Nota: el promedio por capítulo es de unas mil quinientas palabras.

Escribo sin fin de lucro.

Disclaimer: Hetalia Axis Powers y todos sus personajes -los que buscan y los que no- pertenecen a Hidekaz Himaruya.

Advertencias: Este fic contiene escenas fuertes de... Muchas cosas. Puede que se les revuelva el estómago. Están advertidos.


Bestia Encerrada

Día Uno

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Arthur no encontró a Francis ese día. Alfred se ofreció a guiarlo, apelando a su conocimiento de la zona, mas Arthur rechazó la oferta. No quería molestar más de lo que ya había hecho al joven, quien simplemente se encogió de hombros.

El bosque en cuestión era el frontis de esa gran casa, sin embargo, se extendía hacia un monte en la parte trasera, alejándose de la carretera. Arthur no recordaba hasta donde habían penetrado entre los árboles, ni en qué dirección había sido, ¿estaría buscando en el lugar incorrecto? Alfred meneaba la cabeza cada vez que lo veía pasar cerca de la edificación, con una risilla en la cara. Insistía en que Arthur no estaba con nadie cuando lo encontró. Arthur únicamente fruncía el ceño y lo ignoraba.

El inglés, con sus dudas debido al recuerdo de Francis sangrando, barajó la posibilidad que éste se hubiese ido por su cuenta. Lo llamó, pero no contestó el teléfono. Llamó a Antonio.

- ¡Arthur, tío, dónde te habías metido! Gilbert dice que te ganó al pocker y que necesita que le pagues ahora mismo, ¿te lo paso?-

- Antonio. Me preguntaba, Francis…-

- ¡Dime que no te peleaste con él, que yo no seré su paloma mensajera de nuevo! Y a todo esto, ¿está contigo, verdad? Anoche los vimos alejarse, picarones. Necesito hablar con él, no sé quién me sacó la colonia.-

- Tu colonia está sobre el refrigerador, no me preguntes cómo llegó allí, aunque no sé para qué la gastas si sigues apestando en todo.- El inglés contuvo el aliento.- Francis… no quiere hablarme, pero ya lo arreglaré. Ya sabes como es a veces.-

- Pónganse en la buena pronto, recuerda que nos vamos en un par de días y si no se aparecen nos tendremos que ir sin ustedes, aunque no queramos.-

- Lo sé. Arreglaré las cosas con él y volveremos por nuestra cuenta…Encontré a un viejo amigo y me alojará en su casa, no creo que vuelva con ustedes por ahora.-

- Debe ser lindo encontrar a un amigo en otro continente, viejo.- Exclamó con asombro e ingenuidad Antonio.- Como quieras, sólo no terminen con un ojo menos. Te dejo, Lovino descubrió la pimienta en su cepillo de dientes.-

El inglés no alcanzó a despedirse cuando ya le habían cortado. Miró su celular. Para su suerte, era un modelo viejo, por lo que la batería le duraría bastante más aunque no llevase consigo el cargador.

¿Y si preguntaba a Mathias? Si él se hubiese perdido habría regresado al lugar de la fiesta. Apenas conocía al chico –les pasaron el dato un par de horas antes de asistir junto a cientos de desconocidos- pero era una opción factible.

Al oscurecer entró en la casa para agradecer a Alfred por permitirle seguir buscando y para comunicarle que se iría.

- ¿Lo encontraste?- Preguntó el chico, concentrado en la gran pantalla que tenía en frente y en su x-box, sentado de piernas cruzadas sobre el piso.

- No, no revisé en todas partes, pero no quiero continuar molestando.- "Hola, persona preocupada en frente. ¿No podrías despegar los ojos de la pantalla unos segundos?".

- No molestas.- Apuntó, moviendo el control por el impulso del juego.- Puedes quedarte si quieres, no recibo muchas visitas. Tengo la camioneta con el motor desmontado, pero en unos días la arreglaré, entonces podré llevarte de vuelta al pueblo. Así tienes tiempo de buscar a tu amigo imaginario, ¿te parece bien?

Arthur frunció el ceño con el "amigo imaginario", pero le agradeció su disposición y se sentó a su lado para verlo jugar. Ciertamente se le ocurrían muchas variadas y un tanto variopintas palabras con las cuales contestarle, pero debía mantener la calma. Ese no era el momento de caerle mal a una persona que tan amablemente le prestaba ayuda.

Alfred estaba encorvado, con la mirada fija en la pantalla. Sus lentes reflejaban las imágenes y tenía la punta de la lengua fuera de sus labios, mordiéndola con suavidad. A pesar de la situación, la cotidianeidad que emanaba calmó un poco a Arthur.

- Necesito hablar con alguien de los alrededores.- Mencionó.

- ¿El de la fiesta no? Seguro te refieres a Mathias, él es el único que hace orgías descomunales tamaño Godzilla por aquí.- Alfred sacó su celular de su bolsillo.- Creo que aquí tengo su número, fuimos compañero en el colegio.- Explico, encendiéndolo.- Ya han pasado cosas como ésta antes, no sé por qué sigue haciendo fiestas.- Murmuró, mientrad buscaba un contacto, alternando la vista entre la pantalla del televisor y la del celular, hasta encontrarlo y marcar. Sostuvo el aparato contra su oreja con el hombro y siguió jugando.

- Alo, ¿Mathias? Sí, hombre, cuantos años sin vernos, ya sabes, no hay mucho que hacer por ahora… no, no te preocupes, me encantaría pero tengo cosas que hacer… oye, dime, ¿anoche hiciste una fiesta, no? ¿Por casualidad habrá regresado algún invitado? Ah… ya, okey, gracias, see you soon.-

Arthur aguantó la respiración.

- Dice que una chica regresó por una chaqueta, pero nada sobre tu amigo.-

Arthur dejó caer los hombros, borrándose una posibilidad de las más gratas. Guardó silencio mientras Alfred continuaba con su juego.

Luego de un rato, notó algo y soltó un suspiro.

- Acabo de recordarlo; no tengo ropa.-

- Yo te presto, dude.- Respondió, terminando la etapa. Dejó el mando a un lado y buscó el del televisor.

- Acompáñame.- Le dijo, apretando el botón de apagado. Guió a Arthur por el corredor de las habitaciones hasta llegar casi al final. Abrió una puerta a la derecha.

El techo de la habitación estaba lleno de carteles de películas de acción, principalmente sobre superhéroes. Las paredes tenían fotos de los padres de Alfred y del chico mismo, mas Arthur no les prestó atención pues Alfred ya buscaba en sus cajones.

Le extendió una camisa y unos pantalones que el inglés se probó inmediatamente tras la puerta abierta del closet. Alfred pensó en decirle que igualmente se veía parte de su reflejo en la ventana, pero se abstuvo. No le haría mal recrear un poco la vista inocentemente, ¿o sí?

- ¿Y cómo te queda?- Preguntó cuando el inglés se dejó ver.

- Bien. Los hombros son un poco anchos.-

Alfred lo evaluó antes de agacharse.

- Suelo hacerles un doblez porque, si no, los piso con los talones.- Mencionó arreglando los pantalones.- ¿Necesitas un cinturón?-

- Por favor.- Pidió Arthur. Alfred eligió uno, tiempo que usó el inglés para dar una ojeada a su alrededor. Se fijó en una fotografía grande, en medio de todas las demás. En ella dos personas saludaban en lo que parecía ser su boda.

- ¿Son tus padres?- Preguntó, señalando la fotografía con un movimiento de cabeza. Alfred levantó la mirada para saber qué le estaba mostrando y la agachó casi inmediatamente.

- Ajá.-

- ¿Están de viaje?-

- Sí, de cierto modo.- Comentó el chico despreocupadamente.

- Tienes una casa muy limpia, conozco gente que a tu edad es incapaz de no armar una fiesta cuando sus padres los dejan solos.- Buscó conversación Arthur, probando los agujeros del cinturón que Alfred le entregó.- Mis padres nunca me querían dejar solo.- "Y tenían sus buenas razones".

- No creo que ellos me hayan querido dejar solo, y Dios sabe que tengo la razón.- Se alzó de hombros Alfred.- Pero nadie elige cuando morirse, ¿o sí?-

Arthur se tragó las palabras que pensaba decir antes de aquella contestación.

- Disculpa, no sabía.-

- Está bien, ya casi ha pasado un año, no es tan terrible.-

- No, en serio, perdóname. Aunque haya pasado un tiempo debe ser difícil pensar en ello. Bollocks, sorry.-

Alfred eligió un par de camisas más que le entregó al mayor.

- Es difícil, pero la gente como yo no se deja entristecer tan fácilmente.- Le sonrió ampliamente.- Además, cuando estoy triste siempre encuentro algún pasatiempo para subirme el ánimo, Dios nos ayude el día en que no encuentre en qué entretenerme porque juro que será el fin del mundo y volarán los cerdos.-

Salieron del cuarto y Alfred lo acompañó hasta su habitación. Arthur notó entonces que estaban una al lado de la otra.

- ¿Tienes hambre?- Le preguntó el menor, alejándose un trecho.- Puedo traerte una hamburguesa, se me da bien prepararlas en tiempo récord.-

- No, gracias.-

- Estaré en la biblioteca.- se despidió Alfred, dándole la espalda.

- ¿Tienes una biblioteca?-

El estadounidense respondió algo sin voltearse que Arthur no pudo escuchar, y rompió en una carcajada. Arthur frunció el ceño ligeramente, considerando una falta de decoro que no le respondiera de manera correcta, mas pronto entró en la habitación. Llevaba todo el día caminando de un lado para el otro y eso lo había cansado. A pesar de su esfuerzo seguía sin hallar a Francis, y Antonio le decía que no estaba con ellos.

Recordó el disparo. ¿Y si quién le disparó llevó a Francis a un hospital? Pero no tenía sentido que lo hubiese dejado allí a él. Tal vez consideró que Francis estaba en peligro de muerte y se lo llevó; que Arthur despertaría pronto y que se podría cuidar solo en tal caso.

Se llevó una mano a la nuca. ¿Y el golpe que sintió?

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El grifo goteó contra el cemento cuando quitó el vaso de debajo. Lo acercó a los labios del joven recostado contra la pared, dándole de beber con calma, susurrándole palabras de cariño y aliento. Le besó la frente, acariciando sus mejillas.

La puerta se abrió, mas no se volteó a ver a quien ingresaba. El recién llegado miró hacia un lado, hacia un cuerpo atado y amordazado. Una camisa enrollada rodeaba la boca como si fuera el bocado de una brida.

- La traje.- Señaló moviendo una botella.

- Hay un paño a su lado.- Le respondieron, sin prestarle atención. El nuevo recogió el paño, ante la mirada aterrada de la persona amordazada y lo impregnó del líquido que contenía la botella. Dejó esta última a un lado y le tapó la nariz y la boca con el paño húmedo.

Un par de minutos después el cuerpo perdió la conciencia. Le levantó una mano inerte y le observó los dedos. El que señalara la ubicación del paño se acercó para mirarlos también.

- Voy por un alicate.-

- Lo mimas demasiado.-

- No es verdad.- Respondió, entre trémulo y ofendido.

- Trae unas vendas también. Odio limpiar aquí. Ya manchó la pared a pesar de las que tiene en el torso.-

Se irguió mientras esperaba que el otro volviese, caminando hacia el joven apoyado en la pared. Le tocó la pierna con la punta del pie y cogió impulso para patearlo con fuerza.

- Te estoy mirando.- Lo interrumpieron desde atrás.

- No le iba a hacer nada.-

- Mentiroso.-

El muchacho caminó hasta su interlocutor y se acuclilló frente al joven al que éste pensaba patear.

- Te gustará, los dejaré en sal y especias para que tengan mejor sabor.-

- Por favor no digas esas cosas, se me revuelve el estómago.-

Le dirigieron una mirada desde el suelo. El chico acuclillado se quitó el cabello de la cara.

- ¿Lo haces tú o lo hago yo?-

- Hazlo tú, yo ya cumplí con lo mío.- Le replicaron con una voz y un gesto de disgusto. El chico se levantó, caminó hasta el cuerpo inerte y buscó sus dedos.

Puso uno entre los filos del alicate.