II
-Sigue enojada.
-Buenos días, Arthur-san.
-Arthur. Ya te dije que Arthur está bien. Buenos días. -Dejó su portafolio en la mesa y tomó asiento en su escritorio. –A veces siento que estoy haciendo algo mal pero no me doy cuenta de qué. Lo siento Kiku. Siempre estoy molestándote con mis problemas.
-¡n-no es problema!
-¿A ti como te va con Mei?
-Ya terminamos de pasar todo al nuevo departamento. Tenemos algunos desacuerdos en algunos detalles, pero siempre logramos una harmonía.
-¿cómo hacen eso?
-¿disculpe?
-La harmonía.
-Mi padre solía decir que la naturaleza solo logra la harmonía gracias al cambio de las estaciones. Solo invierno es demasiado frío, solo verano es demasiado caluroso. –Arthur le miró poco impresionado por su sabiduría oriental y dándole a entender que no había entendido una sola palabra. –La naturaleza siempre está cambiando y eso es la que la mantiene con vida. Tal vez necesitan un cambio; algo diferente.
-Supongo que podría intentar hacer algo diferente con Marianne… ¿alguna idea?
-a Mei le gustan las flores
-Flores…
-¡Kirkland! –un hombre dejo caer lo que parecía una pila de hojas sobre su escritorio, creando un sonido casi como de un golpe sobre la mesa. –La balanza de pagos de este mes no cuadra. ¿Sabes porque?
-Vash, ya puse la demanda para que nos devuelvan los intereses acumulados de esa deuda. Por favor, no me culpes porque la burocracia sea tan lenta.
-bien, pero dime ¿de donde se supone que voy a sacar el dinero que nos hace falta?
Se llevó una mano a la frente y dio un profundo suspiro. Sería una larga mañana.
Al caminar del lado de la calle en la que el sol caía, se podía sentir una cálida y agradable diferencia de temperatura. Aun teniendo un automóvil en el cual podía moverse, prefería de vez en cuando salir a caminar, sin embargo, la imagen un sujeto de traje paseándose por un mercado siempre terminaba siento un tanto peculiar.
A través de un cristal se encontró con un establecimiento lleno de flores. Una chica de cabello rubio y corto se encargaba de ordenar los ramos con tal de que se vieran más llamativos.
-flores…
Dio un murmuro pensando en la conversación que había tenido con Kiku más temprano. Retrocedió un par de pasos para mirar su reflejo en el cristal. Tenía veintitantos, un trabajo y una novia de cuatro años con la que planeaba casarse, todo de acuerdo con el plan de vida que había moldeado buscando encajar en una sociedad que desde siempre le había hecho sentir un marginado. Posiblemente se encontraba en los mejores años de su vida y de ahí en adelante las cosas no se pondrían mucho más interesantes. En resumidas cuentas, su vida era aburrida y a decir verdad, no había razón para cambiar. Era más sencillo seguir el plan. Pensándolo de nuevo, las flores eran algo tonto, quizás debía guardar esa sorpresa para una ocasión especial. Quizás la siguiente ocasión en que intentaría pedirle matrimonio a Marianne.
Miró a las personas pasar detrás de él, posiblemente encerrados en su misma monotonía. No esperaba encontrarse con él. Con el viento revolviendo más su oscuro cabello y con unos ojos contentos, le vio dar la vuelta a la esquina. Su corazón dio un fuerte golpe en el pecho. Cuando le vio cruzar la calle supo que no podría quedarse ahí. Sin pensarlo, entró a la florería, dando un pequeño tropiezo pero arreglándoselas para no caer.
-Disculpa ¿buscas algo en particular? –La chica que ordenaba los ramos se acercó más a él -¿son para alguien o buscas algún tipo de flor en especial?
-n-no… solo estoy mirando… gracias…
-oh, si necesitas ayuda no dudes en decir -¡ANTONIO! -Dio un salto al escuchar sin entender. La rubia corrió a la puerta del lugar. -¡Antonio! ¡Cuánto tiempo!
No podía creer su suerte. Lo único que se le ocurrió fue ir al fondo de la tienda a esconder su rostro entre las flores hasta que un sujeto con una cicatriz en la frente le advirtió con la mirada que no podía ir más atrás.
-¡Emma! ¡Se me había olvidado que la florería estaba en esta calle! –se rio un poco de si y la envolvió en un familiar abrazo -¡es bueno verte!
-Tu siempre tan despistado… Lo mismo digo. Desde que te fuiste, la florería ha estado muy callada. Ya sabes, mi hermano no es exactamente del tipo platicador.
-Si lo recuerdo.
La risa que dejaron escapar después llamó la atención del sujeto de la cicatriz, siendo una oportunidad para Arthur de escapar del lugar sin ser visto.
-Deberíamos salir un día de estos por un trago o algo así ¿no crees?
-no sé si tu hermano esté de acuerdo—
-¡qué importa que opine mi hermano! Aun tienes mi teléfono ¿no?
-si -oh, lo siento. ¿Tienes gente para atender?
Arthur dio un nuevo salto. Le habían descubierto a un par de pasos de la puerta. Dio un suspiro y se viró con falsa curiosidad, tomando después un gesto sorprendido.
-oh… ¡eres tú!
-¡Arthur! Creo que este es el último lugar en el que hubiera esperado encontrarte. ¿Buscas flores para alguien en especial?
-n-no… solo… mi novia-
-¿tu novia tiene alguna flor favorita?
La chica de cabello corto interrumpió.
-¡oye, ese es mi trabajo!
-no te quejes, no planeo cobrar un sueldo–le guiñó el ojo –tu puedes quedarte con el dinero.
Arthur fue alternando la mirada de uno a otro y se puso algo nervioso cuando se dio cuenta de que Antonio aun esperaba una respuesta.
-N-no se preocupen, solo estaba mirando. Creo que guardaré las flores para un día especial.
-¿Un día especial? ¿Qué tontería es esa? Son flores, no diamantes. ¡No necesitas un día especial para regalarle flores a la persona que amas! ¿Cuándo fue la última vez que le diste flores?
-creo que… le compre unas para su cumpleaños –no lograba recordar si había sido este, o el año anterior, pero esos eran solo detalles –eran unas rosas rojas.
-vaya… eso es… algo bastante… propio.
Antonio parecía todo menos impresionado. Su forma de hablar, casi en tono de burla sumándose a la pequeña risa que se escapó a la chica, comenzó a irritar a Arthur.
-¿tiene algún problema que le haya dado unas rosas rojas a mi novia?
-No, por supuesto que no. Solo que eso es algo un poco predecible.
Se alzó de hombros con sinceridad mientras un puchero indignado se formaba en el rostro del rubio.
-¿sabes qué? Tengo algo de prisa, gracias por su tiempo.
-¡No, no! ¡Espera! ¡Solo quería decir que si quieres hacerla sentir especial, debes darle algo especial! Cualquier persona le compra rosas rojas a quien sea, si te tomaras el tiempo en elegir otra flor que te recuerde a ella, le vas a hacer saber que la ves como alguien única ¿no lo crees?
Por un par de segundos sintió que Arthur le golpearía, pero tan solo dio un suspiro.
-¿cómo se supone que voy a elegir una flor que me recuerde a ella?
-¿cómo es ella?
-bella, ingeniosa, delicada… a veces un poco caprichosa, pero siempre puedes encontrar algo bello en ella y puede hacer que veas lo bello a tu alrededor.
-¿Qué tal estas?
Cuando Emma les mostró un gran ramo de lirios blancos, Arthur dio un pequeño jadeo de sorpresa. Antonio sonrió victorioso y le dio un par de palmadas en la espalda.
-¿ya ves? Apuesto a que le encantarán. Ahora podrás entregárselas y decirle que la amas con locura y pasión.
-¿locura y pasión? -No era usual ver a Arthur reír de esa manera, tan sencilla y sincera. –No seas tonto.
-¿disculpa?
-Lo haces sonar muy exagerado.
-la amas ¿no es así?
-si, supongo; pero decir que la amo "con locura y pasión" suena un poco tonto ¿no crees? –se viró con Emma y le dijo que llevaría las flores. Mientras Antonio le miraba con el ceño levemente fruncido. –Espero que estas flores puedan mejorar un poco las cosas. Últimamente hemos tenido algunas peleas, lo que es terrible. Ya le compré el anillo.
Antonio le miró directo a los ojos.
-no te cases con ella.
-¡no seas tonto! –la chica interrumpió para entregarle las flores a Arthur y él le pagó sin dudar. –¡Solo a ti se le ocurre convencerlo de comprar las flores y luego decirle eso!
-Si bueno, quizás la próxima vez que busque un consejo acerca del matrimonio debería preguntarle a alguien que esté casado.
Esta vez rio de una manera más tímida y se llevó las flores. Emma miró algo sorprendida a Antonio y este solo le devolvió una suave sonrisa.
-No hay mucha gente, si quieres hoy puedes retirarte temprano.
-Gracias, pero creo que me quedaré un par de piezas más.
-Como quieras, concertista. Solo no esperes que se te pague por dos canciones extra.
Antonio sonrió con gracia y Lovino le sonrió de vuelta antes de ir a la parte trasera del restaurant.
El lugar estaba casi vacío. Era algo normal los jueves, pero si a Antonio realmente le preocupara tener un público para que le escuche, no se encontraría trabajando en ese lugar. Dio un profundo suspiro y puso los dedos sobre las teclas del gran y viejo piano de cola. Toco un par de acordes y si mano derecha decidió pasearse por unas teclas de manera juguetona. La melodía que era ligera, fue tomando un tono de melancolía.
Las pocas personas que quedaban, incluyendo a los meseros fueron dirigiendo miradas de curiosidad hacia el piano. La melodía se fue apagando luego de un rato. Un par de aplausos tímidos se escucharon a la distancia.
-eso era… ¿Schubert?
Antonio dio un pequeño salto en su lugar y se viró para encontrar a quien le había sacado tan violentamente de sus pensamientos.
-N-no se… no lo recuerdo.
-¿Cómo puedes tocar una pieza así y no recordar al compositor?
-Mis dedos son los que tienen memoria, yo no.
-qué curioso…
Arthur se llevó las manos a los bolsillos y apoyó su peso en la otra pierna.
-disculpa ¿Qué haces aquí?
-Quería agradecerte. No sabía si estarías aquí hoy, pero no perdía nada en ver. Resultó que los lirios blancos eran las flores favoritas de Marianne. Ya tenía un tiempo sin verla sonreír así.
-Me alegra haberte ayudado. Aunque creo que también tendrías que agradecerle a Emma.
-Si bueno… creo que tienes razón. Pero me siento en deuda contigo. ¿Cómo es que siempre decides ayudarme?
El castaño negó con una pequeña sonrisa.
-Hay algo en tu rostro. Quizás en otra vida, me salvaste la vida.
-Quizás… ¿te puedo hacer una pregunta algo entrometida?
-hm… pero no responderé si lo veo necesario.
-¿qué haces trabajando en un lugar así? No digo que tenga nada de malo solo que… eres muy buen músico. Esperaría encontrar a alguien con tu talento en una escuela de música o dando un concierto… pero no en un restaurant más o menos elegante de comida italiana. Sin ofender.
Lo último lo dijo tratando de suavizar el gesto del pianista, esperando en vano que no se lo hubiera tomado muy personal.
-Me gusta este lugar… aquí puedo tocar lo que quiera y la gente no le presta demasiada atención. Soy solo música de fondo para que la gente se sienta cómoda. Nadie se detiene a escuchar la música de fondo. Puedo tocar Schubert o Lady Gaga y nadie va a notar la diferencia.
Se alzó los hombros con gracia y comenzó a guardar sus cosas.
-Bueno, puede que algunas personas no lo noten, pero a mí me parece estúpido que la gente se pare a bailar una pieza que ni si quiera es un vals. En especial cuando tu respetas los silencios con tanto cuidado.
-Hablas como si conocieras de música.
Su rostro quedo de un color rosado y su mirada escapó de la contraria. Le habían atrapado.
-si bueno, de pequeño tomé clase de música. Piano, violín, guitarra… tuve una etapa en la que pensé en dedicarme a la música.
-¿y porque no lo hiciste?
-uhm… -Paseo los dedos por su rubia cabellera fingiendo admirar algo a lo lejos. –primero que nada, me di cuenta que disfrutaba más escribir palabras que música.
-¿Y cuál fue la otra razón? ¿Te daba miedo terminar trabajando en un restaurant más o menos elegante de comida italiana? –Ambos rieron, pero Arthur no contestó. –De cualquier manera, ya tengo que irme.
-Gracias de nuevo, Antonio.
-No es nada, no es nada. Suerte con…
-Marianne.
-¡Por supuesto!
Mientras Arthur le vio irse con una pequeña sonrisa de gratitud en los labios, Antonio se fue sin rumbo fijo. Las luces de la calle le guiaron por un paseo nocturno hasta algún lugar donde encontrar un buen trago y buena compañía.
N/A: A quienes siguen esta historia, disculpen la enorme demora y gracias por toda su paciencia. He estado encerrada en la universidad a tal punto que me puse a escribir aquí dentro.
Bueno, bueno. Si no era obvio: Kiku era Japón, Mei era Taiwan, Vash era Suiza, Emma era Bélgica, el tipo de la cicatriz era Holanda y... creo que esos fueron los cameos de hoy.
Y AL FIN LA HISTORIA COMIENZA A TENER FORMA! Créanme que no hay nadie mas feliz por esto que yo, aunque cosas como porque Antonio toca el piano y no la guitarra o porque esto es un fic UKSp si Arthur quiere casarse con Marianne son cosas que aun no les puedo dejar saber. Aunque me encantaría escuchar sus teorías. Oh si. Sean tan amables de dejarme reviews con su opinión, teorías o no se, lo que sea que este capítulo les haya inspirado que esas cosas me hacen feliz. Muchas gracias por leer y espero estar por aquí pronto!
