Disclaimer: Todo pertenece a Jotaká Rowling ¿Eso quien no lo sabe?
Molestas Moscas
James sabía que lucía estúpido, lo sabía perfectamente. Lo sabía pero no le importaba, simplemente estaba consciente de ello, y si alguien en ese momento se lo hubiera dicho, el sin vacilar, le hubiera respondido:
"Lo sé, sé que luzco estúpido. Sé que estoy en la biblioteca, con un libro abierto frente a mí, y que ni siquiera lo estoy mirando. Sé que, en vez de eso, estoy mirando hacia delante, sin pestañear y con la boca entreabierta, y que además golpeo un lápiz una y otra vez contra la mesa, en un gesto nervioso. También se que no estoy haciendo nada por disimular. Lo sé ¿de acuerdo? ¡Lo sé! ¿Te afecta? ¿No? Pues entonces da la vuelta y se feliz"
Pero en realidad, a nadie parecía afectarle, pasaban a su lado y si apenas lo volvían a ver. Después de todo, esa, era la biblioteca, y el, era James Potter, así que lo más probable es que todos creyeran que se encontraba ahí espiando a cierta pelirroja, lo cual no era nada de que extrañarse.
Pero no era cierto.
Si, estaba espiando a alguien, pero no, no era Lily Evans, era Sirius Black.
"¡Si, Sirius Black! ¿A alguien le afecta? ¿No? Oh… yo creí que si"
En fin, lo más curioso de todo, es que al parecer, Sirius, si se encontraba ahí para estudiar. Así que si alguien quería llevarse las manos a la cara y abrir la boca de forma exagerada, podían mirarlo a él, a James que ni lo jodan.
Los ojos cafés de Cornamenta, examinaban cuidadosamente, cada movimiento del chico con quien había compartido saliva el día anterior, como si quisiera aprendérselos de memoria: Uno, dos, tres pasos, coge el libro, lo abre, lo cierra, uno, dos, tres pasos, se sienta, abre el libro, se aparta el flequillo, lee, se muerde el labio, toma la pluma, la moja y…
Nada, vacio ¿Qué paso? ¿Dónde está Sirius?
James parpadea varias veces, hasta poder enfocar el objeto que acaba de tapar su vista. Hay verde, rojo, color piel…Oh, es la cabeza de Evans. Maldita sea, tenía que venir ella a tapar su vista ¿verdad?
- ¿Evans? - dijo, extrañado y frotándose los ojos - ¿Qué haces aquí?
- ¿Perdón? Es la biblioteca ¿Acaso no tengo derecho a venir aquí? - le espeto, arrugando todo su rostro en ese gesto tan digno de ella.
Gesto que, hasta hace unas semanas, James encontraba adorable. Tan adorable como para derretirse por dentro e inclinarse hacia delante para intentar robarle un beso, y claro ser recibido por una bofetada.
Pero ya no. Ahora ese gesto le parecía repugnante, y bastante molesto de hecho.
- No dije eso, solo es raro que decidas sentarte en la misma mesa que yo - aclaro.
- ¿Es que la mesa es tuya, Potter? - estallo de nuevo - Porque no veo tu nombre en ningún lado, así que no veo porque no pueda sentarme aquí.
- Como sea - suspiro, sin ánimos de pelear - Haz lo que quieras.
James trato de volver a mirar a Sirius, pero como Lily tapaba su campo de visión, tuvo que inclinarse hacia un lado. Pero no lo vio, de modo que se inclino hacia el otro, y nada, no lograba ver a Sirius.
En medio de eso, Evans saco de su mochila un largo pergamino y comenzó a escribir en el. James, que estaba demasiado enfrascado en su búsqueda, no lo noto, pero la chica estaba todo menos concentrada en el pergamino. No paraba de moverse y cambiar de posición, cada 3 segundos levantaba su mirada hacia James, se echaba el pelo para atrás, pestañeaba, se mordía el labio…pero no, el chico no la volvía a ver.
¿Qué mierda pasaba? Para ese momento, James, ya debería estar de rodillas en el suelo y rogándole que se casara con él, y ella ya debería estar diciéndole insulto tras insulto, antes de irse indignada.
¿Qué había detrás de ella que pudiera ser más importante? ¿Lo mismo que lo había mantenido distraído las últimas dos semanas, un día, quince horas, treinta y dos minutos, un segundo…dos segundos…tres segundos…? Mierda.
En un intento desesperado, le chica le exclamo:
- ¡Ya deja de mirarme!
Ok, confusión total.
- ¡No te estoy mirando a ti!
- Pervertido…- susurro asqueada.
La chica regreso su atención al pergamino. James no entendía que había pasado, pero en ese momento no podría importarle menos, porque el Rey de Roma acababa de levantarse de su asiento (por lo que ahora medio podía verlo) y al parecer se dirigía a la salida.
Cornamenta lo siguió con la vista como si su vida dependiera de ello, haciendo exagerados movimientos de cabeza, tipo serpiente. Cuando vio que su amigo abandonaba la biblioteca, poso sus manos en la mesa e hizo ademan de marcharse, ya no tenía nada que hacer ahí.
Pero una molesta mosca lo detuvo.
- ¡Y ahora te vas como si nada! ¿Quién te crees que eres? Hay una persona presente, Potter, eso es una falta de educación… Aunque claro, esperar un poco de educación de tu parte, es pedirle demasiado a la vida…
Pues ahora sí que lo seria, porque eso había sido demasiado.
- ¿Por qué habría de ser educado contigo, Evans? - dijo despacio, con voz inexpresiva - Dime, ¿Por qué? A mí no me enseñaron a ser educado con gente que no sabe lo que esa palabra significa.
La pelirroja se quedo con la boca abierta por escasos dos segundos, y cuando empezó a creer que se quedaría cayada, exploto, gritando cosas, a las sinceramente James no les encontraba el sentido en la conversación, y levantándose de golpe casi tirando su silla al suelo. Evans en verdad estaba loca. Muy loca.
- ¿¡Es que acaso eres idiota!?
- ¡No sé, tu dime!
- ¿¡Que no tienes una vida propia que andas jodiendo la de los demás!?
- ¡Claro que la tengo!
- ¿¡No puedes dejarme en paz de una vez!?
- ¡Ya te deje en paz!
- ¡Creo que te deje bastante claro lo que pensaba sobre ti!
- ¡Sí, lo hiciste!
- ¿¡No puedes superarlo de una vez!?
- ¡Ya lo supere!
- ¡Solo vete, Potter, vete!
- ¡ESO INTENTO! - grito esta vez, poniéndose en pie.
Al momento, su cara fue volteada de vista al suelo, justo cuando un doloroso ardor se extendía por su mejilla derecha. Poso sus dedos en la marca rojiza que había dejado el impacto de la mano de Evans y lentamente levanto sus ojos para poder mirarla.
Pero, lo que miro lo dejo mas aturdido que el dolor.
Fue un déjà vu tan grande que la cabeza empezó a darle vueltas y vueltas.
Todas las veces que había presenciado esa misma imagen, ese mismo momento, se aglomeraron en su mente como si fuera un disco rayado. Todas las veces que había visto a Evans desde ese ángulo le llegaron a modo de recuerdos, uno tras otro…y eran demasiados para su gusto ¿Qué no era eso lo que pasaba cuando uno estaba a punto de morir? ¿Qué no decían que todos los recuerdos de tu vida pasaban frente a tus ojos justo antes de que se fueran las luces?
Pues, eso era lo que le estaba sucediendo a James, solo que no eran todos los recuerdos de su vida, sino de todas las veces que esa acción por parte de Evans se había repetido a lo largo de los años, por una u otra razón.
Y la de ese día era tan ilógica que casi le daban ganas de devolverle el golpe. Casi.
El momento era como de película. Todo clase de ruido pareció haberse detenido tras el impacto, los sonidos le llegaban desde muy lejos y distorsionados, apenas podía escuchar los susurros que emitía le gente que los miraba desde las estanterías. Todo movimiento también desapareció. El mundo se movía en cámara lenta.
Como si de un sueño se tratara, vio la otra mano de Evans elevándose en el aire dispuesta a plantársela sobre la otra mejilla, al tiempo que el sonido y el movimiento volvían ferozmente a la película.
James cerró los ojos, esperando el impacto.
Pero este no llego.
¿Qué demonios…? El chico abrió los ojos confundido, solo para encontrarse con una escena que lo confundió todavía más:
La pesada mano de la pelirroja seguía suspendida en el aire. Pero había algo más. Otra mano. Otra mano que se aferraba con fuerza a la muñeca de Evans evitando su movimiento. Y la mano pertenecía a un muy furioso Sirius Black, quien observaba fijamente a la chica, con sus ojos grises fundiéndose en llamas. Que sexy.
- ¿Cuál es tu problema, Evans? - pregunto con voz ronca.
- ¡Suéltame, Black! - exclamo Lily, retorciendo su muñeca en la mano de Sirius, en un vago intento por zafarse.
Pero Sirius no la soltó, solo repitió su pregunta, esta vez en tono más fuerte:
- ¿Cuál es tu problema, Evans?
- ¡Eh dicho que me sueltes! ¡Ahora mismo, suéltame!
La chica no hacía más que tirar y tirar de su mano, pero el ojigris parecía una estatua, fija en su lugar, y no se movía ni centímetro. Volvió a repetir, esta vez gritando:
- ¿¡Cuál es tu problema!?
Tras esto, la pelirroja por fin desistió, y se quedo quieta para responder a la pregunta:
- ¿Mi problema? ¿Quieres saber cuál es mi problema?
- Si, Evans, eso dije…
- ¡Ahí esta! - bramo señalando a James - ¡Él! ¡Él es mi problema! ¡Él es la causa de todos mis problemas!
Eso no le gusto a Sirius.
Aumento levemente la fuerza con la que agarraba la mano de Lily y ella aulló de dolor.
- No, Evans. James NO es tu problema, TÚ eres su problema. Y parece que te tomaste demasiado en serio tu papel, e incluso ahora que el no hace nada para que le jodas la vida, tu vienes a meterte donde no te llaman ¿verdad?
- ¿¡Qué te pasa!? ¡No pue…! ¡Ahhh! - Canuto volvió a apretar la muñeca de la chica, parando sus excusas.
- No me vengas con que "no puedo", porque alguien debedecirte la verdad. ¡Merlín! ¡Me eh pasado todos estos malditos años, viendo como mi maldito amigo, sufre por una maldita chica, que no vale la maldita pena!
Los bramidos del chico, poco a poco, iban despertando el interés de los alumnos y, aunque no se atrevían a acercarse demasiado, cada vez eran más los que los espiaban "disimuladamente" desde las estanterías.
- ¿Y sabes que, Evans? - continuo, Sirius - Me canse. En verdad, me canse. ¿Por qué ahora que James te dejo en paz (cosa que llevas pidiéndole desde que tengo memoria) no sigues su ejemplo y te alejas de una vez?
- ¡Que te importa! ¡Suéltame, suéltame…!
- ¡NO TE VOY A SOLTAR! - grito despacio y tan fuerte que James tuvo que taparse los oídos - Mira, quizá James sea demasiado caballeroso para hacerte algo, pero yo no. Si eres la perfecta prefecta que tú dices que eres ¿que no deberías andar repartiendo paz y esas cosas, y no golpeando a la gente sin razón?
- ¿¡Y qué hay de ti!? ¿¡Que no es eso lo que tú haces!?
- Pero yo no soy prefecto - se defendió, con una leve sonrisa y encogiéndose de hombros.
- Y todos estamos muy agradecidos de eso… ¡Ahhh!
- Calladita más bonita - le aconsejo - Yendo directo al punto: yo no tengo nada contra ti, Evans, o al menos no demasiado, así que solo te pido que te alejes. Ya no me pienso quedar de brazos cruzados viendo como le pasas por encima a mi amigo. ¿Qué no le has hecho suficiente daño?
- ¡Hacerle daño! ¡Yo! - grito indignada - ¡Él es quien me hace daño a mí! ¡Siempre ha sido así!
- No, Evans. Tú te haces daño a ti misma. Te haces daño a ti, le haces daño a él, y me haces daño a mí. ¡Tú le haces daño a todo el mundo! ¿No te dabas cuenta?
- ¡Suficiente, Black!.. ¡Castigado!
- ¿Castigado? - pregunto, aparentemente divertido - ¿Y porque?
- ¡Yo que sé! ¡Por feo!
- ¿Yo? ¿Feo? - dijo, como si fuera la cosa más ilógica del mundo, que de hecho si lo era: si Sirius Black era feo, la pelirroja era rubia - Feo tu culo, Evans…Claro, si tuvieras.
Pequeñas risas les llegaron desde los que presenciaban la escena, incluso James se hubiera reído, si no fuera por la conmoción.
- Black, te juro que…
- No, no, no, pelirrojita - le interrumpió, acercando su rostro al de ella, hasta quedar a pocos centímetros de distancia - No me vengas a jurar nada, no necesito tus promesas, solo recoge lo que te queda de dignidad y mueve tu feo culo hasta la salida ¿Capisci?
Sirius, por fin, soltó la mano de Lily, y ella por un instante lo miro con las venas de las sienes a punto de estallarle, para luego tomar su pergamino y salir a zancadas de la biblioteca, empujando a todo el que se aparecía en su camino.
La gente en las estanterías también desapareció.
Y solo quedaron Sirius y James.
Solos.
Durante toda la discusión entre Canuto y la pelirroja, James, no hizo más que mirarlos y contener la respiración, la cual ahora soltó en un solo suspiro al tiempo que se dejaba caer de vuelta a su silla.
Aún seguía embobado y le costaba procesar la idea de que Sirius hubiera llegado a ¿salvarlo?
Fue ahí cuando se dio cuenta de que quizá debería decir algo:
- Gracias - levanto la vista hacia Sirius y descubrió que él lo estaba mirando.
- Bueno, para eso están los amigos ¿no? - dijo, antes de sentarse frente a Cornamenta, en la silla que antes estaba ocupada por Lily.
El momento había llegado… por muy dramático que suene.
Se miraron. Se miraron y todo a su alrededor dejo de existir. Los minutos pasaron y pasaron y ellos seguían mirándose, en completo silencio.Demasiadosilencio.
"Por Circe, esto no puede seguir así, ya es hora de que dejemos de ser tan ridículos y de complicarnos la existencia. ¡Ni que fuéramos mujeres, joder! Además, yo lo sé. Y él sabe, que yo lo sé. Y yo sé, que él sabe, que yo lo sé. Y él sabe, que yo sé, que él sabe, que yo lo sé. Así que solo resta ponerlo en palabras, YA", al llegar a esta conclusión, Sirius, decidió trasmitírsela a James.
Levanto una ceja, y el mensaje estuvo más que claro:
Era tiempo de poner las cartas sobre la mesa, una por una, hasta que pudieran llegar al resultado final, y fue James quien puso la primera carta, yendo quizá un "tantito" demasiado al punto.
- Me gusto besarte - pronuncio James sin más.
Sirius se sorprendió, (¿quién no se habría sorprendido?) sin embargo, respondió algo sin mayor sentido:
- Me gusto gritarle a Lily.
James arqueo una ceja. No es exactamente esa la respuesta que él esperaba y Sirius se dio cuenta al instante, como volviendo a la tierra.
- Oh…lo siento, creí que solo estábamos diciendo cosas que nos gustaban.
"¿Por qué no me sorprende?", pensó James. Aun así, decidió seguirle el juego:
- Me gusta el puré.
- Me gusta el shampoo.
- Me gustan las ardillas.
- Me gusta el brócoli.
- Me gusta la lluvia.
- Me gustan los globos.
- Me gusta tu culo.
- ¿Qué? - se sobresalto Sirius.
- Nada…
Trato de no ruborizarse, pero aun así, noto como una sonrisa picara y… ¿feliz? se apoderaba de la cara de Canuto, logrando que se pusiera más nervioso.
- También me gusto - dijo el ojigris.
James no entendía a que se refería.
- ¿Eh?
- Besarte - aclaro, extendiendo su sonrisa - También me gusto.
"Uff", suspiro James para sus adentros, "Por poco creí que no me lo diría. Cabrón".
Distraído por su alivio, no pudo hacer más que devolverle la sonrisa. Había costado, pero al fin, Sirius le dio la respuesta que él deseaba, y eso, merecía una sonrisa.
Sonrisa que fue consumida al instante, cuando las dudas lo sacudieron. Acababa de darse cuenta de un par de detalles que hasta el momento le parecieron insignificantes, pero que, ahora que lo pensaba bien no eran taaaaan insignificantes, al menos para la gente…normal.
En cambio, para alguien como él, lo normal se había vuelto anormal, y lo anormal, normal. Pero, aun estando así las cosas, sus dudas (por muy tontas que fueran) requerían respuestas, y ya que no había nadie más cerca, tendría que conformarse con las respuestas de Sirius.
Que la sabiduría de Merlín lo ampare.
- Sirius…
- ¿Si?
- Somos amigos…- dijo vacilante.
- Somos amigos - repitió el ojigris, como agregándole verdad a su frase.
- Mejores amigos…
- Mejores amigos - repitió de nuevo, asintiendo con la cabeza.
- Por siempre…
- Por siempre - le aseguro en tono resuelto.
- Y ambos somos chicos…
- Que noticia, Cornamenta - respondió sarcásticamente esta vez.
- Lo sé, a mí también me sorprendió.
En sí, no habían sido preguntas, pero igual habían sido respondidas, dándole a entender a James que Sirius pensaba lo mismo que él: nada de eso importaba. De modo que ya podían pasar a poner la siguiente carta, que esta vez fue puesta por Sirius:
- James…Me gustas desde cuarto año.
Ohh, por todos los…¿Desde cuarto año? ¿Tan despistado era?
- Yo…jamás lo hubiera imaginado, nunca me di cuenta - admitió un poco avergonzado. Entonces cayó en la cuenta de algo que, hasta el momento, no había notado - ¿Por eso odias a Lily?
- Por eso odio a Lily.
- Mmm, ya.
Sirius lo miro, un tanto ofendido, y un tanto decepcionado, en partes iguales.
- ¿Eso es todo? ¿No dirás nada más?
- Perdón - dijo sinceramente, con un brillo especial en su mirada que hizo que a Sirius se le pasara todo el enojo - Es que, lo que iba a decir, no es exactamente lo que la otra persona quiere escuchar cuando te confiesa algo como eso…Al menos cuando hablamos de chicas.
- Pero yo no soy una chica. Dilo.
- Me gustas desde hace dos semanas.
- ¿Desde qué olvidaste a Lily? - pregunto, sorpresivamente feliz.
- Así es.
Tras haber aclarado esto, Cornamenta se inclino hacia delante en su silla, posando ambas manos sobre la mesa. Sirius hizo otro tanto y, como atraídas por imanes, sus manos derechas, pronto estaban unidas, descubriéndose la una a la otra.
Fue…extraño, diferente. En los seis años que tenían de conocerse se habían abrazado, toqueteado, pegado en lugares poco propicios, revolcado por el suelo… en fin, la forma en que juegan los muchachos como ellos. Incluso se habían besado el día anterior, pero nunca, NUNCA, se habían tomado de la mano.
Hasta ahora.
Sus dedos recorrían suavemente la mano del otro, familiarizándose con ella y causándoles cosquillas, mientras sus miradas no se separaban para nada. La mano de James estaba tibia y tenía aspecto de estarlo todo el tiempo, todo James tenía aspecto de estarlo y la sola idea de sentir de nuevo su calor hizo que a Sirius le dieran ganas lanzarse sobre la mesa y alcanzar a James, para fundirse con él en un abrazo.
Simplemente eso. Sentirlo suyo. Apretar su cuerpo contra el de él y aspirar su aroma.
Ganas no le faltaban, ni a James tampoco… pero, en ese momento, paso algo que hizo que Cornamenta se preguntara si es que no se había bañado bien esa mañana y por eso de pronto las molestas moscas se le aparecían sin cesar.
Esa fue la explicación más lógica que encontró el cerebro de James, cuando unas manos, cuyas uñas estaban pintadas color carmesí, aparecieron a ambos lados del cuello de Sirius, dando paso a unos delgados brazos que apretaron con fuerza los hombros del chico, abrazándolo por detrás.
Al mismo tiempo, una cabeza coronada por una mata de pelo rubia, se asomo por el hombro derecho de Canuto. Era Nicole, de Gryffindor, la actual conquista de Sirius.
- Hola, guapo - dijo la chica, mostrando su enorme sonrisa marca Colgate.
Perra.
Los chicos, al sentir la presencia de la rubia, separaron sus manos rápidamente y trataron de actuar con normalidad. Por suerte, ella no había notado nada.
- Hooola, Nicole - dijo Sirius, volviendo su cabeza para mirarla, muerto de nervios. Nada bueno podía salir de su llegada. Prueba de eso era el ceño fruncido de James.
- ¿Qué estás haciendo aquí, amor? Prometiste que me verías para almorzar.
- Si, si, claro. So…solo que se me presento algo y…
- Nada. No puedes dejarme plantada sin más - lo reprendió "dulcemente" acercando sus rostros hasta que sus narices se rozados -. Soy tu novia ¿lo olvidas?
"Ah, muy bonito", pensó James, "¿Ayer a esta misma hora nos estábamos besando y hoy ya se consiguió una novia? Deberían darle el premio al idiota del año, acaba de arrebatarle el puesto a Peter".
- No, no, claro que no lo olvide…- mentira, obvio que si lo había olvidado.
Sirius miro disimuladamente a James con el rabillo del ojo, sin separar su nariz de la de Nicole. Vio que el chico alzaba una ceja como diciéndole: ¿Novia?, al tiempo que negaba con la cabeza en actitud de decepción.
Canuto no pudo aguantarlo más, tenía que explicarse. De un empujón aparto a la chica, para poder tirarse sobre la mesa y hablarle de cerca a James.
- No fue mi culpa - le dijo bajito en tono de suplica, para que la rubia no los escuchara, pero James seguía mirándolo incrédulo - Vamos, Cornamenta, tu sabes que no me gusta tener novias. Simplemente salí con ella… ¿yo que se? Digamos que el sábado y de pronto me entero ayer en la tarde de que ella estuvo diciéndole a todo el colegio que somos novios ¡No eh tenido tiempo de hacer nada! - dijo todo esto muy rápido, mirando a James con ojos desorbitados - ¡No - Fue - Mi - Culpa!
- Te creo, Sirius - dijo con sinceridad - Pero eso no arregla nada.
- ¡Te juro que quiero terminar con ella! Pero no está nada fácil, no tienes idea de cómo es, ella…- no pudo terminar su frase, porque Nicole lo había tomado del cuello de la camisa y tirado hacia atrás, parándolo a su lado.
Ni lenta ni perezosa, la chica le paso los brazos por el cuello y atrapo sus labios en un apasionado beso. Sirius se sorprendió sobre manera y no pudo hacer nada, solo quedarse inerte en su lugar y esperar a que ella se separara.
James se cruzo de brazos, viendo el "lindo espectáculo" que se desarrollaba frente a él, mientras unas curiosas ganas de usar el pelo de aquella chica como papel higiénico crecían en su interior.
Estaba besando a Sirius. Frente a él. Como si nada.
Mierda. Mierda. Mierda.
Cuando al fin la chica se separo, de un beso no correspondido, lo primero que Sirius hizo fue mirar a Cornamenta…y por lo visto aquella escenita no le había hecho mucha gracia.
"¡No - Fue - Mi - Culpa!",articulo Sirius sin emitir ningún sonido, dirigiéndose a James.
"Eso - No - Arregla - Nada",le respondió él.
- ¿Nos vamos, guapo? Me muero de hambre - intervino Nicole, tomando el labio inferior de Sirius entre sus dientes y mirándolo con expresión carnívora.
"Dudo que el hambre que tiene sea de comida"
- Pe…pero es que…yo…
- Me. Muero. De. Hambre - dijo despacio, como si eso resolviera el asunto, luego se volvió hacia James y agrego un - Adiós, Potter.
Sin esperar respuesta, la rubia ya estaba arrastrando a Canuto hacia la salida de la biblioteca. Antes de llegar, Sirius se volvió hacia James y lo miro con cara de "Ayúdame", a lo que él respondió sacándole el dedo del centro, negando con la cabeza y sonriendo. Todo al mismo tiempo.
Llegaron a la salida, y James de desapareció de la vista de Sirius, causándole un extraño vacio en el estomago.
Canuto, simplemente se dejo arrastrar por los pasillos, apenas consciente de lo que hacía. Su mente se encontraba muy lejos de ahí, para ser exactos, en la biblioteca. ¿En verdad su amor platónico desde hacia como 3 años acababa de declarársele y él se encontraba ahí con una rubia cualquiera que no paraba de lamerlo en la esquina de un pasillo? ¿Solo porque la chica iba a hacer un "poquito" de berrinche cuando la mandara al diablo?
"Que bajo has caído, Sirius Black"
- Nicole…- la llamo fríamente, tomando una decisión.
- ¿Qué pasa, guapo? - pregunto inocentemente, alejándose un paso y dejando de repartir besos por su rostro.
Canuto la observo por un momento. La chica era bonita, tenía un rostro bonito, y como todas las veces que Sirius había hecho esto, se sintió culpable, al saber que en menos de un minuto ese lindo rostro estaría surcado se lagrimas.
Por su culpa.
Pero, ahora estaba convencido: esa sería la última vez. La última vez que presenciaría esa escena, la última vez que diría esas palabras y la última vez que causarían ese efecto. Porque, aunque nadie lo creyera, dolía. A Sirius le dolía, y saber que sería la última vez suponía cierto alivio para él.
Aquella era la última chica que sería botaba por Sirius Black.
Así que pronuncio las palabras mágicas:
- Tenemos que hablar.
Y eso fue todo. No se necesito ni media palabra más y el bello rostro de la rubia ya se había convertido en un río color negro, que emanaba de sus ojos, provocado por el maquillaje. Sirius la vio llorar, se quedo con ella hasta que las lágrimas dejaron de caer y luego se marcho.
En fin…lo que en tu vida no sirve, que no estorbe.
Y esa chica, lamentablemente estorbaba.
