Disclaimer: "Golondrina de Invierno" Es una obra original del escritor chileno Victor Domingo Silva. Yo la tomo prestada porque es mi libro favorito y es una pena que sea una obra tan poco conocida. Esta es mi adaptación para mi pareja favorita de la vida: Sakura K. y Shaoran L.

Ademas, Card Captors Sakura y Tsubasa Reservoir Chronicles, sus personajes e historias pertenecen a las Diosas todopoderosas del Shojo, CLAMP. Yo solo los pido prestados para nuestra entretención.


Golondrina de Invierno

Primera Parte: "De Veraneo"

Capitulo 2

Dos días después, acababa de visitar Shaoran las instalaciones para la próxima primera trilla y marchaba al trote de su Spinel por el camino real, cuando le alcanzo un jinete, que hizo rematar su caballo junto a él. Volvió la cabeza, y reconociendo al recién llegado:

- ¡Hola Ryu! – le dijo

- Perdone su mercé – respondió Ryu, llevándose respetuosamente la mano al sombrero – El patrón me mandaba a dejarle una carta a su mercé –

- ¿Si? – pregunto Shaoran, sin poder dominar un ímpetu de secreta alegría. Ryu era el mozo de su vecino Takashi Yamasaki

- ¿Te dijo que esperaras la respuesta? – prosiguió mientras rompía el sobre

- No señor –

- Entonces, le vas a decir a Takashi que luego irá la respuesta.

El mozo se dio la vuelta para regresar y Shaoran, caminando al paso, leyó la carta, en la que su amigo, junto con comunicarle la noticia de hallarse favorecido con la presencia de numerosos huéspedes provenientes de la capital del país, Santiago, le anunciaba un "malón" (N/A básicamente tu amigos organizan una fiesta en tu casa, sin tu permiso) de un día para otro. "No es que yo quiera abusar – terminaba la carta -, sino que tu fundo es de lo poco que hay que ver por estos lados".

Shaoran doblo el papel con aire preocupado, y se lo guardo. NO era hombre que pusiera mala cara a una recepción en sus dominios. La hospitalidad es una virtud tradicional en los campos de Chile. Lo que le llevaba como distraído era la redacción de la respuesta que acababa de prometer, y se arrepintió – era un hombre un poco tosco en letras – de no haber contestado verbalmente por intermedio de Ryu. Celebrando íntimamente la oportunidad que se le ofrecía de conocer y servir a la bella desconocida de la otra tarde, no tardo ni media hora en despachar a un sirviente, con una carta pequeña, pero expresiva. El domingo próximo se trillaría el trigo, una parte con yeguas, y la otra a máquina. La ocasión no podía, pues, ser más favorable. Le rogaba, si, a su amigo Takashi, que no diera muchos adelantos de la propiedad que iban a visitar a fin de evitar posibles desengaños.

- Valiente compromiso – dijo Tomoyo, sonriendo, cuando se entero del contenido de la carta

- Hay que salir airosos – agrego Shaoran.


Era jueves aun, y el joven hacendado, a quien el tiempo se hacía interminable, como a todos los que esperan, acorto los días, empleándolos febrilmente en preparar su fundo para recibir dignamente a las visitas. La casa entera fue revuelta y sacudida. Hikari, la vieja cocinera, tan activa siempre, aunque bastaba ella sola para el servicio de la casa, tuvo que admitir el auxilio de dos mujeres, que el patrón hizo venir del pueblo. El estanque, los lagares, el molino, las segadoras, todas las maquinarias fueron recorridas y aseadas, lo mismo que las bodegas en donde reposaban noblemente, en anchos toneles, los vinos de autentica cepa francesa.

Tomoyo resplandecía en sus tareas directivas. Por primera vez iba a recibir en su calidad de dueña de casa a personas desconocidas, ¡A gente de la capital! Nada se le ocultaba de la importancia de ese acto y experimentaba las mismas sensaciones de miedo y de placer que la invadieron, años atrás, en las vísperas de su primera comunión. ¡Tener de visitas a santiaguinos! A cada rato, cuando menos se lo esperaba, una angustia, a la que le costaba sobreponerse, la hacía palidecer. Comprendiendo que no le iba a ser posible negarse a tocar el piano, se ejercito dos horas todas las tardes. Los detalles de la cocina casi no la inquietaban, porque Hikari era una admirable artista en culinaria criolla; por su parte, había aprendido con las monjas a preparar manjares exquisitos, que constituyeron, durante algunos años, la gran debilidad de Hien, su padre. Por lo demás, el luto, que no le permitía salirse de cierta severa sencillez, prestaba singular realce a su persona y ella podía estar segura de resistir victoriosamente a las comparaciones.

Shaoran, asimismo, se dispuso bien. Escarbo el baúl, hizo blanquear su sombrero, pulir sus espuelas y cepillar cuidadosamente cada mañana sus caballos de montar. Desde la víspera olía a fiesta en el fundo. Takashi había vuelto a enviar recado, por el que se supo que se hallaría allí con su comitiva en las primeras horas de la mañana.

- Esta bien, saldré a esperarles – respondió Shaoran

Tomoyo se quedo, atareadísima como siempre, ultimando los preparativos. Por todas partes no se veían más que flores, muchas flores… los rosales, como si hubieran sabido el papel simpático que habría de tocarles desempeñar, amanecieron en todo su esplendor.

La polvareda de la cabalgata les anuncio desde lejos.

-¡Allí vienen! – grito el joven hacendado, sin poder contenerse

Al alba se había levantado y hecho en sillar a Spinel. Hacía ya una larga hora que les esperaba, a la sombra de unos álamos, en mitad del camino. La mañana estaba hermosa, una verdadera mañana de verano, que es la fiesta de la naturaleza. Bandadas de tordos golosos pasaban hacia las charcas doradas por los primeros rayos. La tierra, apenas humedecida de rocío, enviaba a la atmosfera su generoso vaho de verdura. Shaoran, firme en su montura, con la manta terciada sobre el hombro, sentía que jamás habían estado tan de acuerdo su corazón y el campo.

"¡Es ella!", murmuro sintiendo un estremecimiento interior que no pudo reprimir. Si, era "Ella", al frente de un grupo de jinetes, como un general en jefe. El viento le hacía ondear el sombrero de anchas alas, anudado a la cara con un lazo de gasa blanca, cuyos extremos flotaban también como banderolas. El comprendió que le había reconocido. Se sonrojo, pues, cuando la oyó gritar, a unos cuantos pasos ya:

- ¡Siempre galante el señor administrador! Vamos a saludarlo… -

La cabalgata hizo alto y "Ella" los presento a todos, sobre la marcha, contando al punto, en voz alta, las atenciones que días atrás habían recibido de parte del "señor administrador".

- Iremos al paso - dijo enseguida – Para que nos alcancen los rezagados… -

- ¿Y Takashi? – pregunto Shaoran, extrañado de no ver en el grupo a su vecino

- ¡Pero si él es el jefe de la retaguardia! –

- ¿Estamos muy lejos aun? – Pregunto uno de los jóvenes de la comitiva – El sol pica –

- Cuestión de unas cuantas cuadras – respondió Shaoran – Pero ya habrá algo para pasar el calor –

La retaguardia, entretanto, ganaba terreno. Apenas la divisaron, surgió entre todos la idea de ir a su encuentro. Resonó el camino, bajo el tumulto de la cabalgata que daba una brusca media vuelta, y momentos después se confundían vanguardia y retaguardia en un solo pelotón.

- ¡Mi querido Shaoran! –

- ¡Hola, Takashi! –

Los dos amigos cambiaron un rápido y efusivo apretón de manos, y Shaoran se adelanto a saludar al "Estado Mayor", que ocupaba un carruaje. Los niños de Takashi, que venían en otro, le gritaron:

- ¡Viva tío Shaoran! –

- Pero no pasa un día sobre ustedes – dijo el joven, por decir algo, refiriéndose a su vecino y a la esposa de su vecino que, en realidad, se presentaba llena aun de juventud y de viveza, a pesar de su naciente obesidad, fruto al parecer de una maternidad regular e infatigable.

- No vengas con halagos – replico Takashi – Tú sí que eres joven… Y a propósito, ¿Qué haces aquí? ¡Tu terreno está allá, ¿Lo ves? Adelante con la gente joven! –

Y dirigiéndose al grupo de los de a caballo, gritó:

- Pero, ¿Qué significa esto? ¿Han olvidado ustedes las leyes de la cortesía? Aquí tienen ustedes al dueño de casa, a nuestro anfitrión, con los viejos –

"Ella" se destaco entonces del grupo y se acerco a los carruajes del "Estado Mayor".

- ¿Es usted? – Pregunto, no sin cierta malicia – No le perdonare nunca la broma que nos ha jugado… ¡Figúrese usted, Takashi, que ha venido haciéndose pasar por el administrador de su propia hacienda!

Takashi rio de muy buena gana.

- Y en realidad, señorita - insistió Shaoran – Yo soy el administrador… eso lo sabe todo el mundo. ¿No es verdad, Takashi? –

- Si – respondió el aludido – Es la verdad. No hay nadie que administre el fundo como tu –

- Shaoran – dijo Chiharu - ¿Y porque no vino contigo Tomoyo? ¿No está bien acaso? –

- No, esta mejor que nunca. Es que le ha dado todo su carácter a su papel de dueña de casa, y ha preferido esperarnos allá –

- Al pie del cañón – observo gravemente un caballero de atildada figura que venía sentado junto a Chiharu.

Traía entre las manos un bastón con puño de oro y su fisonomía, encuadrada en hermosa barba de un gris casi blanco, era de un atractivo indiscutible. Sus ojos marrones, vivos todavía, hablaban de una larga historia de aventuras donjuanescas. Había sido militar, luego diplomático y en la actualidad era un político de primera línea. El honorable Fujitaka Kinomoto, que representaba en el Senado a una de las provincias del extremo sur, la única que, casualmente, no había siquiera visitado.

- Papa, nosotros vamos a galopar – le grito "Ella" – Los vamos a dejar atrás –

- Como quieras hija, con tal que no te ocurra nada… -

- Que me va a ocurrir. En todo caso, vamos con Shaoran… discúlpeme usted que lo trate con tanta familiaridad – agrego en voz más baja, dirigiéndose a su acompañante – Yo trato de ganarme su confianza, porque creo que vamos a ser buenos amigos –

- Y yo no solo se lo perdono, sino que se lo agradezco – repuso él

- ¿Galopemos? –

Y sin esperar respuesta, azoto su caballo y adelanto al galope. Shaoran, clavando las espuelas, le dio alcance. Un minuto después, toda la bandada se había lanzado casi a escape y atronaba el camino con el estruendo de los cascos. La atmosfera se llenaba de gritos. Aquella cabalgata ciudadana era un mensaje de la cuidad a los campos, una reconciliación entre los artificios mundanos y la libre vida de la naturaleza. Los caballos espumajeaban. De los ranchos próximos salía uno que otro perro flaco a ladrar rabiosamente a la comitiva, y de ambos lados del camino se escapaban volando despavoridas, bandadas de diucas y chincoles. La tierra entera parecía participar de aquel júbilo vibrante. Algo como una inmensa risa retozaba en los aires…

Sin saber cómo, Shaoran y "Ella" formaron pareja y fueron adelantándose al grupo general. Cuando vieron que los separaba una distancia demasiado grande, pusieron los caballos al paso, y conversaron, según la frase de "Ella", como buenos amigos. Lo curioso era que el no conocía su nombre, ni hallaba tampoco, la manera de averiguarlo.

- Creo recordar que la otra tarde andaba usted con más compañía – había dicho Shaoran

- Si, eran unas amigas de Santiago que veranean cerca de "Painahuen"… nos gusto tanto su fundo. ¿Cómo se llama? Los Rosales ¿No? Estuvimos tentadas de cometer una locura –

- ¿Una locura? –

- Si, y debo agregar que a la que se le ocurrió fue a mí. ¡Casi nos detuvimos a la puerta de su casa, a presentarnos solas! –

- ¿Y porque no lo hicieron? –

- No hubiera sido correcto… ahora lo veo bien. Pero el campo tiene un efecto tan estimulante, que cualquier locura es de explicarse… -

Ella hablaba del campo con esa efusión admirativa propia de la gente que se ha habituado a la vida artificial de las ciudades, y para quien la tierra, la vida rural, no es admisible más que por los meses de verano.

- Es cierto – decía él, feliz de que tocara un tema que le permitiese hablar con menos vacilación.

Porque, aunque inteligente, se cortaba a menudo delante de las mujeres. La falta de todo roce mundano le quitaba desenvoltura a su lenguaje, lo que le hacía interrumpirse a sí mismo, no dando nunca con la frase apropiada, temiendo siempre salir con algo inoportuno. Y delante de esa mujer, cuya sola presencia le turbaba, hacia vanos esfuerzos por hablar, sin que se le notara el temblor de la voz.

De pronto, un ruido de galope les hizo volverse. Un jinete de los del grupo venia hacia ellos, un joven montado perfectamente a la inglesa, de cara rapada y diminuto jopo echado hacia atrás.

- Se ha adelantado usted mucho, Sakura – dijo cuando les alcanzo El tono de su voz revelaba indiferencia. Sin embargo, su actitud tenía algo de impertinente.

- ¿Si? – Replico ella – Eso quiere decir que nos entendemos muy bien con este caballero… -

Shaoran enrojeció. Todos callaron. Alguien que no era ni Fye el joven que los había interrumpido, ni Sakura repetía mentalmente ese nombre: ¡Sakura! Precioso nombre, ciertamente.

- ¿Molesto? – pregunto el recién llegado

- ¿Por qué? De ningún modo, Fye – dijo ella

Shaoran lo miro con fijeza. Pensó que aquel joven de cabellos dorados debía ser el novio, o por lo menos, el pretendiente oficial de su pareja. El silencio habría llegado a hacerse embarazoso, sino se hubieran hallado a un paso de las casas del fundo.

- Ya llegamos: pie a tierra – dijo Shaoran

Y se apresuro a ayudar a desmontar a su compañera. Los mozos habían acudido y amarraron las cabalgaduras al poste.

- Los esperamos, ¿No les parece? – pregunto ella

- Sin duda –

Tomoyo, con la faz radiante, apareció en aquel momento en la puerta.

- ¿Es su hermana? – pregunto Sakura, con viveza, acercándose a ella

- Si – contesto Shaoran

E iba a hacer las presentaciones de acuerdo con las formulas usuales, cuando Sakura la tomo de las manos y exclamo:

- ¡Que linda es! ¿Vamos a ser muy amigas, no? –

Los dos hermanos se vieron confusos ante aquel cordial arranque, tan hermoso en una mujer como Sakura, que llegaba allí con toda la terrible aureola de su mundanismo aristocrático.

- Amigas, si – dijo Tomoyo - ¡Me hacía mucha falta! –

- ¿No es usted celoso, señor hermano? –

- Eso, según – respondió sonriendo el joven hacendado.

- Tiene razón para serlo – agrego Sakura – porque Tomoyo es una monada. Le sobraba razón a Chiharu para alabarla tanto –

- Chiharu es demasiado amable –

- Es justiciera – rectifico Fye, adelantándose con galantería y tendiendo la mano a tiempo que decía:

- Fye D. Flowright, un servidor y amigo –

- Tanto gusto… -

- Mi primo – explico Sakura

Llegaba, a la sazón, el grueso de la cabalgata; luego se vio venir también a los carruajes, y se formo junto a la casa de Los Rosales, de ordinario tan quieta y silenciosa, el grato bullicio de una reunión que se iniciaba en la mayor armonía. Todos exaltaban la belleza de Tomoyo, y Takashi, gran bromista y casamentero a ultranza, pronosticó desde luego que más de alguno de los presentes habría de quedar hechizado en los hermosos ojos amatistas de la dueña de casa.


Notas de la Autora: Konishiwa! Aqui esta un nuevo capitulo... al hacer la adaptacion me doy cuenta que la personalidad de Tomoyo y la de Sakura en cierta forma se invirtieron (si las comparamos con CCS o TRC) pero asi es mas interesante... y Shaoran, mi querido Shaoran... es un tiernazo 3. Ya se viene la aparicion de Eriol jejeje.

Si les gusto, dejen review... sino les gusto, tambien para saber en que me equivoque y como puedo mejorar.

XOXO! Fuyu no tsuba-me