Tenía el labio superior roto, las molestias propias de la hinchazón eran más acentuadas debido al roce de la máscara. No podía evitar dejar de palparse con la lengua donde se encontraba la herida. Quizá porque eso le distraía un poco de los pensamientos inquietantes que, como moscas, se le aglomeraban en la cabeza.

Era imposible que su sharingan se equivocara; había algo dentro de Rin. Algo que estaba curando las heridas de la chica frente a sus ojos. No era normal, eso lo sabía. Ni el mismo ninja médico que se encontraba examinándola podía concretar respuesta a alguna de las preguntas que Hatake le formulaba.

Pero si de algo estaba seguro era de que ese chakra no estaba allí antes. Tal vez todas esas pesadillas que compartían eran más que sólo producto de una ilusión.

—Buenas tardes Kakashi —La voz áspera del viejo lo sacó de sus hipótesis.

—Danzō-sama —irguió su columna como era la costumbre frente a un superior.

—Nos llevaremos a tu compañera para examinar a fondo esas heridas —No respondió. Se limitó a observar en silencio como Rin era sacada de aquella habitación de hospital con el cuidado de quien transporta sellos explosivos.

Era muy claro que pasaba algo lo suficientemente grave como para que los altos mandos de Konoha se vieran en la necesidad de ocultarlo. Y sabía que si intentaba cuestionar no encontraría respuesta. Así que, con los nervios perturbados, decidió actuar con sigilo.

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Los días siguientes fueron de completa discreción. Cualquier pregunta realizada sobre Rin era tomada con recelo, inclusive por los padres de ella. Kakashi estaba enterado de que la joven aún no estaba en casa, ya que irrumpió como ladrón un par de veces en su departamento... Y esta sería la tercera.

El seguro de la ventana cedió como las dos primeras veces, premitiéndole de un salto la entrada. El aroma a incienso de lavanda todavía tenía la fuerza suficiente para traspasar la tela azul de la mascara e instalarse en su olfato. Aspiró hondo; de alguna forma ese aroma le calmaba. Y era lo que necesitaba; calma para llegar al fondo del asunto. Tenía que encontrar pistas, si tan sólo hubiese interrogado más a Rin sobre sus sueños, quizá y su panorama sobre lo que estaba ocurriendo fuera diferente. Pero no, Kakashi y su manía de acallar las preguntas incomodas.

Maldiciéndose mentalmente continuó el recorrido por el departamento de su compañera; los trastos continuaban sucios en el fregadero. Sus pasos lo llevaron hasta la habitación; la cama estaba hecha, nadie había dormido allí en días. Se disponía a irse después de otra visita sin sentido hasta que su curiosidad lo detuvo. Si Rin tenía esos sueños, seguro que algo en esa habitación debía tener relación. Ella garabateaba todo el tiempo, en servilletas, cuadernos, libros... Siempre escribía sobre procedimientos médicos, jutsus, e incluso dibujaba, muy mal para el gusto de Kakashi, pero lo hacía. Algún indicio de lo que le pasaba se debería encontrar entre tanto garabato.

Revisó cajón por cajón, puerta por puerta, libro por libro, hasta que llegó al indicado; una especie de agenda diario donde ella divagaba en todo. Reconoció la distraída caligrafía de su compañera, sus ensayos de firmas, sus dibujos desproporcionados y palabras enlazadas que eran la escancie de ella misma.

"Doton: Doryūheki y la mirada misteriosa... Si tan solo tuviese un mazo derribaría la pared"

Sonrió inconsciente al susurrar frases que juraría iban escritas para él.

El dibujo de un ojo llamó su atención; no era un ojo humano, era muy extraño, con líneas circulares al rededor de su iris. La imagen estaba acompañada de un texto que al leerlo provocó escalofríos en Kakashi.

"Te escucho dentro de mí".

Kakashi también lo había sentido. Un chakra con vida propia habitaba dentro de su amiga... A estas alturas los ancianos de Konoha sabían de su existencia y por ende Rin estaba aislada. Necesitaba respuestas, necesitaba ver que ella estaba bien, pero de Danzo no las obtendría. Suspiró cansado, su única opción era lord Hokage.

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La rodilla derecha tocó el suelo, como dictaba el protocolo. Espero paciente que se le otorgara el permiso para hablar y en cuanto le fue concedido soltó lo que tanto había estado carcomiéndole.

—Estoy aquí Hokage-sama porque deseo saber sobre Nohara Rin. Hace semanas que no tengo noticias, desde el incidente en nuestro entrenamiento. Miró desde detrás de la mascara ANBU como la expresión de Sarutobbi se tensaba.

—Esperaba que me preguntaras por ella hace días. Sin embargo, no puedo resolver tus dudas, Kakashi. Sólo tienes que saber que Rin se encuentra bien. Esperemos que pronto vuelva a sus actividades cotidianas.

—Gracias, Sandaime. —El agradecimiento el supo a hiel. No había obtenido nada de su respuesta.

—Kakashi—le detuvo antes de que se fuera—La mejor forma de ayudarle es manteniéndote al margen. Confía en mí; hay preguntas que es mejor no responder.

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Ocho largos meses habían transcurrido y todo continuaba igual. Parecía que su amiga se esfumara de la existencia. Sin embargo, sus múltiples misiones lo tuvieron lo suficientemente distraído para que su cabeza se mantuviese fría. Sabía que las malas noticias corrían rápido, si ella hubiera muerto ya lo sabría.

En esos pensamientos se enterraba mientras recorría junto a Gai una de las calles principales de la aldea. La verborrea que salía en ese momento de boca de su amigo, era silenciada por el debate metal que acontecía en su cerebro. Ataba cabos, desmenuzaba pistas, analizaba detalles que se le pudieron pasar. Tanta era su concentración que no escuchó cuando el parloteo de Gai se detuvo.

—Kakashi... Kakashi —tomó el hombro del aludido sacudiéndolo. Hatake clavó su vista en él, encontrando su semblante desconcertado. —La de la falda color lila, mírala. ¿Acaso no es Rin?

—¿Dónde? —buscó entre la gente. La dirección señalada por el dedo de su compañero le guió hasta ella. Un poco más alta y con el cabello castaño evidentemente más largo. Pero la reconocería donde fuera.

Avanzó olvidando a Gai, esquivando personas con la gracia felina que la experiencia ninja le daba. Le faltaban escasos centímetros para alcanzarle cuando ella intuyó su presencia y giró, encarándolo.

—Kakashi. —le sonrió triste.

—Rin —respondió con la voz apocada.

N/A: Bien... Aquí estoy, después de tanto con el capítulo dos. Sé que no merezco sus comentarios, pero si hay alguna noble alma que quiera dejar alguno, sepan que me harán muy feliz.