Capítulo 2

12-1 3-1-2-1-15-1 9-14-6-9-14-9-21-1: Parte I.

[Antes que nada pido una disculpa, pues no me presenté en el capítulo anterior. ¿Mi excusa? Bueno, nunca antes había publicado nada en Fanfiction, así que no sabía si todo esto iba en el documento, o si se ponía al subir o algo así. Sin más preámbulos: Soy Författare (claro que ese no es mi nombre, pero por un seudónimo se empieza), y este es mi primer Fanfic en mis dieciocho años de vida. En este fic abordo lo que creo que pasaría si los gemelos Pines regresaran Gravity Falls.

Habrá Dipcífica, sí, pero más adelante. Primero, ambos chicos deberán poner sus mentes en claro, recordemos que Dipper sólo lleva unas cuantas horas en el pueblo. Pronto se comenzarán a solucionar los "líos del amor". También me alegra que tanto Dan como las aventuras de Stan y Ford les parezcan divertidas. Prometo esforzarme por hacer de este un Fic digno de recordarse.

Bueno, arriba he puesto respuestas a los primeros reviews que hicieron ustedes, queridos lectores. Debo decir que estoy profundamente agradecido por su tiempo y por sus observaciones (Cuando vi la notificación del primer review, literalmente salté de la cama por la emoción, eran las dos de la mañana): Gracias, me sentí realmente especial. Me gustaría seguir recibiendo sus reviews, preguntas, observaciones, comentarios y amenazas (:v), créanme que me ayudan y motivan mucho.

Y, finalmente, espero que disfruten de Fic: esto es para ustedes.

P.D.: Lamento tanto la espera.

P.D.2: Como verán en el título, esta es la primera parte de una sola aventura. Iba a ser un solo capítulo, pero sería realmente largo, así que decidí dividirlo en dos partes. Ya tengo escrita la mitad de la segunda parte, así que espero poder publicarla en un par de días.]

–Quiero dejarlo en claro… no estoy intentando pedirte de nuevo que seas nuestra reina…

–No.

–Ni siquiera estoy intentando invitarte a salir…

–Mhum.

–Solo estoy aquí porque es parte del plan…

–Claro.

–Y no quiero que pienses que voy a raptarte de verdad o algo así…

–Norman, ¡ya déjalo, o juro que voy a demandarte!

Pacífica Northwest se encontraba escondida detrás de unos arbustos, desde los cuáles se podía apreciar perfectamente bien la entrada de atrás de la Cabaña del Misterio. Si bien era un arbusto alto, su estatura la obligaba a agacharse para no ser vista. Sin embargo, se estaba cansando de esta posición, y las ganas de sentarse aumentaban a cada segundo.

«Antes con las piernas entumidas que con la ropa sucia», pensó.

A su lado, había un montón de ropa un poco arrugada, pero limpia y cuidadosamente escogida, sobre el cual había un gnomo castaño mirando en la misma dirección.

–Jeff.

– ¿Perdón?

–Mi nombre es Jeff.

La rubia no respondió, y hubo un silencio bastante incómodo por un rato. Hacia un par de meses, Pacífica había conocido a un chico llamado Norman afuera de la Cabaña. Al principio le había parecido lindo, e incluso habían llegado a salir un par de ocasiones. Sin embargo, en su tercera cita, ese chico reveló ser una pila de gnomos que le pedían ser su reina. Pacífica se enfadó como nunca en su vida, y por supuesto se negó a casarse con ellos. Los gnomos entonces se fueron, totalmente desilusionados…

–Deberías vestirte. –Le dijo la rubia de pronto al gnomo.

–Estoy vestido.

–Sabes a lo que me refiero.

–… De acuerdo.

Entonces, Jeff llamó a los demás, y en un abrir y cerrar de ojos, se transformaron en un chico encapuchado. Aún se estaban acomodando la ropa cuando una voz los sorprendió por detrás

–¡Hola a todos!

El chico que los gnomos habían formado casi se deshace gracias al susto individual.

–¡Daniel! ¡Pudiste matarnos del susto! –Reclamó la rubia, realmente disgustada, mientras el joven salía de su escondite y se sacudía la tierra de los pantalones. Por lo visto, a él no le importaba ensuciarse. –No me gusta tu plan.

–Aclaración, el plan es de Soos. –Respondió Dan. –Gnorman, ¿cómo va todo? –Preguntó, dirigiéndose al recién formado Norman.

–¡Genial! –Luego, el chico de gnomos se acercó lo suficiente a Dan como para murmurar sin que Pacífica los escuchara. –Todo listo para esto, aunque… estoy un poco confundido.

–No, no, no, no, no… Secuestrar no es bueno. Recuerda: secuestrar no enamora. Ya hablamos de esto, Gnorman. –Respondió Dan mientras tomaba al chico de los hombros, que en realidad eran las cabezas de otros dos gnomos.

–¡Lo sabemos! Sabes que dejamos ese método en el pasado, pero ¿por qué debemos fingir hacerlo?

–Porque Mabel y su hermano no saben que ya no lo hacen, y cuando Pacífica haga ese grito fingido pidiendo auxilio, ellos creerán que la secuestraste de verdad. No te preocupes, todo saldrá bien en tanto se sepan ocultar bien. Tienes los escondites preparados, ¿verdad?

–Sí.

–Perfecto. Si los encuentran, me ocuparé de que no sean tan duros con ustedes. –Luego de eso, Dan se apartó para susurrar con Pacífica. –Espero que tus clases de actuación no nos fallen, Northwest.

–¿No crees que esto es un poco más complicado de lo necesario? –Pacífica no se molestó en bajar la voz. –¿De verdad tenías que hacerme trabajar con ellos? –Preguntó, mientras señalaba a Norman.

–Sí. Disfruto de la incomodidad ajena. –Respondió el moreno.

–Pagarás por esto, ¿sabes?

El chico soltó una carcajada.

–Eres la segunda persona que me dice eso en el día. –Luego, su voz se volvió sarcástica. – ¿Me vas a demandar? Tal vez puedas conseguir que te prepare una ensalada gratis… –Dan disfrutaba del enojo de Pacífica.

–Oigan, chicos… –Intentó interrumpir el gnomo.

–Si me sigues provocando, sí: te demandaré. –Respondió Pacífica mientras señalaba con el dedo al chico. Se estaba enfadando de verdad.

–No, no lo harás. Tú apostaste, yo gané el juego, tú me obedeces. Además, no te estoy pidiendo algo muy difícil. ¡Jaque Mate, Northwest!

–Chicos… –volvió a hablar el gnomo.

–¿Ah, no? Esto es demasiado, Daniel. La próxima vez, yo te ganaré, y juro que voy a vengarme…

–¿Qué te parece si esperas un par de años? Ya verás que no fue tan malo en realidad. Además, si aún quieres vengarte, bueno, la venganza sabe mejor fría. Helada. Muerta…

–¡Chicos!

– ¡¿Qué?! –dijeron ambos adolescentes humanos al unísono.

–Ellas ya están en posición. –Respondió Norman, señalando la entrada de la cabaña. Candy y Grenda se acercaban alegremente, emocionadas por ver a su amiga, al mismo tiempo que ejecutaban su parte del plan.

–Perfecto. Todo lo que hay que hacer ahora es esperar a que saquen a Mabel y a Dipper de la cabaña. Melody, Wendy, Soos y yo nos ocuparemos del resto. Chicos, prepárense. –Dijo Daniel mientras los tres observaban.

Las chicas entraron, pero nadie salió de la cabaña, y de pronto, todos escucharon a Candy gritar ¡Mabel! medio segundo antes de que se cerrara la puerta de la cabaña con un estruendo parecido a un relámpago desgarrando el cielo.

–Algo no está bien. –Dijo Pacífica.

Y entonces Pacífica, Daniel y los gnomos olvidaron el plan por completo, y salieron disparados de su escondite en respuesta a lo que claramente fue un grito de auxilio.

- o -

–¿Me quieres mucho?

–Sí. Mucho.

–¿Y me amarás por siempre?

–… Sí.

–¿A caso dudaste?

–Yo… no. Por supuesto que no.

–Ah.

–Sí… ¿Y qué haces?

–¿Yo? Justo ahora, intento leer en mi habitación, pero solo puedo pensar en ti…

–¿De verdad?

–Sí.

Dipper estaba sentado en el sillón de la sala de la Cabaña del Misterio, con su móvil en una mano y con una lata de Pitt Cola en la otra. Desde la mañana había estado atendiendo a varios grupos de turistas que habían llegado, y justo ahora tomaba un descanso. Del otro lado de la línea estaba Carla Greengrass.

–¿Por qué tardaste tanto en llamarme?

–Bueno, mi teléfono se quedó sin batería en el autobús. Y casi no hay señal en esta parte de Gravity Falls.

–Ah… Gravity Falls. Entonces sí fuiste…

–Sí, así es. ¿Y sabes qué? ¡Tan solo llevo unas horas aquí y ya estoy haciendo del Señor Misterio! ¿Puedes creerlo?

–Pero entonces, ¿estás trabajando justo ahora?

–No. Se acaba de ir el último grupo de turistas, así que tomé un descanso. Aunque en cualquier momento puede llegar algún otro… La cabaña no cierra hasta tarde.

–Oye, Dipdippy

–Ehm… ¿sí, Carly…?

–Ash, ¡creo que ya te he dicho que no me gusta que me llames así! Es Carla y punto…

–Lo siento, yo… lo había olvidado…

–Es sorprendente la velocidad con la que olvidas cosas sobre mi, tu novia.

–Rapidez.

–¿Qué?

–Es rapidez, no velocidad…

–Ash, ¡son lo mismo! ¿Siempre tienes que ser tan nerd?

–Yo… Bien, da igual…

Hubo un silencio incomodo, en el que ninguno de los dos se atrevían a decir nada. Luego de casi un minuto, Dipper se rompió el silencio.

–Oye, perdón… No quise ser tan… eh… tan…

–Perdóname tú Dipdippy, sabes que nunca podría enojarme de verdad contigo…

–Sí, claro… oye, amorcito… ¿qué me ibas a decir?

–Ah, sí… te iba a preguntar… ¿qué te dijeron tus padres?

–¿Mis padres? ¿Sobre qué?

–Sobre lo del viaje en el crucero de mis padres a Austria… vas a venir, ¿verdad?

–Ah… sobre eso… Mira, mis padres no me dejarán ir. No tengo pasaporte, soy menor de edad… Además, ellos quieren que esté con Mabel aquí, en Gravity Falls.

–¿Y qué es lo que quieres, amor? Mis padres podrían hablar con los tuyos…

–Agradezco la invitación, y es muy… muy lindo de tu parte que ofrezcas que tus padres hablen con los míos, pero creo que por ahora lo mejor será que me quede en Gravity Falls… Además, ya había hecho planes de regresar aquí, ¿recuerdas?

Otro silencio. Melody entró por la puerta que daba a la tienda de regalos, haciendo que la luz entrara e iluminara la sala. Dipper decidió que ya había estado demasiado tiempo sentado, así que se levantó y decidió salir a tomar un poco de aire.

–Oh… Lo entiendo.

–¿Estás enojada?

–No.

–No te enojes, Carla… por favor…

–¡Que no estoy enojada!

Iba a mitad de camino por la tienda de regalos, cuando Wendy lo llamó desde el otro lado del mostrador, no se había dado cuenta que Dipper hablaba por teléfono.

–¡Oye, Dipper! Ven, tengo algo increíble que mostrarte este juego... –Dijo la pelirroja en voz alta, mientras dejaba una revista al lado y levantaba su celular.

Pero la atención de Dipper estaba en su propio celular y en la persona que había del otro lado de la línea, quien también había escuchado la voz de la pelirroja a través del teléfono.

–¿Quién te habló, Dipdippy? –Preguntó Carla. Dipper sabía que lo que venía no sería nada bueno en ningún sentido, así que salió mientras le hacía una señal a Wendy de «espera un momento», y se preparó…

–Oh, eso… –Cerró la puerta a sus espaldas. –Sólo fue Wendy…

–¿Quién?

–La chica que me dio su gorra el verano pasado… te hablé de ella, ¿recuerdas? La…

–¿La rubia cool? Sí, me contaste una vez…

–En realidad, Wendy es pelirroja. –Dijo Dipper, un poco nervioso. –La rubia es una chica llamada Pacíf…

–¡Da igual el color de cabello que tengan! –estalló Carla, gritando por primera vez en toda la conversación.

–Estás celosa. –dijo Dipper. No era una pregunta, si no que estaba seguro de ello. Se mantuvo tranquilo, a pesar de que le molestaba que Carla se pusiera así.

–No, no estoy celosa.

–Sí, lo estás. No tienes por qué estarlo.

–¡Tú me das motivos para estar celosa!

–¡Ajá! ¡Acabas de admitir que lo estás! Me molesta cuando te pones celosa.

–A mi me molesta que veas a otras chicas. –Ambos levantaban la voz cada vez más.

–¡¿Qué?! ¿De qué estás hablando? ¡Wendy es solo una amiga! No es razón para que estés celosa.

–¿Solo una amiga?

–¿Qué estás insinuando?

–Quiero que dejes de hablarle. Por favor…

–¡Claro que no! Es mi amiga, ¡no voy a dejar de hablarle!

–Entonces tal vez deberíamos hablar luego, cuando recapacites…

–¿Recapacitar? ¡Tú eres la que debería recapacitar sobre tu actitud!

–¿Mi actitud? …Bien. –Y Carla colgó, dejando a Dipper del otro lado de la línea. Momentos después de escuchar el bip-bip-bip, Dipper colgó también. Por un momento pensó en lanzar su celular. Levantó la mano, pero una voz interna lo detuvo.

«No. Así no es cómo se comporta el mejor estudiante de la escuela.»

Bajó la mano, se guardó el celular en el pantalón y se sentó en el porche de la cabaña. Meditaba acerca de la conversación con Carla. Al principio, todo era amor y su relación fue genial, pero con el tiempo sus conversaciones habían comenzado a ser así. Dipper no recordaba que así fueran las cosas al principio. «¿Cómo fue que llegamos a esto? No lo sé.»

–¿Qué fue todo eso? –Preguntó una voz al lado derecho de Dipper. Dipper saltó de la impresión.

–¡Mabel! Debes dejar de asustar a la gente así.

–¿Asustar? ¡Pero si hablé normal…! –Dicho esto, Mabel se acercó y se sentó al lado de Dipper. –Tal vez es que estás… peensaaatiiiiivooooo… ¡Boop! –Dijo mientras picaba cariñosamente la mejilla de su hermano con el dedo. –Pero en serio, ¿qué sucede?

Dipper solamente suspiró. No sabía que decir, o por dónde empezar.

–Algo te aflige, ¿no es cierto? –Preguntó Mabel, conocía perfectamente a su hermano. –¿A caso… tiene que ver con Carla?

Dipper asintió débilmente con la cabeza.

–Oh, vaya…

–Como sea, ¿qué haces tú?

–Dipper… No intentes cambiarme el tema. –Le puso una mano sobre el hombro. –Confía en mí.

–Confío en ti, Mabel, pero… Pero mejor por la noche, ¿sí? Justo ahora hay que disfrutar nuestro primer día en Gravity Falls…

Mabel lo pensó un momento. Por un lado, su curiosidad la impulsaba a descubrir qué pasaba con Carla y con Dipper en ese momento, pero por el otro lado, creía que lo mejor en ese momento era hacer algo para animar a su hermano. Así que se levantó y le tendió la mano.

–Vamos por un helado, ¿te parece? Candy y Grenda vendrán… bueno, se suponía que llegarían a las tres. Podemos ir con ellas.

–Me parece bien. –Respondió Dipper mientras tomaba su mano y se levantaba. Justo en ese momento se escuchó la inconfundible voz de Grenda llamar a Mabel desde la parte de atrás de la cabaña.

–¡Oh son ellas! ¡Estoy tan emocionada! –Dijo Mabel, que apenas contenía la emoción. Literalmente saltaba de alegría.

Pero en ese momento se escuchó a una asustada Candy gritar «¡Mabel!», seguido de un estruendoso portazo que literalmente hizo que los pájaros volaran de sus nidos. Fugazmente, los gemelos Pines corrieron a la parte de atrás de la cabaña, lugar de donde vinieron los gritos. A la escena también estaban llegando Pacífica, Dan y…

–¡Norman! –Gritó Dipper, señalando al chico de gnomos. –¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¿Y qué le hiciste a Candy y a Grenda?

–Espera… ¡Yo no hice nada! –Respondió.

–¿Las raptaste? ¿Dónde las tienes? –Gritó Mabel, arremangándose el suéter, lista para golpear a todos los gnomos del bosque. Sin esperar una respuesta, se abalanzó sobre el chico de gnomos, quien de puro miedo se disolvió. Pero alguien se interpuso entre ella y los gnomos.

–¡Espera, espera! Gnorman no hizo nada… ¡Fue la cabaña! –Dijo Dan mientras detenía a Mabel con una mano y señalaba la puerta con la otra.

–¿Qué estás insinuando? –Preguntó Mabel mientras intentaba esquivar a Dan.

–… Sabe que Norman está compuesto de gnomos… –Murmuró Dipper para sí mismo.

–¡Cálmate y te explico! –Dijo Dan levantando la voz. –Candy y Grenda entraron en la cabaña, y entonces la cabaña se los tragó. La puerta se cerró, y ahora están atrapadas ahí dentro, supongo… –explicó Dan, sin esperar a que Mabel se calmara.

Entonces, detrás de todos se escuchó una exclamación de angustia que hizo que todos suspendieran la pelea y miraran en esa dirección:

–Oh, no… –Pacífica retrocedía rápidamente, alejándose de la puerta. Era evidente que la había estado analizando, y ahora estaba asustada. –Todos, ¡tenemos que salir de aquí!

–¿Por qué? –Preguntó uno de los gnomos.

–¡No hasta rescatar a mis amigas! –Dijo Mabel, encaminándose hacia la puerta.

–¡Miren! –Señaló Pacífica, mientras detenía a Mabel de un hombro.– ¡Es una puerta maldita!

Dipper volteó hacia la puerta de la cabaña. Efectivamente, no era la puerta que normalmente se hallaba ahí, si no que era una puerta con un enorme 13 pintado en la parte de arriba, mientras que por la parte de abajo, la madera estaba tallada de tal forma que le daba forma de un ojo con dientes.

–Pacífica tiene razón. ¡Simplemente no podemos entrar ahí sin un plan!

–Pero, ¿qué es una puerta maldita? –Preguntó Dan.

–Chicos, ¡retirada! –Gritó uno de los gnomos mientras salía corriendo. Otros dos gnomos lo imitaron.

–No sé qué sea eso, pero si es necesario un plan, ¡debes pensar en él ahora, Dipper! ¡Candy y Grenda nos necesitan! –Gritó Mabel.

–Si tan solo el tío Ford estuviera aquí… él sabría qué hacer. O al menos necesito el Diario 3…

–¡Yo sé qué hacer! ¡Salgamos de aquí! –Gritó Pacífica, mientras intentaba jalar a Mabel para alejarla de la puerta.

–¿Alguien de ustedes puede explicarme qué es una puerta maldita? ¡Por favor, no sé qué es! ¡Soy un personaje nuevo que ni siquiera es canon! –Preguntó Dan.

Pero toda la conversación se interrumpió cuando la puerta maldita se abrió con un estruendo similar al que sonó cuando se cerró. Todos se quedaron estáticos, mirando el oscuro interior de la cabaña. Entonces, sonó algo parecido a un juguete de plástico rodando por el suelo. El sonido, que provenía del interior de la cabaña, se hacía cada vez más fuerte, y de repente, salió un objeto al porche de la cabaña. El objeto tenía un cable que lo conectaba al interior, y se perdía en la inmensa oscuridad.

–¿Una barredora de hojas? –Preguntó Pacífica en voz alta.

–Tiene que ser una broma… –Dijo Jeff, que junto con Shmebulock, fue de los dos gnomos que se habían quedado.

–¡Agáchense! –Gritó Dan sin saber muy bien por qué, y se agachó…

Pero fue el único que lo hizo, y en ese preciso momento la barredora de hojas se encendió al mismo tiempo que regresaba al interior de la cabaña, aspirando al interior algunas hojas, tierra, rocas pequeñas, dos gnomos y tres adolescentes. Y justo después de que todos entraran precipitadamente a la cabaña, la puerta se cerró…

Dipper, Mabel, Pacífica, Jeff y Shmebulock. Los cinco, atrapados dentro de algo que había tomado la forma de la Cabaña del Misterio.

Dan se quedó paralizado, hecho un ovillo en el suelo. Poco a poco levantó la vista hacia la puerta, a tiempo para ver como la puerta regresaba a la normalidad. Después de un par de minutos, escuchó un nuevo sonido: era un auto acercándose por el camino que iba hacia la Cabaña del Misterio. La puerta, ahora normal, se abrió. Melody salió y caminó saludando con la mano a los recién llegados con una sonrisa. La vieja camioneta, que Dan reconocía por su sonido, se detuvo justo a su lado, y se apagó el motor.

–¡Hola, Dan! ¿Tomando una siesta en el suelo? –Lo saludó Soos, sacando la cabeza por la ventana. - o -

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