Dobleele; Heeey, gracias por venir a comentar, no te guardas nada, eh. Ya veremos en otro capítulo lo que pasaba con Sanji en las fiestas de té, esos invitados le complican los planes a kata. AH!, no metas a Pudding aun, ella tiene que hacer algo y no creo que nos guste.
Uuuh, narrar como la harían estos dos es un show, no imaginas como le saque la vuelta a describirlo sin exagerarlo, ay noo, con solo comparar sus estaturas… se me congelan los dedos esperando como solucionarlo. A la otra me diré "A COMO CAIGA" tengo por ahí unos párrafos explícitos mas que alegóricos.

espero las vacaciones me den más ganas de complementar la historia que a irme a jugar eventos de MHW…

Stoop stooop, es mucho que digerir, S!; deberás que me emociono ahora que vienes a dejar reviews, por ello el seguimiento de este fanfic me tiene que rendir para antes de que la moda "Katakuri" se me vaya!. Disfruta el siguiente capítulo por favor!

Notas;

Veremos un poco más de los recuerdos de Sanji, en el siguiente estará el cómo se conquistaron estos fulanitos, les juro que kat es un ridículo en estas cosas y Sanji va directo a lo quiere.

La aparición de alguien tiene que levantar algunas sospechas sobre los bandos, ni se adelanten porque hay taaaaanto que narrar…

Esta versión no contiene sus imágenes, pueden verlas en otros servidores asi como mi cuenta de FB; el contenido es simple cuatro viñetas y un reproductor de música sorpresa….lo que hace uno por ustedes… aprender más html y códigos para enlazar música.

+++H+++

There are things inside me that look for you,
There are things that come and cross the woods to take me, my love.
Again, a feeling is haunting me up.

+++H+++

No requería ser custodiado, excepto que se ganó esos ojos en su espalda que juzgarían sus próximas estupideces, impulsos, u ideas de piratas… Porque él era un Chef de una cocina VIP en una isla; ¡Cruel tierra firme protegida por las manos de esta familia!

Su sobrevalorado puesto descansaba encima de la jerarquía de la infantería.

Su trasero valía más que los batallones familiares, más que la destrucción de una isla por berrinches de la misma creadora.

¿Sus diestras manos tenían el derecho de infectarse de heridas?, No, contesto Mont-d'Or mientras pasaba lista de las filas de los decallizos que aguardaban los pasillos exteriores a su habitación.

¿Tenía derecho a defender a los comensales?, Smoothie trató de ser amable prometiéndole que ella se encargaría de los problemas. Lo juraba…. salvo que estos Comandantes llegaban en el clímax de los eventos.

El perfecto Katakuri vivió años ocupándose de sus dominios; hasta de sus hermanos, permaneciendo invencible e intocable al acatar o no las ordenes de Big mom.

Ese oji-carmín presto su paciencia a la ocupación de Sanji, esas botas de corte mosquetero no le levantaron hasta que la clausura de la cocina se daba por las madrugadas… la tensión de su presencia alteraba al rubio, ahora imagina la presión de los demás chefs a su alrededor.

El staff de cocineros, asistentes, aprendices y chefs superiores se contagiaron de la fobia de Sanji-va-a-sacrificarse-en-algún-momento. Por ello es que si el comandante despegaba la vista al ser llamado por altos mandos, entonces la culpa recaería en esos colegas cocineros…

El Vinsmoke maldecía lo impulsivo que fue, figuradamente le ardían las piernas de rabia al oír que había postres especiales a entregar para calmar a la Emperatriz. El brazo flexible del hombre-mochi alrededor de su cuerpo no le dejaba escapar y acudir al exterior….

Esa defensiva, ese heroísmo tan imprudente contra Big mom, hizo que los ministros tomasen propias medidas para que el rubio se centrara en el producto y no a como entregarlo.

Por ello; esos ojos carmín aceptaron la primer ronda juzgadora, esa primer guardia la empleó en percatarse que el alimento que simplemente llegaba a él a la hora deseada no aparecía en manos de los cocineros al requerirla.

Katakuri conocía sus dominios, sus ingredientes, pero no la combinación de Sanji y la ilimitada virtud de una cocina.

Sanji encajaba donde se le necesitaba, pese que no buscaban cansarle se le notaba tenso al innovar unas cuantas recetas, 'No deberían tenerme tantas preferencias' Renegaba el oji-azul cuando le devolvían a su escritorio sin dejarle ensuciarse las manos con lo que adoraba.

Desde los ojos futuristas del Comandante, conversaciones no brotaban a menos que Sanji se negara a algo, que levantase la voz implicaba que el hombre estaría de su lado.

Su interacción cedió hasta que los cocineros subieron a dar un coro especial para una fiesta de té.

Sanji sirvió un desayuno para descansar y brindar después de ese maratón de figuras dulces con los animales favoritos de la joven Anana. Pues el oji-carmín durmió sentado al observar así como el rubio quedo inconsciente varias veces contra esa descomunal silla en medio de la cocina.

Katakuri intervino al no solo encargarse de que las esculturas fueran llevadas con seguridad a la fiesta, su altura convenía al atrapar piezas que se desprendían antes de que sucediera, sostenía la escalera del oji-azul sin necesitar ese firme agarre.

Sanji solo se apartaba de esa pesada tarea para preparar las comidas de los ministros que no defendían sus propias islas….

Se retiraron a una habitación con comedor, a duras el cocinero llevaba los platos a la mesa: A ese mueble diseñando especialmente para el Charlotte y sus altos semejantes.

La fatiga les brotaba desde los pies hasta sus desordenados cabellos. Katakuri se había sentado en su designado puesto salvo que antes exigirle privacidad, el oji-azul cayo dormido con la frente fuera de su plato y en mano ese tenedor sosteniendo las sobras de merengue frutal.

Esa breve muerte despisto el apetito del hombre-mochi…¿Qué duraría más?¿Seis platos de crepas o la narcolepsia del cocinero?.

Se quitó la bufanda, no movió a Sanji evitando retar su suerte, era todo un dueño de lo imprevisto pero el hambre le distraía de la misma forma que ver al rubio cocinando.

El día anterior Streusen desenfundo su espada contra el Vinsmoke cuando Linlin deshecho su platillo, le desconcertó esa amenaza, se paralizó sin levantar mano alguna ¿Por qué su padre reacciono así?, le aterrorizaron sus palabras más que esa arma.

El cocinero no tuvo intención de defenderse…Si no fuera por la atenta vigilancia del peli-carmín….

Las disputas familiares surgían de momentos, sabía que la integración del rubio a esa generación de chefs provocaría esas reacciones.

No eran perfectos, por ello moldeaban las uniones familiares, mataban o agregaban temporalmente lo que necesitaran.

Esa mañana Perospero se encargó de duplicar una cocina y demás estaciones para los futuros aprendices, la verían al anochecer tal vez tras dormir en horas de labor… los hermanos Charlotte adaptaron los techos, mesas y paredes sin ventanas para que tanto el Vinsmoke como Katakuri no sufrieran la presencia de otros indeseados.

Frio, incómoda humedad en su cálido rostro; su mejilla estaba empapada; si no fuese porque su otra mano inconscientemente empujo su cerveza; Sanji se quedaría ahí una semana u otra hora hasta que Mont-d'Or le recordara sus debidas horas de trabajo.

Abrió pesadamente sus ojos notando cuatro platos vacíos y uno con comida regada sobre el mantel. La cabeza del descomunal Charlotte se recargaba en su hombro izquierdo, una burbuja de sueño brotaba de la nariz del comandante, ese Sweet combatiente que roncaba…..sin su bufanda, sin la bufanda, ¡Con la boca abierta y unas cuantas fresas enteras y clavadas en los colmillos!, esas sí que eran puntiagudas perlas…

Estiró la mano buscando por una servilleta, limpió el charco para volver a caer dormido, Sus parpados le vencieron mientras los ojos de su vigilante no procesaban ese murmurar soñoliento del oji-azul.

+++H+++

Es un reno formidable. Determinado a cargar los recursos que traía al dulce e impenetrable hogar del cocinero. La búsqueda y recopilación de alimentos que había sugerido Charlotte se denotaba en las idas y vueltas que Tony daba por el equipo.

Su olfato lo traía a casa, independientemente de qué forma se movía el bosque, entre ese caótico patrón de elementos le tomaba unos minutos volver a con su jinete.

La vigilancia de Cracker fue relevada a Opera, ese hermano protegía y reforzaba la montaña donde la nada sutil fortaleza de la pareja se había construido, en su mayoría, los Charlotte se dejaban influir por las predicciones de Katakuri aunque otros le admiraban dejando estas obligaciones a los mayores.

Opera usaba su fruta para que el techo y las estructuras que la unían al interior de la montaña se reforzaran, la pesada caída de la nieve que se aproximaba parecía preocupar a su hermano… debía hacer un obra que ganase sus elogios.

El hombre-crema notaba venir al cuadrúpedo cual relinchaba desconcertadamente agudo pese a su estatura y amenazante cornamenta; Opera le echaba una mano al bajar el equipaje de su lomo para colocarle esas mochilas de repuesto que había en su corral….

Al filo de ser cubiertos por los últimos minutos de sol; Los aventureros volvían satisfechos. Tony trotaba apresurándose para que le encerrasen en su corral y dormir plenamente. No merecía tal esclavitud que sobrepasaba su lealtad.

El rubio optaba por ser llevado pues la carga que protegía pesaba tanto como él, no se la confiaba a su esposo, quien lo rompería y comería con tal salvaje apetito ¡Demandaba energía para defenderle!, Responderle con que 'había comida en casa' le molestó.

Fingió que no le dirigía la palabra cuando la realidad de su pesado caminar demostraba lo pulverizado que estaba de usar su Haki, siempre alerta, sobrexplotando sus visiones dentro de su paciencia. El hombre-mochi se derretía salvo que debía partir al mar bajo ese cercano cielo de estrellas.

Entre sus piernas y por debajo de su capa, protegía en un cálido abrazo a un huevo misterioso decorado como una dulzura de chocolate, ¡Imposible que fuese un núcleo de nuez el que se agitaba dentro!

Qué pena que no identificara a su madre antes de tomarlo, ofendía la especial capa que usaba por ahuyentar a los vivos con piernas.

Qué día de sorpresas, qué pesada carga era pegar la responsabilidad y los ojos a ese inquieto entusiasmo del rubio.

El bosque quería comerle, en un parpadeo sucumbiría a su indagación a más allá de buscar alimentos. El Charlotte no se había masajeado su cien desde que un ataque de hambre de Big mom duro una semana por que el traslado de un ingrediente desato tres guerras a la vez.

Agregaremos a la cuenta de eventos de esa misma tarde el cómo Sanji encontró una sospechosa madriguera de cual salían flotando adorables dientes de león; el cocinero no soporto ir de largo, trono sus dedos ansioso; Aprovechó el adelantado rango de protección de Katakuri para asomarse en tal nido.

Probablemente dudo mucho en meter un zapato pues el peli-carmín le cargo como el malcriado chef que era. Para que recobrase la cordura para retenerse y recordar las reglas de exploración; Recorrieron un largo puente de moscovita, el brillo cobrizo reflejaba lo desilusionado que su cuerpo lucia doblado sobre el brazo derecho del oji-carmín.

Que le cargara no evitaba que apuntara a donde quería ir.

++H++

Con un dedo, con un toque, ¡con esa uña rompió el huevo!

Tras correr por las escaleras de la casa, se resistió a esa esponjosa y pegajosa masa del usuario que injustamente lo arrastro con facilidad a esa cómoda sala; a la recepción tras la primer puerta de esta fachada súper-empalagosa que tenia de "casa".

El amante de los dulces se había tirado a uno de los sillones de Biscuits. La cama estaba a millas si lo pensaba desde esos cojines. Katakuri peleo a por el destino del huevo pese que el cansancio se apoderaba de su cuerpo.

La fatiga de cuidar a este curioso cocinero no se comparaba a luchar contra piratas, o al buscar los regalos indicados para cada cumpleaños de sus hermanas.

Así que obligándolo a cooperar; Katakuri atrajo el cuerpo de Sanji por sobre su pecho demandando a por una pequeña siesta, no solo las dulzuras le proporcionaban fuerza….

Enfocándonos al caso del asesinato… El Charlotte había despegado una de las tiras decorativas del huevo, bastó con que el mismísimo oji-azul corriera supuestamente protegiéndolo como para que la cinta terminara de recorrer el cascaron; ese supuesto listón se despegó provocando una explosión, pues su parte superior salió volando con una tonada de felicitaciones.

Parecía ser un dulce regalo de la naturaleza por eso opinaban que hacía falta que un ganso saliera lleno de serpentinas pese que solamente contenía un interior lleno de claras y yemas que embriagaban por su olor a mantequilla y almendras.

La cena de media noche fue entre fríos y cálidos pays, las orillas de galleta se deshacían en los guantes de Katakuri, su impaciencia por llevarlos para su viaje hacia que imprudentemente los volteara del molde a su boca.

Despidió a su pareja empacando otras dulzuras de queso-crema con frutas altas en azúcar. En su alacena quedo una bolsa de pistachos y unos bombones bañados coco que escondió para que reposaran y así comerlos en su punto.

Que lastima, mañana tendría que salir de caza….

++H++

Descuidadamente (¿O acaso podía ser tan pervertido como él?) el oji-carmín se llevó unas de sus prendas favoritas para dormir, eso le tenía inconforme estando semi-desnudo sin compañía alguna. La madrugada le llamaba, esta era una de esas escasas y solitarias veces que huía a ver el amanecer.

Salió, conscientemente dejo su capa colocándola en la perilla de la puerta, le convenía no ahuyentar a los animales trepados entre ramas pues durante lo poco que durmió; el bosque aprovecho su breve sueño para cambiar.

Conocía esos troncos violetas con las deliciosas hojas amarillas que caían, le llamaba interminable masa de hojaldre, era increíblemente pesada pese que frágiles ramas secas las producían.

Contento, busco a por las charolas, cruzo el puente a su derecha para colocar esas laminas juntas unas con otras; no había porque trepar, si las ardillas jugaban rudo entre ellas, puede que las hojas caigan por si solas mientras pre-calentaba los hornos exteriores.

Afiló el hacha dentro del almacén de herramientas, necesitaba cortes de madera, de preferencia aquellos que ardían dejando su buen sabor… Amaba que las posibilidades tradicionales estuvieran a su alcance.

Pese a la emoción de "hacer las cosas por sí mismo", esa madera recién cortada, seca y organizada dentro de la cabaña de almacenaje le golpeo exactamente en su entusiasmado corazón. Tenía energía de sobra y ese gesto de leña al alcance le hizo suspirar arrebatándole su notable sonrisa.

Encendió dos hornos de adobe, tardo una hora de más debido a los restos de crema que tapaban ciertos filtros, después llenó un recipiente de agua gracias al rio de junto, había césped seco a los alrededores por lo que tenía que humedecer una zona segura.

El mochi-andante no estaría de acuerdo protegiéndose del invierno entre galletas quemadas.

Regreso a por las charolas, maldecía que no debió confiarse, estaban repletas de montañas de hojaldre, incluso el pegajoso suelo le daba problemas. Algunas hojas tenían huellas de ardillas por lo que utilizo un cuchillo para desechar esas partes indeseables.

Acumulo kilos en un tazón laminado con lo que definitivamente usaría, los problemas de no traer consigo su capa se notaban en la forma en que los animales no propensos a ser los depredadores intervenían.

Arrendajos le pellizcaban el cuello, chocaban contra él, jalaban su cabello al pasar volando, luchaban por sus territorios y eran muy explícitos en humillarlo para que corriera.

Un gran ratón de campo nadó entre los bultos de hojas hasta llegar a una de sus charolas, la tomó con la boca mientras Sanji jalaba el lado contrario. El desgraciado tenía hambre y el estúpido bosque se tupia de comida. ¡Que animal tan infeliz y envidioso!

Le preocupaba no volver a ver la lámina más que la imprudencia del peludo agresor.

Con la intensión de recopilar sus herramientas, Sanji deshecho el resto de la masa, esos codiciosos animales tendrían lo que querían, puede que su primer experiencia sin su capa lo lidiara con diminutas bestias pero se daba una idea de lo que pasaría en otras zonas.

Por ejemplo; Pandillas de gecos apoderándose de los árboles para devorar las plagas de los arboles contaminados, su territorio se expandía mediante se acercaban con facilidad hasta el cocinero, quien era un casual invasor.

Sostuvo el tazón entre sus brazos gritando aunque los sonidos de esas salamanqués hacían que apresurara el paso, ¡Definitivamente le aterrorizaba que le persiguieran!

-¡S-son unos bastardos! ¿Por qué son así de inteligentes?- Restregó los dientes exclamando el cómo esos diminutos gecos le cerraban el paso al puente con una barricada de sus cuerpos.

Retrocedió por sobre sus pasos, ¡Debía distraerlos, perderles!. Si no salía del otoñal suelo entonces podría volver a casa u horriblemente estaría pisando un sinfín de laberintos.

¡SI LA APRECIABA!, ¡Si amaba su capa!, como no querer esa tela con horribles estampados tribales, sentía sus hombros desprotegidos, su cuerpo estaba en peligro, desde un principio sus aventuras eran caminar y recolectar ¡no acerca de sobrevivir!

De esto era de lo que le advertía Katakuri, de los depredadores, de los vivos que parecían también ser los culpables de tantas muertes con las que se topaba.

Sanji regreso por segunda vez al inicio, dejo la masa que cargaba percatándose de que solo le perseguían a él ya que evitaron sus olvidadas charolas.

La emoción de la persecución (por parte de la pandilla) disminuyó, dejaron que el Vinsmoke retomara aire mientras ellas dejaban de emitir sus ruidos de pelea.

El tez-blanca se sorprendió así mismo, perduro largo tiempo corriendo sin descansos, este ejercicio le convenía pues pasaba horas de pie, su circulación se lo agradecería. Se dio la vuelta dándole algo de coraje a esas salamanqués.

Excepto que tenía hambre, demasiada si es que no le bastaba la proteína de unos bombones.

No sufrió antes de esto, vivía rodeado de comida; La que encontraba, la que le daban, la que producía y esa que Katakuri también cocinaba a ratos ya que Sanji se apoderaba de la estufa.

El bosque actual le brindaba posibilidades ilimitadas, pero eran elementos crudos.

Notas intrusivas suspendieron la batalla, el Vinsmoke se distrajo involuntariamente levantando la mirada hasta que su mentón apuntara la densa sombra de los arboles dorados. Durante esa acción el rubio se liberó de esa agotada respiración. El desconocido ritmo de un instrumento de viendo llego a su cuerpo.

El frio de una muerte anunciada lo manipulada, la tonada se reflejaba entre la distancia por la que provenía, pese que sus pies sabían a donde le llevaban.

El intenso resonar de la trompeta se filtró en su mente. Las notas lo atraían, el eco seducía sus pasos, la tonada se repetía erizando su piel, se alargaba fuera de tiempo dejando que Sanji la murmurara como silbidos apoderándose de su aliento.

No juegues afuera tu solo, los aullidos te encontraran…

La música no dañaba, menos una trompeta que probablemente estaba maldita tocando por sí misma. A esto se refería el Charlotte al contarle como en sus visiones le capturaban si elegía salir ciertos días, no lo hacía para mal revelarle a detalle lo que su enemigo buscaba en él y lo que le pasaba.

Denominaba su método brutal con buenas intenciones.

La arboleda vecina protegía el origen de quien le hipnotizo, el manipulador sabía de él a pesar de la distancia; o simplemente era el pánico de ser la víctima.

Plateados, largos y delgados troncos húmedos eran consumidos por capas de moho, ese pasto adherido se pudría y oscurecía al principio de la zona, al superar la entrada; en el interior el cocinero trepaba y esquivaba madera destrozada entre arboles impactados por rayos.

Sanji arrugaba la nariz ante el olor, sus piernas no se libraban de la atracción por lo que usaba sus manos y brazos para aferrarse de los frágiles troncos que asquerosamente le dejaban horribles manchas verdosas en la ropa.

El camino se ausentaba de almas; con fauna seca de vida, ahogada en distintas formas en que el agua se manifestaba, la punta de los arboles abundaba en espinas que se enredaron entre ellas para evitar el sol.

No saldría pronto de este lugar pues el camino lo percibía "especifico", el oji-azul se desganaba pues no tenía estomago como para seguir otros kilómetros, 'Tenga piedad mr. Desconocido, tiene buenos pulmones pero tengo un marido que alimentar.'

No negaba que era un glorioso solo de viento, la armonía de la tonada buscaba emblanquecer su mente dejándose comer por el talento del enemigo.

Tragaba saliva buscando un escape, se exigía una forma de invalidar sus propias piernas para que pararan. Su espalda también le traicionaba le tenía recto sin permitirle derribarse a peso muerto.

La canción se hizo tenue mientras el camino se iluminaba, de entre sus pies le rebasaron los gecos que escalaron el inclinado desastre de rocas por el que él también subía.

Un hueco de luz caía sobre la cima donde vio un tronco blanco de esponjosas hojas negras en la copa.

Mientras llegaba a la punta el misterioso árbol se ondeaba, se doblaba y giraba dejándole perplejo porque pensó que un altísimo humano era otra rareza del bosque.

Usaba una larga túnica blanca de botones verdes, se rodeaba la cara con largas bufandas que usaba hasta de sombrero, con sus lentes morados se cubría los ojos pues parecía que su pálida piel era sensible.

Este sujeto de admirable afro era el culpable de su indeseable excursión, tenía una dorada trompeta, pequeña salvo que amenazadora a causa de lo que hizo.

Sanji se acercaba a contemplarlo, le pasaba lo mismo que a con Katakuri; el tener que encoger su cuello tras levantar su barbilla pues el desconocido doblegaba su estatura. Se detuvo a unos pasos sin que las notas le inmovilizaran a escuchar sus intenciones.

¿Buscaba amigos? Le recomendaría que se mudara a Sabaody, de donde escuchaba rumores de que nadie salía de esa isla sin el hermano de su vida en brazos.

Si era enemigo… le pasaría el chisme sobre asesinos con mejores Bounties viviendo en un laboratorio abandonado a islas antes de los territorios de la emperadora.

-Jovencito,- Con pacientes modales se agacho a verle. (Extrañamente ladeándose en forma de arco) -¿Es acaso este mundo un paraíso?.-

Se mordió los labios negándose a empezar este juego, no se reunieron por casualidad.

-Confiesa tus intenciones raza-albina.- Formulo una de esas preguntas-exigencias que el Charlotte peli-carmín le enseño como defensa. Está bien, tenía hambre, esto exigía mucho de él y urgía decidirse por si iría a la ofensiva.

El músico reía arqueándose al lado contrario, puede creerse que le gustaba esa respuesta. Sin embargo, terminaría su discurso.

–Sin duda lo es, después de este viaje pensé que terminaría en un purgatorio…. Yo ho ho; con vida o no; en un paraíso sin amenazas.- Echó un vistazo al techo de púas. -Estas espinas se reúnen en el valle apagándose unas a otras, y está bien, es un olimpo del silencio.-

No le comentó que su bufanda no le dejaba oírle con decencia.

-No iré a ningún lado.- Advirtió, la costumbre era negarse al enemigo mientras Tony los ahuyentaba fingiendo rabia.

Sanji guiaba su mano con suavidad a buscar su cuchillo de viaje, cual cargaba en la funda posterior de su pantalón. Qué pena que lo dejo junto a su recolección de hojas.

-Me temo que soy yo quien está convenciendo a este instrumento de abandonarme por ti.-

Terriblemente confuso entre cerró los ojos y opto por preguntar a por la trompeta maldita, porque ese parecía ser el tema de por qué la música le atrajo aquí: incluso sospechaba de la guitarra que cargaba en la espalda, esos instrumentos no combinaban.

-Es un usuario.- Dedujo el rubio, esperaba que no fuera un anciano con habilidades de metamorfosis con categoría de forma de objetos…. Eso sería asqueroso….

-Después de todo no estás tan cerrado al mundo.- Subestimaba que conociera las frutas pues lucia alejado de la relatividad de la civilización.

-No nací aquí pálido de mierda, ojala fuera tan salvaje como para intimidarte.- Hubiese seguido con su pelea verbal si no fuese porque el hombre-afro le ofreciera el instrumento dorado.

Si éste fuese una mujer, probablemente sería todo oídos, la invitaría a su casa a por un té para explicarle como no podía irse… ¿Por qué no podía? Ah, por compromiso, ¡cierto!, por qué dentro o fuera moría...

Sanji quedo en silencio dejándose llevar por como su propia mano temía tocar eso, no desechaba que el extraño quisiera cederle su maldición para deambular tocando hasta ser polvo andante.

-Su aliento te encontró, alguien debía traerla a ti.-

Restregó sus dientes hablando, -No seas tan honesto.- Ok, jugaría a que era el elegido, aquí va: Tomó la trompeta averiguando donde estaba ese logo de fabricación que conocía de los artefactos del reino Germa.

Si este buscador con afro solo actuaba, este no sería más que un relato para guiarlo incrédulamente al exterior, con gusto huiría del bosque salvo que quería hacerlo tomado de la mano de su pareja cuando recibiera la noticia de que su familia lo había olvidado.

-Me dejé llevar por la búsqueda, atravesé desde dunas hasta océanos dentro de enormes vasijas.- El hombre confesaba las obligaciones que se auto-designo.

Sanji estaba en su papel de convencido y por precavido que es, los antecedentes decían lo necesario. -¿Que tan lejano es tu hogar…. que raza eres?- Presionaba los pistones acomodando sus dedos, no tenía idea de cómo colocar sus manos.

Las rodillas le temblaban, ya era hora de volver, negociar con extraños no funcionaría aunque la batalla fuera a favor. No obstante, la música que le atrajo le había lavado la consciencia como para que fijara entusiasmo en tocar y aprender de esto. 'No habrá inconveniente en ser músico-cocinero, es lo que Big mom ama de sus hijos', pensó mientras silbaba una tonada que estaba ansioso por tocar.

La idea le vino de la cabeza pese que inmediatamente se le hundió en su estómago, su cerebro le pedía que fuese realista; ¿Qué acababa de recomendarse? ¡Una nueva cualidad como ésta pondría aún más furioso a Streusen!.

Dominar esto lo alejaría de ser aceptado nuevamente… Sanji jamás quiso ser una amenaza para su verdadero padre….

El hombre-afro froto sus manos, cuales vestían guantes de arrugada piel de imitación -Empecemos la lección, aprenderás los tiempos aplaudiendo, uno~ dos~ tres~ a cuatro~~ es lo básico~.-

El oji-azul no parecía (no podía) echarse para atrás, el enemigo aprovecho que seguía enganchado a lo que le ofrecía.

El cocinero rebuscaba el instrumento tal como juzgarlo de defectuoso, su ojo azul le llevo a ver el interior del pabellón, de donde sacó un papel enrollado.

-Con respecto a mi persona, joven; Fui lo que aún soy, de mares distantes como tu.-

El papel se abrió en su mano cuando esa respuesta le llevo a dar unos pasos atrás (figuradamente), ¿Tenia rasgos evidentes del NorthBlue?.

Tranquilo.

Los deambulantes reconocían reinos, leyes y razas en abundancia.

Tranquilo. Se repetía y sonreía nervioso. Se tragaba el coraje de despedirse ya mismo.

Sus orbes azules temblaban al regresar a su mano, su sentido de peligro aumento de cien a miles.

Cayó en el triunfo de este acechador. Este portavoz engañoso de Judge cumplió en rastrearle con esta información.

Con este Bounty.

-Sería un placer guiarte en domar lo que siempre fue tuyo. Sanji.-

La impresión trataba de su… ¿Propia recompensa?, al ver su cara con un corazón por ojo dejó caer el pergamino pues las cuerdas de la guitarra reclamaban su cuerpo. El Vinsmoke fue controlado para que colocase la trompeta bajo su propio brazo.

-Volvamos al océano, aquí no hay nadie que nos escuche.- Giro sobre su talón izquierdo, bailaba alegre de capturarle. Le dio la espalda mientras la tonada mantenía al cocinero aplaudiendo a su gusto.

La energía de esas cuerdas subía por su cuerpo, el control era sumamente preciso a comparación del viento que lo atrajo.

Bajaba a por el lado contrario por el que llego, los pronunciados y afilados escalones le hacían tropezar, aun así las cuerdas lo tenían al son del ritmo para que se levantase sin verse los raspones.

Subieron otra montaña de escombros, parecía que había un acceso en la punta pues por la luz se fugaba por ese portal. Esperaron a que una manada de gatos salvajes atravesara pues eran un obstáculo letal.

Quieto, sin comandos, tomo ese dorado regalo para golpear al peli-negro.

Al aprovechar que le dio la espalda, golpeo su pierna derribándolo. La música se reanudo con fuerza pese que nunca se detuvo, ni el cuerpo del pálido sobre el suelo. El aura verde en su cuerpo re-ensambló sus piernas permitiéndole seguir con el concierto.

Con una mano tocaba notas secas, golpeaba el cuerpo de la guitarra guiando los aplausos que el cocinero daba tras soltar la abollada trompeta.

Jugaban a la mímica, uno motivaba al aprendizaje y el otro a que le soltase.

-¡Libérame!- Aplaudió a cuatro tiempos, a mala gana la guitarra le ponía a practicar las señales de una batuta. –¡Que te jodan!-

Sus gritos no rimaban con la canción que dirigía, usaba sus talones abriendo sus piernas y encajándose entre piedras.

Las groserías del Vinsmoke, traducidas como bengalas de auxilio, fueron finalmente respondidas.

El Charlotte eligió usar su propia persona para el enfrentamiento, al alcanzarles enmudeció las suplicas del cocinero con su ante-brazo sobre su cara, sin dejar de usar el resto de su brazo aplaudió los ritmos que le enseñaban a Sanji manipulando sus manos.

El enemigo les dio la cara pues escucho cuatro pies antes de que las dos ligeras botas del tez-blanca flotaran a culpa del agarre de Cracker. –Finalmente, un guardián…-

-Te relevare desde aquí, estoy capacitado para sus tutorías.- Presumió, -Artesano pastelero y músico, es de familia.- Se describió a sonrisa sádica pese lo suave que arribo, sus aclaradas cejas no marcaban su ceño tal como deseaba.

Intervino conociendo que ganaría el enfrentamiento que comenzaría.

Sus palmadas invocaron un camino inclinado de Biscuits por la que lanzo al cocinero alejándolo con una divertida resbaladilla.

Tomo a su Pretzel derrochante de Haki. El hombre-afro tomó distancia con su mano derecha sobre su arma oculta.

-Fuiste blando con el noble Vinsmoke, mis clases serian intensivas.- Reía abiertamente, matar temerarios era su fase preferida.

-¡El desterrado volverá a casa!.- Lanzó su guitarra confiado de que la cinta que le atravesaba la dejaría nuevamente en su espalda, de su cintura desenfundo un bastón emanante de muerte.

Las palmadas del peli-morado moldearon una barrera por detrás del enemigo, las galletas se ensamblaban delimitando el lugar donde le mataría. –Al tocarme empeoraras tu tortura, ¿Comprendes que morirás?, no seas persistente-.

-¡Quien golpea tendrá réplicas de sus actos!,- Con terco valor, el dueño del afro ignoraba que terminaría atravesado con los duplicados de una espada contra la pared de duros Biscuits.

Entre altos y bajos el rubio se deslizaba irregularmente siendo seguro o no, al salir del valle de púas; Tony lo atrapo con su hocico, deteniéndolo de su camisa, lo arrastro como una cría castigada pues el reno era quien se le gritaba si este cocinero resultaba víctima de los curiosos.

++H++

El tocadiscos funcionaba con un dial, una tecnología de los cielos de esencia marítima debido a su forma de molusco. Si lo combinaban con un den-den la música funcionaba al igual que las bocinas de un teléfono-caracol.

De una rojiza funda de papel saco otro regalo de bodas; el álbum de "Baile de té".

Flautas se mezclaban con platillos, una guitarra acústica acompañaba las voces gemelas que ambientaban una ópera competitiva. El cocinero no evitaba bajar las escaleras al ritmo, si se tropezaba reía por ridículo en lugar de disimular esos descuidos.

Al terminar de almacenar todas las charolas del horno, el oji-azul se recargaba en la pared susurrando la melancólica letra que no le pertenecía a ninguna pista, se interrumpió a si mismo defendiéndose de la presencia de Cracker.

El peli-morado le ordeno que usara ese disco, pues para sospecha del rubio, el aparato parecía ahuyentar desde la ambientación del rio hasta el pasar de las nubes.

-No lo necesito ni voy a usar su nombre para defenderme.- Refiriéndose a su pareja de por vida, no veía venir que buscadores independientes consiguieran persuadirlo sin total fuerza.

-Confía en el apellido, las amenazas salvan mi tiempo de presentaciones.-

A cierta hora cerca de la noche, las lentas cocciones estaban terminadas, frías. El tocadiscos comenzó a emitir el sonido de la aguja, hipnotizante, el eco del bosque lo repetía…

La noche estrellada brillaba tanto como las luces que funcionaban por el molino de agua junto a la casa, aún a cielos rosas, las luces a lo alto llegaban temprano.

-No más agradecimientos, es un deber, un laaargo favor para complacer a mamá.- Lo frio de sus palabras rimaba excelente con su acento. Pese que Cracker no ocultaba el hambre al recibir piezas de cada tartaleta, por gula término con diez charolas; esas especiales para muestras que ahora fueron como su paga.

Actualmente flojeaba bajo una de las pérgolas dulces (el set completo del jardín incluía mesas y sillas para la comida al exterior). Tenía en mano una taza de fina y deliciosa harina especial con chocolate y una infinita munición de Biscuits.

Varias armaduras andantes rodeaban los puentes, muchos de ellos habían sido construidos y sobrado "sobrevivientes" tras el secuestro.

-¿No hay territorios por conquistar, Eh?- La relajación de Cracker la creía inusual pues le conocía por ser un firme soldado.

-Mamá sabe de prioridades, si dependieron totalmente de mí, probablemente nos divertiríamos en guerras y viajaríamos con una escolta como esta.- Subió las botas a la mesa empujando uno que otro traste.

-Soy un usuario de miles de ejércitos, un Sweet con cuanta munición "necesites".- Evitaba mencionar todo tipo de festivales a los que falto por estar en este lugar, no obstante, el Charlotte también había encontrado ingredientes salvajes y mejorado aspectos de sus guerreros con ellos.

Más armaduras significaba que Whole Cake crecía en fuerza militar.

Por el lado contrario de la mesa, Sanji revisaba sus vendas, había desinfectado sus raspaduras cuando la primer tanda se horneaba. Los vendajes eran exageraciones de Cracker.

-Uh-huh.- Suspiro. –Tu última generación de cascos endurecía por sobre-cocción y sabía a jabón.- Encendió un cigarrillo esperando que el olor ahuyentara al comandante.

Con furia rompió un Biscuits contra la esquina de la mesa, se desahogó para perdonarle y seguir tan tranquilo como estaba. A un solo dedo encima del rubio, Katakuri lo sabría. A pesar de eso; de los insultos, de los golpes, de las provocaciones… Cracker era un líder de marionetas y Sanji parecía intentar un estilo de lucha de corto alcance.

En escala de uno a diez, decía "no gracias" a un dizque-piadoso cambio de golpes. Los ministros eran castigados al ser un riesgo para los Chefs.

Lo que le restó de galleta la sumergió en su taza... -Fabrique esos accesorios para intoxicar cierta pandilla que devoraba cabezas.-

Toda creación tenía un porqué, y esos ocurrentes pensaban en comerse sus armaduras para reducir las filas, nunca estuvo orgulloso de esa artesanía tan desagradable.

-Te los mostré para que opinaras que tan apetitosos parecían, ¡Cuando lo mordiste carcajee en el camino y seguí recordándolo cuando regrese al castillo!.- Invoco otro bocadillo y uno más sobre la cabeza del rubio para ver cómo se quemaba por ese rostro ardiendo en vergüenza.

Sanji se la quitó de encima y la mordió, era durísima, el Charlotte tragó temiendo del temperamento del rubio.

Afino la voz tratando a apaciguar a su protegido. –Al menos concordamos en que este bosque es un nocivo sosiego para la cordura.-

El peli-morado aplaudió, mientras galletas llegaban y formaban una versión de su guerrero favorito como un delgado sirviente cual termino los deberes de Sanji.

'Un comandante que no olvida las comodidades'. Efectivamente se distrajo con ese nacimiento, A ojos semi-cerrados detenidamente vigilaba que la galleta no tirara su escasa porcelana.

-La salida fácil siempre será cerrar tu corazón,- Que estilo tan poético de pedirle que pasara de largo a lo inusual.

Se traducía simplemente a quedarse en casa ignorando como una brutal cadena alimenticia progresaba dependiendo de los mercenarios que el Chef atraía, sin olvidar que la seducción de los ingredientes se optimizaba al consumir los intrusos.

Sanji se reusaba a su consejo pues tenía la oportunidad de darle una paliza de remordimiento a todo subordinado a sueldo de los trillizos Vinsmoke.

"Cambios de corazón", una técnica hereditaria de su madre.

El oji-azul insistía que con un solo porta voz resolvería estos sacrificios de los Germa, si les daba el mensaje de que no se consideraba un príncipe, que olvidaran que su débil hermano sería un puente para sus planes

Hablando terminaría con su estadía en esta guarida, temía ir a ellos en persona, pero las personas estaban hechas de palabras, sus bocas formaban sus corazones… ¿Sus ex-hermanos tenían uno?

-¿Está muerto?.- '¿Acaso volverá a terminar sus clases?' Tenía que preguntarle a por ese papel, ¿Fue su padre quien lo solicito a los Marines?.

-Pereció sin compasión.- Asintió intentando hablar entre burbujas de chocolate pues le pregunto en pleno trago de su taza.

La angustia llegaba por sus manos, comenzaba como fina arena entre las venas entumiendo sus nudillos hasta que triunfalmente tensara su cuello, los efectos de la noche aparecían mientras el comandante se despedía de él para trasnochar tras la entrada de la casa.

Tenía la certeza de que seguiría manteniéndose de pie esperando a que otro incidente… o que una receta reemplace la ausencia entre él y el primer Comandante Sweet.

Katakuri es el efectivo enemigo de lo que el bosque consumía de él, puede que jamás cayeran en alguna trampa, que no pecara en algún momento pues el Charlotte lo satisfacía en toda esencia humana.

Esa humanidad tenía dos bandos, y Sanji entendió que lo habían enlistado como un pirata….

Probablemente mañana todo saldrá bien.

+++H+++

¿Acaso tienen sus teorías?, no las confiesen, no sé qué fanfic es el más complicado hasta el momento. ¿Qué opinan de las viñetas? ¿Quieren capítulos con ellas o no?, si las uso me tardo unos días más jaja.

Gracias por leer.