¡Buenas!
Muchisimas gracias por sus comentarios y sus follows! Realmente me hacen feliz y me dan ganas de continuar con la historia!
No pensaba actualizar tan pronto, pero se lo han ganado (¿?)
Espero les guste!
Sentía un calor incontrolable en todo el cuerpo, sobre toda su piel, sofocante. Incluso notaba que le estaba costando respirar, y no sabía bien si esa sofocación tan repentina se debía al ardor que estaba experimentando su organismo, o porque tenía el rostro parcialmente aplastado, enterrado en una almohada.
La cual le ayudaba a aplacar sus balbuceos incoherentes y sus quejidos lastimeros.
Yuuri nunca se había sentido tan débil, tan expuesto, tan...tan bien. Sólo había experimentado el dolor, la desesperación y la necesidad creciente y no satisfecha del celo cuando llegaba el momento y se encerraba a sufrir en soledad. Ahora, que no podía definir bien en qué momento esa situación había cambiado, podía decir que no se arrepentía del cambio. Haberle hecho caso a su instinto había sido…
- Ah...ahí, por favor…
No pudo evitar gemir alto y balbucear palabras de súplica; había tenido que desenterrar su rostro porque la falta de aire le estaba nublando aún más el juicio ya aletargado y obnubilado. Se mordía el labio inferior con fuerza, cerrando los ojos y dejándose llevar por aquella tortura…
Sintió los dedos en su interior, hurgando, explorando, abriéndose camino. No podía decir si eran dos, tres o más, porque se movían descoordinadamente y demasiado rápido para que pudiese siquiera detenerse a pensar aquello. Sus caderas, elevadas en ese momento en el aire, flexionando sus rodillas aún más sobre las sábanas calientes e incómodas, se movían al ritmo de los dedos, buscando mayor contacto, más profundidad. De repente, sintió como uno de ellos rozó algo único, mágico e incomparablemente placentero en su interior, algo que Yuuri desconocía completamente poseía...obligándolo a soltar el gemido más erótico que había oído, no pudiendo creer que saliera por sus labios.
- ¿Qué deseas, Yuuri?.- una voz masculina, grave y sensual se dejó oír, abriéndose paso en la nebulosa. Yuuri apenas podía abrir los ojos, mucho menos girar el cuello hacia atrás; El dueño de aquella voz parecía tan excitado y necesitado como él.- Sólo dímelo…
- Deseo...yo...deseo que…- no podía coordinar su mente y sus cuerdas vocales mientras aquel movimiento se intensificaba, logrando que abriera las piernas aún más.
- ¿Deseas que te alivie, acaso?
- Sí…
Los dedos se retiraron de su interior, logrando que se sintiera vacío, perdido. Por un momento sintió que ya nada tenía sentido, pero…
Un placer inigualable lo embargó, haciendo que se arqueara completamente hacia atrás, recibiendo al individuo, al hombre...al Alfa que lo estaba poseyendo en esos momentos...quién era…
El ladrido de un perro lo sobresaltó, casi logrando que cayera de la cama.
Era de día. Las cortinas de su ventana estaban cerradas pero se filtraba la luz del exterior, anunciándole que el sol hacía ya tiempo estaba en lo alto. Sentado en la cama, se notó agitado, la piel caliente, la visión borrosa. Vergonzosamente también se descubrió gimiendo, porque las sensaciones de aquel extraño pero vívido sueño seguían allí, palpables.
Descubrió con un poco de espanto que tenía una erección; por razones que no alcanzaba a comprender, aquello le generaba pudor y una vergüenza que no sabía explicar, pese a que estaba solo en el refugio de su habitación privada, en su casa…
Se recostó otra vez, pesadamente. No se molestó en colocarse los lentes, ya que lo único que veía era el monocromático techo blanco. Se acomodó un poco, incómodo con el sudor que había provocado aquellas vivencias...y el movimiento de su ropa y las sábanas rozaron su miembro despierto, y la sensación...Dios, lo obligó a mover las piernas por instinto, abriéndose. Volvió a avergonzarse de su actitud...con un poco de sentimientos mezclados, se dio cuenta que el celo quizás estaba más cerca de lo que él podía presentir…¿Por qué demonios de repente tenía esa sensación de querer...entregarse?¿Qué rayos le pasaba, si la noche anterior había estado como siempre, tranquilo y en paz?
Frustrado, manoteó los lentes, tirando su reloj en el camino. Maldiciendo se agachó, y justo cuando estaba a punto de recoger el objeto, el ladrido del perro, el mismo de antes, volvió a sobresaltarlo en el silencio que reinaba.
Sólo que ahora se oían voces.
Recogió el reloj con dificultad y volvió a sentarse en la cama. Ya un poco más compuesto, acomodó sus lentes, frunciendo el ceño. ¿Sería un perro callejero? Las voces y el ladrido se oían demasiado cerca, por lo que estaban en las instalaciones del hotel, o por lo menos, en la recepción exterior...no se permitían mascotas allí…
- ¿Se puede saber por qué demonios tu trajiste a esa bestia y yo no puedo traer la mía? Quiero decir, ¿mi mascota?.- la voz se oía enojada, frustrada y buscando pelea. Se oyó una risa.
- Porque el campeón mundial soy yo, no tú. Ah, Yuri...cuando seas como yo quizás te lo permitan…
- ¡¿Qué?! ¡Maldito viejo...no me toques!
- Oye Víctor, mira ese castillo...debemos ir. Las fans quieren saberlo todo, deberíamos tomarnos unas fotos.- una tercera voz, más grave y tranquila que las otras dos se dejó oír.
Otra vez no podía respirar, pero ahora era real.
Se le cerró el pecho, sintiendo como un nerviosismo intenso e inexplicable surgía de su ser al oír las voces. O no sabía bien si había sido reacción ante alguna de ellas. Se tocó el pecho, notando como su corazón también parecía desbocado. Pero qué…¿Campeón mundial? ¿Quién era, de qué hablaban, bestia? ¿Cuál de todos era el tal Víctor?
- Yuuri.- la voz de su hermana casi logra que saltara hasta el techo de la impresión.
- ¿S-Sí, Mari?
- Levántate. Vino mucha gente al hotel esta mañana, necesitamos ayuda con mamá.- por extraño que pareciera, Yuuri notó emoción en la voz de su hermana y por qué no, un leve nerviosismo. Miró la puerta de madera mientras oía como se alejaba a paso rápido sin aguardar respuesta.
¿Qué estaba sucediendo?
- Yuko-chan…¿se puede saber qué haces aquí? O lo más importante, ¿por qué estas vestida como si trabajaras aquí?
Yuuri no pudo evitar el sarcasmo en su voz, porque realmente la situación le generaba un poco de gracia. Apenas había logrado recomponerse y vestirse, su hermana - en un estado de euforia mal disimulado que sorprendió enormemente al castaño, porque se daba una vez cada milenio y él aún no había sido testigo de ello todavía.- le había informado que un grupo de sujetos que iban por cuestiones laborales habían decidido cambiar sus planes y alojarse a último momento en su hotel por cuestiones de seguridad; por supuesto, no contaban con el número suficiente de habitaciones preparadas para las…¿20, 30 personas? que habían llegado al mismo tiempo, y todo había sido un caos. La recepción se había convertido en una especie de trinchera de equipaje, e incluso Yuuri había alcanzado a vislumbrar un perchero que tenía en él trajes de colores muy llamativos…
Se habían puesto manos a la obra. Yuuri estaba tranquilo y feliz de que aquella extraña e incómoda sensación parecía haber abandonado su cuerpo, y había trabajo eficientemente. Le costaba entender qué clase de gente era la que había llegado…¿cuestiones de seguridad? ¿acaso eran empleados del gobierno, o algo así? ¿qué hacían en aquella región?
Ahora, en el pequeño salón de la familia, se podían permitir un descanso. Cortito.
- Es que…¡no tenía una excusa para estar aquí! Y tenía que verlo en primera plana.- los ojos de su amiga brillaron, un poco exaltada.
Yuko era otra de sus pocas amigas fuera de la universidad. Se conocían de pequeños, y aunque ella era un poco mayor que él, siempre habían compartido gustos similares. Sus padres eran parte de la comisión del complejo deportivo de la ciudad, y Yuko siempre había sentido fascinación por el hielo, por el patinaje. En una ocasión, ella había intentado hacerlo patinar...con resultados calamitosos. Desde ese entonces, sólo se había limitado a observarla bailar en la pista y a mantenerse alejado de ella, también por cuestiones de seguridad.
Por supuesto, a diferencia de él, ella sí tenía una vida. Se había casado y tenía tres maravillosas hijas...era una Beta, cómo no...
- Estás sangrando.- Yuuri no entendía qué era lo que le provocaba semejante emoción, considerando que su mundo siempre había girado en la pista de hielo de la ciudad y en sus pequeñas hijas…- E-Espera un momento…
Tuvo un cortocircuito mental, y su cerebro comenzó a hilvanar ideas rápidamente.
Hotel, mucha gente, cuestiones de seguridad, Yuko sangrando...sólo faltaba que apareciera Minako sensei y…
- ¡Yuuri!
Oh, por todos los cielos…
Minako sensei apareció por la puerta como un huracán, agitada y con una expresión en el rostro tan mortalmente seria que Yuuri ya intuía por dónde venía la mano. Se acomodó las gafas, dándose cuenta de lo tonto que había sido...esos trajes tan llamativos...no pudo evitar sentir una pequeña emoción también, después de todo…
- ¡¿Es verdad que están aquí?!
- No sé de qué hablas, Minako sensei…
- No te hagas el estúpido. ¿Dónde están?
- Disculpen.
Una voz grave, masculina pero de un tono jovial se dejó oír detrás de Minako sensei; ésta, al escucharla, se apartó rápidamente hacia un costado, detectando la presencia del hombre detrás de ella.
- No quería interrumpir, pero…¿Makkachin puede entrar, verdad?
Ambos tres se quedaron en silencio, sólo observándolo. Más bien, a Yuuri le parecía que a los tres les pasaba algo similar, a diferentes escalas, y él claramente era el más afectado.
Porque aquel hombre de ojos verde agua sólo lo miraba a él. Parecía que había escaneado la habitación y de repente, como si Yuuri fuese una luz incandescente en medio de la oscuridad más absoluta, sus ojos le habían descubierto allí, sentado, despatarrado y un poco sucio por la labor. Ni siquiera entendía de qué hablaba aquel sujeto, ¿quién era Makkachin?
Y aquel tipo parecía...gratamente sorprendido.
Yuuri jamás había visto a un hombre tan atractivo en su vida, y nunca esperó que alguien así se fijara en él…
Y otra vez, comenzó a sudar. Estaba agitado, como si hubiese estado corriendo kilómetros enteros sin descanso; tosió, carraspeó e intentó disimularlo como pudo, aún sintiendo la mirada de aquel sujeto como él. Sintió que a su lado Yuko también se estaba descompensando.
- Eh...claro que si, Víctor…¿puedo llamarte Víctor, verdad?.- la voz de Minako sensei estaba al borde del colapso, y Yuuri sabía que aquello no era nada bueno.
- ¡Claro! Un gusto.- lo oyó sonreír.
- Dios…- por el rabillo del ojo notó que Yuko temblaba débilmente.
Yuuri intentó levantarse, sin éxito.
Quería huir de allí, cuanto antes. Era la voz de aquel sujeto, el tal Víctor, quien lo había puesto así la vez anterior. Era su presencia la que había despertado en él aquellos extraños y repudiables instintos de entrega…
Era un Alfa.
Y había decidido llegar en el peor momento de su vida.
Bueno, espero les haya gustado! Haganmelo saber! :3
Nos leemos!!
