedad. – Y es que ella tenía toda la razón del mundo. Estás casas eran de sabrá Kami qué época.
- Pero estas casas son muy amplias, ya sabes… – Y… las perdí. Ya habían comenzado a hablar de temas aburridos de adultos. No es que estuviera aburrida todavía pero en realidad no me interesaban así que dejé de prestarles atención. Me quedé observando alrededor. No es que fuera mirona ni nada por el estilo, pero de verdad que tenía cosas muy bonitas adornando su casa. Pasaron unos minutos y no me quedaba más que mirar, pero recordé que tenía mi móvil y lo saqué para bobear.
- Creo que debería de ir a ver la cena. – Escuché que dijo Mikoto antes de levantarse del pequeño sillón. – ¿Y por qué no han bajado estos niños? – Alcancé a oír que se preguntaba antes de entrar a la cocina. Se devolvió un poco y quedó de pie frente a la escalera - ¡ITACHI! ¡SASUKE! ¿QUÉ TANTO ESTÁN HACIENDO ALLÁ ARRIBA? ¡BAJEN YA! – Y vuelvo a decir… ¡qué pulmones! – Pero que groseros son estos niños. – Comentó a modo de disculpa hacia mi tía quien solo pudo reír.
- ¡Ya vamos! – Se escuchó un grito desde el segundo piso y acto seguido se escucharon un montón de pisadas. Los dos chicos bajaron prácticamente corriendo. Venían empujándose el uno al otro.
- Vaya par de bestias – Escuché decir a mi voz interior, sin embargo cuando los pude ver bien me quedé en shock. Ahora si estaban a una distancia prudente y… ¿de verdad esos eran los mocosos? Por supuesto que no esperaba que estuvieran igual que a los cinco pero… rayos. Seguramente si ellos me recordaban de entonces estarían quizás igual que yo. Yo también había cambiado mucho. Pero ahora… ¿cuál era quién? Recordaba que Itachi era un año mayor que yo. Sasuke era de mi edad, pero creo que un año era más sencillo de notar cuando se es niño. A esta edad casi parecían gemelos, solo que uno de ellos llevaba el cabello negro casi tan largo como yo. Lo llevaba atado en una coleta baja aunque algunos mechones le caían en la cara, vestía unos vaqueros y una camisa negra con las mangas arremangadas hasta un poco más arriba de sus codos. Llevaba pulseras de pinchos y un cinturón con una hebilla en forma de guitarra que me llamó mucho la atención. También llevaba un collar con una púa y pude notar que llevaba aretes. No sé si fue ilusión mía pero casi parecía que llevaba los ojos ligeramente delineados de negro. Me agradaba su estilo. El otro era algunos centímetros más bajo. A diferencia de su hermano llevaba el cabello más corto, aunque no podría llamarle "corto" siendo que se trataba de un chico. Lo llevaba en un look despeinado, casi despreocupado. Sus rasgos eran un poco más duros que los de su hermano, a excepción de que él no tenía tan marcados los costados de la nariz. Vestía un pantalón negro ligeramente entubado y un suéter azul marino con algún logo extraño en el frente. Iba más sencillo, se notaba que no se había querido "arreglar" para las visitas, pero debo decir que pese a ello no se veía nada mal. Definitivamente no eran los mocosos que yo recordaba. Me di cuenta de que me había quedado mirándolos más tiempo del debido así que pronto bajé la mirada y volví a sentir calor en mi rostro. Seguro ya estaba roja.
- Tsunade, ya los conocías pero han pasado tantos años que seguro ya no los recuerdas bien. – Se dirigió Mikoto a mi tía quien se puso de pie frente a ellos. – Te presento a mis hijos… Itachi – Dijo señalando al chico de cabello largo, quien extendió la mano para saludar a mi tía. Por Kami… ¿de verdad ese era Itachi? No podía creerlo. – y Sasuke – Finalizó señalando al otro chico, quien contrario a su hermano metió sus manos en los bolsillos y solo soltó un "hmp" seguido de un movimiento de cabeza. Pero que chico tan más grosero, no cabía duda de que él era aquel enano odioso. Aun así no podía salir de mi asombro. Volví a mirarlos fijamente, cosa que ellos no notaron pues aparentemente no se habían dado cuenta de que yo me encontraba aún sentada en el sofá cubierta casi por completo por el respaldo de éste. Mi tía hizo un escándalo parecido al que había hecho Mikoto al verme. Itachi se veía tranquilo y Sasuke se notaba incómodo, aunque no hizo ningún comentario al respecto y solo se dejó hacer por mi tía.
- Sakura, ven acá… acércate. – Me llamó Mikoto amablemente haciendo un gesto con su mano. En ese momento todas las miradas de los presentes se posaron en mí. Quise por un momento que el sofá me tragara por completo, pero como el mundo me odia eso no pasó. Lentamente me incorporé y pude ver que los hermanos compartieron una mirada. No sé qué me pasaba, yo no era tímida. Tomé valor y me acerqué a ellos con paso decidido.
- Hola – Saludé lo más relajada que pude y sonreí de medio lado.
- ¡LA CENA! – No pude evitar pegar un brinco. Tenía que empezar a acostumbrarme a esos gritos.
- ¡Huele a quemado! – Vi a mi tía arrugar la nariz y ambas salieron disparadas con dirección a la cocina. Las seguí con la mirada hasta que desaparecieron por la puerta. Bien, me había quedado sola con ellos dos.
- Así que… – Volví mi mirada y ya tenía a Itachi muy cerca. Se me quedó viendo un poco para seguido sacarme la vuelta y caminar hacia el sofá, tirándose en él. – eres… ¿cómo dijo mi madre que te llamabas? – Ya sabía que no se acordarían de mí. Pff… gran cosa.
- Sakura – Le respondí un poco brusca sin despegarle la mirada. No me gustaba su tono.
- Sakura… – Repitió otra voz detrás de mí y me giré para ver a Sasuke, quien seguía en la misma posición. Sasuke miró a su hermano y se largaron a reír. ¿De qué chiste me había perdido?
- ¿Sabes Sasuke? – Le llamó Itachi y Sasuke fue a tirarse al sofá a un lado de él. Yo me quedé observándolos. – Ni siquiera recordaba que alguna vez hubiéramos tenido vecinos en esa casa – Vaya tipos más groseros. Podían al menos guardar esas pláticas para cuando yo no estuviera aquí.
- Yo tampoco. Pensé que ahí no vivía nadie, y mira cuán feliz está mamá. – Volvieron a mirarse. ¿Qué se creían estos dos? – Como sea… bienvenida Haruka – Dijo casi sin mirarme y recostándose igual que su hermano.
- Es Sakura – Dije con voz más fuerte. Mira que no llevaba ni cinco minutos con estos dos y ya me tenían mosqueada. No me caían bien, no me importaba un carajo si no me recordaban, pero definitivamente que ellos no habían cambiado nada. Eran exactamente igual a cuando pequeños, un par de mocosos malcriados.
- Ya, ya… Sakura, Haruka, se parece. – Se excusó encogiéndose de hombros.
- Si… tienes razón. – Dije con voz inocente. Ambos levantaron la cabeza y me miraron. ¿Querían jugar? – Gracias Sonske… y gracias también Iraki por su "bienvenida" – Hice comillas con las manos. Yo también sabía jugar. – De verdad son muy amables. – Volví a sonreírles ampliamente. Vi como sus caras se desfiguraron un poco… seguramente no se esperaban que les respondiera. Ellos definitivamente no me conocían. Sin borrar la sonrisa de mi rostro me senté en el pequeño sillón individual y volví a sacar mi móvil. No escuché ruido alguno de ellos, o al menos no les puse atención.
- ¡Chicos! ¡Ya está la cena! – Llamó Mikoto dos minutos después saliendo por la puerta de la cocina. Esa mujer tenía demasiados ánimos. – Hubo un… pequeño incidente. Pero sigue siendo comestible. – Soltó una risita nerviosa.
- ¿Otra vez quemaste la cena mamá? – Itachi hizo una mueca y luego negó con expresión preocupada.
- Oh vamos… no sabe mal… del todo. – Dijo bajito entrecerrando los ojos – Vamos, todos a la mesa. Vamos Sakura, ven. – No pude reaccionar porque Mikoto me tomó del brazo y me llevó casi corriendo a la mesa del comedor. Debo decir que Mikoto de verdad que se había esmerado. La mesa se veía perfectamente arreglada. Había un montón de ensaladas y aperitivos, y justo en el centro un… ¿pavo?
- Eso no puede ser comida – Se quejó mi voz interior y le di la razón. La cosa en el centro parecía un gran trozo de carbón. Casi podía ver las cenizas. Eso explicaba el olor y el "pequeño incidente". Quise soltar una risa pero me contuve. Mi tía estaba sentada en uno de los asientos de la cabecera y me observaba.
- Ven Sakura, siéntate acá – Me señaló Mikoto un asiento al lado de mi tía. Obedecí en silencio. Itachi y Sasuke se sentaron en los asientos frente a mí. Itachi a la derecha y Sasuke justo enfrente. No les puse atención. Mikoto tomó el otro lugar a la cabecera quedando así frente a mi tía. – Una disculpa por lo del pavo – Se disculpó apenada – Pero al menos las ensaladas quedaron bien.
- No te preocupes, igual se ve delicioso – Le sonrió mi tía restándole importancia en un intento de animar a su amiga, e intentando demostrar que no le importaba comer cosas… negras, se sirvió pavo.
Yo ya tenía mucha hambre así que fui una por una sirviéndome de las ensaladas. En todo momento sentí unos ojos fijos sobre mí pero le resté importancia. No es como que me importara. Durante toda la cena Mikoto y mi tía se la pasaron platicando. Hubiera jurado que no respiraban. Itachi, Sasuke y yo nos habíamos mantenido en total silencio, yo ni siquiera los había volteado a ver, estaba muy ocupada con mi plato. Y es que las ensaladas habían quedado deliciosas, podría apostar a que, de no haber sido por el "incidente", el pavo habría estado exquisito.
- Entonces Sakura… – Levanté la cabeza al escuchar que Mikoto se dirigía a mí. – ¿Volverás a la misma escuela?
- Creo que aún no hemos hablado de eso – Respondí dando una mirada rápida a mi tía, quien asintió con la cabeza dándome la razón.
- Los chicos aún van ahí, es un buen colegio. Y hace unos años lo remodelaron, ahora está mucho más grande. – Continuó confirmando lo que yo había observado cuando llegamos al pueblo.
-Yo creo que si regresará ahí. Pero antes de eso debemos arreglar lo de la academia para que pueda entrenar y competir. Lo tenemos como prioridad. – Mi tía tenía toda la razón. ¿Cómo diablos me había olvidado de eso?
- ¿Entrenar? – Preguntó Mikoto algo confundida. Pero claro, si no tenía ningún contexto.
- Soy patinadora. – Le respondí como si nada y me llevé el tenedor a la boca con un poco de la ensalada que quedaba en mi plato.
- ¡¿De verdad?! – Preguntó asombrada.
- Hago patinaje artístico. El próximo año podré competir para ser seleccionada nacional. Si continúo, claro. – Expliqué dando un trago a mi bebida.
- ¡Pero qué increíble! Estoy impresionada. No tenía la menor idea de que eras deportista. Ahora entiendo por qué eres así de delgada – Me dijo de modo cariñoso.
No sé por qué pero volvía ruborizarme por sus palabras. Mi tía y ella siguieron conversando de sus cosas y por primera vez durante la cena miré a los chicos que tenía enfrente. Itachi me miraba… raro. No sabría explicar su expresión. Y Sasuke… me asustaba. Me miraba fijo, sin moverse y casi podría decir que sin pestañear. Su seño estaba fruncido, se veía molesto.
La cena transcurrió llena de risas y cuchicheo por parte de las dos adultas. Finalmente nadie pudo comer nada del pavo que era más carbón que carne. Ellas parecieron olvidar el hecho de que estábamos ahí porque continuaron hablando de temas aburridos hasta que llegó la hora del postre y comenzaron a hablar del pasado y las situaciones penosas de nosotros. Mikoto de sus hijos y mi tía de mí.
- Aún recuerdo cuando Sasuke se calló de la cerca. Quedó colgando, incluso hay una foto en la que…
- ¡Mamá! – Sasuke tenía los ojos como platos y su cara se había puesto muy roja.
- Ay vamos, no seas exagerado. Admite que cuando Tsunade y Sakura se fueron tu saltabas la cerca para jugar en la casita todos los días, y muchas veces te caíste. – Mikoto comenzó a reír junto con mi tía, Itachi lo miró y escupió un poco del helado también riendo, pero su hermano le pegó un codazo cerca de las costillas que lo dejó un poco sin aire. Aparentemente solo yo lo noté. ¡Qué bestia es!
- Cuando llegamos a Tokio, Sakura… – Comenzó a contar mi tía.
- Tia… – Me quejé haciendo una mueca. Ya iba a contar esa historia.
- Al parecer no entendió bien que nos habíamos mudado. Me sacó el susto de mi vida un día que salió del colegio. Se extravió todo un día, la busqué como loca. Al final la encontró un hombre en un centro comercial, dormida en una casita de una tienda de juguetes. Al parecer la pobre extrañaba la que teníamos aquí. – Odiaba que mi tía contara eso. Claro que había extrañado mi cueva, pero era una niña, no tenía que contarlo ahora que yo ya era mayor.
- Pues tal parece que Sakura y Sasuke tenían algo con las casitas – Comentó Mikoto. Inconscientemente volteé a ver a Sasuke, estaba rojo y me miraba también. Ambos desviamos la mirada rápido. – También recuerdo una ocasión en la que Sasuke le vomitó encima a Itachi en el autobús camino a la escuela. Itachi quedó todo…
- ¡MAMÁ! – Gritaron ambos al unísono. Ahora sí que parecían tomates. Tuve que controlar mi risa al verlos así.
- Sakura en un entrenamiento estaba tan nerviosa antes de salir que se hizo encima de los nervios y…
- ¡TÍA! – ¡¿Pero cómo se le ocurría venir a contar esas intimidades aquí?! ¡A completos desconocidos! Al menos para mí. Sentía la cara tan caliente que por un momento pensé que se me iba a derretir.
Pasaron unos minutos y decidí pedir permiso para retirarme y salí directo al baño. Como las casas eran iguales no tardé nada en encontrarlo y una vez ahí dentro comprobé mi aspecto. En efecto estaba un poco ruborizada. Ya no me sentía tan caliente como hacía unos minutos pero definitivamente seguía avergonzada. No tenía mucho problema con Mikoto, pero esos dos chicos me hacían sentir incómoda. Ya quería irme a mi casa, aun sabiendo que estaba todo patas arriba. Mojé solo un poco mis mejillas evitando correr el maquillaje, solo para quitar lo que quedaba de sonrojo en mi rostro. Apagué la luz y abrí la puerta dispuesta a salir.
- ¿De verdad eres patinadora? – Di un brinco hacia un lado. Itachi estaba recargado a un lado de la puerta del baño con los brazos cruzados. Entre él y su madre lograrían hacer que me diera algo.
- Ehm… sí, por supuesto. – Respondí una vez me recobré un poco acomodando mi cabello.
- Ya veo… entonces es verdad. – Terminó dirigiéndose nuevamente al sofá a paso despreocupado, en donde Sasuke ya se encontraba sentado, por no decir desparramado.
- ¿Qué es verdad? – Pregunté sin entender a qué se refería. Él se tiró junto a su hermano cruzando una pierna y extendiendo ambos brazos en el respaldo del sofá.
- Eso de que todas las chicas que practican esa clase de deportes no tienen nada. – Miró a su hermano y ambos se sonrieron. Era una de esas sonrisas burlonas, los odiaba. No me gustaba hacia dónde iba todo esto.
- ¿Nada de qué? – Solté en un tono más brusco del que esperaba acercándome dos pasos a ellos.
- Nada de cuerpo. No tienen pechos, ni trasero… son planas, como tablas – Me escaneó de pies a cabeza. No me gustó para nada su mirada, y una vez que terminó comenzó a reírse junto con su hermano.
- ¡¿PERDÓN?! ¡¿Y estos dos qué se creen?! – Mi voz interior estaba furiosa, y yo también. ¿Cómo podían existir tipos tan desagradables como ellos? Algo definitivamente estaba mal con ellos, se portaban como idiotas, malcriados. ¿Qué tenían que estarme mirando? Si bien era cierto que no tenía un cuerpo voluptuoso no era para nada de la incumbencia de ese par de fenómenos. Además apenas me encontraba en desarrollo, a mí no me molestaba para nada, a esta edad no necesariamente debía de ser "grande" en todos los aspectos, mi cuerpo se desarrollaría y eso no tenía nada que ver con el patinaje.
Los muy malditos seguían descojonándose de la risa, y a mí más me subía la rabia e indignación. Aún no entendía que era lo que yo les había hecho a esos idiotas para que la agarraran contra mí, porque seguro que no se portaban así con otras chicas. Al menos estaba segura de que no se portaban así con las que tenían traseros enormes y pechos que parecían más melones que otra cosa. Al diablo con las buenas impresiones, se estaban metiendo conmigo y yo no me iba a dejar. No me importaba qué es lo que fueran a pensar de mí. Si para algo era buena además del patinaje es para la venganza. Esperé pacientemente unos minutos hasta que dejaron de reír sin despegarles la vista de encima. Me devolvieron la mirada y el ambiente se puso tenso. Era hora del contraataque.
- ¿Saben? Puede que no tenga un cuerpo voluptuoso, pero al menos yo si nací con cerebro, cosa que al parecer a ustedes – Los señale a ambos – les hizo falta. – Les dediqué la mirada más fría que pude.
- Oh vamos Saku… no te enojes. Que solo era una broma. – Me dijo Itachi poniéndose nuevamente de pie y acercándose unos pasos.
- ¿Broma? ¿Te parece divertido? – Le pregunté agresiva. Ya me estaban haciendo enojar. Itachi retrocedió y se quedó congelado en su lugar.
- Nosotros solo…
- Te diré algo cabeza de trapeador: – Los ojos de Itachi se abrieron enormemente. – Más te vale no meterte conmigo. – Me acerqué mucho a él hasta que no pudo retroceder más por causa del sofá. – Ni tú, ni tu clon mal hecho. – Miré a Sasuke con desprecio, quien abrió la boca indignado. – Se los advierto de una vez, para que no anden lloriqueando después. – Ambos se quedaron en silencio unos segundos.
- ¿Hablas enserio? – Preguntó Sasuke en tono burlón, levantándose lentamente del sofá. – ¿Nos estás amenazando? ¿A nosotros? – No me había percatado de lo altos que eran, sin embargo no bajé la mirada en ningún momento. No me iban a ganar. Para mi sorpresa ambos volvieron a estallar en carcajadas.
- Por favor Sakura – Volvió a hablar Itachi entre risas. – No creas que tu aspecto te hace ver ruda, para nada – Había vuelto a poner su cara de superioridad. Cómo los detestaba.
- Permíteme recordarte que aquí tú eres la "chica nueva" – Hizo comillas con los dedos.
- O chico – Agregó Itachi, a lo que Sasuke rio un poco para volverse hacia mí otra vez.
- No intentes amenazarnos, a menos que quieras quedarte sola en el colegio, o que te hagamos la vida imposible. – Compartió una mirada con Itachi y levantó una ceja. ¿Qué se pensaban que eran? ¿Gangsters? – ¿Sabes? No sería difícil hacer que tu pasado volviera. – ¿De qué demonios hablaba? – Sería muy sencillo hacer que Sakura, la "sin amigos", aparezca otra vez. Tan solo pruébanos. – Bien, ahora todo estaba claro. Por supuesto que estos dos me recordaban, y por alguna razón me seguían odiando. Es increíble como ninguno había madurado, les faltaba un psicólogo. De verdad que era preocupante. Enserio que lo sentía por la pobre de Mikoto. Mira que aguantar a estos dos bestias…
- Ya veo… entonces es verdad – Copié las palabras de Itachi con una sonrisa socarrona.
- ¿Qué cosa? – Preguntaron ambos extrañados. Al parecer no esperaban mi reacción. ¡Ja! No me iban a intimidar.
- Que los chicos de su clase… nunca cambian. – Dije con pena fingida, aunque con un poco de resentimiento. Por supuesto que no les dejé ver eso, no les iba a dar el gusto.
- ¿De qué hablas? ¿Qué clase? ¿Cambiar en qué? – Preguntó Sasuke no entendiendo nada.
- ¡En todo! Ambos… apestan. – Escupí con veneno. - ¿Saben? Apestan igual que cuando éramos niños. Siguen siendo igual de idiotas e inmaduros. ¿Creen que me importa lo que digan? Ni siquiera me importa que pongan a todo un colegio en mi contra, o cualquier tontería que al pequeño frijol que tienen por cerebro se le ocurra. Prefiero mil veces pasar mi vida sola a rodearme de basura como ustedes. – Terminé de decir en tono calmado, pero contundente. Ambos se quedaron callados, ninguno supo responder. Sus miradas eran de asombro, lo cual me decía que, al menos por hoy, yo había ganado. Por desgracia yo sabía que esto era sólo el inicio, me los seguiría topando muy seguido para mi mala suerte, eran mis vecinos y aparentemente iríamos al mismo colegio.
- Tienes toda la razón, fue realmente muy gracioso… – Esa era la voz de mi tía. Salió por la puerta de la cocina seguida de una Mikoto risueña y muy animada. – Sakura, linda, recoge tus cosas. Nos vamos. Mañana nos espera un largo día. – Yo asentí y me giré haciendo que mi cabello golpeara un poco al par de idiotas. ¡Como adoraba hacer eso!
- Adiós amiga, muchas gracias por haber venido – Se despidió Mikoto de mi tía. Al menos ellas la habían pasado bien.
- Oh, no seas tonta Mikoto. Me alegra tanto saber que sigues aquí, cuando tenga todo listo me encantaría invitarlos a cenar a casa. – Mikoto asintió muy alegre con una sonrisa. No lograba entender cómo era que una mujer tan alegre, amable y simpática hubiera tenido a ese par de pelmazos de hijos. – Nos vemos niños – Se acercó mi tía a despedirse de los idiotas, y yo me acerqué a Mikoto.
- Le agradezco mucho por habernos invitado. Fue muy amable. – Le agradecí sincera y le sonreí.
- Ay, preciosa, eres un amor de niña. Que linda eres – Me respondió acariciando mi cabello. – Espero verte pronto Sakura. – Me dio un beso en la frente, pero qué mujer más cariñosa. Si mi tía no existiera me habría gustado una madre como Mikoto. ¿Pero de qué hablaba? La riña con los babosos esos seguro que me había afectado. Me dolía la cabeza. Mi tía Y Mikoto se adelantaron a la salida y yo las seguí, pasando de largo a los hermanos.
- ¿Ya te despediste de los muchachos Sakura? – Preguntó mi tía desde la puerta.
- No, lo olvidé – Le respondí completamente cínica. Ellas dos siguieron despidiéndose en la puerta y yo me giré nuevamente hacia los bobos. - ¡Adiós chicos! – Dije alto en un tono de felicidad para que ambas mujeres me escucharan, y una vez que noté que ellas no me prestaban atención cambié mi cara por una de odio total y levanté mi dedito especial en dirección a ellos. Ambos abrieron los ojos al tope, pero no les di tiempo a responder porque en menos de un segundo ya me encontraba al lado de mi tía en la entrada. Nos despedimos por última vez de Mikoto y avanzamos hasta nuestra casa.
- Fue divertido, ¿no crees? – Mi tía se veía genuinamente feliz. Ya habíamos salido del jardín de los vecinos y casi llegábamos a nuestra cerca.
- No tienes idea… – Respondí rodando los ojos. Por suerte mi tía iba en su mundo mágico y no notó mi tono. Entramos a la casa y a tientas mi tía logró encender las luces. – Me voy a la cama tía, no puedo más. – Era verdad, lo único que quería era llegar a mi cama y dormir hasta que no hubiera mañana.
- De acuerdo cariño, buenas noches – Se despidió con un beso en la mejilla.
- Tú también descansa eh – Le dije riendo mientras subía las escaleras infinitas.
- Lo sé, mañana tendremos un día muy largo así que duerme bien. – Asentí y subí lo que quedaba de escaleras.
Entré en mi habitación y emprendí camino al baño, sin embargo al pasar frente a la cómoda donde estaba mi gran espejo me detuve un momento. Me examiné de arriba abajo. No era como que los tipejos esos me hubieran dejado algún trauma, pero en verdad que aún me faltaba mucho por desarrollarme. Esperaba que algún día me crecieran un poco más algunas zonas, no por impresionar a otros, especialmente si esos "otros" eran hombres, sino por mí. Además mi figura a la hora del patinaje se vería mucho más estética, y ese era mi principal objetivo. Suspiré y continué mi camino al baño, tomando de pasada algo de ropa para dormir. Y yo que había pensado que Itachi y Sasuke habían cambiado aunque fuera un poco, vaya par de idiotas. Quizás era mejor así, sin amigos no tendría que esforzarme por caerle bien a nadie, aunque no entendía por qué me era tan difícil. Los demás hacían ver tan sencillo eso de ser huecos e hipócritas, a mi simplemente no me salía. Nunca lo haría. Terminé de cambiarme de ropa y con cuidado me quité el maquillaje. Ni siquiera me molesté en encender las luces durante todo el proceso. Estaba tan cansada que apenas estuve lista, me tiré sobre la cama y no supe nada más.
